Aclaración de derechos: Saint Seiya The Lost Canvas es propiedad y creación de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi. Ninguna historia aquí acredita lucro ni otro beneficio más allá del entretenimiento.


A solas en casa

Cuando los santos dorados no están luchando ni entrenando, están a solas en sus templos. Y solo son ellos.


El Cid

[Capricornio]

Me disgusta el desorden. Como santo dedicado a forjarme a mí mismo como una espada, la opción de tener mi alrededor en desorganización es simplemente imposible. Sísifo me ha elogiado por ser el habitante de las Doce Casas más ordenado dentro y fuera de las actividades que como santos de Athena debemos cumplir. Así que no es raro que en días como estos, donde mi entrenamiento ya fue completado y no soy más requerido para una misión o trabajo fuera del Santuario, mi tiempo lo pase en la compleja tarea del quehacer interno.

Para muchos, el aseo de pisos, ventanas, desempolvar y hacer colada, son el tipo de actividades que rayan en el tedio o la agonía. Para mí, el gesto de la limpieza requiere de una disciplina tan digna como la de afilar la hoja de mi Excalibur. Puede parecer simple, pero conocer el orden correcto de tus labores domésticas definirá no solo el tiempo que pases en ellas sino también la calidad que obtendrás en las mismas.

Por ejemplo, yo suelo comenzar con sacudir el polvo de las mueblerías, libros y objetos de ornato, estanterías y zapatos. Acto seguido, despliego las cortinas de cada ventanal en Capricornio y si es ocasión de darles mejor limpieza, las sacó de sus cortineros para llevarlas junto a la ropa sucia. Tales prendas van conmigo hasta la zona de lavaderos, cerca de las villas más cercanas, donde las vestales del Santuario dedicadas a hacer la colada de los caballeros dorados trabajan todas las mañanas. Es un derecho único de nosotros el tener doncellas al servicio de la limpieza, un derecho que algunos han perdido por su conducta y que otros, como yo, rechazamos con cortesía.

No veo en desacuerdo a las actividades de un hombre dedicado a la guerra el que también se atienda a sí mismo en las labores domésticas. Como he dicho, es parte de la nobleza de forjarme como una espada completa. Así que bien, después de encargar a una doncella el que vigile, solamente, el remojo de mis ropas con la sosa adecuada, regreso a Capricornio para hacer lo propio con los suelos, el cuarto de baño y la cocina. Puedo presumir de pocas cosas fuera del campo de batalla, pero una es sin duda tener la cocina más impoluta y bien diseñada del santuario. Se me concedió hace algunos años remplazar las estanterías de mármol por baldosas de caliza española y mosaicos bizantinos. Al Patriarca le agrada cuando viene de visita porque es distinta a todos los templos.

Antes de las 10 la mitad de mis actividades en casa están terminadas. Puedo poner el destilado artesanal de mi café marroquí, exportado desde Portugal hasta aquí. Lo bebo antes de ir a hacer la colada en los lavaderos junto a las vestales. No es de extrañar que en días como estos, Sísifo o los aprendices pasen a "saludar", ellos saben distinguir el olor a café y panecillo de masa madre que horneo por mí mismo una noche antes. Un desayuno balanceado sigue a la invitación por un café y siempre se quedan, siempre. A cambio de un buen almuerzo, Sísifo suele aceptar ayudarme con el resto del lavado de trastos y también arregla los desperfectos en las tuberías si los hubiera. Él es mejor en las tareas domésticas pero peca de holgazán más de lo que quisiera aceptar.

¿En qué estaba...? Camino hacia los lavaderos como es mi plan pero entonces lo veo. Kardia de Escorpio se atraviesa en mi camino. Su cara me dirige una sonrisa, y veo la intención de hacer algo más que solo saludar. Tengo menos de 5 segundos para pensar en cómo deshacerme de él sin que afecte mi plan de colada. O te dejas vencer o conviertes en aliado a tu enemigo. "¿A dónde vas con tanta prisa, El Cid? Degel de Acuario debe estar fuera en una misión o encontró la forma de evadir a su típico acompañante hoy... Tres segundos, dos segundos, uno...

Iré a encontrarme con unas señoritas, afirmo deprisa, seguro. Su expresión se carga de chisme y burla. Pero atino otra estocada: ¿Quieres venir conmigo? Continuo mis pasos como si no quisiera perder tiempo en llegar, y de hecho no quiero. El sol hoy es perfecto para secar toda la ropa pero solo si la lavo ahora. Kardia no se lo piensa dos veces. ¿Me las presentarías?

Él es uno de los caballeros más jóvenes, ávido de batalla y busca-problemas. Pero es tan malo en las relaciones con mujeres como cabría esperar. Será un placer, le digo. Me pide más información en el camino. Se da cuenta de que llegamos a los lavaderos pero ya es demasiado tarde. Le presento a las doncellas: Helena, Justa y Alenka. Son agradables compañeras de lavado, silenciosas en mi presencia. Se ruborizan al ver a otro caballero conmigo. Y son la excusa perfecta para que Kardia se quede. No se da cuenta que lo he dejado lavando las cortinas porque prefiere prestar atención a las figuras de las señoritas... Esto me ayudara a tener tiempo de volver antes a Capricornio y terminar con anticipación las últimas tareas en el patio y el jardín.

Hoy me permito otra taza de café, oliendo el orden en la casa y en todo lo que forjo. Sin duda, la limpieza requiere de disciplina... y un toque de ingenio.


El Cid sería un buen marido, ¿a qué sí? (el drabble más largo hasta ahora)