Miedo. Miedo y silencio. Un silencio que podría gritar en cualquier momento, pero no parecía tener fuerzas ya.

Harry se quedó en el umbral de la habitación de Ann, sin pronunciar palabra durante un rato. La observó, mientras ella fingía que no le había visto, mirando para la pared, pensando en solo ella sabía qué. En algo en concreto. En todo. Pero jamás en nada.

Yem no tardó en alcanzarlo. Harry le había pedido que subiera.

Al darse cuenta de su presencia, el hombre se alejó un poco, pare dejar espacio a Ann.

-¿Cómo está?- preguntó Yem, casi inaudible.

-Asustada, como todos- contestó. En realidad no podía saberlo, ya que Ann había vuelto a ser bastante inexpresiva- escucha...no debes venir con nosotros.

-Qué tontería, claro que voy a ir.

Hubo algo en la mirada del señor Potter que le recordó a Yem que ya había huido de allí una vez.

-Es diferente esta vez- continuó, contestando a su mirada- ahora he prometido que me quedaría con ella hasta el final.

Harry cerró los ojos, con dolor.

-Harley y Rose ya no están para apoyarla, Yem. Está sola. Creo que no estás comprendiendo la calidad de la responsabilidad que te infringes.

-Estar a su lado nunca ha sido una responsabilidad. Yo solo...nunca pretendí escaparme de aquí, lo sabe ¿no? El encierro me volvió loco. Yo solo...

Quería excusarse y decir que solo pretendía ver a su familia, pero hacerlo le daba mucha vergüenza. No había excusa posible: se había equivocado. Punto.

-¿Y si en la batalla tuvieras que decidir entre tu vida y la suya? Si tuvieras que decidir, solo con un segundo de margen. Dime Yem, ¿Qué decidirías?

-Aun puedo escucharos- intervino Ann, desde el interior de la habitación- no podré oír tan bien como Harley, pero me temo que el viento os traiciona.

Harry miró a los lados del pasillo, incómodo.

-Voy a bajar a preguntar si puedo ayudar en algo.

La vergüenza del muchacho aumentó. No le había dado tiempo a responder.

De pronto, Yem lo escuchó resonar en su mente. Una voz, cálida, una voz a la que habría echado de menos el resto de su vida.

"No bajes Yem, quédate por favor"

La sorpresa lo paralizó por varios segundos.

Hacía tiempo que había sospechado que Ann había recuperado esas capacidades. Pero había decidido cerrarlas para él, y todos aquellos días sin Harley no habían conseguido que ella cambiara de opinión.

Pero, finalmente, lo había hecho.

Yem entró en el cuarto de Ann y Harley, despacio.

Ella estaba mirando por la ventana. Tenían pájaros desde hacía unos meses, para sobrellevar el encierro de Ann. Yem se entretenía escuchándolos de vez en cuando, los pájaros pensaban simple, pero a la vez eran ingeniosos para conseguir comida. Supuso que ella haría lo mismo a veces. Hacía un bonito día, de esos en los que te empieza a sobrar la chaqueta a media mañana. Yem intentó imaginársela por un segundo en otra vida, en un domingo, los dos tranquilos, sin nada que hacer, contemplando el paisaje.

"Lo vi, Yem"-solo le dijo.

"¿Qué viste?"otros pensamientos acudían a él deprisa, pero Ann ya sabía cómo ignorarlos.

Ann le dejó entrar en su mente, y para él fue como si hubiera estado intentando abrir una puerta durante mucho tiempo y esta de repente se hubiera abierto. Cayó de bruces a los pensamientos.

Descubriendo a Ann urgando entre los frascos de recuerdos, encontrando los de Yem, viéndolos. Pudo palpar de alguna manera el sufrimiento que le chica. Quiso secarle todas sus lágrimas.

Para cuando recuperó la vista del mundo real, ella se había girado y lo miraba, firme, pero con los ojos llorosos.

-¿Por qué?- preguntó, con un hilo de voz- ¿Por qué ocultarme algo como esto?

-No lo sé, Ann- respondió. Pero su mente dijo le susurró otra cosa.

"¿De qué tenías tanto miedo?"

"Obviamente, de que no recordaras"

Ann apretó los dientes

"Honestamente, me conoces mucho mejor ahora de lo que me conociste en su momento. No tenías miedo de que no recordara, tenías miedo de que mi poder no regresara"

Los hombros de Yem se abatieron y, por primera vez, pareció quedarse sin excusas.

"No Ann, no tenía miedo de que tu poder no regresara. Tenía miedo de lo que sentía, siempre lo he tenido, desde el primer momento"

Sus mentes se quedaron en silencio por un segundo. Analizándose, rozándose.

"Supongo que hace tiempo que me ves con mi verdadero aspecto. Pues bien, lo que yo soy no ama como un humano. Lo que soy ya amó una vez, y pensé que no me iba a volver a pasar jamás, y no creo que ni tú puedas entenderlo, porque seas más poderosa o no sigues siendo humana"

Ann pareció desconcertarse por primera vez en mucho tiempo.

"Pero empezó a volver a suceder. Y no fue nada duradero, porque en seguida estabas inmóvil entre mis brazos y parecía que no ibas a despertar jamás. Y entonces despertarte, convertida en otra, y pensé que el sentimiento se iría, o que quedaría atado a ti de por vida, que no estabas ni muerta ni viva. Tuve miedo de perderte y de no perderte del todo a la vez. Todo el rato, tuve miedo de quererte, porque...lo que aprendí fue que no me enamoraría prácticamente jamás, y conseguiste que me enamorara de las dos."

