Cuando llegamos al segundo nivel advertí que estaba repleto de amenazas, por lo que caminamos despacio entre los huecos, cuidando también que nuestro calzado no hiciera eco tras cada pisada.
Kotallo iba por delante y yo me sujeté de su brazo para no alejarme de él, cosa que, esta vez, pareció no molestarle puesto que así no me perdería de vista. Adentro estaba tan oscuro que, si no fuera por el foco, sería imposible realizar la explosión con facilidad.

Llegamos al lugar en donde se supone debería estar la puerta semiabierta justo como antes, pero al igual que arriba, estaba sellada. La montaña había tenido un colapso y como resultado el portón del lugar terminó encajándose contra el acero y la tierra, fusionando a la naturaleza con la creación humana.

Observamos desde lo alto de una de las bases en donde estaban los nodos, por lo que ni siquiera nos molestamos en bajar y lidiar con las máquinas que hacían vigía.

—Pues… parece que después de todo aquí es lo mismo que arriba.

Intenté aligerar el ambiente con esas palabras, pero Kotallo solo suspiró con pesadez. Yo estaba tan nerviosa como él. Nos acababa de meter en un lío, después de todo.

Al final ordenó que volviéramos arriba y probáramos con una de las puertas que no alcanzamos a tocar, pues estaban demasiado lejos en lo alto. Imaginé que en otros tiempos habría una especie de ascensor, escaleras o algo por el estilo.

Movernos de un lado a otro en sigilo tomaba su tiempo. Fue entonces cuando estuvimos en un área completamente exenta de máquinas que dio un tirón de su brazo, indicando que lo soltase de una vez.

—No deberíamos perder energía. Hemos estado dando vueltas sin obtener resultados. Asentémonos aquí.
—¿Seguro? Porque…
—¡Hey! —gritó, haciendo que su voz grave hiciera un sonoro eco que bien las máquinas pudieron haber escuchado. Yo me quedé quieta y callada. Su gesto me aturdió y asustó—. Estamos aquí por tu culpa. Que no se te olvide. Solo cállate y no hagas nada.

Me sentí como poca cosa de repente. No podía confiar en que Kotallo me comprendiera, pero, ¿quién era yo para juzgar el sentido empático de los demás? Yo tampoco había intentado entenderlo a él.

A pesar de todo lo que pude pensar, sentí como si todos mis logros y mi prestigio de la vida pasada ahora no significaran nada. No importa cuántos títulos, diplomas o certificaciones hubiera obtenido… Los Tenakth no sentían respeto por ello.
Aun así, ¡el mariscal debería considerarlo y no tratarme como basura u otra prisionera cualquiera! Yo también tenía mis razones para actuar y si ahora me había equivocado entonces solo fue un error más. Y nada más.

Pero no estaba en mi naturaleza el armar alborotos por pequeñeces, así que me estuve callada como me lo pidieron. Tuve que aceptar que el violar cuatro reglas impuestas sería algo que a mi también me molestaría con consideración.

De todas formas no me gustaba sentirme como un perrito regañado.

Con ayuda del foco tuve la oportunidad de enterarme de cosas útiles como la hora. Eran casi las 4:00 de la tarde. Pese a haber partido temprano, el tiempo había pasado volando.
Y para cuando fueron las 5:30 estuve tan callada y estática como me fue solicitado. Tanto que hasta asusté.

—Iré a revisar los alrededores —dijo el hombre para luego agregar: "Te estoy vigilando" mientras tocaba el foco en su sien.

No asentí ni respondí. Con ese hombre daba miedo hacer cualquier cosa.
Se fue y tras una hora más de exploración volvió con una expresión de consternación.

No había salida.

Oscurecía rápido. Dentro del caldero no se veían los rayos del sol, sin embargo, supe que estaba todo oscurecido afuera dado que la temperatura bajó. Tomé la capa y me cubrí con ella como si imitara un burrito. Froté mis manos entre ellas. Estuve sufriendo de frío por un buen rato, y para distraer a la mente seguí revisando los datos arrojados por el foco tan solo para ponerme al corriente con lo que pude haber dejado pasar. Al aburrirme decidí caminar un rato para calentar. No iba hacia ningún lado, pero andar en círculos sí que me ayudó un poco a lidiar con las bajas temperaturas.
Hubiera sido genial poder prender una hoguera, pero el humo se quedaría atrapado en la instalación y eso no sería algo para nada a nuestro favor. En una situación tan desesperante como en la que nos encontrábamos fue fácil mantener silencio por horas. Había mucho en qué pensar.

