Iba a ser un Arc/Ciara corto y las cosas se me fueron de las manos xd
Ignora algunos eventos de la temporada 2.
N/A al final
Here We Go...
Una vez que Ryker y sus tropas fueron derrotados, la relación de Astoria con los otros reinos mejoró. Ahora seguros, pudieron regresar a comerciar con los reinos circundantes, y a tener interacción politica con ellos. Uno de los gobiernos con el que se había perdido contacto por culpa de la guerra era Darleth, llevaban años sin saber de ellos. Habían sobrevivido a las incursiones de Ryker solo porque este estaba más interesado en Astoria.
Ahora libres de su oscura influencia, pudieron reconstruir las zonas destruidas por la guerra y recuperar el comercio con ellos.
El rey de Astoria había estado escribiéndose cartas con los reyes de Darleth. Dorian, uno de los hijos mayores del matrimonio, habia conocido a Eliza en batalla, sin que ninguno de los dos diera a conocer su linaje. Se había presentado como un guerrero más deseando acabar con Ryker, junto a un grupo de soldados que le eran leales y lo siguieron, pero en realidad había escapado de su reino para ir a pelear porque razonaba que el tirano no se conformaría solo con Astoria, si no se hacia nada contra él, pronto dirigiría su atención a otros reinos, así como había hecho con la aldea costera de Seagate cuando sus habitantes, con todo y sus habitos de pillaje, no aceptaron unirse a él. Ambos habían luchado hombro a hombro, formando primero una amistad y luego un romance basado en el respeto, admiración y afecto que desarrollaron uno por el otro. Ahora que estaban en paz, Dorian había confesado su linaje y hecho claro su deseo de unirse en matrimonio con Eliza, como era de la realeza, no iba a haber inconvenientes. Y Eliza estaba dispuesta y emocionada, porque Dorian era una persona a la que había llegado a amar, que valoraba sus habilidades y respetaba sus decisiones, que se había enamorado de ella, de la persona que era, no de su título ni de su belleza.
Cuando todo estuvo decidido, se organizó una visita de los reyes de Darleth al reino de Astoria. Irían ellos con Dorian, que era el del medio por lo que podía abandonar Darleth ya que su hermano mayor Edwin iba a quedarse a gobernar mientras sus padres se hallaban fuera, y su hermana menor, Darlene, una muchacha dulce, tímida y muy bella. Sus padres esperaban que en esa visita, su bella hija captara el ojo de algún noble de alcurnia y formar otra alianza, asegurar el bienestar de Darleth al maximo.
Ya era el día en que los reyes de Darleth llegarían. Eliza trataba de lucir tranquila y regia como se esperaría de ella, pero por dentro era un manojo de nervios. Ciara lo sabía, y jamás pensó ver a su hermana así de preocupada aunque se empeñara en disimularlo, era reconfortante poder pasar tiempo junto a su hermana y verla actuar como la joven que era y ponerse nerviosa de volver a ver a su enamorado, la hacia verse más humana.
Como era de esperarse ese día, las dos princesas debían lucir sus ropajes reales aunque ambas hubieran preferido su armadura de guerrera y sus ropas de Caballero, pero era un protocolo importante el que debían seguir por respeto a la visita de los representantes del reino vecino. Asi que ahí estaban ambas esperando, en el salón del trono cada una de pie al lado de su orgulloso padre, Eliza en un vestido azul cielo con una tiara de safiros, su cabello recogido en un elaborado peinado de trenzas, y Angelica con un vestido escarlata y una tiara de oro con un rubí en el centro, su cabello decidió que se lo dejaría con sus bucles bien definidos, brillantes y gráciles.
Los nuevos caballeros del reino también estarían presentes, para mostrar sus respetos, y por supuesto entre ellos iban a estar los amigos de Angelica, que para ellos seguía siendo Ciara. Entre ellos estaba Arc, que lucia orgulloso su armadura de caballero que se había ganado a pulso, limpiando el nombre de su aldea y de su familia, enalteciendolos al ser el primer Caballero de su línea, ayudando a vencer al tirano que había casi arrasado con su hogar. Había ido a ver a sus viejos amigos y a sus parientes luego de que todo estuvo en calma, pero regresó porque, aunque nunca olvidaría sus raíces y a las personas por las que había luchado en primer lugar, ahora sentía que su hogar estaba en Astoria.
Pero sobretodo, que su hogar estaba donde estuviera cierta princesa que sabía que estaba muy por encima de su alcance. Dicha princesa estaba en la sala del trono, luciendo muy bonita aunque él pensará que lucia mucho mejor en su atuendo de Caballero. Estaban esperando la llegada de la comitiva, que ya había entrado al reino y estaban dirigiéndose en su carrueje hasta el Castillo. Ellos estaban formados afuera para presentar sus respetos, así que cuando el tumulto los alcanzó y el murmullo de la gente se hizo más fuerte, se prepararon para recibir a los invitados. El sonido de los cascos de los caballos y las ruedas del carro se oyeron entre el ruido generado por la gente, y por la calle principal vieron a la comitiva acercarse. Caballeros de Darleth iban escoltando el carruaje real, llevando sus estandartes con los colores del reino junto al escudo de la familia real.
El transporte se detuvo dentro del patio de armas, todos los caballeros se detuvieron y saludaron respetuosamente antes de que el conductor se bajara para abrir la puerta y que salieran los invitados. Primero fue el rey Alastair, quien ayudó a bajar a su esposa, la reina Lyssandra. Le siguió su hijo, Dorian, sus rulos rojizos contrastando con su piel pálida. Era un joven alto y de rostro endurecido por los años de batalla. Él ayudó a bajar a su hermana, Darlene.
Realmente era muy hermosa, Warwick jadeó de la impresión y Prudy le dió un codazo para que se comportara -quitándole el aire. Arc solo sonrió levemente, manteniendo su semblante respetuoso. Aunque él también podía admirar su encanto. Darlene tenía el cabello rojo anaranjado, como el fuego, recogido en una larga trenza, su piel era blanca pero no tan pálida como la de su hermano, sus rasgos eran delicados, manos pequeñas y boca fina de labios rosa. Y la tiara que traia era plateada con tres piedras preciosas del mismo color que sus ojos, que eran color turquesa, grandes y muy llamativos.
La joven sonrió de forma recatada, y los caballeros y todos los presentes se inclinaron de forma respetuosa antes de que los reyes y sus hijos siguieran su camino hacia el interior del castillo hasta la sala del trono. Ahí dentro, los reyes presentaron sus respetos al monarca de Astoria. Ciara contuvo una sonrisa pícara al notar como los ojos azules del príncipe Dorian se clavaban con intensidad en su hermana Eliza, y como ella le devolvía el gesto con una sonrisa educada y luchaba para no dejarse llevar y simplemente correr hacia él. Después de unas palabras cordiales de protocolo, el rey de Astoria, propio de él, se relajó e invitó a sus viejos amigos a su estudio para charlar, mientras daba su consentimiento para que Eliza pudiera darle la bienvenida a su prometido y pasear con el por el Castillo, para que empezara a conocer lo que se convertiría en su hogar. Ciara notó la mirada cómplice que intercambiaron los padres de Dorian y su propio padre, y ella sonrió discretamente.
Dorian y Eliza no perdieron tiempo, el príncipe se le acercó con ojos chispeantes, le hizo una reverencia y le ofreció su brazo, luego esbozó la más discreta pero brillante de las sonrisas cuando su prometida acepto. Ambos salieron caminado por una puerta lateral hacia el patio, y como se esperaba de ambas princesas menores, ellas salieron tras sus hermanos para acompañarlos a cierta distancia para darles privacidad.
Ambos jovenes iban en su propio mundo hablando en voz alta pero estando lejos no se podía oír de que hablaban, y de vez en cuando la risa estridente de Eliza podía oírse romper la tranquilidad del ambiente. Ciara estaba feliz de que su hermana hubiera encontrado a alguien que pudiera hacer que riera de esa forma. Miró a su lado a Darlene, que era muy diferente de su hermano. Era callada, demasiado. O quizas era que ella se había acostumbrado a sus amigos del escuadrón, hablandines y ruidosos. Divertidos. Tal vez Darlene solo era muy tímida pero con un empujoncito la haria conversar.
"Se ven muy felices juntos."
Darlene la miró, sonriendo amistosa. "Sí. Mi hermano estaba ansioso por llegar, no dejaba de preguntar cuanto faltaba."
Ciara sonrió. Darlene no era muda. "¿A ti también te sorprendió que Dorian te hablara sobre Eliza? Porque yo no supe sobre ese romance hasta que terminó la guerra con Ryker y llegó una carta para ella."
"Dorian se ausentó mucho tiempo, pero supe de Eliza por las cartas que mi hermano enviaba." Explicó Darlene. "Aunque no dijo el nombre de la joven, solo que era muy valiente y decidida."
"Eliza no sabía que se trataba de un príncipe." Comentó Ciara.
"Dorian no sabía que ella era de la realeza tampoco." Señaló la otra princesa. "Su hermana, Princesa Angelica, también escondió su identidad para poder pasar desapercibida."
"No me digas Princesa en privado, seremos como hermanas ahora, puedes llamarme Ciara." Pidió sonriéndole.
Darlene la miró confundida. "¿Ciara? ¿Su nombre no es Angelica?"
La princesa de Astoria sonrió de forma traviesa. "Déjame que te lo explique..."
Ciara le contó como se las había arreglado para entrar a la Escuela de Caballeros para poder pelear por su reino, aún yendo en contra de los deseos de su padre. Darlene la escuchó admirada, pues su naturaleza delicada y serena le habrían impedido a ella actuar de esa manera. Ella era más sedentaria, ocupándose de los asuntos legales del reino, desde la quietud y soledad de un estudio.
"Es muy admirable lo que hiciste." Dijo cuando Ciara terminó. "Ojalá yo pudiera ser como tu, pero soy más bien un ratón asustadizo."
