Capítulo 7 – Tokio: primera impresión
El tren avanzaba con suavidad entre paisajes que se difuminaban por la velocidad. Haru observaba por la ventana con una mezcla de ansiedad y asombro. El formulario en su mochila, la carta de selección, las palabras de su profesora, y ahora... ese mensaje inesperado de Toma Shirosaki. Todo se sentía irreal.
—Tokio desu... ¡Haru está en camino a Tokio!— exclamó para sí, con un nudo en la garganta, pero también con una sonrisa que no podía ocultar.
Al llegar a la estación de Shibuya, Haru sintió que el mundo se abría ante ella en formas que jamás había imaginado. La ciudad era enorme, vibrante, llena de colores, de sonidos, de posibilidades. Cargó su pequeña maleta y siguió las indicaciones hacia el punto de encuentro con los demás seleccionados.
El Instituto de Artes Creativas de Tokio tenía una fachada moderna, con grandes ventanales que dejaban ver espacios llenos de luz natural, salas de ensayo insonorizadas, estudios de grabación y aulas amplias decoradas con murales coloridos. Haru quedó completamente fascinada.
Una coordinadora se presentó con una sonrisa amable y comenzó a guiar al pequeño grupo por las instalaciones. Durante el recorrido, Haru se mantuvo cerca de la parte trasera, observando con cautela, hasta que una voz conocida sonó junto a ella:
—Ves, te lo dije... no deberías esconder esa luz que tienes.
Ella giró la cabeza, y allí estaba él: Toma Shirosaki. El mismo chico que había dejado la nota. Vestía de forma desenfadada, con una mochila colgando de un solo hombro y unos audífonos colgando al cuello.
—¡Ah! Toma-san... no sabía que también habías sido seleccionado desu.
—"Toma" está bien. Y tampoco sabía si vendrías. Pero me alegra verte aquí, Haru.— Sonrió, y aunque su tono era tranquilo, en sus ojos había una calidez sincera.
Haru sintió que su corazón latía con un ritmo distinto. Se esforzó por mantener la compostura mientras caminaban juntos el resto del recorrido.
Luego de la bienvenida oficial, cada estudiante fue asignado a una sala para las audiciones finales. Haru se preparó con esmero. Escogió un vestuario sencillo, pero con detalles que ella misma había cosido a mano. El escenario al que subiría esta vez era más profesional: luces suaves, sonido impecable, una mesa con tres evaluadores.
Al momento de su presentación, Haru tomó aire. No era la mejor. No era la más segura. Pero esta vez, quería cantar para ella. Por primera vez en mucho tiempo, no pensaba en si Tsuna la escucharía. Pensaba en cómo se sentía al cantar, en el calor que llenaba su pecho cuando cada palabra salía de su corazón.
Eligó una melodía suave, con una letra que hablaba de comenzar de nuevo, de encontrar un rincón del mundo donde pertenecer. Cantó con dulzura, sin artificios, permitiendo que su vulnerabilidad se hiciera presente.
Los jurados la observaron con atención. Uno de ellos incluso cerró los ojos por un momento, dejándose llevar por la armonía de su voz.
Al salir del escenario, sintió que su cuerpo temblaba. No sabía si había sido suficiente, pero algo dentro de ella estaba en paz.
Mientras se dirigía al pasillo para tomar un poco de aire, Toma la interceptó. Estaba sentado en el borde de una macetera con su guitarra entre las piernas. Al verla, se levantó y le ofreció una botella de agua.
—¡Eso fue hermoso, Haru! Si no te dan la beca, están ciegos.
Ella se sonrojó, aceptando la botella con una inclinación de cabeza.
—Gracias... Haru solo quería cantar con sinceridad desu.
Toma asintió.
—Lo lograste. De verdad. Es raro encontrar personas que canten sin miedo a mostrar sus grietas.
Ella lo miró con sorpresa. Él también tenía heridas, eso lo sabía ahora. No necesitaba decirlo.
—Toma-san también va a presentarse hoy?
—Sí. Esta tarde. Pero vine a verte primero. Quise escucharte en vivo.
Ese simple gesto, dicha con tanta naturalidad, dejó a Haru sin palabras.
Por primera vez, sentía que alguien elegía verla.
Y Tokio, con su cielo amplio y sus luces prometedoras, comenzaba a convertirse en el lugar donde Haru podría volver a florecer.
