The Legend of Zelda: Breath of the Wild: no me pertenece.

Capítulo V

"Señales"

Pasó una rasposa mano por su sudada nuca, el cansancio ya estaba comenzando a hacer mella en sus músculos, una rápida vista por los rostros de los demás sheikahs le hizo confirmar que no era el único agotado, todos los presentes parecían que iban a desmayarse tarde o temprano, reconocía bastante bien y de ante mano las características de llevar tu cuerpo al límite, características palpables en algunos más que en otros. Miró a dos señores mayores tomar dos sogas que estaban amarradas a una barda de troncos de madera, en intento de levantarla para ensamblarla en uno de los lados de la construcción.

La necesidad de un albergue era mayor a la necesidad por descanso en esos momentos, la cantidad de habitantes que se habían mudado a Kakariko esas últimas semanas sobrepasaban la capacidad de la villa, por lo que la construcción de albergues era una primera necesidad en esos momentos, así como duplicar la caza, pesca y siembra. Debido a la situación de carencia de la comunidad en aquellos momentos se estaban aceptando manos extras de los civiles comunes y corrientes, pero con gran sentido de deber, los cuales sin rechistar le han estado ayudando a llevar a cabo modificaciones en la aldea, cosa que Link les agradecía de sobremanera, sin embargo, no se daban abasto incluso con la noble ayuda que prestaban los mismos aldeanos, era claro para él que necesitaba a más personas, sin embargo, no había muchos que puedan tomar cartas en el asunto, al fin y al cabo, en esos momentos, la cantidad de gente herida era mayor que de la gente en condiciones.

Todo comenzó cuando apareció el primer rumor de que Ganon había muerto, esto mismo proporcionó tierra fértil para generar pequeñas batallas internas que se fueron agravando con el paso de los días, las regiones comenzaron a tener pequeños roces que nadie detuvo, a diferencia de los últimos cien años, hoy en día ya nadie debía de temer por la existencia de Ganon y todo lo que aquello implicaba. Eliminar el factor Ganon cambiaba toda la ecuación de sobre manera, tenía la suficiente experiencia como para reconocer la sed de poder que algunos habitantes del Reino tenían, pero que la mera existencia de Ganon los limitaba de llevar a cabo sus profundos deseos.

La oleada de violencia que se estaba proyectando en algunos lados de las regiones le hacían reconsiderarse varias cosas, ¿acaso va a crecer otro reino? ¿alguien tomará lo que ha Zelda en teoría le corresponde?, le parecía una locura todo lo que se decía por las regiones, había varios rumores acerca de que se avecinaba una posible guerra, esta con el fin de definir quien se hará cargo de todo Hyrule. Él, que conocía a los líderes de cada región de manera personal y muy cercana le sabía a mentira, debían de tratarse de historias alteradas para generar miedo en las poblaciones, no obstante, tampoco podía fingir demencia y negar que recientemente bandas de criminales habían estado agrediendo distintas villas de hylianos y sheikahs, el aumento poblacional de la Aldea Kakariko era una de las consecuencias de estas series de sucesos. Agregando que han pasado "sucesos naturales" devastadores de manera muy recurrente últimamente, la mera naturaleza de la situación le hacía proporcionar el beneficio de la duda a en su momento compañeros de batalla.

—Nos daremos un descanso, regresaremos una vez que baje el sol, descansen, hidrátense y aliméntense. —Ordenó y escuchó varios agradecimientos por parte del grupo encargado de construcción mientras se retiraban camino a sus respectivos hogares.

En el cielo se plasmaba un sol ardiente, y la estructura temporal que iba a funcionar como hospital temporal todavía le faltaban algunos días para ser terminada. Hace una semana había mandado una carta al dueño de "Construcciones Karud", pero para su desgracia, no había recibido respuesta de momento, sospechaba que probablemente Karud y su gente debían estar pasando por sus propios problemas. Suspiró de nuevo, con abatimiento, tenía conocimiento de que se esperaba que dentro de dos noches llegara Prunia en compañía de su asistente Symon, aquel encuentro era prometedor desde su perspectiva, quizás con la ayuda de los conocimientos y artefactos de la hermana mayor de Impa podrían resolver los problemas con las construcciones y alimento.

