¡Hey! Lo se, lo se, casi 2 semanas sin actualizar esta historia la verdad tuve ciertos retrasos para continuarla,
El primero es que la universidad y las practicas me están matando, literal salgo de mi casa a las 8 a.m. y llevo hasta las 10 p.m. lo bueno es que ya casi son las vacaciones y tendré tiempo para escribir.Segundo: acabo de publicar una Nueva Historia que es Spider-Man X My Hero Academia: Un Héroe Ajeno, es una historia nueva que le puse mucho empeño a los primeros 2 capitulo que ya están publicados ¡mas de 20,000 palabras en solo esos 2 capítulos, les agradeciera que le dieran un vistazo!Tercero: Estos Arcos de Frieren en donde no hay mucha acción han sido un infierno para mi poder escribirlos y aun faltan mas, considero que tengo que publicar los capítulos con la calidad que ustedes se merecen ya que son ustedes los que leen y le dan una oportunidad a esta Historia y se los agradesco a todos los que la siguen. Ademas de que estoy planificando los arcos futuros y mas que nada el arco final de la primera temporada que es el del examen y les aseguro que en ese arco será muy especial y le pondré un empeño extra a las batallas.Muy bien es todo lo que quería aclarar así que los dejo con el capitulo ¡Disfruten!
El grupo continuó su arduo ascenso por las montañas del norte. La nieve crujía bajo sus botas con cada paso, un sonido nítido que resonaba en el aire gélido, mientras un viento cortante azotaba sus rostros, tiñéndolos de un rojo vivo. Después de horas de implacable marcha, entre la bruma y los picos nevados, comenzó a perfilarse una aldea. Imponentes muros de piedra, robustos y grises, la rodeaban, una clara señal de la lucha constante contra los elementos y las amenazas invisibles que acechaban en la montaña.
A medida que se acercaban a la entrada, una gran puerta de madera, reforzada con bandas de hierro oscurecido, se abrió con un lento y resonante gemido. En el umbral, como una aparición, se reveló la figura de una niña. Su cabello, de un rosa vibrante, caía en cascadas sobre sus hombros, en contraste con sus ojos de un verde intenso que brillaban con una alegría contenida. Vestía ropas blancas y gruesas, pensadas para protegerla del frío penetrante. Su mirada se fijó inmediatamente en Frieren, sin vacilar, sin siquiera un parpadeo, como si la elfa fuera la pieza final de un rompecabezas largamente esperado.
—¡Por fin has llegado! —exclamó con una voz melodiosa, llena de un entusiasmo palpable, mientras daba un paso adelante con una energía desbordante—. ¡Bienvenida a la Aldea de la Espada!
Frieren la observó con una curiosidad tranquila, analizando cada detalle de su apariencia y su fervor. —¿Eres la jefa del pueblo? —preguntó con su tono característico, suave pero inquisitivo.
La niña asintió con una sonrisa amplia y radiante, su rostro iluminado por una vitalidad contagiosa. —¡Sí! Soy la número 49 en la lista de jefes. Te he estado esperando, Frieren.
Naruto entrecerró los ojos, su mente trabajando para procesar la extraña afirmación. Miró a Frieren, su expresión reflejando una mezcla de confusión y expectación, buscando en ella alguna clave. —¿Lista? ¿De qué lista habla? —inquirió Fern, su voz teñida de una curiosidad similar.
Frieren devolvió la mirada a la niña, su rostro mostrando una mezcla de comprensión intuitiva y una ligera cautela. —¿Te refieres a la sucesión de líderes del pueblo, verdad? —preguntó con una suave confirmación.
La niña asintió con rapidez, sus ojos verdes aún fijos en Frieren, irradiando una emoción intensa y una determinación infantil. —Cada generación tiene un jefe asignado. Es un título que se transmite, y yo soy la última en recibirlo. Mi deber es guiar a este pueblo y preservar el conocimiento de quienes nos precedieron. Pero tú... tú eres la clave para algo mucho más grande. —Sus ojos brillaban con una intensidad casi mística.
Naruto se cruzó de brazos, una sonrisa de genuino interés curvando sus labios. —¡Vaya! No esperaba que una niña tan joven estuviera al mando aquí.
Inclinó la cabeza con una gracia inesperada, pero su sonrisa no vaciló ni por un instante. —No soy fuerte, ni una gran guerrera. Solo soy la líder de este pueblo porque así lo dicta la tradición. Pero Frieren...
La niña los guió a través de las estrechas callejuelas de la aldea. Las casas de piedra se apiñaban unas contra otras, ofreciendo una sensación de calidez y protección contra el implacable entorno exterior.
Mientras caminaban, Frieren detuvo sus pasos, su mirada fija en un punto distante. —Había una cabaña destrozada a las afueras de la aldea —comentó, su voz tranquila pero observadora.
—Sí, era una vieja cabaña de caza —confirmó Lyara con un tono ligeramente sombrío—. Fue destruida por el Amo de la Montaña.
—¿Amo? ¿Tenían uno aquí? —preguntó Frieren, su interés genuino.
—Esta es la Aldea de la Espada —intervino Stark, su tono revelando un conocimiento previo.
—¿Usted conoce este lugar, señor Stark? —preguntó Fern, su curiosidad despertada.
—En esta aldea se protegía la Espada del Héroe —explicó Stark, su mirada evocando recuerdos de historias pasadas.
—¿La Espada del Héroe? ¿Qué significa eso? —cuestionó Naruto, su entusiasmo creciendo.
—Según cuenta la leyenda —comenzó Stark, su voz adquiriendo un tono narrativo—, la Espada del Héroe fue depositada en un santuario cercano a este pueblo. Muchos héroes a lo largo de la historia han intentado extraerla de la piedra, pero ninguno lo logró, hasta hace ochenta años. Incluso había un verso sobre la espada.
—Quien saque la espada de la piedra, será quien ahuyente al mal sobre este mundo —recitó la niña con una solemnidad sorprendente para su edad.
—¿Y quién sacó la espada? ¿Fue el señor Himmel? —preguntó Fern, su admiración por el héroe evidente en su voz.
—Así es —confirmó Stark con una sonrisa nostálgica—. Creí que era una historia famosa, ¿en serio no la conocías?
—No, el señor Heiter nunca me la contó —respondió Fern con un ligero encogimiento de hombros.
—Bueno, yo no la conocía porque... ya saben, no soy de aquí —añadió Naruto con su habitual despreocupación.
Guiados por la niña, el grupo llegó a una cabaña de piedra rústica, pero bien conservada, ubicada en el corazón de la aldea. Al entrar, el calor reconfortante de una chimenea encendida los envolvió, un contraste bienvenido con el frío penetrante del exterior que había calado sus huesos. El crepitar de las llamas y el olor a madera quemada llenaron el aire, creando una atmósfera acogedora. Frieren se acercó a la chimenea, extendiendo las manos hacia las llamas danzantes, su rostro mostrando una rara expresión de satisfacción y alivio.
—Ah... esto es acogedor —murmuró con un tono suave, casi un suspiro, mientras el calor le enrojecía ligeramente las mejillas pálidas. Cerró los ojos por un instante, disfrutando de la sensación.
—¡Estábamos muy preocupados, Señora Frieren! —Exclamó la niña con un puchero infantil, cruzando sus pequeños brazos sobre su pecho—. ¡Se supone que llegarías medio siglo después! Siempre guardo la calma, pero ahora estoy muy molesta. Mi abuela… ella me encargó darte el mensaje.
—Le dije que pasarían 80 años sin que tuvieran problemas —dijo Frieren con su habitual tono tranquilo, sin mostrarse particularmente afectada por el reproche de la niña—. Los aldeanos que han protegido la espada por generaciones pueden defenderse solos. No necesitan mi ayuda constante.
—Eso que dice es cierto, pero también tiene que cumplir con su deber —dijo la niña con firmeza, su puchero aún presente, pero su tono mostrando una seriedad impropia de su edad.
—¿A qué deber se refiere? —preguntó Naruto, su curiosidad alcanzando su punto máximo. La conversación había tomado un giro inesperado.
—Exterminar monstruos. Los monstruos se aparecen regularmente por esta aldea —contestó Frieren con una naturalidad sorprendente, como si fuera una tarea rutinaria.
—El Amo de la Montaña ha estado siendo todo un problema últimamente —añadió la niña con un suspiro, su rostro mostrando preocupación—. Es más fuerte y agresivo que antes.
—Tenemos que ayudarlos, Frieren —dijo Naruto con entusiasmo, su energía regresando al pensar en la posibilidad de una pelea.
—En ese caso, empezaremos mañana. Cuanto más rápido, mejor —concluyó Frieren, asintiendo levemente. Su mirada se dirigió a la ventana, como si ya estuviera planeando el día siguiente.
El aire gélido de la mañana se vio interrumpido por los aullidos de los lobos blancos de melena leonina que emergieron del bosque. Sin dudar, Naruto se lanzó al ataque, creando múltiples clones de sombra que corrieron hacia los monstruos, dispersándolos y atrayendo su atención.
Stark, con su gran hacha de batalla firmemente sujeta, avanzó con determinación. Con cada golpe amplio, su hacha derribaba a los lobos, la fuerza del impacto astillando el hielo bajo sus patas. Varios monstruos cayeron ante sus poderosos ataques, sus pelajes blancos manchados de sangre.
Fern, manteniendo la distancia, levantó su báculo. Rayos de energía mágica salieron disparados, impactando en los lobos que intentaban flanquear a Stark o acercarse a ella. Cada hechizo encontraba su objetivo, debilitando a las bestias y manteniéndolas a raya.
Frieren, observando la situación con su habitual serenidad, intervino cuando un grupo de lobos se enfocó en Naruto. Con un movimiento de su bastón, conjuró una barrera de hielo que protegió al ninja de las garras afiladas. Luego, lanzó varios proyectiles helados que inmovilizaron a los lobos, dejándolos vulnerables a los ataques de Naruto y Stark.
