Capítulo 1 - La diva
—¡SENKUU…! ¡Tu querido padre por fin ha vuelto a casa! —Byakuya invadió la habitación de su hijo con una enorme sonrisa. Sostuvo los brazos extendidos, esperando expectativamente un abrazo que nunca llegaría.
—¿No se te ocurrió tocar la puerta antes de entrar, viejo? —Senku preguntó, sin apartar la vista de los monitores de su computadora.
—Vaya, hijo, ¿qué manera es esa de recibir a tu padre después de seis meses en el espacio? ¿No me extrañaste ni un poco? —lloriqueo Byakuya, dejando los brazos caer.
—Sí, claro. De hecho, te extrañé tanto que casi estoy a punto de llorar a mares. Muy pronto necesitaría un bote para no hundirme en mis propias lágrimas —dijo en tono completamente deprivado de emoción.
—Qué gracioso… ¿Te cuesta tanto al menos decirme hola? —Byakuya frunció el ceño a Senku, quien aún le daba la espalda. Jamás se acostumbrará a la fría indiferencia de su hijo.
—Bienvenido —le contestó en tono seco—. ¿Satisfecho? ¡Ahora déjame en paz! Y cierra la puerta al salir, ¿vale?
—Un momento, Senku.
Suprimiendo su decepción, recuperó su comportamiento jovial y se acercó a su hijo, poniendo una mano sobre su hombro. Luego, en un movimiento abrupto, giró la silla de Senku para que se vieran el uno al otro.
—Pon atención. Deja tus investigaciones por un momento. Hay alguien a quien te quiero presentar. Vino desde Estados Unidos para conocerte. —Sus ojos brillaron con anticipación.
Senku quedó más confundido que curioso. Alzó una ceja, mirando a su padre con recelo.
—¿Quién vendría hasta Japón solo para conocerme? Dime… ¿Conseguiste una novia o qué? —lo acusó con una sonrisa ladina mientras se rascaba el oído con el meñique, igual que siempre.
Byakuya quedó tan sorprendido por esa pregunta que casi se atragantó con la saliva. Rápidamente recuperó la compostura y carraspeó.
—N-no seas ridículo. Ahora, ven para introducirlos. —Lo agarró de la muñeca y lo arrastró hacia la sala.
—¿Qué? ¿Ahorita mismo?
—¡Exacto!
—Senku… ¡Saluda a la bella y única, la diva del pop, Lillian Weinberg! —anunció en inglés, extendiendo los brazos hacia la mujer antes mencionada de manera ostentosa.
—¡Sorpresa! —Lillian gritó emocionada, lanzando las manos al aire.
Senku quedó aturdido. Hizo todo lo posible por no quedarse boquiabierto como un idiota. Al decir que estaba sorprendido, sería una atenuación. Estaba completamente desconcertado.
Ya sabía que Lillian había viajado a la Estación Espacial Internacional junto a Byakuya como turista espacial, pero la idea de que ella estuviera en su departamento en ese mismo instante era algo que nunca había cruzado su mente en diez mil millones de años. Después de un buen rato de silencio, Byakuya fue el primero en romper el hielo.
—¿Qué te pasa, Senku? ¿Te comió la lengua el gato? —se burló, riéndose divertido de la falta de palabras de su hijo.
—Ella es demasiado joven para ti, viejo —dijo, molesto, con ojos entrecerrados, hablando en japonés.
—¡Eso no tiene nada de gracia, Senku! Ahora, compórtate.
—Bien, bien —acordó, riendo entre dientes ante la angustia de su padre.
—Emm… Lo siento, pero aún estoy aprendiendo japonés. Tu papá me había dicho que ambos hablan inglés. Solo entendí las palabras joven y más —explicó Lillian.
—Pues… dijo que… que te ves mucho más joven en persona —mintió Byakuya, tratando de evitarle la vergüenza.
—Oh… gracias. Muy amable. —Miró a Byakuya con recelo, sin creerle ni por un segundo, pero decidió dejar el asunto.
—Bueno, es todo un placer conocerte, Senku. Tu padre me contó de ti. De hecho, hablaba tanto de ti que en algún punto le tuve que gritar que se callara —admitió, riéndose a sí misma.
—Sí, el viejo tiene un verdadero talento para poner de nervios a la gente —asintió, cambiando suavemente entre idiomas.
