Chichi presentaba una estampa terrorífica con su nueva apariencia. Había algo genuinamente tétrico en la forma en la que se había movido después de realizar su devastador ataque. Gine incluso llegó a asustarse un poco de su madre hasta que esta recuperó su forma base. Chichi emitió un suspiro de alivio cuando se aproximó. Gine y Goten corrieron en su dirección y ella los tomó en brazos, apretándolos contra su cuerpo.

— Tranquilos, niños… mamá está aquí… — Susurró, entrecerrándolos ojos.

— Chichi… Los has matado a todos… ¿No crees que has sido un poco drástica?

Goku estaba a su lado, pero su mujer no le respondió. Vegeta y Gohan también estaban presentes allí. Habían llegado tarde y la expresión de Chichi dejaba claro que eso no le había sentado nada bien. Aferraba a sus hijos con fuerza, dolida por cada magulladura y corte que tenían.

— Os he fallado… perdonadme… — Susurró, acunándolos a ambos. — Tenía tantas ganas de ser más fuerte para protegeros que justo cuando más me hacíais falta… no he estado.

— Bueno, nos hemos apañado bien. — Goten sonría a pesar del dolor. — Los abuelos han estado increíbles.

— Se convirtieron en gorilas gigantes y después se transformaron en Super Saiyan 4. — Dijo Gine, emocionada.

— ¿Super Saiyan 4? Wow, tengo ganas de ver eso. — Añadió Goku.

— Cariño… — Suspiró Chichi. — Céntrate.

— Amor… los niños están bien, míralos… — Goku se llevó una mano a la nuca. — Mis padres se han ocupado.

— Pero…

— Los mismos que están aquí porque tú les has traído de vuelta…

— Pero…

— Chichi. — Goku le puso la mano en el hombro. — Te entiendo. Lo haremos mejor la próxima vez… pero no te martirices…

— Pensé que entrenar era la elección correcta. — Suspiró.

— Y eres mucho más fuerte. — Goku sonrío. — Puede que más que yo, otra vez… Incluso Lord Beerus se ha interesado en entrenarte.

Vegeta emitió un quejido molesto ante la idea de que Beerus se hubiera interesado en Chichi antes que en él. Chichi bufó y se puso a los niños a hombros.

— Vuestro padre tiene un poco de razón. — Admitió la humana, claudicando. — Celebremos vuestra victoria.

Todo el mundo pareció estar de acuerdo. Chichi tenía muchas ganas de cocinar y de hacer algo rico a la familia. Gine también tenía ganas de ayudar a su nuera a cocinar. Parecía que iban a tener un día feliz y tranquilo, libre de contratiempos.

— Entonces… ¿Planeas quedarte aquí? — Le preguntó Goku a Chichi. — Beerus nos ha comentado que su hermano va a organizar un torneo con el universo seis.

— ¿Universo seis? — Preguntó Bardock.

— Al parecer hay 12 universos que componen la realidad. — Comentó Vegeta. — Y el hermano de Beerus, Champa, quiere organizar un torneo entre su universo y el nuestro.

— ¿Están nuestras vidas en juego, Goku? — Bufó Chichi.

— No… que yo sepa, al menos. — Respondió él. — Aunque me gustaría mucho que vinieras…

— Pero yo echo de menos a mamá. — Susurró la pequeña Gine. — Apenas viene por casa…

— Ya has oído a nuestra hija, Goku… además, ya sabes que yo no lucho por divertirme… lo hago por defendernos de amenazas como Freezer.

— Entonces me quedaré aquí, entrenando contigo. — Goku sonrió. — No querría que te quedarás atrás… además, yo también echo de menos a los niños…

Chichi se quedó un segundo mirando a su marido con una expresión seria que, lentamente, se convirtió en una sonrisa coqueta.

— No te haces idea de lo mucho que te quiero ahora mismo, Goku.

— Chichi, no delante de todos… — Goku se puso rojo como un tomate.

Hubo una risa general ante las palabras de Goku, pero la sonrisa de Chichi fue lo que más nervioso le puso. No sabía si estaba preparado para ser padre de cuatro hijos.

Chichi y Goku permanecieron siguiendo aquel plan. Entrenando juntos día a día. Los niños también permanecían a su lado. Gohan y Videl se pasaban los fines de semana, acompañados de su hija pequeña, Pan. A Chichi aún le costaba asimilar que era abuela. Se sentía muy joven para serlo… ser un Androide había alterado su perspectiva del tiempo.

Gine no parecía tener problema en ser bisabuela, después de todo, ya se sentía joven para tener nietos, añadir otra generación no magnificaba tanto el problema. Aquella tarde, Chichi estaba jugando con Gine y con Pan cuando escuchó un sonido fuerte y salió al patio corriendo.