La chica despegó los labios. Estaba todo lo abrumada que podía estar.

-¿Me querrías si fuera una chica normal?- preguntó, en voz muy baja. Pero pudo escucharle.

No tardó mucho en responder. Había comprendido que aunque ambos eran especiales, solo eran dos personas cuando estaban juntas. Algo simple, y a la vez complicado.

-Quizás mi respuesta hace tiempo habría sido que no.

La chica cerró los ojos. Yem quiso entrar en su mente para comprender qué era exactamente lo que la hacía sufrir tanto, pero entonces ella decidió seguir hablando.

-Ojalá hubiéramos tenido tiempo. Ojalá...al menos, haberte conocido antes.

-Habrá tiempo- se desesperó- si tú quieres, cuando todo esto acabe...

-Los dos sabemos que las probabilidades no juegan a nuestro favor. Aunque yo salga vencedora...

Por unos segundos, no pudo continuar. Su voz se había quebrado. No podría confesarlo en voz alta.

"Me habría gustado no hacerte responsable de esta carga, Yem. Pero no se me ocurre nadie mejor, a pesar de que supondrá un gran esfuerzo y soy consciente de que te pido mucho...

Él la recibió con los brazos abiertos.

"Voy a contarte una cosa...y voy a pedirte no solo que guardes un enorme secreto, sino que me ayudes con algo relacionado con él, y con el sacrificio más duro que voy a hacer jamás"

Yem solo la miraba, y la miraba.

"¿Ann?"solo dijo.

De pronto, la expresión de la chica cambió. Entonces, lo escucharon.

-¡Rose!- chilló una voz que identificaron como la de Hermione.

Volvieron a mirarse un segundo, alarmados. Ambos se desaparecieron y en un instante estaban en el salón.

La mujer corría a abrazar a su hija, que lucía fatigada y llevaba el brazo en una especie de cabestrillo.

-Mamá...

Harley iba detrás de ella, también cansado, pero sonriente. Ann echó a correr hacia él, mientras Yem aun lucía desconcertado.

-¡Harley! Merlín, lo he pasado tan mal...- dijo mientras se abrazaban.

-Ya pasó...estamos bien.

-Hay que avisar a Ron, se pondrá muy contento- dijo Harry, optimista por la vuelta de los chicos. Se marchó al jardín a conjurar un patronus parlante.

-¿Qué te ha pasado?- preguntó Hermione, tocando el rostro de su hija como si no acabara de creerse que fuera real.

-Huyendo de Asterope...no sabía dónde desaparecerme. Pensé...-respiró, cansada- pensé que si nos traía aquí igual él encontraba la manera de seguirnos...así que se me ocurrió la casa de los Anderson-miró a Ann, como disculpándose por su error.

-Pero la casa está protegida por un encantamiento. La única manera de salir...

-No pudimos salir a pie hasta que Rose no se recuperó- explicó Harley.

-¿Tan grave fue...?- Hermione quiso examinar su brazo, pero Rose se apartó en seguida.

-No fue eso, mamá. Asterope me hechizó. Estuve dos semanas dormida.

-En cuanto Rose pudo, urdimos un plan para despistar a los mortífagos que guardaban la casa.

-Todo ha salido bien- afirmó la pelirroja con un media sonrisa- no eran unos neos demasiado inteligentes...-miró a Harley- y hemos estado rápidos abatiéndolos- ambos se sonrieron- Por fin estamos aquí...y yo no he vuelto a despartirme- levantó su brazo como muestra.

-Tienes que dejarme ver eso en cuanto subamos- le dijo Yem.

-No te preocupes Yem. Está bien curado- Rose parecía ponerse nerviosa- hay cosas más importantes.

Miró a Ann.

-Tiene razón.

Entonces todos desviaron su atención a ella. Ann respiró hondo.

-Creo...creo que necesito un par de horas para pensar- admitió- hay algo...algo me está diciendo que él quiere atacar Hogwarts. Sabe que Albus está ahí, sabe que un montón de gente por la que yo lucharía...si se hubiera enterado de que vosotros estabais en esa casa...no quiero ni imaginarlo. Creo que él sabe que el momento de la profecía se acerca, como supo que yo era la persona que podría derrotarlo cuando no había nacido aún, como supo que tardaría en descubrir que Harley era mi hermano. A veces parece que da igual lo que hagamos, él siempre irá un paso por delante.

-Ann- dijo Hermione- ¿crees que hoy...mañana...

-Lo creo- respondió, entre frustrada y resignada- nada sucede por casualidad y no sucede en días casuales. Hoy es uno de mayo. Todo ha sucedido alrededor de estas fechas. Nada es fortuito- repitió.

Todos se quedaron callados.

-Necesito un poco más de tiempo. Solo unas horas- miraba a su hermano fijamente, pero desvió un momento la vista hacia Yem- hay cosas que tengo que solucionar y son importantes.

-Yo estoy de acuerdo- dijo Rose.

Fueron momentos de tenso silencio.

-Por supuesto. Pero entonces... ¿quieres atacar Hogwarts de noche?- preguntó Harry directamente.

