Capítulo 2
Se encontró en su laboratorio, enfrascado en unos cálculos con los que había estado batallando desde hace semanas. Ensortijaba un mechón de su cabello, mientras leía las fórmulas y realizaba anotaciones.
— No entiendo ¡¿por qué no funciona?! — dijo en voz alta, frustrado.
— Quizá porque la base de tus teorías, fueron robadas de un muerto.
— Cállate — contestó en voz baja frunciendo el ceño y negando con la cabeza, tratando de concentrarse.
— Piénsalo, Viktor, si tuvieras a la fuente original para preguntarle, en lugar de únicamente esos trozos viejos de papel, quizá podrías desarrollar todo más rápido.
— Tal vez, con otra combinación — dijo él intentando ignorar a su indeseable alucinación.
— ¿Vas a ignorarme? — se encogió de hombros— Como siempre, estás corto de tiempo.
Ese ultimo comentario, crispó sus nervios, tomó un vaso que tenía en una mesa cercana, se dio media vuelta con violencia y lo arrojó al lugar del cual provenía aquella incesante y molesta voz.
Vio a aquella figura esquivar el vaso con un pequeño salto. Y enseguida, el choque del cristal rompiéndose contra el suelo le provocó un sobresalto.
— Cuidado con eso. Si me hubieras dado, me habría cortado y habría sangrado.
Viktor apretó los ojos y la mandíbula, tratando de suprimir la imagen mental, pero no podía.
— Bueno, solo es un decir — se burló aquel fantasma mental— Desde ese día que no paro de sangrar.
Frente a él, como cada día, veía la figura de Jayce, ensangrentada y parte del rostro desfigurado, con una sonrisa cínica.
— Te imaginas ¿cómo habría sido si no me hubieras hecho arrestar? Tal vez, no me habría sentido tan mal, tan solo. Tal vez no habría tomado esa decisión.
Viktor intentó ignorarlo de nuevo, pero era casi imposible. Escuchó los pasos de Jayce acercarse a él y comenzar a dar vueltas a su alrededor, como una especie de depredador.
— Eso nunca lo sabremos — contestó Viktor.
— Tú sabes muy bien lo que es estar solo y lo que la soledad por sí misma puede hacerte.
— … — Viktor frunció los labios.
La figura ensangrentada y desfigurada de Jayce lo abrazó por la espalda, envolviéndolo completamente.
Viktor movió sus brazos con fuerza y violencia, tratando de liberarse de un agarre que no estaba ahí, cuando sintió que golpeó algo con su bastón, logró zafarse y se dio media vuelta. Nuevamente fue a sentarse a su mesa de trabajo con prisa, pero no se sentó para trabajar. Comenzó a taparse los oídos con ambas manos, tratando bloquear todo sonido desagradable.
— ¿Te sientes mal, Viktor?
La respiración de Viktor se agitó y nuevamente negó con la cabeza, mientras apretaba sus ojos y labios. Se mantuvo así hasta que creyó que ya no estaba la figura de Jayce ahí. Entonces, se dispuso a trabajar de nuevo.
De repente, sintió como si alguien le soplara en el oído y se dio un manotazo.
— Siempre equivocándote. Te imaginas ¿si hubieras llegado a tiempo?
— Nunca lo sabremos — repitió Viktor, intentando mantener la calma.
— Pero no. No pudiste. Tenías que quedarte a releer una vez más una página de mi diario y tenías que retrasarte aún más abrochándote un zapato. Siempre haciendo las elecciones incorrectas. ¿Pero qué podemos esperar de alguien cuya existencia en sí misma está rota? No eres más que un error de la naturaleza, Viktor, ve tu pierna, ve tu espalda, ve tus pulmones. Ni siquiera tu propio cuerpo funciona correctamente.
Viktor no pudo soportarlo y se encogió totalmente, abrazándose a sí mismo, se sobaba sus propios brazos, tratando de recomponerse.
— ¿A caso dije algo malo, Viktor? ¿No es esto lo que mereces por haberme matado? ¿Recuerdas ese día?
— Cállate…por favor…solo cállate… — dijo con desesperación.
— ¿Recuerdas como ibas caminando tranquilamente? con tu consciencia totalmente limpia, aunque me habías mandado encarcelar — dijo con hostilidad y una sonrisa sardónica.
— Basta… — rogó Viktor.
— Luego, justo antes de llegar, notaste tu agujeta desabrochada y consideraste que era el mejor momento para abrocharla ¿te acuerdas, Viktor?
— Yo no sabía… — trató de replicar.
— No… nunca sabes nada… nunca sabes cómo comportarte con los demás, nunca sabes cómo resolver estas fórmulas, nunca sabes nada.
— Cállate — repitió en voz muy baja, casi etérica.
— ¿Recuerdas? Cuando viste hacia arriba, me viste saltar. Viste mi cuerpo ser succionado por la gravedad. ¿Recuerdas el sonido? ¿Recuerdas ese crash? El sonido de algo rompiéndose, mis huesos, mi sangre ¿lo recuerdas? El olor…
Viktor volvió a encogerse, sujetándose la cabeza, tapando así sus oídos y permaneció inmóvil una vez más, con ojos cerrados, dejando el tiempo pasar, tratando de ignorar esa incesante voz. Sin notarlo, algunas horas pasaron.
Cuando el tiempo volvió a andar para él, intentó volver a trabajar. Sin mucho éxito, seguía sin poder avanzar.
De repente, a su espalda, un sonido extraño, como algo burbujeando y girando muy rápido, ocasionalmente mecánico y absorbente. Comenzó a apretar los ojos de nuevo, sabiendo que nuevamente, su mente le haría otra jugada. Evidentemente, ese día no era un buen día para trabajar.
— ¿Viktor?
