El Caso de la Comunicación

Escrito por Inscrybed, traducido por Fox McCloude

Disclaimer: Komi-san, Ace Attorney y todos sus personajes son propiedad de Tomohito Oda, Shu Takumi y Capcom. La historia original pertenece a su autor respectivo, yo solo tomo créditos por la traducción. Todos los derechos reservados.


Capítulo 27: El destino de Hitohito, Parte 2


28 de septiembre

Corte del Distrito – Sala de Justicia No. 8


Toda la sala se quedó en silencio.

El Fiscal Blackquill acababa de liberarse de sus grilletes. Athena y Phoenix no se sorprendieron en absoluto; ya lo habían visto hacer esto antes cuando estaba arrinconado o se ponía serio. El resto de la sala, incluyendo los testigos y la Jueza Judge Gavèlle, observaron en shock cómo Blackquill lanzaba una mirada asesina hacia el estrado, particularmente a Yamai y Asano.

Sin decir palabras, escupió la pluma en su boca hacia ellos. Y luego, con otro movimiento rápido, adoptó una postura de iaijutsu. Esta vez, con sus cadenas rotas, podía acuchillar con sus dedos en dirección hacia ellos, como si desenvainara una espada. El viento cortante del golpe cortó tanto a la pluma como las gafas oscuras de Asano, causando que retrocediera.

Ver esto sacó a la Jueza Gavèlle de su shock.

*¡SLAM!*

– ¡Alguaciles! – gritó, extendiendo su mazo para empuñarlo. – ¡Detengan al Fiscal Blackquill en…!

*¡SILENCIO!*

– ¡Fuera de mi camino, clériga corrupta! – siseó Blackquill. Giró su "espada" hacia la jueza y acuchilló con ella el mazo, provocando que la mujer jadeara. Estaba tanto horrorizada con el comportamiento asesino de Blackquill, como sorprendida de que hubiese podido cortar su mazo en dos.

Predeciblemente, los alguaciles se quedaron quietos, demasiado asustados para acercarse a Blackquill pese a que ambos llevaban revólveres.

Con la Jueza Gavèlle silenciada y los alguaciles petrificados, Blackquill volvió a girarse hacia el estrado, donde Yamai y Taida temblaban de miedo. Asano estaba buscando frenéticamente en sus bolsillos un par de gafas de repuesto, y algo más. La única que no reaccionó fue Nakanaka, que se veía como si estuviera muerta por dentro.

– ¿Tal vez les gustaría empezar a darme algunas explicaciones, hmm? ¿Antes que los rebane a todos en pedazos? – gruñó Blackquill.

– ¡¿Qué?! ¡No sé de qué está hablando! – dijo Yamai en voz suplicante. Sin embargo, su protesta fue interrumpida cuando otra cuchilla de viento salió dirigida hacia ella, esta vez cortando la corbata de su uniforme escolar.

– ¡No mientas, mocosa miserable! ¡Sé muy bien todo lo que tú y Jaime han hecho! – gruñó Blackquill.

– ¡D-debe haber un error! – Asano finalmente encontró su par de gafas de repuesto. Luego se metió la mano en el bolsillo de su chaqueta. – ¡Lo único que hemos hecho es testificar! ¡Y a favor de usted, debo añadir!

*¡SILENCIO!*

Blackquill volvió a cortar las gafas de Asano, provocando que este sacara su mano del bolsillo. – ¡No me beneficio en nada de falsedades y trucos sucios!

– ¡No hemos hecho nada de eso! – protestó Yamai.

– ¿Nada? – repitió Blackquill en tono burlón. – ¿Qué tal el hecho de interferir con el metraje que te muestra a ti y a Jaime acosando al joven Tadano en medio de la noche? ¿Con sus secuaces coaccionándolo para dar una confesión falsa? ¿O su evidente manipulación de testigos tanto de la Pereza-Sensei como la Maga del Seto? ¿O quizás el perturbador cambio en el semblante de Su Santidad? ¿Quieres que continúe, Pequeña Bruja del Fondo Fiduciario?

(«Y no creas que me he olvidado del hecho de que secuestraste y trataste de matar a Hitohito. ¡Me aseguraré de que pagues por eso también!»)

– ¡Fiscal Blackquill! – exclamó la Jueza Gavèlle. – ¡Le aseguro que no hay nada raro en mi comportamiento!