—Si no hay una salida tendremos que crear una —dijo él. Su voz luego de mucho tiempo se escuchó agradable ante mis oídos.
—¿Cómo?
—Vi un pequeño orificio en la sala que está al fondo en esta planta. Hay unos cuantos vigías alfa pero no suponen gran amenaza. Si escalamos y con ayuda de alguna herramienta expandimos la ruptura del techo, entonces saldremos.
—¿Está en el techo?
—Y muy arriba. Vas a tener que cooperar.

Sí, ya me había dado cuenta de que la diferencia entre el suelo y el techo era enorme. Al menos de unos quince metros. Tomé un suspiro. ¿Por qué ese hombre supuso que yo sabía escalar?

—Mis manos se sienten congeladas…
—Lo haremos mañana temprano cuando la temperatura haya aumentado.

Asentí. No había anda que hacer.

—Por el momento tenemos suficiente tiempo para confeccionar tu armadura. ¿Quieres intentarlo? —preguntó. Al notar que había sido muy amable conmigo decidió cambiar de tono y suplir la sugerencia por una orden—. Ten, comienza por esto.

Me pasó la armadura por partes; la parte del antebrazo, lo que parecían ser las hombreras, las rodilleras y finalmente la parte del torso acompañada del casco.

—¿Un alasol?
—¿Los conoces?
—Son mis chicos —dije. Entonces recordé que a Ted Faro no le gustaba que hablase de las máquinas como si fuesen mis hijos, así que terminé corrigiéndome—: Son mi mejor proyecto. Al menos del que me siento más orgullosa.

«No le pondré un arma en la cabeza mientras aún está en la cuna».

Esa expresión que escuché alguna vez no dejaba de rebotar en cada rincón de mi mente. ¿Quizá debería estar más agradecida con mis creaciones?
Criterio era algo que me faltaba y siempre me odié por eso, porque a Elisabet no le gustaba la gente simplona.

—Estuve trabajando en ellos por muchos meses. Mañana, tarde y noche. Me fascinaba la idea de cumplir el sueño de la humanidad por surcar los cielos, pero los aviones estaban pasados de moda y no tuve intenciones de retomar la idea. Los Wright lo hicieron bien, pero, después de tanto tiempo, yo también podía demostrar mi talento… Eso fue lo que pensé, pero las cosas no salen bien a veces, ¿sabes? De cualquier forma, fue algo que Lis me aplaudió.

Kotallo estaba callado, escuchando. Yo mantuve el casco de la armadura entre mis manos. Claro, aquel objeto me llevó a rememorar sucesos antiguos que no eran verdaderamente tan antiguos para mí.

—Disculpa —dije de inmediato encogiéndome de hombros—. "No hablar de más", ¿cierto?

Me callé. Sabía que a ese hombre le irritaba mi sola existencia. Así que solo le extendí la mano para que me pasara los pigmentos. En cambio, no fue él el que me llamó la atención, pero me siguió la corriente de no seguir hablando por mucho tiempo.
Me dio los frascos con pinturas y me pasó las brochas.

Los patrones que los Tenakth solían trazar en sus cuerpos y armaduras, según lo que el mariscal explicó, se basaban en las hazañas que habían logrado en batalla.

"Dado que no has hecho absolutamente nada no hay manera de ayudarte. Pigmenta el metal como lo desees", dijo. «Vaya manera de hablar con las damas», dije para mis adentros.

