Hola! Espero que les guste este capítulo tanto como a mí.
UT AMERIS AMABILIS ESTO
(Si quieres ser amado, ama)
—¡¿Qué hacías con ella?!
—¡Nada! ¡Solo estábamos hablando! ¿Te puedes calmar?
—Sí, hablando. Claro. ¿Me crees tan tonta?
Ernie se estaba desesperando, era la décima vez que peleaban por lo mismo y estaba cansado.
—Tracey, no puedes ponerte celosa de cada chica con la que hablo. La semana pasada me gritaste por "estar muy cerca" y era… ¡mi maestra de sesenta años! —se obligó a tranquilizarse porque si iba a haber otra pelea, no sería él quien lo empeorara—. Lo peor de todo es que ni siquiera te doy razones para que desconfíes de mí.
—¿No me das razones? ¿Que no me das razones? —exclamó Tracey con ahínco y furia—. El lunes dijiste que ibas a estar en la biblioteca con unos amigos, y luego te vi con esa tal Charlotte en la cafetería.
Ernie exhaló con exasperación.
—No otra vez esto, por favor. Te lo he explicado cien veces.
—Ok, ignóralo, entonces —la sonrisa que esbozó era casi maníaca—. ¿Qué hay de ayer en la noche? Luna preguntó cuándo nos íbamos a casar y actuaste como si te estuviera pidiendo que te lances de un barranco. Hiciste como si no importara, ¿es eso? ¿No te importo?
—¡Por el amor de Merlín! Me quedé callado porque aún no hablamos de eso, y somos muy jóvenes —apretó los puños queriendo controlarse, no iba a ganar una pelea a base de gritos con otros gritos.
Tracey lo miró como si fuera un insulto.
—Mis padres se casaron a los veinte.
—Mis padres también. Pero no somos ellos —respondió.
A este punto, su novia tenía los ojos llorosos y no importara lo que Ernie dijera, la pelea no iba a parar hasta que ella quisiera.
¿En qué momento pasó esto?
Durante la primera discusión, él pensó que estarían bien, le pasa a todas las parejas en algún momento. Comenzaban a gritarse por cualquier cosa, hasta por quien debía hacerse cargo del perro. Y… los celos de Tracey. Merlín, sus celos eran arrolladores. Bastaba con que él estuviera en el mismo lugar que otra chica para que ella le reclamara.
No estaba bien, su relación no estaba bien, y ellos tampoco. No era sano para ninguno. Entonces, tomó una decisión. Si iban a terminar, preferiría hacerlo ahora, cuando aún tenían esperanzas de ser amigos, de conservar más buenos recuerdos que malos. Era lo mejor, ¿cierto?
—Te amo, Tracey. Tanto que se me sale el corazón del pecho diciendo esto —tomó su rostro entre sus manos. Ella era más pequeña, y a Ernie le gustaba eso porque eran del tamaño exacto para encajar juntos—. Nos estamos haciendo daño. Estos no somos ni tú ni yo.
—¿Ernie?
—Lo siento, cielo. Pero creo que deberíamos terminar.
Su rostro se desencajó de dolor. La fuerza que antes iba dirigida a los reclamos, se desvaneció. Se veía tan rota y vacía que Ernie quiso retroceder el tiempo y no haber dicho nada.
Un segundo después, se recompuso y de no ser por su sonrisa quebrada y sus ojos brillantes, él habría pensado que Tracey estaba bien, no obstante, los ojos no mentían.
—Lo siento, no sé qué me está pasando. También te amo y tienes razón, está no soy yo, no somos nosotros.
Al besarse, Ernie supo que era una despedida.
Más tarde descubriría el por qué de la actitud de Tracey en los últimos meses. Su padre estaba engañando a su madre con una muggle quince años menor. Era lógico, sabiendo lo mucho que admiraba a su padre. Sin embargo, era muy tarde para disculparse.
