Capítulo 9: El filo del destino

Mansión de Roswaal – Medianoche

La mansión Mathers estaba inmersa en un inquietante silencio. La luz pálida de la luna llena caía a través de las ventanas góticas, pintando con sombras alargadas los grandes pasillos de mármol. El viento nocturno era apenas un murmullo, incapaz de traer alivio a la opresión que se sentía entre sus muros. En el estudio privado del mismísimo Roswaal L. Mathers, el aire pesaba. Entre las paredes cargadas de libros y reliquias mágicas, el tiempo parecía detenerse.

Ram permanecía de pie frente al escritorio de su amo. Su figura delgada, recta como una línea, irradiaba disciplina, aunque en sus ojos carmesí ardía una preocupación contenida. El traje de doncella que usaba estaba impecable, pero su semblante no podía ocultar el peso de una verdad inquietante.

—Han pasado cinco días, amo Roswaal. Cinco días desde que Lady Emilia desapareció sin dejar rastro —informó Ram, con un tono frío y profesional, pero con un dejo de tensión que ni siquiera ella podía suprimir—. Las búsquedas organizadas por la Guardia Real y nuestras redes no han dado ningún resultado. Es como si la tierra misma se la hubiera tragado.

Desde su imponente sillón, Roswaal observó a su sirvienta con su siempre enigmática sonrisa. La lámpara de aceite que descansaba sobre la mesa iluminaba su rostro con un resplandor tenue, reflejando en sus ojos dorados una intensidad perturbadora.

—Mmmm… interesante… mmmuy… pero que muy interesante… —murmuró alargando las palabras, dejando caer cada sílaba como si saboreara el desconcierto en el aire—. Que Emilia-sama desaparezca… justo ahora… Es un giro del destino tan… cautivador… ¿No piensas lo mismo, Ram? Una travesura de las fuerzas que se escapan de nuestras manooos.

Ram observó detenidamente a su amo, intentando desentrañar si tras su habitual expresión teatral se ocultaba una verdadera preocupación.

—Si esto le parece un "giro cautivador", amo Roswaal, temo que el resto de nosotros no compartamos su entusiasmo —respondió Ram, sin omitir su característico sarcasmo—. La desaparición repentina de Lady Emilia solo nos deja peligros al acecho. Crusch-sama puede tener a Barusu bajo vigilancia por ahora, pero su ausencia no es algo que podamos seguir ocultando por mucho más tiempo.

Roswaal cruzó las piernas mientras balanceaba lentamente los dedos sobre el brazo del sillón, como si calculase los movimientos de un intrincado tablero de ajedrez invisible.

—Ah, Barusu… Hermoso, dulce, adorable Subaru-kun —ironizó con un deje burlón y melódico—. Lo mantendremos ocupado, nóoo te preocupes… Subaru-kun es, después de todo, un peón útil aunque *irregular*… ¿Pero Emilia-sama? Ella es otra historia. Una pieza *vital*. Y vaya que me intriga quién o qué… la ha eliminado del tablero... por tiempo limitado...~

Ram frunció muy levemente el ceño.

—Yo soy más pragmática. Me preocupa el impacto. Emilia-sama es clave tanto política como estratégicamente. Si esto fue obra del Culto de la Bruja o de algún enemigo que busca desestabilizarnos, el peligro no solo amenaza nuestras tierras… amenaza el equilibrio de todo Lugunica.

Roswaal apoyó su barbilla sobre su mano, inclinando la cabeza como si evaluara la validez de las palabras de Ram.

—Hmm~. El Culto de la Bruja tiende a hacer más… alboroto cuando actúan, ¿no te parece? Ellos no suelen limitarse a quitar piezas silenciosamente del tablero, no… Su amor por Satella les hace ser más… teatrales… sangrientos… llamativos, —respondió con un brillo astuto en la mirada—. Si fuera obra de ellos, ya habríamos recibido algún desagradable mensajito, ¿verdad?

Ram asintió con cautela.

—Entonces, si no es el Culto, amo Roswaal, ¿a quién sugiere usted que podría interesarle la desaparición de Lady Emilia? Más aún, ¿qué propósito podría justificar un movimiento tan preciso?