—Ajá. Eso lo sé muy bien. —Los dos formaron un vínculo instantáneo por su mutuo disgusto por las payasadas de Byakuya.
—Mucho gusto —dijo con una sonrisa de satisfacción, ofreciéndole la mano.
—Oh, no hay que ser tan reservado. Ven aquí. —Le dio una sonrisa tierna, rechazando el apretón de manos, optando mejor por abrazarlo con fuerza, lo que lo tensó al instante. Byakuya no pudo evitar disfrutar de la incomodidad de Senku.
—Después de todo lo que Byakuya me ha contado sobre ti, siento que te conozco de toda la vida.
—¿Ah, sí?… Entonces deberías saberlo… Sin ofender, pero… no soy realmente… del tipo sentimental —apenas logró decir entre jadeos.
—¡Ups! —Al darse cuenta de su error, lo soltó de inmediato.
—Lo siento. Algo que deberías saber de mí es que me encanta abrazar.
—¿Eh? No me lo creo ni por un segundo. Ni siquiera me abrazaste cuando nos reunimos en el aeropuerto —se quejó Byakuya, con aspecto bastante ofendido.
—Bueno, tal vez si no fueras tan grosero, te daría uno —le reclamó, forzando el ceño.
—¿Oíste eso, anciano? Yo no soy el único que te considera insoportable.
—¿Ah, sí? Y yo planeaba invitarlos a cenar ramen esta noche.
—¿Ramen? —preguntaron a la misma vez, muy emocionados.
—Así es. Pero si soy tan fastidioso, supongo que iré solo. —Byakuya se cruzó de brazos.
—Ándale, vámonos. —Senku ya estaba en la entrada poniéndose los zapatos con Lillian siguiéndolo; ambos ignoraron por completo a Byakuya.
—Me moría de ganas de volver a comer el ramen japonés, ¿sabes? El que probé en el espacio era muy delicioso, pero esas copas de ramen instantáneas que venden en mi país no tienen comparación.
—Oigan, ¿tan siquiera me están escuchando?
—Je, je, je —rió Senku mientras ambos se ponían los abrigos—. Ese ramen que probaste ni se compara con el auténtico.
—¿En serio? ¿Qué esperamos para ir?
—¡Alto! No vamos a ir a ningún lado hasta que me muestren algo de respeto —advirtió Byakuya, esperando una disculpa.
—Je, no sabes lo que te espera. ¡Esto será muy emocionante! —declaró Senku en voz más alta que la de su padre.
Antes de que se diera cuenta, los dos ya habían salido, dejando al pobre Byakuya abandonado en el departamento, completamente olvidado, sin nadie con quién quejarse.
—¡Oigan! ¿Y yo qué? ¡Yo también tengo hambre! ¡Esperen! —gritó tras ellos, saliendo corriendo por la puerta con los zapatos y un abrigo en mano.
…
Más tarde, en su lugar habitual, tanto padre como hijo vieron cómo Lillian probaba por primera vez un ramen recién preparado.
—¿Bueno...? —preguntó Byakuya conteniendo el aliento—. ¿Qué opinas?
—Mmm... Tenías razón, Senku. Esto es mucho mejor que el ramen que probé en el espacio.
—Sí, diez mil millones por ciento mejor —afirmó antes de sorber una porción generosa de fideos.
—¡Ajá! —asintió, haciendo lo mismo.
Durante la cena, siguieron charlando. Byakuya y Lillian compartieron sus experiencias espaciales y Senku habló de sus experimentos y logros previos.
.
—¡Ja, ja, ja! —La risa de Lillian resonó por todo el restaurante—. ¿Así que lo empujaste dentro de la piscina y el traje se descontroló?
—Je, je. Sí. Deberías haberle visto la cara al viejo. Fue divertidísimo.
—Oye, no tiene nada de gracia. ¡En serio! Podría haber muerto en ese entonces.
—Entonces, ¿quieres decir que estabas con el agua hasta el cuello?
—Pff... JA, JA, JA. —Senku se rió a carcajadas.
Aunque el chiste era bastante cursi, la expresión mortificada de Byakuya era divertidísima.
—¡Ustedes son los peores! —gritó quejándose.
—Ja, ja. Lo siento. Lo siento.
Una vez que la risa se calmó, Senku aprovechó la oportunidad para cambiar de tema.
