Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama es completamente mi invención.
Capítulo 60
Edward
El tiempo avanzaba de forma casi imperceptible, como si los días se deslizaran unos sobre otros sin darme cuenta. Desde que Bella comenzó su trabajo, nuestras rutinas se habían ajustado de manera lenta, poco a poco todo comenzó a encontrar su equilibrio. La veía salir cada mañana con una mezcla de emoción y determinación y cada tarde al reunirnos nuevamente en casa, Bella contaba empcionada sus nuevas historias, con esa chispa en los ojos que me hacía sentir orgulloso de ella. Se estaba acoplando bien y aunque al principio temí que el cansancio del embarazo le pesara demasiado, parecía estar manejándolo con más facilidad ahora que los malestares habían desaparecido por completo.
Esme se había quedado con nosotros por tres meses, ayudando con Emmy, aunque al principio su presencia había sido un desafío, con el tiempo la tensión se fue disipando. Su partida fue extraña. No porque esperara que se quedara más tiempo, sino porque pese a nuestras diferencias, había terminado acostumbrándome a verla por la casa, cuidando de Emmy con una paciencia que solo una abuela puede tener. Antes de irse, me pidió que cuidara de Bella y del bebé, y aunque no dijo mucho más, entendí que a su manera, estaba intentando dar su aprobación.
Las noches eran distintas ahora. Emmy crecía más rápido de lo que podía procesar y ya tenía sus propias pequeñas rutinas. Bella y yo encontrábamos momentos para estar juntos después de que Emmy se dormía, a veces simplemente recostándonos en el sofá, otras veces hablando sobre el futuro, sobre lo que vendría cuando el bebé naciera. Había cierta tranquilidad en todo eso, una certeza de que, aunque nuestra vida estaba lejos de ser perfecta, estábamos donde debíamos estar.
El embarazo avanzaba y cierto que todavía faltaban meses para la llegada del bebé, la realidad de que nuestra familia estaba creciendo comenzaba a asentarse de verdad en mí. Me encontraba a veces con la mano en el vientre de Bella sin darme cuenta, sintiendo el leve abultamiento que cada semana parecía más notorio. No lo decía en voz alta, pero había una emoción contenida en todo aquello, una anticipación que me hacía replantearme muchas cosas.
Quizá porque estaba viviendo una nueva etapa junto con ella. Y por primera vez disfrutando de su embarazo. Ambos estábamos a la expectativa, no quisimos saber que era, decidimos que lo que fuera: niño o niña, sería bien recibido porque era nuestro.
Cuando finalmente le contamos a Lauren y Alec sobre el bebé, su reacción fue exactamente la que esperaba. Lauren soltó un grito emocionado y abrazó efusivamnete a Bella con tanto entusiasmo que casi la hizo perder el equilibrio. Alec por su parte, me dio una palmada en la espalda con una sonrisa genuina. Admitía que se había burlado por varios días de mí: vaya, Cullen, otro bebé en camino. Vas a tener las manos llenas. Lo conocía y a pesar de sus comentarios burlescos sabía que realmente estaba contento por nosotros y eso significaba más de lo que podía admitir en palabras.
Y fue así como el tiempo seguía su curso, sin detenerse, sin esperar. Y nosotros, entre nuevas rutinas, cambios y pequeñas certezas, seguíamos adelante, juntos.
Como este día que dejaríamos a Emmy en su guardia.
El nerviosismo de Emmy empezó a notarse mientras estaba en mis brazos.
Ya no le importaba su mochila de peluche que tanta felicidad le había causado, tampoco le importaban sus botas de lluvia ni su impermeable de ladybug, ella tan solo nos miraba con mucha atención.
En recepción nos habían dicho que su maestra vendría por ella y que por seguridad no permitían la entrada de los padres a los salones.
― Emmy, más tarde vendré por ti ―prometió Bella sacándola de mis brazos y dejándola de pie en el piso, se acuclilló y empezó a acomodar las dos coletas de mi niña.