Whis y Beerus habían aterrizado causando un destrozo, acompañados de Vegeta, que parecía estar de malas pulgas… bueno, más de lo habitual.

— Si no le molesta la pregunta, Lord Beerus. — Comenzó, con tono educado. — ¿A qué debemos su visita?

Chichi había entendido rápidamente cómo debía tratar al dios. Ella misma era una princesa, así que entendía lo que significaba tratar con la realeza y, por extensión, a los dioses.

— Me preguntaba por qué sólo Vegeta había venido a entrenar a mi planeta esta mañana.

— Verá, Lord Beerus… después del incidente de Freezer, decidí pasar más tiempo en casa con mis hijos, para poder protegerlos correctamente.

— ¿Estás queriendo decir que después de que yo, un dios de la destrucción, me tomase la molestia de dedicar mis esfuerzos a entrenarte, has decidido dejar de venir a mis lecciones?

— Fue usted muy severo advirtiéndome que no le molestase si no creía que era necesario… y dado que no parecía tener demasiado interés en entrenarme, pensé que sería mejor no molestarlo.

— En el futuro, preferiría que me informaras de esos cambios en el itinerario. — Sentenció Beerus. — Resulta que he decidido que voy a continuar tu entrenamiento. No me gusta dejar las cosas a medias.

— Pero… no puedo ir a su planeta, señor…

— Entonces, decidido… entrenaremos aquí. — Bills se encogió de hombros. — Vegeta… usaremos las instalaciones de tu mujer.

— Bueno, si les parece bien a todos, no me opondría. — Chichi se encogió de hombros.

Beerus y Whis se elevaron en el aire y se adelantaron, dejando a Vegeta tremendamente confuso.

— Pero si tuve que atravesar todo el universo y llevarle un balde enorme de fideos instantáneos para que se dignara a entrenarme a mí. — Suspiró el Saiyan. — ¿Por qué es tan insistente contigo?

— Son dioses, Vegeta. No les busques lógica… bastante suerte tenemos de que no han destruido el planeta todavía. — Chichi se encogió de hombros.

Mientras tanto, Whis y Beerus se adelantaban hacia Capsule Corp. Cualquier excusa era buena para pasarse por allí.

— Lord Beerus.

— ¿De qué se trata, Whis?

— Tan sólo siento curiosidad. ¿Por qué ese repentino interés en el entrenamiento de la humana y los Saiyan? Creía que ya os habíais aburrido de ello… incluso parecía molesto de que yo entrenase a Goku.

— Tengo mis razones, Whis…

Lo cierto es que Chichi habría preferido quedarse en casa y relajarse unos días, pero tener un entrenamiento tan cerca de su hogar no le molestaba. Quizá no estuviera tan motivada como Goku, pero llegado a ese punto entrenar había pasado a formar parte de su vida… y sus hijos pequeños estaban más que dispuestos a quedarse mirando o, con suerte, participar.

Whis estaba ocupándose de Goku, mientras que Beerus luchaba con Vegeta y Chichi. Chichi estaba probando una versión mejorada de su técnica defensiva, reforzando su cuerpo con una armadura completa de Ki mucho más resistente.

En cuanto la vio, a Beerus pareció molestarle, porque se lanzó en su contra y, de un solo puñetazo, le dio un golpe que la rompió en pedazos e impactó directamente en el estómago de la humana, que cayó al suelo en el acto.

— ¿A qué ha venido eso? — Exclamó ella, tosiendo sangre mientras se incorporaba.

— Con esa actitud no vas a llegar a ninguna parte. — Gruñó, frustrado. — Sigues tratando de defenderte, de evitar los golpes. Eso no es lo que yo quiero enseñarte. No es así como lucha un dios de la destrucción.

— ¿Y cómo se supone que tengo que luchar?

— No puedes rehuir el dolor. Debes abrazarlo y usarlo para hacerte más fuerte. Ese es el camino del poder de una deidad destructiva. Y si quieres ser más fuerte de verdad… debo asegurarme de que lo entiendas.

Chichi no respondió, pero la mirada desafiante habló por sí misma antes de volver a levantarse. Sus ojos brillaban con una intensidad animal cuando se lanzó contra Beerus de nuevo.

El entrenamiento continuó durante las semanas siguientes. Goku y Vegeta asistieron al torneo que Beerus había propuesto, mientras que Chichi se quedó en casa. Gine había aprovechado cada minuto que había podido pasar con ella y tenía una grandísima sonrisa.

— Seguro que tu padre y Vegeta se lo están pasando de cine.

En aquel momento, Gine estaba sentado en el sofá, mirando la televisión con ella, acurrucada.

— ¿Les envidias?

— No, cariño… yo estoy aquí contigo… — Chichi sonrió. —Y sé que, en el fondo, a tu padre le da rabia que vayamos a comer helado sin él.