Tiempo después se preguntaría, ¿qué fue lo que hizo mal?. Ellos se amaban con locura, Ernie no concebía una vida sin ella. Aún así… ¿qué falló?
Tal vez no debieron pasar tanto tiempo juntos, tal vez eran muy jóvenes para poder manejar un amor tan grande, tal vez fue muy pronto, tal vez debió haberlo intentado más, tal vez…
Pero el tal vez no existía.
Porque a veces el amor no basta. A veces, se necesita tiempo, se necesita paz, se necesita que el mundo no esté cayéndose alrededor. Y nadie les dijo eso. Nadie les advirtió que incluso el amor más puro podía romperse si no se le cuidaba.
Viernes 16 de marzo de 2001
Draco miró con detenimiento a cada integrante de su equipo . Era imposible no sentirse nostálgico con el último entrenamiento de la temporada. Cada sacrificio, cada esfuerzo, cada momento los había llevado ahí.
Aún queda un año, se recordó. Aunque, de igual modo, se sentía como un cierre.
—Bien, no voy a decir mucho. Mañana en el juego, hagan su trabajo —Potter hizo una mueca—Tienen prohibido jugar de manera mediocre, hagan que todo su esfuerzo valga la pena. No quiero ni un solo error—sus labios se curvaron ligeramente—. Confío en ustedes.
Ginny hizo qué todos formen un círculo, rodeándose con los brazos.
—¿Quiénes somos? —preguntó sin levantar la voz pero con fuerza.
—¡Hogwarts!
—¡Pregunté, quiénes somos!
—¡Hogwarts!
—¡¿Quiénes somos!?
—¡HOGWARTS!
El rostro de la pelirroja brilló al sonreír, Blaise la miraba completamente embobado.
—Y nosotros nunca perdemos —dijo con total confianza.
Eso sonaba como algo que Blaise hubiera dicho, apesar de ello Draco estaba de acuerdo.
Un par de horas más tarde, Hermione estaba ayudándole a terminar de empacar, prácticamente todo su equipamiento de Quidditch , y un par de cosas más.
—¿Y cuando termines tu examen, no puedes ir?
—Lo siento, amor. Dudo que pueda —Hermione tocó su hombro y luego continuó lanzando un hechizo de extensión indetectable en una bolsa verde en la que Draco guardaba sus galeones—. Sé qué lo harás bien sin mí, estaré enviándote buenos deseos desde aquí.
Sabía que lo haría bien, pero quería que ella estuviera allí. Era la final, después de todo.
Cuando el hechizo estuvo completo, Hermione volvió a doblar la ropa que Draco ya había ordenado para luego guardarla, y él aprovechó para colar un paquete de cigarrillos, por más difícil que fuera encontrarlos en ese hoyo negro después.
—Voy a llevar esos libros de allí, ¿puedes ayudarme? Iré a pedirle a Potter que acompañe a Pansy a recoger los uniformes.
Le dió un beso en el hombro y se fue rápidamente, con el sentimiento satisfactorio de tener a su novia nuevamente a su lado, así sea aceptando a Crookshanks en su vida.
La vida era buena.
—¿En serio pensaste que ibas a poder con todo esto? —cuestionó Harry.
—Primero, le dije a Draco que puedo sola, no sé por qué te envió —lo miró como si fuera una cucaracha—. Segundo, soy muy capaz de hacer un encantamiento reductor. Tercero…
—Tercero, no se hacen encantamientos reductores sobre el equipamiento ni los artículos de Quidditch —la interrumpió. Antes muerto que dejar que arruinara todos los productos de primera calidad que les dio Elysian. Y él ya había muerto.
—Vous êtes vraiment un abruti —murmuró con clara intención de ser escuchada—. Iba a decirle a Theo que venga conmigo pero no lo encontré.
—Tal vez está con Luna, todos se están despidiendo de sus novias.
