Cap 8
Después de explicarle a mis hijas lo que iba a hacer, las dejé entre el bullicioso público. Kumiko, como la mayor (y parte de su castigo), se encargaría de cuidar a sus hermanas. Me dirigí al área donde los desafiantes aguardaban su turno, un espacio apartado del escenario principal donde una joven organizadora llamaba a los luchadores en orden.
La espera fue larga. No tardé en notar que era uno de los mayores del grupo, lo que inevitablemente atraía miradas. No solo por mi edad, sino también porque algunos ya me habían reconocido como el padre de las jóvenes guerreras que habían causado revuelo en la competencia de la mañana. Sentí algunas miradas de curiosidad y otras de abierta evaluación, como si estuvieran tratando de medir mi capacidad.
—¿Perdiste a tu mujer y ahora buscas comenzar de nuevo con una amazona? —preguntó un joven de unos veinte años con el cabello largo, observando los tatuajes en mi brazo. Su tono era desenfadado, pero su pregunta no dejaba de ser intrusiva. Mi cerebro tardó un par de segundos en procesar y traducir su comentario del chino al japonés.
Asentí una vez con la cabeza.
—Entonces sabes que a las amazonas no les gustan los hombres con hijos —añadió otro chico, este de unos dieciocho años, con el cabello recogido. Parecía ser conocido del primero y no tardó en unirse a la conversación.
Fruncí el ceño. —Sé cómo funcionan las cosas aquí —respondí con sequedad en mi mejor chino.
—Las amazonas suelen luchar con mayor ahínco en este tipo de casos —continuó con aire conocedor—. ¿A quién planeas desafiar?
—No creo que sea asunto suyo —repliqué con un tono cortante, dándome cuenta demasiado tarde de que mi pronunciación no había sido perfecta.
—En realidad, sí lo es —intervino el de cabello largo con una sonrisa divertida—. Podrías querer desafiar a alguna chica que nos interese.
Resoplé con irritación. —No creo que sea el caso.
—Aquí todos sabemos quién desafía a quién, pero veo que eres nuevo en esto —continuó—. Además, podríamos darte algunos consejos para derrotarla… siempre y cuando no sea una de las chicas que nos interesan, claro —rio con suficiencia.
—Yo soy Wei, es mi primera vez en los desafíos —se presentó con confianza—. Estoy interesado en Meihua.
—Es muy buena luchadora. ¿Seguro que podrás con ella? —dijo su compañero, arqueando una ceja—. Por cierto, yo soy Jun. Esta es mi segunda vez en los desafíos, y esta vez desafiaré a Xiaolian. Tú eres el padre de las chicas Saotome, ¿cierto? —añadió, mirándome con curiosidad.
Asentí con la cabeza nuevamente.
—Tienes unas hijas impresionantes. Tu amazona debió estar muy feliz de que le dieran tres guerreras para su linaje. Ojalá algún día pueda tener hijas como las tuyas.
No pude evitar sonreír levemente con cierto orgullo ante su comentario.
—¿Y tú? ¿No vas a decirnos a quién desafiarás? —preguntó Wei con interés.
Inspiré profundamente. —Desafiaré a Akan… digo, a la matriarca Aka.
El silencio entre los dos fue inmediato. Se miraron entre sí, luego volvieron la vista hacia mí con incredulidad.
—No puedes estar hablando en serio —exclamó Wei—. Está claro que no entiendes cómo funcionan las cosas aquí. Nadie puede ganarle. Ni siquiera una horda de hombres ha logrado vencerla.
—Si pierdes contra ella, jamás podrás desafiar a otra amazona —añadió Jun, negando con la cabeza—. Lo único que conseguirás es que tu nombre quede marcado como el de otro más que lo intentó y fracasó.
—Pues me imagino que yo romperé esa racha —dije con confianza.
Wei chasqueó la lengua y cruzó los brazos. —Todos sabemos que es extremadamente guapísima y talentosa, pero te sugiero que no lo intentes con ella… a menos que lo único que busques sean sus derechos de cama.
Fruncí el ceño. —¿A qué te refieres con "derechos de cama"?
Jun sonrió con malicia. —Pues hay fuertes rumores de que la matriarca Aka permite a algunos perdedores que intentaron ganarse su mano acceder a su cama.
Sentí que la sangre me hervía.
—Aunque, para ser sincero, tampoco creo que seas su tipo —añadió Wei encogiéndose de hombros.
Mi mandíbula se tensó. —¿Y qué se supone que significa eso?
—Pues mírate. Eres grande, emm... musculoso… Los rumores dicen que ella solo favorece a hombres delgados, casi a los más débiles.
—Quizás por eso le gustan así —añadió Wei con una sonrisa ladina—. Dicen que es bastante dominante en la cama y no se deja someter por nadie.
Mi paciencia estaba al límite. No solo estaban hablando de Akane con una ligereza que me hacía hervir la sangre, sino que insinuaban cosas que no tenía ningún interés en escuchar. Además... ¿Akane? ¿Atraída por hombres débiles? ¿Desde cuándo Akane se sentía atraída por hombres débiles? No encajaba. No con la mujer que yo conocía. No con la mujer por la que había sufrido tanto.
—Así que si buscabas eso, me temo que tampoco va a resultar —finalizó Wei, encogiéndose de hombros—. Mejor elige otra amazona. Hay muchas por aquí bastante guapas.
Pero yo ya no estaba escuchando. Mi mente estaba en otra parte, luchando contra una furia irracional que no tenía sentido pero que me carcomía por dentro.
—¡Oh! Es mi turno, deséenme suerte —anunció Wei luego de escuchar su nombre, antes de salir a la arena, dejándome confundido.
Pero no amedrentado.
...
Las horas pasaron y el sol comenzó a descender en el horizonte. La cantidad de desafíos era abrumadora, poco a poco el sector comenzaba a vaciarse. Mientras aguardaba mi turno, me aseguré de mantener mis músculos calientes y mi mente enfocada. Al ser uno de los retadores de mayor edad, mi turno quedaba prácticamente para el final. Pero suponía que mi nombre sería llamado pronto debido a la escasez de hombres a mi alrededor.
Finalmente, la espera terminó.
Escuché mi nombre ser pronunciado y avancé con pasos firmes hacia la arena. A medida que emergía del área de espera, sentí la mirada de cientos de personas posarse sobre mí. Alcé la vista hacia la tarima principal.
Allí estaba ella.
Akane, preciosamente vestida con su atuendo ceremonial, elegantemente sentada en lo alto. Parecía distraída, sin percatarse de mi presencia todavía. Mi pecho se tensó con una mezcla de emociones. ¿Estaría haciendo lo correcto? Sabía que quizás no era la mejor forma. Pero deseaba hacerlo con todas mis fuerzas.
Inspiré profundamente y continué con el protocolo siguiendo mis impulsos y deseos. Me planté en el centro de la arena, respiré hondo y, con la mejor pronunciación en chino que pude lograr, exclamé:
—¡YO SOY RANMA SAOTOME Y MI DESAFÍO ES PARA LA MATRIARCA AKA!
Hubieron segundos de silencio hasta que el estruendo de la multitud se desató en un solo segundo. Y entonces, ella lentamente dirigió la mirada hacia mi;
...Incrédula...
...Anonadada...
...Furiosa...
...Hermosa...