-No quiero atacar Hogwarts. Pero sí salvar a la gente. Pero si él descubre que estoy allí...no me quedará más remedio que enfrentarme a él. Es inevitable. Naturalmente, haré todo lo que pueda para protegeros a todos. No quiero que nadie salga herido. Todos deberíais de huir del castillo por si ocurre lo que tememos.

-Yo no voy a huir- dijo Yem, firme. Era su momento para demostrar que se quedaría hasta el final.

-Yo tampoco me pienso ir- secundó Rose.

-Tampoco yo- dijo Harry- por supuesto que no.

-Nosotros tampoco...

Ann los miró a todos. Más que morir por ella, que también, se iban a quedar si Ann fracasaba. Todos. No podía sentir apenas orgullo: tenía miedo. Miedo de no ser lo suficientemente poderosa como para derrotar a Sameor. De que les pasara algo por su culpa.

Entonces recordó de nuevo la profecía.

La magia más poderosa...

Volvió a mirar a su hermano.

-El señor Potter me lo ha contado- solo dijo, minutos después, cuando estaban a solas en el dormitorio de Ann.

Harley la miró, largamente, entre desconcertado y resignado. Ann se sentía la persona más desgraciada del mundo. Fuera como fuera, parecía que iba a perderlo todo.

-Si me das la magia que te mantiene vivo, Harley...- comenzó a discutir. Pero la interrumpió.

-Ya lo sé, Ann. Ya lo sé.

Ella negó varias veces.

-Ni siquiera estamos seguros de que vaya a funcionar. Hay muchas cosas de mis poderes que no entendemos, y una de ellas es que no creo que seas capaz de entregar mi magia. Aunque sea a mí, para devolvérmela. Ese poder ahora es más tuyo que mío. Cuando tu corazón se detuvo yo estuve a punto de morir.

-Pero eso es diferente porque yo no te había devuelto el poder voluntariamente.

No pudo evitar que se le humedecieran los ojos. Podía permitirse parecer débil delante del chico.

-Lo último que quiero es que tú mueras.

-Hasta hace muy poco tenía miedo de morir. Ya no lo tengo, Ann. Y además, no estaré del todo muerto si formo parte de ti.

-Eso es muy poético, pero no sabes si es cierto. Y si sale bien...si por una enorme casualidad todo sale bien...intentaría lo mismo que hace un año. Aunque estés muerto; le daré mi magia a tu cuerpo. Siempre voy a intentar salvarte- Harley parecía querer decir algo pero ella continuó, segura- cuando nací no quise existir sin ti, y no voy a cambiar de opinión jamás. Voy a ceder porque en el fondo sé que es lo que más posibilidades de vencer nos da, y porque queremos salvar a nuestros amigos, proteger a Rose, Albus, y los demás; y vencer de una vez por todas. Pero si por algún milagro- repitió- salgo venciendo de todo esto, no voy a existir a no ser que tú lo hagas.

Harley sonrió, un tanto misterioso. Estaba profundamente triste.

-No podrías dejar simplemente que yo me sacrificara, ¿verdad? Siempre tienes que ser mejor que yo. Por fin puedo decir que tenemos rivalidad de hermanos.

-Tengo miedo, Harley.

-Yo también. Mucho.

-Todo el mundo espera que yo sepa lo que hacer.

Él no pudo responder nada. Se abrazaron largamente.

Estaban juntos, estaban en casa.

-Si morimos...al menos podrás haber recuperado tus recuerdos primero. Eso está bien.

Ann se tensó y se separó un poco. Alzó la cabeza para mirarlo.

Él se encogió de hombros.

-¿Cómo... has podido saberlo?- preguntó, en voz baja, para que nadie los escuchara.

-No sé. Te he mirado al llegar y lo he sabido. Es un secreto, ¿verdad? ¿Por qué?

Ann no supo qué contestar.

-¿Y cuándo?

Cerró los ojos.

-Vi unos recuerdos de Yem que él no había querido enseñarme. Los descubrí y no pude aguantar. Tuve que verlos. Entonces...no sé. Es como si hubiera faltado justo esa pieza en mi cabeza.

-¿Se lo has contado?

Las lágrimas quisieron traicionarla una vez más.

-Creo que si muero será más fácil para todos así. Como si ya hubiera faltado una parte de mí antes de morir.

La miró como si estuviera diciendo una tontería, por primera vez en su vida.

-No lo creo.

-Tú harías lo mismo.

Una vez más no supo qué responder. La convicción de Ann era de las cosas más fuertes e inquebrantables que existirían. Igual ella no podía percibirlo, pero ya tenía muchísimo poder. Los meses sin poderes y memoria la habían vuelto más emocional, pero eso no le parecía algo malo.

-Hay que confiar en que alguien nos ayudará. Tal vez no sea capaz de salvarte yo sola.

-No quiero que Rose lo sepa, Ann. Ni Albus.

-Lo sabrán de todos modos- evidenció- pero lo entiendo.

-El señor Potter nos ayudará. Ha estado ayudándome todos estos meses.

-El señor Potter está demasiado implicado en un gran número de cosas, no podemos pedirle eso.

-Pero él ya lo sabe, y además querrá intentarlo...

Ann se separó un poco.

-Yem puede ver mi mente, si se lo contamos tendríamos muchas posibilidades...podría salir bien.

-¿En serio, Ann? ¿Crees que Yem estaría dispuesto a sacrificar tu vida por resucitarme?- rio, irónico- a veces me parece que no entiendes qué es el amor.

La chica se ofendió.