– Ohh, vamos, Su Santidad, ¿me toma por imbécil? – Blackquill se tocó la frente con una sonrisa. – Usted ha dejado abundantemente claro que me desprecia por mis pecados y que busca socavarme a cada turno. Ahora, está tratando de darme la victoria en una bandeja de plata, aunque signifique ignorar cada pieza de evidencia que Cykes-dono haya presentado. Dígame: ¿qué se supone que piense de eso?

– B-bueno… – La Jueza Gavèlle no tenía respuesta.

– Eso pensé… – Blackquill se giró hacia el estrado. – ¿Cuál de ustedes está dispuesto a confesar? ¿Tal vez tú, Jaime, o quizás la Bruja del Fondo Fiduciario? No, ninguno de ustedes es de fiar, y no puedo esperar nada de la estúpida Pereza-Sensei. ¿Qué hay de ti, Srta. Mei Karuma Van Zieks?

Nakanaka levantó la mirada sin mucho ánimo. – ¿Yo?

– Sí, tú. Tal vez quieras reclamar tu honor perdido, y divulgar lo que está tramando tu "amiga"…

– No puedo… – replicó Nakanaka. Las palabras de Asano le hicieron eco en la mente.

"… seguir nuestra narrativa realmente va con tus intereses, Srta. Nakanaka… De lo contrario, terminarás muerta, igual que ese hermano tuyo…"

– ¿Por qué no, es por ellos? – Blackquill señaló a Asano y Yamai. – Sus maquinaciones podrían haberte manchado, pero te lo aseguro, no es demasiado tarde para redimirte. Todo lo que tienes que hacer es confesar tu rol en esta pequeña charada, y ayudarme a traer justicia a esos demonios. Aunque deberás enfrentar las consecuencias de tus acciones, la verdad te hará libre…

– ¿Usted cree… que puedo redimirme? – preguntó Nakanaka. Todavía seguía asustada de lo que podría pasarle si desafiaba a Asano. Al mismo tiempo, no veía nada bueno en quedarse con ellos. Yamai le dejó claro que no la consideraba su amiga, y Asano la veía como poco más que una mocosa inútil.

– Se lo advierto, Blackquill. ¡Más le vale detenerse, o se arrepentirá! – le advirtió Asano.

– ¡Ohh, ya cállate, Jaime, tus peroratas me matan de aburrimiento! – se burló Blackquill. Luego se giró hacia Nakanaka. – ¿Qué harás? ¿Seguirás con ellos y continuarás tu espiral descendente hacia la perdición? ¿O te vas a redimir y…? ¡AAAAAUUUUGGGHHH!

Varios miles de voltios le recorrieron el cuerpo, causando que se convulsionara y gritara de dolor. Phoenix y Athena reconocieron el mecanismo de choques eléctricos en los grilletes del Fiscal Blackquill. Sin embargo, estaban confundidos, ya que el Detective Fulbright no estaba por ninguna parte. Luego miraron al estrado y notaron que Asano tenía en la mano un control remoto muy familiar.

– Se lo advertí, Fiscal… – Asano agitó el control en frente de Blackquill.

– ¿De dónde sacaste eso? – inquirió Blackquill furioso mientras se sujetaba el pecho con dolor.

– Un amigo mío trabaja en el centro de detención. Le pedí que me diera algo que me pudiera ayudar a lidiar con usted, y me dio esto. Es maravilloso tener buenos amigos… – explicó Asano.

– ¡Eso es propiedad policíaca! ¡Un civil como tú no debería tenerlo! – Blackquill le lanzó una mirada furiosa.

*¡DENEGADO!*

– Lo permitiré por la duración de este juicio. Después de eso, le tendré que pedir que lo devuelva, Sr. Asano… – proclamó la Jueza Gavèlle.

– Por supuesto, Su Señoría… – Asano hizo una reverencia. Luego se volvió hacia Blackquill. – ¿Cómo se siente, Fiscal Blackquill, saber que todo el departamento de policía lo desprecia tanto? – preguntó en tono burlón. – Ni siquiera tuve que darle dinero o pedirle que me pagara un favor; simplemente me dio gratis el control remoto. Así de solo es como está, Fiscal…

– ¡Hmph! Ya hace mucho que dejé de preocuparme por lo que el mundo piensa de mí… – Blackquill le dio la espalda a Asano.