Los hombros de Emmy cayeron. Empezó a mover sus pies cubiertos por botas de lluvia, ella misma había elegido su atuendo debido a las torrenciales lluvias que caían desde muy temprano en la ciudad.
Bella le besó las mejillas.
Una chica se acercó. Era su nueva maestra y cuidadora, una mujer joven, carismática y con diez años de experiencia en cuidados de infantes.
― Buenos días ―nos dijo, aunque su mirada fue directamente a nuestra hija―. Hola, preciosa ladybug, ¿estás lista para conocer a tus nuevos amigos?
Mi niña sin titubear asintió, aceptando darle la mano. La mujer sonriente se despidió de nosotros prometiendo que todo estaría bien, antes de que se fueran abracé a Emmy y le besé la coronilla de su cabeza.
Apenas habían dado unos pasos y Emmy volteó hacia nosotros, en sus ojos podía notar la incertidumbre y el temor con el que sus pasos se alejaban.
Mi pecho se estrujó y de inmediato sentí un nudo en la garganta.
Bella se acercó a mi costado y se refugió en mí, la abracé para consolarla. Quizás ambos consolándonos.
― Adiós… ―Emmy agitó su manita sin detener su andar, sus ojitos fijos en los míos― papi.
Entonces sentí que el mundo se detenía por completo. Ella me había dicho papi y lo había hecho en el momento más vulnerable que era su nuevo comienzo, una etapa en la que se enfrentaría completamente sola.
Di un paso hacia ese pasillo, en estos momentos mi corazón y mente me gritaban que la detuviera y que no la dejara en ese lugar.
― ¿Escuchaste? Me dijo papi ―pronuncié incrédulo. Llevaba tiempo esperando por este momento y hoy simplemente sentía que mi pecho estaba hinchado de felicidad.
Bella había detenido mi antebrazo para que no siguiera avanzando.
― Lo hice ―admitió― te has convertido en todo su mundo, Edward.
Emmy se perdió en el pasillo junto a la maestra. Ella había seguido su camino hacia una nueva aventura en solitario, la primera de muchas que llegarían a su vida.
No pude evitar sentir nostalgia. Estaba creciendo, se estaba convirtiendo en una niña independiente y no era que quisiera detener el paso del tiempo, simplemente sentía que necesitaba más de ella y sus ocurrencias para procesar lo que ocurría.
Me quedé un momento más, tan solo mirando hacia el pasillo, probablemente con la esperanza de que volviera corriendo y buscara refugio en mí, pero no fue así. Emmy no regresó.
― Edward… ―mi mujer tocó mi brazo―. Debemos irnos, se nos hará tarde para ir al trabajo.
Volteé y la miré. Los ojos de Bella estaban empañados por lágrimas. Ella estaba resistiendo tanto como yo
La rodeé con mi brazo y besé sus cabellos.
― Seremos fuertes ―murmuré.
.
Bella
Eran las trece horas exactamente cuando entramos a casa. Emmy seguía saltando sobre sus pequeños pies, llevaba más de veinte minutos narrando su primer día y yo no podía dejar de alegrarme con su divertida plática.
― Entonces tu parte favorita fue cuando comieron bocadillos.
Emmy asintió mientras aplaudía.
― Y tamben bailar ―empezó a mover sus caderas sin ningún ritmo.
Cerré la puerta y apenas tuve tiempo de soltar mi bolso cuando escuché el timbre sonar en la estancia. Emmy me miró con ojos expectantes.
Un mal presentimiento me recorrió la espalda, llevé la mano a mi pecho y me acerqué a la puerta, mi peor temor se confirmó al abrir. Renée estaba con los brazos cruzados, su mirada impaciente y una expresión de fastidio impresa en el rostro.
— ¿No piensas invitarme a pasar? —preguntó con fingida dulzura.
— ¿Qué haces aquí, Renée?
Ella me empujó ligeramente para entrar sin permiso, su mirada recorriendo el lugar con desaprobación. Cerré la puerta con un suspiro sintiendo la tormenta que se avecinaba.
— Estás embarazada ―sus ojos se clavaron en mi disimulado vientre―. ¿Tu hermana lo sabe?
