Suiza
Ya hemos encontrado el atuendo perfecto para Suiza y no le quedó más que estar de acuerdo con él, no pudo argumentar en contra...
Así que puede que les parezca un poco extraño pero... Suiza, con un perfecto traje sastre negro con falda hasta la rodilla, blusa blanca y saco... medias y zapatos con incluso un poco de tacón, entra con su portafolio en la mano. El pelo es un poco más largo, y está acomodado en una colita perfectamente práctica y funcional... pero incluso tiene los ojos muy suavemente delineados.
(Le hemos dicho que si es chica y quiere vender y esas cosas tiene que vestirse de chica que trabaja en un banco y fue como... nuuuu.)
Entra a su casa y casi se muere cuando le he dicho que seguramente ahí está "su marido" esperándola. Efectivamente, está esperándola su marido en casa al piano, en realidad. Suiza se SONROJA como pocas cosas cerrando la puerta y quitándose el abrigo.
La música no se detiene.
Se sonroja más, claro está... porque SU MARIDO... Así que se hace tonta por ahí un poco ordenando la correspondencia que ya estaba perfectamente ordenada... y guardando las llaves del coche en su lugar... que es exactamente donde las había puesto en principio.
Su marido sabe perfectamente que ha entrado, la ha oído, pero no va a dejar una pieza a medias sólo por eso. Cuando ya no se le ocurre qué otra cosa hacer para perder el tiempo, y además nota con horror que la pieza se acerca al final, entra un poco en pánico y decide caminar de puntillas hacia la sala.
Él la oye hacerlo, desde luego, pero no se aprecian cambios en su actividad. Suiza entra a la sala y se sonroja más aún pero... sabe apreciar que Austria esté al piano y no haya que interrumpirle... Pero es siempre incómodo este momento del saludo, y no está segura de que ya la haya escuchado llegar... y la pieza maldita no se acaba. Se acerca a él suavemente tratando de no hacer ruido con los zapatos.
El austriaco la mira de reojo, sonriendo un poco de lado. El maldito además se ve súper guapo al piano, como siempre, con esa cadencia extraña que toma cuando toca. Levanta la mano para tocarle el hombro cuando siente que le mira, da un saltito y quita la mano.
Austria se vuelve a las teclas sin más, pero no deja de sonreír. Y es que ella se sonroja más y se impacienta un poco porque... pooorqueeee... no termina, demonios.
—Hallo —le saluda unos segundos más tarde.
—Chist! —le riñe.
Suiza aprieta los labios y los ojos y se sonroja un montón más, regañada, quedándose ahí sin moverse, esperando del todo impaciente a que termine...
Creo que... puede que Austria aun alargue la pieza expresamente. Después de unos segundos ella hace los ojos en blanco. Impacieeeente, impaciente.
Se puede leer en la sonrisa del austriaco que lo hace expresamente para exasperarla. La suiza empieza a hacer tap tap tap tap en el suelo con el pie y el moreno la fulmina un poco, aunque aún sonríe.
—¡Esa pieza es extrañamente infinita! —protesta la chica.
—Shhh!
—Verdammt... —masculla entre dientes pensando que vale, va a prender la chimenea porque además aquí dentro hace un montón de frío para sus estándares.
Él se ríe, acabando en cuanto se marcha. Así que ella se detiene porque... se detiene en cuanto deja de tocar, girándose a mirarle por encima del hombro. Austria le sonríe y la rubia desfrunce un poco el ceño.
—Ya llegué —brillantísimo comentario.
—No me digas...
—¡Cállate! —protesta un poco volviendo a fruncir el ceño y girándose a mirarle, sonrojándose más porque aún le sigue pareciendo que se ve muy guapo y varonil ahí sentado en su sala. Un HOMBRE, que además es su marido, sentado en su casa en su piano esperándola después de volver del trabajo.
Austria vuelve a reírse y se gira en el taburete del piano hacia ella.
—Ha-Hallo... —y claro... por qué no tartamudear sólo por tonta, porque la pone nerviosa...
—Guten tag —se levanta.
Y como siempre la hace sentir tremendamente bajita, a pesar de sus tacones que mágicamente ahora mismo son un poco más altos de lo que habíamos dicho inicialmente.
—¿Qué… qué... ehm... qué tal tu... ehm... día?
—Bien, bien... ¿y a ti?
—Bien. Conseguimos a Behlmans —asiente tranquilizándose un poco con este neutral tema. Hace el gesto de ponerse un pelillo detrás de la oreja aunque está perfectamente peinada —. Se ha traído absolutamente todo el dinero, aunque es un poco menos de lo que esperaba.
Tema completamente neutral, blablabla, puede hablarte media hora de esto, y de las tasas de interés impuestas y todas esas cosas... da incluso un par de pasos hacia él.
—Siempre crees que van a traer más dinero del que traen —levanta una mano hacia ella y su cabeza.
—Siempre dicen que tienen más dinero —se queda inmóvil mirando la mano como si fuera a matarle con ella. Austria levanta las cejas con esa cara y la aparta lo más naturalmente que puede. Carraspea.
—¿Entonces es algo digno de celebrarse?
—J-Ja. Ja —asiente y se sonroja más porque sí quería cariñito.
—¿Y cómo es que quieres celebrarlo? —sonríe de lado, cruzándose de brazos.
