Chichi observaba aquella nueva realidad ante sus ojos. En su mundo, ella era una viuda que vivía recluida en la montaña, con nada más que los recuerdos de su marido y su hijo. Pero, en aquella línea temporal, Goku no sólo seguía casado con ella, si no que, además, Gohan seguía vivo, y tenían otros dos hermosos hijos.
Era una vida de ensueño. Además, su otra yo no sólo era joven y guapa, además era admirada, poderosa y feliz. Nunca había imaginado que podría ser así… que Goku podría quererla y respetarla de aquella manera.
Así que estaba un poco tensa cuando llegó a la gran mansión, cuando vio todas aquellas habitaciones… y descubrió que incluso sus suegros estaban allí. Conocer a Bardock y Gine era algo que no esperaba que llegase a ocurrir nunca. Ni siquiera era consciente de su existencia hasta que se los presentaron.
Lo cierto es que permaneció bastante alicaída durante la reunión, hasta que llegó un invitado en particular. Cuando Gohan entró por la puerta, con Videl y Pan, fue cuando la Chichi más mayor finalmente sonrió. Recorrió la habitación, ignorando a su nuera, e incluso a su nieta, y rodeó al joven fuertemente con sus brazos.
— Gohan… Ya pensaba que nunca volvería a verte… pero mírate… Eres tan distinto… — Le brillaban los ojos. — Dime… ¿Has logrado tu sueño?
— ¿Si soy científico? Sí. Ahora estoy trabajando en un estudio sobre unas hormigas… pero no quisiera aburrirte.
— ¿Aburrirme? No, por favor, Gohan, insisto en saberlo todo… no te dejes ningún detalle. — Le instó, con un brillo especial en la mirada.
A Videl le pareció tremendamente maleducada. Ya no fue que no la saludara, o que no hiciera caso a su hija, es que cuando se llevó a Gohan no se paró un solo segundo en mirarla siquiera, como si no existiera. La Chichi más joven lo vio y se acercó a ella al verla ofuscada.
— Cuando tú me conociste fuiste mucho más amable. — Suspiró, mientras salían.
Videl le entregó a Pan, y Chichi sonrió, sosteniendo a su nieta y haciéndole carantoñas.
— Ella lo ha tenido mucho peor que yo, Videl. — Susurró Chichi. — Somos la misma persona… Si hubiera vivido lo que ella, sería exactamente igual… me da que pensar.
Mientras observaba a su yo futura, Chichi se estremeció. Ese era su destino… acabar sola, triste y débil. Si lo pensaba, preferiría morir a tener que someterse a ese destino. No le extrañaba que ese halo de tristeza la envolviese. Estaba completamente sola.
— Gohan era lo único que tenía… y hasta eso le arrebataron.
Videl asintió y se quedaron un segundo pensando en ello. No se imaginaba cómo sería su vida si no hubiera conocido a Gohan, si no hubiera entrado a formar parte de aquella familia. Eso la animó a perdonar a la otra Chichi por su actitud tan distante. Después de todo, para ella, no eran más que fantasmas, gente que desaparecía para no volver.
Chichi no se separó de Gohan en toda la tarde, atenta a todo lo que tenía que contar. Su versión más joven estaba convencida de que, al igual que ella, no entendía en absoluto lo que Gohan le decía, pero le motivaba escucharle ser tan apasionado con algo que amaba, como eran sus estudios.
Pero en cuanto Gohan se fue, Chichi volvió a adoptar su actitud hosca y taciturna. Lo cierto es que estuvo de morros toda la tarde, por mucho que se trataron de acercar a ella.
— No quiero encariñarme con nadie. — Le dijo a su alter ego cuando vio que se le acercaba.
— Esa no es razón para ser tal maleducada. — Expresó la más joven, cruzándose de brazos. — Esa gente…
— Es tu familia, no la mía. — Emitió un suspiro. — Cuando vuelva a casa volveré a estar sola, aunque acabéis con Black.
— Lo sé…
— Así que no me digas como tengo que sentirme. Que seas yo no significa que me entiendas. Tú no has perdido todo lo que te importa sin posibilidad alguna de recuperarlo.
— Eres imposible…
— Justo como tú… — Bufó. — Me voy a mi habitación a dormir.