Para poderse marchar a hablar con los líderes de las regiones, primero tenía que dejar a Kakariko y a Zelda a salvo. Pensar en el nombre de Zelda le hizo suspirar nuevamente, ese era otro de los problemas que tenía sobre sus hombros: Zelda, Zelda e Impa, Zelda y Kakariko, Zelda y las regiones, y por supuesto, Zelda y el Reyno de Hyrule; por más que ella deseaba ignorarlo, una realidad es que todo aquello le incumbía más de lo que quería.

Le pesaba verla tan cabizbaja y reacia, más que ser una nueva ciudadana de la Aldea Kakariko parecía una princesa encarcelada por sus propios vasallos. En cuanto a Impa, la anciana y necia mujer no quería aceptar que el obligar a Zelda a quedarse en la Aldea Kakariko no iba a resultar en nada positivo, y la aprehensión de utilizar cachivaches científicos sólo lo empeoraba. A él le encantaba la idea de tenerla ahí, en casa de Impa, muy cerca de él, al contrario, Zelda sólo le hacía entender lo mucho que deseaba salir huyendo y dejar a todos atrás y en el olvido. Cada que miraba a Zelda pasar era como ver a una flor marchita, triste y sin sentido de orientación.

—Te miras miserable.

Una flor marchita, triste, sin sentido de orientación y con una boca muy sucia.

—Gracias, es por tu culpa —respondió Link, sin desear voltear a verla. Probablemente se iba a ver muy hermosa y no sabría cómo reaccionar ante ello.

—¿Ah sí? Yo creía que era culpa de Impa, es toda una dictadora. —chistó sin importarle que hubiera sheikahs que podrían escucharla. —Ya me enteré de que pusieron una cantina, me dijo una de las empleadas de la casa. —dijo Zelda aclarando su fuente de información al ver la ceja alzada de Link, asegurándose también de no mencionar ningún nombre para evitar meter a nadie en problemas.

—Ah, sí, nunca está de más un lugar para el entretenimiento —respondió Link mientras se acercaba para sentarse bajo la sombra de un árbol y sacaba su cantimplora para tomar agua de esta. —Los ciudadanos necesitan un lugar donde olvidar sus problemas.

Se guardó para sí mismo que él propuso esa idea, Zelda no era la única cabizbaja en esa aldea, varios de los aldeanos también se encontraban en un estado anímico causado por el estado de la sociedad del momento, no es muy grato ver llegar compatriotas heridos al lugar donde vives, al fin y al cabo.

Zelda chistó y se sentó al lado de Link, abrazando sus piernas y recostándose contra el tronco, Link por su parte tomó unos palos de madera que estaban al lado y comenzó a afilarlos con una navaja corta.

Sabía de ante mano por qué se había acercado a él, a pesar de que muchas veces no escuchaba lo que quería, desde que Zelda e Impa parecían tener un tipo de enemistad ambas se habían vuelto bastante cercanas a él, Zelda iba a decirle que Impa le pedía lo imposible, e Impa llegaba a contarle que Zelda era la única que podía mantener aquello en estatus quo. Por su parte, cualquiera que tuviera la razón, sabía que debía encontrarse en forma y la aldea debía ser resguardada lo máximo posible.

Continúo afilando. No importaba que opinión ganara, al final, si todo esto continuaba de la misma manera él iba a terminar peleando y matando a alguien tarde o temprano.

Un par de hylianas que iban caminando por ahí se acercaron al ver a Link, prestando especial atención en el hecho de que este portaba una camisa sin mangas.

—Buen día, espadachín Link, ¿necesita que le ayudemos en algo? —le saludaron las aldeanas con tono meloso y coqueto, por desgracia, sus esperanzas de poder tener un grato momento en compañía del héroe murieron al momento en el que miraron a Zelda al lado de Link con el ceño fruncido, ambas se limitaron a alejarse lo más pronto posible al recibir una negativa por parte del joven, no sin antes lanzarle un mordaz vistazo a Zelda. Esta entornó los ojos, el haber nacido como una princesa sin ningún tipo de don ni chispa le hizo acostumbrarse a ese tipo de miradas dirigidas a ella, su padre era un experto en llevarlas a cabo, sin embargo, las miradas de recelo por parte del sexo femenino sí que no estaba del todo acostumbrada, hace cien años ninguna hyliana se hubiera atrevido a verla de esa manera por el simple hecho de que Link estaba en su compañía, cosa que era muy constante, nadie iba en contra de la princesa de manera tan directa si no querían ser mandados a la horca en cuanto se atrevieran a fruncir un poco el ceño, o bien, podrían ser destinados a algo peor aún que la horca, las horas de servicio comunitario que propuso Impa para cualquier hyliano o sheikah que no respetara a la corona y sus integrantes.