—Oh... celebrarlo —se humedece los labios —. No había pensado en celebrar, aunque sí representará más dinero... claro que si celebramos será menos dinero —Hablas de contratos MILLONARIOS y te preocupa gastar unos cuantos francos en celebrar. No seas coda Schweiz.
—A lo mejor puedes plantear algo barato.
—¿Qué querrías hacer tu? —ya que eres el hombre de la casa, el machoman de la casa, puedes tomar las riendas de la situación...
—Ir a apostar a un casino —responde como la cosa menos barata que se le ocurre. Suiza abre la boca cómicamente.
—¡Nosotros no hacemos apuestas! ¡Es la forma más idiota de perder dinero!
El moreno se ríe, haciéndola sonrojar porque ahora piensa que, en efecto, le está tomando el pelo (cosa que hace), y no se ha dado cuenta.
—Pensaba algo un poco más en la línea de recibir retribución de algún tipo a cambio de gastar unos francos. No sé, al menos un chocolate caliente
—¿Salir a tomar chocolate o hacerlo aquí?
—¿Quieres salir? Afuera hace frío. Claro que hacerlo aquí suena realmente poco celebratorio.
—Tal vez puede ser un chocolate y... algo más —ese tono.
Otra vez le mira con la boca completamente abierta. Hasta parpadea un par de veces. Se puede VER como el sonrojo le sube poco a poco como si la fueran llenando por la boca con tinta rooooja.
—O-O-O...
—Was? —la mira por encima de las gafas.
—¿A-A que... o-otra cosa... te refieres? —es que no puede creer que aún la ponga tan nerviosa, ¡casi como si le acabara de conocer! Todo era culpa del beso ese que se supone que debía darle de saludo, y de lo mucho que aún le sorprendía que fuera su marido... quizás.
—Tal vez... algo con alcohol —sonríe haciendo un gesto pomposo de desinterés con las manos, yendo a sentarse.
—¿Alcohol? —descolocada —. Quieres... ¿quieres que te sirva algo? ¿Como esposa abnegada que soy quieres que sirva a mi marido algo de beber? —protesta un poquito frunciendo el ceño e igual yendo a buscar un par de vasitos, sonrojada —. ¿Liechtenstein está?
—Exacto. Y deberías traerme las zapatillas de estar en la casa también —cruza una pierna sobre la otra y estira un pie hacia ella. Ella parpadea incrédula y le fulmina.
—Perdona, ¿quien acaba de llegar de la calle después de trabajar todo el día?
—Has estado paseando después del trabajo mientras yo seguía aquí al piano.
—¿Paseando? —levanta las cejas.
—De vuelta a casa. De todos modos ni siquiera me has saludado adecuadamente... abnegada esposa —esas palabra suenan más a "niña de las cabras" que a nada.
Ella se sonroja, si es posible aun más... no sé si realmente sea posible, porque lleva todo el "paseo" de vuelta pensando en lo que siempre piensa cuando vuelve a casa y Austria está ahí que es en el beso de saludo que la pone nerviosa.
—¡E-Eso no fue un paseo! ¡Sólo volví a casa! Y no me llames abnegada e-e-essso.
—Tú fuiste quien se definió así a sí misma.
—¡Pero yo puedo referirme a mí misma así en burla, tú NO puedes referirte así, porque no soy tu abnegada nada!
—Devota —sonríe y entrecierra los ojos.
—Nein, ningún devota. Ni que fueras un santo —se sonroja y trata de sentarse junto a él, pero como siempre está el maldito sentado en esa silla INDIVIDUAL, maldita sea. Se sienta en el borde del sillón largo con las piernas muy juntas, tratando de bajarse bien la falda.
—¿Sacrificada entonces? No se necesita la santidad para que alguien sienta devoción y adoración por ti.
—¡Yo no siento devoción ni adoración por ti! —chilla bastante agudo —. Y tampoco es que sea un sacrificio.
—¿Sentirlo? Pues cualquiera que te oiga podría pensar que lo es.
—¡Mejor que piensen que es un sacrificio a que piensen que soy tu abnegada y devota esposa que te adora!
—Piensan que lo eres y por eso te sacrificas.
—Was?! ¡No es por eso! —protesta levantándose.
—Ah, nein? ¿Y por qué es?
—Porque... sí... porque... porque... porque... —parlotea —. Voy por tus zapatillas... —Resume sin saber qué decir de por qué es un sacrificio, haciendo al austriaco reír —. Cállate... y sirve tú las bebidas y... ¡cállate!
Austria se ríe más y no creo que se mueva... o puede que para cuando vuelva esté comiendo fresas. O tal vez esté besando un bombón que ha elegido de la cajita que tienen en la mesita de los sofás. Sí, creo que sí, que no quiere levantarse.
Para cuando vuelva como esposa abnegada con las zapatillas de Austria... y habiéndose quitado ya las medias y el saco pero no la falda ni la blusa. No, las medias no, porque es muy friolenta.
—Levanta —pide asumiendo que ya sirvió las bebidas y se quitó los zapatos. Aún sonrojadita pero al menos un poco más tranquila.
Él levanta el pie, sujetando el bombón con los dedos. ¿Con zapato? Cielos... van a matarte Austria. Suiza parpadea porque además la posición completa de "atiéndeme"...
—¿Qué quieres que te quite el zapato para ponerte esto? —tono de "are you f* kidding me?*
—Suele ser ese el proceso. Y no los dejes por aquí en medio desordenados.