Pansy se quedó en silencio, y él no hizo ningún intento de entender por qué. Era tan complicada.
Eso sí: no podía apartar los ojos de ella.
¿Y quién podría hacerlo?
Estaría loco si negara que Pansy era bonita. Más que bonita, se corrigió mentalmente. Tenía piernas largas, a pesar de no ser muy alta, y un cuerpo estilizado, tal vez por la cantidad de tiempo que pasaba caminando de un lado para otro sobre esos tacones imposibles. Su cabello negro y largo solo la hacía más espectacular, sin dejar de lado sus ojos verdes.
El problema, el gran problema, era su carácter. Sus comentarios afilados y sarcásticos. Sus maneras despectivas, su poca paciencia, su actitud de "soy la reina del mundo". Y de alguna forma, en el fondo, era real. Bajo esas capas, había alguien frágil y herida, por más perfecta y fuerte que quisiera parecer.
—¿Lo extrañas? —su voz cortó el viento. Suave, casi íntima. Harry quiso creer que era solo para él.
—¿Qué cosa?
Puso los ojos en blanco y se ajustó el bolso sobre el hombro.
—Tener novia —respondió, mirando hacia otro lado.
No estaba pensando en eso. Hacía casi un año que su relación con Ginny había terminado y no había salido con nadie desde entonces.
¿Lo extrañaba?
—¿La verdad? No lo sé. Solo he tenido una novia, y… con Ginny —sonrió por la ironía—. Al inicio estaba bien. Luego tuve miedo de que le pasara algo y terminé con ella. Después de la guerra, todos estábamos tan mal... y luego ella vino aquí. Dudo que eso cuente como una relación.
—Vaya, qué suerte —respondió Pansy con una ceja alzada—. Así no tengo que competir con una leyenda del Quidditch.
Harry la miró, frunciendo el ceño sin entender del todo.
—¿Competir?
—Olvídalo —dijo, demasiado rápido.
Pero no lo decía en serio. O quizás sí. El caso era que, por primera vez en mucho tiempo, Harry no quiso dejarlo pasar.
—¿Te referías a ti?
Pansy no respondió. Se limitó a ajustar su bolso una vez más, como si en ese gesto pudiera contener todas las emociones que se le estaban escapando.
Y entonces Harry sonrió. No porque tuviera la respuesta. Sino porque, por primera vez, no le molestaba no tenerla.
—No estoy saliendo con nadie, si eso ayuda a tu ego.
—No tengo ego —respondió, con la dignidad de una reina ofendida.
—Claro que no —respondió él, aguantándose la risa—. Solo tacones de diez centímetros y frases en francés para insultarme.
Ella sonrió, apenas.
Y él lo notó.
—¿Crees que nos dé tiempo de ir a un cine? ¿Crees que pongan Rocky? —preguntó Blaise sentando en la cama de Ginny mientras ella daba vueltas armando un pequeño equipaje para ambos.
A este punto, prácticamente compartían una habitación. No tenía sentido regresar a su habitación si Ginny se quedaba a dormir con él todas las noches. Y justo frente a las narices de su hermano, cuya habitación estaba muy cerca.
—Blaise, iremos a Londres por un día. Sinceramente, dudo que tengas tiempo de ir a la esquina del hotel.
Él se dejó caer sobre la cama dramáticamente. Desde sus vacaciones con los Granger, estaba loco por Londres muggle, las películas, la música. ¡Por Salazar! Vió al mismísimo Michael Jackson, y casi se desmaya al igual que varias chicas durante el concierto.
No podía esperar para ir a otro concierto. Era una pena que el señor Granger no hubiera podido conseguir entradas para los conciertos en Nueva York en Septiembre.
—Cuando terminemos de estudiar, ¿te gustaría ir a Londres? —preguntó entusiasmado—. Podríamos comprar un departamento en el centro de la ciudad, o donde quieras.
Ginny sonrió con afecto.