Para la naturaleza monárquica los cues sociales eran todo un tema, los ciudadanos podían hablar pestes de ti a tus espaldas, pero no tenían permitido expresar ningún tipo de rechazo de manera tan cínica frente a tu rostro. Entornó los ojos de nuevo ante ese pensamiento, recordando las numerosas veces que Link llegó a ser cínico con ella, era impresionante las atribuciones que se podían dar algunos al momento de dejar de lado la relación empleado-empleador.

Link… Su antiguo Caballero Real…

Suspiró y volteó a verlo, este tenía los hombros quemados, las manos con vendas debido a las ampollas hechas por el trabajo duro y la ceja derecha con una cicatriz que se hizo "una vez que calculó mal al momento de rasurarse", añadiendo que estaba dejando que su rubia cabellera creciera sin límites, misma que le daba una imagen salvaje. Este por su parte, se dejó ser observado por parte de la princesa, sin saber realmente qué hacer o a donde voltear, arrepintiéndose un poco de no haber ido a acicalarse un poco cuando menos, este carraspeó la garganta y Zelda dejó de escanearlo, con el rostro prendido, a veces los momentos con Link eran incómodos y tensos, pero cuando la soledad le azotaba, nadie mejor que el otro ser humano que al igual que ella estuvo en total ignorancia durante cien años, la única diferencia es que él se adaptó enseguida al nuevo escenario.

Aun así, no dejaba de ser una de sus opciones más convenientes para conversar, y a ella le gustaba mucho conversar. Si Link pudo ser obligado a escucharla hace cien años, hoy en la actualidad también podría hacerlo. La única diferencia es que hoy en día el caballero no se veía obligado en darle la razón en absolutamente todo, y aquello le irritaba en cierta medida, especialmente porque este tenía muchas opiniones controversiales que decir. Aun así, le causaba felicidad que ahora podía compartir lo que pensaba sin ninguna limitante social, quizás para Link ese nuevo entorno era ideal para su desenvolvimiento óptimo, sin ningún tipo de peso que cargar. Ya no se trataba de Link el Caballero Real a cargo de la Princesa, puesto ofrecido por el Rey de Hyrule, sino que ahora era simplemente Link, Link el amable, Link el que se ofrece a ayudar porque es capaz de hacerlo, Link el responsable y Link el comprometido con la comunidad.

Zelda recostó su cabeza en sus rodillas, con un poco de desesperanza, ella también deseaba ser algo así… Quizás "Zelda la vecina agradable" o "Zelda, la maestra", "Zelda, la científica", incluso con un "Zelda, la que sabe hornear panqué de trufas" se conformaba, sin embargo, hasta ese momento se limitaba a ser "Zelda, la que anda aprendiendo a lavar ropa". Sus mejillas se tornaron rosadas.

Link sabiendo que Zelda no iba a comenzar la plática se aventuró con duda, sin saber si estaba pisando terrenos peligrosos: —¿Cómo te fue con...? —comenzó haciendo referencia a aquella mañana en la cocina de la casa de Impa, la princesa sabiendo a qué se refería suspiró en derrota.

—No muy bien, calculé mal los tiempos y terminé quemando el postre. —Confesó avergonzada. —Aunque el desayuno quedó bastante decente.

—¿Oh? ¿Con que aquel pan duro como una roca en el desayuno fue obra tuya? ¡Bastante impresionante! ¡no es muy fácil imitar la comida de los goron!, probablemente allá serías más halagada que aquí —respondió Link con fingida elocuencia, si Zelda no hubiera sabido que se supone que en realidad era un pastel y no un simple pan, hubiera creído que la estaba halagando de forma muy agradable, sin mencionar que los panes no deben estar "duros como rocas", aquello solo pudo empeorar su inestable estado de ánimo. —Vamos, ¡Anímate! Tarde o temprano lo harás perfectamente, además, no todo fue un fracaso, el omelette de la mañana estaba bastante delicioso. Además, Pay es una muy buena instructora, tarde o temprano serás una excelente cocinera. Yo aprendí una que otra receta gracias a Pay, es impresionante pensar que es nieta de Impa.