"Bueno, por lo que me dijiste de los deberes de los que te ocupas, eres muy inteligente y paciente. Eso también es necesario, sobretodo para el papeleo y asuntos legales. Con ello tanto yo como Eliza batallamos." Bromeó Ciara.
"Dorian es ambos un guerrero y un estudioso. Sacó lo bueno de ambos de nuestros padres."
"Entonces se van a complementar muy bien."
Ciara miró hacia donde Eliza, viendo como su mano se entrelazaba con la de Dorian mientras caminaban, hablando de nuevo en tranquilidad.
Después de aquella caminata, en la que ambas muchachas hablaron un poco más –aunque Ciara más que Darlene- se retiraron a sus aposentos antes de reunirse para comer. La princesa de Astoria se fue a cambiarse por medio de su anillo -el cual aun utilizaba porque era más cómodo. Una vez que pasó el almuerzo, ella volvió a cambiarse para poder reunirse con sus amigos y continuar sus prácticas como siempre, aunque ya fueran Caballeros, no era excusa para dejar de mantenerse en forma. Además que así podía seguir pasando tiempo con sus amigos.
Como se esperó, después de entrenar, sus amigos le preguntaron por sus invitados, Warwick más interesado en la princesa Darlene que en otra cosa.
"Es agradable pero muy reservada, hablamos un poco, me contó como es Darleth, me gustaría visitarlo cuando Eliza vaya para conocerlo."
"Yo pasé por ahí en mi camino hacia aquí," mencionó Arc, "aunque vi el reino desde lejos, está rodeado de campos de cultivo... me robé algunas naranjas para el camino."
Sus amigos, acostumbrados a sus bromas y ese rasgo de su comportamiento que seguía presente, solo rieron.
"Pues a mi me gustaría conocer mejor a su princesa..." dijo Warwick, suspirando mientras miraba al vacío.
"Esperemos que no termine siendo como tu ex." Bromeó Arc con una media sonrisa.
Ese comentario hizo que Warwick se pusiera nervioso y miró a Ciara.
"Tranquilo, Darlene no es nada como tu ex... afortunadamente, o sería terrible tenerla en la familia." Lo tranquilizó la princesa.
Sus amigos rieron y Warwick exhaló aliviado.
Para decepción de Warwick, esa tarde no se cruzaron con la Princesa Darlene, según Ciara, le gustaba quedarse en interiores, siendo timida como era, le costaba relacionarse con otros ajenos a su familia. Sin embargo, un par de días después de que hubieron llegado a Astoria, tuvieron su primer acercamiento con ella.
Los chicos habían estado entrenando, haciendo duelos con espadas entre ellos, turnándose y dando sus opiniones sobre lo que podían mejorar. Arc se detuvo un momento para tomar agua, y desde esa posición, en sus ojos se reflejó el destello de metal. Entrecerró los ojos y, al mirar en esa dirección, vio una figura parada al umbral de una de las puertas del Castillo. Era delgada y bajita, su cabello rojo brillaba como el fuego bajo la luz del sol, y lo que lo había encandilado había sido el destello de las joyas incrustadas en la tiara perteneciente a la princesa de Darleth. Al cruzar miradas, le sonrió amistoso y caminó hacia ella, haciendo una reverencia al estar a cierta distancia, había aprendido el protocolo de tanto pasar tiempo junto a Ciara, más que nada para que viera que se tomaba lo de ser Caballero muy en serio.
Darlene le sonrió con torpeza, poniéndose nerviosa de súbito, pero teniendo que mantener la imagen de princesa perfecta, se quedó en su sitio, tranquilizando su corazón.
"Princesa Darlene, ¿cómo esta? ¿Qué la trae al patio de entrenamiento?" preguntó Arc luego de reverenciarla.
La joven apartó un mechón rojizo que caía a un lado de su rostro, por puros nervios más que porque le molestara realmente, sus ojos turquesa desviándose para evitar los azules de él por timidez.
"Me aburría en la habitación, así que quise dar un paseo al aire libre." Respondió la joven. "Lo siento, no queria interrumpir su entrenamiento, pero los vi y me dio curiosidad."
"No interrumpe nada, Alteza. Justo estaba tomando un descanso... ¿quiere acercarse?" Arc, queriendo quedar bien con los invitados de la familia real, trataba de comportarse lo más amistoso pero educado posible, por lo que le ofreció el brazo, dando una de sus características sonrisas.
Darlene se puso colorada de las mejillas, un poco ofuscada por la atención. Estaba acostumbrada por su posición, pero no por ello que un joven apuesto y simpático le dirigiera la palabra, por más que fuera solo por educación, dejaba de ponerla nerviosa. Sin embargo, asintió y aceptó ser escoltada por él.
"Sería un placer... eh... disculpe, no sé su nombre."
El joven sonrió de nuevo. "Arc, Su Alteza, para servirle."
Arc escoltó a la princesa de Darleth hacia donde estaban sus amigos. Warwick fue quien lo notó primero, el rostro se le iluminó al ver que traía del brazo a la princesa. Ciara aprovechó la distracción de Warwick para derribarlo.
"Siempre mantén la guardia en alto, la más minima distracción te puede hacer caer." Dijo Ciara, triunfante.
"No pueden culparme por distraerme." Se defendió el chico, poniéndose de pie, con sus ojos aún puestos en las figuras acercándose.
Ciara lo siguió con la mirada, y vio a Darlene viniendo del brazo de Arc. Este venía contándole algo interesante porque la joven princesa reía con suavidad y recato, pero de forma genuina.
Prudy y Warwick -este último muy emocionado- le hicieron reverencia.
"Princesa, es un honor tenerla aquí." Dijo el chico.
Arc sonrió de lado discretamente. Darlene inclinó la cabeza en saludo con una sonrisa.
"¿Qué te trae por aquí?" Preguntó Ciara. Después del almuerzo la había oído mencionar que iría a su habitación a revisar unos documentos que había traido. No la veia como alguien que se interesara mucho en ver entrenamientos.
"Oh, solo salí a tomar aire fresco y los vi. No quería interrumpir pero Sir Arc me dijo que podía acercarme a ver si lo deseaba... no seré una molestia, ¿verdad?" Preguntó insegura.
Ciara le sonrió cortes. "Claro que no, puedes vernos tener un duelo de práctica si quieres, pero quizas quieras hacerlo de lejos."
"Me encantaría verlos." Aceptó sonriente.
Arc la acompañó a uno de los bancos de piedra, sentándose con ella para preguntarle sus impresiones mientras Ciara tenía un duelo de espadas con Prudy y Warwick descansaba un momento, prestándo más atención a Darlene que al duelo.
Ciara trataba de concentrarse y lucirse. Le había dicho a la princesa de Darleth que ella era una excelente espadachina y duelista, no quería parecer como si fueran palabras para enaltecerse sin fundamentos. Pero encontró que se le hacia difícil concentrarse en el duelo porque por el rabillo del ojo veia a Arc hablando muy amenamente con Darlene, cuyas mejillas estaban rosas como si hubiera hecho ejercicio pero solo había estado hablando con Arc, o más bien, oyéndole explicarle cosas sobre el arte de la espada, porque era él quien más hablaba. Su amigo tenía los ojos puestos la mayor parte del tiempo en el duelo, solo de vez en cuando desviando la mirada para dirigirla a Darlene. Pero ella prestaba absoluta atención al Caballero con una tímida sonrisa en sus labios.
Aun distraída, Ciara venció a Prudy, aunque con cierta dificultad por la fuerza de la medio gigante. La espada de su compañera cayó al suelo y Ciara dio un paso atrás, dirigiéndo su mirada a su público. Arc sonreía ampliamente, y aplaudió. Darlene aplaudió por inercia pero seguía mirando encantada a su acompañante.
"Bueno, es mi turno, Alteza."
Arc se levantó, soltando delicadamente el brazo de la princesa, en cuyo rostro se dibujó la decepción cuando él se alejó de su lado para recoger su espada y prepararse para pelear. Warwick se sentó en el lugar que antes ocupó Arc, sonriéndole de forma coqueta a la princesa, pero Ciara notó, mientras se ponía en posición, que Darlene no parecia igual de alegre con el otro muchacho. No fue grosera, siguió sonriedo, pero era un gesto educado más que cálido y genuino. Evidentemente prefería la companía de Arc.
Empezó el duelo, y Ciara, ahora concentrada en Arc que ya no estaba sentado junto a la princesa sino frente a ella, de pie y con la espada en alto, ya no se distrajo tanto. Se movieron en el patio de un lado a otro, retrocediendo o haciendo retroceder al otro, con movimientos rápidos y precisos, rodando, esquivando y empujando. Arc tenía una pequeña sonrisa de diversión, nada le gustaba más que sus duelos contra la princesa, bueno, tal vez la comida. Y la princesa en sí. Era imposible no maravillarse con lo ágil que era con la espada, su ligereza ayudaba a que pudiera evadir sus embates más fácil, compensando la fuerza de estos que él poseía. Sus pies eran muy rápidos también, además de fuertes, permitiéndole deslizarse suavemente sobre el terreno, buscando que él bajara la guardia y utilizar ese momento de distracción para atacar.
Estuvieron en esa danza un buen rato, tanto que empezaron a sudar del agotamiento. Arc alzó una mano para secarse la frente mientras detenía la espada de Ciara. Ella se recriminó a si misma no haberse recogido el cabello antes de empezar con él. Los duelos con Arc siempre se alargaban y ambos terminaban agotados y agitados. Fue uno de esos traicioneros bucles el culpable de que se le obstruyera la visión. Esos segundos bastaron para que Arc intentara derribarla, pero Ciara reaccionó a tiempo, alzando la espada. Ambos quedaron trabados, haciendo fuerza para hacer caer la espada del otro. Y en un último intento por salir victoriosa, Ciara barrió con su pie las piernas de su compañero. Arc se desestabilizó, y cayó hacia atrás, pero no sin llevarse a Ciara junto con él.
