¡Hola a todos nuevamente! :)

Aún no es el final, les ofrezco un millón de disculpas, pero es que casi no tuve tiempo para escribir en estas semanas :'(

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Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi y la historia está escrita sin fines de lucro.

Mientras tanto, por otro lado, en la Ciudad de Tokio, Japón, en el hospital donde estaba internada la señora Hinako:

― Pueden pasar un momento a verla, pero por favor, no la fatiguen demasiado -les dijo un doctor, a los señores Komatsu (padres de las señoras Nodoka y Hinako)-.

― Gracias, doctor, así lo haremos -le respondió el señor Raiden con voz bastante apagada y luego, junto a su esposa, ingresaron a la habitación donde estaba su hija-.

La señora Hinako estaba dormida y ellos se impresionaron mucho más al verla, pues estaba peor a como el doctor les había descrito:

― ¡Ay, Hinako, no sabes cuánto me duele verte así!: ¡es una terrible desgracia! -exclamó la señora Nara con mucha tristeza, acercándose a ella y tomando una de sus manos- ¡jamás… jamás imaginé que terminarías de esta manera y que durante todo este tiempo, albergaras tanta maldad y tanto odio en contra de tu hermana y de mi nieto!

La señora Hinako abrió lentamente sus ojos al escucharla:

― ¿Ma… mamá? -pronunció después, con mucha dificultad-.

― Sí, hija, soy yo -le respondió, derramando unas pequeñas lágrimas-.

― ¿Qué… qué me pasó? -volvió a preguntarle- ¿por… por qué no siento mis piernas y por… por qué está tan oscuro este lugar?

El señor Raiden solo negó con la cabeza, cerrando sus ojos fuertemente, sintiendo una gran frustración:

― ¿Por… por qué no enciendes la luz? -habló nuevamente la señora Hinako, empezando a desesperarse-.

― Son las nueve de la mañana, hija -le respondió su papá, sin tantas contemplaciones-.

― ¡¿Las nueve de la mañana?!, ¡y si es esa hora, ¿por qué está tan oscuro?! -gritó, ya molesta-.

― Porque… porque… estás ciega, Hinako -le dijo su mamá, derramando más lágrimas- quedaste ciega después del accidente de hace unos días…

― Y… también perdiste la movilidad de tus piernas -agregó su papá- por eso… por eso no las sientes…

La señora Hinako quedó completamente en shock, al escuchar eso último:

― ¡No, noooooooo! -gritó después con mucho dolor y desesperación, al reaccionar- ¡no es cierto… eso no es cierto!: ¡ustedes me están mintiendo, me están mintiendo!... -y empezó a llorar fuertemente- ¡¿por qué?!... ¡¿por qué a mí?!... ¡no, noooooo!: ¡ciega y lisiada de por vida!, ¡nooooo!

La señora Nara derramó unas lágrimas más al escucharla, le acarició su cabeza y le dio un beso en la frente:

― Tranquilízate, por favor: no te hace bien ponerte así -le dijo, después-.

― ¡No quiero su lástima! -le gritó furiosa haciendo su cabeza a un lado, para evitar que continuara con sus caricias- ¡no quiero nada de ustedes!: ¡déjenme sola!

― Hinako… -le dijo su papá, pero ella no lo dejó terminar:-

― ¡Mejor vayan con su hija consentida, "la perfecta", a la única que siempre le prestaron atención, quisieron y trataron como tal!

― ¡No digas eso, hija, por favor! -le dijo su mamá, muy asustada- ¡nosotros siempre las amamos a ambas por igual!

― ¡No es cierto, siempre prefirieron a Nodoka, no lo nieguen!: ¡para ustedes, solo ella contaba! -gritó después, con mucho dolor- ¡hasta Genma la prefirió a ella antes que a mí, a pesar de que yo lo conocí primero! -y empezó a llorar, mucho más fuerte-.

Sus padres se desconcertaron mucho, al escuchar eso último:

― A ver, Hinako… -le dijo el señor Raiden, tratando de asimilar aquello- ¿qué es lo que nos estás tratando de decir?

― Acaso, ¿tú… tú… tú estabas enamorada de tu cuñado? -le preguntó la señora Nara, aún desconcertada-.

― ¡Sí, sí, así es! -gritó la señora Hinako, no pudiendo ocultarlo más- ¡pero él se enamoró de Nodoka "a primera vista" y desde ese instante la odié, la odié con todas mis fuerzas y más aún, cuando me enteré que… que yo jamás podría tener hijos…!

― ¡Hinako! -exclamó la señora Nara, cubriendo su boca con una mano por la impresión- ¡¿pero, por qué… por qué nunca nos lo contaste?!

― Eso arrojaron los análisis que me entregaron del hospital donde me los hice, después de que aceptara casarme con Kenichi solo por despecho… -dijo nuevamente la señora Hinako, refiriéndose a su difunto esposo- sufrí mucho cuando lo supe, pero después, guardé la esperanza de que Nodoka también fuera estéril como yo y que Genma la abandonara inmediatamente al descubrirlo, pero resultó que a los dos meses de casados: ¡quedó embarazada! -gritó, con mucha rabia- ¡ese hijo jamás debió existir!... ¡jamás debió nacer y por eso… por eso… ahora solo puedo desear con todas mis fuerzas que Mariko ya haya logrado llevarse a Ranma muy, muy lejos, para que Nodoka jamás lo vuelva a ver y que sufra… que sufra toda su vida por haberme arrebatado la felicidad!

Sus padres seguían sin poder asimilar todo lo que estaban escuchando: era aberrante y cada vez se asustaban más y más, al descubrir el monstruo que en realidad era su hija menor.

Por otro lado, nuevamente en el hospital Sainshand, ubicado en Nomonhan, Mongolia:

― ¡Me estuviste confundiendo todo este tiempo, contándome una vida que no era la mía, sino la de mi amigo Shinnosuke! -continuó Ranma furioso, dirigiéndose a Mariko- ¡estuviste luchando para que no recuperara la memoria!

― No… no sé de qué hablas, Shinno, parece que estás sufriendo alucinaciones -le dijo Mariko con voz temblorosa, no queriendo aceptar aún que ya todo estaba perdido- ¡tú eres mi esposo y me amas mucho! -dijo después, acercándose a abrazarlo- ¡me amas mucho!: ¡nos amamos mucho y nos iremos a vivir a Francia, como lo teníamos planeado!

― ¡Suéltame! -le gritó tratando de apartar sus brazos de su cuello, levantándose de la camilla donde estaba sentado- ¡suéltame ya! -volvió a gritarle, logrando al fin apartarla de él- ¡no iré contigo a ninguna parte!

― ¡Pero, estamos casados y tenemos que estar siempre juntos!

La enfermera solo se había quedado viendo muy desconcertada, al no comprender lo que estaba pasando:

― ¿Entonces, su nombre es Ranma Saotome? -le preguntó, después- pero, en su chapa militar de identificación está grabado el nombre: Kobayashi, Shinnosuke, ¿no será que de verdad está sufriendo alucinaciones como dice su esposa?... creo que lo mejor será que no deje aún el hospital…

― ¡Ella no es mi esposa y no estoy sufriendo alucinaciones! -volvió a gritar Ranma, aún furioso- ¡estoy muy seguro de lo que digo, porque al fin recordé quien soy y al único lugar al que viajaré en este instante será a Japón, donde me está esperando la verdadera dueña de mi corazón: Akane!

― ¡No, tú eres Shinnosuke, mi esposo y es a mí a quien amas! -dijo Mariko volviendo a abrazarlo, empezando a llorar desesperadamente- ¡no me dejes, por favor, no me dejes, Shinno!: ¡te amo y ya no podría vivir sin ti!

― ¡Suéltame de una vez por todas y no vuelvas a tocarme! -le dijo, tomándola fuertemente de los brazos- ¡eres despreciable… tan despreciable y tu cinismo no tiene límites!: ¡creíste que jamás recuperaría la memoria y me estuviste manipulando a tu antojo todo este tiempo, pero eso se acabó, porque ya no permitiré que sigas profanando el buen nombre de mi mejor amigo, quien sí te amó con todas sus fuerzas y a quien nunca supiste valorar!

Mariko abrió mucho los ojos, completamente asustada al escucharlo hablar así y él continuó:

― ¡Él se sacrificó recibiendo las balas que iban dirigidas a mí y sus últimas palabras solo fueron dedicadas a ti: me pidió que te entregara una carta que te había escrito y que no había podido enviarte y que te dijera que cuidaras al hijo que habían tenido y que lo disculparas por no haber sido lo que querías para tu vida!

― Supongo que esa fue la carta que encontramos en sus bolsillos -dijo nuevamente la enfermera, interviniendo- pero, ¿cómo es que usted terminó con la chapa de identificación de su amigo?

― Fue… fue en la madrugada de aquel día, cuando tomamos un baño rápido en una pequeña laguna que encontramos -dijo Ranma, rememorando los últimos acontecimientos- fue cuando nos avisaron que un pelotón mongol estaba muy cerca y nos vestimos apresuradamente… ahí fue, cuando seguramente nos confundimos y nos pusimos la chapa de identificación equivocada…

― ¡No, no, no, nada de eso pasó, porque tú eres Shinnosuke! -volvió a gritar Mariko- ¡todo eso solo te lo estás imaginando y no hay ninguna equivocación!

Ranma se enfureció aún más al escucharla, pero antes de que pudiera responderle nuevamente, la puerta de la habitación se abrió abruptamente, ingresando algunas personas que al verlo, lo reconocieron inmediatamente:

― ¡Ranma, oh, Ranma, por Kami-sama, sí se trataba de ti! -gritó la señora Nodoka muy emocionada, derramando varias lágrimas, llegando rápidamente con él para abrazarlo fuertemente- ¡eres tú, mi amor, sí eres tú!: ¡estás vivo, estás vivo! -luego, tomó su rostro con ambas manos para darle varios besos en sus mejillas y lloró un poco más, pero ahora por la inmensa alegría que estaba sintiendo-.

El señor Genma también derramó unas pequeñas lágrimas, sonriendo:

― ¡Hijo, mi muchacho! -y se acercó también para abrazarlo fuertemente- ¡gracias, Kami-sama, gracias!