—Entonces, dime, Lillian, ¿cuál es la verdadera razón por qué viajaste hasta Japón? No creo que hayas venido solo para conocer a un estudiante ñoño de la prepa como yo. —Incapaz de deshacerse de sus sospechas, le sonrió ladinamente a su padre, quien simplemente estiró el cuello de su camisa y carraspeó.
—Oye, no digas eso —lo reprendió mientras, sin pensarlo, le entregaba un vaso de agua a Byakuya—. Ha sido un verdadero placer conocerte.
—Pero tienes razón —admitió—. También vine para disfrutar de unas vacaciones antes de volver de gira. Pero primero... debo cumplir una promesa que hice.
—¿Qué promesa? —preguntó Senku muy intrigado.
—Senku… —empezó a decir Lillian, sonriendo radiante. Se giró hacia Byakuya, expectante, antes de volver a mirar a Senku.
Dada la forma en que hizo la pausa para lograr un efecto dramático, él casi esperaba que ella rompiera sus sospechas anteriores al confesar que ella y Byakuya no solo estaban saliendo, sino que se iban a casar.
—¿Cómo te gustaría que cante para ti?
Ahora, su padre también le sonrió ampliamente. Mientras tanto, Senku estaba tan atónito que se quedó mirándolos boquiabierto. Había llegado a una conclusión muy equivocada. Aunque, ni en diez mil millones de años, se hubiera imaginado recibir un concierto privado de la ídola del pop más querida del mundo.
—Ja, ja. Míralo, Lillian. Se ha quedado sin palabras de nuevo. ¿Y sabes qué? En un par de semanas será su cumpleaños.
—¡Perfecto! Considéralo un regalo mío. ¿Qué te parece? —preguntó con ojos esperanzados, agarrándolo del brazo con ambas manos y sacudiéndolo.
—Je, je, je. ¿Cómo puedo negarme?
—¡No puedes! —declaró con orgullo, soltando su brazo y volviendo su atención a su tazón de ramen.
—Pero por favor no empieces a cantar en público. No necesitamos llamar más la atención. —No se le escapó que muchos clientes, e incluso los cocineros del restaurante, se habían parado a contemplar con asombro a la diva del pop.
—¡Trato hecho!
Poco después, terminaron de comer y comenzaron a caminar hacia el hotel de Lillian. El camino los llevó a través de una plaza llena de luces y adornos ornamentales, considerando que era temporada de Navidad.
—¡Guau! ¡Mira nomás! Qué lugar tan precioso—. Lillian quedó completamente cautivada.
—Oye, ¿qué tal si terminamos esta noche con una foto grupal? —propuso Byakuya.
—¡Qué gran idea! ¡Hagámoslo!
Tras convencerlo, Senku sacó su celular y usó la cámara frontal para tomar una foto grupal con un pino artificial de fondo. Lillian hizo el signo de la paz sobre su ojo izquierdo. Senku hizo una mueca afectada. Y Byakuya, como siempre, con su toque bobo, hizo una sonrisa exagerada mostrando los dientes mientras hacía el signo de la paz a ambos lados de la cara.
—Oye, ya que estamos pidiendo favores, ¿podrías autografiarme un CD más tarde? —preguntó Senku de repente—. Estoy casi seguro de que Yuzuriha se pondría furiosa si no te lo pidiese.
—Claro que sí. Siempre me alegra complacer a un fan.
—Pero, ¿quién es Yuzuriha? ¿Una amiga tuya? O... no me digas que tienes novia, Senku. —preguntó Lillian, más por sorpresa que por curiosidad, considerando todo lo que había oído sobre él.
—¡BAH, JA, JA! —Byakuya estalló en una risa histérica.
—¿Senku? ¿Conseguir novia? ¡Ni en diez mil millones de años!
El rostro de Lillian, que no había sido más que sonrisas durante toda la noche, de repente se volvió furioso.
—Ja, ja, ja. Bien hecho, Lillian. Tengo buen rato sin reírme tan fuerte.
En el momento en que vio su rostro molesto, guardó silencio.
—¡Te pasas, Ishigami Byakuya! ¿Qué descaro? No tengo nada contra bromas ligeras, pero hay un límite, ¿sabes? O sea, ¿qué clase de padre se ríe así de su propio hijo?
