HASTA ENCONTRARTE
La primera vez que los portales habían aparecido, nadie se lo había esperado. No habían tenido tiempo de reaccionar lo suficientemente rápido. El primero apareció sobre la isla de Japón. Era un círculo perfecto de luz qué había aparecido sobre el cielo estrellado de Okaido, rompiendo con la calma natural de la noche. Las personas se habían acercado con creciente curiosidad e intriga. Pero dicen que la curiosidad mató al gato y en esa ocasión ocurrió justamente eso. De aquel portal comenzaron a cruzar criaturas aterradoras, monstruos alados, seres amorfos grotescos, gigantes y seres que solamente podrían ser descritos en libros mitológicos. Unos monstruos cuyo único propósito era el matar y comer seres humanos. Pronto los portales comenzaron a aparecer alrededor de todo el mundo. El trabajo de los héroes aumentó considerablemente, sin embargo, sus fuerzas sobre humanas no eran suficientes contra la amenaza que representaban los portales.
Los portales no tenían un patrón común para aparecer. Tampoco se podía calcular por cuanto tiempo un portal podía mantenerse abierto. Existían portales que se cerraban en cuestión de minutos, pero existían otros que podrían durar varios meses abiertos y esos representaban incluso más peligro. Los humanos eran las criaturas más persistentes y necias de todo el planeta, y aunque sabían que no contaban con la tecnología para combatir las amenazas que salían a través de los portales, al menos habían conseguido construir radares qué mostraban las posibles ubicaciones cuando uno nuevo surgía. La sobrevivencia se había convertido en lo más prioritario. Esos rastreadores no les brindaban seguridad, pero al menos les otorgaban tiempo suficiente para resguardarse, o intentar hacerlo.
— ¡¿Acaso estás loco, Bakugo?! ¡Apenas si podemos contener a las criaturas que intentan salir por los portales!, ¿crees que podrás sobrevivir si atraviesas uno? ¡Ni siquiera sabemos lo que hay al otro lado además de esos monstruos!
— No me harás cambiar de parecer, pelos de mierda.
Kirishima observó a su amigo con exasperación mientras continuaba llenando su mochila de víveres, botellas de agua, armas. Corrección. Aquella no era la mochila de Katsuki, sino que se trataba de la gran mochila amarilla qué le había pertenecido a Midoriya y que nadie se había atrevido a tocar desde que aquel incidente había ocurrido.
— ¡Es bastante peligroso!
— ¡No pienso abandonar a Izuku!
— ¡Es probable que ya esté muerto!
La furia atravesó la mirada del rubio al escuchar aquellas palabras. El dolor atravesando cada una de sus terminaciones nerviosas mientras agarraba de la playera a su mejor amigo y lo azotaba contra la pared. Su respiración por completo agitada apenas conteniendo las ganas de golpear algo, a Kirishima para ser más exactos.
Cuando un portal había aparecido de repente sobre Musutafu mientras hacían una ronda, Katsuki había estado a punto de ser absorbido por unos tentáculos que habían salido por el portal. El único que había reaccionado lo suficientemente rápido había sido Izuku, quien usando su traje nuevo se había arrojado para aventar a Katsuki fuera del alcance del monstruo que estaba intentando salir. Los tentáculos habían capturado a Izuku antes de cualquiera pudiera hacer algo más. Aquel portal, había resultado ser uno temporal que solo duró abierto un minuto. Katsuki solo pudo ver con horror como Izuku era cubierto por aquellos tentáculos antes de que el portal desapareciera para siempre.
— ¡Él no está muerto! — Gruñó, poniendo énfasis en cada palabra. — Si alguien es capaz de sobrevivir a esta mierda, es sin duda Izuku.
— Bakugo... — Kirishima suspiró, sabiendo que no podía hacer nada para detener a su amigo. — ¿Cómo conseguiste el localizador?
— Se lo robé a Melissa Shield. — Respondió sin sentir ningún tipo de culpa al respecto. Luego soltó a Kirishima para tomar la mochila y así colocársela sobre sus hombros. — Buscaré a Izuku y cuando lo encuentre regresaremos. — Y tampoco existían dudas en esas palabras.