Cayeron enredados uno con el otro, Arc llevándose la peor parte por caer de espaldas y soportar el golpe de la princesa sobre él. Por un momento quedaron en el suelo, aturdidos, Arc cerrando los ojos y dando un débil quejido de dolor. Ciara se recuperó más rápido, usando sus manos para levantarse de sobre su compañero, apoyando las palmas a cada lado de su cuerpo.
"Creo que volví a vencerte, Sir Arc." Se jactó, mirándolo con una sonrisa de suficiencia.
El chico entreabrió los ojos, sonriendo de forma torcida.
"Lo dice como si fuera algo habitual, Princesa."
"¿No lo es?" Ciara sonrió de lado, sentándose y cruzando los brazos. "Si no me equivoco, estadísticamente, gano 2 de 3 duelos."
Sin embargo, Arc no respondió de inmediato. Ciara entonces notó como sus mejillas se volvieron rosadas de repente, y sus ojos azules se desviaron rápidamente a un lado como en vergüenza.
"Eh... sí, tiene razón, Princesa, ahora... ¿le importaría...?" No terminó su petición, solo hizo un gesto con la mano.
Ciara hizo una leve mueca de bochorno y se levantó lo más rápido pero dignamente posible, ignorando las miradas de sus amigos. Arc le sonrió agradecido y se puso de pie, sacudiéndose la ropa.
"¿Estás bien? Esa caída se vio dolorosa."
Darlene se había pusto de pie y acercado a él, mirandolo extrañada. Arc le sonrió, agitando la mano.
"Estoy bien, Alteza, no pasó nada." Le aseguró.
Darlene lo observó dudosa, pero al ver que Arc no parecía herido de gravedad, no insistió.
"Fue un duelo muy intenso." Señaló la joven. "Ustedes son muy buenos, me gustaría poder pelear así, pero ya me resigné a que soy muy torpe para eso." Se lamentó con tono bromista.
"Todos tenemos nuestros puntos fuertes, la Princesa Angelica mencionó que es muy versada en leyes y estatutos de tu reino y que ayuda a resolver asuntos legales, eso también es importante para defender los derechos de tus súbditos." Opinó Arc.
Sus palabras hicieron que otra pequeña y dulce sonrisa brotara de labios de la princesa pelirroja.
"Gracias, eso es muy amable."
"Solo es la verdad. Bien, me encantaría quedarme, Alteza, pero me esperan un baño y la cena." Anunció, oliéndose y haciendo una mueca de asco al sudor en su ropa.
La princesa de Darleth sonrió suavemente. "Fue un gusto conocerte. A todos." añadió, mirando a los otros dos. "Creo que también regresaré a mis habitaciones."
"Déjeme acompañarla, Su Alteza." Ofreció Warwick, tendiéndole su brazo.
Con una mueca de sonrisa educada, Darlene lo aceptó. Luego volvió a mirarlos y le sonrió dulcemente a Arc una vez más -a Ciara le pareció que le batió las pestañas, pero no estaba segura- antes de dejar que el otro muchacho la llevara de vuelta al interior del Castillo y a sus habitaciones.
El joven rubio le sonrió de vuelta, solo que de manera más amistosa antes de volverse hacia las otras dos chicas.
"Tenías razón, Ciara," comentó, girándose hacia ella. "Es muy callada. Tuve que hacer la mayor parte de la conversación."
Ciara alzó una ceja, con una expresión que rozaba la burla. "Pues se nota que lo manejaste muy bien para ser tú."
Arc sonrió, encogiéndose de hombros. "Hablé de cosas de combate más que nada, pero pareció gustarle ese tema."
Prudence, que había estado solo observando, lo miró con picardía. "O más bien… le gustó algo más," mencionó, mirando significativamente a Arc.
Él, como de costumbre, no captó la indirecta. "Quizás nunca le interesó eso hasta ahora... Bueno, debo ir a darme una ducha. Apesto a pantano de ogro."
"Eso es una ofensa a los ogros," respondió Ciara con una sonrisa burlona.
Arc soltó una risa, les hizo un saludo perezoso con la mano y se alejó, tarareando una melodía que nadie reconoció.
Ciara lo siguió con la mirada, y por un momento, su expresión se suavizó. Cuando regresó la vista a Prudence, se encontró con una mirada escrutadora.
"¿Qué tanto me ves?" preguntó, alzando la barbilla con cierta incomodidad.
"Yo también me di cuenta de que a Darlene le gustó Arc," comentó Prudence.
Ciara resopló, intentando sonar divertida. "Es difícil no darse cuenta. Se le pegó como sanguijuela..."
"¿Y eso cómo te hace sentir?" preguntó su amiga con falsa inocencia, ladeando la cabeza.
"¿Cómo debería hacerme sentir?" preguntó Ciara, riendo con incredulidad.
Prudence entrecerró los ojos, con una sonrisita en los labios. "Arc se vio muy cómodo con ella… se notaba que le gustó su compañía."
Por un momento, Ciara no respondió nada porque se quedó pensando en lo que su amiga dijo. Arc sí se había mostrado amable, pero no le pareció que fuera algo fuera de lo normal, su amigo era generalmente educado y simpático con todos, y obviamente un caballero con las damas, y claramente sería muy cortes y respetuoso con una princesa de un reino vecino. Él muchas veces había dejado en claro que quería dejar bien a su aldea a ojos de todos, así que no iba a ser descortes con una miembro de la realeza. Finalmente rodó los ojos.
"Arc estaba siendo amable, sabes bien que quiere que dejen de ver Seagate como un nido de ladrones, ¿quien mejor que una princesa de otro reino para corroborar que un ladrón puede convertirse en Caballero?." Aseguró con despreocupación.
Prudence notó la vacilación de Ciara antes de responder pero decidió no presionar a su amiga. Y es que la dulce medio gigante había notado la manera en que ambos se miraban a veces, la pequeña sonrisa especial en el rostro de Arc cuando Ciara debía cumplir con tareas reales y llevaba sus ropajes exquisitos y joyas, las miradas furtivas de la princesa hacia el Caballero cuando lo dejaba usar el patio para entrenar en privado y no ser acosado por muchachas del reino -sí, eso le pasaba y Ciara, aparte de reirse de aquello, también se aseguraba de que ninguna de esas chicas lo fastidiara, aunque Prudy estaba segura que había algo más aparte de camaradería. Pero eso era algo que no podría asegurar hasta que Ciara misma lo confirmara. Y eso no parecia que fuera a pasar pronto.
El compromiso de Eliza y Dorian era un asunto muy importante y no podían simplemente anunciarlo, debían hacer un baile para celebrar la feliz ocasión, además que sería una manera de demostrar que la época de oscuridad por la que todos habían pasado había quedado atrás y podían mirar al futuro sin miedo.
Así que la estadía de los representantes de Darleth se extendió por un par de semanas más en lo que se hacían los preparativos para la celebración en el castillo. A Darlene no le importó quedarse un poco más, porque eso significaba poder pasar más tiempo cerca de un particular Caballero que usualmente se encontraba en el Castillo, ya sea entrenando o simplemente pasando el rato con la Capitana de su Escuadrón y el resto de sus amigos.
Arc era un chico muy agradable, simpático, divertido y encantador, ella era tímida pero con él era fácil hablar porque no estaba obligada a seguir un protocolo extenuante ni a ser todo el tiempo evaluada por sus ojos azules, buscando cualquier defecto para señalarlo. Había inquirido sobre él a la princesa Ciara, tratando de ser sutil, descubriendo que había huido del cautiverio en los calabozos de Ryker para unirse a la Escuela de Caballeros y poder ayudar a derrotar al tirano que había conquistado su aldea, a pesar de no ser sangre de dragón. Se había arriesgado por una causa noble, y su admiración por él creció aun más. Darlene buscaba maneras de encontrarse con él en diferentes partes del Castillo, mas o menos sabía sus movimientos para coincidir con él, siempre haciéndolo en diferentes puntos para no ser muy obvia. Arc por su parte, parecía no notarlo, para él solo era coincidencia que la princesa de Darleth cruzara caminos con él, se lo esperaba porque a ella le gustaba pasear por los patios y jardines, y él andaba mucho por ahí.
La que rápido se dio cuenta de lo que pasaba fue Ciara, era claro para ella que Darlene buscaba cruzarse con Arc a propósito para hablar y pasear con él, y varias veces la había visto quedarse observándolo desde las puertas del Castillo mientras él entrenaba. Y aunque su amigo no se diera cuenta de nada, parecía disfrutar mucho de su compañía. Como en ese momento, que los vio en uno de los ventanales del Castillo, sentados en el alféizar. Había llovido toda la mañana, y de sus amigos, solo Arc se hallaba en el Castillo. No se les acercó de inmediato, sino que se quedó quieta, afilando el oído para escuchar de qué podían estar hablando ahora.
"¿Cómo es Seagate? Solo sé que está cerca de la costa."
"Hay partes de la aldea que aun están en reconstrucción, en su mayoría esta formada por casitas de piedra con tejados rojos y calles empedradas... Estamos a metros de un acantilado, y tenemos una pequeña playa donde está el muelle."
Darlene bajó la mirada pensativa. "Nunca he visto el mar. Con Ryker rondando, mis padres temían por mi seguridad. Prácticamente nunca salí de Darleth. Este es mi primer viaje lejos de casa."
"Bueno, ahora que Ryker ya no es un problema, podrías darte una vuelta un día." Propuso entusiasmado. "Te aseguro que te va a gustar. No tenemos castillos impresionantes, pero puedes tomar el sol en la playa, o, si te animas, puedes subirte a un barco y navegar por la costa."
No la estaba llamando como dictaba el protocolo. No había "Su Alteza" o "Princesa" entre oraciones, sino un trato más informal. Como el que Arc solía tener con ella misma cuando estaban solos o con sus amigos.
