La noche había sido generosa con sus cuerpos.
Piel contra piel.
Manos entrelazadas.
Suspiros sin necesidad de explicación.
Pero el alma...
el alma no duerme fácil cuando ha sobrevivido en guerra.
Hermione dormía de lado.
Una pierna sobre él.
Respiración lenta, pero cargada.
Draco ya no soñaba con ella.
Soñaba por ella.
Pero esa madrugada, algo quebró el silencio.
Hermione soñaba con mármol.
Frío.
Cortante.
El mismo que le quemó la mejilla cuando Bellatrix la empujó contra el suelo del salón principal en la Mansión Malfoy.
El sonido del cuchillo.
El eco de la palabra maldita.
El dolor grabado.
Y lo peor... no era el cuchillo.
Era la mirada.
Él.
Draco.
Arrinconado en la escalera.
Viéndola.
Sin moverse.
Sin hablar.
Sin salvarla.
Y aun así...
no podía odiarlo.
Porque en el sueño…
él lloraba.
Hermione comenzó a moverse.
La mandíbula apretada.
Los dedos buscando una cuerda invisible.
Un murmullo escapó:
—No... no otra vez...
Draco despertó.
Se incorporó.
La tocó.
—Hermione —murmuró, acariciándole la mejilla húmeda—. Estás conmigo. Ya pasó. Estás a salvo.
Ella se despertó de golpe.
Un sollozo roto.
Ojos abiertos como heridas.
—Estaba ahí... otra vez —dijo. Sin saber si él entendería.
Pero él entendió.
La abrazó.
Fuerte.
Sólido.
Ella se pegó a su pecho.
No lloró con fuerza.
Pero el silencio empapó la piel de Draco.
Y eso fue suficiente.
No hablaron.
Solo respiraron.
Hasta que el temblor se fue.
Cuando volvió a amanecer, fue su turno.
Hermione despertó antes de las seis.
El cielo comenzaba a aclararse.
Pasillo.
Vaso de agua.
Y entonces... lo escuchó.
No eran palabras.
Era un sonido bajo.
Primitivo.
Dolor.
Entró.
Draco se revolvía entre las sábanas.
Sudor en la frente.
Susurros:
—Theo... no... ¡Crabbe!
Y después...
—Hermione...
El tono.
Era otro.
Miedo por ella.
Hermione lo sacudió suavemente.
—Draco. Despertá. Estás soñando.
Él abrió los ojos.
Como si saliera de un abismo.
—¿Te hice daño? —preguntó, desesperado.
—No. Estoy acá.
Se incorporó.
Se cubrió el rostro.
Respiraba con dificultad.
—No siempre me pasa —susurró—. Solo cuando me siento... seguro. Como si el cuerpo se permitiera romperse cuando bajo la guardia.
Ella se sentó a su lado.
Sin tocarlo.
Aún no.
—¿Qué viste?
—Vi fuego.
A Crabbe cayendo.
A mi padre desde Azkaban.
Vi tu cuerpo...
sangrando.
Y mis manos...
vacías.
Hermione lo miró.
—Yo también sueño contigo —dijo—.
Contigo mirando mientras me torturan.
Pero en mis sueños... tú llorás.
Y por eso no puedo odiarte.
Draco la miró.
Los ojos húmedos.
La boca tensa.
Temblando.
—No sé cómo curarme —dijo—. Pero tampoco sé cómo no quererte.
Hermione lo abrazó.
Por detrás.
Firme.
—Entonces no lo digas. Solo... no te vayas.
Él apoyó la cabeza en la suya.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Ambos durmieron sin pesadillas.
Apretados.
Cansados.
Pero vivos.
。゚ ︎。 Hay heridas que no se cierran. Pero hay cuerpos que se abrazan lo suficiente como para que duelan menos. Si este capítulo te conmovió, dejá tu o contame qué parte se te quedó atragantada.
