Capítulo 6. Vacaciones (parte 1)
Bajé del metro y caminé unas calles hasta que estuve frente al templo en donde Mitsui y yo nos frecuentábamos. Me sentí a gusto conmigo misma. Me puse una camisa color rosa de manga larga que arremangué hasta los codos, la cual tenía un bordado de flores precioso. Lo combiné bien con un short azul claro y mis tenis converse de color amarillo.
Al poco rato apareció Mitsui con un pantalón de mezclilla, sus zapatillas deportivas y una camisa azul marino. Llevaba su usual peinado con el flequillo echado hacia los lados como un libro abierto.
No era muy tarde, la idea era pasar tiempo juntos después de todo.
—Hola, Saki. Me alegra ver que recordaste nuestra cita. —Se le veía contento. «¡De verdad era una cita!», pensé. Él dijo—: Lamento llegar tarde, ¿te hice esperar mucho?
—No, acabo de llegar. En realidad, yo llegué temprano, así que no te preocupes.
—Fuh… —suspiró con alivio—. ¿Nos vamos?
—Claro. —Sin temor a nada le extendí la mano invitándole a tomarla.
Mitsui sonrió y por primera vez nuestros dedos se entrelazaron en ese agarre que antes había sido superficial. Me dije a mí misma que esa era la forma correcta en la que los enamorados deben tomarse de las manos.
Cuando llegamos al lugar mencionado nos quedamos hablando tan tranquilamente que hasta nos olvidamos de comer nuestras hamburguesas apropiadamente. Pero claro, lo de la comida había sido solamente una excusa para poder vernos. Aunque de repente quise que no fuera así y perdí mis modales cuando decidí comer normalmente. Una chica refinada con una educación normal habría podido comer con mayor gracia que yo, sin embargo, desobedeciendo esa bella cultura abrí grande la boca y le di una mordida a mi hamburguesa. Advertí que Mitsui soltó una risita cuando me vio, a lo que yo me quedé atenta a sus reacciones todavía con la boca llena.
—Disculpa —dijo él cubriendo su boca con sus manos. Si no hiciera dicha cosa, podría haber visto su blanca dentadura—. Es solo que las chicas no suelen ser tan sinceras, ¿cierto?
—Dijimos que nos trataríamos con confianza —dije luego de tragar y volver a tomar bocado.
—Lo sé. —Sonrió.
Él inesperadamente se cambió de asiento. Ya no estábamos frente a frente, sino que se sentó justo a un lado de mí. No era muy descabellado ver parejas uno al lado del otro en un restaurante, ¿cierto? Ese movimiento me hizo feliz.
Tomó una servilleta y me limpió la comisura del labio en donde al parecer tuve una mancha de kétchup sin darme cuenta. Nos sonreímos.
Mitsui era el tipo de persona que me gustaba. Al darme cuenta de eso me sentí aliviada puesto que temía que lo mío fuera solo algo superficial. Era amor a primera vista, claro que era superficial.
Sin embargo, él y yo nos llevábamos increíblemente bien pese a que no nos habíamos dado el tiempo de conocernos antes. Coincidíamos en muchas formas de pensamiento y éramos flexibles con nuestros sentimientos. Y también podíamos hablar de cualquier cosa sin tener miedo a dejar atrás el comportamiento y etiqueta de "la pareja que se está conociendo recién". Antes, cuando pasábamos las tardes juntos en la cancha de básquet había visto sus reacciones ante mí. Me quería de verdad y yo a él. Por primera vez en mucho tiempo me sentí totalmente querida y dicho sentimiento volvió cálido mi corazón.
No era que mis padres fueran terribles conmigo, pero trabajaban demasiado y no tenía tiempo para contarles sobre cómo había ido mi día. Aunque, en realidad, yo tampoco se lo preguntaba a ellos. Por ello, Mitsui lo era todo para mí. Y más allá de un amor infantil por su atractivo exterior, llegué a amarlo de verdad.
Y como era el último fin de semana antes de la graduación, decidí proponerle algo.
—¿No te parece que podríamos estudiar juntos durante vacaciones para el examen de admisión?
—¡Me encantaría! Pero… acostumbramos salir de la ciudad durante las vacaciones de verano para pasar la temporada en cada de mis tíos, así que…
—Oh, entiendo. ¡No tienes que poner esa cara triste! Nos veremos después en la preparatoria. Ambos tenemos buenas notas así que no hay que precipitarse. Lo de estudiar es solo para estar seguros.
—Claro, lo entiendo. Esforcémonos, ¿sí?