La FULMINACIÓN porque no hay una sola cosa en su casa que esté por ahí en medio desordenada, fuera de cuando el austriaco lanza su ropa interior y esta se enreda en la lámpara del techo. Le desata las agujetas con bastante poco cuidado y tira del zapato.
Austria mueve el pie dejando que se lo quite, mirándola fijamente y relamiéndose el chocolate.
—Y las bebi… —se queda a media frase mirándole los labios porque... maldita maldición con el maldito era malditamente sexy comiendo chocolate.
—Was? —levanta una ceja. Suiza tiene que sacudir la cabeza con fuerza.
—Las... los... e-el... lo que ibas...
—¿Mmm? —se lame un poco los dedos.
—Choco... late —carraspea.
—¿Quieres?
—J-Ja, pero ibas a traer las bebidas.
El austriaco se señala los labios sin responder.
—Neeeein! —le suelta el pie ya con la zapatilla apretando los ojos, sonrojándose más. El de anteojos se ríe —. Cállate —protesta con ganas de lanzarle la zapatilla en la cara.
Austria se ríe más.
—¡No sé si quieres un beso o quieres burlarte de mi! Eres... ugh! ¡Además no has hecho lo que te pedí!
—A mí no sale hacer chocolate como a ti.
—¡No pedí chocolate!
—¿Y qué pediste?
—Que trajeras las bebidas y... ¡esas cosas! —mueve la mano sonrojadita, apretando los ojos porque lo que no pidió es un beso y bien que lo quiere AÚN, debía habérselo dado mientras sabía a chocolate.
—Las bebidas eran el chocolate.
—Tú dijiste de bebidas con alcohol, te iba a servir yo —suelta la otra zapatilla al suelo y huye ahora hacia las bebidas de nuevo... vas a acabarlas por servir tú, querida esposa abnegada, devota y adoradora.
Sirve dos copitas de Kirsch y trata de tranquilizarse tomando aire profundamente.
—Si no como algo voy a marearme con esto —le advierte.
—¿Y cuál es el problema?
—¿Pretendes emborracharme?
—Estamos celebrando... —se encoge de hombros.
—Pero cuando me mareo soy tonta.
—¿Lo eres?
—¿No crees? Se pone uno torpe —se gira con el vasito para el austriaco. ¿Qué más quieres hacerle? ¿Un masaje en los hombros...? Sólo te falta el beso, que aún están peleando en la lucha de voluntades a ver quién se lo da quien y tú vas a perder.
—En general... también te desinhibes —toma el vasito, sonriendo y haciendo un gesto de agradecimiento con la cabeza.
—¡Lo dices como si fuera yo una inhibida!
—Teniendo en cuenta me has saludado como si fuera uno de tus compañeros de trabajo...
Ella traga saliva y le da un traguito a su vasito.
—Tú me has saludado con un "Chist".
—Estaba tocando —justificación absoluta.
—Una pieza interminable —da un pasito hacia él. Le mira desde las alturas abrazándose un poco a sí misma porque sí, aún tiene frío.
—No todas las piezas son cortas —le mira sin moverse desde abajo, levantando la vista.
—Esta ha sido especialmente larga a propósito, como si no quisieras saludarme.
—¿Tan ansiosa estabas?
—¡No estaba ansiosa! —chilla porque sí lo estaba.
—Suenas como si aún lo estuvieras.
—¡Que no lo estoy! ¡Deja de acusarme de estar ansiosa de un beso!
—Eso díselo a tu corazón.
Suiza se lleva incluso la mano al corazón cual si él le estuviera hablando al corazón y no quisiera que lo oyera.
—¡No hay nada que le diga a mi corazón, ni mi corazón ni yo podríamos estar más ansiosos!
—Sinceramente, eso espero, temería que te explotara.
Frunce el ceño y le mira sin estar segura de qué tan en serio es. Arruga la nariz y opta por darle otro trago a su bebida.
—Tú nunca estás ansioso.
Él bebe un poco sin contestar a eso. La rubia toma aire profundamente y, seguro gracias a los dos tragos de Kitsch y sus inhibiciones reducidas al menos en un pequeño porcentaje, decide que...
—Muévete un poco para allá.
Lo hace un poco y ella intenta sentarse en el pequeño borde que deja libre, recta y tensa.
—Esta es una butaca individual, Schweiz... —comenta un poco nervioso.
La chica se sonroja con eso porque era un intento de ganar cierta cercanía y acercarse un poquito al beso... Se levanta de golpe casi como si le hubiera quemado la butaca.
—Es... Yo... Yo-Yo...
Lo que pasa es que a él también le pone nervioso. Ella hace todo un bailecito de me paro histérica/me vuelvo a sentar histérica. Termina moviéndose mal y sentándose otra vez ahora en las piernas del austriaco
Austria levanta las cejas y termina por dejarla. La suiza se queda inmóvil sin saber cómo es que se metió en este lío, esperando el comentario mordaz. Quizás si no se mueve... Pase desapercibida. Excepto por las manos en sus muslos.
¿C-C-Cuales manos en sus muslos? Las que acaba de ponerle Austria.
Aaaah... *tiembla*, e-esas. Pero... Es su ma-marido, está ha-ha-habituada.
—No c-crees que...
—¿Mmm? —mueve las manos hacia sus rodillas.
Ella trata de relajarse al tacto. Suele tocarla. ¡No seas ridícula Schweiz! Da otro traguito y mira las manos de reojo.