— Vas a buscar un portal para entrar a través de él. Bien. — Exclamó Kirishima como último recurso para detener a su amigo. — ¿Cómo sabrás que llegarás hasta donde se encuentra Midoriya? Ni siquiera sabemos si las criaturas que salen de los portales vienen de un mismo lugar, Bakugo.
— No me importa cuánto tiempo me tarde o cuantos portales tenga que atravesar, no me detendré hasta que encuentre a Izuku.
Kirishima volvió a suspirar ante la terquedad de su amigo, sabiendo que no podría detenerlo.
— Me llevaré los comunicadores, aunque no creo que funcionen del otro lado. También tratare de averiguar cualquier cosa que nos ayude a evitar que sigan apareciendo portales. Cualquier información que consigamos será de gran importancia, lo sabes, ¿no?
Kirishima asintió. De nada servía insistir en una causa perdida. Nadie regresaba de los portales. Era un hecho que todos sabían. Los monstruos ya eran lo suficientemente fuertes, no quería imaginar cómo serían en la zona donde pertenecían, ni siquiera deseaba pensar la cantidad a la que se enfrentaria Bakugo cuando estuviera del otro lado. Perder a Midoriya había significado un golpe bastante duro para los que aún se resistían a aquella invasión, sobre todo para Bakugo. Solamente esperaba que aquella locura no terminara con su mejor amigo.
Universo 1: Infierno
El cansancio se reflejaba en el rostro de Katsuki mientras se deslizaba por la superficie de roca de aquella caverna hasta quedar sentado. Aquel mundo al que había llegado estaba resultando más hostil de lo que había previsto. Estaba lleno de monstruos de todo tipo, la oscuridad predominaba. No podía distinguir los días de las noches por las nubes negras y densas qué cubrían el cielo. La atmósfera se sentía más pesada y la calidad del aire era pésima. Era un mundo por completo árido, sin vida, completamente infestado por esos monstruos. Había perdido el comunicador en ese mundo mientras escapaba de un monstruo grotesco y volador. No había humanos, o hasta el momento no había sido capaz de encontrar a otro ser humano con vida. Había tenido suerte de encontrar una caverna sola. Necesitaba descansar antes de que apareciera el siguiente portal, que según el localizador no se encontrabalejos.
Había conseguido encender una pequeña hoguera con unas cuantas ramas secas que había conseguido mientras huía. Con cuidado sacó una fotografía del interior de la chamarra que traía puesta. Hacía un calor insoportable, pero no podía darse el lujo de perder alguna otra cosa de vital importancia. En la foto se encontraban él e Izuku sonriendo mientras sostenían sus diplomas de graduación luego de salir de la UA, de fondo un árbol de cerezo en flor los acompañaba. Habían pasado por tantas cosas, una guerra, el casi morir, que estaban eufóricos por poder graduarse. No podía permitirse perderlo, no cuando aún no había sido capaz de confesarle sus verdaderos sentimientos.
— Voy a encontrarte, nerd.
Katsuki tosió con fuerza, luchando para que el oxígeno no se escapara de sus pulmones. El aire se volvía más sofocante con cada segundo que pasaba. Sin poder evitarlo, soltó la fotografía ante los espasmos que atacaron su cuerpo.
— ¿Quién carajos eres?
Katsuki se tensó notablemente, dispuesto a dar batalla de ser necesario, así que levantando su mano en dirección al origen de aquella voz estaba dispuesto a lanzar una explosión a la primeraseñal de peligro. Aquella era la primera vez que escuchaba la voz de otra persona además de él y eso que ya tenía una semana entera en aquel mundo.
Sin embargo, cualquier tipo de respuesta inteligente que pudiera haber tenido quedó atorada en su garganta cuando descubrió a la persona enfrente de él pues era como si se estuviera viendo en un espejo, pero Katsuki sabía que no había tal cosa en la caverna. Aquella versión suya se veía más destruida que él. Su cabello, qué debería de ser rubio estaba sucio, enmarañado, como si tuviera demasiado tiempo sin lavarlo. Su rostro estaba lleno de un lodo negro que bien podria pasar como una segunda piel. Su torso desnudo estaba completamente lleno de cicatrices como si todos los días peleara por su vida. Sus ojos carmesíes resplandecían con furia mal contenida dispuesto a pelear de ser necesario. ¿Cómo era posible que aquello pasara? Su otro yo, al ser consciente de su desconcierto, se acercó lo suficiente como para recoger la fotografía que había dejado caer. Al instante algo cambió en las facciones de aquel Katsuki, algo que no supo definir con claridad, algo que podía considerarse una mezcla entre melancolía y esperanza.
