Capítulo 3.
Nota: Desde hace años me ha llamado mucho la atención el tema de las artes marciales y apenas con este fanfic estoy cumpliendo el sueño de escribir algo sobre ello, jejeje...
Jamie se puso de pie frente a Yun, quien seguía todavía recargado en el respaldo del sofá. Le miraba con unos ojos desafiantes, penetrándole con sus pupilas color chocolate.
«¿Por qué quiero ser fuerte?», se preguntó Jamie. Era una pregunta simple pero que requería de una respuesta sincera y rebuscada, porque sabía que Yun no aceptaría una frase vaga como respuesta válida. Muy en sus adentros pensaba que simplemente quería probar ser el mejor; patear traseros y hacerse valer. Pero entonces tuvo que tener una mejor retrospectiva y preguntarse en serio su razón para desear fuerza y habilidad. «¿Por qué quiero ser fuerte?»
—Para proteger a aquellos que lo necesitan. —Complementó—: Para mantener la paz mediante el respeto.
Debido a que Jamie dijo aquellas palabras en tono de pregunta y no tanto como una afirmación, Yun enarcó una ceja. Aun así, la respuesta funcionó bien para él y asintió levemente con la cabeza.
—Espero que estés hablando sinceramente.
Yun se levantó y caminó hacia la puerta trasera de la casa con el niño por detrás. Salieron por la parte trasera del restaurante. Hizo estiramientos para aligerar el entumecimiento y volvió a hacerse la trenza todavía teniendo el pelo húmedo. Ambos estaban a punto de salir cuando bajó Yang por las escaleras recién bañado a toda prisa, dispuesto a observar aquella inusual escena: su hermano mayor haciéndola de hermano mayor por segunda vez.
—¿Acaso pensaban comenzar sin mí? —dijo alcanzándolos.
—Nada interesante está a punto de comenzar de todas formas. —Yun se encogió de hombros.
—¡Oh, Yang! ¡Qué suerte!, ¡tú también vienes! —exclamó Jamie con mucha emoción dando pequeños saltitos de alegría.
—En realidad solo vengo a observar lo que tu maestro tiene para enseñarte, ¿no es así, shifu? —habló Yang de forma juguetona.
—¡Shifu! —exclamó el niño haciendo el saludo Bao Quan Li hacia Yun.
—¡Nada de "shifu"! ¡No soy maestro de nadie! Solo… ¡hagámoslo de una vez!, ¿quieres?
El niño asintió con una sonrisa.
—Pero Jamie, ¿vas a estar bien?, ¿ya no te duele nada? —preguntó Yang.
—¡Estoy bien! Hace falta mucho más para debilitar al gran Jamie Siu.
—Bien, ¡cuidado con mi hermano! —dijo en broma y no tan en broma.
Jamie estaba emocionado. Nunca antes, además de su abuela, había tenido la dicha de haber sido aprendiz de alguien que conociera verdaderamente las artes marciales chinas. Estaba sediento de fuerza y conocimiento; deseaba adquirir las habilidades de la familia Lee.
Mientras tanto, Yang se había ido rápidamente a la cocina por algo para picar. Comía frituras reposando en la banqueta mientras su hermano y Jamie comenzaban el entrenamiento en el patio trasero. Era un día caluroso, por lo que los gemelos llevaban shorts, sin embargo, el niño seguía llevando un pants esponjoso con el que según él era más ágil.
Para Yun, el niño no significaba peligro. Lo había visto luchar antes y sabía cómo podía frenar su ofensa y cómo romper su defensa. Era como ver a su mini yo.
Sabían que no tenían suficiente tiempo para entrenar. Según Yang, había salido por informes cuando fue a comprar la revista semanal de moda masculina, entrándose de que el retraso del torneo les daría aproximadamente cuatro días más para planear una victoria.
No era sorpresa que para los hermanos ello sonara como locura, sin embargo, volver a luchar les despertaba recuerdos de una juventud no muy lejana —quizá de cuando todavía cursaban la secundaria— y que querían volver a sentir. Ayudar a Jamie, por ende, contribuía a esos sueños perdidos.
Para sorpresa de todos, Yun ni siquiera se posicionó correctamente. Ni siquiera se molestó en quitarse la gorra. Simplemente se quedó de pie esperando a que Jamie se aproximara a él con todas sus fuerzas.
—Vamos, atácame primero.
—¿No vas a ponerte en guardia? —cuestionó Jamie muy ofendido fingiendo no estarlo.
—Claro que no. —Se puso una mano de cada lado de la cintura—. Ven con todo lo que tengas, niño. Yo me defenderé.
Sin dudarlo más, Jamie se lanzó hacia Yun, sin embargo, no para su sorpresa, el muchacho logró evadir su patada. No se rendiría tan fácil, por lo que Jamie lanzó otro puñetazo que también fue desviado con la misma rapidez. Y luego otra patada y otro puñetazo y de nuevo otra patada. Yun era veloz, ágil, intrépido. El niño no tenía oportunidad contra él.