-Creo que todo lo que he hecho y estoy haciendo es por amor. Si hubiera sido egoísta me habría ido con...-no podía pronunciar su nombre- él, y os habría dejado morir a todos.

-No creo que Yem llegué a quererte hasta el punto de ponerme a mí por delante solo porque tú quieres.

Ann respiró hondo.

-Tú no quieres que confiemos en Rose para esto cuando los dos sabemos que es la persona que más daría por salvarte, y es porque no quieres que sepa que vas a desaparecer, tal vez para siempre. Ella sería la persona en la que más confiaría por eso, pero tú no estás dispuesto a que pase por todo esto- Harley se revolvió en el sitio- lo entiendo. Y como lo entiendo, escojo confiar en Yem, porque con Albus no podemos contactar.

Harley suspiró, resignado, y se llevó las manos al rostro, nervioso.

Bajó desganado a esperar. Solo tenía a su varita, a sí mismo, y al resto de la gente. Observó cómo Yem subía al encuentro de Ann, preguntándose también dónde estaría Rose. Sabía que muchos miembros de la Orden habían ido a prepararse para entrar en Hogwarts, y que habían acordado reunirse en el bosque prohibido. La señora Potter y Luna Lovegood hablaban en la cocina sobre el señor Longbottom y la profesora McGonnagall, pero no le apetecía escuchar más problemas. Sin embargo, observo a Victoire sola y pensativa fuera, en el porche, y decidió sentarse junto a ella; sabía que estaba muy preocupada por Ted estos días.

-¿Cómo estás, Vic?

-Hola, Harley- lo saludó, sorprendida en sus pensamientos- no lo sé, cómo deberíamos estar. Estoy esperando a que llegue el señor Thomas, posiblemente recibamos apoyos de San Mungo pero ya sabes, últimamente hay enemigos por todas partes.

-Ann me ha contado que no se sabe nada de Ted.

Vic resopló.

-Ni de Albus, ni James, ni Fred...menos mal que Roxanne consiguió mandar una carta, que sospechan que están todos atrapados en la Sala de los Menesteres...si no...-se le cortó la voz- pero eso hace que no hay nada que quiera más en este mundo que ir hasta allí, y asegurarme de que todos están bien.

Harley asintió varias veces.

-Me alegro mucho de que vosotros hayáis conseguido llegar sanos y salvos. No ha debido de resultar sencillo.

Esa vez le tocó negar.

-No se lo digas a sus padres, pero...estuve a punto de perderla. Primero por la despartición y luego...parecía que la floresencia iba a mantenerla dormida para siempre.

-¿La floresencia? Merlín...Asterope se hizo con esa esencia...

-Sí. Ella estaba atrapada en un día en el que te casabas con Ted y todo el mundo parecía tener lo que quería, era...- de pronto se dio cuenta de que el semblante de la chica había mudado, angustiada- yo...lo siento mucho, Vic. Lo he dicho sin darme cuenta.

-No sé por qué me sorprende un deseo tan poco egoísta por su parte...lo íbamos a hacer- confesó, con un nudo en la garganta- realmente íbamos a casarnos. Solo lo saben Rose y James.

No sabía si felicitarla o quedarse callado.

-Habíamos planeado contarlo, pero entonces sucedió lo de Ann, y me ofrecí con Yem y el señor Thomas a cuidar de vosotros...y vimos que aunque lo haríamos de todas formas, no era el momento. Ahora me arrepiento de haber esperado. Tenía que haber hecho como mis padres, ellos no lo hicieron.

Harley consideraba que casarse no era tan fundamental, pero decidió callarse eso, ya había metido suficiente la pata.

Rose bajó minutos después con sus padres y Harry. Se había duchado, cambiado de ropa y cambiado el vendaje, ya no llevaba cabestrillo y ahora solo se intuía un bulto cerca del hombro por debajo del jersey.

-Vic, ¿Aún no ha llegado el señor Thomas?

Su prima negó.

Rose los observó a ambos.

-No deberías llevar el brazo así.

-No me duele, lo juro. Yem ha estado de acuerdo. Deja de preocuparte- lo regañó, no sin cierto cariño.

Harley apretó la mandíbula.

Escucharon un ruido ensordecedor que provenía de unos metros más lejos. El señor Thomas se apareció en el claro.

Pero algo iba mal. Tenía el rostro magullado y dos personas lo sujetaban por los hombros. Uno de los dos encapuchados lo apuntaba con su varita.

-¡Mortífagos!- chilló Victoire todo lo alto que pudo, mientras los tres sacaban sus varitas.

Ellos fueron más rápidos. Aunque Harley consiguió avanzar hasta Rose y apartarla, llegó tarde para ayudar a Vic. Un hechizo le dio de lleno en el pecho.

-¡Avada kedavra!- se escuchó en el jardín. Rose realizó un hechizo de protección desde el suelo.

Entonces llegaron los que estaban en el interior de la casa. Ambos se incorporaron para unirse a la lucha. Ya no eran solo dos, otros tres se habían aparecido. Saltó a la mesa para lanzar una maldición a cualquiera de ellos, aprovechando que sus padres, sus tíos y Luna los igualaban en número.

-¿¡Dónde está!?- gritó Ron, refiriéndose a Ann.

Una estela blanca salió de la casa rompiendo un cristal del piso de arriba. Las varitas de los Neomortífagos salieron volando y Ann se apareció delante de ellos. Los hechizos cesaron. De alguna manera, los había petrificado a todos. Yem se apareció instantes después.