Zelda recordó cuando el caballero estuvo presente en una de sus clases de cocina, en la cual Pay parecía estar bastante más concentrada en servirle a Link que en enseñarle realmente, le ladró a Link ante el recuerdo. Sin embargo, coincidía en que, siempre que Link no estaba presente, Pay actuaba de manera profesional y seria, era claro que la característica responsabilidad de Impa se veía reflejada en su nieta.

—Para ti es fácil, todo se te da bastante bien —apuntó a la red de sogas con nudos bastantes complejos que estaba tendida a la lejanía, era una trampa para estúpidos, pero una trampa, al fin y al cabo. Misma que estaba destinada a ser puesta fuera de la entrada principal de la nueva cantina de la Aldea, cualquiera lo suficientemente ebrio caería en ella.

Imitando el estado a nivel nacional, en aquella aldea al parecer mucha gente se encontraba con los nervios de punta así que últimamente era muy fácil que se dieran a cabo pequeñas discusiones cantineras entre aldeanos, menos mal, la nueva tropa de guerreros que Link estaba comandando y que Impa había puesto a su disposición después de un largo día de entrenamiento solían dirigirse a aquel lugar a tomarse algunas copas y desestresarse, así que nunca ninguna pelea subía de nivel al estar presentes los nuevos reclutados.

Si Zelda estuviese en buenos términos con Impa ya hubiera mencionado que la abertura de una cantina era lo menos coherente en momentos como esos. Por su parte a Link no le importaba mucho, después de todo, no le veía nada de malo que gente que se estaba mentalizando para morir o matar se tomaran unos cuantos tragos para después irse a sus casas a botarse. Impa, en cambio, dijo que debía proporcionar "algo positivo" a aquellos jóvenes que se ofrecieron personalmente a proteger a su gente y "lo positivo" que hacía referencia la anciana es alcohol y música en vivo todas las noches, así como un salario y trato digno. Link recordó como en su momento él no tuvo la dicha de recibir algún pago en específico por su labor como Caballero Real.

Link consciente que Zelda en aquellos momentos se trataba de un frágil jarrón que podía ser roto en muchos pedazos ante la mínima equivocación con las palabras dijo —¿Por qué no vas con la costurera? la manta que hiciste la otra vez era bastante bonita y colorida, quizás esta vez pueda enseñarte algo más.

"Aunque tuviera algunos hoyos y anomalías" pensó Link a sus adentros, pero estaba lo suficientemente a gusto sentado trabajando con Zelda a su lado que no quería que nada rompiera aquel cómodo momento.

Zelda no se dio a la labor de corregirle que se trataba de un suéter, así que se limitó a gruñir, lo que parecía más bien un ladrido.

—Probablemente a ti se te da mejor tejer —apuntó con un ligero tono de rencor. ¿Cómo era posible que todo en lo que ella era mala, venía Link y hacía un trabajo perfecto? —además no puedo, queremos ir a lavar ropa las chicas y yo al riachuelo, de hecho, venía a preguntarte si podías acompañarnos, Impa no me permite ir a ningún lado si no soy vigilada.

Link sabía que todos los guardias tenían la orden de comunicarle cada vez que se le miraba a Zelda querer salir de la aldea, por si deseaba escaparse, no es que no confiara en Zelda, pero eran acciones necesarias para llevar, no se permitiría perderla nuevamente—¿Lavar con este sol?

—Justo eso, probablemente la ropa se secará más rápido.

Link aceptó enseguida, podría aprovechar para ir a cazar y abastecer al pueblo de suficiente carne para la semana. Zelda corrió para informar a las señoritas de la casa de Impa, mientras que el joven rubio escogió que armas le serían de mayor utilidad para conseguir los jabalíes más gordos de los alrededores.

—Pero que guapo se ve el Caballero Link… cuando se case va a ser una noche muy trágica para muchas jovencitas —. Dijo una señora entrada en edad mientras se reía.

Zelda puso los ojos en blanco, y continúo tallando un sucio trapo de lana contra una roca a las orillas del río. A consciencia se estaba concentrando en no levantar la mirada en dirección a Link que se encontraba a unos cuantos metros en un pequeño bosque, matando jabalís sin camisa.

Carraspeó profundamente e ignoró los comentarios de sus jóvenes acompañantes acerca de Link, no es que tenga algo en contra del cotilleo, después de todo es de las pocas cosas interesantes que puede hacer actualmente en su nueva vida, sin embargo, aún no podía acostumbrarse a escuchar hablar a las señoritas que trabajan en su casa casi con vehemencia sobre Link.