Mientras tanto, por otro lado, en el pueblo de Nerima, Mousse acababa de regresar a su casa después de haber ido a hacer unas compras al mercado (era su día de descanso en el trabajo):

― ¡Qué bueno que ya hayas regresado, hijo! -le dijo su mamá muy contenta, al verlo- ya me falta muy poco para terminar de planchar la ropa que me trajeron y así, podré empezar a preparar la comida -la mamá de Mousse había empezado a trabajar también hacía unas semanas, lavando y planchando, para ayudar a su hijo con los gastos de la casa (ya estaba más recuperada de la enfermedad que padecía)-.

― No te preocupes, mamá, yo me haré cargo -le respondió Mousse, sonriendo levemente- tú descansa un poco, por favor: has estado trabajando demasiado.

― Gracias, hijo, pero es que necesitamos mucho el dinero y más ahora que ya tienes prometida -le dijo, mucho más contenta- este fin de semana, iremos a la casa de los señores Mochizuki a pedir formalmente la mano de su hija Yoko.

― Mamá, sobre eso, yo… quiero hablarte al respecto… -le dijo, bastante serio- te agradezco mucho que me hayas conseguido una prometida, pero…

― ¿Qué sucede? -le preguntó sorprendida- ¿no estás de acuerdo?, si es porque le llevas ocho años y piensas que es muy joven para ti, déjame decirte que sus padres ya lo saben y...

― No, no es eso, mamá, es que… yo… -hizo una pausa y después le dijo, exhalando un pequeño suspiro- yo… yo… ya no quiero seguir viviendo en este pueblo: lo he venido pensando desde hace ya un buen tiempo y por eso… por eso, me gustaría que volvamos a China cuanto antes, de donde nunca debimos haber salido.

Su mamá se sorprendió mucho más, al escuchar eso último:

― ¿Irnos de este país? -le preguntó, después- pero, si ya llevamos mucho tiempo viviendo acá, estamos muy bien y tenemos lo necesario…

― ¡No, mamá, no estamos bien! -le dijo después, algo desesperado- ¡por lo menos yo, no lo estoy!

― Pero, ¿por qué, hijo?, ¿por qué dices eso? -le preguntó muy preocupada, tomando una de sus manos- ¿qué es lo que sucede?

Mousse inclinó su rostro un momento, exhalando un profundo suspiro:

― ¡Hijo, no me digas que todo esto se debe a que la señorita Kodachi se casará este fin de semana que viene, por favor! -continuó su mamá, en tono de reproche- ¡dime que no es por eso, te lo suplico!

Él volvió a exhalar un suspiro y le dijo:

― Sí, mamá, es… es por eso… ¡porque no creo soportar que ella se case con ese señor!... ¡lo siento, pero no puedo! -le dijo después, casi gritando- ¡la amo, mamá, la amo con todo mi corazón y por eso, quiero alejarme de aquí lo antes posible, para no estar cuando eso suceda!

La señora se cubrió la boca con una mano, mucho más sorprendida. Luego, negó con la cabeza y lo abrazó fuertemente:

― ¡Ay, hijo! -le dijo después, con voz que denotaba tristeza- ¡¿cómo fuiste a poner tus ojos tan alto?!

― No lo sé, mamá, no lo sé… -le respondió, aún desesperado- por eso… por eso, te suplico que me apoyes con esta decisión y que me ayudes a poner tierra de por medio, por favor…

― Pero, no tenemos dinero para los pasajes de un barco y…

― Le pediré a Ryu que me haga un pequeño préstamo y cuando estemos en China, se lo devolveré inmediatamente al conseguir empleo: estoy seguro que aceptará, porque él me conoce muy bien y hemos sido buenos amigos por años…

― Ay, hijo, no sé qué decirte: me pones en un gran dilema…

― ¡Ayúdame, por favor, te lo suplico!

La señora se le quedó viendo un momento y luego, exhaló un pequeño suspiro con tristeza:

― Bueno… -le dijo después, con voz apagada- si con eso logras olvidarte de ella y vuelves a sonreír como antes, no tengo más remedio que apoyarte…

― Gracias, mamá -le dijo, dándole un beso en la frente- muchas gracias, te prometo que así será.

― Eso espero, hijo… -le dijo, no muy convencida- eso espero.

Por otro lado, nuevamente en Nomonhan, Mongolia, en el hospital Sainshand, Ranma se había quedado rígido por un momento, al no reconocer a sus padres de inmediato y el señor Konjo, (que también había viajado con ellos, para evitar que su hija lograra sus perversos propósitos) exclamó, sintiéndose devastado:

― ¡¿Cómo pudiste, Mariko?!, ¡¿cómo pudiste?!... ¡y yo que pensé por un instante que habías cambiado!

― ¡Papá, no es… no es lo que parece! -le dijo, con voz temblorosa- ¡yo… yo no sabía que se trataba de Ranma, de verdad, además, a ti te consta que de este hospital nos enviaron una carta hace como un mes, para avisarnos que Shinno estaba aquí y muy grave!: ¡ellos tuvieron la culpa, no yo!

Antes que el señor Konjo pudiera responderle, la señora Nodoka se le adelantó y le gritó a Mariko:

― ¡¿Y quién te va a creer que no te hayas dado cuenta que se trataba de Ranma?!... ¡eres de lo peor, de lo más bajo, de lo más ruin, al aprovecharte de la ceguera y la amnesia que está padeciendo, para engañarlo y hacerle creer que era tu esposo y poder llevártelo muy lejos con la ayuda de Hinako, para que no nos enteráramos que estaba vivo, como un último intento para amarrarlo y tenerlo a tu lado!

― ¡¿Pero es que ella se los dijo?! -gritó después Mariko, muy desconcertada- ¡¿ella se los dijo?!: ¡¿cómo pudo traicionarme, cómo pudo?!... ¡y yo que le juré que no diría nada de la aberrante confesión que hizo aquel día en esta habitación, cuando supo que era Ranma y no Shinnosuke, quien había sobrevivido!... ¡ay, cómo la odio, cómo la odio! -gritó después, muy desesperada- ¡pero si ella se atrevió a traicionarme, yo también lo haré!

― ¡¿De qué hablas, Mariko?! -le dijo su papá, aún en el mismo tono-.

― ¡Hace unas semanas, la encontré aquí a punto de cerrar las llaves de los tanques de oxígeno a los que Ranma estaba conectado, para "tratar de matarlo nuevamente", porque ya lo había hecho antes, cuando usted lo estaba esperando! -gritó después Mariko, señalando a la señora Nodoka- ¡porque únicamente se ofreció a cuidarla para poder interrumpir su embarazo, dándole a beber tés abortivos!

Todos se desconcertaron mucho ante tal confesión (sobre todo, la señora Nodoka, quien abrió mucho los ojos completamente asustada, quedándose un momento en shock, no pudiendo creer lo que acababa de escuchar):

― ¡Sabe que no estoy mintiendo! -volvió a gritar Mariko- ¡porque, ¿cómo podría haberme enterado que su hermana "la cuidó" durante su embarazo, dándole a beber tés, eh?!: ¡ella lo gritó en esta habitación!

― Es… es cierto… ahora lo recuerdo -dijo de pronto Ranma, interviniendo- esa voz… esa voz desesperada que escuché hace unas semanas era de la tía Hinako… sí y hasta sentí cuando revisó mi cuello para cerciorarse si realmente se trataba de mí… pero en ese momento, no veía nada, ni comprendía qué estaba pasando…

― En… entonces… fue… fue por eso que… el parto se complicó y que tanto Ranma como yo, estuvimos a punto de morir… -exclamó la señora Nodoka, derramando nuevamente varias lágrimas- y… y porqué me sentía tan mal y débil, después de beber esos tés…

― ¡¿Pero, por qué diablos hizo algo así?! -gritó el señor Genma, furioso- ¡¿por qué?!, ¡¿qué le pasa?!, ¡¿qué daño le hicimos?!, ¡¿siempre estuvo desequilibrada o qué rayos?!

― ¡Porque siempre estuvo enamorada de usted, esa es la explicación! -volvió a decir Mariko dirigiéndose al señor Genma, con algo de sarcasmo- ¡y como usted nunca le hizo caso, pues, lo único que le quedaba era hacerles la vida de cuadritos!

Eso desconcertó mucho más a todos los presentes (en especial, al señor Genma):

― ¡¿Y pensabas callarte algo así y convertirte en su cómplice, con tal de que te apoyara en tus aberrantes propósitos de llevarte a Ranma y hacerlo pasar por tu esposo?! -le gritó después el señor Konjo, tomándola fuertemente de uno de sus brazos- ¡¿qué no te das cuenta de la gravedad del asunto, Mariko?!: ¡no solo eres culpable de una tentativa de secuestro, sino también de una de asesinato!

― ¡Yo jamás quise hacerle daño a Ranma, papá! -le dijo Mariko, llorando "desesperadamente"- ¡por el contrario, solo quería que estuviera a mi lado como debió ser siempre y alejarlo del odio de su tía!

― ¡Nada justifica lo que pensabas hacer! -le volvió a decir su padre- ¡estás muy mal, hija, muy mal y no sé cómo no me di cuenta antes de la obsesión que siempre sentiste por este muchacho!... ¡pero, aunque me duela el alma y se me rompa el corazón en mil pedazos, tendrás que enfrentar las consecuencias de tus actos…! -y luego, gritó hacia la puerta- ¡ya pueden pasar a cumplir su deber, señores!

De pronto, ingresaron tres policías a la habitación:

― ¡¿Pero qué… qué es esto, papá?! -gritó Mariko, completamente aterrada- ¡¿trajiste a la policía?!

― Sí, hija, lo siento, pero esto es lo correcto… -dijo, con voz que denotaba un profundo abatimiento-.

― Tendrá que acompañarnos, señora… -le dijo un policía, acercándose a ella- se le acusa del delito de secuestro en tentativa…

Pero, antes de que el policía pudiera ponerle las esposas, ella se zafó bruscamente del agarre de su padre y gritó, agarrando unas tijeras que estaban en una mesa donde habían medicamentos:

― ¡No, yo no iré a ninguna parte con ustedes!... ¡primero, muerta! -parecía estar dispuesta a clavárselas en el pecho- ¡si Ranma nunca va a ser para mí, prefiero morir…!