Su comentario me tomó desprevenida, así que de inmediato llevé instintivamente una mano a mi abdomen. Protegiéndolo.
— Eso no es asunto tuyo.
— Por supuesto que lo es. ¡Soy tu madre, Bella! ¿O ya me olvidaste por completo? Como hiciste con todo lo demás, con tu familia, conmigo, incluso hasta con Emmy. ¡Dejaste que me borraran de su vida!
Su voz era sumamente escandalosa, sentí que mi paciencia se agotaba por segundos.
Emmy asustada corrió detrás del sofá.
— Baja la voz porque estás asustando a mi niña ―sisee―. Y no vengas con cuentos, porque tú sola te encargaste de destruir cualquier relación que pudieras haber tenido conmigo y con Emmy. No actúes como si fueras la víctima aquí.
Renée dejó escapar una risa amarga mientras negaba con la cabeza.
— Nadie me quiere. Eres tan injusta cuando fui la única que estuvo ahí cuando lo necesitaste. Te ayude a cuidar de Emmy cuando no sabías ni cambiar un pañal, fui yo quien estuvo para ti y ahora me dejas en el olvido, no sabes si tengo para comer, no sabes si tengo un techo, un trabajo, no sabes nada. ¿Qué clase de hija trata así a su propia madre?
La rabia, el cansancio y las emociones revueltas del embarazo me hicieron temblar.
— ¿Quieres saber qué clase de hija soy? Soy la hija que tuvo que reconstruirse desde cero después de todo lo que me hiciste. Soy la hija que tuvo que aprender a ser madre sin tu apoyo, que tuvo que recuperar a su hija después de la mentira más cruel que me hicieron. Y ahora vives reclamando un lugar en nuestras vidas como si lo merecieras por derecho, cuando lo perdiste hace mucho tiempo.
Renée parpadeó sorprendida por la dureza de mis palabras.
— Emmy ni siquiera se me acerca. ¿Eso también es mi culpa? —susurró con un atisbo de dolor en su voz.
Emmy se escondió por completo detrás del sofá.
— No puedes forzarla a quererte. Y no puedes obligarme a olvidarme de todo lo que hiciste. No eres bienvenida aquí, Renée. No quiero tu toxicidad cerca de mí familia.
Por primera vez en mucho tiempo logré apreciar la desilusión en sus ojos. Probablemente dolor y amargura juntas. Ella sabía que nos había perdido.
― Alice tampoco quiere verme, no quiere saber de mí ―sentí que eso lo murmuró para ella―. No tengo a nadie. A tu padre se nota que le enfada mi presencia, y no se diga a su mujer, estoy sola.
El cambio del tono de su voz me hizo comprender que buscaba empatizar conmigo, la conocía y era muy astuta.
― Por favor, Renée ―abrí la puerta, invitándola a salir― no vuelvas a mi casa.
Caminó hacia mí y se detuvo justo enfrente.
― ¿Podrías regresarme el efectivo que te di hace mucho?
No lo pensé. Tomé de mala gana mi bolso y saqué el efectivo que traía en mi cartera, se lo tendí.
Sus ojos brillaron antes de tomar los billetes, quizá no era mucho, tal vez unos quinientos dólares.
No se despidió. No articuló ninguna otra palabra que no fuera el suspiro al contar el dinero. Ella salió fuera y yo cerré la puerta.
Exhalé, mis manos temblorosas descansando sobre mi vientre. No sabía con exactitud si esto sería el final de su intromisión, pero por primera vez en mucho tiempo, sentí que era un adiós para mí.
Hola. Para Bella este fue un adiós para con Renée, ella sabe que es mejor tenerla lejos, ella está enfocada en su familia y todo lo que está ocurriendo ahora, esta historia está a nada de concluir, y yo realmente estoy agradecida con que estés aquí.
En el grupo ya les publiqué un pequeño tráiler hecho por Li de lo nuevo que viene, antes que nada quiero aclarar, que en cuanto termine Little Pumpkin empezaré de nuevo con Dulce Tentación.
Gracias totales por leer