Las pinturas del Clan del Cielo eran bonitas. Tonos azules, rosas, blanco y aperlado. Vi de reojo la armadura de Kotallo; era preciosa pero feroz a la vista. Yo quería lograr algo más sutil, así que con ayuda de una brocha de grosor considerable tracé una tosca franja en el centro del pecho para empezar, mezclando los tonos azules con los blanquecinos obteniendo un color suave. Ocasionalmente añadí rosa a las hombreras, guantes y casco. Estuvo listo en poco tiempo. Afortunadamente el dibujo era algo que se me daba muy bien, por lo que no tuve problemas en añadir el dibujo de un alasol en la parte de la espalda. Los pinceles más delgados hicieron bien su trabajo.
Puede que no tuviera experiencia en batalla, pero tenía experiencia creando a las bestias que generaban la batalla.

Vi el "no está mal" en la mirada de Kotallo. No dijo nada de nuevo. Yo tan solo pensé que la combinación de partes de pastador con alasol no se miraba muy linda, pero era ágil y útil; lo que necesitaba.

Fue el mariscal quien me ayudó a añadir y ceñir bien las partes metálicas a la tela.

—Ya te la probarás después en una batalla de verdad.

«Espero que ese momento no llegue…»

Volví a envolverme en la capa, hacía de verdad mucho frío. El silencio esta vez se llenó de una forma inesperada cuando el mariscal creyó que hablarme sería una buena idea. Seguro que pensó en la probabilidad de que, si se mantenía en silencio, enloqueceríamos o algo así.

—¿Cómo fue? —preguntó. No me dio tiempo de cuestionar "¿el qué?" puesto que añadió de inmediato—: Contribuir a algo tan asombroso.

Me ruboricé. ¿Qué rayos fue eso?

—Se sintió como… —Me lo pensé mejor viendo al techo. Ambos estábamos recargados contra la pared de espaldas; él echado hacia atrás con ambas piernas extendidas, una sobre la otra y de brazos cruzados. Yo cruzada de piernas sosteniendo un pincel y el pico del alasol. Las yemas de mis dedos estaban entintadas con la mezcla de los tres tonos—. Como si otra parte de mí cobrara vida.
—¿Otra parte de ti?
—Las máquinas voladoras eran mi pasión. Por supuesto que siempre sentí admiración por la biodiversidad y todas las ramas de la ciencia y la química, pero lo mío era más la robótica. Cuando eso salió de mi mente, mi lado creativo comenzó a vivir. Antes eran más que planos y maquetas. Lo hice posible al ser parte de… —añadiría "Miriam Technologies", pero él no sabría nada sobre eso— …de un equipo excepcional.

» La verdad es que…, ahora que lo pienso a fondo, no me molesta que me llamen "Gaia", porque ella y yo somos muy parecidas. Ambas llegamos a pensar que con Elisabet todo era posible, ¡y al parecer es verdad! Tan solo… ¡mira! Estamos vivos, ¿no? La fauna parece estar bien y todo se ve tan limpio… Nunca pensé en volver a vivir en un lugar así y es de verdad increíble. Pues bien, fue gracias a Elisabet que este equipo excepcional me hizo avanzar y entender muchas cosas, y me siento agradecida por ello. Y ahora también me siento muy… feliz —dije "feliz" tartamudeando un poco— de que muestres interés por mi trabajo, mariscal. Quiero decir, las máquinas se ven como cosa simple, pero en realidad son parte de mi vida y… mi más grande pasión. Al principio lo vi como un sueño perdido. Es decir, no conocía a otra persona con un interés similar y a mi familia le parecía raro que desde niña dibujara y diseñara planos de máquinas sin un propósito aparente. Fue hasta que estuve en la universidad que fui encontrando de a poco mi camino y, por supuesto, encontré a mi gente. Todos amábamos la robótica y la inteligencia artificial y las tecnologías y…, bueno, ya no me sentí sola.

» La primera vez que las vi emprender vuelo no podía creerlo. Ya no eran mis simples aviones de papel, sino mi sueño hecho realidad. Las máquinas son geniales, ¿no? Muchos solían tenerles miedo pero yo solo siento fascinación por ellas incluso ahora, aun sabiendo que estuvieron a punto de acabar con el mundo. Son nuestra creación, ¿no? No hay por qué tener miedo. Por eso… ahora que veo cómo las tratan no puedo evitar sentir algo de pena —dije viendo el casco con el pico de alasol entre mis manos—. No es culpa de ellos; mucho menos de ustedes. Las máquinas son feroces y les hacen daño, y es por eso que ustedes las matan. Lo entiendo ahora. Aun así, me gustaría revertir el daño que les causamos al programarlas erróneamente así y que pudieran ser amigables tal y como los diseñamos. Ahora que lo pienso, no nos topamos con ningún rapaz, surcacielos, alasol o tormenta… Tenemos suerte por el momento.