― ¡¿Qué haces, Mariko?! -le gritó Ranma furioso- ¡no seas ridícula!

― ¡Suelta esas tijeras, hija, suéltalas! -le dijo el señor Konjo tratando de quitárselas, pero en el pequeño forcejeo, Mariko terminó ensartándoselas a él en un brazo-.

Mientras esto ocurría, por otro lado, en el pueblo de Nerima, en la hacienda de la familia Tendo:

― Akane, hijita, ¿puedo pasar? -preguntó la señora Cologne, afuera de la habitación de su nieta- ¿puedo pasar, hijita? -volvió a preguntar y a tocar la puerta-.

Al no obtener respuesta, decidió ingresar:

― ¿Estás aquí, niña? -preguntó nuevamente, pero de pronto escuchó ruidos extraños en el baño (otra vez) y se acercó- ¿estás en el tocador, Akane?

― Eh… sí, abuelita… -le respondió con voz apagada y con algo de dificultad- ahora… ahora salgo.

― ¿Estás bien, hija?, te escuchas muy raro…

― Eh… sí, sí, estoy bien, abuelita, gracias.

La señora Cologne no parecía muy convencida, ya que ésta era como la tercera o cuarta vez que la escuchaba vomitar (pues, las náuseas aún no habían desaparecido):

― Bueno, como digas, pequeña -le dijo, después- disculpa que haya entrado así a tu habitación, es que, vine a avisarte que tienes visitas.

― ¿Visitas? -le preguntó, en el mismo tono-.

― Sí, son tus amigas de la preparatoria que vinieron a saludarte y a felicitarte por tu graduación -se trataba de Yuka y de Sayuri que habían aprovechado a salir de sus casas un momento para ir a visitarla, mientras sus esposos estaban trabajando, trayendo consigo a sus hijos: Sayuri tenía dos hijos varones, de cuatro y dos años y Yuka tenía una hija de tres-.

― Es… Está bien, abuelita, gracias… ahora voy.

― No te tardes mucho: te están esperando en la sala… -y diciendo esto último, salió de la habitación. Pero, mientras caminaba de regreso por los pasillos, iba pensando muy preocupada- ¡no puede ser, no puede ser, mis sospechas eran correctas, Kami-sama!: ¡mi nieta… mi nieta está embarazada, no tengo la menor duda!

Por otro lado, nuevamente en el hospital Sainshand, Mariko se asustó mucho al ver lo que había hecho, pues, no quería lastimar a su padre, pero antes que los policías pudieran detenerla, se dio cuenta que la ventana de la habitación estaba abierta y decidió salir por ahí, rápidamente:

― ¡Hija, ten cuidado! -le gritó el señor Konjo con mucha preocupación, sujetándose el brazo, mientras la enfermera que estaba en la habitación se acercaba a él para atenderle la herida- ¡éste es el tercer piso, te puedes lastimar! -pues, hacía como una semana que habían cambiado a Ranma de habitación-.

― ¡No hagas tonterías, Mariko! -le gritó Ranma también, acercándose a la ventana para tratar de sujetarla, pero ella ya había salido y había empezado a caminar por una pequeña pared, para alejarse- ¡puedes caerte, dame la mano, por favor!: ¡déjame ayudarte!

Ella estaba llorando con mucho dolor y le dijo:

― ¡No me importa, no me importa caerme y matarme, porque tú nunca me vas a amar, nunca!: ¡para ti solo existe esa tonta pueblerina, sin ninguna gracia, que jamás debió aparecer en tu vida y a la que seguramente irás a buscar de inmediato para que por fin puedan ser felices juntos y a mí… a mí solo me espera la cárcel!

― ¡Por favor, Mariko, dame la mano!... -volvió a gritarle Ranma- ¡no hagas esto, no lo hagas!: ¡yo no valgo la pena, no valgo nada como para que quieras atentar contra tu vida!...

― ¡Hija, hija, por favor! -le seguía gritando también su padre-.

― ¡Tu padre te ama mucho y tienes un hijo que te necesita, no lo hagas, por favor! -volvió a decirle Ranma-.

Mientras tanto, en el pueblo de Nerima, en la hacienda de la familia Tendo:

― ¡Aiko, Aiko! -dijo la señora Cologne, llegando donde estaba su nuera rápidamente-.

― ¿Qué sucede, suegra? -le preguntó la señora Aiko sonriendo y volteándola a ver, mientras tendía la ropa que acababa de lavar-.

― Hija, yo… no quiero preocuparte, pero creo que debes saberlo… -le dijo, bastante seria- y es preferible que sea así, antes que Soun se entere, se vuelva loco e intente hacerle algo a Akane…

― ¿A qué se refiere? -le volvió a preguntar, cambiando su expresión- ¡no me asuste, por favor!: ¡¿qué es lo que debo saber?!

La señora Cologne se le quedó viendo un momento y luego exhaló un profundo suspiro, entre triste y decepcionada:

― Aiko, yo les advertí muchas veces, hasta el cansancio, que no estaba de acuerdo con que Akane se fuera tan lejos a estudiar, porque me parecía muy peligroso y que podían arrepentirse de permitirlo… -le dijo, después- además que, también les hice ver que no me parecía correcto que Kuno la fuera a visitar y que se vieran, no estando nosotros presentes…

― Bueno, ¿y a qué viene todo eso nuevamente, suegra, si ya está de regreso, cumplió su sueño y en unos pocos días, se casará con él?

― Lo sé, lo sé muy bien, pero…

― ¿Pero, qué?

― Aiko… -hizo una pequeña pausa- Aiko… mi nieta… mi nieta está embarazada.

La señora Aiko se quedó completamente helada y en shock al escuchar eso último, botando la ropa que tenía en sus manos:

― ¡No, no, no, suegra! -le dijo después, empezando a derramar varias lágrimas, cubriendo su boca con ambas manos- ¡no, no, dígame que no es cierto!: ¡dígamelo, por favor!

― Lo siento, hija… de verdad, lo siento mucho: quisiera estar equivocada, pero los años que tengo no los he vivido en balde y desde que la vi regresar hace unos días, lo supe…

La señora Aiko siguió llorando con mucho dolor:

― Te aconsejo que hables con ella, antes que Soun, Happosai o Ryoga se enteren… sobre todo, Soun, por las amenazas que siempre le ha hecho… -le volvió a decir la señora Cologne- no sé si Kuno lo sepa ya, pero en todo caso, no solo es responsabilidad de Akane, sino también de él…

― Hablaré con ella, suegra -le dijo después, con voz temblorosa- ¡pero, no le cuente esto a nadie más, por favor!: ¡todavía no!

― Sí, hija, no te preocupes, no tienes que decírmelo dos veces -le dijo sonriendo levemente, con algo de tristeza- haré como si nada hubiera pasado.

Por otro lado, nuevamente en Nomonhan, Mongolia, en el hospital Sainshand:

― ¡Mariko, escucha a mi hijo y no le des esta terrible angustia a Ikki! -le gritó también la señora Nodoka-.

― ¡Eres muy joven, Mariko y tienes toda una vida por delante! -le dijo el señor Genma-.

― ¡¿Y de qué me sirve, si iré a la cárcel y jamás tendré el amor de Ranma?! -volvió a gritar ella-.

― ¡Te prometo que no presentaré cargos en tu contra, te lo juro! -le dijo Ranma, nuevamente- ¡aquí no ha pasado nada, de verdad!

Mariko se le quedó viendo un momento, derramando aún varias lágrimas y después le preguntó, en un tono más sereno, aparentemente:

― ¿De… de verdad?... ¿no… no me estás mintiendo?, ¿me… me lo juras?

― ¡Te lo juro! -y después, se dirigió a los policías- por favor, señores, salgan de esta habitación, se los suplico…

― Pero, joven… -le dijo uno de ellos-.

― ¡Ya lo escucharon!: ¡salgan, por favor! -les dijo también el señor Konjo, con desesperación-.

Los policías no estaban muy convencidos en hacerlo, pero al ver la situación tan compleja, salieron al fin:

― Ya se fueron, Mariko, no te preocupes… -le dijo Ranma después, sonriéndole levemente- ya no te llevarán con ellos, porque no lo permitiré, ¿de acuerdo?… ahora, dame la mano, por favor.

Ella asintió sonriéndole también, acercándose lentamente, para darle la mano:

― Ya… ya te tengo -le dijo Ranma aun sonriendo, sujetándola para ayudarla a entrar a la habitación-.

― No… no, Ranma… -le dijo ella de pronto con voz algo siniestra, cambiando completamente su expresión- yo te tengo a ti y jamás te soltaré… jamás… porque eres mío, solo mío y de nadie más…

Él volteó a verla, confundido. Mariko soltó una carcajada y luego, se hizo hacia atrás para lanzarse de la pared donde estaba parada, pero queriendo llevárselo con ella también (fue en cuestión de segundos):

― ¡Ranma! -gritó su papá muy asustado, sosteniéndolo todavía de uno de sus brazos y de su espalda, para evitar que se cayera, por la fuerza que ella había ejercido al lanzarse (faltó un poquito más para que lograra su cometido, porque él aún estaba débil)-.

― ¡Mariko, nooooooo!... ¡noooooo! -gritó el señor Konjo con mucho dolor y completamente horrorizado, acercándose a la ventana rápidamente- ¡hija, noooooo!... ¡noooooooo!... ¡¿por qué lo hiciste?! -y empezó a llorar desgarradoramente, al ver el cuadro dantesco-.

Ranma había quedado en shock, no pudiendo asimilar lo que acababa de ocurrir. Luego, cerró los ojos fuertemente, sintiendo una gran impotencia por no haber evitado que ella cometiera aquella espantosa acción, mientras sus padres lo abrazaban fuertemente, agradeciendo internamente que a él no le hubiera pasado nada (pues, se dieron cuenta perfectamente que Mariko todavía había intentado matarlo).

Por otro lado, después de una hora aproximadamente, en el pueblo de Nerima, Akane había bajado de su habitación y se encontraba aun platicando con sus amigas en la sala de su casa:

― ¡Ay, Akane, todavía no puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido! -exclamaba Yuka, muy emocionada- ¡pareciera como si hubiera sido ayer cuando nos platicaste de tu gran sueño de ser enfermera!