Roswaal movió sus largos dedos como si sostuviera una pieza invisible en su mano, una reina imaginaria a la que deliberadamente desplazaba fuera del tablero mientras hablaba.

—Ahhh, Ram mi querida y pragmática Ram… Si una figura tan central como Emilia-sama desaparece, las probabilidades tienen dos ramas principales… solo dos~ expuso con su característico tono melodramático, manteniendo el suspense en el aire.

Ram mantuvo su compostura, pero el silencio se tornó casi insoportable mientras esperaba la continuación.

—La primera opción… —continuó Roswaal lentamente, haciéndose esperar como siempre— es que algún titiritero dentro de Lugunica haya decidido eliminarla temporalmente. Alguien con poder suficiente para evitar dejar rastro alguno.

Esta hipótesis cayó como un eco helado en la mente de Ram. Aun así, su rostro se mantuvo estoico.

—Si insinúa una facción política, hay múltiples candidatos… pero pocos con la oportunidad o la credibilidad para hacerlo sin levantar sospechas inmediatas. ¿Sugeriría que es movida de algún candidato real?

Roswaal rió suavemente, un sonido bajo y entretenido.

—Mmmm, Crusch Karsten, Anastasia o Priscilla-sama…? Nooo~. Ninguna se beneficia realmente de este suceso en este momento. Además, esto no combina con sus estilos de juego. Demasiado… elegante para ser algo terrenalmente humano.

Ram comprendió que esto descartaba la razón política. No obstante, Roswaal continuó hablando antes de que pudiera plantear más preguntas.

—La segunda posibilidad, la más… profundamente interesante —dijo alargándolo, con una sonrisa siniestra—, es que no fue obra de nadie en este mundo.~

Ram se tensó.

—¿Qué intenta insinuar, amo Roswaal?

El hechicero sonrió ampliamente. La luz de la lámpara de aceite parecía vibrar con su presencia, al tiempo que su tono crecía en gravedad.

—Que Emilia-sama pudo ser arrancada del tablero por algo más grande. ¿Qué tal una grieta en el destino? ¿O el interés de alguien que desea mover las corrientes más allá de esta realidad?

Ram alzó una ceja con ligera incertidumbre ante la dirección enigmática del razonamiento de su amo, pero decidió no cuestionarlo aún. Roswaal giró lentamente hasta un gran escritorio lleno de documentos, tomos antiguos y, sobre todo, el libro negro cuya tenue energía oscura parecía absorber la luz de su alrededor.

—Las predicciones del libro de Echidna no son claras últimamente… pero han sido constantemente ominosas, Ram. Las imágenes cambian. Los escenarios son cada vez más oscuros. —Abrió el libro y le mostró páginas con criaturas descomunales y paisajes de llamas y destrucción—. Este sería el destino que seguirá si no hacemos… ajustes.

Ram entrecerró los ojos mientras analizaba las grotescas ilustraciones: una bestia colosal que aplastaba ciudades, mares teñidos de rojo, y figuras encapuchadas que evocaban la presencia del Culto de la Bruja.

—Las Tres Grandes Bestias de Mabeasts… Y no una, sino todas, predicen los trazos, —explicó Roswaal—. La Ballena Blanca. El Conejo Demoniaco. El Gran Serpiente Negra. Todas despertarían. Pero también… —señaló una figura oscura y prominente—, los Siete Arzobispos del Culto de la Bruja. Ellos están próximos, Ram. Su llegada no es una simple probabilidad; es un destino alineado.

El impacto de sus palabras permaneció en el aire; Ram sabía que Roswaal no hablaba en vano.

—Entonces, si no encontramos a Lady Emilia… el apocalipsis está asegurado —dijo Ram, con una voz baja pero firme.

Roswaal cerró el libro de un golpe seco y giró hacia la noche a través de la ventana. Su sonrisa se había desvanecido.

—No sólo apocalipsis, mi querida Ram~… Sino un fin con tintes del caos absoluto desplegándose sobre el tablero.

Fin del capítulo