Capítulo 14: Winki
HARRY, Ron y Hermione fueron aquella noche a buscar a Pigwidgeon a la lechucería para que Harry le pudiera enviar una carta a Sirius diciéndole que había logrado burlar al dragón sin recibir ningún daño. Por el camino, Harry puso a Ron al corriente de todo lo que Sirius le había dicho sobre Karkarov. Aunque al principio Ron se mostró impresionado al oír que Karkarov había sido un mortífago, para cuando entraban en la lechucería se extrañaba que no lo hubieran sospechado desde el principio.
"Todo encaja, ¿no?" dijo "¿No recuerdan lo que dijo Malfoy en el tren de que su padre y Karkarov eran amigos? Ahora ya sabemos dónde se conocieron. Seguramente en los Mundiales iban los dos juntitos y bien enmascarados… Pero te diré una cosa, Harry: si fue Karkarov el que puso tu nombre en el cáliz, ahora mismo debe de sentirse como un idiota, ¿a que sí? No le ha funcionado, ¿verdad? ¡Sólo recibiste un rasguño! Ven acá, yo lo haré"
Pigwidgeon estaba tan emocionado con la idea del reparto, que daba vueltas y más vueltas alrededor de Harry, ululando sin parar. Ron lo atrapó en el aire y lo sujetó mientras Harry le ataba la carta a la patita.
"No es posible que el resto de las pruebas sean tan peligrosas como ésta… ¿Cómo podrían serlo?" siguió Ron, acercando a Pigwidgeon a la ventana. "¿Sabes qué? Creo que podrías ganar el Torneo, Harry, te lo digo en serio."
Harry sabía que Ron sólo se lo decía para compensar de alguna manera su comportamiento de las últimas semanas, pero se lo agradecía de todas formas. Hermione, sin embargo, se apoyó contra el muro de la lechucería, cruzó los brazos y miró a Ron con el entrecejo fruncido.
"A Harry le queda mucho por andar antes de que termine el Torneo" declaró muy seria "Si esto ha sido la primera prueba, no me atrevo a pensar qué puede venir después"
"Eres la esperanza personificada, Hermione" le reprochó Ron. "Parece que te hayas puesto de acuerdo con la profesora Trelawney."
Arrojó al mochuelo por la ventana. Pigwidgeon cayó cuatro metros en picado antes de lograr remontar el vuelo. La carta que llevaba atada a la pata era mucho más grande y pesada de lo habitual: Harry no había podido vencer la tentación de hacerle a Sirius un relato pormenorizado de cómo había burlado y esquivado al colacuerno volando en torno a él.
"Creo que Hermione tiene razón, dudo que las pruebas siguientes sean más sencillas" Harry declaro serio "Tendré que seguir practicando y aprender más cosas, me esforzare lo máximo posible"
Contemplaron cómo desaparecía Pigwidgeon en la oscuridad, y luego dijo Ron:
"Bueno, será mejor que bajemos para tu fiesta sorpresa, Harry. A estas alturas, Fred y George ya habrán robado suficiente comida de las cocinas del castillo".
Por supuesto, cuando entraron en la sala común de Gryffindor todos prorrumpieron una vez más en gritos y vítores. Había montones de pasteles y de botellas grandes de zumo de calabaza y cerveza de mantequilla en cada mesa. Lee Jordan había encendido algunas bengalas fabulosas del doctor Filibuster, que no necesitaban fuego porque prendían con la humedad, así que el aire estaba cargado de chispas y estrellitas. Dean Thomas, que era muy bueno en dibujo, había colgado unos estandartes nuevos impresionantes, la mayoría de los cuales representaban a Harry volando en torno a la cabeza del colacuerno con su Saeta de Fuego, aunque un par de ellos mostraban a Cedric con la cabeza en llamas.
Harry se sirvió comida (casi había olvidado lo que era sentirse de verdad hambriento) y se sentó con Ron y Hermione. No podía concebir tanta felicidad: tenía de nuevo a Ron de su parte, había pasado la primera prueba y no tendría que afrontar la segunda hasta tres meses después.
"¡Jo, cómo pesa!" dijo Lee Jordan cogiendo el huevo de oro, que Harry había dejado en una mesa, y sopesándolo en una mano "¡Vamos, Harry, ábrelo! ¡A ver lo que hay dentro!"
"Se supone que tiene que resolver la pista por sí mismo" objetó Hermione. "Son las reglas del Torneo…"
"También se suponía que tenía que averiguar por mí mismo cómo burlar al dragón" susurró Harry para que sólo Hermione pudiera oírlo, y ella sonrió sintiéndose un poco culpable.
"¡Sí, vamos, Harry, ábrelo!" repitieron varios.
Lee le pasó el huevo a Harry, que hundió las uñas en la ranura y apalancó para abrirlo.