—E-escucha, Lillian, lo has entendido todo mal —intentó defenderse.
—No, TÚ escúcha —exigió Lillian, señalándole con un dedo acusador—. Yo opino que Senku es un joven muy guapo. Estoy segura de que podría conseguir novia en un instante si quisiera. Ahora, discúlpate con tu hijo ahorita mismo. Y lo digo en serio.
—Olvídalo, Lillian. Deja que el viejo se divierta. Me da igual. Por mí, que se muera de risa. —Le restó importancia, como si fuera algo insignificante, mientras se rascaba el oído —. Aunque sí aprecio que lo hagas sentir incómodo. Pero la verdad, las relaciones románticas no me interesan ni un milímetro.
—¡Cierto! Conozco a Senku muy bien. Y la idea de que de repente consiga novia mientras yo no estoy es tan ridícula que no pude evitar reírme.
Lillian guardó silencio unos segundos, mirando a Byakuya de reojo con un puchero severo, asimilando todo lo que decían. Al final, decidió dejar el asunto.
—Bueno, vale. Pero tampoco tenías que ser tan cruel. —Se cruzó de brazos en señal de protesta, aún molesta por su comportamiento.
—Tienes razón. Lo siento, hijo —se disculpó, haciendo suavizar la expresión de Lillian.
—Ahora, cuéntame sobre esa tal Yuzuriha —insistió Lillian, dirigiendo su atención hacia Senku con un brillo de emoción en sus ojos.
—No hay mucho que decir, excepto que es una amiga mía a la que se le dan bien las manualidades. De hecho, ahora es la novia de mi amigo Taiju.
—¿Hablas en serio? —Byakuya se detuvo en seco.
—¡Qué buena noticia! ¿Por qué no dijiste nada antes? ¿Cuándo sucedió? ¿Qué le dijo? ¿Qué dijo ella? —preguntó una y otra vez, agitando los brazos frenéticamente mientras sus dos compañeros seguían caminando sin él.
—Oye... No me dejen atrás de nuevo.
—¿Puedes creer que a ese grandulón le haya costado cinco años armarse de valor para declararse? —Senku continuó la conversación, ignorando por completo el bombardeo de preguntas y quejas de su padre.
—¿Cinco años? ¡Es mucho tiempo para guardar un secreto tan grande! Pobrecito. Debió de ser muy duro armarse de valor para confesarse.
—Es totalmente ilógico, si me preguntas a mí. ¿Qué sentido tiene dudar cuando solo puede haber dos resultados? O ella le corresponde y empiezan a salir, o no, y todo sigue igual.
Pronunció las palabras con tanta claridad que Lillian percibió la absoluta certeza que albergaba en ellas. ¿De verdad sería tan fácil?, se preguntó. Estuvo a punto de creerle, pero luego decidió contraargumentar.
—Bueno, quizás solo tenía miedo de que si ella no sentía lo mismo, ya ni siquiera querría ser su amiga. ¿Sabes?
—No. Yuzuriha no es de esas personas que le darían la espalda a un amigo, sobre todo si se trata de un tonto como Taiju. Además, era completamente obvio que a ella también le gustaba.
—¿Ah? ¿Y desde cuándo eres tan experto en el amor? Es normal tener dudas —intervino Byakuya tras escuchar la conversación.
—No hace falta ser un genio para ver lo obvio, anciano. Pero supongo que un fósil viejo y polvoriento como tú no serías tan astuto en notarlo.
—Je, tus palabras no me convencen. Especialmente cuando vienen de un mocoso malcriado que no podría reconocer el amor ni aunque le mordiera el trasero.
—¡Ya basta! —Lillian los regañó, cruzándose de brazos en señal de desapruebo—. ¡Te digo! Se comportan más como niños que como padre e hijo.
—Él es el que siempre me menosprecia y me llama cosas como viejo o anciano. —Señaló a Senku con un dedo acusador.
—¿No te gusta que te llamen viejo? Entonces, ¿qué tal, llorón?
—¿Ves lo que te digo?
—¡Ay, cállate! Sí eres un llorón. Y además, un verdadero dolor de cabeza.
—Je, je, je. —Senku ya se reía triunfalmente, pero Lillian lo interrumpió.
—Pero aun así... sigue siendo tu padre, Senku. Te crió él solo. Eso es algo que nunca debes pasar por alto... por mucho que te cause pena.