Me di cuenta de que estaba hablando demasiado y que ni siquiera me detenía para comprobar que el hombre estuviera entendiendo mis palabras. Eso sin duda fue maleducado de mi parte y al notarlo me callé sin dudarlo un segundo más.
Tan solo se me presentó la más mínima oportunidad para hablar y yo no la perdí. Así era yo, siempre expresándome abiertamente dada mi convicción.

Desde luego el mariscal me vio con esa expresión de querer preguntarme muchas cosas, pero no lo hizo. El silencio tomó su lugar entre los dos.

Como yo era una necia, insistí en reparar el ambiente y retomé su pregunta de "¿Cómo fue contribuir a algo tan asombroso?"

—Me sentí muy importante. Ahora que veo que mi proyecto no quedó en el olvido siento alivio. Aunque es triste ver que los nombres de todos quedaron sepultados en el tiempo.

Estaba por formarse una onda de silencio otra vez, pero Kotallo lo calmó diciendo:

—No, no lo hicieron. —Vio mi mirada de desconcierto y siguió explicándose—. Hay… un grupo de personas que podrían ayudarte a entenderlo. Yo no me siento calificado para tocar el tema. Al menos ya no.
—¿Los que están en la mentada Base?
—Algo así.

Fue todo lo que sucedió entre nosotros hasta que tuve que tomar valor y atreverme a preguntarle sobre él.

—¿Qué hay de ti, mariscal?, ¿por qué te apasiona abatir a las máquinas que creé con tanto amor?

Arrugó la nariz y echó la cabeza para atrás.

—No me apetece contártelo.
—¿Ni poquito? Me preguntaste y me abrí a ti. Sea recíproco, señor mariscal.

Bufó. Mis palabras tuvieron algún efecto. La culpa fue suya en primer lugar por haber cedido a su curiosidad. Aunque fuera en lo más mínimo, nuestra línea de confianza aumentó un poquito gracias a esa acción suya. Él lo había arruinado para sí mismo; ¡que tomara su responsabilidad!

—Desde que soy niño he estado cerca de la naturaleza salvaje de las bestias de acero. No es que tuviera opción de no ser un apasionado de la lucha… Sin embargo, ahora lo soy genuinamente. Es parte de nuestro estilo de vida, naturaleza, y cultura. Aprender a luchar contra aquello que nos hace daño y proteger lo que nos importa es esencial.
—Este mundo es duro, ¿no?
—Ni siquiera cabe duda.

No añadió nada más, razón por la que creí toditas sus palabras.

Cielos, ¿qué me pasaba? De repente sentí curiosidad por embriagarme de sus palabras y conocer más de su vida. Quizá no era solamente por él, sino que quería saber más de la intrigante tribu que se encargó de criarlo y formarlo como hombre.

«¿Pero qué cosas estás pensando, _?» me reprendí. Meneé la cabeza. Debía despertar de mis ensoñaciones.

Las palabras casuales ya no se abrieron entre nosotros. Quizá era porque los regaños del mariscal tuvieron un efecto en mí y por eso mi energía para hablar se fue y de repente no me sentí con el derecho de intentar cambiar de aires.

Dejamos de hablar y no fue hasta el siguiente día temprano que me desperté cuando escuché a Kotallo hablando con alguien.
«¡¿Hablando con alguien?!»

Me había quedado tendida en el suelo frío recargada contra el equipaje que Kotallo cargaba. Al recién despertar advertí que además de la capa de mi atuendo traía puesta encima una manta de piel que desde luego no recordaba haber tomado. «No es tan malo como su comportamiento o aspecto físico puede indicar». Ese pensamiento había sido un prejuicioso, debía admitirlo.
Doblé la manta, bostecé, me estiré y me puse de pie. Fui detrás del mariscal que se escuchaba en una de las habitaciones inferiores carca de los computadores.
Me quedé quieta antes de entrar porque quería saber con quién hablaba el hombre. Estaba comunicándose con el foco mientras hacía un nudo complicado en una soga y lo ataba a otro extremo.