La princesa sonrió. "Eso me gustaría mucho. Espero no marearme y hacer el ridículo."
Arc soltó una risa baja. "Te acostumbrarás. Y cuando lo haces... no hay nada más bello que el mar."
"¿Extrañas Seagate?"
Arc miró por la ventana a la tenue lluvia cayendo sobre el patio. "Un poco. Pero cuando estoy allá, también extraño aquí." Sus ojos regresaron a la princesa. "Seagate es mi tierra natal, pero Astoria... se ha convertido en mi hogar."
Darlene asintió. "Astoria es muy linda también. Me gustaría explorar el bosque, pero jamás me dejarían ir sola... y creo que tampoco me animaría."
"Y no lo recomiendo si uno no está entrenado para defenderse de los peligros del bosque. A veces con mis amigos entrenamos ahí, hay un claro con un lago muy bonito. Podrías venir con nosotros. ¿Sabes cabalgar?"
"... No." Admitió, avergonzada.
Arc le dio con una sonrisa tranquila. A veces olvidaba que no todas las princesas eran como Ciara. "Entonces puedes cabalgar conmigo, si lo deseas. Prometo que iré despacio... y que estarás segura."
Darlene sonrió, asintiendo.
Ambos quedaron en silencio.
Arc, con la mirada perdida más allá del vidrio cubierto de gotas, sonreía de forma serena, como si la lluvia le trajera recuerdos lejanos. Darlene, en cambio, lo miraba a él. Discretamente. Con una sonrisa leve en los labios, como quien contempla algo que le provoca calma.
Fue entonces cuando Ciara decidió hacerse notar.
El eco de sus pasos resonó en el corredor de piedra, marcando su presencia. Arc volteó primero. Al verla, su rostro se iluminó con esa sonrisa brillante que solía tener solo para ella.
Ella llevaba un vestido real de tonos borgoña y oro, la tiara descansando sobre su cabello suelto. Su amigo se levantó del alféizar con agilidad, haciendo una pequeña inclinación con la cabeza.
"Buenos dias, Princesa."
"Buenos dias Arc, Darlene." los saludó con una sonrisa educada.
Darlene movió la cabeza con elegancia, devolviendo el saludo. "Ciara."
"No sabía que estabas en el castillo." Mencionó Ciara, mirando a su amigo.
"Vine temprano, pero me sorprendió la lluvia, así que me quedé por aquí... y me crucé con la Princesa Darlene."
La princesa le dio una sonrisa amable. "Me contó cosas muy interesantes de Seagate. Espero conocer su aldea un día."
Ciara alzó una ceja, sin borrar su sonrisa. "¿Ah, sí?" Desvió la mirada hacia Arc. "¿Le advertiste que tenga cuidado con sus joyas?"
El chico sonrió con una mueca torcida y la señaló con el indice. "Iba a hacerlo..."
Darlene los miró alternadamente, confundida. "¿De qué hablan?"
Arc la miro, medio divertido, medio culpable. "Bueno… mi gente es conocida por tener..." alzó las manos e hizo un movimiento en el aire desplegando los dedos, "manos ágiles."
Darlene ladeó la cabeza. "¿Manos ágiles?"
El chico suspiró resignado. "Pues… somos conocidos por ser ladrones." Admitió.
"Oh..."
"Sí, si quiere visitarnos, Alteza, no le recomiendo llevar esa tiara. Es... muy tentadora." Bromeó, señalando a su cabeza rojiza.
Darlene se llevó una mano a la tiara de forma instintiva, pero luego soltó una risa ligera. "Bueno, tengo muchas de estas, no me importaría perder una si al menos me subo a un barco."
Arc sonrió con alivio. No todos reaccionaban tan bien al mencionar la reputación de Seagate. Darlene no solo no se escandalizaba, sino que parecía dispuesta a adaptarse. Le agradaba eso de ella, no quería que los futuros parientes de Ciara lo vieran con malos ojos.
"Nos estamos reformando." Aclaró el chico. "Pero va a llevar un poco de tiempo, los hábitos viejos son difíciles de olvidar."
"Bueno, te convertiste en Caballero, eso seguro impresiona a otros y los impulsa a desear algo más para su vida." Opinó Darlene, y con una leve vacilación, se atrevió a colocar una de sus delicadas manos en su brazo, sonriéndole de forma animadora.
Arc apenas notó el gesto como algo simplemente amistoso, y sonrió orgulloso. "Eso espero."
Se oyeron más pasos acercándose, se trataba de un sirviente que, a una distancia prudente, hizo una reverencia.
"Altezas, la cena está lista, se requiere su presencia en el comedor." Anunció.
Ciara asintió con una sonrisa educada. "Claro, ya vamos."
El sirviente se retiró con una inclinación de cabeza. Arc suspiró suavemente.
"Bien, creo que ya debería irme, también es hora de mi cena." Miró a ambas princesas e inclinó la cabeza. "Nos vemos, Princesa Angelica, Princesa Darlene, fue un placer."
Darlene frunció los labios, visiblemente decepcionada.
"Pero… está lloviendo mucho…" dijo, haciendo que se detuviera, y miró a la lluvia que había aumentado de nuevo. "¿Seguro te tienes que ir?"
Arc se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada. "No es nada a lo que no esté acostumbrado, Su Alteza. Solo me mojaré un poco hasta que llegue a la posada donde me estoy quedando."
"¿Te quedas en una posada?" preguntó Darlene, sorprendida.
"Es hasta que ahorre suficiente para comprar una casa." Respondió Arc.
Darlene lo miró preocupada. "Bueno, eso es absurdo. No puedes irte con este clima. Podrías resfriarte."
Arc soltó una risa corta. "He tenido peores días, Su Alteza."
"Quédate en el castillo," insistió Darlene. "Al menos por esta noche. Hay cuartos de sobra, y estoy segura de que nadie se opondrá, ¿verdad?"
Darlene miró a Ciara, como suplicando que lo hiciera quedarse, ella había dicho que era su amigo, no dejaría a un amigo a su suerte en esas condiciones, ¿no?
"No, no, no es necesario." Se negó el joven. "Agradezco mucho la intención, Princesa Darlene, pero estoy bien. No quiero incomodar a nadie."
Ciara, siendo él su amigo y no queriendo quedar como una persona insensible ante una princesa que era toda dulzura y encanto, decidió cambiar las reglas del castillo y darle asilo.
"No incomodas a nadie, Arc. Eres más que bienvenido a quedarte si quieres." Afirmó Ciara.
Arc parpadeó, sorprendido por su oferta. "¿En serio, Su Alteza?" Preguntó incrédulo.
La princesa le sonrió. "Claro, somos amigos, no puedo dejarte en la calle con esta tormenta. A menos que prefieras empaparte."
Él sonrió. "Bueno… si lo dice así, Princesa… supongo que no me vendría mal una cama seca."
Darlene sonrió. "Perfecto... ¿hay algún problema si lo invito a comer junto con nosotros?"
Arc se puso nervioso ante la perspectiva de compartir la mesa con los nobles, sus modales no eran los más refinados para una ocasión como esa. Hasta ahí llegaba su atrevimiento.
"No creo que sea lo más apropiado, Princesa, ya está haciendo suficiente por mi, me conformaría con que me dejaran pasar por la cocina y buscarme algo."
"Puedes comer con el resto del personal del Castillo, ya te conocen así que no habrá ningún problema con eso." Aseguró Ciara. "Puedes comer todo lo que quieras."
El rostro de Arc se iluminó a la mención de "comida" y "todo lo que quieras". Le dio a su amiga una enorme sonrisa.
"Gracias, Princesas. No las retrasaré más, buenas noches." De nuevo las reverenció a ambas y se marchó en una dirección diferente, con su mente ya pensando en la comida gratis que le esperaba.
Las dos princesas lo vieron alejarse, Ciara mirando de soslayo a la sonrisa suave y anhelante de la otra joven. "¿Vamos, Darlene?"
La pelirroja pareció despertar de su trance y asintió, empezando a caminar junto a Ciara hacia el comedor.
Al día siguiente no le sorprendió ver a Darlene levantada temprano, andando sin rumbo por el Castillo, esperando por Arc. Pero era una espera inútil porque el día seguía lluvioso, y Arc no se levantaba temprano si no había una razón de peso. Sin embargo, se sorprendió al verlo cuando apenas clareaba el día, vestido y listo. Aunque comprendió sus razones para cambiar su rutina cuando se cruzó con la Princesa Darlene como tantas veces, aceptando acompañarla hasta uno de los ventanales superiores. Una de las habilidades de Darlene era el dibujo, y quería retratar lo que se veía de Astoria bajo la lluvia que caía, y no le vendría mal que Arc le diera su opinión de su obra. El Caballero la acompañó sin objeción, sonriéndole amistosamente, ofreciéndose a cargarle los materiales y haciéndole preguntas sobre su pasatiempo, las cuales Darlene respondió gustosa.
Ciara los vio alejarse y doblar para subir por las escaleras, sus voces perdiéndose entre el sonido de la lluvia. Tuvo la tentación de seguirlos, pero se contuvo, no era de su incumbencia que Darlene quisiera pasar tiempo con Arc. Él era un chico simpático, aunque al principio le hubiera caído un poco mal, sabía ganarse a las personas, como lo había hecho con ella, con Eliza y con su padre el Rey. Obviamente una joven como Darlene, así de tímida, encontraría la compañía de Arc muy agradable.
La Princesa resopló frustrada consigo misma cuando se encontró de pie y quieta en ese pasillo, pensando en su amigo y en la situación con Darlene. Sacudió la cabeza y retomó su camino, apartando cualquier pensamiento sobre Arc o Darlene de su mente.
No era de su incumbencia, no le afectaba en nada.