Fue el único que pudo reaccionar y salir corriendo al concuentro del cuerpo del señor Thomas, inerte en el suelo.

Rose comprendió que la maldición asesina no había sido para ellos.

-Merlín... ¡no tiene pulso!- soltó, desesperado. Comenzó a reanimarlo.

Harley corrió a su encuentro. Ann realizaba hechizos protectores con su varita: de alguna manera, habían quebrantado los que tenían.

-Yem, es inútil...-le dijo- ha sido una maldición asesina.

-Ann...- le suplicó. La chica los miraba ahora. Había mucha emoción en su mirada, sin embargo su voz no tembló.

-No puedo hacer nada por él. Vic sí me necesita.

Se giraron. Entre Ron y Harry rescataban a la muchacha de los cristales rotos de la puerta que daba al porche.

Una maldición dirigida a uno de los neomortífagos impactó en una barrera invisble.

-Maldita sea Ann, ¿los estas protegiendo?- le preguntó a voces la señora Potter. Estaba realmente enfadada.

Harley cargó deprisa con el cadáver del señor Thomas mientras Yem y Ann avanzaban hacia ellos.

-Dos, quizás tres, están influenciados por una maldición imperius- solo dijo- merecerán que nos ocupemos de ellos cuando podamos abordar ese asunto- terminaron de poner a Victoire sobre la mesa y ella se acercó. Ann le levantó la camiseta: una gran marca violácea y de bordes irregulares le rodeaba el pecho. Colocó sus manos alrededor del esternón.

Yem las observaba, todavía traumatizado con lo que acababa de pasar.

Los habían descubierto. Ya no había vuelta atrás. Tenían que luchar.

Los brazos de Ann comenzaron a brillar.

-Va a vivir- solo dijo.

Se escucharon varias respiraciones de alivio.

-Dean...-dijo Hermione con voz entrecortada- cómo... ¿qué ha podido pasar?

-Lo descubrirían algunos compañeros...demonios, por eso tardaba tanto. ¡Debimos darnos cuenta!

-Ann...- le dijo el señor Potter- te estás agotando.

No era del todo cierto. Se sentía un poco más cansada, pero ya no era como antes. Lo aguantaba mejor.

-Quiero asegurarme de que despierta pronto...-miró a Yem. Sus ojos azules brillaban casi plateados- debes sacarla de aquí. Llevarla con sus padres, con Hagrid...ninguno debemos permanecer más aquí. Posiblemente utilicen el poder de él para volver a romper los hechizos de protección.

-Debemos irnos-comprendió Luna, un poco más entera que sus amigos.

Yem la miró, urgente.

-Ann...

-Te necesita más que yo ahora. Si por lo que sea mi magia se debilita ella empeorará.

-No...

-Me lo acabas de prometer, Yem- le recordó.

Harley volvió a aparecer después de dejar en el sofá del salón al señor Thomas.

Ann retiró sus manos de Victoire, que se había curado de varios cortes y su marca se había difuminado casi por completo. Incluso se revolvió un poco. Iba a estar bien, por el momento.

-Tenemos que irnos- apremió Harry.

Ann asintió.

-Es la hora.

Todo lo sigilosamente que pudo, Albus Potter, bajo la capa de invisibilidad, entró en el despacho, aparentemente vacío. Incluso los retratos de antiguos profesores habían desaparecido, muchos de ellos. Dando un paso tras de otro y esperando con miedo varios segundos, consiguió llegar a la mesa. Observó que los retratos de Albus Dumbledore y Severus Snape habían sido retirados, y que los pocos que quedaban dormitaban. Realmente, ese era el único rastro de Asterope. Apenas se había molestado en cambiar cosas de sitio.

Miró hacia los papeles de la mesa. Observó un mapa de Hogsmade, y dibujados de manera arcaica, un camino que daba desde Hogwarts hasta Sortilegios Weasley.

-Mierda- murmuró.

Así que lo sabían.

Era una posibilidad.

Su única opción entonces sería la de pedir ayuda o la de escapar por la entrada de Hogwarts. Albus, como el resto de sus compañeros, sabía que eso era una misión suicida, pero no les quedaba otro remedio. No podían seguir atrapados.

De pronto, la puerta se abrió y apareció el señor Asterope. Aunque no era visible, Albus se apartó precipitadamente en un rincón.

Detrás de ellos iban la profesora McGonnagall y el profesor Longbottom. Laven iba el último, apuntándolos con la varita. Los profesores parecían no poder mover las manos, y apenas las piernas. Ambos lucían un aspecto lamentable y tenían la ropa y las gafas rotas. Nunca los había visto

-Como puede ver, Minerva, no he cambiado demasiadas cosas. Tan solo los molestos retratos.

-¿Qué ha hecho con ellos?- preguntó Neville.

-Ummm...destruirlos.

-No habrá sido capaz.

-No se preocupe, estoy seguro que tenían otros retratos a los que acudir. Aunque si prefiere, podemos mandar que hagan otros y colocarlos en sus celdas- se burló Lauven.

-¿Por qué no estamos en Azkaban con los demás todavía, si puede saberse? Un beso de dementor me parece más apetecible que ser torturados- dijo ex directora. Albus se revolvió sin poder evitarlo.

Asterope pareció ofendido.

-Os merecéis un trato especial. ¡Por eso, por supuesto! Por eso, y porque necesitó información...cuento las horas para que el señor del Mal acabe con Anderson, pero me temo que de momento...habrá que esperar un poco más.