—¿De verdad era necesario decir lo último? —se quejó Byakuya—. Justo cuando creía que por fin me estaban reconociendo, tuviste que volver a desprestigiarme.
—Tienes razón, Lillian. Lo siento, Byakuya.
La repentina disculpa de Senku fue totalmente inesperada para Byakuya. No recordaba que algo así hubiera sucedido antes. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Ves? ¿Qué tan difícil fue eso? Y mira lo feliz que lo hiciste. —La sonrisa de Lillian regresó con toda su fuerza.
—Me retracto. Te perdono, hijo. Ahora, ven aquí y dale un abrazo a tu viejo. —Byakuya corrió hacia Senku para abrazarlo, pero fue demasiado rápido y esquivó el abrazo.
—¡Nop! Sigue soñando, viejo.
Lillian se rió de sus payasadas antes de volver a recordar su conversación anterior.
—En fin, Senku... Dime algo. ¿Por qué te preocupa tanto que tu amigo dude? ¿Quieres decir que si tú estuvieras en su lugar, le declararías tu amor a alguien sin duda? —preguntó intrigada.
—Je, je, je. Ese no fue el punto. Lo que quería decir es que es muy ilógico pasarse todo el tiempo preocupándose por cosas como el rechazo y el fracaso y luego usar eso como excusa para no actuar por lo que uno quiere —aclaró.
—Tomemos a Taiju como ejemplo. Es un cabeza hueca y musculosa que, una vez que se le mete una idea a la cabeza, lo lleva hasta el final, pase lo que pase. Pero... a la hora de confesar, se calló por miedo al rechazo. Si hubiera tenido la sensatez de ser honesto desde el principio, podría haberse ahorrado años de inseguridad.
—Entonces, mira a alguien como Byakuya, quien, a pesar de todos sus defectos, no es una persona que se rinde tan fácilmente.
—¡Oye! ¿Como que todos mis defectos? —interrumpió Byakuya.
—En fin… —continuó— ...cuando llegó el momento de las pruebas de selección de astronautas, no tenía ni la más remota posibilidad. Pero eso no le impidió perseguir la ambición de su vida. Incluso con todas las probabilidades en su contra, perseveró y finalmente salió victorioso.
—Es como dijo un cierto viejo: Para conseguir algo, hay que actuar. No se sabe qué pasará hasta que lo intentes. Ese es uno de los principales fundamentos por los que vivo —afirmó con orgullo, recordando el momento en que Byakuya le dirigió esas palabras por primera vez.
—Que las cosas salgan bien o no al final depende del esfuerzo que pongas.
Lillian simplemente lo miró boquiabierta, sorprendida e impresionada, antes de que otra sonrisa floreciera en su rostro.
—¿Sabes qué? Aunque solo nos conocimos hace unas horas, entiendo por qué tu padre habla maravillas de ti. Estoy segura de que tienes un futuro brillante por delante. Sería una verdadera lástima si no pudieras encontrar a alguien con quien compartirlo.
—Je, ya sé lo que insinúas, pero mis prioridades están claras, y un viaje al espacio es lo más importante para mí. Eso significa que no hay lugar para distracciones. Sobre todo, algo tan problemático como una relación romántica.
—¿Oh? No estés tan seguro, Senku~ —Lillian contestó con voz cantarina.
—Piénsalo, Senku... Puede que verás las cosas de otro color cuando solo hay una persona con quien compartir tus logros —advirtió, dándole una sonrisa ladina antes de dirigir una mirada de reojo a Byakuya.
—No te preocupes, hijo. Estaré contigo al cien por cien, animándote en cada obstáculo. Nunca tendrás que luchar solo por tus sueños —le aseguró Byakuya con entusiasmo, alimentando aún más el argumento de Lillian.
Senku se estremeció al pensar en tener a su padre como su animador eterno.
—Pensándolo mejor… lo tendré en mente.
Tanto Byakuya como Lillian se rieron de su repentino cambio de actitud.
—Quizás aún haya alguna esperanza para él —reflexionó Byakuya a sí mismo.
Afortunadamente para Senku, finalmente habían llegado al hotel de Lillian y el tema de conversación cambió una vez más.
—Entonces, Lillian, ¿ya has pensado dónde te gustaría empezar tu viaje por Japón? —preguntó Byakuya.