La noche de la celebración por fin llegó. Todos los nobles fueron invitados al evento, el anuncio oficial del compromiso entre el Príncipe Dorian de Darleth y La Princesa Eliza de Astoria. De nuevo, la princesa Angelica se vio en la obligación de llevar un vestido de gala, teniendo que saltarse la práctica de ese día para estar preparada para esa noche, pues iban a peinarla y vestirla. En realidad le agradaba todo eso, solo lamentaba no haber podido pasar un rato del día junto a sus amigos. Ellos también habían sido invitados, por ser amigos cercanos de la princesa Angelica y además haber ayudado a derrotar a Ryker y luego demostrar su valía una y otra vez, Eliza le había hecho el favor porque sabía que su hermana iba a preferir la compañía de sus amigos del escuadrón a la de los jovenes nobles de Astoria y otros reinos. Los hijos de los nobles ya habían empezado a demostrar su interés en ella, y Angelica no lo disfrutaba. De hecho, Eliza sospechaba que su hermana menor preferia la compañía de un Caballero en particular y que el joven iba a tenerla a su lado toda la noche, mientras ella evitaba a los más insistentes de sus pretendientes.
Sin embargo, esa noche la Princesa Darlene también sería motivo de interés. Los rumores de su belleza habían llegado a oídos de los nobles, así como su naturaleza dulce y calmada. Todos prestaron atención cuando fue anuciada al aparecer del brazo de su hermano, su apariencia deslumbrando a muchos de los asistentes. Su vestido color esmeralda resaltaba su cabello rojo y su piel blanquecina, haciendo juego con sus ojos turquesa. La joven estaba nerviosa, muy pocas veces había estado en ese tipo de eventos, y este era el primero en otro reino, con otras personas. Como le habían enseñado, ocultó su nerviosismo detrás de una sonrisa recatada, y aunque sus ojos trataban de no detenerse en nadie en particular para no entrar en pánico, si lo hicieron cuando divisó a Arc, en ropas finas que había comprado para la ocasión.
Este era el primer evento de esa magnitud a la que era invitado, por suerte le habían comunicado su participación con tiempo, para así poder buscarse algo acorde a la ocasión. No creía que sus ropas formales fueran adecuadas, no quería dar una mala impresión en el compromiso de la Princesa y decepcionar a Ciara. Así que le pidió ayuda a Dorian para que le aconsejara en qué vestimenta comprarse. El Príncipe le había parecido un joven despreocupado y jovial, con un aire rudo y audaz después de coincidir con él en uno de sus entrenamientos por el Castillo, y este no tuvo problemas en tender una mano al joven Caballero, que también se le hacia genial. Quedaron en encontrarse una tarde a las afueras del castillo, y Dorian se disfrazó para poder salir y caminar sin ser reconocido. Pasaron unas horas en el mercado, el Principe lo llevó y le dijo que telas y accesorios quedarian mejor en él, y luego Arc lo llevó a la posada en la que se quedaba. El dueño le había tomado cariño al chico y a veces le regalaba la comida, así que Arc invitó a Dorian a comer y relajarse un rato lejos del bullicio que era el Castillo esos días. Pasaron un buen rato en compañía, hablando de sus vivencias durante la guerra con Ryker, como Arc había escapado de los calabozos, y Dorian le contó como él había desbaratado varios de sus planes y frustrado varios intentos de invasión. Luego de ese día, se convirtieron en buenos amigos.
Dorian le sonrió al verlo, gesto que coincidió con el de su hermana. Arc les dio una sonrisa amistosa también, admitiendo para si mismo, y para Warwick que estaba a su lado, que Darlene lucía preciosa, como una princesa de cuento de hadas. Pero cualquier otra belleza de esa noche había quedado opacada a sus ojos en comparación a la princesa Ciara.
Ciara llevaba un vestido de gala largo, entallado al torso con finos bordados plateados que dibujaban patrones de flores. El color base era un azul oscuro profundo, casi negro bajo ciertas luces, pero centelleaba en tonos zafiro cuando giraba. Las mangas eran largas pero abiertas desde el codo, de gasa translúcida que ondeaba como estandartes al caminar. El escote, sobrio pero elegante, dejaba ver un delicado collar de perlas grises y zafiros, regalo de su madre. Su cabello, usualmente suelto, estaba semi recogido con horquillas plateadas, dejando caer suaves bucles sobre sus hombros. Una tiara delgada y sobría, casi como una diadema, coronaba su frente.
Al poner un pie dentro del salón del trono, Warwick casi choca con su espalda, porque Arc se había quedado paralizado de la impresión al verla. Ni siquiera prestó atención a las miradas curiosas de los nobles que ya habían llegado. Sus ojos solo se posaron en ella. Fue Prudy quien lo empujó por detrás para que reaccionara cuando los anunciaron y siguiera avanzando hacia el trono, donde debían reverenciar al rey y a sus hijas junto a él.
Aun con los nervios a flor de piel, Arc hizo la reverencia tal como la había practicado con Dorian. Sintió un alivio inmediato al recibir asentimientos de aprobación tanto del monarca como de las princesas. Ciara le dedicó una sonrisa discreta, cargada de diversión, y el joven Caballero sintió su corazón aletear.
Desde ese instante, sus ojos volvían de tanto en tanto hacia la princesa menor, que permanecía junto a su padre y su hermana mayor para seguir recibiendo a los invitados que aún faltaban. Eso también le servía como excusa para no mirar a los demás nobles.
Su reputación había mejorado desde que ayudó a la princesa Ciara y el rey permitió que lo nombraran Caballero a pesar de su linaje, pero algunas personas seguían observándolo con desprecio, como si el barro de Seagate aún le cubriera las botas.
No le importaban. Ciara lo aceptaba tal como era, y eso era suficiente.
Cuando ya no fue necesario seguir recibiendo invitados, Eliza pudo concentrarse en su prometido, y Ciara se retiró de junto a su padre para mezclarse entre los demás asistentes. Lo que más deseaba era encontrar a sus amigos, aunque en el camino tuvo que hacer conversación educada con algunos jóvenes nobles que se le acercaban con sonrisas demasiado ensayadas. En uno de esos intercambios, notó que Darlene hacía exactamente lo mismo… solo que la atención de la Princesa de Darleth no estaba en los nobles que la rodeaban, sino en alguien más.
Arc había terminado separado del escuadrón. Prudy estaba ocupada con un joven que era conocido suyo, Warwick había sido arrastrado a una conversación sobre hechizos antiguos por otros nobles magos, y él… bueno, él se había quedado quieto junto a una de las columnas, todavía desacostumbrado a ese entorno, observando de lejos a Ciara mientras esta sonreía educadamente a un joven que claramente estaba intentando impresionarla.
"Sir Arc," dijo una voz suave a su lado.
Él dio un pequeño respingo y giró, encontrándose con los bellos ojos de Darlene. Llevaba el cabello trenzado en una corona que realzaba sus facciones serenas.
"Princesa Darlene," respondió Arc, inclinándose respetuosamente.
Ella le ofreció una pequeña sonrisa. "No hace falta tanta formalidad," dijo, bajando ligeramente la mirada. "Puede que llevemos ropa de gala, pero sigo siendo la misma persona que casi se cae del caballo tres veces seguidas."
Ella hacia referencia a los intentos de Arc de enseñarle a cabalgar. Darlene había recibido permiso de sus padres para acompañar al Escuadrón Fénix al bosque, aceptando la invitación de Arc de ir a verlos entrenar. Él se había ofrecido a enseñarle. Lamentablemente, la princesa no era muy buena en ejercicios físicos como aquel.
Arc soltó una risa breve. "Creo que acordamos olvidar esos incidentes, Alteza."
Darlene sonrió con más confianza, y por un momento bajó un poco la guardia. "Quería agradecerte por tu paciencia esta semana. No todos habrían sido tan considerados con alguien tan torpe como yo."
Arc se rascó la nuca, algo incómodo con el cumplido. Dudaba que alguien fuera tan tonto como para arriesgarse a ser castigado por no ser amable con una princesa, por muy torpe que fuera.
"Bueno, era su primera vez montando a caballo, Alteza, se entiende. Pero ya lo conseguirá, estoy seguro."
"Y si no lo logro... siempre puedes seguir llevándome, eres un excelente jinete."
"Gracias, Alteza." Dijo con una media sonrisa.
Las miradas de ambos regresaron a la fiesta. Darlene no queria que la conversación se terminara ahí y él solo se fuera, así que buscó hablarle.
"¿Te... te gustan este tipo de eventos?"
Arc la miró un momento antes de contestar con honestidad: "No estoy acostumbrado realmente... pero la comida es exquisita," reconoció, mirando de reojo una bandeja cercana de pastelitos que olían a especias dulces y tomando uno para ella y otro para él.
"Gracias," susurró Darlene. Luego de una mordida, ladeó la cabeza, con curiosidad. "¿Cómo son los eventos sociales en Seagate?"
Arc sonrió de lado, ya había terminado con su bocadillo. "Muy diferentes a esto, Alteza. Para empezar, no tenemos un "gobierno" exactamente, así que no hay nobles que presentar. Generalmente todos se ponen de acuerdo para reunirse una tarde en la plaza central, cada quien lleva comida o algo para entretener al resto. Se hacen fogatas y bailes alrededor de ellas. Casi siempre coincide con la llegada de los barcos al puerto… traen muchas cosas de lugares lejanos. Comida, bebida, música. Siempre hay algo nuevo que probar o ver."
"Suena encantador," dijo Darlene con genuino interés. "Menos rígido. Más real."
Arc asintió. "Más divertido, si me lo permite señalar. Imagino que se debe a que no hay tantos protocolos y la gente no está tan preocupada por como la verán los demás."
Darlene asintió, totalmente de acuerdo. Imaginaba que si no tuviera la presión de hacer todo perfecto porque debía dar una imagen impoluta, disfrutaría más esos eventos, siendo como era su personalidad.
"¿De qué hablan que parece tan interesante?"
Ambos giraron. Ciara se había acercado sin hacer ruido, con su expresión amistosa. Por fin se había librado del joven que la había retenido para decirle lo hermosa que lucia esa noche y más cosas a las que no prestó atención.