La combinación de la agilidad de Naruto y sus clones, la fuerza bruta del hacha de Stark, la magia precisa de Fern y el control elemental de Frieren resultó ser demasiado para los monstruos. Aunque feroces, los lobos fueron rápidamente superados. Uno a uno, cayeron ante los ataques del grupo. Finalmente, los pocos lobos que quedaban, fueron derrotados
La pequeña niña, que había estado observando la batalla desde una distancia segura junto a algunos aldeanos, aplaudió con entusiasmo al grupo por sus acciones valientes y efectivas. Su rostro se iluminó con admiración y alivio.
—Aunque tengamos la aldea cerca, hay muchos monstruos —dijo Stark con una calma sorprendente después de la intensa pelea, limpiando la sangre de su hacha con un trozo de tela.
—¿Por qué no contrataron a aventureros para pelear contra los monstruos? —Preguntó Fern, su curiosidad aún activa, queriendo entender la situación del pueblo.
—Eso es lo que queríamos hacer, pero… —comenzó a explicar La niña, pero su voz se apagó, como si dudara en continuar.
—Es que Himmel es el Héroe —Interrumpió Frieren con su tono habitual. Su comentario dejó a los demás un tanto confundidos.
—Este lugar está repleto de monstruos y se reúnen en la entrada de la cueva —dijo Stark, observando un gran agujero oscuro que conducía a la entrada de una cueva, en donde se podían ver varios monstruos acechando en las inmediaciones. El aire que emanaba de la cueva era frío y olía a humedad y tierra.
—Tienes razón —dijo Naruto con determinación, para luego saltar junto a Stark hacia los monstruos que esperaban cerca de la entrada de la cueva, acabando con ellos con una ráfaga de golpes rápidos y precisos.
Stark caminaba con cautela hacia la entrada de la cueva, pero se detuvo en seco al observar algo que lo confundió profundamente. Volteó a ver a Frieren con una expresión de incertidumbre y sorpresa. —¡Frieren! ¡Ese es…! —no pudo acabar lo que tenía que decir, ya que tanto Stark como Naruto fueron atacados sorpresivamente por un monstruo mucho más grande que los demás, una criatura imponente que parecía medir al menos diez metros de altura, con garras afiladas como espadas y ojos rojos brillantes que irradiaban una maldad ancestral.
Frieren observó al monstruo gigante con una mirada fría y analítica. Era similar en apariencia a los lobos que habían enfrentado, pero de un tamaño monstruoso. —Ya veo, con razón no sabía de lo que hablaba —murmuró para sí misma—. Es nuevo. ¿Así que ya te consideras el amo? —preguntó en voz alta, dirigiéndose a la bestia con una calma que contrastaba con el terror que inspiraba su presencia.
La enorme bestia rugió, un sonido fuerte pero que no hizo temblar tanto el suelo, y lanzó una de sus grandes garras hacia Stark. El guerrero, con su experiencia, simplemente dio un paso al costado, esquivando el golpe con relativa facilidad.
Sin perder tiempo, Stark aprovechó la oportunidad para blandir su gran hacha y asestar un golpe directo en el costado del monstruo. El filo del arma se hundió en la piel de la criatura, provocando un rugido de dolor, aunque no parecía una herida grave.
Naruto, moviéndose a gran velocidad, corrió alrededor del monstruo, dejando tras de sí imágenes residuales. La bestia, confundida por la rapidez del ninja, giraba torpemente intentando seguirlo con la mirada.
Desde una distancia segura, Fern apuntó con su báculo y lanzó un pequeño rayo de energía mágica que impactó en una de las patas del monstruo. No causó un gran daño, pero hizo que la criatura retrocediera un paso, perdiendo momentáneamente el equilibrio.
Frieren observaba con calma. Levantó su bastón y, con un movimiento suave, conjuró una serie de lanzas de hielo que se dispararon hacia las patas del monstruo. Las lanzas se clavaron en la carne, inmovilizando a la bestia y haciéndola caer al suelo con un fuerte golpe. El monstruo luchó por liberarse, pero las lanzas de hielo lo mantenían firmemente sujeto.
Con un grito, Naruto saltó hacia el monstruo y estrelló el Rasengan Planetario contra su pecho. La energía liberada fue inmensa, creando una explosión de luz y fuerza que resonó por toda la montaña. El cuerpo del monstruo fue envuelto por la vorágine de chakra, retorciéndose y desintegrándose bajo el poder del ataque. Finalmente, la bestia cayó al suelo, derrotada.
Naruto aterrizó suavemente con una sonrisa de satisfacción en su rostro. —¡Lo acabamos! —exclamó, mostrando su pulgar hacia arriba.
—Si, Finalmente acabe con mi deber— dijo Frieren
—El silencio se apoderó de la montaña tras la derrota del monstruo. Solo quedaba el murmullo del viento entre los árboles nevados y el crujido del hielo bajo los pies del grupo mientras se reagruparon cerca de la entrada de la cueva. Stark, aún recuperando el aliento después del combate, caminó lentamente hacia Frieren, que observaba el interior oscuro del santuario con su típica serenidad.
—Oye, Frieren... —dijo Stark, rompiendo el silencio con un tono serio, casi reverente—.¿por qué sigue aquí la Espada del Héroe? Según las historias, Himmel fue quien la sacó, ¿no?
Frieren no desvió la mirada del pedestal donde la espada, aún incrustada en la roca. —Porque nadie la ha sacado realmente —respondió ella con calma, como si hablara del clima.
Stark frunció el ceño, sorprendido. —¿Cómo que nadie? ¿Entonces Himmel no fue…?
—No pudo sacarla —interrumpió Frieren suavemente, girando apenas su rostro hacia Stark—. Lo intentó. Pero la espada no se movió. Himmel sonrió y dijo: "Aunque sea un héroe falso, derrotaré al Rey Demonio igual". Y cumplió su promesa. Es un verdadero Héroe.
Un silencio reverente se extendió por el grupo. Fern bajó la mirada, procesando las palabras de Frieren. Naruto cruzó los brazos, pensativo.
—Así que… todo este tiempo, la espada estuvo aquí, esperando al verdadero elegido —dijo Stark en voz baja.
—Sí —confirmó Frieren—. Y mientras esté aquí, seguirá atrayendo monstruos. Su poder es demasiado antiguo… y demasiado fuerte. Por eso protegemos este lugar. Por Himmel, por lo que hizo... y por lo que no necesitó demostrar.
Mientras descendían por el sendero nevado, envueltos en el silencio que sigue a una revelación importante, Stark no pudo contener más sus pensamientos.
—Frieren —dijo en voz baja, rompiendo la calma con una mezcla de duda y respeto—. ¿Por qué nunca contaste la verdad sobre Himmel? Sobre que él… que no pudo sacar la espada.
Fern también giró su rostro hacia ella, con la misma pregunta en los ojos. Frieren caminó unos pasos más antes de detenerse. La nieve seguía cayendo suavemente, y por un momento, todo quedó quieto.
—Porque nadie quería oírla —respondió al fin—. El mundo… necesitaba un héroe. Y los héroes no fallan. La gente deseaba creer que Himmel lo logró todo. Que él fue elegido. Así es como construyen sus leyendas.
—¿Y tú? —insistió Fern, con la voz más suave—. ¿Tú también lo creías?
Frieren negó lentamente con la cabeza.
—Yo lo conocía. Himmel nunca necesitó una espada mágica para ser un héroe. Él lo fue… porque eligió serlo, a pesar de no tener lo que los demás creían necesario. Pero eso no hace buenas historias. Las nuevas generaciones… —miró al cielo gris, como si buscara algo más allá de las nubes— tienden a idealizar, a romanizar a sus ídolos. Un día, nadie recordará cómo fueron realmente las cosas. Solo quedarán las versiones que quisieron creer.
Un silencio se apoderó del grupo. Las palabras de Frieren quedaron flotando en el aire, como copos que se niegan a caer.
Naruto se adelantó entonces, sin decir nada, y miró una vez más hacia el santuario que dejaban atrás. Sus ojos se fijaron en la espada, solitaria, erguida aún en su pedestal de piedra.
—Solo por curiosidad… —murmuró mientras regresaba a la entrada del santuario.
El grupo lo observó desde la distancia mientras colocaba ambas manos sobre la empuñadura de la espada del héroe. Se concentró. Respiró hondo.
Y tiró.
Nada.
La espada no se movió ni un milímetro.
Naruto suspiró, sonriendo con resignación. —Supongo que… todavía no es mi momento —dijo, volviendo con el grupo.
Frieren lo miró con una leve sonrisa en los labios. No de burla. De comprensión.
—O tal vez no tiene que ser tu momento. Tal vez… solo tienes que seguir caminando tu propio camino.
Naruto asintió, y juntos retomaron el descenso.
Detrás de ellos, la Espada del Héroe permaneció donde siempre estuvo. Esperando.
Al día siguiente, con el cielo despejado y los vientos más suaves, el grupo se preparó para partir. La pequeña niña del santuario —la misma que los había guiado y cuidado durante su breve estancia— se acercó con una canasta de pan y frutas secas.
—Para el camino —dijo, con una sonrisa tímida—. Gracias por venir. La espada… bueno, quizás algún día alguien logre sacarla. Pero me alegra que hayan venido.
—Gracias por cuidarnos. Nos veremos otra vez —le dijo con una sonrisa cálida.
Frieren fue la última en mirar a la niña. No dijo nada, pero sus ojos se encontraron por un instante, y algo quedó dicho en ese silencio.
Entonces partieron.
Durante los días siguientes, el grupo cruzó los valles montañosos, donde la nieve seguía dominando el paisaje. Pero a medida que descendían, los copos se volvían más escasos. El hielo dio paso al barro, y pronto, al cruzar un viejo paso forestal, el verde comenzó a imponerse. El susurro de hojas reemplazó al crujir de la nieve bajo las botas.
