Capítulo 3
— ¿Viktor?
Otra vez esa voz. Pero esta vez también había una especie de pestilencia.
Viktor frunció el ceño, la nariz y los labios, tratando de cortar el estímulo. Se irguió un poco, preparado para reaccionar de ser necesario. Temía que su recurrente fantasma mental lo atacara como en otras veces que se ponía violento.
— ¿Eres tú, Viktor? — preguntó, reconociendo el cabello castaño, que si bien, estaba bastante más largo, aun podía reconocerlo.
Viktor permaneció en su sitio, al inicio sin moverse. Poco a poco fue girando la cabeza, para tratar de mirar a su fantasma mental con el rabillo del ojo.
— Viktor — lo llamó con suavidad.
Viktor dio un cuarto de vuelta en su banquillo, aun planeando verlo con el rabillo del ojo.
Jayce lo observó. Ciertamente, tal cual el otro Viktor le había advertido, este lucía muy diferente. Tenía una mirada feral, su piel lucía un poco más transparente, casi podía ver sus venas. Estaba aún más delgado que antes. Su postura y su mirada…parecía un gato que se sentía amenazado y acorralado.
— Soy yo, Viktor, soy Jayce…
Dijo, identificándose y levantando un poco sus manos frente a él, como mostrándole que no venía a hacerle daño.
— ¿Jayce? — preguntó el confundido.
Viktor frunció el ceño. Volteó a su lado y vio a Jayce. Con el que alucinaba, recargado en el escritorio.
— No sé si esto es una broma o realmente has empeorado, Viktor — dijo la alucinación.
— Viktor — volvió a llamarlo Jayce, tratando de acercarse — S-sé que luzco diferente. Pero, soy yo, no tengas miedo — dijo dando otro paso al frente.
La postura de Viktor se tornó más defensiva, su mirada, siempre intensa parecía aterrada, como si en cualquier momento fuera a ser atacado.
— No te acerques — pidió Viktor en voz baja y haciendo énfasis en el "no".
— Viktor ¿qué te sucedió?
— Podría preguntar lo mismo — esta vez, Viktor volteó con su alucinación — ¿Tú lo trajiste?
— No ¿Crees que me presentaría con el rostro deformado si pudiera elegir? No creo que me siente bien — dijo en un tono ególatra.
Viktor pareció aceptar su respuesta. Como nunca había conocido lo suficiente a Jayce, lo poco que sabía de él, provenía de los diarios que robó de él, diarios firmados en cada página. En su mente, Jayce no pasaba más allá de un ególatra con mente brillante.
En cambio, el Jayce recién llegado lo observó con curiosidad. Viktor había dirigido sus palabras a algo que no estaba ahí y no solo eso, también parecía que, ese algo, fuera lo que fuera, le había respondido, porque pareció asentir con la cabeza como si le hubieran contestado.
Jayce miró a su alrededor y agregó sin reconocer el lugar:
— ¿Viktor? ¿Qué lugar es este?
— ¿Cómo llegaste aquí? — preguntó Viktor, aun con voz baja pero altiva, pensando que quizá era algún vagabundo al que algunos niños le habrían pagado para importunarlo— ¿Es esto gracioso para ti? ¿Alguna clase de broma? ¿Alguien te dijo que vinieras?
— ¡No! ¡No, no! Esto no es…— intentó explicarse— Viktor… — volvió a acercarse.
Viktor vio los pies de Jayce avanzar hacia él y su mirada se encendió. Viktor notó el martillo que ese extraño llevaba consigo y se sintió amenazado. Tomó un plato de porcelana que yacía olvidado en su escritorio, aún tenía restos de comida en él y se lo arrojó.
Jayce esquivó el plato; impactado de que se lo haya arrojado. Su Viktor jamás había tenido una reacción tan violenta, ni cuándo estuvo en sus momentos más dolorosos posteriores a su cirugía se había puesto así. Luego, volteó a verlo con el ceño fruncido y la boca abierta, como buscando una explicación.
El castaño lo observó fijamente, quizá sí estaba alucinando después de todo. Luego, cerró los ojos y comenzó a repetir en voz baja:
— Desaparece, desaparece, desaparece, desaparece….
Jayce lo observó hacerlo y sintió que se le estrujaba el corazón. Reamente el otro Viktor no mentía cuando decía que no era para nada como lo conoció. Pero si había algo que él no conocía era rendirse, con tan solo una tasa de 3% de éxito en ciencia, Jayce sabía lo que era el perseverar.
Dejó el martillo atrás y se acercó de nuevo dando pasos lentos y silenciosos. No quería alterarlo. Cuando estuvo cerca, susurró:
— Viktor, por favor, abre los ojos, soy yo, Jayce…
— Ni siquiera voy a mirar — dijo en voz baja y dolida — Eres solo otra alucinación.
Al escucharlo, Jayce medianamente intuyó lo que le pasaba, no por completo, pero logró unir algunos puntos cuando recordó lo que el mago le había dicho.
— Viktor, mírame.
Viktor permaneció en la misma posición con ojos cerrados, respirando agitadamente, tratando de calmarse. Viktor sabía que entre más alterado estuviera, sus alucinaciones empeorarían.