—Dudo que mamá me dejé ir contigo —cerró su bolso, un baúl para un solo día era inútil—. Es muy tradicional, papá lo podría entender, pero no ella. No si no estoy casada. Además, no deberías hablar de comprar un departamento como si no fuera nada. Según lo que oí es muy costoso —su novio entreabrió los labios para empezar a contradecirla—. Sé que probablemente puedas permitirtelo, la máquina de escribir y los regalos que me das lo demuestran. ¿Por qué no hablamos de eso cuando sea el momento? Aún nos queda un año más aquí.
Blaise caminó alrededor de ella, hasta poder rodearla con sus brazos e inclinarse para besar su cuello.
—No me importaría —susurró con languidez—. Bueno, me importaría. Sería lo más importante que haría en mi vida. Sin embargo, cuando pienso en el matrimonio, solo te veo a ti. Y tienes razón, aún nos queda un año para pensar en eso.
Omitió el hecho de que habían personas pensando en el futuro, Draco, por ejemplo. Estaba haciendo drásticas remodelaciones en Malfoy Manor, y Blaise no lo diría porque Ginny le contaría a Hermione, y la sorpresa se arruinaría. Pero cuando quería decir drásticas, eran muy drásticas.
Decidió dejar la conversación para otro momento. Aún tenían tiempo.
Daphne se asomó por la cortina, mirando hacia las gradas del estadio. Habían llegado personas de Elysian, incluso los rectores, y ninguno de sus compañeros, todos tuvieron excusas diferentes.
—¿Está Luna allí? —preguntó Theo ansioso, moviéndose los guantes que hacía treinta minutos estaban perfectos.
—No está nadie de los nuestros —sonrió tratando de aligerar el ambiente cargado de nervios y tristeza.
—Supongo que no podrán llegar, ya es tarde —dijo Draco, quien luchaba por esconder su decepción—. No pienso dar otro discurso, ya saben qué hacer.
Como si todo estuviera calculado, el presentador habló en ese momento.
—¡Bienvenidos a la final de la liga de Quidditch universitario! ¿¡Están listos para este emocionante juego?!
Varios gritos de emoción llenaron el estadio llegando hasta bastidores.
—Ya los oí, ¿listos? —la multitud gritó de nuevo—. ¡Del laaaado izquierdo, el equipo de Russian College!
Los nervios iban incrementando a medida que se terminaba de presentar a los integrantes del equipo rival y llegaba su turno. No hubieron más palabras de aliento, todo estaba dicho, así que solo se miraron con determinación.
—Ahora, con ustedes el equipo de… ¡Elysian College!
A este punto ya sabían de memoria el orden en el que salían a presentarse. Draco a la cabeza, como buen capitán, seguido de su santa trinidad convertida en cazadores, con los golpeadores en la siguiente fila y cerrando con Theo.
Lo que no sabían era de dónde venía el ensordecedor rugido. En simultáneo, todo el equipo miró hacia los palcos designados para Elysian, estaban llenos, pero llenos de sus amigos, los Weasley, McGonagall, Hagrid, Andrómeda y Teddy, la madre y las hermanas de Dean.
Debieron haberse dado cuenta antes, qué casualidad que todos sus amigos tuvieran exámenes y tareas ese fin de semana.
Ellos llevaban camisetas con la insignia y los colores del equipo.
Draco sintió una gran exaltación cuando encontró a Hermione, ella ya lo había visto primero y cuando captó su atención, dió media vuelta para mostrarle el nombre que llevaba en su camiseta, Malfoy. No dudó y voló hacia ella, que por suerte estaba en la parte más alta del palco, tomó su rostro entre sus manos, sonriendo estúpidamente.
—Te ves hermosa —ignorando las risas y los silbidos de los demás.
Ella sonrió y poniéndose de puntillas lo besó, con delicadeza y amor.