Una tarde llegaron a un claro donde la luz del sol aún alcanzaba a calentar el suelo. El aire era fresco pero no cortante. Un riachuelo cercano ofrecía agua limpia. Decidieron que sería un buen lugar para acampar.
Stark montó la tienda improvisada mientras Fern recogía leña. Naruto, sin perder tiempo, se dirigió hacia Frieren con los ojos brillando.
—¿Hoy también me enseñas magia?
Frieren, que estaba sentada sobre una roca observando el cielo, asintió con calma. —Muy bien. Hoy trabajaremos en tu flujo de maná. Es irregular, y eso hace que tus hechizos sean inestables.
—¡Pero ya puedo lanzar "Zeltsturm" sin quemarme la cara! —dijo Naruto, inflando el pecho.
—Sí, pero sigues lanzándolo como un dragón borracho —replicó Fern desde el otro lado del campamento.
Naruto rió nerviosamente.
Frieren se puso de pie, dibujando un círculo mágico con su bastón. —Concentración, Naruto. Recuerda: no se trata de fuerza bruta. Es como… afinar un instrumento. Si fuerzas demasiado, se rompe.
Durante varios días, mientras viajaban a través del bosque, Naruto practicaba a diario. Bajo la guía paciente de Frieren, aprendió a canalizar mejor su maná. A veces en movimiento, mientras caminaban. Otras, durante los descansos. Fern lo observaba con cierto escepticismo al principio, pero pronto comenzó a corregirlo también, señalando detalles con la precisión de una verdadera maga de formación estricta.
—Tu conjuro de barrera tiene forma de huevo —le decía Fern—. ¿Quién quiere protegerse con un huevo?
—¡Un huevo ninja es muy resistente por dentro! —respondía Naruto con su típica energía, pero corregía el hechizo igualmente.
Así, entre bromas, hechizos fallidos, pequeños incendios controlados y comidas junto al fuego, los días pasaron. El bosque los acogía con su tranquilidad, lejos de los templos, las espadas míticas y las leyendas olvidadas.
Después de varios días de viaje, el grupo finalmente llegó a un pequeño pueblo enclavado en el bosque. Las casas eran todas de madera envejecida, con techos puntiagudos y chimeneas humeantes que daban al aire un olor acogedor a leña quemada. Aunque pequeño, el pueblo tenía una plaza central animada, una taberna modesta y, por suerte, una posada decente.
—¡Al fin una cama! —dijo Stark, estirándose mientras dejaba caer su mochila al suelo de la entrada.
Naruto se asomó por la ventana. —Y tiene vista al río… ¡Este lugar está genial!
La dueña les asignó habitaciones dobles. Frieren y Fern compartirían una, como siempre. Stark se acomodaría con Naruto, aunque eso significaba escuchar ronquidos ninja por toda la noche.
Esa mañana, el sol ya se había colado por las cortinas cuando Fern, completamente despierta y vestida con su uniforme habitual, se cepillaba el cabello frente al espejo. Frieren seguía en la cama, con una expresión calmada y algo somnolienta, hojeando un grimorio antiguo con cubierta de cuero.
—Voy a salir a hacer las compras —dijo Fern, lanzando una mirada por encima del hombro—. ¿Vienes?
—No quiero. Hace frío —respondió Frieren, sin apartar la vista del libro.
Fern chasqueó la lengua. —Siempre dices eso…
—Además —añadió Frieren, cerrando el grimorio y estirándose como un gato perezoso—, hoy es el cumpleaños de Stark.
Fern dejó de cepillarse en seco.
—¿¡Qué!? ¿¡Y por qué no me lo dijiste antes!?
—No me lo preguntaste —dijo Frieren con total naturalidad.
Fern la fulminó con la mirada. —¡No le compré nada! ¿Qué se supone que le gusta a ese grandote bobo?
Frieren se encogió de hombros. —No sé… cosas de hombres, supongo.
Fern suspiró. —Eres de ayuda, como siempre… ¿Y tú? ¿Ya le tienes algo?
La elfa sonrió misteriosamente. Sin decir palabra, se levantó de la cama con calma, caminó hasta su maleta en el rincón de la habitación y la abrió. De su interior sacó una pequeña botella con un líquido morado que brillaba tenuemente bajo la luz del sol.
—Tengo esto —dijo con tono travieso—. Una poción que deshace la ropa al contacto. Estas cosas siempre les gustan mucho a los hombres. Muy especial.
Fern se quedó pasmada, el cepillo de pelo aún en la mano.
—...No puede ser —murmuró.
—¡Te dije que devolvieras esa porquería cuando la encontramos.
—¿No crees que le hará gracia? Podría romper un poco el hielo entre ustedes.
—¡¿Qué estás diciendo?!
Frieren aún sonreía, como si todo fuese una pequeña broma entre amigas. Pero Fern, con una expresión entre furia y vergüenza ajena, se acercó con paso firme.
—¡No puedes ir por la vida con pociones indecentes en la maleta como si fueran dulces! ¡Eres una archimaga milenaria!
—Y por eso sé lo que funciona —respondió Frieren con altivez.
Fern, harta, le arrancó la poción de las manos, destapó el frasco sin dudar y lo arrojó directamente sobre Frieren.
¡Splaaash!
Una nube brillante se elevó como una neblina violácea. En segundos, las ropas de Frieren desaparecieron en un suave parpadeo de magia, dejándola completamente desnuda en medio de la habitación. La elfa se quedó quieta, mirando hacia abajo con total tranquilidad.
—Bueno. Eso no era innecesario —dijo, cubriéndose con la manta de la cama.
Fern cruzó los brazos con expresión severa.
—¡Te lo merecías! ¿Qué clase de regalo vulgar es ese? ¿Y si Naruto la tomaba por error? ¡Imagínate el caos!
Frieren asintió lentamente, mientras se acomodaba bajo la manta con aire derrotado.
—Tienes razón… Aunque ahora que lo pienso, sería gracioso ver la cara de Naruto si eso le pasara a Stark.
—¡Señora Frieren! —gritó Fern, sonrojada, mientras le lanzaba una toalla.
—Está bien, está bien —dijo Frieren, ahora riéndose—. No le daré eso. Pero me debes una poción nueva, Fern. ¡Eran ediciones limitadas!
Después del pequeño desastre en la habitación, Fern salió de la posada con prisa. El aire fresco del pueblo montañés despejaba un poco su enojo… pero solo un poco.
—No puedo creer que Frieren pensara que eso era un buen regalo —refunfuñaba para sí mientras recorría el mercado del pueblo, mirando escaparates de artesanías, dulces y herramientas—. ¿Qué se supone que le gusta a Stark, además de pelear y comer?
Mientras caminaba, escuchó una voz familiar detrás de ella:
—¡Oye, Fern! ¿También saliste a estirar las piernas?
Era Naruto, que llevaba una bolsa con algunas frutas y pan en la mano. Sonreía como siempre, despreocupado.
—Hola, Naruto —respondió ella, sin parar de caminar.
—¿Estás bien? Te ves como si hubieras visto a un demonio.
Fern suspiró y se detuvo. —No un demonio… más bien una elfa milenaria con muy mal gusto para los regalos.
Naruto parpadeó. —¿Frieren hizo algo otra vez?
—Hoy es el cumpleaños de Stark —explicó Fern—. Y esa desvergonzada quería regalarle una poción mágica que desintegra la ropa.
Naruto se atragantó con el pan que estaba a punto de morder.
—¡¿Q-qué?!
—Tal cual. ¡Y no solo eso! Encima me dijo que eso "les gusta mucho a los hombres" y que era un regalo "inolvidable".
Naruto se echó a reír, sujetándose la panza.
—¡Esa Frieren es un peligro con piernas! —dijo entre risas—. Pero… bueno, ahora que lo mencionas… una poción así podría ser útil en ciertas circunstancias especiales…
Fern levantó una ceja, cruzando los brazos.
—¿Qué clase de circunstancias?
Naruto hizo un gesto travieso, señalando el aire como si estuviera dibujando una fantasía.
—Imagina esto: estás en una misión de infiltración. El enemigo te tiene acorralado. ¡Pero llevas la poción secreta! La lanzas, sus ropas desaparecen, ¡y tú aprovechas el caos para escapar!
—Ajá… —Fern dijo con tono incrédulo.
—O —continuó Naruto con una sonrisa picara— podrías usarla para una broma. Aunque tendrías que estar muy seguro de no quedar tú también afectado… imagina que lanzas la botella mal y terminas tú sin ropa en medio del mercado. ¡Eso sí sería inolvidable!
Fern suspiró. —No sé qué es peor, la imaginación de Frieren o la tuya.
—Hey, ¡soy un ninja creativo! —se defendió él con una sonrisa—. Pero no te preocupes. Si necesitas ayuda con el regalo para Stark, yo puedo echarte una mano.
—¿De verdad? ¿Tú conoces los gustos de Stark?
—Bueno, sé que se emociona cuando alguien lo reconoce. Tal vez si le das algo que lo haga sentir como un héroe, se le ilumina la cara.
Fern pensó por un momento. —Tal vez un amuleto de protección, algo simbólico…
—O una capa con bordado dorado. Como esas que usan los paladines.
—¿No sería muy llamativa?
Naruto sonrió. —Sí. Pero ¿has visto cómo le brillan los ojos cuando alguien menciona la palabra "glorioso"?
Fern se rió por primera vez en el día.
—Tienes razón. Vamos a buscar algo con estilo. Pero nada que implique ropa desapareciendo. Nada.
Naruto levantó las manos en son de paz.
—¡Prometido! Aunque… si sobra una de esas pociones, no estaría mal para bromear
—Naruto…
—¡Broma, broma!
Después de bromear un rato, Naruto y Fern decidieron separarse para buscar a Stark por su cuenta. El pueblo era pequeño pero activo, con calles de piedra y casas de madera decoradas con flores secas. El aire olía a leña, pan horneado… y un poco a aventura.
Fern fue preguntando a los aldeanos mientras caminaba por la plaza.