No había cosa que no le elogiaran, que si su cabello, que si su rostro, que si su vientre, que si sus brazos, que si sería un buen novio, que si sería un buen padre, que si sería un buen esposo ¡valiente y protector!

Esos días Zelda había aprendido que Link era como el hombre predeterminado para querer como yerno en esos tiempos. Era joven, tenía relativa estabilidad económica y además era un hombre "caballeroso", era casi inevitable que fuese deseado por las jóvenes.

Y para desdicha de Zelda, estaba totalmente de acuerdo con lo que decían sobre él, viéndolo desde una perspectiva femenina, tener un caballero que luche contra el mal por ti proporcionaba una imagen fantasiosa bastante exquisita. Después de todo hace 100 años llegó a tener los mismos pensamientos.

Por otro lado, no podía evitar sentir un poco de envidia, ¿por qué Link era un tipo de celebridad en ese lugar?, en cambio, en esa casa, Zelda se limitaba a ser la aprendiz de los demás.

—Hey, ¿cómo van?, ¿les falta mucho?

Link gritó a la lejanía, se supone que debido a que "era muy peligroso que fueran solas", Link acompañó a todas las señoritas de la casa, era día de lavar ropa, por mientras Link aprovechaba para llevar carne fresca para la cena.

Zelda se mantuvo volteando en dirección a sus manos, notando que la mancha que frotó con esmero finalmente había desaparecido, sonrió victoriosa, sonaba quizás un poco patético pero aquella actividad parecía como si visitara un nuevo continente, ¿qué diría mi yo de hace 100 años? Preguntó con ironía. Tomó su canasta con prendas limpias y emprendió camino atrás de las demás mujeres que se estaban retirando en dirección a la Aldea, el día de lavado fue un éxito total. Link decidió adelantarse para caminar a la par de ella, este venía con su caballo que cargaba con los cadáveres muertos de dichos jabalís. Zelda levantó una ceja.

—¿Qué pasa? ¿te dan miedo? —preguntó Link.

—¿Eh? ¿los cadáveres?, no es eso. Ahora los jabalís son más grandes que antes. ¿Será por la exposición a materia oscura estos 100 años? —preguntó con curiosidad. Que oportuno.

—Ni hagas ese tipo de preguntas, ya sabes lo que indicó Impa, no tienes permitido acceder a ningún tipo de cachivache de investigador. No mientras no estés dispuesta a cooperar.

—Estoy cooperando, en la mañana le serví su desayuno.

—Ya sabes de qué tipo de cooperación hablo.

Zelda suspiró. —La burocrática.

—Ajá.

—No entiendo la manía de Impa —bufó.

Aun cuando para ella un siglo se trató de un período confuso en su vida donde no vivió y experimentó a consciencia y sobriedad, en realidad, cien años era mucho tiempo para un sheikah común y corriente, por lo que en los momentos en donde Impa hablaba del pasado como algo que debe de repetirse le daba la ligera impresión que en su psiquis no habían pasado 100 años realmente.

El estar encerrada en una aldea en donde no era de verdadero interés, relevancia y apoyo era una situación que no le deseaba a absolutamente nadie, no tenía ningún instrumento que pudiera utilizar para hacer ciencia o tecnología, debido a que Impa, al ser la matriarca había pedido explícitamente que no se le proporcionará material de tal naturaleza de manera de castigo: "Si realmente no tiene nada que ver con ella, entonces, no hay que contarle nada" ordenó de manera tajante la anciana Impa.

En cuanto a Zelda, no es que no estuviese acostumbrada a ser vigilada en todo momento, después de todo así había sido su vida hasta hacía cien años, pero el ser observada en estos tiempos no le agradaba en lo absoluto, una personalidad anciana era palpable en su gran amiga (ahora probablemente desconocida) pero parecía haber algo más, un ligero deje de criticismo y expectativas no cumplidas. Y ¡Oh Diosas! Ella conocía más que bien ese tipo de mirada, la había recibido muchísimas veces en los ojos del rey y en su espejo cada mañana, no es que no supiera la fuente de su irritabilidad contenida, sino que una realidad es que ella no podía hacer nada al respecto, no cuando habían tenido otro pequeño altercado noches antes, en donde Impa, bastante necia de querer informarle sobre al parecer un relevante suceso político que movía las aguas entre las regiones de Hyrule, a lo que ella respondió que no deseaba saber al respecto porque no podía hacer nada al respecto y además, no le interesaba hacer nada al respecto, no sabía que para ser informada de algún detalle obligatoriamente ella debía resolverlo con su inexistente "poder jerárquico que le da ser la sucesora de una monarquía muerta".