—Uno de buena suerte —Hermione susurró, sus ojos no dejaban de brillar, toda la alegría y lo bueno del mundo atrapado en su mirada.
Efectivamente, se veía hermosa.
Regresó a su posición con ánimo renovado, con emoción y adrenalina corriendo por sus venas.
Iban a ganar. Era un hecho.
Todo estaba planeado desde hacía días, Hermione habló con George y le dio toda la información para que llegara al juego. Contactó a Mcgonagall y Hagrid, con Andrómeda.
Susan hizo contacto con la familia de Dean, y al igual que siempre, todos tenían una función. Pansy se encargó de las camisetas, Luna, Terry, Ernie y Neville de algunos fin, todos tenían una función, menos Ron, que estaba apático y poco dispuesto a colaborar.
Se emocionaron y saltaron cuando Ginny, Blaise o Daphne anotaba, maldecían cuando el otro equipo anotaba, McGonagall más fuerte que nadie haciendo reclamos. No iban a negarlo, Rusia era un buen equipo y dos horas después no había mucha diferencia en los puntajes.
Y cuando la noche estaba cayendo, Draco vio la snitch. En otras circunstancia hubiera sido fácil, circunstancias donde el otro buscador no tuviera una escoba tan rápida, porque apareció a su lado en cuestión de segundos. Se empujaron y hombro a hombro, exigiendo la máxima velocidad de sus respectivas escobas, y al final, solo uno atrapó la snitch.
El estadio se quedó en silencio hasta que Draco levantó la mano en la que sujetaba la snitch, y luego estaba siendo rodeado por sus compañeros de equipo. Cuando todos celebraron por su lado, buscó a Hermione entre la multitud.
—Te amo —dijeron al mismo tiempo.
Ignorando las miradas que las personas que no sabían de ellos les daban, se besaron como si el mundo se fuera a acabar en ese momento, como si fueran los únicos y los demás no importaran.
Estaban de regreso en los camerinos, esperando que la organización termine de preparar todo para la premiación.
No dejaban de hablar sobre el juego, los errores y los aciertos y cómo al final todo fue perfecto.
—¿Ginevra Weasley?
Un hombre alto de cabello castaño le tocó el hombro. La pelirroja reprimió una mueca al oír su nombre completo, solo su novio podía llamarla así.
—Sí, ¿quién es usted?
—Graham Chezz, representante de las Arpías de Holyhead —le extendió una carta de presentación, de esas mágicas en las que al tocarlas aparecían todos los datos de contacto—. Te vi a lo largo del juego, felicidades por cierto, me gustaría que asistieras a nuestro próximo evento de reclutamiento.
No podía negar que era una gran oportunidad. A sus compañeros de equipo ya se les habían acercado estos reclutadores, Malfoy obteniendo cuatro propuestas de distintos equipos y evitando comprometerse con alguno de manera muy cortés. Blaise, Daphne y Harry tenían propuestas de los Tornados y de Puddlemere. Siendo sincera, estudiar en Elysian era el plan de respaldo, porque ser cazadora profesional era su sueño.
—Gracias —dijo sonriendo.
—Envíame una lechuza si estás interesada, y te compartiré todos los detalles.
Graham se alejó y no fue necesario contarle a Blaise porque ya había escuchado todo. Ginny recordó su conversación del día anterior, y de pronto ya no quedaba un año más.
—¿Las Avispas? —preguntó Blaise—. ¡Pero si es una gran oportunidad!
Rodeó su cintura y la alzó en el aire sin dejar de sonreír.
Ginny supo entonces que no importaba la decisión que tomara, si no la elegían para jugar profesionalmente o si al final lograba su sueño, porque ya tenía todo lo que quería, y bastaba.
—¿Qué llevas puesto, Potter?
Harry miró hacía abajo, a su propio atuendo. No tenía nada de malo, unos jeans y una de sus clásicas camisas a cuadros.