— Deku. — Susurró su contraparte con un dolor reflejado en su mirada que nunca pensó que podría tener.
— ¡¿Lo has visto?! — Preguntó Katsuki con esperanza acercándose a su contraparte.
El otro Katsuki le observó con resignación, entregándole la foto con resentimiento al golpear su pecho. — No a este.
Katsuki frunció el ceño sintiéndose confundido.—¿Qué?
— Hablo de mi Deku. — Aquel Katsuki desvío su mirada hacia la entrada de la caverna. — Hace un par de años se abrió un gran portal de donde emergieron todas esas cosas grotescas. Nos tomaron por sorpresa. Peleamos, pero no fuimos suficientes. Uno a uno comenzó a caer. — Guardó silencio, perdido en sus pensamientos y Kacchan deseo que, no siquiera hablando, algo le decía que escuchar aquella historia terminaría por destrozarle de alguna manera. — Aquella noche, ¿o era el día? Quien sabe, esas cosas trajeron con ellas la oscuridad eterna así que resulta imposible distinguir si era de día o de noche. Pero, en aquel momento nos refugiábamos en una caverna como esta cuando una horda de demonios nos emboscó. Yo estaba débil porque no habíamos comido por semanas y mi corazón comenzaba a fallar más seguido, secuelas de la guerra... Deku me golpeó para que perdiera el conocimiento, pero estoy seguro de que escuché sus gritos mientras era devorado por los demonios antes de que la oscuridad absoluta me consumiera.
— L-Lo...
¿Qué iba a decir? ¿Que lo sentía? Perder a Deku era lo más doloroso. Si su contraparte era una décima parte de lo que era el, lo que menos querría era condescendencia.
— Viniste por esos portales, ¿no? — El Katsuki sucio chasqueo la lengua. — Si tu Deku se encontró con esas cosas, ya está muerto. Este mundo está infestado de esos demonios, aquí solo encontrarás muerte y destrucción.
Kacchan apretó la foto contra su pecho como si con ese simple gesto pudiera negar lo que su otro yo decía. — Él está vivo, lo se.
— Claro.
Kacchan iba a refutar, pero se quedó callado cuando los chasquidos de los demonios los sorprendieron, seguido de la aparición de un nuevo portal. Extendió su mano para activar su don, pero al darse cuenta de que, si explotaba la entrada de la cueva, la caverna se derrumbaría y perdería la oportunidad de irse a través del portal.
— Maldita sea.
Su otro yo le observó con exasperación y después simplemente negó. — Lárgate por donde viniste.
— Pero...
— ¡Qué te vayas! — Exclamó avanzando hasta la entrada donde más de un centenar de demonios ya se peleaba para poder ingresar a la cueva. La determinación brillando en sus ojos. — Tu Izuku no está aquí. No se había abierto otra de esas cosas hasta que tu viniste. Búscale. Encuéntralo y protégelo. — Aquel Katsuki se giró para poder verle con una ligera sonrisa. — Y no seas idiota, acepta lo que ya sabes antes de que sea demasiado tarde y solo queden arrepentimientos.
— ¡Maldición!
Lo último que escuchó Kacchan antes de desaparecer a través del portal fue el grito de guerra de su contraparte y los gruñidos de aquellas criaturas.
Universo 2: La tierra de los dragones.
Después de haber pasado por esos dos mundos, Kacchan estaba seguro de algunas cosas:
El problema de los portales y los demonios parecía una anomalía que pasaba en todas partes.
Los lugares en los que había estado no eran... planetas distintos. Sino una variante de su propio mundo.
En cada parte parecían existir versiones diferentes de él, de Deku y de cada uno de sus amigos.
Lo más vergonzoso, aunque ya lo había aceptado, era que él y Deku parecían mantener una relación que siempre empezaba con él siendo un imbécil, hasta que pasaba un punto de quiebre que le hacía replantearse su existencia, para finalmente descubrir que estaba perdidamente enamorado del peliverde.