"Sir Arc me hablaba de las celebraciones en su aldea," contestó Darlene, sonriendo. "Se oye muy divertido. Me dan más ganas de visitarla un día."
"Sí, he oído de sus fiestas," dijo Ciara, cruzando las manos delante del vestido. "¿Le hablaste del concurso de lanzar pescado o todavía no?"
Arc soltó una pequeña risa. "Estaba por hacerlo."
Darlene parpadeó, confundida. "¿Concurso de lanzar pescado?"
"Ajá," asintió Ciara, como si fuera la cosa más normal del mundo. Arc le habia hablado de ello. "Gana el que lo lanza más lejos."
Arc se encogió de hombros, divertido. "Es más difícil de lo que parece. Un pescado grande puede resbalarse si no se lo agarra bien. También hay lanzamiento de dardos, carreras, y partidas de beber… esas últimas no siempre terminan bien."
"¿Alguna ves participaste en alguna de esas competencias?" Preguntó Darlene.
Arc sonrió ligeramente avergonzado. "La última vez que fui... de hecho, en lo de beber, un conocido me retó a hacerlo, me di demasiado crédito y terminé cayendo al agua."
Darlene rió suavemente, cubriéndose la boca con delicadeza. "Lo siento, Sir Arc, no quería reírme, pero..."
Arc le sonrió para tranquilizarla. "Lo sé, Alteza, no se preocupe, yo también me reí de mi mismo en ese momento. Y sirvió para espabilarme y poder participar en carreras en avestruz."
Darlene volvió a reír, esta vez sin esconderse tanto. Sus mejillas se habían teñido de un leve tono rosado, pero no apartó la mirada.
"¿Carreras de qué?"
"Avestruz." Repitió el chico. "Es como carreras de caballos, pero en avestruces."
Darlene miró a Ciara con duda, como esperando que desmintiera a su amigo. "¿Es cierto?"
"Yo no las he visto personalmente, pero Arc asegura que son reales..."
"Lo son, Alteza." Aseguró Arc.
"¿Cómo fue que se les ocurrió algo así?"
"Pues un antepasado fundador usó una avestruz para huir de sus perseguidores y lo recordamos de esa manera." Explicó el chico, sonriente y contento de poder hablar de sus costumbres.
"No es el único deporte raro que tienen." Añadió Ciara. "También están las justas sobre delfines."
"Ese es más para el verano." Aclaró Arc.
La Princesa Darlene sonrió divertida, imaginándose todo aquello.
"Debo admitir que sus celebraciones suenan mucho más entretenidas e interesantes que las que tenemos en la corte de Darleth," comentó con un dejo de nostalgia. "Allí todo tiene reglas, hasta la forma de brindar."
"Tal vez, cuando vuelva para una de esas fiestas, pueda invitarla, Alteza." Ofreció Arc. "Puede excusarse diciendo que viene a visitar Astoria y de ahí irnos a Seagate." Miró a Ciara. "Usted también está invitada, Princesa."
"Estaría encantada, Arc... pero no me subiré a un avestruz." Se atajó Ciara, sabiendo que su amigo iba a insistir.
Arc hizo un mohin juguetón y miró a Darlene, inclinandose hacia ella como para hablarle en secreto. "Un día la voy a convencer." Prometió en voz baja.
Darlene sintió el rubor ir de sus mejillas hasta su cuello dejando un rastro de calidez.
En ese momento, música empezó a llenar el salón, anunciando que la primera ronda de bailes comenzaría. Los invitados comenzaron a moverse lentamente hacia el centro, y algunos hombres ya estaban pidiendo bailes a las damas. Una figura imponente que había estado esperando la oportunidad se acercó a ellos. Era Lord Cygnus de Wethermoor, un joven apuesto que heredaría un ducado, que llevaba una capa azul adornada con brocados dorados que anunciaba su prestigio.
"Alteza," dijo con una reverencia impecable, "¿me concedería el honor de este primer baile?"
Ciara se tensó por un instante, pero su sonrisa permaneció intacta. "Por supuesto, Lord Cygnus," respondió con cortesía, aunque su tono, para su amigo, dejaba entrever que habría preferido declinar. Por supuesto, la etiqueta no la dejaría.
Arc la miró apenas un segundo mientras el joven le ofrecía su brazo. La princesa lo tomó, y despues de excusarse con sus amigos, ambos se alejaron hacia el centro del salón. Él se volvió hacia Darlene, que se removia expectante. Sabía que sería irrespetuoso de su parte no hacer lo mismo que Cygnus, así que reunió valor y habló.
"Princesa, ¿le gustaría bailar conmigo?"
Darlene sonrió de forma brillante, encantada. "Seria un placer."
Él le ofreció el brazo, y juntos caminaron hacia la pista de baile mientras los músicos comenzaban una melodía majestuosa. Arc era bueno para bailar, le gustaba hacerlo en momentos especiales, pero estos bailes de la corte eran algo más refinado, así que tuvo que practicar e intentó mantener el ritmo como le había enseñado Dorian, rogando internamente no hacer el ridículo.
Desde su lugar, Ciara giró la cabeza con disimulo, observando la escena. Mantuvo la compostura, pero algo en su pecho se revolvió al verlos reír suavemente mientras se movían al compás. Arc estaba nervioso, sí, pero hacía un esfuerzo genuino por hacerlo perfecto, por Darlene. Con ella nunca había bailado de esa manera.
Era su primer baile real y lo estaba compartiendo con otra princesa.
La música cesó con un acorde final, y Arc se inclinó ligeramente ante Darlene, quien le devolvió una sonrisa genuina.
"Gracias por el baile, Sir Arc. Ha sido encantador."
"El honor fue mío, Alteza," respondió él, con una reverencia un poco más segura que la anterior.
Pero antes de que pudiera proponer quedarse un poco más, un mayordomo se le acercó a la princesa y le susurró algo al oído. Darlene suspiró con visible pesar. "Me temo que debo atender a algunos compromisos sociales. Mi madre desea que también converse con otros invitados…" explicó.
Arc asintió, comprensivo. Con tantos nobles de alto linaje dando vueltas, lo último que querrían los reyes de Darleth era que un simple Caballero monopolizara a la princesa. Darlene se despidió con una sonrisa amable y se alejó hacia donde estaban sus padres. Arc aprovechó el momento para acercarse a una de las mesas y beber algo refrescante.
No alcanzó a terminar su copa cuando un grupo de jóvenes nobles, sonrientes y muy simpáticas, se le acercaron. Iniciaron conversación con entusiasmo, y cuando la música sonó de nuevo, Arc terminó por invitar a bailar, por pura cortesía, a una de ellas. Y cuando ese baile terminó, había otra esperando su turno. Y a esa le siguió otra más.
No pensó en su situación como algo fuera de lo común; imaginó que simplemente no había muchos nobles disponibles y ellas solo querían disfrutar del baile. La realidad era distinta: su popularidad en la Escuela de Caballería, sumada a su historia con la princesa Ciara, lo había vuelto intrigante a los ojos de las jóvenes de la nobleza, su historia era muy atractiva y romántica: un ladrón forzado a convertirse en Caballero para liberar a su aldea, y que había logrado su objetivo y ahora contaba con el favor de la familia real. Muchas deseaban conocerlo, hablar con él, o simplemente ver si la fama le hacía justicia.
Sin querer causar desaires ni arruinar una velada tan importante, Arc terminó invitando a bailar a cada muchacha que se le acercaba, incluso cuando empezaba a sentir el cansancio en los pies y la cabeza.
En un momento de descanso, decidió apartarse un poco para comer y aceptar una copa de vino. Mientras bebía, Warwick se le acercó y le dio un pequeño empujón con el codo.
"¡Hay que empezar a llamarte Sir Popular, eh! Si me pagaran una moneda por cada mirada que te lanzan esas nobles, podría retirarme y vivir en mi propio castillo."
Arc resopló, algo incómodo. "Solo estoy siendo educado. No quiero quedar mal con nadie."
"Educado… claro," repitió Warwick con diversión. "Solo falta que saques a bailar a la Reina Lyssandra."
Arc se rió, pero Warwick no terminó ahí. "Y a Ciara, ahora que lo pienso, no te vi bailar con ella."
"No lo hice, ella acaparó la atención de los nobles, ya sabes como es esto."
"Sí, aunque no la vi muy animada con ninguno de ellos." Señaló Warwick.
"La noté muy aburrida." Asintió Arc.
"Oí a uno hablarle de impuestos a la importación de telas y otro de lo 'asombroso' que es, ahí tienes la razón."
"Ya veo porque a las nobles les gustó hablar conmigo." Comentó Arc, pensativo.
Wawick alzó las cejas. "¿Les hablaste de impuestos?" Bromeó.
"No. Les hablé del entrenamiento, de los eventos en Seagate, de los lugares que recorrí antes de venir a Astoria, el pantano zombie, del mar... creo que les atrajo que soy el primero que les habla de cosas interesantes."
Mientras ellos hablaban, en el otro extremo del salón se encontraba Ciara un poco oculta tras una columna, tratando de evadir a otro noble. Su amiga consiguió divisarla y se le acercó.
"¡Estos zapatos me están matando los pies!" exclamó Prudy dejándose caer con un suspiro teatral en el banco de mármol.
Ciara soltó una breve risa por la exageración de su amiga, agradeciendo su presencia. "Lo estás disfrutando igual," comentó con una sonrisa.
"¿Y cómo no?" respondió Prudy. "Comida, música, chicos guapos..."
Ciara volvió a reír, bajando ligeramente la cabeza. Prudy la observó con más atención.
"Pero tu no pareces estar disfrutando tanto, ¿no?"
La princesa se encogió de hombros, mirando la pista. "He bailado con al menos una docena de nobles en la última hora, ¿qué más se supone que debería hacer?"