— ¿Vamos a comprar helados? — Se relamió.

Chichi le guiñó el ojo. Iban a pasar una grandísima tarde todos juntos. Chichi se había ganado aquello después de lo mucho que se había esforzado. Pero había una realidad muy distinta… un futuro tétrico en el que una tarde como aquella no era más que un sueño.

En un futuro muy distinto, en una realidad paralela.

Trunks había recorrido una gran distancia ocultándose para no ser visto, pero, finalmente, había logrado llegar al lugar de encuentro en el que su madre le esperaba. Ella, junto a Chichi, se encontraba escondidas en un laboratorio.

— Mamá, Chichi… — Dijo, con una sonrisa. — Me alegra ver que estáis bien.

— ¿Alguna señal de Black, te ha seguido? — Preguntó Chichi, apretando los puños.

— No, por suerte no ha habido ni rastro de él. Y me alegra ver que vosotras estáis bien.

— No me quejo. — Señaló Bulma. — Tener a Chichi por aquí ha hecho que trabaje bastante mejor.

— Exageras… si apenas he limpiado y cocinado. — Suspiró ella. — No es que pueda hacer mucho más… si aún fuera joven… le diría un par de cosas a ese impostor.

— Para ti debió ser peor que para nadie. — Suspiró Trunks.

— Créeme… si vieras aparecer de la nada a un genocida con la cara de tu difunto marido, no te haría ninguna gracia.

— Bueno, al menos eso nos viene bien para el plan de contingencia. — Señaló Bulma. — La verdad, no nos enfrentamos a un problema así desde que ocurrió lo de los Androides. Suerte que mi yo pasada te dio las notas para desactivarlos.

— Salvo por lo de Majin Bu, claro… — Señaló Trunks.

— ¿Qué es un Majin Bu? — Preguntó Chichi.

— Nada de lo que tengas que preocuparte, por suerte. — Suspiró Bulma. — Bien, lo he conseguido, he podido sintetizar suficiente combustible para hacer un viaje al pasado.

— ¿De verdad va a traer a Goku y a Vegeta? — Chichi bajó la mirada.

Era evidente que para ella pensar en su difunto marido le producía una mezcla de emociones. La posibilidad de verle era algo que le había quitado el sueño múltiples veces. Ella ya no era la mujer que Goku una vez quiso, y no sabía si estaba preparada para volver a verlo. Al verdadero Goku… tan distinto al monstruo que los acosaba.

— Estoy seguro de que si alguien puede vencer a Black… es Goku. — Ratificó Trunks. — Mi padre y él son nuestra única esperanza.

Las palabras que iba a decir Chichi se vieron interrumpidas cuando el techo del edificio explotó. Los tres alzaron la vista para observar a Goku Black que, con una sonrisa sádica, los estaba observando.

— Nos ha encontrado. — Gruñó Trunks. — Debe haber aprendido a sentir el Ki.

— Malditos pecadores… — La voz de Black era fría y autoritaria. — Por fin podré eliminaros de una vez por todas.

Trunks se transformó, más que dispuesto a combatir en una contienda para proteger a su madre, pero Chichi le interrumpió.

— Muy bien, Bulma. Creo que es el momento de ver ese plan de contingencia en el que estabas trabajando.

— Esperaba no tener que recurrir a esto. — Bulma sacó un mando de su bolsillo y presionó un gran botón rojo que tenía en el centro.

Trunks no tenía ni idea de qué estaba hablando su madre. Chichi tampoco parecía saber nada, porque su expresión fue el mismo rictus de terror que tuvo el Saiyan cuando vio que dos figuras se lanzaban directamente hacia Black.

— Esos son…

— 17 y 18… — Los ojos de Trunks se alteraron y sudor frío empezó a correr por su frente.

— Pero… ¿Cómo? — Preguntó Chichi.

— Los reprogramé hace tiempo… nunca pude eliminar su directriz principal… pero creo que ahora nos puede ser útil.

— ¿Y esa directriz es?

— Matar a Goku. — Suspiró Bulma. — No creo que sean rivales para Black, pero nos harán ganar algo de tiempo.

Trunks asintió y los tres juntos empezaron a escurrirse por los callejones. Trunks escondió su ki lo mejor que pudo hasta que llegaron al piso franco en el que Mai los estaba esperando. Bulma estaba visiblemente agotada por la carrera… aunque Chichi no estaba mucho mejor.

— No me puedo creer que hayamos escapado… — Suspiró Trunks.

— Sí. Pero sólo gracias al plan de contingencia. A estas alturas los androides serán chatarra… no tendremos nada más si vuelve a encontrarnos.

— Nos aseguraremos de que no lo haga. — Suspiró Chichi.