—No lo entiendes y no lo vas a entender si sigues con esa actitud. — Apuntó Link con frialdad y con una pizca de resentimiento.

—¿A qué te refieres? —respondió Zelda, ofendida por el atrevimiento de Link. Ese detalle suyo actual de querer ofrecer su opinión definitivamente le sacaba de sus nervios, antes era más fácil la relación con Link, ahora con estas cinceladas de libertad y no tener relación princesa-caballero lo volvía más complicado.

—Tu no entiendes lo que es estar en un mundo post apocalíptico. Es necesario mantener el orden, no digo que seas tú quien lo mantenga, pero no puedes negar que estas tierras ocupan un líder. Y no puedes culpar a Impa por creer que una portadora de la sangre de una de las Diosas podría ser una buena reina.

En su momento la respuesta de Zelda había sido tajante, y esto a Impa no le gustó, no es que la joven deseara vivir en un país en miseria, sino que, por más que le dijeran que sí, ella no podía hacer nada al respecto. Era un chiste total que la leyenda de la princesa protegiendo al reino sobreviviera, lo natural era que desapareciera con la pesadilla de Ganon y se elevará a un plano astral o algo así, o bien, que renaciera en alguna otra pobre chiquilla miserable de cabello rubio que le tocará ahora resolver este problema.

No era algo que le tocaba a ella, sino a la inexistente e hipotética Zelda que vendría siendo su nieta o bisnieta.

Por desgracia Zelda ni si quiera había dado su primer beso así que quedaba fuera de discusión que existiera un tipo de sucesora de esa naturaleza.

No es que deseara que gente muriera, pero sin el poder de las Diosas no había ni la más remota posibilidad de detener aquello que se avecinaba, incluso con el dudaba que pudiera hacerlo.

Por más que Zelda había deseado que su presencia en ese mundo terrenal se tratara de un secreto, no tardó mucho el recorrer el mito que ella se encontraba con vida y en algún lugar de aquella larga nación. Y en lo que a Link le concierte, quisiera matar a aquel que comenzó el rumor, aquello sólo le agregaba un peso más a sus hombros.

La princesa al ver que el héroe se encontraba de mal humor, decidió dejarlo por la paz, dejando de lado los ideales individuales, el escenario presentado por Link e Impa era lógico, no dudaba que allá afuera se consideraría en primera instancia lo dicho por ella, una portante de la sangre de las Diosas y la trifuerza, y por supuesto, la última persona viva de la Monarquía Hyliana.

Ah… Necesita tiempo a solas para pensar.

—¿Crees que en la noche pueda ir al río a las afueras de Kakariko? —preguntó Zelda, era la primera vez que le pedía un deseo propio a Link desde hace años. El caballero saboreó la nostalgia.

—¿Para?

—Rezar.

El joven miró el rostro de Zelda, este mostraba un porte que conocía bastante bien, era el mismo que tenía la princesa hace cien años, siempre que tenía dudas, miedos o ilusiones iba a rezar. No sabía que sucedía realmente durante las sesiones de rezos, pero sabía de ante mano que se trataba de un ritual personal que sólo aquellas que tienen la sangre de las Diosas pueden llevarlo a cabo.

—Sí, yo te acompañaré personalmente.

Zelda le miró de reojo y a Link le causó escalofríos, incluso teniendo más de cien años conociéndola, para su perspectiva continuaba siento un ser fuera del entendimiento civil. "Quizás porque es un tipo de ser divino" pensó, Zelda probablemente estaba más cerca de las Gran Hadas que de un hyliano común y corriente.

Para los demás quizás es difícil de entender, pero Zelda y él comparten una conexión más allá de lo terrenal. Cien años separados se lo hizo saber y re-encontrarse con la princesa se lo confirmó. Durante mucho tiempo creyó que se trataba de la relación princesa-caballero que construyeron en su momento, pero con cada día que pasaba no podía hacer más que atribuir todo aquello a razones del destino.