Estaba hueco y completamente vacío. Pero, en cuanto Harry lo abrió, el más horrible de los ruidos, una especie de lamento chirriante y estrepitoso, llenó la sala. Lo más parecido a aquello que Harry había oído había sido la orquesta fantasma en la fiesta de cumpleaños de muerte de Nick Casi Decapitado, cuyos componentes tocaban sierras musicales.
"¡Ciérralo! gritó Fred, tapándose los oídos con las manos.
"¿Qué era eso?" preguntó Seamus Finnigan, observando el huevo cuando Harry volvió a cerrarlo "Sonaba como una banshee. ¡A lo mejor te hacen burlar a una de ellas, Harry!"
"¡Era como alguien a quien estuvieran torturando!" opinó Neville, que se había puesto muy blanco y había dejado caer los hojaldres rellenos de salchicha. "¡Vas a tener que luchar contra la maldición cruciatus!"
"No seas tonto, Neville, eso es ilegal" observó George. "Nunca utilizarían la maldición cruciatus contra los campeones. Yo creo que se parecía más bien a Percy cantando… A lo mejor tienes que atacarlo cuando esté en la ducha, Harry."
"¿Quieres un trozo de tarta de mermelada, Hermione?" le ofreció Fred.
Hermione miró con desconfianza la fuente que él le ofrecía. Fred sonrió.
"No te preocupes, no le he hecho nada" le aseguró. "Con las que hay que tener cuidado es con las galletas de crema."
Neville, que precisamente acababa de probar una de esas galletas, se atragantó y la escupió. Fred se rió.
"Sólo es una broma inocente, Neville…"
Hermione se sirvió un trozo de tarta de mermelada y preguntó:
"¿Has cogido todo esto de las cocinas, Fred?"
"Ajá" contestó Fred muy sonriente. Adoptó un tono muy agudo para imitar la voz de un elfo ": «¡Cualquier cosa que podamos darle, señor, absolutamente cualquier cosa!» Son la mar de atentos… Si les digo que tengo un poquito de hambre son capaces de ofrecerme un buey asado."
"¿Cómo te las arreglas para entrar?" preguntó Hermione, con un tono de voz inocentemente indiferente.
"Es bastante fácil" dijo Fred." Hay una puerta oculta detrás de un cuadro con un frutero. Cuando uno le hace cosquillas a la pera, se ríe y… "Se detuvo y la miró con recelo. "¿Por qué lo preguntas?"
"Por nada" contestó rápidamente Hermione.
"¿Vas a intentar ahora llevar a los elfos a la huelga?" inquirió George. "¿Vas a dejar todo eso de la propaganda y sembrar el germen de la revolución?"
Algunos se rieron alegremente, pero Hermione no contestó.
"¡No vayas a enfadarlos diciéndoles que tienen que liberarse y cobrar salarios!" le advirtió Fred. "¡Los distraerás de su trabajo en la cocina!"
El que los distrajo en aquel momento fue Neville al convertirse en un canario grande.
"¡Ah, lo siento, Neville!" gritó Fred, por encima de las carcajadas. "Se me había olvidado. Es la galleta de crema que hemos embrujado."
Un minuto después las plumas de Neville empezaron a desprenderse, y, una vez que se hubieron caído todas, su aspecto volvió a ser el de siempre. Hasta él se rió.
"¡Son galletas de canarios!" explicó Fred con entusiasmo. "Las hemos inventado George y yo… Siete sickles cada una. ¡Son una ganga!"
Era casi la una de la madrugada cuando por fin Harry subió al dormitorio acompañado de Ron, Neville, Seamus y Dean. Antes de cerrar las cortinas de su cama adoselada, Harry colocó la miniatura del colacuerno húngaro en la mesita de noche, donde el pequeño dragón bostezó, se acurrucó y cerró los ojos. En realidad, pensó Harry, echando las cortinas, Hagrid tenía algo de razón: los dragones no estaban tan mal…
El comienzo del mes de diciembre llevó a Hogwarts vientos y tormentas de aguanieve. Aunque el castillo siempre resultaba frío en invierno por las abundantes corrientes de aire, a Harry le alegraba encontrar las chimeneas encendidas y los gruesos muros cada vez que volvía del lago, donde el viento hacía cabecear el barco de Durmstrang e inflaba las velas negras contra la oscuridad del cielo. Imaginó que el carruaje de Beauxbatons también debía de resultar bastante frío.
Algo que había notado es que en la cámara de los secretos el frio no entraba es como si desde la entrada del túnel estuvieran sellados herméticamente el clima exterior no la afectara, había pasado noches en vela hasta poder dominar el hechizo desilusionador y eh investigo los hechizos no verbales, estaba practicando los aturdidores haciéndolos no verbal y su cabeza había estado a punto de estallar ya que había pasado horas y horas escuchando el huevo dorado chillando aun así no había descubierto nada .