Asentí y me recargué en su hombro.
—Oye, Mitsui, ¿te avergonzarías de mí si me uno al equipo de porristas y te grito a todo pulmón?
—Claro que no, pero, ¿no crees que podría distraerme?
—Vamos, hay chicas que te animan incluso ahora.
—Trato de no prestar atención —dijo con una risita—, pero contigo sería diferente.
—Aunque… no soy buena gimnasta. ¿Basta con gritar y usar un uniforme bonito?
—Seguro. —Sonrió.
—Puede que me anime a ser la mánager del equipo.
—¿La mánager de Shohoku?
—Si me enseñas bien, claro.
—El profesor Anzai lo hará —dijo orgulloso.
—¿Tanto confías en él? —Tomé un sorbo a mi soda.
—Por supuesto. Creo que a su lado podremos agarrar el campeonato nacional.
—¡¿El campeonato nacional?!
Me conmocioné tanto que casi escupí la bebida y me corrí hasta atrás en mi asiento.
—Sí —dijo él—, deseo de verdad lograr algo grande para mi equipo y traer la victoria junto al entrenador Anzai.
—No voy a mentir… Me tomaste por sorpresa.
—Quizá piensas que es imposible.
—¿Una locura?, sí. Pero imposible jamás. ¡Yo voy a ayudarte! Entrenaremos juntos más seguido, ¿sí?
—¿Qué pasa con los estudios de los exámenes?
—Estudiaremos también. Nos podríamos ver en la biblioteca que está a la esquina de la ciudad y luego tomamos un desvío a las canchas. Cuando volvamos de vacaciones, claro.
Mitsui accedió. Hablamos de muchas cosas y era curioso que cuando uno es adolescente tiene muchos planes para desempeñar. No solo porque estábamos llenos de sueños, sino porque las ideas para el futuro lejano e inmediato eran inspiradoras y emocionantes siempre.
Iniciar la preparatoria sería toda una aventura.
Seguimos comiendo y cuando terminamos dimos una caminata por la playa. La cercanía de la costa era algo que siempre amé de Kanagawa.
Íbamos caminando lentamente sobre la arena dejando que el aroma del mar llenara nuestros pulmones y el sonido de las olas rompiéndose llenaba el silencio. En ningún momento me solté de su mano. Sus dedos eran largos y su mano completa cubría la mía sin problemas; era cálido y me hacía sentir querida y protegida. De verdad que lo quería y mucho.
Lo tomé del brazo y me recargué en él. Desearía haber visto su cara y descubrir qué clase de expresión ponía cuando la chica que le gusta lo abrazaba de esa manera. Viéndolo de tan cerca me daban ganas de pasar mi mano por su nuca y acariciarle con cariño. Todo en él era bello.
El viento sopló fuerte y nos voló los cabellos, cosa que nos hizo reír porque quedamos despeinados justo como si acabáramos de salir de la cama por la mañana.
—Mitsui, cuando hayamos entrado a Shohoku ven a mi casa a cenar.
Su cara se puso roja.
—¿Lo dices en serio?
—Sí. Mamá se pondrá contenta cuando vea lo guapo que estás. Verá que no soy de mal gusto. —Bromeé un poquito con él.
—¿Y qué dirá tu padre? —cuestionó entre risitas.
—Nada que pueda separarme de ti.
A juzgar por su cara, Mitsui supuso que si no decía nada ahora sería demasiado tarde después. Por eso se detuvo ahí sobre la arena. Yo le vi a los ojos todavía con una sonrisa, pero a él se le veía pensativo.
—No nos veremos durante las vacaciones. Son casi dos meses… —razonó—. Es mucho tiempo, ¿no?
—Algo. Pero es mejor eso que tener clases.
Él soltó una risita.
—Lo que quiero decir es que será mucho tiempo sin verte y no me quedaría tranquilo si vuelvo a casa y no he aclarado mis asuntos todavía. No me gustaría volver y de repente ver que te enamoraste de alguien más.
Al principio no entendí muy bien sus palabras. Entonces me tomó ambas manos con las suyas y me miró con detenimiento. El fleco cubriéndole la frente al verme hacia abajo.
—Saki, estuve pensándolo mejor y no quiero esperar hasta la preparatoria para comenzar a salir oficialmente contigo. Me gustaría… que comenzáramos a salir oficialmente desde ahora. Por eso… —Carraspeó. Ante sus acciones y palabras solo pude limitarme a observarle en silencio sin ser capaz de interferir con más palabras. Se echó el pelo a un lado con un movimiento de cabeza y mantuvo su mirada fija en mí. Su rostro casi tocaba el mío—. Murasaki, ¿quieres ser mi novia?