La pelea era injusta y era obvio que no había comparación. Sin embargo, ello ayudó a que Yun pudiera ver los altibajos del chiquillo que solo maldecía cada que su maestro frenaba uno de sus golpes.
—¡Ya déjalo, Yun! —exclamó desde debajo del alero—. ¿No crees que podría aprender mejor si le explicas un poco?
Jamie jadeaba y Yun ni siquiera se inmutaba. No negaría que vio potencial en el chico, pero pensar en que pudiera llegar a hacerle un rasguño era un chiste de mala gana.
—¿Por qué no vienes aquí y le enseñas tú, hermanito? —habló Yun. Se deshizo la trenza y se hizo una coleta. Luego fue a donde su hermano y le tentó el hombro insistentemente—. ¡Anda, muévete de aquí! Tengo calor.
Yun terminó sentándose en donde había estado su hermano. Tomó su bolsa de frituras y ahora fue él quien se dispuso a observar el espectáculo.
—Bueno, Jamie —habló Yang mientras se acomodaba el short y se sacaba las sandalias—, ¿te parece mejor si soy yo quien ataca ahora?
Jamie asintió y dijo: "Claro, creo que puedo hacerlo mejor". Pero al final, estaba muy equivocado. No esperaba que hacer de defensa fuera mucho peor que hacer de ofensa. En seguida se sintió confundido y se preguntó: «¿en qué consiste la lucha de estos hombres?», pues, al ver la estancia de Yang no halló forma de sentirse seguro de atacar o defenderse.
Esperaba que, si realmente aquello que estaban por enseñarle era Bajiquan, al menos fuera la postura del LiangYi Ding. No obstante, ¿qué era aquello que veía? A Yang se le observaba relajado, ligero, concentrado, preparado en una perfecta postura del estilo Wing Chun.
Desde ese momento el niño supo que dominar la técnica no sería fácil, pero la sonrisa de su hermano Yang le proporcionó la confianza que necesitaba. Le devolvió la sonrisa y esperó por el momento oportuno para defenderse.
Para su fortuna, Yang no iba en serio. Apenas se dejó ir, Jamie supo que esa no era su verdadera fuerza y pensó en que eso estaba bien, porque ya tenía graves problemas de todas formas. El joven era veloz, se movía con confianza y aunque no tiraba golpes a matar, eran suficientes para hacer que el pequeño cuerpo del niño se desestabilizara. Jamie cayó de lleno al piso de espaldas cuando el mayor golpeó detrás en sus pantorrillas con una de sus piernas.
Yang se detuvo repentinamente. Aquella táctica tampoco estaba llegando a buenos resultados. Se aproximó a su joven aprendiz y le tendió la mano.
—Lo siento, Jamie —habló apenado en verdad—. ¿Estás bien?
—Sí… Estoy bien. —Tomó con fuerza la mano de Yang para volver a ponerse de pie cuando éste lo jaló hacia arriba. Como queriendo convencerse a sí mismo, Jamie repitió una vez más—: Estoy bien.
Yun estalló en una carcajada sosteniéndose el estómago y echándose hacia atrás con todo y la bolsa de frituras y con la gorra cayéndosele de la cabeza.
—¡¿Qué rayos fue eso?! —Siguió riendo—. ¡Yang!, ¡creí que podías hacerlo mejor!
Yang y Jamie compartieron miradas de irritación a causa de las mofas del otro.
—¡Claro que puedo! —respondió a la vez que juntaba del suelo una de sus sandalias y se la lanzaba, cosa de la que Yun no se quejó porque seguía riéndose—. ¡Solo necesito tiempo!
Yang volvió a ver a Jamie y no pudo evitar sentir pena por el chiquillo, pues estaba seguro de que no estaba recibiendo lo que esperaba y que se sentía muy desesperado. "No le hagas caso a Yun —dijo Yang—, riéndose así es como libera su estrés". Jamie le sonrió con dulzura. "No te preocupes, hermano Yang. Sé que esforzándome puedo aprender de ustedes".
Pero aquello se volvió un sueño imposible.
Para los gemelos eso de ser "maestro" era completamente nuevo. Nunca antes habían tenido necesidad de dar a conocer sus tácticas ni técnicas y ahora no hallaban la manera correcta de darse a entender. Nunca antes se habían puesto a pensar en lo difícil que ser maestro podía llegar a ser.
Quizá reír era todo lo que le quedaba a Yun luego de ver que a su hermano se le complicara la existencia por andar de amistoso. Sin embargo, en el fondo se preguntaba: «¿qué estamos haciendo mal?»
A pesar de sus esfuerzos durante los cuatro días restantes, no consiguieron que Jamie se sintiera realizado. No solamente por la carente habilidad de los hermanos para enseñar, sino también porque Jamie era un chico demasiado hiperactivo incapaz de recibir y comprender indicaciones rápidamente. Teniendo errores por los dos lados, ¿cómo habría de salir un resultado positivo de ello?