Existían universos que eran capaces de hacerle frente a los demonios como en el que estaba actualmente, por lo cual quería decir que existía una leve esperanza.
En aquel momento se encontraba en la cima de una montaña qué parecía ser el hogar de aquellos humanos capaces de transformarse en dragones. Algo que ya le parecía bastante difícil de creer. Esa versión de sí mismo era mucho más alto que el, fornido y su mirada reflejaba fiereza. Todos parecían respetarlo como si se tratara de un rey. Y Deku... Deku era el único que no podía transformarse en dragón como los demás, pero eso no evitaba que siguiera a su lado, sanando sus heridas cuando resultaba herido, incluso cuando el mismo no quería.
Mientras esperaba a que el portal apareciera, le parecía sorprendente aprender de sus propias actitudes. Porque si, aquella versión suya parecía una más salvaje, pero manera en la que siempre estaba viendo a Deku... atento a sus acciones, como si su mundo girara solamente alrededor del peliverde. La manera en la que lo protegía y no permitía que nada malo le pasara. Y Deku, quien aun sin poderes, era capaz de estar siempre a la par suya. Resultaba irónico que viendo como pasaban las cosas desde lejos, solo podía añorar más y más la presenciadeSUDeku. ¿Por qué había tenido que esperar tanto tiempo para darse cuenta de que todo siempre había estado conectado entre ellos? Se sentía tan frustrado. Si hubiera sido más rápido él también habría podido proteger a Izuku, justo como lo estaba haciendo su contraparte salvaje.
— ¿Quién carajos eres y porqué últimamente merodeas mi reino?
Los ojos rubíes de Katsuki se abrieron por completo llenos de sorpresa al sentir el filo de una espada amenazar la vena yugular de su cuello. ¿Tan perdido estaba en sus pensamientos que no había sido capaz de sentir la cercanía de esa versión de él? Se quedó en silencio. Los ojos de aquel ser tan iguales como los suyos le dirigían una mirada con total desconfianza y el ceño fruncido. — ¿Por qué tienes mi rostro? ¿Eres un brujo acaso o una de esas estúpidas criaturas que salen de esos anillos de luz? — Al no obtener respuesta, la presión de la espada contra su cuello aumentó, ocasionando que surgiera un fino hilo de sangre. — ¡Responde!
Kacchan chasqueó la lengua, sabiendo que, si no escogía con cuidado sus palabras, podría iniciar un conflicto innecesario y realmente no tenía ánimos de causar un cataclismo multiversal por pelear contra su otro yo. — No soy un brujo. — Respondió finalmente mientras se cruzaba de brazos. — Tampoco soy una de esas criaturas tan grotescas. — Una ligera mueca se dibujó en su rostro, dándose cuenta de que lidiar consigo mismo le causaba migraña y ganas de partirle la cara por más irónico que sonara. — Pero sí vine a través de esos anillos a los que yo llamo portal… Estoy buscando a alguien… a Izuku.
El líder de los dragones frunció el ceño ante la mención del peliverde y pensando que se trataba de su pareja, sujetó con violencia a aquel ser que se parecía tanto a él hasta conseguir que su espalda golpeara sin cuidado contra el tronco de un árbol. — ¡Si te atreves a tocar un solo cabello de Izuku juro que…!
— No tu Izuku… sino el mío. — Tomando con fuerza las manos de su agresor, Katsuki se liberó para poder mostrarle la fotografía. — Un portal apareció en nuestro mundo. Una criatura con tentáculos se lo llevó a través de él sin que pudiera impedirlo… he estado viajando por esas cosas con el único propósito de encontrarlo. ¿No lo has visto por aquí?
Aquel otro Katsuki se le quedó viendo por mucho tiempo antes de decidir que podía confiar al menos un poco. — No. Si existiera otro Izuku por aquí me daría cuenta por su olor. No ha habido nada extraño y mantenemos a esas criaturas alejadas de nuestro territorio.
— Ya veo.