― ¡Es cierto! -secundó Sayuri- ¡y que ahora ya lo hayas hecho realidad, qué alegría!

― ¡Estamos muy orgullosas de ti!

Akane sonrió levemente con tristeza al escucharlas, mientras cargaba al hijo menor de Sayuri, que tenía dos años:

― Gracias, chicas, a mí también me alegra mucho verlas tan contentas con sus hermosos hijos… -les dijo, después- de verdad, me da mucho gusto que a pesar de que años atrás siempre estaban tan tristes por haberse casado con hombres que no amaban al principio, ahora sí sean felices junto a ellos…

― Bueno, yo no sé si amo a Hiroshi -dijo Yuka, riendo un poco- pero, creo que después de años de convivencia, pues, me acostumbré a su presencia jajajaja.

― Es cierto, Akane, además, ¿qué nos quedaba?: solo aceptarlo -dijo Sayuri, riendo un poco también- en un inicio, me mataba la tristeza que me hubieran comprometido con Daisuke, pero ahora, creo que ya ni llorar es bueno jajajaja.

― Pero, nos conformamos con saber que al menos tú sí te casarás por amor -le dijo Yuka, aun sonriendo- ¡ay y ahora sí ya faltan solo unos días, qué emoción!

Ambas rieron un poco más y Akane exhaló un pequeño suspiro con tristeza:

― Chicas, yo… yo… -les dijo después, con voz algo temblorosa- hay… hay algo que quisiera contarles… algo que… que… me está ahogando y que necesito sacarlo…

― ¿Qué es, Akane? -le preguntó Yuka, cambiando su expresión- ¿qué ocurre?

― Es que, yo… yo… -de pronto, apareció la señora Cologne y las interrumpió:-

― Disculpen la intromisión, muchachas, pero vengo a avisarles que el almuerzo ya está listo, van a acompañarnos, ¿verdad?

― ¡¿Ya es la hora del almuerzo?! -exclamó de pronto Yuka, muy preocupada- ¡ay, no, seguramente, Hiroshi ya regresó de su trabajo y se molestará al no encontrarme en la casa!

― ¡Es cierto! -exclamó también Sayuri- ¡y yo todavía tengo que ir a ver si hay algo para comer, porque hoy no hice almuerzo!... ¡ojalá todavía me dé tiempo de prepararle algo a Daisuke!

― Calma, muchachas, calma -les dijo la señora Cologne, rápidamente- yo puedo darles con mucho gusto de lo que cociné, para que no se pongan en vueltas…

― ¡Ay, señora, pero no queremos ponerla en molestias! -le dijo Yuka, muy apenada-.

― Sí y tampoco queremos desajustarle su almuerzo -le dijo Sayuri-.

― No, no se preocupen: hay suficiente comida -dijo nuevamente, la señora Cologne- con eso de que hoy vendrán a comer con nosotros la familia Kuonji, Kuno, su hermana y también su prometido, pues…

― ¡¿Kuno también vendrá a comer con nosotros?! -preguntó de pronto Akane, algo molesta y desconcertada, pues su sola mención le causaba repugnancia- ¡¿por qué no me lo habían dicho?!

― Fue algo de último momento, cariño -le respondió su abuela, bastante seria- a tu papá se le ocurrió invitarlo ayer por la noche.

Yuka y Sayuri solo voltearon a verse entre ellas, al notar esa actitud tan extraña en su amiga:

― Vengan conmigo a la cocina para que les dé sus porciones, muchachas -continuó la señora Cologne, dirigiéndose a Yuka y a Sayuri y luego, volvió a dirigirse a Akane- ¿podrías ir a avisarles a tu padre y a tu hermano que se vengan ya a comer, hijita?

― Sí, abuelita, ya voy… -le respondió después con voz bastante apagada, entregándole su hijo a Sayuri-.

― Eh… ya tenemos que irnos, Akane, pero seguiremos platicando otro día -le dijo Yuka acercándose a abrazarla, para despedirse de ella-.

― Sí, procuraremos venir mañana nuevamente -le dijo Sayuri, despidiéndose también-.

― Gracias, chicas…

― Adiós -dijeron ambas, siguiendo a la señora Cologne-.

Por otro lado, en la Ciudad de Bayan, ubicada en Mongolia, en el hospital donde estaba internado Sentaro:

― ¡No, abuela, eso es imposible! -dijo él muy desconcertado dirigiéndose a la señora Daimonji, después de leer la nota que le había escrito- ¡Shinno no puede estar vivo, porque yo mismo presencié cuando murió, después de haber recibido cuatro balazos en el pecho!

Tanto su abuela, como su prometida Satsuki se le quedaron viendo muy sorprendidas y después, la señora Daimonji volvió a escribirle rápidamente otra nota:

― ¡¿Qué?! -exclamó él nuevamente mucho más desconcertado, al terminar de leer esa otra nota- ¡¿qué Shinno está internado en el hospital de Nomonhan porque se golpeó fuertemente la cabeza y quedó ciego y amnésico?!... ¡no, abuela, aquí debe haber un enorme error, porque Shinno murió!: ¡Ranma y yo todavía intentamos ayudarlo después de que resultó herido, pero ya no pudimos hacer nada por él!...

― ¡Qué extraño! -exclamó la señora Daimonji, después de escucharlo- ¡porque no puede ser que el señor Konjo no se haya dado cuenta que no se trataba de su yerno!

― Entonces, ¿no es Shinno quien está internado en ese hospital? -preguntó después, Satsuki- y si de verdad murió, ¡ay, no sé cómo lo vaya a tomar Kumiko cuando le cuente, porque me pidió encarecidamente que averiguara sobre su salud!

― ¿Qué dicen? -les preguntó después Sentaro, al no entender lo que estaban hablando-.

― ¡Ay, hijo, vamos a tener que aprender ese lenguaje de señas, porque ya me cansé de estarte escribiendo notas! -exclamó algo molesta, la señora Daimonji-.

Satsuki negó con la cabeza al escucharla y le dijo, con algo de reproche:

― Téngale un poco más de paciencia, señora, además, no se descarta que vuelva a recuperar la audición si se somete a la operación que nos comentó hace unos días, el doctor que lo está tratando.

― ¡¿Y con qué dinero vamos a pagar esa operación, niña?! -exclamó nuevamente la abuela de Sentaro, aún en el mismo tono- ¡nos va a costar un ojo de la cara y ni vendiendo la casa, lograríamos llegar a la suma!

Satsuki iba a decirle algo más, pero Sentaro la interrumpió:

― Tengo que ir al hospital de Nomonhan para salir de dudas, porque según las descripciones que me acaban de dar, es posible que se trate de Ranma -dijo esperanzado- porque fue él quien se golpeó fuertemente la cabeza contra unas rocas, por ir a ayudar a uno de nuestros compañeros de batalla, lo recuerdo muy bien…

― Pero, hijo, ¿ya te sientes bien? -le preguntó su abuela, muy preocupada-.

Sentaro no la escuchó y tomó las muletas que estaban a la par de la camilla donde estaba recostado para levantarse:

― Tranquilízate, cariño: tú aún no estás bien… -le dijo Satsuki, sosteniéndolo por los hombros para detenerlo- además, ¿cómo piensas hacer para entenderles cuando les pidas información y ellos te la den, si no puedes escuchar?

― ¿Eh? -volvió a preguntarle él, al no comprender lo que había dicho-.

Satsuki bufó un poco al escucharlo y luego dijo, dirigiéndose a la señora Daimonji:

― Creo que tuvo mucha razón con lo que dijo hace unos momentos: es urgente que aprendamos ese lenguaje de señas, cuanto antes.

Por otro lado, después de unos minutos más, un poco lejos del hospital Sainshand, Ranma se encontraba caminando rápidamente muy desesperado, tratando de llegar lo más pronto posible al muelle donde podría tomar el próximo barco que partiera a Japón (ya que, no quería perder ni un minuto más, luego de que el Ministerio Público llegara a dicho hospital y tuviera que dar su declaración detallada respecto a lo ocurrido con Mariko):

― ¡Hijo, espera!… ¡hijo! -le iba diciendo la señora Nodoka, tratando de seguirle el paso-.

― ¡Lo siento, mamá, pero no puedo, no puedo esperar más! -le dijo él, aún exasperado- ¡debo regresar cuanto antes a Japón!

― ¡Pero caminando, jamás llegarás al muelle! -volvió a decirle su mamá- ¡falta mucho!

― ¡Hijo, tranquilízate! -le dijo el señor Genma algo molesto, caminando también tras él- ¡lo impulsivo y rebelde no se te quita, según veo, pero, ¿qué no podías esperar tan solo unos minutos más después de dar tu declaración, para que el doctor que te operó te hiciera un chequeo completo, para saber si ya estás en condiciones de viajar?!...

― ¡No, papá, no podía! -le dijo algo molesto también, interrumpiéndolo- ¡Akane me necesita y me está esperando en la Ciudad de Nara!

― Eh… cariño, ella ya no está viviendo ahí -le dijo rápidamente la señora Nodoka, con preocupación- hace más de una semana que fui a buscarla junto a tus abuelos a esa ciudad, pero no la encontramos: Toma nos dio todos los datos, pero, desgraciadamente, su prometido llegó antes que nosotros y creemos que se la llevó a su pueblo, según lo que nos contó una vecina y… -se cubrió la boca con ambas manos, al darse cuenta que había cometido una imprudencia-.

― ¡¿Qué?! -exclamó él, mucho más molesto y desconcertado, deteniéndose abruptamente- ¡¿cómo que el infeliz de su prometido la encontró y se la llevó a su pueblo hace más de una semana?!... ¡no, no puede ser! -exclamó muy desesperado, nuevamente- ¡regresaré ahora mismo a Japón, con o sin su ayuda!

― Cálmate, cariño, no te pongas así… -le dijo su mamá mucho más preocupada, tratando de detenerlo-.

― Sí, hijo, tranquilízate, ya iremos a buscarla cuando estés apto para viajar… ahora, volvamos al hospital para que te revisen y… -le dijo el señor Genma, pero Ranma lo interrumpió-.