Esas palabras bastaron para hacerme perder la poca cordura que me quedara y para aumentar mis ilusiones de adolescente sumida en la dulzura del amor.
Asentí con la cabeza sin poder evitar sonreír en el acto. Si eso no era felicidad, entonces jamás sabría lo que era verdaderamente. Y me causó gracia ver que tampoco había sido fácil para él, porque tenía la cara roja, temblaba ligeramente y apostaba a que sus manos sudaban. Entregar una carta de declaración fue igual de retador.
—Sí —dije acariciando sus manos con cariño. Me envolvía con el mismo afecto—. Seré tu novia con mucho gusto, Mitsui.
Nos sonreímos sin estar seguros de qué era lo mejor que se podía hacer tras afirmar y oficializar nuestra relación.
—Qué alegría. —Sonrió abiertamente.
Por un instante el sonido del mar se quedó profundo entre mis pensamientos hasta que fui incapaz de oírle. Le devolví la sonrisa y me incliné ligeramente hasta él para depositar un beso en su mejilla, cosa que lo tomó por sorpresa. Entonces Mitsui me sujetó del rostro con ambas manos y besó mi mejilla también. Era como si ese beso fuese un sello de una promesa especial y cada uno lo aceptó gustoso.
Y por esa tarde ambos quedamos satisfechos. Con esas palabras nos despedimos y él me acompañó a mi casa. El fin de semana se había sentido demasiado rápido porque estuve inmensamente feliz. Tan solo al echarme boca arriba en mi cama por las noches me bastaba para perderme en mi mundo de fantasía. Detrás de mis párpados aparecía el rostro de Mitsui y me ponía a sonreír como loca, de verdad como loca. Y por fortuna mi madre nunca irrumpía en mi habitación en medio de la noche ya avanzada si no era porque pensaba que me desvelaba haciendo mis tareas al levantarme e ir por un vaso de agua a la cocina.
De cualquier forma, viéndome así sumida en mis sueños dulces y placenteros me suponía menos dolor ante cualquier problema y de repente me olvidaba de lo ocupados que estaban mis padres o las hojas apiladas que tenía que estudiar con nueve materias básicas que pretendían torturarme a futuro en cuanto pisara el suelo de la preparatoria.
Y aunque yo ya debería haber estado lista para ello, el esperado día llegó y Mitsui y yo nos separamos. Y Shiori y yo perdimos la oportunidad de pasar aquel fin de semana juntas porque durante las vacaciones ella también saldría de casa y pasaría los días de verano en Hokkaido. Suspiré ante el pensamiento, porque al parecer mi familia era la única familia aburrida que nunca salía a ningún lado.
La última vez que vi a Shiori fue en el evento de graduación de la secundaria cuando estábamos sentados y listos para recibir nuestro certificado. Aunque, ella no me estaba mirando a mí. ¡Y fui tan estúpida! Porque para entonces recordé que no le pedí perdón por lo que le había hecho. Y es que no era culpa de Mitsui, sino mía. En sí, el evento se llevó con calma y aunque el sentimiento de querer ir a pedirle una disculpa estaba muy en el fondo de mi pecho, no podía moverme ni un poco. Tampoco pude desfrutar del todo el evento porque en todo momento me dediqué a pensar en cuáles serían las palabras adecuadas para dirigirme a ella. Sin embargo, debía hacer algo y por eso me aproximé a ella cuando tuve la oportunidad. Para entonces el evento se había transformado en algo con un ambiente sereno. Todos estaban con sus familiares y fue la chance perfecta para ofrecer mis disculpas; al menos eso pensé porque no tuve la suerte de que mis padres fueran a acompañarme en un evento tan importante y significativo, pero Shiori estaba con su madre y su hermana. Temí interrumpir tan de golpe. De todas formas, me acerqué tímidamente.
Cuando la mujer y la chica pequeña me vieron, sonrieron diciendo: "Ah, mira Shiori, es tu amiga".
De inmediato Shiori se giró para verme y la sonrisa que hasta entonces tenía en el rostro se contorsionó. Ellas se fueron para darnos espacio para platicar. La vi detenidamente; se veía hermosa con el pelo recogido y los labios de color rosa. Nos vimos fijamente por unos segundos.
—Hola —dije en voz baja.
—Hola, Saki —respondió ella con expresión de preocupación.
