Relato 19- Tinte.
Resumen: El cabello de Hanamichi comienza a crecer y a cambiar de color.
El cabello de Hanamichi se miraba muy bien con el crecimiento. Claro que sí, nadie lo negaría, pero había un pequeño problema: las raíces de sus cabellos se miraban ahora de su color original. Se miraba inusual, y, de hecho, al agradarle el nuevo look y pasar a una nueva etapa Hanamichi creyó que la idea de dejárselo de color negro otra vez no era tan mala como podía parecer. De un momento a otro pensó que quizá el rojo ya estaba pasado de moda. Además, según Yohei le dijo una vez, el cabello de color negro le sentaba muy bien también. Ya solo faltaba que eligiese la opción que más le gustara.
En ocasiones al hacerse la idea de semejante cambio podía imaginarse a Mitsui, Ryota y a su pandilla riéndose a carcajadas de él por tan grotesco cambio, pero, ¿no había superado ya esas burlas también aquella vez que se rapó la cabeza hace tantos meses atrás? Ahora no tenía por qué temer a ser el centro de las burlas otra vez. «Además, Haruko dijo que me quedaba lindo», se dijo a sí mismo para darse ánimos, pensando que perder el tinte no sería un mal cambio tampoco.
Y cuando todavía se encontraba en ese debate interno se cruzó por azares del destino con Kaede Rukawa por los pasillos de la escuela, quien sin ningún escrúpulo le dirigió la mirada a la cara, luego al pelo y luego a la cara otra vez, tan solo para torcer el labio en una sincera expresión sincera de disgusto. Okay, era evidente: los rastros de cabello negro sacaron de quicio al chico. Entonces Hanamichi pensó: «Pues claro. Con mi nuevo look, él dejará de ser el chico de pelo moreno más guapo de toda la escuela, ¡pobre zorro!»
—Oye.
Una voz lo sacó de sus ensoñaciones.
—¿Uh? —Se giró de puro instinto—. ¿Qué pasa, Rukawa? —Frunció el entrecejo de mala gana.
Kaede apenas se giró para verle con el mismo desinterés de siempre. Se apuntó a su propia cabeza, señalando con especial atención adónde se arremolinaba su grueso cabello negro.
—No te queda.
Hanamichi no pudo evitar odiar más que nunca su rostro de zorro y sus palabras de creído. La hubiera gustado voltearle el rostro de un golpe, pero tan solo bufó y se dio la vuelta para irse ignorándole sin más.
Al día siguiente, Hanamichi Sakuragi, aquel chico que por muchos se creía indomable, se presentó en el aula con el pelo perfectamente teñido de un rojo brillante otra vez. No logró sorprender a muchos, sino solamente a aquellos que conocían sus planes de comenzar con un nuevo yo luciendo su cabello al natural, es decir, a sus cuatro inseparables amigos. Aunque para entonces ya le conocían lo suficiente, por lo que ni Noma, Ohkusu, Takamiya o Yohei le hicieron preguntas innecesarias que pudiesen atentar contra sus pobres y frágiles cráneos de mortal.
Al llegar al gimnasio no despertó interés ni curiosidad en nadie. ¿Qué más daba si el ridículo había decidido volver a desgraciarse la cabeza, de todas formas?
Ya para finalizar la práctica e irse a casa, Kaede aprovechó que estaban los dos solos en el vestidor para sincerarse.
—¿De verdad volviste a teñirte el pelo de rojo? Has de ser torpe deveras.
—Cállate, zorro creído. Solo cállate.
—Hey, Sakuragi.
A Hanamichi le hubiera gustado obligarlo a callarse de no ser porque el muchacho había usado su apellido para referirse a él y eso fue más que suficiente para que sintiera compasión.
—¿Qué es lo que quieres? Que sea rápido. Tengo que ir a casa temp…
—Me gustas así.
—¿Cómo? —Por supuesto que lo había oído, pero en una situación semejante le era necesario hacerse el tonto para digerir aquellas palabras. No era la primera vez que Kaede se le ponía sentimental, y aunque no lo odiaba, tampoco estaba acostumbrado a recibir esas palabras de afecto tan seguido.
—Que me gustas así.
—¡Mh! ¿Y a mí qué me importa lo que te guste o no te guste?
—Te volviste a poner el pelo de rojo por mí, ¿verdad?
Sí, lo hizo por Kaede porque quería seguirle gustando, pero hacerse del rogar era divertido hasta los huesos. No sería algo que admitiría tan fácil.
—¿En serio te crees tan importante? —Mintió y muy sonrojado se fue a casa.