– Ohh, vamos, esa fachada estoica no engaña a nadie. Ambos sabemos que hay gente en el mundo por quien usted todavía se preocupa… – Asano se puso a girar el control remoto distraídamente en su mano.

– ¿A qué te refieres con eso? – Blackquill giró la cabeza y levantó una ceja.

– Ohh, ya pronto lo sabrá, se lo aseguro. Mientras tanto, ahora que yo tengo en la mano la correa proverbial sujetándole su collar proverbial, tal vez usted querrá ser un buen chico y hacer su trabajo. De lo contrario…

Asano presionó el botón del control de nuevo. Otra oleada breve de electricidad atravesó el cuerpo de Blackquill, causando que gritara. Luego del choque, se giró para encarar a Asano.

– …De lo contrario, no tendré más opción que darle otra descarga. Ahora, ¿qué va a hacer? – preguntó Asano.

– Bien, ya dejaste claro tu punto… – murmuró Blackquill apretando los dientes. Por mucho que lo despreciara, no le quedaba más opción que obedecer las órdenes de Asano. Lo único que podía esperar era que Athena y Phoenix pudieran romperle de alguna forma sus argumentos.

Sin embargo, antes de que pudiera volver al juicio, Yamai cogió el control remoto de las manos de Asano.

– ¡No! ¡Todavía no ha pagado suficiente! – gritó Yamai, presionando el botón, y electrocutando a Blackquill de nuevo.

– ¡AUUUUGGGHHHH! – gritó Blackquill. – ¡YA ACCEDÍ A SUS TÉRMINOS!

– Él tiene razón, Srta. Yamai. No hay necesidad de seguir electrocutándolo mientras mantenga su temperamento bajo control y recuerde que debe actuar como un fiscal… – Asano alargó la mano para recuperar el control. En respuesta, Yamai le apartó la mano con la suya.

– ¡No me importa, necesita que alguien le enseñe una lección! – Yamai volvió a hundir su pulgar en el botón a fondo.

Otro choque recorrió el cuerpo de Blackquill, causando que volviera a gritar. Este fue más largo que el anterior. Yamai miró su expresión de dolor con deleite.

– No es tan divertido cuando la víctima contraataca, ¿verdad? – preguntó Yamai con una sonrisa arrogante y una mano en la cadera.

– Tú estás muy lejos de ser una víctima, especialmente después de lo que has hecho… – gruñó Blackquill, agarrándose el pecho.

– Uhh, ¡ho-laaaaaaaaa! ¿Acaso se le olvida la razón por la que estoy involucrada en este caso? ¡Me golpearon en la cabeza! ¡Dos veces! ¡Y fue la persona que se supone que debería estar en esa silla! – Yamai señaló hacia la silla del acusado. – ¡Eso me convierte en la víctima!

– Eso no quiere decir que no seas culpable… – espetó Blackquill.

– No aprecio su tono, Sr. Fiscal... – Yamai sostuvo el control amenazadoramente. – Sin embargo, estoy dispuesta a dejarlo pasar con algunas condiciones: primera, que retire todos los cargos falsos que ha puesto en mi contra. Luego, póngase de rodillas frente a mí y suplique que lo perdone. Usted admitirá que soy inocente, y que nadie es mejor para Komi-sama que yo. Entonces, tal vez le demuestre piedad…

– ¡El infierno se va a congelar antes de que me arrodille frente a ti, bruja! – gruñó Blackquill desafiantemente.

– Como quiera… – Yamai sonrió sádicamente antes de volver a presionar el botón.

– ¡AAAAAAUUUUGGGHHHHH!

Esta vez, Yamai mantuvo el botón apretado, causando que una corriente continua de electricidad recorriera todo el cuerpo del fiscal y provocándole convulsiones. Ella sonrió como una maniática al verlo. Era sólo uno de los muchos que se habían ganado un lugar en su lista negra en aumento durante los últimos días, y era muy satisfactorio verlo recibir su merecido.

Luego de algunos segundos de tortura, notó que había un dial en el control remoto. Curioa, empezó a girarlo hacia la derecha. Esto provocó que el voltaje que recorría las esposas se incrementara a medida que giraba el dial.

El Fiscal Blackquill usualmente se enorgullecía de ser un hombre capaz de soportar el dolor. Incluso cuando el choque de sus cadenas típicamente le hacía gritar, por lo general lo consideraba una molestia menor más que nada.