—Al fin llegó el momento, ¿no? —Sonreí y añadí—: Nuestra graduación y… el momento de decir "hasta luego".
—Ah, sí.
Desviamos la mirada. Me pasé la mano por la nuca sin saber qué hacer. ¿Pero qué decía? Sabía lo que tenía que hacer.
—Lo siento —dije por fin—. Tú… ¿esperaste por mí?
—Sí. —Asintió lentamente—. Pero nunca apareciste. Ni siquiera tuviste la decencia de decirme que no llegarías.
—Discúlpame. De verdad… Estaba demasiado distraída como para haberme percatado.
—¿Tan poco te importó que hasta te olvidaste?
—¡No! No es así. No es que lo olvidara, solo que…
—Fue por ese chico Mitsui, ¿verdad? —Tras mi silencio, ella agregó—: El que calla otorga. ¿Qué rayos te pasa, Murasaki?, ¿por qué has estado evitándome? Siempre hemos estado juntas. Ahora que esos eran los últimos días en los que podíamos estar juntas nuevamente me dejaste esperando…
—Perdóname. Lo que pasa es que… me enamoré, Shiori. Me enamoré de Hisashi Mitsui. Y lo siento mucho pero de verdad no pude evitarlo.
Me vio fijamente sin saber qué añadir. Pero pareció entenderlo. Me puso una mano en el hombro y luego a modo de broma me dio un tirón en el pelo.
—Está bien, niña. También sé lo que es estar enamorada. —Volvió a sonreír—. Pero para la próxima avísame al menos, ¿sí?
—¿Próxima?
—Claro. La fiesta de graduación.
—¡Ah!, ¡es verdad! ¿Ya tienes tu vestido?
—Sí… Lo conseguí hace unos días.
Yo tenía montones de vestidos, pero pensé que podía usar eso como excusa y pedirle que me acompañara al siguiente día a comprar un vestido para mí. Ella dijo que sí y quedamos de vernos cerca de una cafetería que las dos solíamos visitar. Me despedí de la madre de Shiori y de Yoko y por esa noche me fui a casa.
"¿Cómo te fue en el evento?", preguntó mi madre que recién llegaba del trabajo. "Muy bien —dije—, Shiori y yo iremos de compras mañana". Cuando ella me preguntó que qué compraría le dije que un vestido nuevo para ir al baile de graduación. "Murasaki, no necesitas un vestido nuevo. Tienes todavía mucha ropa que no has usado. Además, hemos comenzado a tener problemas porque nuestros salarios han bajado. ¿Por qué no usas uno de tus vestidos?, no tengo dinero qué darte por ahora y no me gustaría que tampoco preocuparas a tu padre con eso. Todo se irá una vez que hayas comprado el uniforme de la preparatoria y pagues por tu inscripción".
Esa misma noche me vi obligada a enviar un mensaje de texto a mi amiga que decía:
"Siento pena al tener que pedirte disculpas una vez más, pero no podré salir mañana contigo".
Quise agregar algo como: "ya tengo un vestido que usar". En cambio, solo esperé a que viera el mensaje y me contestara algo. Supuse que no se molestaría mucho porque ella me había dicho que al menos le hiciera saber sobre mis inconvenientes.
"Okay". Al minuto agregó otro mensaje: "Nos vemos en la fiesta".
Todo fue normal cuando nos vimos durante la noche de la fiesta. Hablamos con otras chicas de nuestra misma clase, comimos mucho y tomamos diferentes bebidas deliciosas sin alcohol. Todo marchaba de maravilla. Nuestra conversación fue muy amena y aunque las dos sonreíamos, se sentía como si hubiese algo diferente entre ambas.
Al final yo llegué con un vestido azul marino de falda muy bonita con forma de campana que me llegaba a la rodilla y zapatillas de tacón. Me peiné con rulos haciéndome un chongo alto, usé aretes y una cadena de plata. Todo lo contrario a Shiori que usaba pedrería dorada y un vestido corto de color rosa fucsia bien pegado al cuerpo que destacaba su bonita figura. La falda apenas le llegaba a la mitad del muslo, pero no lograba verse vulgar.
Eran muchos los chicos que la invitaban a la pista de baile, pero ella no cedía. "No mientras tenga un chico que me guste", decía. Y aunque yo le dijera que Hasegawa no estaba ahí mirando ella de todas formas no tenía la intención de salir a bailar con nadie que no le llamara mínimamente la atención.