Kacchan sabía que las esperanzas de encontrar a Izuku ya eran mínimas, casi nulas. Desde que descubrió que existía más de un mundo supo que su búsqueda sería como querer encontrar una aguja en medio de un enorme pajar y aunque se negaba a rendirse tan pronto, la posibilidad de nunca más ver a Deku se sentía como si alguien hubiera atravesado a su corazón con el filo de aquella espada. Quizás Kirishima había tenido razón y no debería de haber iniciado aquel viaje con tan poca información. Su otra versión apreció el dolor en su rostro y suspiró antes de hablar.
— Si eres tan terco como yo, no te darás por vencido, aunque todo esté en contra.
Kacchan le observó con una efímera sonrisa antes de asentir. Justo en ese momento el portal se abrió enfrente de ellos y Kacchan comenzó a avanzar hacia él con renovada decisión.
— ¡No dejes que nada malo le pase a tu Deku!
— ¡Jah! ¡Como si lo fuera a permitir siquiera!
Universo 3: La tierra sin dones
Un dolor lacerante le cortó la respiración al intentar incorporarse de donde se encontraba recostado. No recordaba que era lo que había pasado más que algunos pequeños flashes que solo le provocaban dolor de cabeza. Estaba seguro de que esas cosas asquerosas tenían algo que ver, pero le parecía más prioritario averiguar en donde se encontraba por si tenía que huir después. Aunque tenía el presentimiento de que su pierna no se encontraba en buenas condiciones.
— Deja de moverte, solo conseguirás abrirte las heridas.
Katsuki se quedó rígido en su lugar. Reconocería aquella voz en cualquier parte, incluso con los ojos cerrados. Había estado añorando ese momento desde que se le había ocurrido lanzarse al primer portal en su búsqueda.
— ¡Deku! — Exclamó lleno de incredulidad y sin importarle el dolor de su cuerpo simplemente se levantó, tambaleándose con el único propósito de envolver con sus brazos al más bajo. — Por fin… ¡te encontré!
Izuku no respondió, pero tampoco hizo nada por deshacer el abrazo, aunque no lo estuviera correspondiendo. Katsuki estaba tan inmerso en aquella sensación de alivio que ni siquiera notó el cuerpo tenso del muchacho hasta que volvió a hablar.
— Yo… yo no creo ser la persona que estas buscando.
Katsuki se separó al instante, con sus manos sosteniendo los hombros de aquel peliverde y entonces, como si un rayo de revelación lo hubiera atravesado, lo soltó. Avanzó de espaldas a trompicones hasta que sus piernas se toparon con el borde de la improvisada "cama" y solo entonces se dejó caer, cayendo sentado sin ningún tipo de cuidado. Sí, reconocía ese cabello enmarañado color verde, esas pecas que adornaban esas mejillas que tenía tiempo ansiando acariciar, ese par de esmeraldas que poseía por ojos, pero no era su Izuku. Y aquel reconocimiento le partió el corazón en miles de pedazos. Aquella versión de Izuku era un poco más joven, quizás universitario. Pero no era su Deku. Apartó la mirada en un intento de ocultar todo el dolor que sentía.
— ¿Dónde estamos? — Preguntó finalmente intentando centrarse en otra cosa que si pudiera controlar.
Aquel Izuku suspiró mientras se sentaba en una reja vieja y descuidada. — Mi refugio. — Contestó, provocando que Katsuki le regresara la mirada. — En realidad me salvaste la vida hace tres días, ¿lo recuerdas?
Katsuki se le quedó viendo fijo por un momento, su corazón sabía que no era su Izuku, pero su voz e incluso su físico, no cooperaba en su razón. — Estabas rodeado de demonios. — Respondió finalmente cuando su mente al fin se desbloqueó.
— Gritaste mi nombre mientras de tus manos salían explosiones. — Asintió con ligereza. — Eso no es algo que se observe mucho por aquí. Ese detalle y que haya visto morir a Kacchan en manos de esas criaturas son lo único que me mantienen cuerdo cada vez que te veo.
Katsuki le observó con más interés por un momento antes de apartar la mirada de nuevo. En aquel nuevo mundo los dones parecían no existir y su otro yo había muerto, aquella información no pasó inadvertida. — Lo siento. — Susurró, cerrando sus manos en dos puños. — Ando buscando a mi Izuku desde hace meses.