Notó que Hagrid mantenía los caballos de Madame Maxime bien provistos de su bebida preferida: whisky de malta sin rebajar. Los efluvios que emanaban del bebedero, situado en un rincón del potrero, bastaban para que la clase entera de Cuidado de Criaturas Mágicas se mareara. Esto resultaba inconveniente, dado que seguían cuidando de los horribles escregutos y necesitaban tener la cabeza despejada.
"No estoy seguro de si hibernan o no" dijo Hagrid a sus alumnos, que temblaban de frío, en la siguiente clase, en la huerta de las calabazas. "Lo que vamos a hacer es probar si les apetece echarse un sueñecito… Los pondremos en estas cajas."
Sólo quedaban diez escregutos. Aparentemente, sus deseos de matarse se habían limitado a los de su especie. Para entonces tenían casi dos metros de largo. El grueso caparazón gris, las patas poderosas y rápidas, las colas explosivas, los aguijones y los aparatos succionadores se combinaban para hacer de los escregutos las criaturas más repulsivas que Harry hubiera visto nunca. Desalentada, la clase observó las enormes cajas que Harry acababa de llevarles, todas provistas de almohadas y mantas mullidas.
"Los meteremos dentro" explicó Hagrid, "les pondremos las tapas, y a ver qué sucede."
Pero no tardó en resultar evidente que los escregutos no hibernaban y que no se mostraban agradecidos de que los obligaran a meterse en cajas con almohadas y mantas, y los dejaran allí encerrados. Hagrid enseguida empezó a gritar: «¡No se asusten, no se asusten!», mientras los escregutos se desmadraban por el huerto de las calabazas tras dejarlo sembrado de los restos de las cajas, que ardían sin llama. La mayor parte de la clase (con Malfoy, Crabbe y Goyle a la cabeza) se había refugiado en la cabaña de Hagrid y se había atrincherado allí dentro. Harry, Ron y Hermione, sin embargo, estaban entre los que se habían quedado fuera para ayudar a Hagrid. Entre todos consiguieron sujetar y atar a nueve escregutos, aunque a costa de numerosas quemaduras y heridas. Al final no quedaba más que uno.
"¡No lo espanten!" les gritó Hagrid a Harry y Ron, que le lanzaban chorros de chispas con las varitas. El escreguto avanzaba hacia ellos con aire amenazador, el aguijón levantado y temblando. "¡Sólo hay que deslizarle una cuerda por el aguijón para que no les haga daño a los otros!"
"¡Por nada del mundo querríamos que sufrieran ningún daño!" exclamó Ron con enojo mientras Harry y él retrocedían hacia la cabaña de Hagrid, defendiéndose del escreguto a base de chispas.
"Bien, bien, bien… esto parece divertido."
Rita Skeeter estaba apoyada en la valla del jardín de Hagrid, contemplando el alboroto. Aquel día llevaba una gruesa capa de color fucsia con cuello de piel púrpura y, colgada del brazo, el bolso de piel de cocodrilo.
Hagrid se lanzó sobre el escreguto que estaba acorralando a Harry y Ron, y lo aplastó contra el suelo. El animal disparó por la cola un chorro de fuego que estropeó las plantas de calabaza cercanas.
"¿Quién es usted?" le preguntó Hagrid a Rita Skeeter, mientras le pasaba al escreguto un lazo por el aguijón y lo apretaba.
"Rita Skeeter, reportera de El Profeta" contestó Rita con una sonrisa. Le brillaron los dientes de oro.
"Creía que Dumbledore le había dicho que ya no se le permitía entrar en Hogwarts" contestó ceñudo Hagrid, que se incorporó y empezó a arrastrar el escreguto hacia sus compañeros.
Rita actuó como si no lo hubiera oído.
"¿Cómo se llaman esas fascinantes criaturas?" preguntó, acentuando aún más su sonrisa.
"Escregutos de cola explosiva" gruñó Hagrid.
"¿De verdad?" dijo Rita, llena de interés. "Nunca había oído hablar de ellos… ¿De dónde vienen?"
Harry notó que, por encima de la enmarañada barba negra de Hagrid, la piel adquiría rápidamente un color rojo mate, y se le cayó el alma a los pies. ¿Dónde había conseguido Hagrid los escregutos?
Hermione, que parecía estar pensando lo mismo, se apresuró a intervenir.
"Son muy interesantes, ¿verdad? ¿Verdad, Harry?"
"Muy interesantes y curiosos" dijo Harry.
"¡Ah, pero si estás aquí, Harry!" exclamó Rita Skeeter cuando lo vio. " Así que te gusta el Cuidado de Criaturas Mágicas, ¿eh? ¿Es una de tus asignaturas favoritas?"
"Sí" declaró Harry con rotundidad. Hagrid le dirigió una sonrisa.
"Divinamente" dijo Rita. "Divinamente de verdad. ¿Lleva mucho dando clase?" le preguntó a Hagrid.