"Bueno… no es por espiar, pero" Prudy ladeó la cabeza con una ceja alzada, "de todos los chicos con los que no bailaste, hay uno bastante específico que llama la atención."
Ciara la miró de reojo.
"Arc." Añadió Prudy con una sonrisa traviesa, en cuanto se sintió autorizada a decirlo. "Lo he visto bailar toda la noche, pero ninguna vez contigo."
"Si, está siendo muy popular." Comentó la Princesa.
"Ya es una atracción," dijo Prudy con una sonrisa cómplice. "¿Te molesta?"
Ciara no respondió enseguida. Observó cómo Arc hablaba con cortesía con otra joven que se le acercó en cuanto Warwick se alejó, cansado pero siempre amable, intentando no faltar el respeto a nadie.
"No, me alegra que lo hagan sentir bienvenido." Respondió apartando la mirada.
Prudy suspiró. Su amiga era terca como una mula, y muy orgullosa para aceptar que desearía poder bailar con él aunque sea una vez. Ciara necesitaba un empujón, entonces tuvo una idea.
"Bien, pero sería una lastima que no bailara con la Princesa esta noche, ¿sabes? Eres su amiga, y ese gesto cimentaría su reputación como un Caballero honorable y dejarian de darle miradas de desdén." Ciara la miró directo, ella lo había visto también, de parte de nobles jovenes que le tenían cierta envidia. "Solo tendrías que acercarte y no solo verán que lo respetas, también ahuyentarias a todas las chicas, y tendrá que invitarte a bailar como al resto."
Prudy miró de reojo a Ciara, y sonrió satisfecha cuando notó su semblante cambiar a uno pensativo.
"Me gustaría seguir hablando, pero le prometí un baile al hijo de un conde, nos vemos."
Prudy se alejó, justo a tiempo para cuando otra pieza musical iba a empezar. Ciara miró en dirección a Arc y pensó en las palabras de Prudy. Le era difícil admitirselo a sí misma, pero estaba decepcionada de no haber pasado tiempo con él, y un poco molesta de que Darlene hubiera acaparado toda su atención cada vez que iba al Castillo. Y un poco celosa de que ella hubiera bailado la primer pieza de su primer baile real con él, además de que tan rápido hubiera desarrollado una relación más informal con Arc de lo que le costó a ella misma.
Pero, ¿qué podía hacer?
Bueno, Prudy le había dado una sugerencia. Y ella era una valiente princesa, que cuando queria algo, luchaba por ello en lugar de solo lamentarse. Así que se levantó y caminó decidida hacia él.
Arc la vio acercarse por el rabillo del ojo, con la barbilla en alto. Inconscientemente se enderezó, subitamente su corazón se aceleró. La joven que hasta ese momento había estado conversando con él notó su cambio, y al mirar en la misma dirección, vio a la princesa, a la cual reverenció.
"Su Alteza." La saludó.
"Lady Meliane." Sonrió con educación Ciara. "Lamento la interrupción, pero Sir Arc aún me debe un baile." Señaló, mirándolo expectante con las manos en la cintura.
Su amigo abrió la boca levemente en sorpresa, luego sus labios se curvaron en una sonrisa-Ciara se atrevería a decir que más radiante que las que le dio a Darlene-y aceptó.
"Por supuesto, Su Alteza." Le ofreció la mano, y ella la tomó. No recordaba la última vez que sus dedos se habían entrelazado. Tal vez nunca lo habían hecho. Entrenaban, luchaban codo a codo, pero nunca un gesto tan pequeño y revelador como ese.
Su mano era firme, más áspera que la suya, cálida. Sólida. Fue una sensación extraña.
"Lady Meliane, fue un gusto." Arc sonrió con cortesía a la joven, que asintió resignada a que la Princesa iba a acaparar al Caballero, y dio un corto suspiro de decepción.
Ciara sintió una corriente de orgullo de haber ganado su atención, y de notar que era la única por la que mostraba genuino interés en compartir momentos como ese.
Arc la guiaba con una seguridad sorprendente. No era el más pulcro de los caballeros, ni el más refinado. Pero en ese instante, con su espalda recta, la mirada enfocada y la sonrisa apenas contenida… no tenía nada que envidiarle a los nobles.
"No sabía que en Seagate también tuvieran este tipo de bailes." Comentó Ciara.
"No los tenemos, son otros estilos y algo menos refinados."
Ella alzó las cejas, sorprendida. Arc bailaba, pero este caso era diferente, lo hacia muy bien, demasiado para ser algo que no hubiera aprendido con antelación, y jamás había mencionado que fuera a aprender. "¿Dónde aprendiste, entonces?"
Arc divisó la impresión que causó en la Princesa que él supiera algo así, y sonrió ampliamente. "Honestamente, lo aprendí para esta ocasión, por parte del Príncipe Dorian. No quería dejarte a ti ni a la Princesa Eliza en ridículo en un evento tan importante." Admitió.
Ella entreabrió los labios, por un momento casi trastabilló de lo sorprendida que la dejó esa declaración. Había aprendido por ella, bueno, ella y Eliza, no porque quisiera impresionar a Darlene. La Princesa de Darleth era solo una beneficiaria secundaria del resultado de querer estar a la altura de la casa real de Astoria. De ella.
"Cumpliste tu objetivo. Estás demostrando modales impecables. Una reverencia perfecta, movimientos precisos, postura indicada, una sonrisa encantadora… Un noble en toda la regla." Reconoció la Princesa.
Por un momento, a Arc se le olvidó qué paso venía después, y fue ella quien guió la dirección del siguiente giro. La dejó hacer. Había algo fascinante en cómo tomaba el control sin necesidad de que se lo pidieran.
"Gracias." Murmuró Arc cuando se recupero, su sonrisa contenida, pero ella pudo divisar sus blancas mejillas adquiriendo un ligero rubor. "No creí que quisieras bailar conmigo."
"Estabas bailando con todas las nobles. La princesa de Darleth, Eliza…" enumeró ella. "No podías ignorar a la Princesa Angelica."
"Que conste que no te estaba ignorando," aclaró Arc, con una media sonrisa. "Pero todos los nobles estaban ansiosos por tu atención. No quería interrumpir."
"¿Sí recuerdas que tú también eres noble ahora, no? Sir Arc," respondió Ciara, divertida, acentuando con intención.
Él soltó una risa baja. "No se puede comparar, Princesa. El mío sigue siendo uno de los títulos más inferiores, y sigo sin tener sangre de dragón."
Ciara lo miró fijamente, con esa mirada que usaba cuando estaba por decir algo que no dejaba lugar a discusión. "Un título no hace a una persona, Arc." Su voz sonó firme, sin una pizca de duda. "Puede que no hayas nacido en la nobleza, pero te forjaste un lugar entre nosotros con valentía, honor y un corazón más fuerte que cualquier título. Eso te hace más noble que la mitad de los hombres en esta sala, y espero que nunca lo olvides."
Arc bajó la mirada un segundo, como si le costara sostener la intensidad de lo que acababa de escuchar. Cuando volvió a alzar la vista hacia ella, sus ojos brillaban de una forma que Ciara no recordaba haber visto antes. No era una chispa de picardía. Era algo más vulnerable. Agradecido. Como si esas palabras lo hubieran alcanzado en lo más hondo.
"No tienes idea de lo que significa para mí que pienses eso."
Su voz sonó más baja, más suave que de costumbre. Él había llegado a Astoria sin nada, y ahora estaba ahí, en el centro del salón, bailando con la princesa que nunca pensó merecer diciendole que pensaba de él mucho más de lo que él mismo.
Ciara sintió que algo se aflojaba dentro de ella. Una parte que ni siquiera sabía que estaba tensa. Porque lo había visto sonreír muchas veces, en picardía, diversión, por presunción, en orgullo y hasta de forma tímida, pero esto era distinto. Era sincero. Era Arc dejando caer las defensas. Y lo estaba haciendo por ella. Por lo que ella pensaba de él.
Y entonces lo supo.
No solo le importaba lo que Arc sintiera por ella. Le importaba lo que ella provocaba en él. Que sus palabras lo tocaran de esa forma, que su opinión tuviera ese poder sobre él. Eso le dio miedo y orgullo a la vez.
Se obligó a mirar hacia otro lado un segundo, fingiendo interés en los músicos al fondo, pero su corazón latía con fuerza. No solo por el baile. No solo por la música. Por Arc.
Arc volvió a tomar la mano de Ciara con más seguridad esta vez. Aún bailaban dentro del protocolo, pero el espacio entre ellos ya no parecía tan frío ni tan marcado. Había algo en sus movimientos que se había vuelto más natural.
Un giro más, y el roce de sus dedos contra los de él la estremeció más de lo que admitiría. Arc pareció notarlo y bajó un poco la mirada, como si le costara no sonreír.
Desde un rincón del gran salón, Eliza se tomó un momento para descansar junto a su prometido. Apoyada con elegancia en el brazo de Dorian, dejó escapar una sonrisa cálida, casi orgullosa, mientras sus ojos seguían a la pareja que danzaba al centro del salón.
"¿Qué es esa sonrisa?" preguntó Dorian, divertido, inclinándose hacia ella con tono cómplice.
"Mi hermana está bailando con Arc," susurró Eliza, sin apartar la mirada.
Dorian siguió la dirección de su vista y sonrió también al ver a la princesa girando con ligereza entre los brazos del Caballero. No era el único observando, muchos jóvenes nobles miraban la escena con envidia. Y no era para menos, la sonrisa de la Princesa en compañía de ellos había sido puramente cordial, como si bailar con ellos fuera solo un deber que cumplir y nada más, la que portaba ahora mientras bailaba junto al Caballero era real y sincera. Ciara estaba disfrutando la compañía de su amigo. Y lo mismo se podía decir del muchacho.