-¿Qué te ha prometido ese hombre, Darius?- preguntó Minerva- qué os ha prometido.

-Empieza por qué no. A él solo le interesa matar a Anderson. Lo demás es secundario, pero en cualquier caso precisa de gente en cargos muy importantes y los precisará en cada vez más lugares. Esto es pura supervivencia.

-Ann vencerá.

Lauven empujó a Neville y lo derribó al suelo, estaba muy débil. Albus se revolvió más que nunca, pero pensó en sus compañeros. Apretó los dientes.

-Pues no está aquí para salvar ni a sus amigos.

-Espero que después de este periodo de...reflexión que les hemos dado, puedan estar capacitados para decirnos dónde se encuentran cada uno de los miembros de la Orden del Fénix, incluida por supuesto la chica. Como sabréis el veritaserum se ha agotado así que no nos quedará más remedio que conseguir la verdad de otros modos. A no ser...que hayáis reflexionado.

Neville escupió a los pies de Aterope.

-Vete al diablo.

El hombre apuntó con su varita a la mujer.

-¡Crucio!

Albus no pudo más.

-¡No!¡Desmaius!-el hechizo impactó de lleno en el director en funciones.

Lauven pareció confuso unos segundos, tiempo que Albus aprovechó para desarmarlo. Se quitó la capa.

La profesora se agachó a recoger la varita y petrificó al mortífago en cuestión de dos segundos.

-¡Al!- se sorprendió Neville.

-No pensaba que seguirían en el castillo- solo dijo Albus.

-Asterope nos ha tenido encerrados en las mazmorras.

-Señor Potter... ¿dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo aquí?

-Tengo que sacar a treinta personas de Hogwarts. No pensaba que fuera posible por la chimenea pero...-los tres miraron a la del despacho-ahora no me parece una mala idea.

Salió corriendo de allí con el profesor Longbottom metido dentro de la capa con él. Su barriga era bastante voluminosa y se les veían un poco los pies, pero estaba anocheciendo y debería de estar todo el mundo en el gran comedor. Llegaron a un oscuro pasillo en el segundo piso. Se acercó a una de las estatuas.

-Josh, ¿estas ahí?

El muchacho salió del hueco.

-Genial- se quitó la capa y el chico vio al profesor y abrió mucho los ojos, asombrado- tienes que hacer algo muy importante. No hay tiempo para explicarlo, pero McGonnagall está apartando del colegio a Asterope y Lauven, así que es nuestra oportunidad para marcharnos de aquí. Todos.

El chico pareció reaccionar.

-Mándalos a su despacho. Marcharan por la red flu- se sacó un pergamino de la capa- llévate el mapa, lo necesitáis más que nosotros.

-No podremos salir todos, Albus- dijo mientras lo cogía- No habrá polvo para treinta personas.

-Tiene razón- secundó Neville. Entonces lo entendió- no planeas huir por ahí ¿verdad?

-No todos, pero es una salida rápida para los más pequeños. Los demás estoy rezando para que podamos salir por la puerta grande. Saben lo del segundo pasadizo, hay un chivato entre nosotros.

-¿Qué?- Merlín...voy a la sala de los Menesteres.

-Al, ve con él. Puedo rescatar yo solo a los profesores.

-Confío en Josh, además, James está ahí dentro también. Y va a necesitar la capa.

Neville suspiró resignado.

El bosque prohibido estaba teñido de naranja atardecer. Seis figuras encapuchadas caminaban rápidas y seguras hacia el castillo de Hogwarts, todavía lejos en su horizonte. La más pequeña de todas ellas iba primero, sin hacer prácticamente ruido con sus pasos. Levantó su varita y se iluminó la punta, acto seguido hizo un gesto para que los demás se detuvieran.

Pasaron lo que parecieron horas y apareció de entre los árboles una muy extraña criatura: un gran unicornio blanco. A medida que se aproximaba, el brillo de su pelaje aumentaba, hasta que deslumbró con su belleza a todos.

Ann se quitó despacio la capucha.

-No estaba segura de que quisieras verme de nuevo.

Anderson Ann...volvemos a encontrarnos...

-Hace más de un año me pronunciaste la profecía que nos uniría a un mago y a mí y nos obligaría a luchar una batalla a vida o muerte. ¿Me equivoco?

No contestó.

-Sé que no me debes nada, y que vosotros los unicornios no tenéis bando ni preferencias...pero si no me ayudas ahora es posible que este bosque desaparezca, que mueran humanos y animales, y que presencies años y años de oscuridad. ¿Es eso lo que tú quieres para este mundo, Atlas?

No se puede cambiar el rumbo de la historia...

-Esta es mi petición- continuó, ignorando al animal- avisa a las criaturas de este bosque. Que luchen en mi bando. Sé que mi enemigo no se molestará en pediros ayuda, y que en cierto modo eso es respetaros, pero...cosas mucho peores podrían sucederos después. Eso no es cambiar el rumbo de la historia. Aun seré yo quien se efrente a él cara a cara.

Anderson Ann...no has sabido escucharme...te ha podido tu humanidad...

La chica se arrodilló, serena y desesperada al mismo tiempo.

-Solo avisa a las criaturas. Sé sincero, diles lo que va a suceder. Si salgo vencedora traeré paz.

Nunca habrá paz sin guerras.

-¿No te has dado cuenta de que ya estamos en una?