— Como quieras…
Cuando la otra Chichi la dejó sola, la mayor se encaminó hacia su habitación, haciendo un grandísimo esfuerzo por no llorar. Aquel viaje al pasado había sido un terrible error. Ver a esa versión de sí misma la hacía sentirse patética. Patética porque si ella hubiera sido más como su contraparte, quizá Gohan seguiría vivo.
— ¿Estás frustrada?
Chichi se estremeció, alzando la mirada para encontrarse a Goku apoyado en la puerta, mirándola. La mujer emitió un suspiro, pero se acercó y, silenciosamente, acompañó al hombre fuera. Le había evitado todo el día, pero le siguió hasta que llegaron al jardín y entonces, habló en un susurro.
— ¿Crees que no me he dado cuenta de que no eres Goku?
Black alargó su cruel sonrisa e hizo desaparecer el uniforme de entrenamiento, sustituyéndolo por su habitual túnica negra. Chichi no se alteró, había sabido que se trataba de Black desde el mismo momento en el que se había presentado en la habitación. Podía notar su Ki.
— Bueno, contesta a la pregunta, Chichi… ¿Estás frustrada?
— Sabes que sí… Por eso has venido. Apuesto que me has estado espiando todo el día.
— Quizá… — Respondió Black. — Cuando esa otra Chichi se enfrentó a mí… tuve una revelación. Sobre ella… y sobre ti.
A la mañana siguiente, la máquina del tiempo estuvo lista, el combustible era más que suficiente para realizar varios viajes. Goku, Vegeta, Chichi, Videl y la futura Bulma estaban preparados para el viaje.
— ¿Alguien ha visto a la otra yo? — Susurró Chichi.
Se sentía extraña con su ropa de combate, después de haber visto aquella versión tan seria de sí misma, empezaba a sentirse ridícula, como si aquello fuese un disfraz. De hecho, no se había puesto el casco, y estaba planteándose abandonar el rosa.
— Volveremos a por ella cuando terminemos… de momento, déjala descansar. — Comentó la futura Bulma. — De todas formas, no cabe en la nave.
Chichi asintió, aún a pesar de tener un pésimo presentimiento. Se subieron a la nave y esta se elevó por los aires antes de desaparecer.
El futuro continuaba tan apocalíptico como lo habían dejado. Estaba incluso más silencioso desde la última visita. Bulma se guardó la máquina del tiempo en el bolsillo. Pensaban que Black acudiría en el acto… pero no lo hizo. De hecho, permanecieron allí durante unos minutos, expectantes… y no se presentó.
Fue entonces cuando sintieron un poderoso ki, lejos de la ciudad. Era el ki de Black, no había duda alguna. Trunks parecía dispuesto a salir volando en esa dirección, pero Vegeta lo detuvo.
— Trunks, tú acompaña a tu madre a un lugar seguro. Comprueba cómo están los demás supervivientes y llévales las provisiones que hemos traído.
— Después podrás reunirte con nosotros. — Continuó Chichi.
— ¿Tú también tienes un mal presentimiento? — Preguntó Vegeta.
— No sé quién ese Goku Black en realidad, pero si no ha venido a por nosotros… no puede ser bueno. Ha proyectado su Ki de forma muy obvia… sabe que estamos aquí.
— Y debe querer que sepamos donde está. — Añadió Goku.
— Es una trampa tan obvia que hasta Kakarot la ha visto venir.
— Entiendo. — Dijo Trunks. — Me aseguraré de que Mamá esté a salvo.
— Es mejor que te quedes con ella. — Chichi apretó los puños. — Hay algo que me dice que es mejor que no la dejes expuesta.
— Si estáis intentando apartarme de esto…
— No, no es eso. — Le aseguró Chichi. — Pero la prioridad siempre debe ser proteger a los que no pueden hacerlo. Ellos cuentan contigo, Trunks.
Tras trazar el plan, Goku y Vegeta se adelantaron. Chichi iba un poco más atrás. No podía evitar sentir que había algo extraño en todo aquello, algo que se mantenía en la parte trasera de su cabeza desde que habían llegado a ese lugar.
Al aterrizar, y ver que se encontraban en la antigua casa de Chichi… la propia Chichi fue la primera en tensarse. Black estaba sentado en la mesilla de exterior, tomándose un té como si la visita no fuese con él. El impostor sonrió antes de observarlos.
— Ya empezaba a pensar que Trunks no iba a traer refuerzos. Después de nuestro encuentro en el pasado me quedé con ganas de combatir contra vosotros… Especialmente con Goku… Ya es hora de demostrar quién de nosotros es superior.