—¿Han visto a un chico alto, musculoso, con una gran hacha en la espalda?
Una anciana sonrió, secándose las manos en su delantal.
—¿Ese muchacho amable? Me ayudó esta mañana a cargar leña hasta mi casa. Muy educado, aunque parecía nervioso cuando lo felicité.
Otro hombre delgado que barría la entrada de su tienda también comentó:
—¡Claro! Me echó una mano con unos barriles. Dijo que solo lo hacía por "entrenamiento", pero se notaba que le gusta ayudar.
Fern sonrió con ternura. Sabía que Stark era más noble de lo que él mismo se creía.
Mientras tanto, Naruto tenía menos suerte. Había preguntado en tres tiendas y un establo, pero nadie lo había visto recientemente. En lugar de seguir dando vueltas, se detuvo frente a una herrería. Su mirada se posó sobre un afilador de piedra, compacto, portátil, con mango de cuero resistente.
—Hmm… no soy bueno eligiendo regalos sentimentales, pero esto le va a servir —murmuró. Pagó por el afilador y lo guardó en su bolso, satisfecho.
Mientras tanto, Fern ya había encontrado al guerrero. Lo vio en un mirador del pueblo. La nieve comenzaba a derretirse poco a poco, y desde allí se veía el tejado de las casas del pueblo, las columnas de humo, y el sol comenzando a bajar, tiñendo el cielo de naranja.
Poco después, Naruto los encontró en el mirador. Levantó la mano a modo de saludo y se acercó con paso ligero.
—¡Al fin los encuentro! —exclamó—. No sabía que estaban teniendo una cita secreta aquí arriba.
—¡No es una cita! —respondieron ambos al unísono, y luego se miraron, aún más sonrojados.
Naruto rió con ganas y sacó el pequeño afilador. —En fin, feliz cumpleaños, Stark. No es gran cosa, pero pensé que te sería útil.
Stark lo tomó, impresionado. —Gracias, Naruto. Este tipo de cosas sí que hacen falta… es un gran detalle.
Naruto se fijo en el nuevo brazalete de metal que tenia Stark— ¿Y eso?— Naruto apunto al brazalete.
—¿Oh, esto? Es el regalo que me compro fern— dijo stark levantado su muñeca enseñándole el brazalete
—Fern soo miro con un leve rubor
—Ya tienes regalo de parte de todos. Bueno, casi todos… —Naruto ladeó la cabeza con una sonrisa pícara—. ¿Qué habrá hecho Frieren?
Cuando regresaron a la posada, la sorpresa fue inmediata.
En el comedor común, sobre la mesa de madera, había al menos seis pasteles de carne perfectamente horneados. Un aroma delicioso se esparcía por todo el lugar.
Y en medio de ese cuadro inusual, estaba Frieren, aún con un delantal blanco cubierto de harina, sentada con una expresión tranquila y su grimorio al lado.
—Llegan tarde —murmuró—. Ya casi se enfrían.
Stark se quedó inmóvil, sus ojos bien abiertos.
—¿Tú… cocinaste esto?
Frieren asintió. —Eisen solía decir que los pasteles de carne eran lo mejor para un cumpleaños. Pensé que podrías pensar igual.
Stark se acercó y se sentó lentamente. Su voz tembló apenas un poco.
—Gracias… Frieren. Nunca pensé que… bueno, gracias.
Fern sonrió, Naruto miró los pasteles con ojos brillantes, y por un momento, todos se sintieron parte de una pequeña familia. Una cena entre amigos, con regalos, risas… y la calidez que ni la mejor magia podría conjurar.
al dia siguiente
El sol apenas comenzaba a asomarse sobre las copas de los árboles cuando el grupo retomó su marcha, dejando atrás el apacible pueblo de madera. El aire olía a tierra húmeda y hojas frescas. Las nieves ya habían quedado atrás, y los caminos se volvían más verdes y suaves bajo sus pies.
En el silencio del amanecer, solo el crujir de las botas y el murmullo de los pájaros acompañaban al grupo. Frieren se había adelantado, como siempre. Caminaba sin prisa, con los ojos distraídos, como si buscara algo… o a alguien… en el tiempo.
No pasó mucho hasta que se detuvo, agachándose en cuclillas al borde de lo que parecía un charco de barro. Observaba en silencio.
—Hmm…
Allí, atrapado hasta la cintura en el lodo espeso, un hombre de mediana edad luchaba inútilmente por liberarse. Su piel era clara, y de su cabeza colgaba una pequeña cola de caballo sujeta con un lazo negro. Su camisa blanca estaba cubierta de barro, y su gabardina azul, de estilo religioso o tal vez aventurero, había perdido todo rastro de elegancia. Solo quedaban sus ojos vivos, su voz paciente, y una sonrisa resignada.
—Ya veo… Así que eres una aventurera —dijo con calma, al notar la presencia de Frieren—. Yo quise ser uno hace mucho tiempo. Era ese tipo de sueño infantil tonto que todos tienen alguna vez.
Frieren ladeó la cabeza, sin responder. Solo lo observaba, como si se tratara de una criatura interesante en su entorno natural.
—Cuando era niño, tenía un amigo con quien compartía muchas pequeñas aventuras. Tenía tanta energía que parecía un gorila… pero era un buen gorila, ¿sabes? Siempre se preocupaba por sus amigos. Cuando crecí y empecé a olvidar ese sueño, él vino a buscarme. Me invitó a unirme como aventurero. A veces me pregunto cómo habría cambiado mi vida si hubiera tomado su mano entonces.
El hombre hizo una pausa, hundiéndose un poco más.
—Eso fue hace diez años. Y todavía me arrepiento —dijo con una sonrisa tranquila.
—Eh. Entonces, ¿por qué me estás diciendo esto? —preguntó Frieren con su habitual tono sin emoción.
—Porque… se acerca el festival de la cosecha en mi pueblo. Mi hermano me pidió que viniera al bosque a recolectar hierbas silvestres para la cocina. Pero entonces…
—Te quedaste atrapado en un pantano sin fondo —completó Frieren, mirando cómo el lodo llegaba al pecho del hombre.
—Exactamente. He terminado. Pero si tomas mi mano ahora… tal vez mi destino cambie —dijo él, estirando su brazo embarrado hacia ella.
Frieren bajó un poco más la cabeza, como si examinara una rana rara.
—Espera. Estoy pensando en ello.
—¿En qué hay que pensar? —dijo el hombre con una gota de sudor frío deslizándose por su sien.
—Tu mano está sucia —respondió Frieren, sin cambiar el tono.
—¡Este no es momento de preocuparse por eso! Además, señorita… los adultos son sucios por naturaleza.
—Esta podría ser la primera vez que me encuentro con un adulto físicamente sucio —murmuró Frieren, pensativa—. ¿Puedo tener un poco más de tiempo? Estoy tratando de recordar el hechizo para sacar a alguien de un pantano sin fondo.
—P-Por favor, date prisa… —suplicó el hombre mientras una burbuja de barro explotaba junto a él.
En ese momento, Naruto y Fern emergieron entre los árboles, cargando una pequeña canasta de hierbas.
—¡Sra. Frieren! —llamó Fern, acercándose—. ¿Ha encontrado alguna hierba?
—Oh… ahora me acuerdo —dijo Frieren, como si el recuerdo acabara de aterrizar en su mente.
Sin levantarse de cuclillas, apuntó con dos dedos al hombre atrapado y murmuró un encantamiento. Una suave luz azul emergió, y el barro comenzó a burbujear suavemente antes de empujar al hombre hacia arriba, depositándolo en tierra firme. Su gabardina chorreaba barro, pero al menos estaba vivo… y libre.
—Muchas gracias por salvarme— agradeció el hombre castaño
Fern se acercó al hombre con una expresión de disculpa. —Lo siento mucho, señor. La señora Frieren a veces es... peculiar. Le aseguro que la regañaré por haber tardado tanto en ayudarlo.
Naruto, con los brazos cruzados y una ceja levantada, miró a Frieren. —¡Oye, Frieren! ¿En serio te pusiste a pensar en si su mano estaba sucia antes de ayudarlo? ¡Casi se hunde por completo! Deberías ser más rápida para ayudar a la gente.
El hombre, aún limpiándose el barro de la ropa, miró al grupo con curiosidad. —¿Y bien? ¿A dónde se dirigen con tanta prisa?
Frieren, con su tono habitual, respondió: —Esperamos llegar a la siguiente gran ciudad.
—Ya veo. Bueno, les agradezco mucho su ayuda. Tengan cuidado en el camino, hay muchas serpientes venenosas por esta zona. Que tengan un buen viaje. —El hombre les ofreció una sonrisa amable y se despidió con un gesto de la mano antes de seguir su camino.
El grupo continuó su marcha por el sendero boscoso. El sol comenzaba a calentar el ambiente y el canto de los pájaros llenaba el aire. En un momento de descuido, mientras Stark observaba los árboles con admiración, un movimiento rápido entre la maleza llamó su atención. Sintió un pinchazo agudo en su brazo.
—¡Auch! —exclamó Stark, llevándose la mano al brazo. Al apartarla, vio dos pequeñas marcas rojas y una punzada de dolor recorrió su cuerpo. Casi al instante, su nariz comenzó a sangrar, una hemorragia que parecía imparable.
—¡Stark! ¿Qué te pasa? —preguntó Fern con preocupación, acercándose rápidamente.
—¡Una serpiente! Creo que me ha mordido —respondió Stark, con la voz entrecortada mientras la sangre goteaba de su nariz.
Naruto y Frieren se acercaron de inmediato. Fern intentó presionar la herida en el brazo de Stark con un pañuelo, mientras Naruto buscaba alguna hierba medicinal en los alrededores. Frieren, con una expresión seria, intentó detener el sangrado de la nariz de Stark con un hechizo de contención, pero la sangre seguía fluyendo sin cesar.
—No funciona... —murmuró Frieren, con una rara muestra de preocupación en su rostro.