—Ehm q-qué... ¿E-estamos mejor a-así?
El austriaco la toma de las corvas de las rodillas y la hace girar un poco hacia sí para que no le dé la espalda. Suiza se deja hacer sonrojadita, mirándole ahora a él.
—Tal vez mejor ahora.
—No es que quisiera sentarme en tus piernas, sólo es por practicidad.
—Por practicidad sería mejor que te hubieras sentado en el sofá donde hay espacio.
—No es verdad. Me senté aquí porque es más práctico. Punto.
—¿Qué tiene de práctico? —levanta la mano y le toma la colita, deshaciéndosela y soltándole el pelo porque quería hacer eso desde que llegó.
—Ehh... —le deja, porque él suele hacerlo —. Si estuviera allá no podrías hacer eso.
—Podría, al cabo de un rato.
Ella abre la boca para protestar porque ahora parece completamente impaciente. Se sonroja y la cierra sin saber qué decir. Austria sonríe mirándole a los ojos. Y ella es muy toooonta porque se derrite ante su encanto y esos ojos violetaaaa que son como de cuento.
—Yo no quería esperarte como siempre tengo que hacer.
—No pareces tener mucha prisa para otras cosas —vueeeeelve a pedirle el beso por tercera vez.
La chica le mira de reojo y es que saaaabe que habla del beso. Hasta se humedece los labios. Y de verdad no es que no tenga prisa, si desde que salió del banco sólo ha pensado en que tiene que volver a casa y saludarte con un beso. Sólo que el plan pasaba porque estuvieras sentado en el piano, sí, pero terminaras la pieza y ella pudiera ponerte las manos en los hombros y darte un beso tranquila y serenamente. Como NUNCA ocurría.
Se acerca un poquito y él la mira sin pretender ayudar.
—¿Sabes? El marido debería ser quien hace estas cosas... —susurra acercándose un poco más.
—¿Y eso por qué?
—Yo te traje las pantuflas... —le mira a los ojos sonrojadita y sinceramente menos desinhibida de lo que estaría sin alcohol.
—Ja, pero dijiste que no era un sacrificio...
—Es un gesto de amabilidad de mi parte —sigue discutiendo ahora a diez centímetros de su cara.
—Ah, ya... por la abnegación.
—¡No! ¡No soy abnegada! —protesta otra vez sospechando que sí que lo es, ¡le ha traído las pantuflas!
Austria se ríe y le hace una caricia en la cara, porque por lo visto cuando es mujer, la toca más. Ella le sigue la caricia, cerrando los ojos.
—¿Y tú qué haces que implique ser un buen marido? —pregunta.
—Mmmm... Algo debo hacer o no te hubieras casado conmigo.
—¡Esa no es la pregunta! —se sonroja aún más.
—Ah, nein?
—Sí que haces sólo... ¡Hazlo!
—¿Que haga qué?
—Lo que haces bien —eso ya lo está haciendo querida, darte la lata es lo que hace PERFECTAMENTE bien.
—¿Y qué es?
—Cosas. Tú sabes cuales —se le acerca un poco más y le da un beso más o menos rápido en los labios.
—Nein.
—¿No sabes qué cosas haces bien? —pregunta incrédula.
—Me gusta oírlo.
—Haces algunas cosas bien... Pocas —se revuelve.
—Cuáles...
—Eres... Amable. Y suave. Y ordenado. Y cuando eres cariñoso...
Austria sonríe y se sonroja un poquito.
—Bueno, no... Me disgustas del todo siempre —se mira las manos. Cualquiera diría que te obligaron a casarte con él.
Él le hace una caricia con los dedos bajo las corvas de las rodillas y ella da un saltito.
—Aún me pones nerviosa como si tuviera quince malditos años —suelta sincera. Él se ríe —. ¡Y tú ahí tan tranquilo!
—Ese es parte de mi encanto.
—¡Un poco desesperante! Porque además... ¡No haces nada más que eso!
—¿Desesperarte?
—Porque no haces... No me... ¡No haces lo que tienes que hacer!
—A mí me parece que desesperarte es exactamente lo que debo hacer.
—¡Cuando has visto que esa sea la labor de una pareja, Österreich! ¡Se supone que las parejas tranquilizan, no histerizan!
—No es labor, es placer.
—Pla... ¿Placer?
—¿No te parece?
—Tuyo... Será —se revuelve y por alguna razón se siente como una pareja de 1920 hablando de "placer" como si fuera algo oculto y vergonzoso... Y es que a ella sí que le da vergüenza.
—Exacto.
—Ugh —protesta haciendo un mohín —. ¡No hables de esas cosas!
—¿Por qué no?
—Porque me da vergüenza.
—¿A estas alturas? —levanta las cejas.
Suiza se revuelve porque por inexplicable que parezca sí, aún a estas alturas y después de haber tenido un... Ejem... Montón de intimidad con él... Aún le da vergüencita ponerlo en palabras.
Él aprovecha eso para volver a pasarle los dedos por la parte de atrás de los muslos sintiendo las medias, causándole un escalofrío.
—E-El problema es ponerlo en palabras.
—¿Qué problema hay con eso? —no para con la mano.
—Que incluso tú eres lo bastante respetable y decente como para no hablar de lo que te causa p-placer o sexo —es que le encanta que la acaricies.
—Oh, ¿así que hablamos de sexo también? —finge sorprenderse. La chica abre la boca, atrapada.