― ¡No me pidan que me calme, ni mucho menos que vuelva a ese hospital, porque no lo haré! -volvió a decirles, casi gritando- ¡Akane está embarazada y no esperaré ni un segundo más para ir con ella!

Sus padres se sorprendieron y desconcertaron mucho al escuchar eso último. La señora Nodoka se cubrió la boca con ambas manos nuevamente, derramando unas pequeñas lágrimas:

― ¡¿Qué?!... ¡¿cómo que esa muchacha está embarazada?! -le gritó después el señor Genma, aún desconcertado- ¡¿cómo puede ser?!: ¡nosotros no te educamos así, Ranma!

― A… a eso… a eso se refería Toma, entonces… ahora… ahora lo entiendo -dijo la señora Nodoka, sonriendo y derramando unas lágrimas más- ¡cómo no lo imaginé, ese… ese era el motivo que me iba a ayudar a sobreponerme al dolor de haberte perdido!: ¡un… un nieto… Kami-sama, un nieto!

― ¡Por eso, aunque tenga que seguir caminando para llegar al muelle y después, tener que irme nadando hasta Japón, nadie me detendrá ni me impedirá reunirme con ella! -dijo después Ranma, decidido-.

― ¡No digas tonterías, muchacho! -le dijo el señor Genma, tomándolo del brazo para evitar que continuara caminando- ¡¿qué no tienes a tus padres para apoyarte, eh?!... ¡tomaremos un taxi en este instante para que nos lleve al muelle y después, tomaremos el próximo barco que zarpe a Japón, ¿está claro?!

Antes que Ranma pudiera refutar algo, el señor Genma paró un taxi rápidamente y lo obligó a subirse en él.

Después de dos horas más aproximadamente, Kirin y Shampoo se encontraban caminando para dirigirse hacia el buque que los llevaría de regreso a Japón y que era exclusivamente para el personal médico que había sido enviado para atender a los soldados heridos en la última batalla:

― Pobre Akane, en tres días será nuestra graduación… -dijo Shampoo exhalando un pequeño suspiro, con tristeza- recuerdo muy bien que cuando apenas y acabábamos de empezar a estudiar, ella ya soñaba con ese momento y ahora con lo de Ranma... ah, seguramente no tendrá nada de ánimos para asistir.

Kirin sonrió levemente al escucharla y le dio un beso en la cabeza:

― ¿Piensas ir a visitarla a la Ciudad de Nara cuando volvamos a Japón? -le preguntó, después-.

― Sí, Kirin, procuraré hacerlo lo más pronto posible, aunque ya no se haya comunicado conmigo para nada en estas semanas…

― Ya veo… oye y ¿le contarás sobre nuestra boda?, ¿vas a invitarla?... porque recuerda que hace unos meses cuando nos comprometimos, quedamos en que nos casaríamos a finales de noviembre.

― Sí, lo tengo muy presente, Kirin, pero, es que… no creo que éste sea el momento para hablar de eso: Akane acaba de sufrir una pérdida irreparable y me parece que lo mejor será que esperemos un poco más de tiempo para casarnos.

― ¿Qué esperemos un poco más, princesa? -le preguntó, muy sorprendido- ¿es en serio?, pero, ¿qué hay de tu felicidad?, ¿y qué hay de la mía?... deberías pensar un poco más en nosotros, nena…

Shampoo iba a responderle nuevamente, pero de pronto, escuchó a lo lejos la voz de un muchacho que estaba discutiendo en chino con un señor que atendía una de las cabinas donde vendían los pasajes para abordar barcos, por no estar de acuerdo con que el próximo buque que zarparía rumbo a Japón, saldría hasta dentro de dos días y a él ya le urgía partir cuanto antes (estaban discutiendo en chino porque era el único idioma que tenían en común: el señor no sabía hablar japonés y el muchacho no sabía hablar mongol):

― Esa voz… -dijo Shampoo después, muy desconcertada- esa voz… no… no puede ser… -y decidió acercarse, a pesar de recibir reclamos de parte de las otras personas que también estaban haciendo fila para comprar sus boletos para viajar-.

― ¡Hijo, cálmate! -dijo la mamá de ese muchacho, al verlo tan exaltado- ¡si hasta dentro de dos días sale el próximo barco, no nos queda otra alternativa más que esperar!

― ¡Es que, no puedo esperar dos días para irme de aquí, mamá, no puedo! -exclamó el muchacho nuevamente, con desesperación-.

― ¡Pues, tendrás que esperar, hijo! -le dijo su papá también, algo molesto- ¡porque no hay nada más que podamos hacer por el momento!...

Iba a seguir hablando, pero Shampoo llegó y lo interrumpió:

― ¿Ranma? -preguntó entre sorprendida y asustada, al ver bien al muchacho que había estado discutiendo con el señor de la cabina- ¡¿eres… eres tú?!... ¡no… no puedo creerlo! -dijo después muy emocionada, pegando un grito y abrazándolo fuertemente- ¡estás vivo, estás vivo!... ¡¿cómo es posible?!

Ranma se desconcertó al no reconocerla de inmediato (como le pasó con sus padres):

― ¿Sha… Shampoo?... -le preguntó después, al recordar de quién se trataba- ¿qué… qué haces aquí?

El señor Genma y la señora Nodoka estaban muy sorprendidos al verla, pero antes de que pudieran decirle algo, Kirin carraspeó sintiéndose molesto y celoso:

― Lo siento… -dijo Shampoo algo avergonzada, separándose de Ranma- es que… es que… ¡aún sigo sin creer que estés vivo!... -volvió a exclamar, muy contenta- ¡ay, esto es un milagro de Baosheng Dadi! -se refería al dios chino de la vida- ¡y ya me imagino lo feliz que se pondrá Akane con esta maravillosa noticia!... ¡tendrá otro motivo más para vivir, aparte del hijito tuyo que va a tener!

La señora Nodoka volvió a emocionarse al confirmar que sí era cierto lo del embarazo de Akane:

― Shampoo… ¿tú… tú sabes dónde está ella ahora? -le preguntó después Ranma, con mucha ansiedad- ¡dímelo, por favor!

Shampoo se le quedó viendo, muy sorprendida:

― ¡¿Sabes el nombre del pueblo de dónde es?! -volvió a preguntarle él, en el mismo tono- es que, yo… yo… no lo sé… no, no puedo recordarlo…

― Pero, ella no está ahora en su pueblo, Ranma -le respondió Shampoo, aún sorprendida- está en la Ciudad de Nara, donde hizo sus prácticas.

― Es que, mi hijo perdió la memoria después de haber recibido un fuerte golpe en la cabeza durante la guerra y no la ha recuperado por completo… -dijo la señora Nodoka, interviniendo- por eso, necesitamos saber el nombre del pueblo de donde es Akane, porque ella ya no se encuentra en la Ciudad de Nara… yo fui a buscarla con mis padres ahí hace como una semana con los datos que Toma nos dio, pero nos informaron que… un hombre se la había llevado, creemos que se trata de su prometido… y que seguramente se la llevó al pueblo de donde son.

Shampoo se cubrió la boca con las manos, muy preocupada:

― ¡Ay, no puede ser: el odioso de Kuno se la llevó a Nerima! -exclamó, después-.

― ¿Nerima? -repitió el señor Genma-.

― ¡Sí y tengo entendido que su boda está programada para el dos de noviembre! -dijo Shampoo, nuevamente-.

― ¡Faltan solo unos días para eso! -dijo Ranma, bastante molesto y mucho más desesperado- ¡no, no voy a permitirlo!... ¡tengo que volver cuanto antes, pero el próximo barco hacia Japón saldrá hasta dentro de dos días!

― ¡Ni se te ocurra decir otra vez que te irás nadando hasta allá, Ranma! -dijo el señor Genma, empezando a enojarse-.

― ¡No, nada de eso! -dijo de pronto Kirin, que solo había estado escuchando- ¡ustedes viajarán con nosotros en el buque que partirá dentro de unos minutos y que transportará el personal médico hacia Japón!... ¡yo me encargaré de todo para que se los permitan, vengan!

― ¡Sí, sí, muy bien, Kirin! -exclamó Shampoo, muy contenta-.

― ¡Gracias, amigos, siempre estaré en deuda con ustedes! -les dijo Ranma y junto a sus padres, los siguieron rápidamente-.

Mientras tanto, en la Ciudad de Bayan, Satsuki acababa de regresar nuevamente donde estaba internado su prometido, después de haber ido al hospital Sainshand (habiendo pedido todas las indicaciones necesarias para llegar) para comprobar si lo que Sentaro había presentido era cierto:

― ¡¿Cómo te fue, hija?!: ¡ya me tenías con pendiente, por un momento temí que te hubieras perdido! -le dijo la señora Daimonji, rápidamente al verla- pero, dinos, ¿sí se trata de Ranma?

Satsuki exhaló un pequeño suspiro al escucharla:

― Sí, señora, así es… -le dijo, después- sí era él quien estaba internado en ese hospital y no Shinnosuke.

― ¿Era? -le preguntó, muy sorprendida- ¿qué quieres decir?... acaso, ¿falleció?

― No, señora, él está bien: incluso, me informaron que hace unas horas dejó el hospital y se fue con sus padres, seguramente para volver a Japón, pero…

― ¿Pero?

― Es que, ocurrió una terrible desgracia hace unas horas y el señor Konjo está inconsolable.

― ¡Ay, hija, ¿pero qué le pasó a ese señor?, ¿por qué está así?!

― Bueno, es que… es que… su hija… su hija se suicidó.

― ¡¿Qué?! -gritó, muy impresionada- ¡¿cómo que se suicidó?!

― ¿Pasa algo? -les preguntó Sentaro al ver sus expresiones y no comprender lo que estaban diciendo-.

― ¡Cuéntame, hija, cuéntame!: ¡¿qué fue lo que sucedió?! -le preguntó nuevamente la señora Daimonji a Satsuki-.

― Por supuesto, señora, solo permítame escribirle rápidamente a Sentaro para que esté tranquilo -dijo después, tomando una pluma y un papel, para escribir en él. Al terminar, se lo entregó-.

