Los latidos de su corazón, se aceleraron al notar que ella se había quedado en silencio. Desvió sus ojos, sintiéndose avergonzado, al mismo tiempo en que sus mejillas se teñían de aquel característico rosado.

- No tienes que sentirte presionada. - pronunció seriamente. - Comprendo si no es lo que deseas.

- Inuyasha. - sintió como ella acariciaba su mejilla, haciendo que volteara, encontrándose con sus ojos llenos de lágrimas. - Por supuesto que quiero casarme contigo. - ahora, quien permaneció en silencio, fue él. - Sólo... no quiero que sea por obligación.

- Kagome. - tomó sus manos. - Si lo deseas, podemos esperar hasta que todo esto termine.

- ¿Lo dices de verdad? - él asintió. - ¡Gracias, te amo! - tomó su rostro, besando sus labios con suavidad.

Aquel beso, poco a poco comenzó a escalar, sin embargo, se vio abruptamente interrumpido por el aroma que llegó a sus fosas nasales.

- ¡Ese olor...! - Kagome se puso de pie inmediatamente, colocándose su corsé. - ¡Es la sangre de Rin!

- ¡Lo noté! - imitó su acción, acomodándose su ropa. - ¡Adelántate! ¡Iré tras de ti!

- Si. - asintió, saliendo disparada hacia la dirección en la que su hermana se encontraba.

Rin no está sola, hay alguien más con ella...

Abrió ampliamente sus ojos, al reconocer a quién pertenecía aquel segundo aroma.

- Lobos. - murmuró.

¿Serán los mismos lobos que rondaban la aldea de Kikyo? ¿Entonces si estaban buscando algo?

- Resiste, Rin, ya estoy en camino.

Mientras tanto, en el medio del bosque...

- Señor Jaken. - susurró, Rin, mientras el pequeño yokai se posicionaba a su lado.

- Rin, ¿estas bien? - miró su espalda. - Esos cortes son profundos.

- Si, no se preocupe. - volvió sus ojos al peliplata. - ¿Cómo supieron que estaba aquí?

- El señor Sesshomaru voló en esta dirección y yo lo seguí.

Seguramente porque se percató del olor de tu sangre.

Ambos llevaron la vista al frente al escuchar el ruido de las garras del lobo, estrellarse contra Tenseiga. La agilidad de sus movimientos, se reflejaban en la misma que el yokai de ojos dorados, mostraba al esquivar sus golpes. Sin embargo, sin que el lobo se lo esperaba, el peliplata lanzó un golpe, clavando sus garras venenosas en una de sus piernas, provocando que se alejara.

- Maldito. - gruñó.

- Hablas demasiado, haces poco.

Apretó la empuñadura de su espada, frunciendo levemente el entrecejo. Podría haber disparado en ese instante, sin embargo, se detuvo.

- ¡Rin!

- ¿Kagome? - murmuró, observando como su hermana aterrizaba a su lado.

- ¡¿Qué te sucedió?! ¡¿Estas bien?! - colocó su mano en su espalda, provocando un gesto de dolor y llenando su palma de sangre. Fijó sus ojos en ella, segundos después, en el lobo. - Tú... - se puso de pie. - ¡¿Por qué atacaste a mi hermana?!

Una sonrisa torcida fue su respuesta. Se puso de pie con dificultad, sabiendo que, en esas condiciones, no podría concretar ningún ataque, mucho menos contra ella y Sesshomaru. Fijó su mirada en la espada que descansaba en su cintura.

Sakura, la espada de la poderosa Kiyomeru... la porquería por la que Zero me va a rebanar la cabeza si no la consigo.

Su sonrisa fue reemplazada por un gruñido, al mismo tiempo en que comenzaba a correr, perdiéndose en el bosque mientras sus compañeros lo seguían, gritando su nombre. Kagome estuvo a punto de ir tras él, pero su hermana la detuvo, sosteniendo su mano.

- Rin. - murmuró.

- No vayas, es a ti a quien quieren.

- ¿Qué? - murmuró.

- Será mejor que vayas a ayudar a Inuyasha. - se acercó el peliplata.

- ¿Inuyasha? - fijó sus ojos en sus dorados.

Sólo en ese instante se percató de que él no había llegado. Olfateó levemente el aire, aspirando el aroma del ser que se encontraba con él, seguramente varios metros atrás.

- Sesshomaru, por favor, cuídala. - miró a la castaña. - Rin, ten cuidado.

Sin decir más, se elevó, regresando por el mismo camino por el que había llegado.

El cazador, cazado

- Ese maldito pulgoso. - gruñó el lobo, haciendo muecas de dolor, a medida que se alejaba.

- ¡Koga!

- ¡Detente!

- ¡¿Acaso están locos?! - gritó, volteando. - ¡No tenemos idea de si nos están siguiendo!

En ese momento, chocó contra una especie de campo de energía, una que lo lanzó en la dirección contraria, con tal fuerza, que sus amigos se vieron obligados a esquivar su cuerpo en el aire.

¿Qué... Qué demonios fue eso?

Pensó, sentándose y tomando su cabeza, la cual había quedado aturdida, gracias al impacto. Miró su pierna afectada, la cuál no se veía para nada bien.

Maldición, el veneno corre más rápido de lo que me esperaba.

- Sabía que ibas a fallar, que patético.

- ¿Zero? - murmuró, elevando sus ojos. - ¿Por qué...?

- Venías tan distraído que ni siquiera te diste cuenta que estaba aquí. - sonrió, llevando sus ojos a su herida. - Vaya, si que eres fácil de lastimar.

- ¡¿A que demonios has venido?! ¡Dijiste que tenía 7 días!

- Oh, ¿eso dije? - se burló. - Bueno, lo lamento, el tiempo se terminó. - del bolsillo de su kimono, sacó una especie de elixir, el cuál roció sobre la pierna del lobo.

Un sonoro grito se elevó en el bosque, sin embargo, al contrario de lo que pensó al principio, su herida poco a poco se fue cerrando, bajo la atenta mirada de todos los presentes.

- ¿Qué? - susurró.

- Me debes una. - guiñó su ojo. - Ahora ponte de pie, Kirinmaru te necesitará para que tomes a Sakura, o a Kagome, a quién agarres primero.