Harry notó que los ojos de ella pasaban de Dean (que tenía un feo corte en la mejilla) a Lavender (cuya túnica estaba chamuscada), a Seamus (que intentaba curarse varios dedos quemados) y luego a las ventanas de la cabaña, donde la mayor parte de la clase se apiñaba contra el cristal, esperando a que pasara el peligro.
"Éste es sólo mi segundo curso" contestó Hagrid.
"Divinamente… ¿Estaría usted dispuesto a concederme una entrevista? Podría compartir algo de su experiencia con las criaturas mágicas. El Profeta saca todos los miércoles una columna zoológica, como estoy segura de que sabrá. Podríamos hablar de estos… eh… «escorbutos de cola positiva»."
"Escregutos de cola explosiva" la corrigió Hagrid. "Eh… sí, ¿por qué no?"
A Harry aquello le dio muy mala espina, pero no había manera de decírselo a Hagrid sin que Rita Skeeter se diera cuenta, así que aguantó en silencio mientras Hagrid y Rita Skeeter acordaban verse en Las Tres Escobas esa misma semana para una larga entrevista. Luego sonó la campana en el castillo, señalando el fin de la clase.
"¡Bueno, Harry, adiós!" lo saludó Rita Skeeter con alegría cuando él se iba con Ron y Hermione. "¡Hasta el viernes por la noche, Hagrid!"
"Le dará la vuelta a todo lo que diga Hagrid" dijo Harry en voz baja "Trata de que no sepa de donde sacaste los escregutos"
"Mientras no haya importado los escregutos ilegalmente o algo así…" agregó Hermione muy preocupada"
Se miraron entre sí. Ése era precisamente el tipo de cosas de las que Hagrid era perfectamente capaz.
"Hagrid ya ha dado antes muchos problemas, y Dumbledore no lo ha despedido nunca" dijo Ron en tono tranquilizador. "Lo peor que podría pasar sería que Hagrid tuviera que deshacerse de los escregutos. Perdón, ¿he dicho lo peor? Quería decir lo mejor."
Harry y Hermione se rieron y, algo más alegres, se fueron a comer.
Harry se despidió luego de sus amigos luego de la comida, Ron tendría adivinación y Hermione Aritmancia, mientras él tenía un tiempo libre.
Tomando ese tiempo para descifrar el enigma del huevo, se desilusiono y se dirijo a la cámara de los secretos, tuvo que esperar varios minutos fuera del baño del segundo piso, porque myrtle estaba haciendo un berrinche.
En cuanto oyó el sonido de la descarga del inodoro se metió al baño y por el túnel antes de que nadie se acercara, Observando su reloj se dijo que le quedaban una hora y media antes de que sus amigos lo buscaran.
Cuando entro a la habitación se dio cuenta de algo muy importante, Se suponía que iba a descifrar el enigma del huevo pero no había traído dicho huevo.
"Idiota… idiota" Se dijo mientras se golpeaba la frente con la palma de la mano.
Ya que estaba allí se puso ojear los libros "Aritmancia la magia de los números, hechizos simples para el mago precavido, Magia de combate, duelos y defensa" leyó los títulos aburrido.
Abrió Magia de combate, duelos y defensa, parecía interesante, leyó como era la etiqueta de los magos duelistas y como en los combates reales no existían dichas etiquetas, también las reglas básicas de supervivencia en los combates como no dejar que las emociones te segara como lo que te mantenía con vida eran los reflejos y los instintos, además del conocimiento de algunos hechizos precisos.
También encontró un hechizo para animar objetos para la ayuda del duelista, El encantamiento de animación (Piertotum locomotor) es un encantamiento utilizado para dar vida a esos artefactos que, anteriormente, habían sido inanimados e inmóviles.
"Piertotum locomotor" Dijo apuntando a la silla.
Esta dio una sacudida antes de moverse temblorosamente, dio 3 pasos vacilantes antes de detenerse, probo nuevamente con el mismo resultado. Estuvo allí casi una hora antes de lograr que la silla galopara por la sala, se sintió muy bien al ver como su encantamiento hacia galopar una silla por toda la sala.
Devolviendo la silla a su lugar decidió limpiar y poner orden en el lugar, había tanto polvo en el aire que se hacía difícil respirar, recorrió la sala lanzando encantamientos de limpieza pronto la mayoría de la sala parecía estar menos abandonada pero aun así estaba sucio, recordó que tenía un elfo domestico obsesionado con la limpieza.
"Dobby" Llamo y espero varios segundos, se extrañó esto solía ser más rápido.
"El amo Llamo a dobby" Dobby apareció en un suave puff…
Harry enseguida noto las ojeras y el cansancio en la voz de dobby "¿Te encuentras bien dobby?" pregunto preocupado.
"Si señor Harry potter señor, es solo que Dobby tenía que trabajar hasta tarde anoche señor" Dobby dijo sonriente.
Harry hizo una mueca la sonrisa le daba un aspecto extraño al elfo "Dobby debes descansar y luego cuando hayas dormido algo, limpia este lugar es una orden" Dijo al notar que dobby iba a protestar
Dobby asintió con cansancio "Si el señor Harry potter lo ordena" dijo agachando la cabeza.