"Sabía que debía comunicártelo ayer, pero era necesario pensar las cosas primero. Sí, sí… No, no hacía falta que vengas. ¡No! Claro que no, todo está bien, de verdad. Encontré la forma de salir. Ajá, puede que sea complicado para ella, pero debe aprender si quiere ayudar".

Guardé silencio y me acerqué más.

"De verdad que no era necesario que tomaras la molestia de… Claro, entiendo. Nos vemos pronto, Aloy. Estamos en contacto".

Ni siquiera me dio tiempo de hacer una interferencia con mi foco debido a que la conversación terminó rapidísimo.
Me lancé hacia el hombre.

—¡Kotallo! —grité de instinto y me arrepentí de inmediato. Me cubrí la boca por un segundo y repuse—: Buenos días, señor mariscal. ¿Cómo se encuentra?
—Ten —dijo lanzándome la cuerda. Vio que me quedé callada sin comprender y me explicó—: Es para la cintura. Vamos a subir. Rápido, entre más pronto, mejor.
O-Okay —tartamudeé. Comencé a atarme la soga alrededor. Ya tenía un nudo al otro extremo que supuse sería para encajarlo en algún punto superior. Yo no sabía nada sobre escalar—. Por cierto, te oí hablar con la mujer que… —carraspeé— …me interesa. Aloy, así le llaman, ¿cierto?
—Por tu causa ella se tomó la molestia de venir a buscarnos. Comenzó a rastrearnos, así que la encontraremos a medio camino.
—¿Elisabet…? Es decir, ¿Aloy viene a buscarnos? —Mi corazón se aceleró.
—Andando, vamos a escalar.

Llegamos a la pared que conectaba el caldero entre la montaña con el exterior. Estaba tan alto que solo imaginarme arriba me provocó nauseas. Cuando Kotallo se giró para verme y notó que mi cintura no estaba bien ajustada con la soga puso los ojos en blanco, caminó hacia mí y le dio un tirón que la terminó de encorsetar.

—¡Ugh! ¡Duele!
—Si no lo hiciera deberías temer por tu seguridad.
—¿Tú no usas una cuerda?
—Tengo experiencia en esto.
—La experiencia no es de mucha ayuda aquí. Mira, el metal es resbaloso.
—Harás lo que te diga. No vayas por un lugar que yo no te indique y hazlo al ritmo que yo crea conveniente.

De nuevo evadió mis palabras como si nada.

Caminamos a la pared. El salir del caldero fue difícil puesto que escalar no estaba en mi conocimiento empírico. Sin embargo, tomándonos poco más de una hora, logramos salir.
Kotallo era increíble. No solo no contaba con las medidas de seguridad aplicadas en mí, sino que logró subir con todo nuestro equipaje cargándolo consigo. Mis manos y pies temblaban; la fuerza ejercida fue demasiada como para que un simple calentamiento hubiera tenido algún efecto en mí.

Cuando llegamos a la parte superior del caldero abrimos el orificio entre ambos. Al quitar las rocas y el metal bastó con picar el hielo y empujar la nieve para poder salir.

Estábamos entonces en el pico de la montaña y suspiré con alivio y pesar al mismo tiempo, si eso era posible. Por fin estábamos libres fuera del caldero, y, por otro lado, volvimos al crudo frío del exterior. Aun así, la vista desde arriba era hermosa. El cielo color rosa de la mañana bañaba con su luz la blanquecina nieve y el escenario era precioso adornado por los pinos y las aves invernales volando en parvadas altísimo, altísimo, altísimo.
Inhalé; se sentía como la primera vez en toda mi vida que respiraba de verdad aire puro. Exhalé con una sonrisa en mi rostro.

Mis ojos se llenaron de lágrimas que denotaban mi felicidad y melancolía. Todo era precioso, el mundo era precioso; vivir era precioso.