—No puedo detener la hemorragia de la nariz. Parece que el veneno está actuando muy rápido.
—¡Rayos! ¡Esa sangre no para! —exclamó Naruto, viendo con alarma cómo Frieren luchaba por contener la hemorragia nasal de Stark—. ¡Ese tipo que ayudamos nos advirtió sobre las serpientes!
Frieren asintió con gravedad. —Es nuestra mejor opción. Este veneno es potente, y mi magia no parece afectarlo directamente.
—¡Sí! ¡Volvamos a su pueblo! —urgió Naruto—. ¡Quizás allí sepan cómo tratar esto! ¡Vamos!
Con Stark debilitándose rápidamente, apoyado entre Naruto y Fern, el grupo dio media vuelta y emprendió el camino de regreso. La urgencia les daba una nueva energía, pero la preocupación por su amigo pesaba en cada paso.
Llegaron al pequeño pueblo justo cuando el sol comenzaba a descender. Sin perder tiempo, buscaron la iglesia, un edificio modesto de piedra. Dentro, un sacerdote de mediana edad encendía velas en el altar.
—Padre, por favor, necesitamos ayuda —dijo Fern con urgencia, señalando a Stark.
El sacerdote se acercó rápidamente, su rostro mostrando preocupación al ver el estado de Stark. Examinó la herida en el brazo y la persistente hemorragia nasal.
—Por la Diosa… este veneno es fuerte —murmuró el sacerdote—. Es demasiado tarde. En unas horas, su cerebro comenzará a derretirse. Fluirá por su nariz, y luego morirá.
—¡¿Qué!? ¿¡Derretirse el cerebro!? —gritó Naruto, incrédulo—. ¡No puede ser! ¡Tiene que haber algo que hacer, padre!
—¡Eso es aterrador! —exclamó Stark, el pánico apoderándose de él.
—¿No hay nada que podamos hacer, padre? —preguntó Fern, la desesperación tiñendo su voz.
—Normalmente, solo se puede curar si se trata temprano —respondió el sacerdote, negando con la cabeza—. Pero tal vez mi hermano podría…
En ese momento, la puerta de la iglesia se abrió y entró el hombre que habían rescatado del barro esa misma mañana. Se detuvo al verlos.
—¡Eh! ¡Es el tipo del barro! —susurró Naruto, antes de que el hombre se dirigiera al sacerdote.
—Hermano, ¿tienes un minuto? —dijo el recién llegado—. ¿No crees que esta nueva bañera es un poco pequeña?
—Hay honor en la pobreza —replicó el sacerdote.
—¿No va esto demasiado lejos, sin embargo? Somos los únicos que nos empobrecemos hasta una bañera del tamaño de una mano —se quejó el hombre.
—¡Oye! ¿Puedes hablar de bañeras luego? —intervino Naruto—. ¡Mi amigo necesita ayuda urgente!
—Más importante, Sein, echa un vistazo a este chico —dijo el sacerdote, señalando a Stark.
El hombre llamado Sein se giró y sus ojos se abrieron con sorpresa al reconocer al grupo.
—¿Eh? Hermano, estos son los que te conté. Son las personas que me rescataron —dijo Sein, antes de fijarse en el estado de Stark—. ¿Te mordió una serpiente? Te dije que tuvieras cuidado.
Sein se acercó a Stark. Levantó una mano y, con un murmullo casi inaudible y un breve destello de luz verdosa, tocó suavemente la frente del guerrero. La hemorragia nasal se detuvo al instante. El color volvió al rostro de Stark y el malestar desapareció.
—¡Increíble! ¡Lo curó así nomás! —exclamó Naruto, asombrado—. ¡Vaya tipo! ¿Qué clase de jutsu... digo, magia fue esa?
—Ahora estamos igualados —dijo Sein con una sonrisa satisfecha—. Hermano, voy a ayudar en la plaza.
—Claro —respondió el sacerdote.
Stark se tocó la nariz, todavía en shock. —Mi nariz dejó de sangrar.
—Los efectos del veneno se han ido —confirmó Fern, aliviada y sorprendida.
Frieren observó a Sein mientras salía y luego se giró hacia el sacerdote. —Padre, ¿es él...?
El sacerdote sonrió levemente. —¿Qué piensas de mi hermano menor?
—Ese símbolo sagrado alrededor de su cuello —dijo Frieren, su mirada analítica— se otorga al sacerdote más destacado de una región por La santa capital. Al instante curó un veneno, un experto en curación llamado incurable. Es un genio.
—¿Un genio? ¡Pues sí que lo parece! —intervino Naruto—. ¡Curó eso como si nada! ¡Casi tan rápido como la abuela Tsunade!
—No me sorprende que se haya dado cuenta, Sra. Frieren —respondió el hermano de Sein.
—¿Sabes quién soy? —preguntó Frieren.
—El Sr. Heiter me habló de ti —explicó el sacerdote—. Me dio este símbolo sagrado cuando vino aquí desde la santa capital para observarnos. Dicho esto, soy un mero sacerdote provincial. Esto es lo único de lo que puedo estar orgulloso.
Hizo una pausa, su mirada volviéndose nostálgica y un poco triste. —Pero mi habilidad no se compara con la de Sein. Nuestros padres fallecieron cuando éramos jóvenes. Desde entonces, yo mismo crié a mi hermano mucho menor. Cuando era niño, a menudo decía que quería convertirse en un aventurero. No quería convertirse en un sacerdote de pueblo ordinario como yo, que pasaba todos los días de la misma manera. Lo dijo con los ojos llenos de esperanzas y sueños. Pero ahora él es como yo era cuando era joven. Esta vida debe aburrirlo.
El sacerdote miró a Frieren, Fern y Naruto con una súplica en los ojos. —¿Podrían alejarlo de este pueblo, por favor? Estoy seguro de que ha estado buscando a alguien que le dé ese último empujón.
Esa noche, en la calidez de la cabaña alquilada en el pueblo, el grupo discutía la inesperada propuesta del sacerdote. El fuego crepitaba, arrojando una luz anaranjada sobre sus rostros.
—¿Llevarlo con nosotros? —dijo Naruto, rascándose la cabeza—. Hmm, bueno, parece fuerte y sabe curar venenos como si nada… ¡Podría ser útil en el viaje! ¿Qué dicen ustedes?
—Me apunto, Frieren. ¿Qué hay que pensar? —intervino Stark inmediatamente, golpeando la mesa suavemente con el puño—. Ese tipo me salvó. ¡En un segundo! ¡No voy a arriesgarme a que mi cerebro fluya fuera de mi nariz de nuevo!
—Es cierto que el viaje que se avecina puede ser más seguro con un sacerdote —convino Fern, mirando a Frieren con lógica—. ¿Qué es lo que no le gusta de la idea, Sra. Frieren?
Frieren apartó la vista, mirando las llamas con una expresión incómoda. —Es que... me recuerda a mí misma —murmuró, casi para sí, con un ligero rubor cómico.
—¿Eh? ¿Que te recuerda a ti misma? —preguntó Naruto, confundido—. ¡Pero si tú eres genial, Frieren! ¿Qué tiene de malo? ¿O es que tú también te quedabas atrapada en el barro?
Stark también parecía perplejo. —¿De qué está hablando?
—¡Bah, no importa! —exclamó Stark, poniéndose de pie con decisión—. Lo voy a invitar a unirse a nosotros, incluso si ustedes dos no quieren.
—¡Sí, vamos a buscarlo! —Naruto se levantó de un salto, emocionado—. ¡No podemos dejar pasar a alguien que puede curar así! ¡Vamos, Stark!
Ambos salieron apresuradamente de la cabaña.
Frieren los vio irse, ladeando la cabeza. —¿A dónde va? —preguntó, con su calma habitual. Luego, procesando la situación, añadió con desconcierto—: ¿Qué?
Stark y Naruto recorrieron las calles nocturnas del pueblo, siguiendo las indicaciones hacia la única taberna. El sonido de risas y música apagada los guio. Al entrar, el lugar estaba lleno de humo, olía a cerveza rancia y algo frito. En una mesa al fondo, rodeado de varios hombres de aspecto tosco, estaba Sein, con cartas en la mano, una botella cerca y un cigarrillo humeando entre sus dedos.
—¡Vaya! —exclamó Naruto en voz baja—. ¡Este sacerdote sí que sabe divertirse, ¿eh?! Aunque... ¿no deberías estar rezando o algo así?
Stark se acercó, mirando la mesa con desaprobación. —Alcohol... Tabaco... Juego. Eso es un poco demasiado corrupto, ¿no crees?
Sein levantó la vista, reconociéndolos al instante con una sonrisa despreocupada. —Estoy conociendo a la gente —dijo, encogiéndose de hombros—. ¿Quieren unirse a nosotros?
—Soy Stark —se presentó el guerrero, directo al grano—. Estamos buscando un sacerdote. ¿Te unirás a nosotros?
—¡Sí, únete a nosotros! —añadió Naruto con entusiasmo—. ¡Viajamos a lugares increíbles y pateamos traseros de demonios! ¡Será divertido, 'ttebayo!
Sein soltó una carcajada. —Deben estar bromeando. Soy el sacerdote de este pueblo. No puedo ir de aventuras —hizo una pausa, y una chispa de interés brilló en sus ojos—. No, supongo que eso podría ser divertido.
Señaló las cartas con la barbilla. —Siéntate, Stark. Si puedes ganarme, me uniré a su grupo.
—¡¿Un desafío?! ¡Genial! —exclamó Naruto—. ¿Qué vamos a jugar? ¡Stark, tienes que ganar!
—¿En serio? —preguntó Stark, mirando las cartas y luego a Sein, sorprendido pero claramente tentado.
—Sí, de verdad —confirmó Sein, barajando el mazo con una sonrisa desafiante.
