La noche anterior
El cuerpo de Hermione temblaba sobre él.
Montada. Desnuda. Decidida.
El cabello desordenado, la espalda arqueada, las manos aferradas a su pecho como si lo reclamara.
La habitación estaba en penumbra.
Una sola lámpara encendida.
Luz tibia, sombras suaves.
Todo en ella era deseo, y él lo sabía.
—No quiero hablar —susurró, ya jadeando—. Solo... tómame.
Como si no hubiera mañana.
Draco se incorporó.
La sostuvo.
La recibió.
Y la guió.
No con palabras.
Con el cuerpo.
Con la entrega silenciosa de quien entiende que el lenguaje a veces sobra.
Los movimientos fueron precisos.
Intensos.
Urgentes.
Ella se inclinó hacia adelante.
Le mordió el cuello.
Le susurró algo al oído que le hizo perder el control.
Y entonces...
Todo se desbordó.
Fue un temblor.
Un grito ahogado.
Un momento donde el tiempo se dobló.
Se quedaron así.
Fundidos.
Respirando como si acabaran de cruzar una tormenta.
Y quizás lo habían hecho.
La mañana siguiente
Draco despertó con la espalda caliente.
La cama... vacía.
Se sentó.
Silencio.
El aroma a café desde la cocina.
Y al girar la cabeza...
Hermione.
De pie.
Vestido rojo.
Maleta al lado.
El cabello recogido en una media trenza.
Hermosa. Firme. Imparable.
—¿Qué hacés? —preguntó, aún con la voz del sueño.
Ella lo miró.
Sin dudas.
—No voy a dejar que vuelvas a esa casa solo.
Él pensó en discutirlo.
Protegerla.
Resistirse.
Pero no pudo.
Porque entendió.
Ella ya no era solo la chica a la que deseó.
Era la mujer que elegía pelear a su lado.
La Mansión Malfoy
El auto frenó frente al portón de hierro.
El escudo familiar aún colgaba.
El aire... helado.
Draco tragó saliva.
Hermione le sostuvo la mano.
—Estoy acá.
Entraron.
El pasillo seguía igual.
Piedra.
Cuadros.
Sombras.
Y en el centro...
Narcissa.
De negro.
Erguida.
Mármol con alma.
Elegante. Letal.
—Gracias por venir —dijo, sin calidez pero sin frialdad.
Y entonces vio a Hermione.
Un segundo.
Una mirada.
Un juicio silencioso.
Hermione dio un paso.
Erguida. Inquebrantable.
—Hola, señora Malfoy.
Yo también vine.
Solo por un día.
Y si alguien se atreve a tocar a Draco...
aunque sea con una palabra...
no va a ser suficiente con un hechizo de silencio.
El aire se tensó.
Se podría cortar con un Diffindo.
Narcissa arqueó una ceja.
Y sonrió.
No con malicia.
Con algo muy parecido al respeto.
No dijo más.
Solo se giró.
Y les dejó el camino abierto.
Hermione sostuvo la mirada.
Y caminó.
Porque esa casa podía estar hecha de sombras...
Pero ella no iba a temer.
No mientras estuviera con él.
No si se trataba de proteger a su dragón.
。゚ ︎。 Hay batallas que no se libran con varitas, sino con presencia. Si este capítulo te encendió el pecho, dejá tu o contame cuál fue tu momento de poder favorito. Gracias por estar.