Kotallo notó mis ojos cristalinos por las lágrimas acumuladas que no dejé escurrir. Puso una expresión de desconcierto que intentó ocultar dándose la media vuelta inmediatamente. Mi cabello se despeinaba por la ventisca mañanera y mis mejillas retomaron color.

«Lo lograste, Lis. Por esto es por lo que trabajaste tan duro…»
Mi ceño estaba fruncido, producto de contener el llanto.

—Descender será pesado —dijo él. Se acercó a mí y volvió a entallar mi cintura con la cuerda—. ¿Lista?
—Claro, vamos.

La montaña no era verdaderamente tan alta pero sí era el pico más alto que yo había alguna vez escalado. No hubo mucho qué destacar de esa travesía. No hablamos más que ocasionalmente cuando la ocasión lo requería para dar o recibir órdenes de qué hacer o qué no hacer.
El clima estuvo a nuestro favor dado el horario. Si nos hubiéramos arriesgado a hacer semejante cosa durante la noche, habríamos muerto congelados.

Por mi culpa.

Al cabo de unos quince minutos de estar a salvo en la parte inferior y seguido el recorrido, me dio curiosidad preguntar:

—Mariscal, ¿por qué tomamos este camino tan peligroso? Quiero decir… No conozco muy bien el terreno actual, pero algo del viejo mundo sí me acuerdo. Por allá había una carretera muy concurrida —dije apuntando a la lejanía—. Si es el lugar que creo, vine aquí cuando era niña en un viaje familiar durante las vacaciones.

Kotallo no entendía los conceptos "viaje familiar" ni "vacaciones", y aun así no hice pausas. Fue él quien respondió a mi pregunta finalmente para evitar más cháchara.

—Lo cierto es que pudo ser más fácil llevarte directamente con el jefe Hekarro como él lo quería al principio, pero te pudo haber retenido demasiado. Es un hombre apasionado, le gusta conocer bien a la gente con la que trata. Como sea… La campeona le pidió prioridad para verte por asuntos de mayor importancia que deben tratarse, Hekarro le cedió el honor y henos aquí.
—Oh, entiendo… Me alegra que ella sea alguien a quien se le respete. De otro modo las cosas se tomarían su tiempo.
—No te alegres tanto.
—¿Por qué?

No hubo respuesta.

Nuestra montura estaba perdida y fue imposible conseguir otra cerca, no había más galopadores a la redonda. Caminar era duro y más para el hombre que con ambos brazos y su robusta espalda soportaba la carga de los dos. Afortunadamente el recorrido se nos facilitaría porque al cabo del tiempo en el que me fue imposible tener una noción, percibí una figura que se aproximaba a nosotros en una montura con grandes cuernos. Viéndolo bien de cerca supe que era un embestidor, y que además otras dos monturas bien controladas le seguían por detrás.

Mi corazón latió fuerte cuando divisé la roja cabellera en contraste con la luz.

Por un momento me olvidé del frío y del miedo y de la angustia y de todo lo malo que podía sentir, y en mi rostro sentí la auténtica sonrisa formándose.

—Ya está aquí —dijo Kotallo.

Yo me adelanté unos pasos lista para el encuentro. Elisabet estaba vestida con un bonito traje de cuero y bien abrigada, le quedaba precioso. Sin embargo… la vi bien de cerca, y me confundí.
Me interpuse entre Kotallo y la joven con su montura. Ella instintivamente para evitar que yo fuese arrollada echó el embestidor hacia atrás y suspiré con alivio. Quizá estaba demasiado cegada por la potente luz de la mañana como para notar sus rasgos faciales; no supe si estaba tan feliz de verme como yo a ella, pero eso daba igual. Yo estaba por fin reconfortada.

—¡Woah! Por poco —dijo ella para después soltar un suspiro.
—¡Elisabet! —exclamé y me acerqué mientras ella se bajaba de la montura—. ¿Cómo has estado todo este tiempo? ¡Ha ocurrido una locura!