—Nein! NO hablamos de eso.
—Tú eres quien lo ha nombrado, será que estabas pensando en ello —la mano baja de modo bastante más atrevido.
Otro salto porque no esperaba ese movimiento a pesar de ser completamente obvio que lo haría.
—Nein! Yo no pienso en ello, las mujeres no pensamos en esas cochinadas.
Austria le mira por encima de las gafas con cara de "¿Te burlas de mí?"
—¡Es verdad! ¡Eso lo piensan los hombres guarros como tú!
—Guarros... yo hablaba del placer sano e inocente que se obtiene de convivir de forma distendida con el ser amado, no de algo sexual —se defiende.
Parpadeo, parpadeo. Sonrojo.
—O-Oh... Convivir... P-Pues...
—Sin embargo, tú... está claro qué estabas imaginando...
—Neeeein —mano a la boca, haciendo reír al austriaco —. Tú eres un guarro.
Él le da un beso en las manos que tiene sobre su boca y la chica tiembla, tentada a quitarlas.
—¡Agh! Deja de hacer... ¡Eso así!
Iba a hacerle una lamidita, pero se ríe otra vez sin ser capaz.
—Tu risa... —medio protesta.
Austria mueve la cabeza y hace ademán para que le suelte. Ella lo hace, acariciándole un poco el mentón y sintiendo la barba muy levemente crecida desde que se rasuró en la mañana. Agradece no poder sonrojarse ya más.
Él la mira a los ojos con intensidad, acercándosele un poco. Ella le sostiene la mirada con la misma intensidad y le acaricia un poco más la barbilla con tremenda suavidad y delicadeza sintiéndole de nuevo grande y varonil al lado de ella y sus manitas.
Y está claro a qué se está acercando él. Suiza inclina un poco la cabeza y entreabre los labios acercándose ella un poco también, deseando secretamente que le acaricie un poco más las piernas sobre las medias. Pero no lo hace, aunque si le aprieta un poco una corva con sus dedos fuertes mientras la besa, concentrado en ello.
Con un escalofrío le besa de vuelta cerrando los ojos y soltando un gemidito, muy consciente de esa fuerza que tiene en las manos y en los dedos.
Y en los brazos, porque cosa que nunca haría cuando eres hombre, (aunque seguramente podría) la levanta como princesa con delicadeza para llevarla al sofá largo y tumbarse con ella. Tiene algo bastante... Seductor... Y encantador el que haga eso.
—Ten... c-cuidado —le susurra previniendo que no se vaya a hacer daño tratando de distribuir bien su peso.
—No te muevas —responde para no perder el equilibrio, de todos modos no es un camino muy largo.
No lo hace pero... Sí que le permite (para mi asombro), abrazándosele al cuello y olisqueándole un poco en el camino. Austria se tumba con ella/sobre ella moviendo las manos hacia su cintura y ahí están los nervios de siempre, queriendo pero no queriendo que quite las manos de ahí.
Y es que hacía arriba... Y hacia abajo... La desfaja un poco de la camisa y le abre la falda, volviendo a besarla.
Tiene un escalofrío sólo con el breve roce con la piel de su abdomen, metiéndolo. Le desanuda el pañuelo con movimientos muy precisos. Él se deja, y se mueve hacia su oído, enterrándole un poco la nariz en el cuello y dándole un beso debajo de la oreja.
—Al final estás llevando esto a donde tú querías... ¿quién es ahora la guarra? —susurra sonriendo.
—N-No me... Digas g-guarra —hasta suelta un gemidito.
—¿Y cómo quieres que te diga? —se quita las gafas, dejándolas en la mesita de la lámpara.
Ella le pone una mano en el pecho y le mira hacer porque al ponerlas en la mesita de la lámpara se le acerca más. Le da un beso rápido en el cuello durante el movimiento.
—Lo que sea menos guarra.
—¿Cochina? —sonríe.
—Nein, ¡cochina tampoco! —protesta y el moreno se ríe —. Tu risa... —le mira y sonríe ella un poquito y le acaricia un poco más el pecho con suavidad.
—Was? —sonríe.
—Me gusta —confiesa girando la cara avergonzadita.
El austriaco sonríe y le pasa la mano por la cara, acariciándole el pelo. La rubia se deja, estirando el cuello para que llegue bien y a dónde le gusta porque no sé si es porque es chica o por el alcohol pero es un poco más cínica, aunque diga lo contrario.
—¿Qué te gusta a ti además de que proteste?
—La música.
—Yo no hago música —frunce el ceño y le mira otra vez.
—No he dicho que la hagas tú.
—Yo preguntaba qué te gustaba de mí... —aprieta los ojos porque ahora suena idiota la pregunta.
Austria se ríe porque lo sabe y la estaba molestando.
—Como me caes mal, tu risa es tonta —protesta ahora infantilmente, intentando girarse y fallando miserablemente porque aunque no es fuerte, Austria es físicamente más grande que ella.
Él se vuelve a reír y se vuelve a acercar a besarla. Y Suiza gira un poquito la cara para que el beso le caiga en la mejilla y no en los labios. Sinceramente creo que más por torpeza que por evitar el beso.
Oh... mala, mala, mala idea.
Austria levanta las cejas y se echa para atrás. Ella se gira a mirarle, sorprendida también porque eso no ha ido como lo esperado. Oh, sí... vas a pagar por esto querida. Estás castigada.