La partida que siguió fue un desastre para el guerrero. Stark, aunque determinado, claramente no tenía la astucia ni la suerte para el juego que Sein demostraba. Mano tras mano, el sacerdote ganaba con una facilidad exasperante, su sonrisa ensanchándose mientras la pila de monedas (y pronto, otros objetos de valor improvisados) frente a él crecía. Naruto, a un lado, pasaba de la animación nerviosa a la desesperación, mientras Stark se hundía visiblemente en la silla.
Fue mucho más tarde, cuando la luna estaba alta y la mayoría de las luces del pueblo se habían apagado, que Fern y Frieren, ya preparándose para dormir en la tranquilidad de su habitación en la posada, escucharon unos gritos inconfundibles que atravesaron la quietud de la noche.
— ¡Basta~! —Era la voz de Stark, cargada de frustración. — ¡Ya déjame! ¡No tengo nada más que apostar! —Era Naruto, sonando igualmente desesperado.
— Sra. Frieren, creo que escuché al Sr. Stark y al Sr. Naruto gritar abajo —dijo Fern, la preocupación tensando sus facciones. Se levantaron rápidamente, la somnolencia olvidada, y salieron corriendo de la posada. La escena que encontraron bajo la fría luz de la luna era tan absurda como alarmante: Naruto, Stark y Sein estaban parados fuera de la taberna, vestidos únicamente con su ropa interior, temblando visiblemente por el frío nocturno.
— Alguien se ha llevado todas sus pertenencias —constató Fern, sus ojos muy abiertos por el horror y la incredulidad—. ¿¡Pero qué pasó aquí!?
— ¡Nos desplumaron! ¡Ese tipo nos ganó hasta la ropa interior! —exclamó Naruto, señalando a Sein con indignación mientras intentaba cubrirse con los brazos.
— Qué horrible. ¿Quién haría esto? —preguntó Fern, mirando alternativamente a los tres hombres semidesnudos y al sacerdote sentado tranquilamente.
— Sin resentimientos. Después de todo, los adultos son sucios —replicó Sein, ajeno al drama. Estaba sentado en el suelo polvoriento, apoyado contra la pared de la taberna, encendiendo tranquilamente otro cigarrillo como si estuviera disfrutando del aire nocturno.
— ¿Sucio? ¡Nos dejaste casi desnudos en medio de la noche! ¡Eso no es ser sucio, es ser un tramposo! —protestó Naruto, tiritando.
— ¡Alguien se ha llevado todas sus pertenencias! —repitió Fern, aún sin poder creerlo.
— El jefe de la aldea ganó el lote. Él tuvo la propia suerte del diablo —aclaró Sein, exhalando una nube de humo.
— Sein —dijo Frieren, su voz tranquila pero firme cortando la noche. Se había acercado sin hacer ruido, observando la situación con su calma habitual.
— He oído que estás buscando miembros para tu grupo. Pregúntale a alguien más —respondió Sein sin mirarla, concentrado en su cigarrillo.
— Quieres convertirte en un aventurero, ¿verdad? —insistió Frieren.
Sein se quedó en silencio por un momento, la punta de su cigarrillo brillando en la oscuridad. — Eso fue hace mucho tiempo. Ahora es demasiado tarde. Debería haber ido tras él antes. La única persona sentada aquí es un perdedor en ropa interior.
La mención del arrepentimiento, del tiempo perdido, resonó en Frieren. Un recuerdo fugaz, pero vívido, surgió en su mente: Himmel, con su sonrisa radiante y su mano extendida, ofreciéndole un camino que ella inicialmente había dudado en tomar.
(Inicio del flashback)
— Frieren, ven a derrotar al Rey Demonio con nosotros —la voz de Himmel, llena de una confianza inquebrantable.
— Ya es demasiado tarde. No he luchado contra demonios en más de 500 años. He olvidado cómo luchar contra ellos. Pospuse la decisión durante demasiado tiempo. Probablemente tenía miedo de luchar contra el Rey Demonio. Ha pasado demasiado tiempo. Tiempo en el que no puedo volver ahora —su propia voz, cargada de una inercia milenaria y un miedo silencioso.
— ¿Y qué, Frieren? Estoy hablando del presente —la respuesta simple y directa de Himmel, que había cambiado el curso de su existencia.
(Fin del flashback)
— Estoy hablando del presente —repitió Frieren, las palabras de Himmel resonando en sus propios labios, su mirada tranquila pero intensa fija en Sein.
— Pregúntale a alguien más. No sabes cómo me siento —insistió Sein, apartando la mirada.
— Ya veo. Eso me dijo todo lo que necesito saber. No me agradas, Sein —declaró Frieren con una honestidad desconcertante.
— Ya veo. En ese caso… —comenzó Sein, quizás esperando que la conversación terminara allí.
— Así que he decidido que te unirás a nosotros, pase lo que pase —concluyó Frieren, como si fuera la conclusión lógica e inevitable.
— ¿¡Eh!? ¿Estás segura, Frieren? ¡Este tipo nos dejó aquí congelándonos! —intervino Naruto, confundido por la decisión de la elfa.
— ¿Qué? ¿Por qué? Eso tiene tan poco sentido que me asusta —dijo Sein, mirando a Frieren como si hubiera perdido la cabeza.
Mientras Sein lidiaba con la peculiar lógica de Frieren, Fern, siempre práctica y compasiva a su manera, se quitó su propio abrigo exterior y se lo ofreció a Stark, quien lo aceptó con gratitud.
— Gracias. Ahora me siento más caliente —murmuró Stark, envolviéndose en la tela.
Fern, lanzando una última mirada de reproche a Sein, se dio la vuelta y marchó con determinación de regreso a la taberna para negociar la devolución de sus pertenencias. — Realmente lamento todos los problemas que causamos. Disculpe —se escuchó débilmente su voz dirigiéndose al jefe de la aldea.
Poco después, regresó cargando un montón de ropa y equipo. Frieren se acercó a ella. — ¿Cuánto costó recuperar todo? —preguntó la elfa.
— Dijo que deberíamos tomarnos nuestro tiempo y disfrutar del próximo festival de la cosecha, y luego regresó todo gratis —informó Fern, aunque su tono sugería que no estaba del todo contenta con la generosidad.
— ¡Uff! ¡Qué alivio! ¡Pensé que tendríamos que hacer alguna misión rara para recuperarlas! —exclamó Naruto, claramente aliviado.
— Menos mal que son buenas personas aquí —comentó Frieren.
— No sabía qué hacer con el hacha —añadió Fern, mirando el arma de Stark con cierta aprensión.
— Eso es un poco triste —dijo Stark.
— Sr. Stark, Sr. Naruto, por favor, pónganse su ropa —indicó Fern, sosteniendo las prendas con las puntas de los dedos, una clara expresión de asco en su rostro—. Están… bastante usadas.
— ¿Oye, por qué las sostienes así? ¡Están limpias! ¡Bueno, casi limpias! ¡Gracias, Fern! —dijo Naruto, tomando su ropa rápidamente.
— ¿Tienes que sostenerlos como si fueran sucios? —preguntó Stark, ofendido.
Fern se giró hacia Sein, quien seguía sentado en el suelo, ahora observando la escena con una mezcla de resignación y confusión. — Sr. Sein, estos son suyos —dijo, lanzándole su ropa y su bolsa sin ninguna ceremonia, aterrizando a sus pies.
— ¿Qué hice para molestarla? —preguntó Sein, genuinamente desconcertado por la fría hostilidad de la joven maga.
— Está enfadada porque te llevaste todas las pertenencias de Stark —explicó Frieren con calma.
— ¡Y las mías también! ¡Casi pierdo mi chaqueta! ¡Y mi bolsa de herramientas ninja! —añadió Naruto, vistiéndose apresuradamente.
— No fui yo. Era el jefe —insistió Sein, aunque sus palabras carecían de convicción.
Se quedaron allí, en el silencio incómodo de la noche, apenas vestidos y con un nuevo miembro potencial del grupo que parecía más interesado en su cigarrillo que en cualquier aventura. El aire frío picaba en la piel desnuda que aún quedaba expuesta, y la promesa del festival de la cosecha flotaba en el ambiente, tan incierta como el futuro de su viaje con el reacio sacerdote.
De vuelta en la modesta habitación de la posada, el alivio inicial de haber recuperado sus pertenencias y escapar del frío nocturno dio paso rápidamente a una atmósfera cargada de reproches y tensión no expresada. El fuego en la pequeña chimenea crepitaba suavemente, arrojando sombras danzantes sobre las paredes de madera, pero no lograba disipar la incomodidad. Stark y Naruto terminaban de vestirse bajo la atenta y claramente disgustada mirada de Fern.
— La gente que juega es la peor —declaró Fern finalmente, su voz tensa por la frustración contenida. Hizo un puchero muy visible mientras le entregaba a Stark su pesada hacha de batalla, recuperada junto con sus ropas—. ¡Te lo ganaron todo!
— Lo siento, ¿vale? —murmuró Stark, incapaz de mirarla a los ojos, el bochorno tiñendo sus mejillas. Se sentía estúpido por haber caído en la trampa del juego.
— ¡Y se supone que el Sr. Sein es sacerdote! —continuó Fern, girándose para fulminar con la mirada al hombre en cuestión, quien simplemente levantó una ceja—. ¿Qué clase de sacerdote pasa la noche apostando hasta dejar a la gente sin ropa?
— No estoy tan seguro de un sacerdote que bebe —comentó Frieren desde su rincón habitual, donde ya se había acomodado con uno de sus grimorios, aunque sus ojos observaban la escena por encima del libro—. Y que además fuma y juega.
— ¡Exacto! —intervino Naruto, uniéndose al coro de reproches mientras se ataba la banda en la frente—. ¿Los sacerdotes no deberían ser... más santos o algo así? ¡Este tipo es todo lo contrario! ¡Casi como el viejo Ermitaño Pervertido, pero sin los sapos!
— ¿No lo sabe, Sra. Frieren? —dijo Fern, imitando un tono que claramente pertenecía a otra persona, probablemente Heiter—. El alcohol es la mejor medicina. —Su sarcasmo era evidente.