Al estar frente a frente la vi bien. Sentí que algo andaba mal. Tenía el pelo largo y bien peinado con un perfecto trenzado parecido al que Wekatta me hizo. Me pregunté por su pelo corto, aunque me pareció absurdo… Después de todo habían pasado mil años si es que los Tenakth no nos habían mentido, ¿no es verdad? Ni siquiera me detuve ya a preguntarme el porqué de que mi cabello tuviera el mismo largo de antes.

La vi fijamente. Por alguna razón se veía más hermosa que nunca. Los ojos verdes brillantes y el pelo precioso e impecable. Sentí ganas de arrojarme a sus brazos y llenarle el rostro de besos, sin embargo, no pude moverme. Tan solo me limité a observarla embobada.

—¿Una locura? —Sonrió con dulzura—. Espero que no sea lo que pienso y te encuentres bien.
—Oh… Claro, ahora al verte me siento mejor que nunca. —Mis ojos se llenaron de lágrimas—. Lis… Yo… te extrañé. Me siento muy sola.
—Calma —dijo para tranquilizarme y puso su mano en mi hombro. Vi su mirada de angustia al dirigirse al hombre que estaba detrás de mi custodiándome—. ¿Cómo ha ido el viaje? Me contaron que tomaste un desvío que los puso en una situación complicada.
—Estamos bien —dije encogiéndome de hombros. Una lágrima se escurrió por mi mejilla hasta mi barbilla, cosa que alteró a la pelirroja.
—Oh, cielos, ¿te duele algo?, ¿ya comiste?
—No es nada… —Limpié mis sentimientos con los pliegues de mi manga—. Es bueno verte. Estás más preciosa que nunca…

Lo dije sin dudarlo. Estaba tan hermosa como la recordaba; tan joven y llena de vida. Me encantaba. Tan solo quería permanecer a su lado para siempre y no hacer otra cosa. Pero, había algo que debía hacer y eso era preocuparme por el mundo como dictaba mi naturaleza.

Ella se ruborizó ante mis palabras. No pude ver el rostro del mariscal puesto que estaba detrás mío, sin embargo, presentí que tenía una mirada de pena o algo por el estilo, porque por alguna razón la pelirroja no parecía poder sonreír con honestidad. Podía sentirlo, algo era diferente, pero ¿qué estaba mal?

—Pasaremos a Riscovigía de nuevo para tomar un descanso y después… podremos hablar en la Base.

Sí, esas palabras me hicieron sospechar una infinidad de cosas. Cualquiera en mi situación se sentiría abatido y confundido. Luego de ver a la única persona que vivió en la misma época que tú simplemente quieres ponerte al corriente con todo y recibir apoyo para comprender tu alrededor. Ese era mi caso. Sin embargo, sentí que me estaba perdiendo de algo. Es decir, ¿por qué no podíamos hablar ahora?

—Elisabet… ¿Hay algo que… quieras decirme? —dije con tono bajo; la ventisca me había resecado la garganta. Ella me vio con pesar—. Siempre te he dicho que puedes confiar en mí, ¿recuerdas?

Ella suspiró e intentó aparentar tranquilidad fallidamente.
Se acercó a mí y me tomó de las manos con suavidad. Nos vimos a los ojos fijamente como amantes que están por compartir su primer beso, sin embargo, no nos movimos. Ese gesto silencioso y estático fue su manera de comunicarse conmigo y vaya que funcionó. Su ausencia de palabras fue suficiente para decirme todo lo que había que decir.

En un instante mi corazón dolió, mi felicidad se fue, mi vida se sintió arruinada.

No sabría cómo expresarlo, pero al tocar sus manos supe que no era mi querida Elisabet. Y, al mismo tiempo, sí que lo era.

Mi raciocinio suplicó por ayuda y entonces las lágrimas de felicidad que derramé se convirtieron en auténticas lágrimas de tristeza.
Al diablo con la vergüenza. Me desmoroné frente al mariscal y la pelirroja que podía ser cualquiera menos la Elisabet Sobeck que amaba.

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Nota: A juzgar por lo que he ido imaginando mientras escribo puedo decir que esta historia se convertirá en un longfic, y espero que en uno que les guste mucho. ¡La experiencia del clima gélido salió más natural de narrar porque tengo frío y mis manos están tan heladas que teclear cada palabra duele!

Les agradezco mucho sus reviews ^^