—No veo el problema, es la moda muggle —respondió.
—¿La moda? ¿La moda de cuándo, de los años veinte? Grindelwald tenía más estilo que tú —refutó Pansy sin dejar de evaluar su ropa.
Él hizo un gesto de incomodidad, solo irían a festejar la victoria al bar muggle del que todos ellos no podía dejar de mencionar. Después sus ojos se detuvieron en Pansy y en lo que llevaba puesto.
Y se quedó sin palabras.
Pansy Parkinson no solo parecía salida de una revista de modas, parecía ser la portada. Llevaba un corset negro de satén con detalles sutiles de encaje en los bordes, que moldeaba su figura con precisión casi mágica. Los tirantes finos dejaban ver sus clavículas marcadas y un par de cadenas plateadas que caían con descuido intencional sobre su pecho. Combinaba el corset con unos pantalones acampanados de terciopelo color esmeralda, de tiro bajo, que hacían juego con sus ojos y se ceñían justo donde debían.
En los pies, unos tacones de aguja le daban más altura y aún más actitud. Llevaba el cabello suelto, lacio y perfectamente peinado, con la raya al medio y un par de mechones estratégicamente acomodados que enmarcaban su rostro con aire despreocupado. El maquillaje era digno de una noche de Vogue: labios color vino, delineado felino y una sombra oscura que acentuaba lo hipnóticos que eran sus ojos.
Harry se sintió, de repente, completamente fuera de lugar con su camisa a cuadros.
—¿Qué? —dijo ella, arqueando una ceja al notar que no la dejaba de mirar.
—Nada… —tragó saliva—. Solo pensaba que Grindelwald definitivamente no se veía así.
Ella sonrió con superioridad, y por un instante, Harry creyó que le había arrancado una sonrisa genuina.
—Obvio que no —contestó, girándose con un movimiento elegante que hizo que el perfume a almizcle y vainilla que llevaba lo envolviera de golpe—. Él no tenía estas caderas.
Con soltura y total confianza, lo hizo a un lado y se metió en su habitación.
—¿Quieres una invitación para entrar en tu propio cuarto? —dijo como un siseo—. Ven, veré que puedo hacer por ti.
La siguió y no hizo más que observarla rebuscar en su armario. ¿Era normal que alguien se viera tan bien en pantalones?
Antes de que se diera cuenta, Pansy lo estaba empujando hacia el baño dándole ropa y apresurándolo. Y Harry solo podía obedecer.
El brillo de satisfacción en sus ojos fue a la vez hermoso y desconcertante, porque se encontró queriendo hacer todo lo que ella dijera para hacerla feliz.
¿Qué significaba eso?
Ojalá tuviera alguien con quién hablar, tenía a Hermione claro, pero necesitaba a alguien más, alguien más como una guía. Ojalá pudiera tener a su padre con él.
Resultó que el Japan era especial. Con luces fluorescentes y neones por todas partes, y paredes con portadas de álbumes y los reservados tenían como decoración letras de canciones en la pared de al lado.
Era obvio que todos amaban el lugar y que significaba algo para ellos.
Bailaron y dieron vueltas en la pista de baile, el alcohol no faltó ni las risas.
I've been thinking about you
I've been thinking about you
Suddenly we're strangers
I watch you walkin' away
She was my one temptation
Oh, I did not want her to stay
—¿Por qué se llama "Japan"? —Harry le preguntó a Hermione, descansando después de bailar.
Su amiga rió.
—Ellos… —señaló con discreción hacia el barman y el DJ—, son los dueños. Son amigos. Se inspiraron en la canción Big in Japan, porque "las cosas son más fáciles cuando estás en Japón" sé que la canción no se refiere a eso pero ese estribillo es divertido.
Según les informaron era noche de música variada, así que después empezó a sonar ABBA. Y la gente se volvió loca.