Eran alrededor de las 10:00 de la noche y el restaurante ya estaba cerrando. Hacía frío. Yang estaba poniéndose un abrigo carmesí que acababa de tomar del perchero y Yun se puso una sudadera azul, encimándose la capucha con la gorra puesta.
—No puedo creer que de verdad vayamos a acompañarlo. —Yun frunció el ceño.
—¿No te parece interesante? Hasta tú mismo dijiste que de habernos enterado antes podríamos haber participado.
—Pero este es un torneo para niños, ¿no?
—Desgraciadamente. Si no fuera así, estarías igual que Jamie: ¡insistiendo en participar para ganar!
Yun meneó la cabeza, escondiendo la mirada sin nada que decir para defenderse.
Para ese momento apareció Jamie que bajó las escaleras a toda prisa luego de vestirse apropiadamente. Había estado practicando a solas durante mucho tiempo, pues, aunque podía haber aprendido una u otra cosa de los hermanos, todo lo que le quedaba era confiar en las técnicas de la familia Siu.
Cuando emprendieron el viaje se vieron abrumados por la cantidad de personas que había en el lugar del evento, el cual, no era un sitio cerrado. Aunque se creía que todo el barrio estaría ocupado con sus propias tareas domésticas y preocupaciones personales, la verdad era que una gran multitud de personas viajaron de muchos lugares de la región tan solo para observar o ser partícipes del evento.
La entrada no fue gratuita, pero para sorpresa de todos tampoco fue demasiado cara. Los gemelos se encargaron de cubrir el gasto.
Al apenas entrar observaron con cautela a todos los participantes. Faltaban unos cuantos al principio, pero conforme fueron pasando los minutos, todos estuvieron presentes por fin. Entonces, el torneo podría comenzar muy pronto. La bulla de la gente alteró los oídos de Jamie que ya llevaba rato con sed de victoria.
Los dragones gemelos se sentaron en las gradas del sitio observando ni desde muy cerca ni desde muy lejos al chiquillo que estaba calentando desde afuera de lo que venía siendo el ring.
Para ese entonces los nervios comenzaron a consumirlo de poco en poco. No era que Jamie se sintiera capaz de perderlo todo, sino que, no estaba acostumbrado a pelear en serio en un uno contra uno contra otro alguien que tuviese su propia técnica bien pulida. Después de todo, ¿qué haría si encontraba a alguien como Yun y Yang? Salir corriendo no era una opción y dejarse matar tampoco.
Pensó en la cara de su pobre abuela que le esperaba en casa. Además, ya le había prometido que volvería victorioso a Lamma. ¿Qué sucedería entonces si no cumplía con su palabra?, ¿sería capaz de volver? E incluso si lograba ganar, ¿de verdad le gustaría volver a las montañas de aquella aburrida isla? Pensó en que incluso si ganaba o si perdía le gustaría quedarse con Yun y Yang pese a que sus métodos de enseñanza no eran los mejores, porque nunca había conocido a alguien tan fuerte. Nunca había admirado a nadie tanto como a ellos, los dragones gemelos, los reyes de las calles.
Jamie suspiró y pensó: «¿quién demonios es el invitado de las afueras que mencionó Yang?»
Y cuando la vio, sintió un cosquilleo en el estómago. No solo se sintió timado y burlado porque una de sus contrincantes era una niña de su misma edad, sino que pensó que, si había participantes de ese tipo, entonces el torneo sería una bufonada. E inmediatamente imaginó que ganar sería pan comido.
Para alimentar sus fantasías altaneras, la niñita le parecía extraña a la vista. Llevaba puesto su judogi y resaltaba no solamente por su apariencia frágil e inocente, sino también por su temple excéntrico. Tenía el pelo corto y de color rosa. Al solo verle el uniforme, Jamie pensó que estaba bien permitirse el predecir la derrota de la pobre chiquilla, pues, después de todo, ¿cómo alguien que ignoraba el arte del kung-fu se atrevía siquiera a poner un pie allí? Jamie la dio por muerta en cuanto la vio, jactándose de su ignorancia y su semblante de sentirse perdida. Entre más la miraba más creía que la joven parecía salida de Toddlers & Tiaras.
«Este no es lugar para ti», pensó él con media sonrisa sin despegarle la vista un segundo. No obstante, ella estaba distraída observando uno por uno a los muchachitos que serían sus adversarios esa noche. Todos eran niños de entre once y catorce. Todos eran varones. Todos se veían más fuertes. Todos eran más altos que ella.
El anunciador comenzó con la presentación de los participantes y el primer duelo para la clasificatoria o descalificatoria comenzó.
Nota: Chun-Li siempre será mi favorita, pero entre los nuevos personajes de SF6 fue Manon quien se ganó todo mi amor. Y ni qué decir de lo guapo que Jamie es.
¿Qué personaje de Street Fighter es tu favorito? :))
-Ary.