― ¡Entonces, ¿sí se trataba de Ranma?! -exclamó muy emocionado, al leer el papel- ¡lo sabía, lo sabía!... ¡gracias, Kami-sama, gracias!... ¡ya lo iré a visitar cuando estemos nosotros también de regreso en Japón, pero por lo pronto, entiendo perfectamente por qué no vino a verme y el porqué de la urgencia de irse de este país! jajajaja... -y negó con la cabeza- ¡ve con tu chica, hermano, ve con ella y cumple la promesa que le hiciste a Shinno, así como lo estoy haciendo yo también! jajajaja.

Satsuki y la señora Daimonji solo voltearon a verse entre ellas, al no comprender a lo que se refería. Pero luego, sonrieron de que estuviera tan contento.

Por otro lado, después de unos días, una señora que vivía en la Ciudad de Tokio y que acababa de llegar al pueblo de Nerima, se encontraba preguntando por Kasumi en el puesto de salud:

― Yo soy Kasumi Ono, ¿cómo puedo ayudarle? -le preguntó amablemente llegando con ella, después de que sus compañeras le avisaran de su visita-.

― Mucho gusto de conocerla personalmente, enfermera Ono -le dijo la señora, haciendo una pequeña reverencia- yo soy Yumi Nakamura.

Kasumi se sorprendió mucho al escucharla y darse cuenta rápidamente de quién se trataba:

― ¿Nakamura? -le preguntó, después- ¿usted es la madre de Nabiki?

― Sí, enfermera, así es… disculpe que haya venido así tan repentinamente sin enviarle antes una carta, pero es que, mi esposo y yo nos preocupamos mucho al ver que tanto mi hija, como usted, dejaron de comunicarse desde hace ya unos meses, además creímos que ella llegaría a visitarnos para el cumpleaños de mi nieto… -le respondió la señora- mi esposo no pudo acompañarme por su trabajo, pero…

― Eh… sí tiene mucha razón, señora y le ofrezco mil disculpas por no haberme comunicado, pero, es que… -hizo una pequeña pausa y exhaló un suspiro, con un gran pesar- sucedió algo muy lamentable…

― ¿Qué… Qué fue lo que sucedió? -le preguntó, empezando a preocuparse mucho más- ¿le pasó algo a mi hija o a mi nieto?... ¡dígamelo, se lo suplico!

― Cálmese, por favor… venga conmigo para que podamos hablar más despacio -le dijo después señalándole una habitación desocupada, donde podrían tener más privacidad-.

Luego de unos minutos, la señora Nakamura estaba muy bien informada de lo que había pasado con Nabiki y Tacchi:

― Tofu y yo hemos tratado de hablar con el señor Tatewaki para pedirle que retire la denuncia contra Nabiki, pero "convenientemente"… -le seguía relatando Kasumi, utilizando un tono un tanto sarcástico al expresarle eso último- se ha mantenido mucho más ocupado estos días con los preparativos de su boda, con eso de que ya mañana se casa y esa ha sido la excusa que ha dado para no atendernos… -luego, exhaló un pequeño suspiro- sin embargo, mi esposo ya logró contactar un abogado de la Ciudad de Tokio para que nos venga a apoyar y prometió que vendría en estos días -ya que los únicos dos abogados que habían en Nerima, se habían negado a ayudarles-.

La señora Nakamura se había cubierto el rostro con ambas manos, sintiendo un profundo abatimiento, mientras la escuchaba:

― Mi hija acusada de robo: no puedo creerlo… -exclamó después, desesperada- ¡no, ella no es así!... ¡ella no es una delincuente!... ¡es cierto que cuando tenía como catorce o quince años, soñaba con ser millonaria y estar rodeada de lujos, pero jamás pasó por su mente tomar algo que no fuera suyo!… -luego, se detuvo un momento y empezó a derramar unas pequeñas lágrimas- pero después, al estar trabajando, fue cuando sufrió ese terrible engaño de aquel hombre que solo jugó con sus sentimientos y la dejó embarazada… ¡solo tenía diecisiete años, era casi una niña!

Kasumi se sorprendió mucho al escuchar aquello:

― ¿En… entonces, su esposo la abandonó?, ¿no murió? -le preguntó, después-.

― Ese hombre nunca se casó con mi hija, enfermera: mi esposo y yo, ni siquiera lo conocimos -le dijo, con mucho dolor- pero, para no lastimar a Tacchi, le hicimos creer que su padre había muerto antes que él naciera.

Kasumi exhaló un profundo suspiro y negó con la cabeza:

― Ahora comprendo todo… -pronunció después, más para sí misma- mis sospechas siempre fueron correctas y es por eso que les ha estado haciendo tanto daño: no hay otra explicación…

― ¿A… a qué se refiere, Kasumi? -le preguntó, desconcertada- ¿acaso… acaso, conoce a ese hombre?... ¿conoce a Tacchi Furinkan?

― ¡Sí, sí lo conozco y muy bien! -exclamó después, bastante molesta- ¡no con ese nombre, pero ya no tengo la menor duda que se trata de él!

― ¡¿De quién?!

― ¡De Kuno Tatewaki!: ¡el hombre que envió a su hija a la cárcel!

Mientras tanto, después de unos minutos, en la hacienda de la familia Tendo, Akane se encontraba en su habitación, recostada en su cama, mientras sujetaba entre sus manos la chapa de identificación de Ranma y derramaba unas pequeñas lágrimas:

¡No soy fuerte, mi amor, no lo soy!... -decía internamente muy desesperada, como si pudiera comunicarse con él- ¡ya mañana me caso con Kuno para que no desaloje a mi familia, pero, no sé qué pasará conmigo y con nuestro hijo una vez que estemos casados!... -y lloró un poco más- ¡ayúdame a protegerlo de él, por favor, Ranma, ayúdame, te lo suplico, porque si algo malo le llega a pasar a nuestro bebé, ya no tendré ningún motivo para seguir viviendo!

De pronto, escuchó que tocaban a su puerta:

― ¿Puedo pasar, hija? -era la señora Aiko-.

Akane escondió la chapa de identificación bajo su almohada, limpiándose rápidamente las lágrimas con su brazo:

― Pasa, mamá -le dijo después con voz algo apagada, dándose la vuelta en su cama, para quedar de espaldas hacia la puerta, tratando de ocultarle su rostro-.

La señora Aiko ingresó a la habitación. Exhaló un pequeño suspiro al verla y luego, se acercó para sentarse en la cama, empezando a acariciar su largo cabello:

― Cariño, ¿por qué no me cuentas que es lo que te está pasando? -le preguntó, después- ¿qué es lo que tienes? -ya que, la oportunidad para poder hablar con Akane no se había presentado en todos esos días, con las visitas constantes de Kuno, de la familia Kuonji o de vecinos que los apreciaban y que llegaban a felicitarlos por el logro alcanzado por su hija mayor-.

― No… no me pasa nada, mamá, estoy… estoy bien… -le respondió, con voz temblorosa-.

― Sabes que no es cierto, porque de ser así, estarías sonriendo y celebrando que pudiste hacer tu sueño realidad… -le dijo nuevamente, con algo de reproche- ¿por qué no me cuentas, mi amor?, soy tu mamá y te juro que sea lo que sea que te esté pasando, sabré comprenderlo muy bien… -y recostó su cabeza un momento sobre uno de sus hombros- a ver, para empezar, quiero que me cuentes qué pasó con esa bufanda que no había modo que dejaras de usar desde que tenías como catorce años, porque fue lo primero que noté y que me extrañó desde que regresaste -y rio un poco- ¿a quién debo agradecerle que haya logrado convencerte para que ya no te la pusieras?…

Akane empezó a llorar fuertemente sin poder evitarlo, al escuchar eso último:

― ¡Hija, ¿qué ocurre?! -le preguntó su mamá, muy preocupada- ¡¿por qué lloras así?!... ¡acaso, ¿tu estado de ánimo tiene que ver con algo relacionado a esa bufanda?!: ¡dime, cariño!…

Akane se volteó para verla a los ojos y después, se lanzó a abrazarla sin dejar de llorar:

― ¡Perdóname, mamá, perdóname, por favor! -le dijo después, casi gritando- ¡yo… yo… yo no quería fallarles, de verdad, no quería, te lo juro!...

La señora Aiko la abrazó también, empezando a derramar unas pequeñas lágrimas, comprendiendo que entonces, su suegra sí había tenido razón con lo que le había dicho:

― ¡Cálmate, mi amor, cálmate! -le dijo, abrazándola aún más fuerte- ¡estoy segura que así fue, pero jamás creí que estuvieras tan enamorada de Kuno como para haber cometido semejante locura!

Akane se desconcertó mucho al escucharla y su mamá continuó:

― ¡De haber sabido que esto ocurriría, lo mejor hubiera sido que se casaran antes de que te fueras a estudiar a Tokio, así no tendría por qué haber algún inconveniente ahora!

― ¿A… a qué… a qué te refieres, mamá? -le preguntó después aún desconcertada, separándose un poco de ella-.

― Hija… lo… lo sé… lo sé todo… sé que estás embarazada -le dijo, derramando muchas más lágrimas- aunque hayas tratado de ocultarlo, tu abuela se dio cuenta rápidamente al verte…

Akane inclinó su rostro y lloró con mucho más dolor:

― ¡¿Qué fue lo que pasó, cariño?! -volvió a decirle su mamá, aun llorando- ¡¿por qué… por qué lo hicieron?!, ¡¿por qué no esperaron?!… ¡¿por qué no esperaron, faltando tan poco para su boda?!

― Mamá… es que… es que… -le dijo después, con mucha dificultad- es que… el bebé… el bebé que estoy esperando, no… no es de Kuno…

La señora Aiko se quedó completamente estática al escuchar eso último:

― ¿Có… có… cómo? -le preguntó después, al no poder asimilar lo que su hija acababa de confesarle-.

― Sí, mamá -volvió a decirle, Akane- el bebé que voy a tener no es hijo de Kuno, porque… porque… -y lloró un poco más- porque… ¡porque jamás lo amé, jamás, por más que lo intenté!... ¡todos estos años lo intenté, de verdad, pero no pude y traté de platicarles hace unos meses sobre el hombre que sí amaba con toda mi alma, pero con la enfermedad de papá, ya no lo hice, por temor a que se le devinieran problemas cardiacos y también por las amenazas que él me seguía haciendo sobre que mataría a quien… a quien se atreviera a manchar su honor!

