CXLIII
Dos años, seis meses y un día luego de la desaparición de Henry
Querido diario:
Mañana es Halloween. Mi único plan es ir a casa de Max a ver películas de terror. Jonathan seguramente vaya a alguna fiesta con Nancy, no lo sé. Y Will…
Will me contó sobre sus planes en detalle. Va a pasar la noche en la casa de Mike. Fue una cosa algo incómoda, pero ya me esperaba que me hablara sobre Mike (de una u otra forma) cuando me preguntó si podíamos hablar en privado.
Nos sentamos en mi cama y él no paraba de mover sus dedos los unos contra los otros, claramente agitado. Se estiraba de la camisa una y otra vez, como si no estuviera perfectamente planchada. Cuando le dije que lo escuchaba, tomó aire muy profundamente y me dijo:
—Me gusta Mike. Desde siempre.
Claro que ya lo sabía. A mí parecer, todos menos Mike lo sabíamos.
—Está bien, Will —le dije, porque ¿qué más iba a decirle?
—Y yo también le gusto. —Aunque debería habérmelo estado comunicando, sonaba más bien a una especie de pregunta. Como si me estuviera pidiendo permiso.
La noticia me sorprendió (pensé que a Mike solo le gustaban las chicas, pero, bueno, nunca volvimos a ser tan cercanos desde nuestra ruptura), pero no me dolió ni nada —que sospecho que era lo que Will temía—. Así que le di un abrazo.
—Eres mi hermano —le dije, y sentí que se me venían lágrimas a los ojos al dimensionar lo difícil que le habrá sido contármelo.
Porque los dos son chicos. Porque son amigos de la infancia.
Porque soy la hermana de Will y la exnovia de Mike.
Como Will también estaba llorando y parecía que no podía hablar, volví a hablar yo:
—Quiero que seas feliz. ¿Lo eres? —le pregunté.
—Lo soy —me dijo bajito, como si la felicidad le diera vergüenza. Como si fuera algo feo, algo malo.
—Qué bueno, Will —le dije entonces, y empecé a reír, porque estaba feliz, porque Will se merece toda la felicidad del mundo—. Entonces yo también lo soy.
No recuerdo bien qué más nos dijimos. Tal vez bromeamos un poco sobre nuestros gustos similares, algo así.
Lo que recuerdo es que nos abrazamos largo rato. Y lloramos bastante.
Y cuando finalmente se fue, con la nariz roja y el rostro pegoteado por las lágrimas, me regaló una sonrisa de esas que no suelo ver en su rostro.
La sonrisa de alguien genuinamente aliviado y…
… feliz.
…
Me quedé un buen rato en el cuarto llorando sola. Me alegro por él, en serio sí, y él lo sabe.
Pero en momentos así la ausencia de Henry me es mucho más difícil.
Porque yo no sé si pueda volver a ser feliz, verdaderamente feliz, sin él.
Dos años, seis meses y dos días luego de la desaparición de Henry
Están viendo una película de terror —A Nightmare on Elm Street, pues Robin nunca la ha visto— cuando lo escuchan: un estrépito como del tacho de basura cayendo al suelo.
Antes de que pueda preguntar qué ocurre, Steve bufa y pausa el filme.
—Esos malditos mapaches de vuelta —se queja a la par que se calza los zapatos—. Vuelvo en un segundo. —Y se levanta.
—Llévate la pala —le sugiere Robin desde el sofá, sin moverse.
—¿Una pala para espantar a un mapache? —El tono incrédulo de Steve deja en claro cuán innecesario lo halla—. Normalmente huyen al verme.
—Ojojo, qué macho —se burla Robin. Y luego—: Tan solo hazlo; si te muerden, podrían contagiarte rabia.
—¡De acuerdo, de acuerdo! —cede su amigo, poniendo los ojos en blanco y dirigiéndose a la puerta.
Robin oye el sonido de la hoja de la pala raspando el suelo y se queda más tranquila.
…
Hasta que escucha el grito.
Sobresaltada, salta del sofá y corre hacia afuera.
—¡¿Steve?! ¡¿Estás bien?!
No hay respuesta; el silencio es absoluto.
Lo intenta unos minutos más.
—¡Esta broma no es para nada simpática! —gimotea Robin, sus calcetines arcoíris embarrándose con cada paso que da sobre la tierra húmeda.
Cuando decide volver adentro para abrigarse —y ponerse de vuelta las botas— antes de salir a buscarlo en las cercanías, advierte algo que le causa un nudo en la garganta.
No, no hay rastro de Steve.
Pero allí, al lado de la puerta frontal, se halla el tacho de basura del cual había pasado de largo.
Y a su lado…
Lo que queda de un mapache horriblemente mutilado.