Justo cuando yo comenzaba a pensar que me gustaría correr con la misma suerte que ella, divisé entre el gentío una silueta que me pareció muy familiar. No obstante, Shiori me tomó de la mano y me pidió que fuera con ella. "¿A dónde vamos?", pregunté.
—Vamos a bailar un poco. Ya tiene rato que estamos aquí solamente observando. —Sonrió.
—Yo no tenía opción, ¿pero tú? Han venido varios muchachos a pedirte que les acompañes. Podrías elegir a cualquier muchacho de esta fiesta.
—¡Pero ninguno es Hasegawa-kun! —exclamó haciendo pucheros.
—Por eso debías matricularte en Shoyo… Ya sabes, por los rumores de que él irá allí.
Ella se encogió de hombros.
—Por ahora solo quiero estar contigo, Saki.
—Yo también contigo. —Sonreí.
Bailamos juntas varias canciones de Bee Gees. Ambas reíamos como locas cuando You Should Be Dancing comenzó a acelerar a todos. De repente muchachos y muchachas olvidaron sus preocupaciones por un instante. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos que no me di cuenta cuando la figura de un muchacho se posicionó enfrente de mí.
—Hola, Saki.
—¡Mitsui! —exclamé muy sorprendida.
Él iba vestido con una camisa color azul marino como mi vestimenta, pantalones y zapatos negros y el cabello ligeramente peinado hacia atrás.
—Qué suerte que pude encontrarte. —Me tomó de la mano suavemente.
—¡No creí que hubieses venido también! No me dijiste nada…
—No quería venir —dijo con voz alta puesto que la música no nos permitía escucharnos muy bien—. ¡Pero supuse que te vería aquí!
—Me alegra verte. —Le devolví la sonrisa abiertamente entrelazando mis dedos con los suyos.
—¿Bailamos?
Mi mente quedó en blanco. No quería rechazarle, pero en ese momento me encontraba con Shiori. Pensé en el montón de chicos que ella rechazó para estar conmigo y la culpa y la responsabilidad me abatieron.
—Eh…
Mitsui seguía tomándome de la mano con la intención de jalarme hacia él y entrar de lleno a la pista de baile, pero yo estaba inmóvil. Vi a Shiori antes de volver a ver a Mitsui. Ella me miraba detenidamente con el ceño fruncido y mi novio sonreía con gentileza esperando a que le siguiera.
¿Acaso Shiori no se hubiera ido con Hasegawa si hubiera tenido la oportunidad? Teniendo eso en mente, pensé que podía dar prioridad a mis sentimientos más reales.
—Vamos a bailar —le dije a Mitsui. Caminamos juntos. Entonces me giré para ver a mi amiga que seguía detrás mío y su expresión me dijo mucho. Ella estaba irreconocible con una cara de enojo profundo, pero, ¿qué podía decirle? —. ¡Shiori…!
Ella meneó la cabeza en desaprobación.
—Adiós, Murasaki. Sabía que estaba esperando demasiado.
Se perdió entre la gente que bailaba alrededor y ya no volví a verla durante toda la noche.
—¿Qué pasa, Saki? —preguntó él.
—Es mi amiga. Creo que…
—Oh, ¿quieres ir a buscarla?
Me lo pensé con brevedad. Quizá no la haría sentir mejor por mucho que lo intentase.
—No.
Mitsui y yo bailamos durante un largo rato y egoístamente me olvidé de ella porque estaba demasiado ocupada viendo los ojos de mi chico. Cuando las canciones movidas se calmaron entonces comenzaron las baladas y él y yo bailamos más lento que antes. Fue hermoso. Como no estaba usando gel, su flequillo cayó por su frente como de costumbre y cubrió los lados de sus sienes. Bailamos lentamente al son de la música, mejilla con mejilla. Después recargué mi cabeza en su hombro y él me acarició el cabello. Deseé haberle vista a la cara y haber apreciado su mirada de adolescente enamorado, pero estaba muy ocupada sintiendo los latidos de su corazón.
Esa noche se fundió en un sentimiento rebuscado entre alegría y frustración. Por un lado bailé por primera vez con el primer muchacho que había amado en toda mi vida, y por el otro… le hice un daño irreparable a Shiori, quien hasta entonces había sido mi mejor amiga y quizás la única.
«¿Seguiremos siendo amigas?», me pregunté estúpidamente.
Después de todo, en la adolescencia uno tiende a aprender las cosas por las malas.
¿Lo peor? Que Shiori dijo "adiós" y no "hasta luego".
Nota: Por favor no se enojen con mi niña. Murasaki está experimentando muchas cosas nuevas y tiene mucho por afrontar.