La señora Aiko solo negó con la cabeza, derramando muchas más lágrimas, mientras la escuchaba:

― ¡Lo siento, mamá, lo siento mucho! -continuó Akane, aun llorando desesperadamente- ¡pero, no pude evitarlo… no pude evitar enamorarme profundamente de ese muchacho de Tokio, que conocí hace ya cinco años en aquella heladería donde nos llevó la enfermera Kasumi, cuando viajamos por primera vez allá y que impidió que me cayera y me lastimara…!

― ¡¿Qué?! -le preguntó después, mucho más sorprendida y desconcertada- ¡¿me estás diciendo que te enamoraste de Kirin?!, ¡¿del prometido de tu amiga Shampoo?!... ¡porque fue él quien te sostuvo esa vez para que no te lastimaras!... ¡hija, ¿cómo pudiste?!

― ¡No, mamá, él no era el prometido de Shampoo, ni era chino, ni se llamaba Kirin!: ¡yo tuve que inventarlo rápidamente en esa ocasión… en esa ocasión en la que mi abuelita y tú también me acompañaron a Tokio para repartir las invitaciones de la boda, para que Kuno no se pusiera violento, como casi siempre lo hace e intentara algo en contra de él!...

La señora Aiko estaba muy consternada:

― ¡Tuve que mentirles! -continuó Akane- ¡porque el verdadero nombre de ese muchacho que les presenté, era Ranma!... ¡Ranma Saotome!

Por otro lado, después de unos minutos más, en la hacienda de los hermanos Tatewaki, Kuno se encontraba junto a unos muchachos que estaban terminando de colocar los adornos, mesas y sillas, para el evento que se llevaría a cabo el día siguiente (la triple boda), cuando de pronto escuchó a una señora que venía gritando:

― ¡¿Dónde está?!... ¡¿dónde está ese tal señor Tatewaki?!

― ¡Señora, por favor, ya le dije que él está muy ocupado y que no puede atenderla ahora! -le venía diciendo Ryu, mientras le seguía el paso e intentaba detenerla-.

― ¡No se atreva a ponerme una mano encima o le va a pesar! -le gritó la señora a Ryu, bastante molesta-.

― Cálmese, señora Nakamura -le dijo Kasumi, quien también había llegado con ella-.

― ¡Enfermera Ono, por favor, hagan el favor de retirarse o el señor Tatewaki se molestará mucho conmigo y perderé mi trabajo! -le dijo Ryu, con preocupación-.

― ¡Ah, no, nada de eso, no me iré sin antes gritarle a ese señor, hasta de lo que se va a morir! -gritó nuevamente, la madre de Nabiki-.

Kuno volteó a ver, entre sorprendido y molesto a la vez y dijo con voz prepotente:

― ¡¿Qué demonios está pasando aquí?!... ¡¿por qué tantos gritos?!

La señora detuvo su andar precipitadamente al verlo y escucharlo:

― ¡¿Qué significa esto, enfermera Ono?! -volvió a decir Kuno, dirigiéndose a Kasumi- ¡¿quién es esta mujer?!

Antes que Kasumi pudiera responderle, la señora Nakamura se le adelantó:

― E… Eres tú, ¿verdad? -le preguntó con voz temblorosa, al darse cuenta del parecido tan extraordinario que su nieto tenía con él- ¡tú eres Kuno Tatewaki, ¿no es cierto?!

― ¡Sí, así es! -le respondió Kuno, aun molesto- ¡¿qué diablos quiere?!

― ¡Esto! -y empezó a golpearlo furiosa, con su bolso de mano- ¡eres un miserable, un infeliz, desgraciado, malnacido, despreciable, canalla, patán…!

― ¡Pero, ¿qué demonios le pasa?! -le gritó Kuno, agarrándola fuertemente de los brazos, para que dejara de golpearlo- ¡¿está loca?!

― ¡Te mereces eso y mucho más por lo que le hiciste a mi hija!... -le gritó también, empezando a llorar con mucho dolor-.

― ¡Ella es la madre de Nabiki, Kuno! -le dijo Kasumi, interviniendo- ¡y ya está enterada de todo!: ¡sabe que tú eres quien la envió a la cárcel y también el mismo que se burló de ella hace años!

Todos los presentes se desconcertaron al escuchar eso último (sobre todo, Kuno, pues no se lo esperaba):

― ¡No sé de qué rayos están hablando!... ¡lárguense de aquí ahora mismo! -les gritó después, soltando bruscamente a la señora Nakamura-.

― ¡Por supuesto que lo sabes muy bien, Kuno! -le volvió a decir Kasumi- ¿o prefieres que te llame con el nombre de: Tacchi Furinkan, como te le presentaste a Nabiki hace años, eh?

― ¡¿Qué hiciste con mi nieto?!... ¡¿dónde está?! -le gritó nuevamente la señora Nakamura, bastante molesta-.

― ¡Ya les dije que no sé de qué diablos me están hablando!... -les gritó Kuno, enfureciéndose aún más- ¡y ni me importa la suerte que haya tenido ese mocoso al escaparse de aquí!... ¡ahora, lárguense de una vez antes de que pierda la paciencia y me olvide que son mujeres!

― ¡Ah, ¿te atreves a amenazarnos?! -volvió a decirle la señora Nakamura, aun en el mismo tono-.

― ¡Ya lo había hecho antes conmigo, señora, pero ya no le tengo miedo! -dijo Kasumi, dirigiéndose a ella y luego a Kuno, nuevamente- ¡no te saldrás con la tuya, porque haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que Nabiki salga de la cárcel y también para encontrar a Tacchi, porque eso de que se escapó, nadie te lo cree!

― ¡Fuera, fuera de aquí! -volvió a gritarles Kuno- ¡se metieron con la persona equivocada y ni se imaginan lo que les espera!... ¡acaban de ganarse un enemigo muy peligroso! -y luego se dirigió a Kasumi, específicamente- ¡ya tendrá noticias mías, enfermera, se lo aseguro, así que le aconsejo que empiece desde ahora a despedirse de su esposo y de su hija!

― ¡Ni se te ocurra meterte con mi familia, Kuno! -le gritó Kasumi, enfureciéndose también- ¡porque tú tampoco te imaginas de lo que soy capaz por defenderlos de ti! -luego, se dirigió a la señora Nakamura- vámonos, señora, no vale la pena seguir discutiendo con él, pero no se preocupe porque muy pronto volverá a estrechar entre sus brazos a su hija y a su nieto, se lo prometo… -y diciendo esto último, ambas empezaron a encaminarse para salir de ahí. Pero la señora Nakamura aún volteó y le gritó:-

― ¡Ojalá nunca encuentres la felicidad, ni la paz y que todo te salga muy mal ahora que te cases y que sufras tanto como has hecho sufrir a mi hija y a mi nieto!...

Kuno estaba echando chispas de lo furioso que se había puesto, mientras apretaba fuertemente sus puños. Le dio vuelta a una de las mesas y luego le gritó a Ryu:

― ¡Quiero que tu esposa y tú se larguen ahora mismo de mi hacienda!

― Pe… pero, señor, yo… -le dijo entre sorprendido, preocupado y asustado a la vez- yo…

― ¡Te di órdenes muy claras para que no le permitieras la entrada a esa enfermera y no lo cumpliste…!

― ¡Señor, por favor, deme otra oportunidad, le juro que…!

― ¡Vete de aquí en este instante, antes de que yo mismo te eche a patadas! -y luego se dirigió a sus otros trabajadores- ¡y en cuanto a ustedes, más les vale que se queden con la boca cerrada de todo lo que escucharon, si no quieren hacerle compañía a Ryu y a su esposa también!

Sus trabajadores solo asintieron, muy asustados y preocupados, continuando con sus labores:

¡Viejas ridículas! -dijo después Kuno internamente, aun furioso- ¡pero ya me encargaré de ellas, para que vean que yo no amenazo en vano!

Mientras tanto, por otro lado, después de una hora más, en la hacienda de la familia Tendo, en la habitación de Akane:

― ¡Ay, hija, todo lo que has sufrido! -le dijo la señora Aiko llorando y abrazándola, después de que ella le contara lo que había estado pasando- ¡todas las cosas tan fuertes que has vivido!... ¡no puedo ni imaginarme tu inmenso dolor al haber perdido a ese muchacho!... ¡¿pero, por qué no me lo contaste antes?!... -y lloró un poco más- ¡de un tiempo acá, sí te vi distinta, pero jamás pasó por mi mente que se debiera a algo así y lo que Soun hizo contigo, al comprometerte con Kuno para salir de sus deudas, no tiene nombre!... ¡¿cómo pudo tenernos engañados todo este tiempo?!... ¡ahora comprendo muy bien por qué nunca le permitió a Ryoga encargarse del área contable de la hacienda!

Akane también estaba llorando, mientras la escuchaba:

― ¡Pero, no estoy dispuesta a permitir que te sacrifiques por culpa de tu padre!... ¡no, eso no! -continuó la señora Aiko, tomando su rostro con ambas manos- ¡él tiene que hacerse responsable de sus actos y no puede exigirte que tú pagues por sus errores!

― ¡Tengo que hacerlo, mamá, si no, Kuno los desalojará de aquí, desprestigiará a nuestra familia y arruinará la boda de mi hermano con Ukyo! -le dijo Akane, con voz temblorosa-.

― Las cosas materiales no tienen importancia, hija y en cuanto a lo de tu hermano…

― ¡Mamá, también están mis abuelitos y yo jamás me perdonaría que se enfermaran o que algo peor les ocurriera, si Kuno llega a cumplir sus amenazas! -dijo llorando, con mucho más dolor- por eso… por eso, lo haré…

― Pero, hija…

― ¡Solo te pido que no le cuentes a nadie más sobre esto, por favor, te lo suplico!

La señora Aiko negó con la cabeza, aun llorando:

― ¡Es que… no puedo permitir que te cases con ese sinvergüenza, despreciable, hija, no puedo!... -le dijo, después- ¡y que seas infeliz por el resto de tu vida solo para que nosotros no nos quedemos sin un techo donde vivir!