—Nein... —susurra casi sabiéndolo.
Austria se sienta y se pasa una mano por el pelo y la mira de reojo cuando ella le sigue, medio abrazándole y acercándose para darle ella un beso.
—No te quites, yo... Yo sólo... Yo... —lo peor es que saaaabe que hizo algo mal. Austria entrena bien...
—Was?
Suiza le da un beso en la mejilla y le abraza. El moreno se acomoda un poco, acurrucándose en su abrazo.
—¿Me das un beso? —pide haciéndole un cariño en el pelo —. Bitte.
—Creo que nein —tajante. La chica aprieta los ojos.
—V-Vale... —traga saliva porque estas cosas siempre se les complican mucho. Le acaricia ella un poco más el pelo sin saber qué hacer. Él la mira otra vez e inclina un poco la cabeza —. S-Si quieres sí puedes llamarme g-guarra... —ofrece volviendo a sonrojarse un poco.
—No, no quiero.
Suiza traga saliva porque ya no está contento ni se ríe como hace unos minutos.
—Oh... —vacila —. Lo eché a perder, ¿verdad?
—Un poco —suspira y toma su vaso de la mesita, dándole otro trago.
La rubia le toca la espalda cuando se echa al frente para tomar su vasito, indecisa en si retirarse del todo o tratar de volver al camino en que estaban. Al menos si es sólo un poco parece ser arreglable.
—Toma un poco más —le detiene un poco de la muñeca con el vasito y él la mira de reojo —. Anda, dale otro trago.
—Me estás induciendo a la bebida —levanta una ceja y sonríe un poco.
—Ja, para que te desinhibas —le acaricia un poco el brazo —. No supondrás que voy a rendirme así.
—Y necesitas que esté desinhibido...
—Para festejar como quiero, sí... —no puede mirarle cuando dice eso.
—¿Y cómo es que quieres? —igual se lo bebe.
—Pensé que eso ya lo tenías claro —murmura.
—Te equivocas.
—No me equivoco, si me lo has dicho hace un rato —le quita el vasito.
—¿Qué te he dicho?
—Que esto iba por donde yo quería... —baja el tono de voz y le empuja del pecho.
—¿Por dónde querías que fuera?
—Pues por... Hacer como... ¿Bebés?
Austria se ríe, bastante. Míralo por el lado positivo, ya conseguiste otra vez que se riera.
—¡No te burles!
—Cómo no, si lo dices así.
—¿Qué tiene de malo?
—Una hermanita para Liechtenstein...
—No es tan... Ugh.
—Así lo has dicho.
—Pues... —se sonroja —. ¡Vale, sí, quizás una hermanita! —asegura sabiendo que toma pastillas así que es virtualmente imposible.
—Volver a los gritos, los pañales, los biberones, pasar noches sin dormir...
—No va a pasar, ya lo sabes —arruga la nariz y hace un gesto con la mano porque se están desviando del tema.
—Pero tampoco somos tan... Conservadores.
—Como para sólo hacer eso para fines de reproducción. Venga, acuéstate —ordena/pide. Él se ríe otra vez —. ¡No te ríaaaas! —protesta —. Creo que sí estoy mareada.
—Vamos a ver —se echa para atrás y hace un gesto con el dedo para que se acerque.
Suiza vacila un instante pero lo hace. El austriaco la toma de la nuca hundiéndole la mano en el pelo. La chica le mira a los ojos y se acerca yendo directamente a besarle, justo lo que Austria quería, así que la atrae.
Y AL FIN otro beso decente. Creo que le da un beso completamente GUARRO.
En realidad se parecen mucho a como son siempre. Suiza sigue preocupado por sus regiones vitales de niña y el efecto de Austria con ellas. Sí, es que a Austria no le cambia demasiado lo uno de lo otro.
Y Suiza es un poco... Creo que es levemente más dulce y menos agresivo. Pues tal vez podamos ver qué pasa cuando Austria le baja la falda durante el beso. Austria es más... le toca más.
La rubia aprieta las piernas sin siquiera darse cuenta de ello... Y es que las medias son un problema también porque se le pegan tooooodas. Austria se separa un poco y la mira.
Ella le mira también con el corazón acelerado.
—No me toques ahí... —susurra, y creo que siempre le pide lo mismo porque le da mucha vergüenza.
—Parece que me lo pidas sólo para que lo haga más —mueve las manos para bajarle las medias leeeentamente, pasándoselas por las piernas porque le gusta mucho quitárselas.
—N-Neeeein... —tiembla un poco y le deja porque la verdad es que le parece muy sexy que se las quite.
—Así justo suena... —se acerca a besarle el ombligo mientras las quita.
—¡Aaaaah! —el nivel de escalofrío —. ¡No hagas eso!
El de anteojos sonríe traviesamente y ella se aplasta contra el sillón, mirándole. Austria levanta las manos y le abre del todo los botones de la camisa.
—Nein, Nein, Nein.
—Nein was?
—No me... No... —es que no sabe ni qué pedirle, que no pare.
—¿No qué? —se la abre del todo, mirándole el sostén.
—… Mires.
—Ni siquiera veo —le pasa el dedo resiguiéndole la piel al borde del sujetador. Ella tiembla un poco porque esa zonaaaaa.
—Pero estás to-tocando correctamente...
—Ja?
—Me da vergüenzaaaa —lloriquea cubriéndose con las manos. Y eso que aún traes sostén.