Frieren suspiró, un sonido apenas audible. Cerró su libro con suavidad. — ¿Qué le enseñaste a esta niña, Heiter? —murmuró, una pregunta retórica dirigida al pasado—. Bueno, independientemente de si logramos reclutarlo o no —dijo, su tono volviéndose más firme mientras miraba a Sein con consideración—, Sein debería convertirse en un aventurero. Es un desperdicio que se quede aquí.
— Realmente se te ha metido esa idea en la cabeza —observó Stark, sorprendido por la convicción de la elfa, especialmente después de lo ocurrido.
— Pensé que podría ser bueno darle a alguien el empujón que necesita —explicó Frieren, y por un instante, una imagen fugaz de la sonrisa radiante de Himmel pareció reflejarse en sus ojos—. Como lo hizo Himmel el Héroe conmigo. A veces, solo necesitas que alguien te recuerde el camino.
Sin embargo, darle ese "empujón" a Sein demostró ser una tarea monumentalmente frustrante. Los días que siguieron se convirtieron en una serie de intentos fallidos por parte del grupo para convencer al sacerdote. Stark intentó la ruta directa, apelando a la lógica y a la aventura, solo para ser recibido con evasivas y encogimientos de hombros. Naruto probó con su entusiasmo característico, describiendo las maravillas del mundo exterior y la emoción de los desafíos, pero Sein parecía inmune a su energía contagiosa. Fern incluso intentó presentar argumentos lógicos sobre cómo sus habilidades curativas serían invaluables en un viaje, pero él simplemente desviaba la conversación hacia trivialidades del pueblo. Cada noche, Sein encontraba la manera de escabullirse a la taberna, sumergiéndose en el alcohol, el humo y las partidas de cartas, dejando al grupo cada vez más exasperado.
Finalmente, sintiendo que se les agotaban las opciones, Frieren decidió que necesitaban más información. Acompañada por Stark, Fern y un Naruto que no quería perderse nada, se dirigieron de nuevo a la pequeña iglesia del pueblo para hablar con el hermano mayor de Sein, esperando descubrir alguna clave, alguna debilidad o deseo oculto que pudieran usar.
Lo encontraron en el tranquilo interior de la iglesia, limpiando los bancos de madera con una paciencia infinita. Levantó la vista al oírlos entrar, una expresión amable en su rostro. — ¿Quieren saber qué le gusta a Sein? —preguntó, adivinando el propósito de su visita antes de que pudieran hablar.
— Hemos estado luchando para reclutarlo —admitió Frieren sin rodeos—. Así que estamos buscando ideas. Cualquier cosa que pueda funcionar.
El hermano mayor dejó el paño a un lado y suspiró, una mezcla de resignación y afecto en su mirada. — Bueno, le gusta el alcohol, el tabaco y el juego...
— ¡Eso ya lo sé! —interrumpió Frieren, su tono revelando un atisbo de su propia frustración.
— ¡Vaya! ¡Y yo que pensaba que mi maestro Jiraiya era un caso! —exclamó Naruto, negando con la cabeza—. ¡Este tipo le gana!
— ¿Estás seguro de que es sacerdote? —preguntó Stark, la duda claramente audible en su voz.
— Parece que el Sr. Heiter era un sacerdote serio después de todo —comparó Fern en voz baja, probablemente recordando las lecciones y la disciplina del hombre que la crió.
— ¿Qué es un sacerdote serio, de todos modos? —inquirió Frieren, genuinamente curiosa por la definición.
— También le gustan las mujeres mayores —añadió el hermano, como si fuera la cosa más normal del mundo.
Hubo un silencio cargado mientras el grupo procesaba esta nueva y sorprendente información. — ¿Eh? ¿Mujeres mayores? —repitió Naruto, tratando de entender—. ¿Como la abuela Tsunade? ¡Qué tipo tan raro!
— ¡Es un sacerdote totalmente depravado! —concluyó Stark, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
— Mujeres mayores, ¿eh? —murmuró Frieren, sus ojos brillando con una luz extraña mientras una idea parecía formarse en su mente milenaria—. Honestamente, no sé qué hacer con esa información. —Hizo una pausa, su mirada perdida por un instante—. ¿Qué? Oh, claro. —Un ligero asentimiento, como si acabara de resolver un complejo acertijo.
En ese preciso momento, la puerta lateral de la iglesia se abrió y Sein entró, frunciendo el ceño mientras examinaba una pequeña hoz de aspecto nuevo. — Hermano, ¿no crees que nuestra nueva hoz es demasiado pequeña? Ni siquiera puedes cortar el césped con... —Su queja se interrumpió abruptamente al ver al grupo de Frieren parado allí, mirándolo—. Oh, eres tú otra vez. —Su tono se volvió instantáneamente hosco.
— ¿Tienes un minuto, Sein? —preguntó Stark, acercándose con una nueva confianza, armado con la reciente revelación sobre sus preferencias. Naruto lo miró, levantando una ceja, claramente preguntándose qué tramaba el guerrero.
— ¿Sigues aquí? —replicó Sein, claramente deseando que se marcharan.
— Vamos —insistió Stark, ignorando su fastidio.
— No me hagas decirlo de nuevo. Pregúntale a alguien más —dijo Sein, cruzándose de brazos con aire desafiante.
Stark respiró hondo, reunió todo su coraje y soltó la pregunta clave: — Sein, ¿no te gustaría viajar con una mujer mayor?
La reacción fue instantánea y sorprendente. La hostilidad de Sein se evaporó, reemplazada por un shock absoluto. Sus ojos se abrieron como platos y su boca se quedó ligeramente entreabierta. Naruto ahogó una risita. — ¿Eres estúpido? —preguntó Sein, pero su voz ahora temblaba con una emoción inesperada, casi desesperada—. ¡Esa es toda la razón por la que quería convertirme en un aventurero cuando era niño!
— Habla de motivos impuros —murmuró Stark, sintiéndose extrañamente triunfante por haber tocado una fibra sensible.
— Entonces, ¿dónde está esta mujer mayor? —preguntó Sein, su mirada recorriendo la iglesia con una urgencia casi febril, la esperanza brillando en sus ojos.
Como si hubiera estado esperando esa señal, Frieren apareció en el umbral, entrando en la iglesia con su paso tranquilo y etéreo. — Aquí mismo, Sein —dijo, su voz resonando suavemente en el espacio silencioso—. Soy un elfo. Soy mucho mayor que tú.
La esperanza en el rostro de Sein se desinfló como un globo pinchado. Miró a Frieren de arriba abajo, su expresión transformándose en una mueca de profunda y cómica decepción. — Al pensándolo bien, creo que mi hermano mencionó eso —farfulló—. Pero una mujer mayor así... ¡no es una mujer mayor en absoluto! ¡No es lo que yo me imaginaba! ¡Para nada!
(Parece muy angustiado), pensó Fern, observando cómo el sueño de Sein se hacía añicos.
— Entonces me dejas sin otra opción —declaró Frieren, adoptando una pose exageradamente dramática que no encajaba en absoluto con su personalidad habitual—. No quería hacer esto... pero es tiempo de usar la técnica de seducción que mi maestra me enseñó. —Con una seriedad imperturbable, se llevó dos dedos a los labios y lanzó un beso al aire en dirección a Sein, con un pequeño sonido simulado.
El silencio que siguió fue casi doloroso. Sein la miró fijamente, completamente desconcertado, sin la menor idea de cómo reaccionar. — ¿Qué fue eso? —preguntó finalmente, la confusión arrugando su frente.
— Te lancé un beso —explicó Frieren con la naturalidad de quien comenta el clima—. Tal vez seas demasiado joven para apreciarlo, hijo.
— ¿No se llevará alguien a esta niña a casa, por favor? —replicó Sein, su voz cargada de exasperación, pasándose una mano por la cara.
Naruto, Stark y Fern observaban la escena con expresiones que iban del shock puro a la incredulidad divertida. — ¡Qué rayos! ¿Eso fue un hechizo o algo? —susurró Naruto, ladeando la cabeza.
— Eso fue demasiado sexy —dijo Stark, con una expresión de intenso asombro, como si hubiera presenciado algo trascendental.
— ¿Qué pasa con ustedes tres? —preguntó Sein, mirándolos como si fueran ellos los que actuaban de forma extraña.
— Eso es extraño —murmuró Frieren para sí misma, genuinamente perpleja por la falta de reacción de Sein—. Cuando lo probé en Himmel, lo noqueó. Qué extraño.
— Lo entiendo —dijo Fern, asintiendo con una seriedad inesperada—. Si yo fuera el objetivo, habría estado en peligro.
— Como está depravado, sigue siendo un hombre santo. Un enemigo formidable —analizó Stark, impresionado por la aparente inmunidad de Sein al "ataque" de Frieren.
— ¡Ya es suficiente! —estalló Sein, poniéndose de pie, su paciencia finalmente agotada—. ¡No me convertiré en un aventurero! ¡Déjenme en paz!
— Pensé que querías ir tras tu amigo —dijo Frieren de repente, su tono cambiando abruptamente, volviéndose penetrante y serio, abandonando por completo la fachada anterior.
La mención de su amigo detuvo a Sein en seco. La irritación en su rostro se disipó, reemplazada por una sombra de dolor antiguo y resignación. Bajó la mirada. — Hermano, debes entender —comenzó, dirigiéndose a su hermano mayor, que había permanecido en silencio—. Dijo que volvería en tres años. Bueno, han pasado diez. Está obviamente muerto. No tiene sentido buscarlo.
— ¿Así que te estás rindiendo sin ir a verlo? —insistió Frieren, su calma ahora cargada de una intensidad silenciosa—. Solo han pasado diez años. Para un elfo, eso es un parpadeo. Si no vas a verlo ahora, te arrepentirás en un futuro próximo. Te preguntarás si podrías haber llegado a tiempo si te hubieras ido ahora. Cada día dudarás.
— Es demasiado… —intentó defenderse Sein, su voz apagada.