"Ahora ve a descansar" ordeno.
Dobby desapareció en un suave puff. Sin saber que hacer miro su reloj tenía 20 minutos hasta que Ron y Hermione salieran de clases, siguió lanzando uno que otro hechizo de limpieza hasta que se aburrió y tomando el libro salió de la habitación recorrió el túnel y las escaleras hasta el baño de myrtle.
"Eres tu de nuevo" Dijo una voz femenina.
Harry se detuvo en seco con una mano extendida sobre el pomo de la puerta, se giró haciendo un movimiento rápido para tomar su varita de la funda de su antebrazo y la apunto directo hacia donde provenía la voz.
"¿Quién…" Se interrumpió "Myrtle eras tú, pensé que…" bajo la varita.
"¿A quien esperabas?" pregunto myrtle "Siempre es myrtle solamente myrtle la llorona"
"¿Podrías no contarle a nadie sobre que me viste?" pidió "será como nuestro secreto"
Myrtle lo miro con los ojos entre cerrados sopesando sus opciones, esta se puso de cabeza y le sonrió mientras se quedaban a menos de un dedo entre sus rostros "Solo si me visitas aquí mas seguido" dijo con ñas mejillas de un extraño tono plateado.
Harry resistió el impulso de retroceder al sentir el frío que desprendía myrtle "Claro y podrás contarme como era Hogwarts antes" dijo intentado conseguir algo más para complacer a myrtle.
"Claro" asintió alejándose.
"Bueno pero la próxima será, ahora tengo que hacer mis tareas" mintió.
"Bien hasta la próxima" myrtle se despidió.
Harry se marchó sin mirar atrás, subió varios pisos antes de ver a algún amigo.
Ron caminaba frente a el con la cabeza gacha y los hombros caídos.
"¿Oye Que sucede amigo?" Harry pregunto lentamente
"Esa vieja bruja, me estuvo profetizando un accidente y como moriría un amigo muy cercano" Ron dijo con mal humor "en serio amigo es exasperante oír como busca una excusa para predecir la muerte"
"Daría más miedo si no hubiera dicho lo mismo ochenta veces antes" comentó Harry, cuando giraron la esquina. "Pero si me hubiera muerto cada vez que me lo ha pronosticado, sería a estas alturas un milagro médico".
"Serías un concentrado de fantasma" dijo Ron riéndose alegremente cuando se cruzaron con el Barón Sanguinario, que iba en el sentido opuesto, con una expresión siniestra en los ojos." Al menos no nos ha puesto deberes. Espero que la profesora Vector le haya puesto a Hermione un montón de trabajo. Me encanta no hacer nada mientras ella está…"
Pero Hermione no fue a cenar, ni la encontraron en la biblioteca cuando fueron a buscarla. Dentro sólo estaba Viktor Krum. Ron merodeó un rato por las estanterías, observando a Krum y cuchicheando con Harry sobre si pedirle un autógrafo. Pero luego Ron se dio cuenta de que había al acecho seis o siete chicas en la estantería de al lado debatiendo exactamente lo mismo, y perdió todo interés en la idea.
"Pero ¿adónde habrá ido?" preguntó Ron mientras volvían con Harry a la torre de Gryffindor.
"Ni idea… «Tonterías.»"
Apenas había empezado la Señora Gorda a despejar el paso, cuando las pisadas de alguien que se acercaba corriendo por detrás les anunciaron la llegada de Hermione.
"¡Harry!" llamó, jadeante, y patinó al intentar detenerse en seco (la Señora Gorda la observó con las cejas levantadas) "Tienes que venir, Harry. Tienes que venir: es lo más sorprendente que puedas imaginar. Por favor…"
Agarró a Harry del brazo e intentó arrastrarlo por el corredor.
"¿Qué pasa?" preguntó Harry.
"Ya lo verás cuando lleguemos. Ven, ven, rápido…"
Harry miró a Ron, y él le devolvió la mirada, intrigado.
"Vale" aceptó Harry, que dio media vuelta para acompañar a Hermione.
Ron se apresuró para no quedarse atrás.
"¡Ah, no se preocupen por mí!" les gritó bastante irritada la Señora Gorda. "¡No es necesario que se disculpen por haberme molestado! No me importa quedarme aquí, franqueando el paso hasta que vuelvan."
"Muchas gracias" contestó Ron por encima del hombro.
"¿Adónde vamos, Hermione?" preguntó Harry, después de que ella los hubo conducido por seis pisos y comenzaron a bajar la escalinata de mármol que daba al vestíbulo.
"¡Ya lo veras, lo veréis dentro de un minuto!" dijo Hermione emocionada.