― Gracias, mamá, pero ya tomé una decisión y no cambiaré de opinión -le dijo sonriendo levemente, tomando sus manos- si con eso logro que Kuno le perdone esa deuda a mi padre, que Ryoga pueda ser feliz con Ukyo y que mis abuelitos y tú puedan seguir viviendo tranquilos en este lugar, valdrá la pena…

Por otro lado, después de unas horas más, el señor Soun se encontraba en la hacienda de los hermanos Tatewaki, hablando con Kuno en su oficina:

― Ya por fin mañana se cumplirá el trato que hicimos hace cinco años… -dijo el padre de Akane, bastante animado-.

― Ajá… -dijo sin mostrar interés, mientras bebía un vaso con Whisky (así se había mantenido los últimos días: casi solo bebiendo)-.

― Te casarás con mi hija como siempre quisiste y me obligaste para que eso sucediera… -dijo nuevamente, el señor Soun- y como ya estamos solo a un día, quiero saber si me puedes devolver desde hoy de una vez los documentos de mi hacienda -pues, todo ese tiempo, Kuno había tenido en su poder el título de propiedad de dicha hacienda- y ya después de celebrada la boda, podríamos firmar los papeles donde conste que la deuda que tengo contigo está completamente saldada.

Kuno se le quedó viendo un momento de una manera siniestra, mientras le daba un sorbo más a su vaso:

― No, no pienso devolverle los documentos de su hacienda hoy, ni mucho menos mañana -le respondió después, de manera insolente- será cuando yo lo diga.

― Pe… Pero, hijo, en eso no habíamos quedado -le dijo, muy sorprendido- además, ¿qué más puede darte entregármelos hoy mismo, estando ya a unas horas de casarte con mi hija?

― Dije que será cuando yo lo diga -volvió a decirle, ya molesto- no sé, quizás después de la luna de miel o cuando a mí se me pegue la gana, ¿está claro?... -hizo una pausa y volvió a darle un sorbo a su vaso- además, su hija ya no es una mercancía "tan preciada" para mí por ser ya de "segunda mano", así que, primero voy a probarla y si me convence, pues… quizás le perdone una parte de la deuda que tiene conmigo jajajaja.

― ¡¿De qué estás hablando, Kuno?! -le dijo el señor Soun empezando a enojarse y levantándose precipitadamente de la silla donde estaba sentado- ¡¿por qué estás cambiando las cosas y por qué te estás expresando así de mi hija al decir que es mercancía de segunda mano?!

― Porque lo es, yo solo estoy diciendo la verdad jajajaja… -dijo riendo, sarcásticamente- y me sorprende que se ponga así y que salga en su defensa, porque recuerde muy bien que usted me la vendió desde hace ya mucho tiempo y lo que haga o deje de hacer con ella, no debería importarle

― ¡Claro que me importa, porque es mi hija y no voy a permitir que hables así de ella ni mucho menos que vayas a atreverte a maltratarla cuando ya sea tu esposa! -le dijo, bastante molesto-.

― Eh, eh, eh… mucho cuidado como me habla -le dijo, levantándose también de la silla donde estaba sentado- además, no me venga con tanta palabrería de ser un padre abnegado, porque déjeme decirle que está a millones de años luz de serlo, ¿eh?...

― Pero, Kuno…

― ¡Yo haré con esa mujerzuela lo que se me venga en gana y ahora, váyase de aquí que ya no quiero seguir perdiendo mi tiempo hablando con usted!

El señor Soun se le quedó viendo estupefacto, no pudiendo creer aun todo lo que estaba escuchando:

― Estás muy bebido, Kuno: eso es lo que pasa -le dijo después, todavía muy sorprendido- haré de cuenta que jamás me dijiste todo esto, porque tú amas a Akane y sé que cumplirás tu palabra de hombre de honor, como me la diste hace años.

Kuno solo bufó fastidiado, sirviéndose más Whisky, para luego bebérselo de un sorbo.

Mientras tanto, en la hacienda de la familia Tendo, Ryoga se encontraba tocando la puerta de la habitación de su hermana:

― ¿Puedo pasar, Akane? -le preguntó-.

Akane ya se había colocado su pijama y estaba sentada frente al espejo de su habitación, mientras cepillaba su cabello:

― Pasa, Ryoga -le respondió con voz bastante apagada, limpiándose unas pequeñas lágrimas que había derramado nuevamente, después de la conversación que había tenido con su mamá hacía unas horas-.

― Hola -le dijo ingresando y sonriendo ampliamente-.

― Hola… -le dijo también, esbozando una sonrisa-.

― ¿Lista para el gran día? -le preguntó, aun sonriendo-.

Akane solo asintió levemente, tratando de contener la tristeza y la profunda frustración que sentía:

― Me alegra saberlo -continuó Ryoga, acercándose a ella- y por eso, quiero darte de una vez tu obsequio de bodas… toma -le dijo después, entregándole un estuche- espero que te guste: quizás lo puedas usar mañana para complementar tu tocado.

Akane se le quedó viendo un momento sorprendida y tomó el estuche, para luego abrirlo delante de él: era una linda horquilla blanca con perlas (un tipo de presilla, por lo general de metal o plástico, que se utiliza en el peinado para mantener el cabello en su lugar):

― Disculpa que sea algo tan sencillo… -dijo Ryoga nuevamente, rascando su nuca- quería darte algo mucho más bonito y caro, como te mereces, pero prometo que muy pronto, te compraré muchas otras cosas pero que sí vayan acorde a ti… porque, te digo un secreto -le dijo después, bajando la voz- ya papá me dijo que ahora que me case, me dejará por fin hacerme cargo de la administración de la hacienda de nuestra familia, ¿puedes creerlo? -esto último, lo dijo con emoción- y te aseguro que lo primero que haré será despedir a Gosunkugi, porque yo sé mucho más que él de contabilidad y ya no lo necesitaremos más -y luego, rio un poco (obviamente, ahora sí el señor Soun permitiría que su hijo se quedara a cargo, al ya no tener "más deudas" con Kuno, ni nada más que ocultarle a su familia)-.

Akane sonrió dulcemente al escucharlo y lo abrazó fuertemente:

― ¡Me alegro mucho por ti, mi niño lindo, te lo mereces! -le dijo después, derramando unas pequeñas lágrimas-.

― Gracias, Akane -le dijo, sonriendo nuevamente- ¿pero, por qué lloras? -le dijo después, tomando su rostro- ¿por qué ahora casi solo te mantienes triste?, ¿por qué ya no sonríes como antes?... yo siempre te imaginé rebosando de alegría cuando finalizaras la universidad y llegara el momento de casarte con Kuno, con lo mucho que lo amas…

― Eh, Ryoga, yo… -le dijo, interrumpiéndolo y evadiendo el tema- quiero… quiero que me prometas algo, por favor.

― Sí, claro, dime.

Akane tomó un poco de aire antes de hablar nuevamente:

― Prométeme que serás muy feliz con Ukyo, ¿sí? -le dijo, después-.

Ryoga se le quedó viendo, muy sorprendido:

― Prométemelo, por favor -le volvió a decir ella, en tono de súplica-.

― De acuerdo, te lo prometo -le dijo, sonriendo- pero tú también prométeme que serás muy feliz con Kuno, ¿sí?

Akane le sonrió con tristeza, al escucharlo:

― ¡Si tú eres feliz, créeme que yo también lo seré! -y volvió a abrazarlo fuertemente, llorando un poco más-.

Por otro lado, en las aguas del Océano Pacífico se encontraba un buque que estaba a solo unas horas de llegar a Japón:

Akane… -pronunciaba internamente el nombre del amor de su vida, un muchacho de grandes ojos azules, mientras exhalaba un largo suspiro y observaba el mar, recostando sus brazos en una de las barandas del barco donde viajaba, deseando llegar muy pronto a su destino- preciosa… ya falta muy poco para volver a estrecharte entre mis brazos y compensarte con creces, cada lágrima que derramaste al haberme creído muerto… -luego, cerró sus ojos y recordó con mucha más claridad aquella noche tan especial que había vivido a su lado y que fruto de esos momentos mágicos, era el hijo que ella estaba esperando- ¡con todas mis fuerzas, espero que ese infeliz no se haya atrevido a ponerte una mano encima para hacerte daño a ti o a nuestro hijo!... -dijo después con furia, refiriéndose a Kuno- ¡más le vale que no lo haya hecho, más le vale no haberte obligado a casarte con él, porque no se la va a acabar y no me detendré para destrozarlo con mis propias manos!

CONTINUARÁ...

¡Hola de nuevo, apreciados lectores! :)

Me da mucho gusto saludarlos nuevamente. Sé que en el capítulo anterior, les había comentado que ya solo esta parte más hacía falta para que la historia finalizara, pero tuve algunos imprevistos que no me permitieron escribir como hubiera deseado. Lo siento :')

Quizás me apresuré al asegurarles que ya faltaba muy poco para el final y por eso, nuevamente les ofrezco disculpas por seguirme tardando tanto en terminarla, pero tampoco quiero darles algo tan apresurado, considerando el tiempo que me he tomado en escribirla y ustedes, en acompañarme a leerla :')

No creo que diez mil o doce mil palabras no me alcancen para terminarla en la próxima parte, pero de verdad, voy a hacer el intento ;)

Muchas gracias por el gran apoyo que me han seguido dando al agregar mis historias a sus listas de lectura y especialmente a quienes me dejan sus lindos mensajes, animándome a seguir escribiendo: D-Infinity, Bayby Face, Grace, Vane112, Ranck, Alexander O'Connell, Manuelll98 y a Oboro :)

Espero que podamos saludarnos nuevamente en dos semanas, ahora sí con el final (ven a mí ya, final jejeje).

Hasta pronto, cuídense mucho y perdonen a esta escritora tan tardada, por favor :')

P.D. Entre las formas para que Mariko terminara, también había considerado que quedara en la cárcel o en un hospital para enfermos mentales, pero creo que para todas las maldades que cometió, hubiera sido muy poco castigo jejejeje. ¿Ustedes qué opinan? :)

Rhou