—¿A estas alturas?
—¡Claro que a estas alturas!
—¿Por qué te da tanta?
—Porque son pequeños —susurra con la boca pequeña —. Ya lo sabes.
—¿Y?
—No soy especialmente bonita ni femenina... Y tú me ves así como si lo fuera y... —le gustaaaaa. Austria levanta una ceja —. Ugh... No importa, sólo sigue y ya.
—Sí que importa.
—No, eso no es importante.
—Eso dices tú.
—¿Por qué dices tú que sí lo es? Lo sabemos los dos, tú eres el buen parecido y yo la trabajadora.
—¿Dices que soy un hombre objeto? —se ríe y ella parpadea.
—Sí, seguro. Sólo me casé contigo por guapo.
—Eso parece así puesto.
—Sólo digo los hechos. Tú eres el guapo, yo soy una chica como tantas, nada espectacular... Ya lo sé yo y lo sabes tú —la pesimista. El austriaco pone los ojos en blanco —. Sólo no deja de darme... Vergüencita que me veas.
—Bueno, siempre podemos arreglar eso —la mano va a intentar quitarle el sujetador.
—¡¿A-Arreglar qué?! —no le detiene pero aún se cubre el pecho con las manos. Él se los baja por los hombros junto con la camisa esperando que le deje.
—Tu perspectiva.
Sí que le deja aunque aún se cubre la zona mirándole fijamente. Quizás si era muy tonto el tener vergüenza con su marido... Pero la tenía de manera inevitable.
—¿Vas a cambiar mi perspectiva... desnudándome?
—Ja, ese es el plan —la mira a los ojos—. Casi termino —hace notar. Ella traga saliva.
—Si me besas... Y se me olvida todo... No pasa nada. Así es como hacemos siempre —susurra.
—No quiero que se te olvide todo, quiero que seas consciente de lo que haces.
Suiza aprieta los ojos unos segundos, pero le deja hacer.
—¿A ti no te da vergüenza?
—¿Esto? Nein.
—Todo el asunto de... Hacer bebés. O la desnudez... Claro que no estás nada desnudo.
—Exacto.
—Desnúdate tú también —propone sin quererse quitar las manos de encima para hacerlo ella.
—Mmm... nein, prefiero quedarnos así.
La rubia se humedece los labios y le mira porque... Eso es trampa y la pone aún más nerviosa.
—¿E-Entonces?
—Entonces nada, me deleito con la vista.
—La... ¿La vista? ¿Eso ibas a hacer? ¿Mirarme?
—Exacto.
—¿Y qué...?
—Qué... ¿de qué? Es una bonita vista, los Alpes... —no se refiere a las montañas. Ella baja la vista y se sonroja al notar de qué habla.
—Los Alpes suizos están mejor dotados —refunfuña un poquito, haciendo reír al pianista.
—En realidad tienes razón.
—Puede que... Hagan honor a otra parte.
—Como tus piernas —que es su parte favorita de ti.
—Dobladas.
—Por ejemplo. Lo que hace que definitivamente prefiera el descenso a la escalada.
—se sonroja un poco y carraspea con la doble interpretación de eso.
Suiza abre un poco los labios, incrédula del doble sentido y se sonroja un poquito más, revolviéndose un poquitín.
—A mí me gusta más el ascenso —el desafortunado comentario.
—Tiene sentido en cuanto hablamos de... picos más altos o lagos más profundos —la mira de reojo.
—Pro-Profundos... —repite pensando exactamente en qué tipo de profundidad tiene ella... En... Sus tierras —. Cielos...
—Was?
—Las cosas que diceeeeees —protesta porque los Lagos ahora ya no están secos con esos picos elevados en los que está pensando.
—Te pone nerviosa la geografía física.
—Cuando hablas tú de ella y yo estoy casi desnuda. Ja.
—¿De qué sí puedo hablar, entonces? —se le acerca más.
—Es que estás... Pensando... ¡En cosas guarras! Puedes hablar de... E-Economía...
—Economía... como por ejemplo... ¿lo que sientes cuando tus... acciones suben?
Ella se sonroja más y aprieta los ojos.
—¿Cuánto tienen que subir y cómo de rápido para que llegues a tu máxima... satisfacción?
—Neeeein! ¡Calla! —protesta y le besa para callarle porque las niñas son más listas que los chicos.
Austria se ríe en el beso y va a encontrase las manos de él donde no quería que las pusiera.
—¡Habla de Liechtenstein! ¡No hay nada más puro que EEEESO! —habla con los labios sobre los de él y da un buen salto.
—Bastante os parecéis para que me hagas hablar de ello mientras tú estás desnuda —y pone en acción las manos.
—Ugh! Österreich! —protesta en agudito, y el grito está directamente relacionado con la mano donde No debería ponerla.
La mano ni se inmuta, de hecho puede que empeore la situación. De hecho los dedos se mueven con exquisito y controlado tacto y precisión.
La chica se muerde el labio y aprieta los ojos porque el cabrón lo hace tremendamente bien y es completamente obvio que al menos a su cuerpo le gusta un montón. Y lo que más le mortifica de todo es que el austriaco lo sieeeenta... ahí debajo, claramente entre sus piernas, esa verdad irrefutable que indica que LE GUSTA... por más que proteste y haga como que no.