—Buena pregunta. Déjame pensarlo —dijo ella, girándose para reflexionar.
Senku aprovechó la oportunidad para apartar a su padre y disuadirlo de lo que estuviera tramando. Sabía perfectamente que, si se le daba la oportunidad, Byakuya indagaría mucho más de lo necesario.
—Oye, viejo... —empezó con tono cortante, cambiando al japonés. —Ni pienses en meterte en sus planes. Deja que disfrute de sus vacaciones como mejor le plazca.
—¿Pero qué dices? ¿Quién crees que la va a acompañar?
Senku se detuvo para procesar la insinuación tras esas palabras. Casi al instante, frunció el ceño con intensidad.
—De ninguna manera, anciano. Que seamos locales no nos convierte en guías turísticos. Lo mejor que podríamos hacer es enseñarle Tokio — susurró irritado.
—¡Ja! ¿Quién necesita un guía turístico cuando hablamos el idioma y tenemos GPS al alcance de la mano? —presumió, desestimando por completo el argumento de Senku.
—Además, seríamos malos anfitriones si la dejamos vagar sin supervisión por un país extranjero.
—¡Es multimillonaria! Puede contratar a un equipo entero de guías turísticos e intérpretes. Además, ¿qué te hace pensar que quiero recorrer Japón como tu tercera rueda? La sola idea de involucrarme en el romance de un viejo decrépito como tú es asqueroso —replicó con una mueca.
—Eso no es... quiero decir, no estoy... —balbuceó—. Nadie te pide que hagas algo así.
—Anda, Senku. Ya me ofrecí a enseñarle los alrededores y ella también parecía emocionada. ¿De verdad quieres decepcionarla?
Byakuya la vio brevemente antes de volver su vista hacia su hijo.
—Es culpa tuya. Debiste haber sabido mi respuesta desde el principio.
—No seas así, hijo. Se acercan las vacaciones escolares, y tú mismo dijiste esta noche que estás entre proyectos.
Senku no podía negar la verdad de lo que decía, pero aunque la idea de dejar a Lillian sola en un país extranjero parecía cruel, incluso para él, no fue suficiente para convencerlo de seguir el plan descabellado de su padre. Prefería dedicar sus vacaciones escolares para avanzar en sus investigaciones.
—Buen intento, anciano, pero aún así no voy.
En ese momento, Senku estaba seguro de que su padre se rendiría y dejaría el asunto, hasta que su expresión se volvió arrogante, haciéndolo estremecer.
—Está bien. No quería recurrir a esto, pero no me dejaste otra opción.
—¿Recuerdas lo que te prometí durante la transmisión en vivo del lanzamiento? —preguntó con una expresión increíblemente engreída—. No finjas que no lo estabas viendo.
—Bueno... —dijo, sacando una memoria USB de su bolsillo y lo mostró ante la cara de Senku.
—Aquí, en mi mano, tengo todos los datos sin procesar de mis seis meses en la Estación Espacial Internacional... Y creo que ya sabes lo que voy a decir a continuación.
Senku supo en ese mismo instante que había sido derrotado. Solo pudo fruncir el ceño con resignación.
—Okey, tú ganas. —Cedió finalmente, arrepintiéndose al instante.
—¡Eso, Senku! Y nunca sabes, quizás al final tendrás un poco de diversión.
—¡Ya me decidí! —declaró Lillian de repente, tras mucha reflexión, atrayendo su atención.
—Sé exactamente a dónde me gustaría ir primero —dijo con seguridad, con ambas manos en las caderas y una enorme sonrisa en su rostro.
Por alguna extraña razón, su mirada de pura convicción le dio a Senku un mal presentimiento. Algo en ella le hizo sentir que no le iba a gustar lo que dijera a continuación, por ilógico que fuera. Quizás fue instinto, considerando su repentino deseo de huir.
—¿Conocen a la Isla de gatos? —preguntó emocionada.
Sí, ciertamente él tenía la peor suerte de cualquier otro.
Continuará...
A/N: Hola, aquí está el primer capítulo de mi primera publicación.
Por favor, discúlpenme por cualquier error gramatical que he cometido. El español no es mi idioma principal. Aun así, espero que les haya gustado este capítulo inicial.
Deja un comentario si le interesa la continuación. ¡Hasta la próxima!