Sospechaba si Zelda sentía lo mismo que él respecto a ese tema. Era sorprendente que para que Zelda, una persona que siempre dice lo que piensa, decidiera guardarse muchos comentarios cuando respecta a ellos en el hoy, y ellos en el pasado.

No tenía todos sus recuerdos, pero con los que tiene son suficientes para intuir que entre él y ella hubo algo más hace cien años, algo más que una conexión de una princesa con uno de sus vasallos, hasta el momento no se había atrevido a preguntarle nada, pero las ganas de hacerlo existían.

Aquella tarde Zelda no permitió que nada ni nadie se interpusiera en su ritual personal, tomó un largo baño caliente, se vistió, se peinó y se calzó en total silencio.

No cenó y tampoco tuvo su jornada diaria de caminar alrededor de la aldea por las noches. Sólo se limitó a prepararse y pensar. Pensar en qué iba a preguntarles a las Diosas, pensar en qué tenía dudas, pensar en qué quería hacer, pensar en ella, pensar en Link, pensar en su sueño premonitorio, pensar en los muertos que dejaron atrás, pensar en su padre, pensar en los campeones, y, en especial, pensar en el futuro.

En la silenciosa noche sólo se escuchaban dos pares de pasos, los de Link y los de Zelda, ninguno de los dos con deseos de conversar, Zelda no estaba dispuesta a compartir pensamiento alguno y Link no se atrevía a cuestionar nada, incluso, se sentía como si no hubieran pasado cien años, manteniéndose y repitiéndose el ambiente pesado lleno de introspección, semejante de aquellos tiempos.

Zelda observó sus brazos, estos llenos de joyería dorada que contrastaba con su pálida piel, había algo en sus pulseras que reflejaban el simbolismo de lo que significa tener la sangre de las Diosas, era como si se tratasen de dos preciosos grilletes de oro llenos de piedras preciosas. Le hacía creer que lo celestial implicaba un tipo de confinamiento en distintos niveles del ser.

Es que acaso… ¿Su nacimiento y su destino estaba encomendado en las manos de alguien más?

¿Qué pasaría si de nuevo le volviera a fallar a los demás?

No podría permitirse por segunda vez que se llevaran a cabo sucesos como el Gran Cataclismo, el riesgo era tal, que dudaba bastante que, si fuese el caso, podría recuperarse una segunda vez de una exterminación masiva.

Con un señalamiento de brazo, Link le indicó la entrada a un lago en el centro de un bosque ligeramente lejos de la Aldea, confirmándole la seguridad para llevar a cabo su sesión de rezo sin preocupación alguna, le agradeció con voz queda, este se limitó a darle la espalda y ejecutar una pose de custodia. Zelda le dio un último vistazo a su espalda que portaba un escudo de caballero, este haciendo juego con su vestimenta.

La princesa se quitó el manto que cubría su cuerpo desde su cabeza y lo dejó caer, dejando mostrar su vestido blanco de manta, la blancura representaba la pureza y la carencia de adornos representaba la humildad, sus joyas de oro simbolizaba su divinidad y sus pies descalzos implicaba la conexión con la tierra.

Con cuidado sumergió la mitad de su cuerpo en las claras aguas, juntó ambas manos, cerró los ojos y oró con todas sus fuerzas y con un poco de desesperación a las Diosas.

—Oh Diosas… Les ruego que me revelen la razón por la cual continúo en este plano astral… ¿Hay algo más que queda por hacer acaso?

Zelda rezó y rezó durante toda la noche, sin embargo, al igual que hacía cien años, nadie llegó para responderle ni una sola duda. A pesar de nula respuesta divina, a kilómetros de donde se encontraban cayeron tres estrellas fugaces, en la espera por ser encontradas por la princesa Zelda. Y al mismo tiempo que Zelda se retiraba decepcionada y afligida, por su camino brotaban princesas de la calma con cada paso que daba.

NA: La verdad no me acordaba que en TotK y BotW los habitantes de la Aldea Kakariko son sheikahs y no hylianos. Disculpenme si hay partes donde dice que se trata de una Aldea de Hylianos tanto en este capítulo como anteriores.

La verdad en el fanfic todo aquellos que sean parte de la "comunidad" de Link y Zelda haré referencia tanto a Hylianos como Sheikahs, quizás en un futuro pueda escribir algo respecto a este detalle si se da la oportunidad.

Gracias por leerme

¡!