No solo lo siente, casi parece poder controlar para parar antes que sea demasiado tarde. Y si alguien tenía la esperanza de que siendo chica fuera menos... vocal, se equivocaba completamente. Sigue dando un concierto. Eres un desastre, Suiza.
Hasta que Austria para, en serio, antes de que acabe porque a pesar de que para ella hace esto mejor con los dedos... le gusta más del otro modo.
No pues no nos extraña. Suiza no sabe realmente si el que pare es bueno o malo, es una mezcla agridulce, porque al final, prefiere hacer esto CON él, no sola. Le cuesta un montón, MONTÓN recuperar un poco la compostura. Se suelta al fin los pechos a los que se asía sólo por detenerse de algo. Se pasa las dos manos por el pelo olvidándose un poco del pudor, y con la respiración agitada le medio salta encima para darle un beso y tirarle de espaldas en el sillón.
Él se cae, desde luego, al no esperárselo por estar intentando abrirse los pantalones.
—Quita las manos —pide de manera poco dulce, pero el objetivo es el mismo que tienes tú, Austria.
—Was? —pregunta un poco descolocado porque no tiene mucha sangre en el cerebro ahora mismo, como comprenderás.
La ventaja de las chicas es que funcionan bien con menos uso de sangre *wink*. Así que ahí va a quitarle las manos de la zona en cuestión y a bajarle pantalones y ropa interior de manera práctica y rápida.
Gracias. Aunque se sonroja un poco con la sangre que le queda porque sensible que está todo y además... evidente que es. De hecho creo que va a quitarle todo en general, sonrojándose un montón también al ver que... Pues sea como sea... Sí que le gusta toda esta actividad. Aun así ignora un poquito la zona en cuestión humedeciéndose los labios y mirándole a los ojos.
—N-Necesitas que...
—Was? —la mira a los ojos.
—Te... te... haga... algo más ahí para que...
—Que te calles —momento rápido de lucidez antes de ir a besarla.
Gracias, Austria.
oxOXOxo
Son igualitos. No del todo, aunque sí.
Es decir, Suiza sí es un poco más suave y Austria le toca más y creo que es más medido con ella. O sea la molesta, porque sí que la molesta pero es como más... delicado.
Es casi imperceptiblemente distinto, pero sí que lo es. A ver, es que Suiza con Austria mujer es como con Galia mujer, incapaz de decirle que no. pero Austria... es un poquito diferente con Suiza pero no TAN distinto.
La toca mucho más. MUCHO más. Suiza protesta.
Es que ella le parece que debe ser menos fuerte y le da menos miedo. No que Suiza le dé miedo. Pero en un asunto de un... movimiento brusco impulsivo, cree que ella le haría menos daño.
Sí se lo haría, pero… Suiza no le haría daño, no expresamente.
O sea pero pongamos que le... yo que sé, hiciera cosquillas o se levantara abruptamente. Sí, es verdad que ella le haría menos daño que Suiza macho, aunque no dudo que sea muy fuerte, pero... es como Liechtenstein. Porque además de chica me la imagino más menudita... ejercitada, preo es que Suiza en sí es un tanquecito.
Por eso Austria la toca más
¡A su favor SuizaBoy! dice que con él nunca ha pasado que le haya dado un golpe por error. De hecho SuizaGirl! es más avergonzada de su cuerpo que SuizaBoy! Creo que tiene que ver con que en general es más fuerte y tiene muy buen cuerpo-... de chico.
Porque el cuerpo de Suiza!boy como tal es más bonito que el de Austria. Pues por lo menos es un cuerpo realmente estético.
No sé si más bonito que el de Austria pero por lo menos a la par, ¿sabes? Es un cuerpo de chico bien formado... Aunque Austria sea más alto, cada uno tiene características específicas que podrían hacerlo estético.
Pero de chica, Suiza tiene un cuerpo claramente menos estético. No lo comparemos con el de Hungría, que Prusia podría pasarse toda la tarde hablando de ello (guiño guiño.) La realidad también es que Suiza no suele pensar en lo absoluto sobre lo estético de su cuerpo.
Suiza girl parece ser más superficial XD Nah, es que... sí le pareció que estaban un poco en desventaja. Y además ni protesten que le encantó quitarle las medias, ¿quieres que se ponga medias más a menudo, Austria?
—Ja —contesta el austriaco y Suiza levanta las cejas.
—¿Me-Medias?
Pueden ser leotardos en su caso, para el frio. Ajem. Suiza dice que de esos sí tiene... (no me pregunten.)
Tiene cortas y largas, para correr... unas y unas... Si Austria fuera a ejercitarse con el algún día o... si Austria se despertara temprano alguna vez, podría verle ponerse sus mallas para ir a correr... o volviendo de correr todo sudadito. Pregúntenle a Suiza cuando va a volver a ponerse esas mallas sin sonrojarse.
Podría ir a correr a una hora decente como... al atardecer. Puede que vaya a correr un día de estos en la tarde, ahora que le dicen.
Dudo que Austria le haga mucho caso a cualquier cosa que diga... el suizo va a estar dafaq mirándole el culo y las piernas perfectamente torneadas. De hecho puede que vuelva temprano de correr porque medio Berna va a serle las piernas.
Y suiza recordará por qué es que se corre de madrugada. Y no volverá jamáaas.
Si dicen eso ya no podemos hacer drama Francia y yo.
Era Suiza… Creo que Francia y yo narrábamos XD
¡No olvides agradecer a Josita la edición!