— Estás demente si crees que voy a dejar que te enfrentes a Kakarot. Eres mío, Black. — Exclamó Vegeta.
— Yo en tu lugar estaría más preocupado por tu hijo que tu rivalidad con Kakarot.
Vegeta no estaba seguro de a qué se refería hasta que se concentró y pudo notar el Ki de Trunks, y cómo este empezaba a desplomarse.
— Vamos…
Vegeta lanzó un quejido mirando a Chichi. Ella le sujetó del brazo y usó la transmisión instantánea para llevarle cerca de Trunks. Pudieron escuchar una explosión cerca de donde se encontraban.
— Regresa con Kakarot. No quiero dejarle a solas con Black. Trunks y yo nos ocuparemos de lo que suceda aquí.
Chichi asintió y se desvaneció usando la técnica de nuevo. Vegeta permaneció en silencio mientras se encaminaba hacia donde Trunks se encontraba. Estaba en un cráter, tirado en el suelo. Tenía cinco heridas punzantes entre las costillas. El príncipe no perdió el tiempo y le introdujo una habichuela mágica en la boca, forzándole a masticar.
—Vamos, Trunks… levántate…
— Se le ve muy malherido.
La voz de Chichi no alteró a Vegeta. Era cierto que le sorprendió, porque, como de costumbre, era incapaz de sentir su Ki y que apareciese de golpe y porrazo, especialmente en esas circunstancias, era extraño. Trunks abrió los ojos. Vegeta no había apartado la vista de él.
Afortunadamente, Trunks reaccionó y dio un empujón a su padre justo a tiempo para evitar un ataque de Chichi. De sus dedos habían salido garras de Ki que se clavaron en el suelo.
Vegeta la miró, confundido. Chichi no llevaba la misma ropa que antes. Su atuendo de batalla había sido sustituido por un qipao similar al que solía llevar antes de combatir, de color negro y con los broches de color rojo. Un detalle que no escapó a Vegeta fue que, al igual que Black, también llevaba un pendiente similar a los de los que llevaban los Kaiyoshin colgado de la oreja izquierda.
— Chichi… ¿Qué estás haciendo?
— Me atacó por la espalda. Ni siquiera pude verla venir. — Gruñó Trunks.
— Sólo… me ocupo de un par de cabos sueltos… nada importante. — Chichi alargó una siniestra sonrisa.
— Espera… ¿Te atacó?
Vegeta recordaba que Chichi estaba a su lado cuando sintieron el ki de Trunks bajar.
— Así que eres otra impostora… — Gruñó Vegeta.
— No soy la Chichi que tú conoces, si es eso lo que preguntas… pero no soy ninguna impostora. — Su sonrisa se convirtió en una mueca de desprecio.
Mientras tanto, Goku y Black habían iniciado una batalla ante la atenta mirada de Chichi. Estaba convencida de que, en primera instancia, tal como había visto en su batalla con Black, Goku debería poder superarlo sin transformarse siquiera… pero… algo había cambiado,
Black había aprendido a luchar de forma extremadamente rápida. Se movía con la misma soltura que su marido, y su cuerpo parecía más fuerte… más rápido. Goku no tardó en tener que transformarse en su forma azulada, en tener que darlo todo.
— Eso ha sido entretenido… pero creo que ya va siendo hora de que yo también os muestre lo que sé hacer.
Black se envolvió a sí mismo en un aura divina y su cabello se elevó hasta convertirse en el de un super saiyan… pero en lugar de ser dorado o Azul, este se volvió de un vivo color rosa.
— Llamo a esta forma super Saiyan Rosé… — Explicó, con una siniestra sonrisa.
Mientras tanto, Vegeta no tenía mucha más suerte. Tanto él como Trunks se habían lanzado hacia aquella extraña versión de Chichi, que los repelió con una explosión de Ki. Su aura entonces cambió de color, y Vegeta empezó a sentir su Ki divino elevándose hasta la estratosfera mientras el aura se tornaba de un vivo color verde.
— No voy a jugar con vosotros… Acabaré deprisa… Zamas me espera… y no voy a decepcionarle. Aunque debo admitir… que una parte de mí va a disfrutar mucho de esto.
Vegeta y Trunks se miraron. Estaba claro que ambos estaban planteándose las mismas preguntas. ¿Quién era esa Chichi? ¿Por qué los odiaba tanto? ¿Y quién era ese tal Zamas que había mencionado?