Al final de la escalinata dobló a la izquierda y fue aprisa hacia la puerta por la que Cedric Diggory había entrado la noche en que el cáliz de fuego eligió su nombre y el de Harry. Harry nunca había estado allí. Él y Ron siguieron a Hermione por otro tramo de escaleras que, en lugar de dar a un sombrío pasaje subterráneo como el que llevaba a la mazmorra de Snape, desembocaba en un amplio corredor de piedra, brillantemente iluminado con antorchas y decorado con alegres pinturas, la mayoría bodegones.
"¡Ah, espera…!" exclamó Harry, a medio corredor. "Espera un minuto, Hermione"
"¿Qué?" Ella se volvió para mirarlo con expresión impaciente.
"Creo que ya sé de qué se trata" dijo Harry.
Le dio un codazo a Ron y señaló la pintura que había justo detrás de Hermione: representaba un gigantesco frutero de plata.
"¡Hermione!" dijo Ron cayendo en la cuenta. "¡Nos quieres liar otra vez en ese rollo del pedo!"
"¡No, no, no es verdad!" se apresuró a negar ella "Y no se llama «pedo», Ron."
"¿Le has cambiado el nombre?" preguntó Ron, frunciendo el entrecejo. "¿Qué somos ahora, el Frente de Liberación de los Elfos Domésticos? Yo no me voy a meter en las cocinas para intentar que dejen de trabajar, ni lo sueñes."
"¡No te pido nada de eso!" contestó Hermione un poco harta "Acabo de venir a hablar con ellos y me he encontrado… ¡Ven, Harry, quiero que lo veas!"
Cogiéndolo otra vez del brazo, tiró de él hasta la pintura del frutero gigante, alargó el índice y le hizo cosquillas a una enorme pera verde, que comenzó a retorcerse entre risitas, y de repente se convirtió en un gran pomo verde. Hermione lo accionó, abrió la puerta y empujó a Harry por la espalda, obligándolo a entrar.
Harry alcanzó a echar un rápido vistazo a una sala enorme con el techo muy alto, tan grande como el Gran Comedor que había encima, llena de montones de relucientes ollas de metal y sartenes colgadas a lo largo de los muros de piedra, y una gran chimenea de ladrillo al otro extremo, cuando algo pequeño se acercó a él corriendo desde el medio de la sala.
"¡Harry Potter, señor!" chilló "¡Harry Potter!"
Un segundo después el elfo le hizo una reverencia.
"¿Do… Dobby?" dijo "¿Creí que te había dicho que descansarás?"
"¡Es Dobby, señor, es Dobby!" chilló una voz desde algún lugar cercano a su ombligo. "¡Dobby ha descansando , señor, pero Dobby tiene que cumplircon sus obligaciones señor Harry Potter!".
Dobby retrocedió unos pasos, sonriéndole. Sus enormes ojos verdes, que tenían la forma de pelotas de tenis..
"¿Qué obligaciones?" dijo Harry.
"¡Dobby tiene que trabajar en Hogwarts, señor!" chilló Dobby emocionado. "El profesor Dumbledore les ha dado trabajo a Winky y Dobby ayuda, señor."
"¿Winky?" se asombró Harry. "¿Es que también está aquí?"
"¡Sí, señor, sí!" Dobby agarró a Harry de la mano y tiró de él entre las cuatro largas mesas de madera que había allí. Cada una de las mesas, según notó Harry al pasar por entre ellas, estaba colocada exactamente bajo una de las cuatro que había arriba, en el Gran Comedor. En aquel momento se hallaban vacías porque la cena había acabado, pero se imaginó que una hora antes habrían estado repletas de platos que luego se enviarían a través del techo a sus correspondientes del piso de arriba.
En la cocina había al menos cien pequeños elfos, que se inclinaban sonrientes cuando Harry, arrastrado por Dobby, pasaba entre ellos. Todos llevaban el mismo uniforme: un paño de cocina estampado con el blasón de Hogwarts y atado a modo de toga, como había visto que hacía Winky.
Dobby se detuvo ante la chimenea de ladrillo.
"¡Winky, señor!" anunció.
Winky estaba sentada en un taburete al lado del fuego. A diferencia de Dobby, ella no había andado apropiándose de ropa. Llevaba una faldita elegante y una blusa con un sombrero azul a juego que tenía agujeros para las orejas. Sin embargo, mientras que todas las prendas del extraño atuendo de Dobby se hallaban tan limpias y bien cuidadas que parecían completamente nuevas, Winky no parecía dar ninguna importancia a su ropa: tenía manchas de sopa por toda la pechera de la blusa y una quemadura en la falda.
"Hola, Winky" saludó Harry.
A Winky le tembló el labio. Luego rompió a llorar, y las lágrimas se derramaron desde sus grandes ojos castaños y le cayeron a la blusa, como en los Mundiales de quidditch.
"¡Ah, por Dios!" dijo Hermione. Ella y Ron habían seguido a Harry y Dobby hasta el otro extremo de la cocina. "Winky, no llores, por favor, no…"
Pero Winky lloró aún con más fuerza. Por su parte, Dobby le sonrió a Harry.