— Crees que es demasiado tarde, ¿verdad? —lo interrumpió Frieren, sus palabras haciéndose eco de las que Himmel le dijo a ella hacía tanto tiempo—. Estoy hablando del presente, Sein.
Sein apretó los puños a los costados, su conflicto interno visible en su rostro. — No puedo ir por la misma razón por la que no lo seguí hace diez años —dijo finalmente, levantando la vista, su voz cargada de una emoción reprimida—. No puedo dejar a mi hermano atrás en este pueblo. No puedo abandonarlo.
En ese momento, la voz tranquila del hermano mayor de Sein rompió la tensión acumulada en la iglesia. — ¿De qué estás hablando, Sein?
Sein se giró bruscamente, la sorpresa y algo parecido al pánico cruzando su rostro al darse cuenta de que su hermano había estado escuchando. — Escuché la conversación que tuviste con el Sr. Heiter cuando vino a observarnos —dijo Sein, la acusación y el dolor mezclándose en su voz, abriendo una vieja herida.
La acusación de Sein resonó en la silenciosa iglesia, cargada con el peso de una década. Su hermano lo miró, la sorpresa dando paso a una comprensión teñida de dolor. La mente de Sein viajó diez años atrás, a una conversación escuchada a escondidas, una que había moldeado su percepción del sacrificio y el deber de su hermano mayor.
(Inicio del flashback)
El Sr. Heiter, con su aire de sabiduría etílica, estaba sentado frente al hermano mayor de Sein. La luz moteada de las vidrieras bailaba en el aire.
— Con tu talento —dijo Heiter, su voz inusualmente seria—, podrías servir como sacerdote en la santa capital.
— ¿Yo, en la santa capital? —repitió el hermano, la sorpresa iluminando su rostro, la posibilidad de un futuro diferente abriéndose ante él.
— Sí, sin duda —aseguró Heiter.
— ¿Qué le pasaría a mi hermano entonces? —fue la primera pregunta del hermano, la preocupación por el joven Sein superando cualquier ambición personal.
— Él vendría contigo, por supuesto —respondió Heiter, como si fuera la única opción lógica.
El hermano meditó, la mirada perdida por un instante, antes de encontrar los ojos de Heiter con una calma resuelta. — Ya veo. Sr. Heiter, agradezco la oferta, pero mi vida en este pueblo es cómoda. Mi hermano perdió a sus padres cuando aún era joven. Como su hermano mayor, no puedo quitarle su ciudad natal también. Este es su hogar.
Heiter lo observó, reconociendo la profundidad de su decisión, y asintió. — Muy bien. Entiendo. Supongo que perdí el tiempo viniendo aquí. Pero como ya estoy perdiendo el tiempo, tal vez le cuento a tu hermano todo sobre mis aventuras.—Una sonrisa pícara cruzó sus labios al pensar en las historias que podría compartir con el impresionable Sein.
(Fin del flashback)
— Mi hermano se quedó en este pueblo por mí —concluyó Sein, su voz ahogada por la convicción de que su propia existencia había limitado la vida de su hermano. El peso de esa creencia lo había anclado durante diez años.
— Sein, ¿es eso lo que pensaste? —La voz de su hermano, inesperadamente cerca, lo sobresaltó. Se había acercado rápidamente, su rostro una mezcla indescifrable de incredulidad y una emoción profunda.
El silencio se apoderó de la iglesia por un instante tenso. Naruto, Stark y Fern contuvieron la respiración, sintiendo la inminente explosión emocional. Entonces, la mano del hermano se movió con rapidez, y el sonido seco de una bofetada resonó en el espacio sagrado.
¡Zas!
— ¡Oye! —exclamó Naruto, dando un paso instintivo hacia adelante antes de detenerse, dándose cuenta de que era un asunto familiar. ¡Qué carácter tiene su hermano!, pensó.
Sein se tocó la mejilla, el shock evidente en su rostro, más por el gesto inesperado que por el dolor físico.
— ¡No somos iguales! —gritó el hermano, su habitual calma hecha añicos, sus ojos ardiendo con una mezcla de dolor y furia—. ¡Nunca me he arrepentido de la decisión que hice! ¡Amo esta vida! ¡Amo este pueblo y cuidarte ha sido mi elección, no una carga! ¿Y tú? ¿Cuánto tiempo tienes la intención de arrepentirte de tu elección? ¿De la cobardía que te impidió seguir a tu amigo? ¡De usarme como excusa para tu inacción! ¡Ya he tenido suficiente! ¡Deja de esconderte detrás de mi supuesta felicidad!
Las palabras, cargadas de una década de frustración reprimida, golpearon a Sein con una fuerza devastadora. Permaneció inmóvil, sin palabras, mientras su hermano, con el pecho agitado por la emoción, le dio la espalda y salió de la iglesia a grandes zancadas, dejándolo solo con el grupo de Frieren y la cruda verdad de sus propias excusas. Naruto observó la puerta cerrarse. — Vaya... eso fue intenso —murmuró.
El atardecer pintaba el cielo con tonos cálidos que se reflejaban en las aguas tranquilas de un lago cercano. El grupo había buscado un respiro después de la confrontación en la iglesia. El aire olía a tierra húmeda y al frescor de los pinos. Naruto se quejaba en voz baja. — ¡Tsk! ¡Ninguno pica mi anzuelo! ¡Vamos, pececitos, piquen! ¡Me muero de hambre! —Fern, a su lado, intentaba pescar con una concentración silenciosa, mientras Stark observaba el agua con paciencia. Frieren, como era predecible, había encontrado la roca más cómoda y leía su grimorio, ajena a las frustraciones pesqueras.
Sein se acercó a la elfa, sus pasos apenas audibles sobre la hierba. Se detuvo a su lado, mirando el lago, su rostro ahora más sereno, aunque marcado por la reflexión.
— Me disculpé con mi hermano —dijo, su voz tranquila rompiendo el silencio.
— Está bien —respondió Frieren, sin apartar los ojos de las páginas antiguas.
Sein metió las manos en los bolsillos, suspirando. — No te equivoques. Es un hermano amable. Nunca me había golpeado antes, pero esta vez le hice golpearme. Tenía razón. Nunca antes lo había visto con esa expresión… no era solo enojo, era... decepción.
Hizo una pausa larga, observando el baile de la luz sobre el agua. — Frieren, he decidido convertirme en un aventurero. Voy a perseguir a mi amigo. Después de todo, solo han pasado diez años. —La resolución en su voz era nueva, firme.
— Ya veo —murmuró Frieren, pasando la página con delicadeza.
— Estoy haciendo esto para poder buscarlo —enfatizó Sein—. Lo encontraré. Cumpliré ese estúpido sueño de la infancia que dejé morir. Así que solo viajo contigo a parte. Que quede claro.
En ese preciso instante, la caña de Stark se dobló con violencia. — ¡Lo hice! —gritó, poniéndose de pie de un salto y tirando con fuerza—. ¡Miren, es enorme! —Un pez plateado y vigoroso salió del agua, chapoteando y luchando en el aire.
— ¡Sí! ¡Buena pesca, Stark! —gritó Naruto, olvidando su propia mala suerte y corriendo a ayudar—. ¡Ya tenemos cena! ¡Estaba empezando a pensar que nos moriríamos de hambre!
— Bien hecho —dijo Fern, una rara pero genuina sonrisa iluminando su rostro.
— ¡Al fin! ¡Sabía que te unirías, 'ttebayo! —exclamó Naruto, girándose hacia Sein con una gran sonrisa—. ¡Genial! ¡Bienvenido al equipo, Sein! ¡Aunque nos dejaste en calzones! —añadió con un guiño juguetón.
A la mañana siguiente, el grupo, incrementado a cinco, se reunió en las afueras del pueblo, listos para reanudar su viaje. El aire era fresco y prometedor. Sein se ajustó la sencilla mochila al hombro, su mirada fija en el camino por delante, una mezcla de aprensión y anticipación en sus ojos.
— Por cierto —preguntó Sein mientras comenzaban a caminar, alejándose de las últimas casas—, ¿a dónde se dirigen exactamente? Supongo que debería saberlo si voy a viajar con ustedes.
— Al paraíso —respondió Frieren con su característica y desconcertante naturalidad.
Sein arqueó una ceja, lanzándole a Frieren una mirada cargada de escepticismo. — ¿Es ese un lugar que necesitas buscar? Todos vamos allí cuando morimos.
— ¡Espera, espera! —intervino Naruto, alarmado—. ¡Yo no quiero morir todavía para ir! ¡¿Qué?! ¡Pero Frieren no quiso decir ese paraíso, ¿verdad?!
— ¿Incluso usted, Sr. Sein? —preguntó Fern, con su habitual e implacable honestidad, mirándolo directamente.
Sein se detuvo brevemente, pillado por sorpresa por la franqueza de la joven maga. Miró a Stark, buscando algún tipo de complicidad o explicación. — Ella realmente no se anda con rodeos, ¿eh? —murmuró.
— Buena suerte a los dos —respondió Stark simplemente, encogiéndose de hombros con una leve sonrisa, claramente sin intención de intervenir.
— En serio, ¿cuál es su trato? —preguntó Sein de nuevo, más para sí mismo que para nadie, mientras reanudaba la marcha. Sacudió la cabeza, resignado.
Y así, el grupo heterogéneo —la elfa milenaria y apática, el ninja hiperactivo de otro mundo, la maga aprendiz estoica, el guerrero tímido y ahora, el sacerdote recién reclutado con un pasado complicado— continuó su viaje hacia el norte, hacia un destino tan enigmático como sus propios compañeros de viaje.
Fin del Capitulo 8
Muy bien gente hasta aquí llega el capitulo 8 de esta increíble viaje, espero que les haya gustado y sigan la historia, ademas recuerden pasarse por mi perfil para que le echen un vistazo a mi nueva historia de Spider-Man en My Hero Academia se los agradecería.
¡Gracias por Leer, Hasta la Proxima!