— Viktor, puedo probarte que soy Jayce, el verdadero— pidió al tiempo en que colocaba una mano en su hombro.
Viktor tuvo un pequeño sobresalto y su respiración empezó a agitarse.
— Mírame por favor — pidió de nuevo Jayce — Puedes sentirme ¿no? Esto ninguna alucinación podría hacerlo.
Lentamente, los ojos dorados comenzaron a asomarse detrás de aquellas espesas pestañas que a Jayce tanto le gustaban.
— En realidad, también existen las alucinaciones olfativas y táctiles — dijo él, aun con miedo en sus ojos dorados y tratando de controlar su respiración— Nunca las había tenido, eso solo significa que estoy empeorando…
— No, no, no, Viktor — el castaño sujetó el delgado rostro entre sus manos y lo acarició haciendo pequeños círculos con sus pulgares — Mírame, esto no es una alucinación, esto no es un sueño, esto es real…
Por un momento, Jayce mismo se impactó ¿qué tal si sí era un sueño? ¿Qué tal si seguía atrapado en aquella grieta en ese otro mundo y solo soñaba con ver a Viktor? Pero no…eso no podía ser un sueño, Viktor…podía sentirlo, era real, su piel, su cabello, sus hermosos ojos dorados.
Viktor movió su rostro para liberarse del agarre de Jayce, sin presionar, el moreno lo soltó.
— ¿Qué pasó con el yo de este mundo? — preguntó Jayce. Quería comprobar si lo que le había dicho el mago era cierto.
— ¡Dile! Dile que lo mandaste directo a su tumba por haberlo mandado a arrestar — dijo el Jayce desfigurado.
Viktor comenzó a respirar agitadamente de nuevo.
— Moriste — dijo siéndole cada vez más difícil respirar y tratando de no verlo.
Fue entonces que Jayce terminó de entender todo, de alguna forma, aunque lo sabía, finalmente comprendió el peso de todo cuando recordó que el Viktor del otro mundo se lo había advertido y el estado actual del Viktor de ese mundo. Todo se resumía a que, el Jayce de ese mundo había muerto antes de que empezaran con hextech, significaba que…
— Tú…no me conociste ¿verdad? — dijo con pesar. En esa línea, nunca compartieron vida ni sueños.
Viktor siguió tratando de tranquilizarse, de pensar lógicamente. Pero no pudo evitar pensar "si no te hubiera conocido, no alucinaría contigo" no obstante, no dijo nada y fue entonces que Jayce continuó.
— En mi mundo, te conocí… — quiso decirle "te amé" pero no pudo…sintió miedo de hacerlo. El Viktor que estaba frente a él, no era SU Viktor y no era lo suficientemente estable emocional o mentalmente para palabras así, así que solo dijo— Fuiste una gran parte de mi vida…y te perdí.
El castaño volteó a verlo ¿en su mundo? ¿qué querría decir con eso? Esto era realmente nuevo. ¿Lo perdió?
— ¿Qué quieres decir? ¿Morí en tu mundo? — preguntó curioso, luego con un tono anhelante, preguntó — ¿Tú sobreviviste en ese otro mundo?
Jayce asintió y le regaló una de esas miradas llenas de afecto y calidez con las que no podía evitar mirarlo. La mirada llena de curiosidad y amabilidad de Viktor estaban ahí. Eso tranquilizó a Jayce. No importa lo que sucediera, Viktor en esencia era el mismo hombre dulce y genuinamente altruista que conoció. Tal vez, este Viktor estaba emocionalmente inestable y mentalmente herido, pero él lo ayudaría…lo apoyaría.
— ¡Qué bueno! — dijo Viktor en voz baja y bajó la mirada, ocultándola de la vista de Jayce.
Antes de que pudiera evitarlo, el cuerpo de Viktor temblaba débilmente y terminó por dejarse caer al suelo, haciéndose un ovillo y llorando silenciosamente frente a él. Viktor aun no estaba convencido de que Jayce fuera real, pero, por primera vez, estuvo agradecido por tener una alucinación amable que le ofreciera una historia alternativa. Una historia en la que él no fuera culpable de la muerte de Jayce, una historia en la que, de hecho, parecía no enfrentar una soledad sin fin.
— Gracias… — susurró.
Jayce, quien lo observó hacerse un ovillo, sintió su corazón romperse. Se arrodilló junto a él y se quedó sentado junto a él, con su cuerpo pegado al de Viktor. No quería romper el contacto. Jayce se arrepentía tanto de haber llegado tarde aquel día. De…
Negó con la cabeza.
No presionó a Viktor. Incluso él mismo todavía no terminaba de creer que eso era real. Tener a Viktor con él, ser capaz de tocarlo, ser capaz de hablarle, de escuchar su voz. Se limitó a tomar su mano y sujetarla con firmeza.
— No volveré a alejarme de ti — anunció Jayce.
Esas palabras perturbaron a Viktor, no obstante, de alguna forma, también lo reconfortaron. Tener una alucinación que no lo torturaba era algo nuevo y definitivamente más tolerable. Sintió el apretón cálido en su mano y por primera vez en mucho tiempo, sintió algo de paz y ligereza en su pecho.
— No volveré a perderte— agregó Jayce— Por favor, quédate conmigo…