"¿Le apetecería a Harry Potter una taza de té?" chilló bien alto, por encima de los sollozos de Winky.
"Eh… bueno" aceptó Harry.
Al instante, unos seis elfos domésticos llegaron al trote por detrás, llevando una bandeja grande de plata cargada con una tetera, tazas para Harry, Ron y Hermione, una lecherita y un plato lleno de pastas.
"¡Qué buen servicio!" dijo Ron impresionado.
Hermione lo miró con el entrecejo fruncido, pero los elfos parecían encantados. Hicieron una profunda reverencia y se retiraron.
"¿Cuánto tiempo lleva aquí, Dobby?" preguntó Harry, mientras Dobby servía el té.
"¡Sólo una semana, Harry Potter, señor!" contestó Dobby muy contento. " ¿Sabe, señor?, a un elfo doméstico que ha sido despedido le resulta muy difícil conseguir un nuevo puesto de trabajo"
Al decir esto, Winky redobló la fuerza de sus sollozos. La nariz, que era parecida a un tomate aplastado, le goteaba sobre la blusa, y ella no hacía nada para impedirlo.
Los elfos domésticos de Hogwarts se alejaban de Dobby poco a poco, como si sufriera una enfermedad contagiosa. Winky se quedó donde estaba, aunque se puso a llorar aún con más fuerza.
"¡Y después de que el gran Harry potter le dio trabajo a Dobby, Dobby va a ver a Winky y se entera de que Winky también ha sido liberada!" dijo Dobby contento.
Al oír esto, Winky se levantó de golpe del taburete y, echándose boca abajo sobre el suelo de losas de piedra, se puso a golpearlo con sus diminutos puños mientras lloraba con verdadero dolor. Hermione se apresuró a dejarse caer de rodillas a su lado, e intentó consolarla, pero nada de lo que decía tenía ningún efecto.
Dobby prosiguió su historia chillando por encima del llanto de Winky.
"¡Y entonces se le ocurrió a Dobby, Harry Potter, señor! «¿Por qué Dobby no ayuda a Winky buscando trabajo juntos?», dice Dobby. «¿Dónde hay bastante trabajo para los elfos domésticos?», pregunta Winky. Y Dobby piensa, ¡y cae en la cuenta, señor! ¡Hogwarts! Así que Dobby y Winky vinieron a ver al profesor Dumbledore, señor, ¡y el profesor Dumbledore la contrató!"
Dobby sonrió muy contento, y de los ojos volvieron a brotarle lágrimas de felicidad.
"¡Y el profesor Dumbledore dice que pagará a Winky lo misno que a Dobby, señor, ¡Y así, señor, Winky recibe un galeón a la semana y libra un día al mes!
"¡Eso no es mucho!" dijo Hermione desde el suelo, por encima de los continuados llantos y puñetazos de Winky.
"Winky se negó señorita" Dobby dijo mirando a Winky.
Winky dejó de llorar, pero cuando se sentó miró a Hermione con sus enormes ojos castaños, con la cara empapada y una expresión de furia.
"¡Winky puede ser una elfina desgraciada, pero todavía no recibe paga!" chilló. "¡Winky no ha caído tan bajo! ¡Winky se siente avergonzada de ser libre! ¡Como debe ser!"
"¿Avergonzada?" repitió Hermione sin comprender. "¡Pero, vamos, Winky! ¡Es el señor Crouch el que debería avergonzarse, no tú! Tú no hiciste nada incorrecto. ¡Es él el que se portó contigo horriblemente!"
Pero, al oír aquellas palabras, Winky se llevó las manos a los agujeros del sombrero y se aplastó las orejas para no oír nada, a la vez que chillaba:
"¡Usted no puede insultar a mi amo, señorita! ¡Usted no puede insultar al señor Crouch! ¡El señor Crouch es un buen mago, señorita! ¡El señor Crouch hizo bien en despedir a Winky, que es mala!"
"A Winky le está costando adaptarse, Harry Potter" chilló Dobby en tono confidencial. "Winky se olvida de que ya no está ligada al señor Crouch. Ahora podría decir lo que piensa, pero no lo hará."
"Entonces, ¿los elfos domésticos no pueden decir lo que piensan sobre sus amos?" preguntó Harry.
"¡Oh, no, señor, no!" contestó Dobby, repentinamente serio "Es parte de la esclavitud del elfo doméstico, señor. Guardamos sus secretos con nuestro silencio, señor. Nosotros sostenemos el honor familiar y nunca hablamos mal de ellos. "
"Pero ¿ahora puedes decir lo que quieras sobre los Malfoy?" le preguntó Harry, sonriendo.
En los inmensos ojos de Dobby había una mirada de temor.
"Dobby… Dobby podría" dijo dudando. Encogió sus pequeños hombros. "Dobby podría decirle a Harry Potter que sus antiguos amos eran… eran… ¡magos tenebrosos!