Se cernió el silencio.

Haré lo que me has pedido. Seré justo y sincero. Pero si las criaturas no eligen tu bando no será mi responsabilidad, ni intentaré detenerlas.

-Estaré eternamente agradecida. Podemos continuar- dijo al escuadrón.

Caminaron mientras el unicornio los observaba entre los árboles.

Rose se giró un instante, para dirigir una vez más su vista al animal fantástico. Sus ojos, puros, la miraban directamente. No se lo creyó del todo, pero juraría que acababa de ver al animal hacer una ligera inclinación de cabeza, como si la estuviera respetando. Le congeló la sangre.

-Demonios- solo dijo.

La situación era mucho más grave de lo que habían podido intuir. Ya desde la entrada, no exactamente vigilada, pudieron ver cómo una armadura salía disparada por la puerta principal.

-¿Están atacando Hogwarts?

Echaron a correr. Vieron al profesor Redfield pelear con un Mortífago y Ann lo inmovilizó, sin esfuerzo y sin pronunciar esfuerzo alguno.

Hermione se quitó la capucha.

-¡Señor Redfield! ¿¡Qué está sucediendo!?

El hombre apenas podía respirar.

-Se llevaron a algunos profesores a Azkaban pero a algunos nos dejaron aquí encerrados. Nos torturaron para saber el paradero de Anderson y bueno, yo al menos no lo sé-los miró intrigado, y abrió mucho los ojos cuando distinguió a Ann- ahora ya sí, me temo. Están sacando a los alumnos más pequeños de Hogwarts por la red flu, pero los demás tendremos que quedarnos y dar un poco más de guerra.

-¿Y nuestros hijos?- demandó saber Ginny.

El hombre negó, nervioso.

-Acabo de ser liberado. Yo tampoco sé muy bien lo que sucede.

Ann entró al castillo, seguida de los demás.

No se esperaba el enorme número de militantes de Sameor. Había conseguido reunir muchos Neomortífagos y todos estaban dispuestos a acabar con ella. Sin embargo, alumnos de todos los años luchaban contra ellos y les plantaban cara junto los profesores. Un patronus en forma de ciervo salió volando del castillo: había que avisar a todos los miembros de la orden.

-¡Hay que encontrar a Albus!- recordó Rose.

Estar cerca de Ann era una garantía, la muchacha derribaba a todo aquel a su paso y si alguno estaba a punto de pillarla desprevenida, su pequeña comitiva la protegía.

Los gritos comenzaron antes de lo que le hubiera gustado.

-¿¡Es Anderson!? ¡Ann ha vuelto!

Tan solo Harry seguía subiendo pisos con los tres jóvenes, los demás habían tenido que quedarse peleando. Harry procuró que las imágenes de la anterior guerra no acudieran a su mente, cegándolo. Tenía que mantenerse frío por sus hijos, atrapados en algún lugar de Hogwarts.

O tal vez muy lejos de allí en cualquier triste situación.

De nuevo, procuró mantenerse frío. Harley tiraba de Ann y Rose para que fueran más deprisa.

Cuando estaban subiendo al séptimo piso se toparon con un pequeño grupo de estudiantes persguidos por dos hombres y una mujer que volaban hacia ellos lanzando maldiciones. Harry y Rose acertaron a dos de ellos que se cayeron de sus escobas, el tercero cayó en picado: había sido cosa de Ann.

-¡Rose, estás viva! ¡Papá!

-¡Lily!- la abrazó aliviado- ¿dónde demonios has estado? ¿Y tus hermanos y primos?

-¡Ann!- se sorprendió la chica, como el resto de muchachos que rodeaban.

-¡Está aquí!

-¡Estamos salvados!

-Voy a sacaros de aquí- solo pudo decir Ann- Lily...

-Estuvimos atrapados en la Sala de los Menesteres todo este tiempo, sin poder salir. Al salió con la capa a ver si podía conseguirnos comida y una forma de escapar pero se topó con que podía rescatar a los profesores, lo consiguió y gracias a McGonnagall Asterope y Lauven están lejos de Hogwarts ya- Rose no pudo evitar sonreír triunfante mientras se abrazaba a Josh- así que como pudo nos avisó y salimos, pero no todo ha salido como pensábamos.

-Atacaron el refugio de Ann- respondió Harley- ellos saben que se movería de lugar.

-Probablemente estén atacando Hogwarts para provocarla.

-No exactamente-murmuró Ann- solo se acerca el momento- miró a Josh y a Lily- tenéis que hacer que se marche el mayor número de gente-miró a Lily severamente- y tu deberías buscar un lugar seguro.

James, Grace, Scorpius, Cygnus, Hugo y Ted habían conseguido permanecer juntos. Los cinco habían acordado encontrar a Albus.

-¡Es para hoy, Hugo!- apremió James mientras corrrían hacia el despacho de McGonnagall. Hugo aceleró todo lo que pudo, llegando a la altura de Grace. Ted lanzó una maldición a una Mortífaga que atacaba a unos alumnos de segundo vestidos con el uniforme de Hufflepuff.

-¡Eh, yo fui un Hufflepuff, imbécil! ¡Metete con alguien de tu tamaño!

De pronto el suelo tembló, y unos enormes trolls bajaban por las escaleras principales hacia ellos.

-¡Corred!- gritó Scorpius.