You are the dancing queen
Young and sweet, only seventeen
Dancing queen
Feel the beat from the tambourine, oh, yeah
You can dance, you can jive
Having the time of your life
Ooh, see that girl, watch that scene
Digging the dancing queen
Por un lado, Ginny y su novio bailaban de manera extraña pero se estaban divirtiendo. Ron, en cambio, solo se quedó sentado bebiendo sin parar y mirando persistentemente a Daphne. Aún no superaba su rechazo y ella estaba lejos de darle otra oportunidad.
She's a juvenile scam
Never was a quitter
Tasty like a raindrop
She's got the look
Heavenly bound, cause heaven's got a number
When she's spinning me around
Kissing is a colour
Her loving is a wild dog
She's got the look
She's got the look, she's got the look
She's got the look, she's got the look
What in the world can make a brown-eyed girl turn blue
When everything I'll ever do I'll do for you
No supo cómo ni cuándo o por cuánto tiempo, pero a mitad de la noche la música era tan alta que no podía oír sus propios pensamientos. Las luces rojas, azules y violetas se mezclaban en ráfagas rápidas que parecían sincronizadas con el ritmo frenético del corazón de Harry.
Ya ni sabía qué canción sonaba, lo único importante era que Pansy bailaba frente a él, con los ojos entrecerrados y una sonrisa felina en los labios. Se movía con tanta naturalidad que todo a su alrededor se desdibujaba.
Era magia. Toda ella. Completa y puramente mágica y tan hermosa que le robaba el aliento.
Al abrir los ojos se quedó congelada y lo primero que hizo fue huir. Esta vez Harry lo sabía, estaba huyendo de él.
Sus ojos siguieron sus movimientos hasta que se salió del bar.
Él no estaba seguro de nada, solo eran suposiciones y ya había perdido tanto por no intentar. Era temerario, imprudente si era honesto, pero no valiente. Así que con el corazón en una mano y cien dudas en la otra, decidió ser valiente, no por los demás, por él mismo.
Lookin' for some hot stuff, baby, this evenin'
I need some hot stuff, baby, tonight
I want some hot stuff, baby, this evenin'
Gotta have some hot stuff, gotta have some love tonight (hot stuff)
I need hot stuff
I want some hot stuff
I need hot stuff
La encontró caminando de una lado a otro en la estrecha calle. Volteó al instante hacia él.
—¿Qué haces aquí, Harry? —cuestionó con la respiración agitada.
—Yo... al demonio.
Con dos firmes zancadas llegó hacia Pansy y sin ningún rastro de remordimiento, la aprisionó contra la pared y la besó completamente decidido. Como si toda su vida hubiera esperado por ese momento, como si el universo empezara y terminara en sus labios.
Fue todo y más de lo que había imaginado. El mundo se puso de cabeza, las chispas destellaron detrás de su párpados, y Pansy, Pansy se derritió en sus brazos. Se aferró a su camisa con fuerza y se dejó llevar.
Era una locura y aún así no la soltó porque después de tanto tiempo parecía que al fin todo encajaba en su lugar.
Aún cuando dejaron de besarse no se alejaron, solo una fuerza de la naturaleza podría separarlos. Pansy lo miraba con un millón de preguntas, y Harry quería darle respuesta a todas.
—¿Qué… —comenzó ella con la voz ronca.
—Me gustas —respondió, intercalando su mirada entre los ojos de Pansy y sus labios.
La sorpresa cruzó por su rostro, luego la incertidumbre.
—Pero… estoy rota en miles de pedazos.
Sonaba tan pequeña, tan temerosa, como si la fuera a rechazar o escapar ante esa confesión.
—Entonces recogeré cada pedazo, hasta el último.
N/A: Amé tanto escribir este capítulo. Y el siguiente también será emocionante. Cuénteme en un review, ah y ya saben que las canciones que acompañan este capítulo los encuentran en la playlist de la historia.
Nos leemos pronto, con fe, en unos días.