El Príncipe había visto la interacción entre Arc y su hermana Darlene, y sabía de sobra que ella lo veía con ojos más que amistosos. Por eso había decidio acercarse al chico, su hermana era dulce e inteligente de manera intelectual pero no tenía experiencia en el trato con otros jovenes que no fuera algo protocolar, y él no quería que saliera dañada. Pero al tratar con él, descubrió que lejos estaba de tratar de aprovecharse del enamoramiento de la Princesa de Darleth, solo era su manera de ser, amigable y extrovertido, y que solo quería actuar de forma educada con los invitados del rey y que se sintieran bien, sobretodo alguien tan tímida como Darlene. Arc era alguien genuino, no fingía lo que sentía y le quedó claro luego de interactuar con él, que su interés estaba en otra Princesa.
La forma en que hablaba de ella, la forma de mirarla, como la opinión de ella le importaba más que la de todos. Sus deseos de hacer todo perfecto y quedar bien... por ella y no por su propia reputación. Era un buen chico y hubiera querido lo mejor para su hermana, pero Arc no estaba interesado en ella de esa manera.
Por supuesto que había hablado de eso con Eliza, quien estaba de acuerdo con él.
"Esas horas de práctica rindieron fruto." Observó, y dio un sorbo a su copa.
"Si no lo conociera, creería que nació en cuna noble, casi no parece que apenas aprendió a bailar nuestras danzas hace un par de semanas." Mecionó Eliza.
"Porque aprendió por las razones correctas. No fue para impresionar a los nobles."
Eliza no necesitó que elaborara más.
La música fue desvaneciéndose hasta llegar a su fin. Ciara hizo una ligera reverencia, y Arc, aún con una sonrisa que no terminaba de borrársele, se inclinó con gracia.
Pero en lugar de dejarla marchar, reunió valor y habló. "¿Quieres… salir un momento? Al patio. Podría usar un poco de aire fresco. Si no tienes alguna danza pendiente, claro."
"Me encantaría. Necesito aire fresco también." Respondió Ciara, tendiendo su brazo con una sonrisa divertida.
Ambos se apartaron discretamente del salón, sin prisas. Justo al pasar cerca del trono real, los ojos del rey se posaron en ellos. Durante un segundo, Arc se tensó, ya pensando una excusa para retractarse y apartarse del lado de Ciara, sabía lo protector que era el rey con su hija y no había pensado en la reacción que tendría de verlos juntos. La Princesa solo miró a su padre de forma desafiante. Pero el hombre, sin perder su buen humor, solo levantó levemente su copa en señal de saludo con una sonrisa afable y volvió a su conversación con Hogancross. Arc exhaló en alivio, Ciara relajó su semblante, y continuaron.
Ya en el corredor, con las luces tenues y las voces quedando atrás, Ciara rompió el silencio con una risa breve. "¿Te dio miedo que mi padre nos viera?"
"Una vez casi me manda a los calabozos por distraerlo sin saber mis raíces." Respondió Arc. "¿Qué no podría hacer ahora que sabe de dónde vengo… y me ve salir con su hija al patio, a solas?"
Ella lo miró de reojo, divertida, y se detuvo. "Arc, ¿sabes lo que mi padre piensa de ti realmente?"
Él frunció el ceño, mirándola con recelo. "¿El Rey dice cosas de mí?"
"Muchas," afirmó ella con una sonrisa. "Le pareces divertido —el único que se ríe de sus chistes, según él—, además que una vez halagaste una de sus coronas nuevas. Y valiente, por atreverte a fingir que eras sangre de dragón… noble, por las razones que tuviste para hacerlo. Y listo. Muy listo. Por la forma en que descubriste mi secreto… y lograr que guardara el tuyo."
"Vaya…" murmuró el chico, sin saber si reír o ruborizarse. "No esperaba eso."
"De dónde vengas, quién hayas sido antes de todo esto… eso no le importa. Y a mí tampoco."
Entonces, en un gesto tan natural como decidido, Ciara deslizó su brazo hasta entrelazar sus dedos con los de él.
Un guardia abrió la puerta del patio para ellos, sin hacer ningún gesto, y salieron hacia el frescor de la noche y el perfume tenue de los jardines. Caminaro bajo la luz de la luna, y cuando se detuvieron junto a una fuente, todavía de la mano, fue Ciara quien apoyó levemente su cabeza en su hombro. Arc no dijo nada. Solo respiró hondo, y sonrió.
Desde uno de los balcones del salón, Darlene posó su mirada en el patio, más allá de los vitrales, donde había visto a Arc y la Princesa Ciara alejarse, y se encontraban entonces juntos, sus siluetas recortadas por la luz de la luna, de la mano y actuando como si el resto del mundo no existiera. Y entonces lo supo.
No iba a ser ella.
Por un momento, el pecho se le apretó y sintió que su corazón se rompía junto con esa ilusión silenciosa que había crecido en su interior desde que Arc le ofreció su primera sonrisa aquella tarde.
Qué tonta, pensó con una sonrisa triste, bajando la vista y secando una lágrima furtiva. Se había ilusionado, esperando que lo que veía entre ellos fuera solo amistad.
Arc, con su personalidad extrovertida y su encanto, había logrado algo que nadie más había conseguido en mucho tiempo: hacerla sentir cómoda con ella misma. Y por un instante, especial. Pero solo le había ofrecido amistad.
Exhaló honda y temblorosamente, tragando el nudo en su garganta. Tal vez no se llevó su corazón, pero sí le regaló un pequeño cambio.
Cuando se sintió mejor, levantó la cabeza y alisó con dignidad los pliegues de su vestido. Al menos podia agradecerle y reconocer que gracias a él se había atrevido a ser más extrovertida, y eso sí se quedaría con ella.
Y con ese pensamiento, regresó al salón. Aún era una princesa. Aún tenía su dulzura. Y ahora, también, un poco más de coraje.
Un par de dias después de ese evento, la comitiva de Darleth se preparaba para regresar a su reino. Dorian debía regresar para terminar de arreglar unos asuntos antes de volver para finalmente poder casarse con Eliza, quien haría un viaje antes de ello a Darleth para ver el reino de su cuñado y hablar de temas politicos. Por supusto que llevaría con ella a su hermana, y a sus caballeros selectos, de los cuales Arc era él más selecto de todos.
No habían comentado nada oficialmente, Arc seguía siendo el Caballero al servicio de la corona, y para él Ciara era la Princesa Angelica, pero extraoficialmente ellos dos estaban en un tipo de relación que uno bien podría llamar discreta, solo dando señales de que las cosas entre ellos habían cambiado, como sus miradas, las sonrisas o los roces "accidentales". Luego de esa noche, Eliza no vaciló en ir a interrogar a su hermana, y Ciara no tuvo más remedio que revelarle qué decisión habían tomado con Arc, que esperarían a que pasara la boda de ella con Dorian para darse a conocer, para no mezclarlo y que Eliza fuera el centro de atención. Además que entonces Arc tendría la amistad con el futuro rey consorte Dorian para que lo ayudara a navegar el mundo de la nobleza y así enfretarse a los pretendientes que estuvieran molestos de que la princesa Angelica hubiera escogido a un joven que no llevaba mucho tiempo siendo de la nobleza ni era sangre de dragón. Ciara no tenía problemas en enfrentar a cada uno de esos pretendientes y defender su decisión, pero Arc no quería ser el causante de escándalos que opacaran el feliz acontecimiento. Así que por el momento, todo sería un secreto a voces entre el personal más leal del Castillo y los más allegados a ellos.
Al enterarse, Warwick y Prudence solo se miraron entre ellos y el mago le pagó 20 monedas de oro a la semi gigante, porque habían apostado, no si se atreverían a tener una relación amorosa, sino cuando.
El rey no comentó nada, pero bastaba con saber que seguía siendo la figura más importante y que bien podía hacer que se encargaran de Arc si metía la pata.
La Princesa Darlene no necesitó que nadie se lo aclarase, aquella noche había visto suficiente, y aunque todavía aquel rechazo simbólico le hiciera doler el corazón, trataba de estar feliz por ellos. Porque pronto serían familia.
"Gracias por tu amistad, Ciara."
Estaban en el patio del Castillo, despidiéndose. Arc se encontraba más lejos ya que era un asunto real, pero él y el resto de Caballeros habían ido a despedir a la comitiva.
"Fue un gusto tenerte aquí, Darlene, estaré encantada de ser familia."
Darlene inclinó ligeramente la cabeza y, con una mirada de soslayo a Arc, añadió en voz baja: "Y deseo que encuentres felicidad en quien la merece contigo."
La princesa no esperó respuesta. Dio un paso atrás con elegancia y luego de otro saludo, se dirigió hacia su carruaje.
Un poco más lejos, Dorian terminó de despedirse de su prometida y pasó junto a Arc, sonriéndole y dándole una amistosa palmada en la espalda.
"Buena suerte, cuñado." Susurró con tono travieso, de forma que solo el joven lo escuchó.
Arc palideció un poco, cayendo en cuenta que, de prosperar su relación con Ciara, se convertiría en yerno del rey, y más tarde, cuñado de los reyes de Astoria. Tragó saliva, pero una mirada a su pretendida y la mirada de reojo que le envió con una fugaz sonrisa juguetona bastó para que su pecho se aligerara. Si podía seguir el ritmo de Ciara, entonces estaba listo para lo que fuera.
Cuando los carruajes partieron por fin, la familia real caminó de regreso al Castillo. A su paso, Ciara caminó cerca de Arc. Lo miró de forma significativa una vez más y rozó su brazo con su mano.
Y él, instintivamente, sonrió.
Lo subo en español porque me gusta como quedó, ya cuando pueda lo traduzco al inglés.
En esta historia, Arc es noble ahora -aunque menor- por ser ivestido Caballero, por eso el término Sir.
No me acuerdo si alguna vez dijeron algo de Seagate o como era o donde estaba ubicado, pero Sea es Mar, asi que... y lo de las avestruces lo vi en la peli del Príncipe de Persia y se me ocurrió que ¿por qué no? :3
Gracias por leer :)