— ¿Se perdió?
— Algo así. — Una mano se dirigió a su costado, en donde se encontraba una herida bastante grande, quizás gracias a un mordisco. — He estado viajando por mucho tiempo tratando de encontrarlo. El me protegió de un demonio, pero fue absorbido por uno de esos portales.
— ¿Y has estado atravesando esos portales sin importar que pudieras morir? — Preguntó con incredulidad aquel peliverde sin dejar de verle.
— No pienso abandonarlo.
Izuku fue ahora quien desvío la mirada con incomodidad ante la intensidad de la declaración del rubio.
— Y… ¿él también tiene esos raros poderes?
Katsuki sonrió con ligereza sin poder evitarlo. — Tenía un don sorprendente. Le costó mucho trabajo dominarlo, pero con esfuerzo y dedicación lo consiguió. Se convirtió en el mejor héroe de todos y nos salvó a todos de un villano que se salió de control, pero tuvo que sacrificar su don con tal de devolvernos la paz qué habíamos perdido.
— Suena a que era fantástico… yo ni siquiera soy bueno en deportes, Kacchan siempre se burlaba de mi por eso.
Katsuki rio con suavidad al asentir. — Si… el mejor. Siempre pensando en el bienestar ajeno antes que en el propio. — Respondió, poniéndose de pie para ir a su mochila que había visto en el polvoriento suelo. De ella sacó el localizador para revisarlo. Debía marcharse de aquel mundo antes de volverse loco con la presencia de aquel Izuku.
— Deberías descansar, tus heridas aún no sanan del todo.
— No puedo. Tengo que encontrar el siguiente portal, el tiempo se me termina. — Volvió a guardar el localizador antes de ponerse una playera limpia de su mochila.
— No puedo decir nada para detenerte, ¿verdad?
— Me temo que no. — Respondió con simpleza al colgarse la mochila.
— Tu Izuku tiene suerte… — Respondió con nostalgia mientras miraba sus zapatos, que curiosamente eran de color rojo. — Espero que lo encuentres pronto.
— Gracias. — Respondió dándole una última mirada al peliverde y aun algo dudoso añadió unas cuantas palabras más. — Estoy seguro de que eras muy importante para tu Katsuki. Nunca te des por vencido, por favor.
Izuku levantó la mirada con sorpresa, pero Katsuki ya se había marchado.
El final del camino
10 años después
Katsuki se apoyó contra la pared, permitiéndose deslizar lentamente hasta quedar sentado. El paso de los años le estaba cobrando factura, su cabello ahora largo lo mantiene sujeto en una coleta, sus facciones se habían endurecido un poco gracias a la insipiente barba que se había dejado crecer, o más bien, no había tenido tiempo de cuidarse adecuadamente. A sus casi cuarenta años se sentía como si ya fuera un anciano decrepito. Había estado corriendo por horas. No podía usar su don porque ya había abusado tanto de él que sus manos se encontraban muy lastimadas, con algunos huesos quebrados incluso. Aquella era la peor situación. Había ingresado por error a un callejón sin salida y si regresaba por donde había venido sería embestido por aquellas criaturas. Las podía escuchar ya bastante cerca, haciendo un eco escalofriante que rebotaba entre los muros de aquel callejón.
No tenía escapatoria y estaba tan agotado, que incluso pensar en una manera de salir le resultaba imposible. Habían pasado diez años desde que había iniciado aquel viaje. Había conocido a varias versiones de sí mismo: cambia formas, simples humanos sin dones, dragones, telepatas, incluso siendo seres de otro planeta. Había sido testigo de tantas muertes qué había intentado detener y fracasado vilmente, que construido una muralla alrededor de su corazón. También había visto a muchos Izukus, pero nunca pudo encontrar a su nerd y tampoco pudo encontrar un portal que lo llevara de regreso a casa. Quizás Kirishima había tenido siempre la razón, tal vez debió hacerle caso, pero sabía que, si no lo hubiera intentado, se habría arrepentido toda su vida.
Si Izuku estaba muerto, al menos esperaba que no hubiera sufrido tanto. Porque estaba seguro de que al menos dio batalla y no se lo dejó fácil a esos demonios. Así era Izuku después de todo, valiente, fuerte… y así quería recordarlo en sus últimos momentos de vida. Quizás solo tenía que rendirse y morir para poder encontrarse con el nerd en el más allá.