Alguien debió de mandarles un bombarda, porque Grace solo recordó haber salido despedida y de alguna manera que desconocida no se hizo demasiado daño al golpear el suelo. Salió rodando mientras oía los rugidos de las criaturas y gritos desesperados. Se le heló la sangre por un momento.

Había mucho humo. De repente, los gritos cesaron. Se incorporó, no sin tropezarse y volver a caerse primero. Caminó entre piedras. ¿Y los trolls? ¿Por qué nadie gritaba?

Volvió a escuchar gemidos.

Distinguió la figura de James intentando apartar un enorme trozo de columna del suelo.

-¡Ayudadme! ¡No sé dónde tengo mi varita!

Grace también la había perdido. Rebuscó volviendo sobre sus pasos.

-¡No! ¡Scorpius!

Corrió hacia donde había visto a James. El enorme trozo de piedra se levantó, dejando ver el cuerpo destrozado de Scorpius.

Se quedó sin voz.

Había llegado más gente de la que pensaba. El grupo de Lily y Josh había conseguido bajar hasta allí también. James y Ted intentaban hechizos de curación, pero una marca negra se entendía por el abdomen del joven.

Llegó hasta él en lo que le pareció un siglo.

-Dejad...lo-intentaba decir Scorpius, sin aliento. Uno me ha dado con un mazo envenenado...el veneno...la explosión me ha hecho un favor...-estaba pálido y frío.

Harry Potter junto con Cygnus, Hugo y Rose peleaban contra el último troll en pie.

-¿¡Donde esta Ann!? ¿¡Dónde está!? ¡Ella puede salvarlo!

El último troll cayó abatido.

Pero Lily sabía que Ann y Harley habían desaparecido y que no había nada que hacer.

Grace cayó al lado de Scorpius y agarró su mano, junto con Josh, y Lily, que lo agarraba del rostro apartándole el pelo sudoroso de la cara. Aun le brillaba un poco, rubio platino.

-Morir así no es un mal final...-juraría que formó una leve sonrisa- rodeado de las mm...mejores p-personas.

-Tienes que aguantar, Scor, por favor- suplicó Josh observando la gravedad de la herida. Lily lloraba mientras lo acariciaba despacio y más atrás James se desesperaba. Tenía razón. Iba a matarlo el veneno.

Solo Grace lo estaba mirando a los ojos cuando los de Scorpius se apagaron.

Para siempre.

Ann estaba agotada. Llevaba corriendo demasiados minutos. Pero Harley se empeñaba en llevarla a la enfermería, y tiraba de ella con fuerza. Casi se tropieza en un par de ocasiones. Cansada, cuando llegaron y Harley la guio hacia un lugar que le era familiar, lo entendió.

Una parte de ella se resistía a ese momento. Pero sabía que tendría que hacerlo.

-Tú dirás- dijo cuando se detuvieron.

Ann no perdió el tiempo y lo guió. Había varias puertas que desconocía, pero sabía cual buscaba. Finalmente, subiendo unas escaleras encontró la puerta.

La abrió y entraron deprisa.

Harley la cerró rápidamente.

-No hay tiempo, Ann. Ahora.

Pudo ver el miedo tan claro en su mirada.

-No sé si seré capaz.

-Entonces solo deja que lo haga yo. Probablemente debas usar mi ropa después..bueno, eso es lo de menos- se tumbó en la cama que había sido de Yem- estoy listo.

Ella se quedó quieta unos instantes.

-Ann...por favor...

Cerró los ojos y con el mayor esfuerzo que había hecho en su vida se sentó en el suelo, apoyándose en el borde de la cama y le tendió una mano temblorosa a Harley.

-¿Es egoísta pedir que no funcione?

-Créeme. Una parte de mí también lo espera. Pero la parte que quiere derrotarle es mucho más fuerte. Y necesito que la tuya también lo sea.

Cerró los ojos e inspiró hondo. Se esforzó al máximo.

-Estoy lista.

La mano de Harley envolvió la suya. Al principio no notó nada, pero después empezó a ver distintas imágenes. Se abrazaba a una mujer que la consolaba mientras lloraba, se agobiaba con las alturas, el señor Harley le sonreía, un hombre al que llamaba padre le gritaba. Ann y la confianza que le despertaba. Se vio riendo con Albus, sufriendo por su enfermedad...Rose y su cabello rojo entre sus dedos, la besaba con ganas y se ahogó en el sentimiento. Ojos negros, azules, piel oscura, clara...todo empezó a juntarse con sus propios recuerdos y de alguna manera, cabían todos. Se sintió fuerte, fuerte como nunca se había sentido, como si hubiera estado viviendo sin dormir lo suficiente todo el tiempo.

"Ann..."

Abrió los ojos. Todo se veía mucho mejor ahora. Intento moverse, y una oleada de energía acudió a ella. Se giró a observar el rostro de Andrew, inerte.

"Ann..."

Parpadeó varias veces. Se miró las manos, más grandes y con dedos más largos. Su piel era mucho más oscura.

-Funcionó- dijo, y su voz era mucho más melódica, más femenina y bonita.

"Ya lo veo"

Esa voz volvió a hablar en su cabeza.

"¿Harley? ¿Eres tú?"

"Te dije que me iba a quedar contigo"

Exhaló, incrédula. Se incorporó, acostumbrándose a su nueva altura y complexión. Se sentía capaz de todo.

"Nos sentimos capaces"corrigió Harley.

-Nos sentimos capaces- murmuraron al unísono a través de su nuevo cuerpo.