Dobby se quedó quieto un momento, temblando, horrorizado de su propio atrevimiento. Luego corrió hasta la mesa más cercana y empezó a darse cabezazos contra ella, muy fuerte.
"¡Dobby es malo! ¡Dobby es malo!" chilló.
Harry agarró a Dobby por la parte de atrás de la corbata y tiró de él para separarlo de la mesa.
"Gracias, Harry Potter, gracias" dijo Dobby sin aliento, frotándose la cabeza.
"Sólo te hace falta un poco de práctica" repuso Harry.
"¡Práctica!" chilló Winky furiosa. "¡Deberías avergonzarte de ti mismo, Dobby, decir eso de tus amos!"
"¡Ellos ya no son mis amos, Winky!" replicó Dobby desafiante. "¡A Dobby ya no le preocupa lo que piensen, porque Dobby ahora sirve al gran señor HarryPotter!"
"¡Eres un mal elfo, Dobby!" gimió Winky, con lágrimas brotándole de los ojos. "¡Pobre señor Crouch!, ¿cómo se las apañará sin Winky? ¡Me necesita, necesita mis cuidados! He cuidado de los Crouch toda mi vida, y mi madre lo hizo antes que yo, y mi abuela antes que ella… ¿Qué dirían si supieran que me han liberado? ¡Ah, el oprobio, la vergüenza!" Volvió a taparse la cara con la falda y siguió llorando.
"Winky" le dijo Hermione con firmeza, "estoy completamente segura de que el señor Crouch se las apaña bien sin ti. Lo hemos visto, ¿sabes?"
"¿Han visto a mi amo?" exclamó Winky sin aliento, alzando la cara llena de lágrimas y mirándola con ojos como platos. "¿Lo ha visto usted aquí, en Hogwarts?"
"Sí" repuso Hermione. "Él y el señor Bagman son jueces en el Torneo de los tres magos"
"¿También viene el señor Bagman?" chilló Winky.
Para sorpresa de Harry (y también de Ron y Hermione, por la expresión de sus caras), Winky volvió a indignarse.
"¡El señor Bagman es un mago malo!, ¡un mago muy malo! ¡A mi amo no le gusta, no, nada en absoluto!"
"¿Bagman malo?" se extrañó Harry.
"¡Ay, sí!" dijo Winky, afirmando enérgicamente con la cabeza. "¡Mi amo le contó a Winky algunas cosas! Pero Winky no lo dice… Winky guarda los secretos de su amo…" Volvió a deshacerse en lágrimas, y la oyeron murmurar entre sollozos, con la cabeza otra vez escondida en la falda: "¡Pobre amo, pobre amo!, ¡ya no tiene a Winky para que lo ayude!"
Como fue imposible sacarle a Winky otra palabra sensata, la dejaron llorar y se acabaron el té mientras Dobby les hablaba alegremente sobre su vida como elfo en el castillo.
Esa misma noche Harry se encontró nuevamente deslizándose al baño del segundo piso con envuelto en su capa invisible, su huevo bajo el brazo y en las manos el mapa de los merodeadores, esquivo a la señora norris pasando por un pasadizo secreto.
Se escondió tras una estatua cuando filch paso con una lámpara en las manos, los ojos del conserje estaban casi cerrados del sueño, por fin llego para su alivio Myrtle rondaba la biblioteca, por lo que tenía luz verde para abrir el pasadizo a la cámara secreta, más rápido de lo que esperaba estaba de vuelta en la seguridad de la oficina de Zalasar Slytherin, si ron y Hermione se enteraran de que el pasaba su tiempo allí seguramente se preocuparían de que cayera en la magia oscura si tan solo supieran la mina de conocimiento que había encontrado.
Dejando el huevo sobre el escritorio, se dedicó a investigar lenguajes mágicos que sonaran a cuchillos raspando contra la pizarra, recorrio las estanterías, "Lenguas mágicas, el arte de las palabras" leyó.
Leyendo el índice del libro busco alguno de los idiomas que parecía contener el libro, Troll, duendigonza, centauros, Gigantes y Merpeople.
"¿Centauros quizás?"
Leyó un rato sobre él, pero lo único que aprendio fue como los centauros utilizaban los planetas de tal manera que cada uno significara algo y lo formal que era el resto de su inglés.
"Eso fue una pérdida de tiempo" Soltando el libro junto al huevo "Mejor aprendo algo más de los duelos".
"Fulmen" leyó en voz alta.
-Imposible de bloquear hechizo, sin movimiento de varita rápido y regulable, este se puede adaptar desde paralizar o matar a la otra parte.-
Leyo con asombro, era un hechizo imposible de bloquear, pero esa parte de matar no le gusto para nada.
…
Fin:
Nota del autor:
No fue mi mejor capitulo pero servirá por ahora, apartir de ahora empiezan los cambios importantes
Gracias por el apoyo.