— Lo intenté… lo intenté de muchas maneras… lo siento, Izuku… pero estoy tan cansado.
Sus ojos se cerraron cuando escuchó los pasos torpes y apresurados de las criaturas cuando al fin lo encontraron. Al ser un callejón estrecho, aquellas cosas se estaban peleando por poder llegar hasta él. Ya no huiría. Ya no correría. Ya no pelearía. Lo había hecho constantemente hasta por tres vidas más y había alcanzado su límite. Ya había perdido la cuenta del número de mundo en el que se encontraba, pero ya no importaba. Estaba demasiado cansado y solo, como para tener el ánimo de continuar.
— ¡Kacchan!
Katsuki sonrió con ligereza sin abrir los ojos. Su subconsciente era tan cruel con él que había recreado a la perfección la voz de Izuku. Lo único que lamentaba era no haberle dicho nunca sus sentimientos. Sería lo primero que haría cuando lo encontrara en el más allá.
— ¡Maldita sea, Katsuki Bakugo! ¡Abre tus ojos y dame la mano!
Los ojos del rubio se abrieron abruptamente porque, aunque su subconsciente fuera bastante bueno recreando la voz del pecoso, definitivamente Izuku nunca le había dicho por su nombre completo. Alzó la mirada, encontrándose con quien tanto había buscado y que hasta el momento nunca lo había hecho.
— ¿D-Deku? — Preguntó incrédulo y sin ser capaz de moverse.
— ¡Dame la mano, no tenemos tiempo! — El rostro de Izuku se mostraba desesperado mientras observaba la entrada del callejón. Un par de metros más y esas cosas atraparían a Kacchan. — Cuando éramos niños nos la pasábamos jugando en el parque a la agencia de héroes, tus eras el líder y yo siempre me molestaba porque…
— Porque yo nunca dejaba que fueras un héroe y siempre te tocaba ser el villano. — Completó Katsuki con los ojos inundados en lágrimas que se rehusaba derramar, tomando finalmente la mano que Izuku le tendía.
Izuku sonrió con suavidad. Él también había cambiado demasiado, pero seguía siendo el Izuku que tanto había buscado. En esos momentos se encontraba colgado de uno de los cables que salían de sus guantes. Su traje de héroe ya se encontraba desgastado, pero continuaba funcional. Cuando ambos subieron, Katsuki no pudo evitar reír a pesar de que había estado a punto de ser devorado por esos desagradables seres. Al llegar a la azotea del edificio, el rubio no dudó en abrazar a Izuku.
— Maldita sea… al fin te encontré, Izuku… te encontré.
Izuku se aferró a Kacchan como si su vida dependiera de ello. — Pensé que nunca más te vería, Kacchan.
Katsuki se apartó un poco, lo suficiente como para poder enmarcar con sus manos el rostro del peliverde. — Fui un idiota y esperé demasiado para poder decírtelo, pero siempre estuve enamorado de ti, Izuku.
Izuku rio con sus mejillas sonrojadas mientras colocaba sus manos sobre las ajenas. — ¿Tenía que iniciar un apocalipsis para que pudieras decirlo, Kacchan?
Katsuki sonrió de costado mientras se encogía de hombros con suavidad. — Mejor tarde que nunca, ¿no lo crees?
Izuku volvió a reír con suavidad, terminando por asentir de nuevo, estando de acuerdo. — También estoy enamorado de Kacchan.
— Perfecto.
Sin esperar más tiempo, Katsuki eliminó cualquier tipo de distancia entre los dos para poder unir sus labios en un beso necesitado qué habían estado esperando por mucho tiempo. Un beso que les recordaba que no importaba que tan separados se encontraran, sus almas estaban enlazadas de tal manera que siempre encontrarían la forma de volverse encontrar. Porque quizás aún se encontraban lejos de su hogar pues al menos se tenían el uno al otro y por ahora era más que suficiente.
Día 4: Multiverso
x.x Me costó un poco este fic porque mis ideas estaban dispersas y no quería que se extendiera demasiado, espero que lo disfruten
