Capítulo 14: El que aguanta más

El partido había terminado.

Ginny, aún con el cabello revuelto y la cara brillando de sudor y adrenalina, bajaba de su escoba como si acabara de conquistar el cielo.

—Vuelvo en diez, me dijeron que hay cerveza de mantequilla importada —anunció Hermione, ya con su bolso cruzado al hombro.

—Te acompaño —dijo Harry, pero ella ya se había alejado.

No era por la bebida.
Ni por el calor.
Era por el aire.
Por el espacio.
Y, si era sincera...

Por la necesidad urgente de recuperar el control que Draco Malfoy acababa de arrancarle sin permiso.

El puesto de bebidas estaba entre toldos encantados que cambiaban de color según el ánimo del cliente.

El suyo parpadeaba entre rojo y violeta.

Hermione frunció el ceño.

Y entonces, la voz.

—¿Té frío? ¿Cerveza? ¿O algo que queme pero no deje rastro?

No necesitó girarse.

Draco.

Camiseta limpia. Pelo mojado. Sonrisa como de travesura eterna.
Y esa energía suya...
la que no necesitaba varita para hechizar.

—¿Tú también evadiendo multitudes?

—Más bien siguiendo un instinto —respondió él—. Aunque podría fingir que vine por el vino.

—Conveniente.

Hermione cruzó los brazos.
Jugaba a mantenerse impasible.

—¿Y cuál es tu excusa para ese nombre falso? ¿Testigo protegido?

Draco sonrió, despacio.

—"Skorpius" es... una marca.
Menos drama. Más anonimato.
Me gusta que no todos sepan quién soy.

—¿Y los que sí lo saben?

—Me interesan más.

La forma en que la miró fue todo menos inocente.
Era una caricia.
Un desafío.

Hermione desvió los ojos.
Mal movimiento.
Porque acabó observando su cuello, aún húmedo.
Y eso... no ayudó.

—Entonces... ¿Skorpius tiene viñedo? ¿O eso también es parte del personaje?

—Real. Austral. Ridículamente orgánico.
Podés traer a tu gente si quieren conocerlo.
Daphne cocina, Theo da el tour...
Y yo me puedo quedar mirándote con una copa en la mano. Si me dejas.

Hermione abrió la boca para decir algo sarcástico.
Algo que lo bajara de su pedestal.
Algo que la salvara.

Pero solo dijo:

—¿Mi gente?

—Harry. Ginny. La pelirroja juega como una fiera.
Aunque Theo jura que yo volaba mejor.

Una invitación.
Casi inocente.
Casi casual.
Y sin embargo...

Algo se le torció por dentro.

Porque no quería ir con su gente.
Quería ir sola.

Quería que la invitación fuera solo para ella.
Sin testigos.
Sin excusas.

—Les diré —respondió, con un tono medido, casi profesional.

Draco la miró fijo.

—Pero tú decides si vas.

—¿Y por qué habría de ir?

Draco dio un paso.
Pequeño.
Preciso.

—Porque no me has sacado de tu sistema.
Y yo tampoco te he sacado del mío.

Hermione tragó saliva.
El aire era espeso como vino.
El corazón le golpeaba con fuerza innecesaria.

—Tienes razón —murmuró.

Draco arqueó una ceja.
Sorprendido.

—¿Sí?

Hermione giró apenas la cabeza.

—Aún no te saco —dijo, con media sonrisa—.
Pero tengo mejor resistencia que tú.
Vamos a ver quién aguanta más.

Y se fue.
Con paso firme.
Con las manos temblando dentro del bolso.

Draco la vio alejarse.
Y sonrió.

Porque el fuego estaba ahí.
Y lo sabían los dos.

Esto era solo el inicio.
Y tarde o temprano...
alguien iba a dejar de fingir.


。゚ ︎。 El juego es simple: quién mira, quién habla, quién se queda un segundo más. Si te atrapó este cruce silencioso, dejá tu o contame qué te gustaría que pase en la próxima jugada