Pero esto no. Era una agonía inimaginable. La electricidad que lo recorría se sentía como si un millar de cuchillos a rojo vivo le perforaran la piel, amenazando con cortarlo en pedazos. Al mismo tiempo, el voltaje provocó que sus músculos se le bloquearan y paralizaran, evitando que pidiera hacer nada para tratar de mitigar el dolor.

– ¡EEEERRRRRGGHHH! ¡ARRRRRRRGGGHHHH! ¡YA BASTA! ¡YA BASTA! – gritó Blackquill mientras el dial en el control se acercaba a su máximo. Sin embargo, sus súplicas para que parara el dolor sólo envalentonaron a Yamai, mientras se regodeaba cada segundo con su sufrimiento.

– ¡Srta. Yamai! ¡Deténgase! ¡Podría matarlo! – suplicó Athena. No podía soportar ver a Blackquill así. Yamai había tomado lo que era una medida correctiva necesaria y la convirtió en una tortura por su propia diversión enfermiza.

– ¡Me detendré cuando se disculpe o esté muerto! – respondió Yamai con una alegría sádica mientras continuaba electrocutando a Blackquill.

Athena gruñó. Era una pérdida de tiempo tratar de razonar con Yamai. Se giró entonces hacia la jueza. – ¡Su Señoría, por favor dígale a la Srta. Yamai que deje de hacerle eso al Fiscal Blackquill!

Sin embargo, la Jueza Gavèlle negó con la cabeza, resignada. – El Fiscal Blackquill está recibiendo lo que merece por su comportamiento durante el juicio…

– ¿Lo que merece? ¡Esto es una tortura inhumana! – espetó Athena con indignación. Luego miró de vuelta a la escena, donde Yamai prácticamente se carcajeaba con deleite al ver a Blackquill retorcerse con agonía. Aunque la Jueza Gavèlle secretamente estaba de acuerdo, no se atrevió a decir en voz alta sus objeciones, pues no quería que su hijo sufriera el mismo destino.

– ¡Sé que Blackquill es un criminal condenado, pero esto es horrible! ¡Alguien tiene que detenerlo! – le comentó Phoenix a Athena.

– ¡Me quitó las palabras de la boca, jefe! – dijo Athena arremangándose y preparándose para ir a quitarle de las manos el control a Yamai personalmente.

*¡DENEGADO!*

– ¡Srta. Cykes, no interfiera! – ordenó la Jueza Gavèlle. – ¡O la detendré por desacato!

– ¿Entonces va a dejar que ella lo asesine? – preguntó Athena incrédula.

– Ya ha sido sentenciado a muerte por la Diosa de la Ley en persona. Hay poca diferencia sobre cuándo se lleva a cabo la sentencia… – declaró la Jueza Gavèlle. Miró cabizbaja su escritorio, asqueada consigo misma por haber dicho esa justificación. Lo peor era que sabía que esa no sería lo más horrible que tendría que decir para recuperar a su hijo.

– ¡AH JA JAJAJAJAJAJAJA JAAAAA! – se carcajeó Yamai. – ¡MUÉRASE, BLACKQUILL! ¡MUÉRASE!

– Ya fue suficiente, Srta. Yamai… – Asano habló justo cuando Blackquill estaba a punto de llegar a su punto de quiebre. Alargó la mano para recuperar el control. – Lo crea o no, las Srta. Cykes tiene razón. Aunque Blackquill sea un criminal convicto, matarlo sería considerado un homicidio, ¡y no se reflejaría bien en usted!

– Pero…

Asano se inclinó para susurrarle al oído. – Reírse como una maniática mientras tortura a alguien con choques eléctricos no inspira simpatía. Eventualmente, los palurdos que están viendo este juicio se darán cuenta que usted no es la víctima inocente que dice ser, y se verá horrible para usted y su padre. Así que bájele…

– Bieeeeen… – gruñó Yamai, entregándole el control a Asano.

Blackquill jadeó, finalmente libre de los infernales choques eléctricos, pero apenas podía mantenerse en pie.

– ¡Simon! – gritó Athena. Corrió a su lado, ignorando lo que dijo Gavèlle antes. Para cuando llegó con él, estaba al borde de desmayarse y apenas se sostenía en pie.

»Fiscal Blackquill, ¿se encuentra bien? – preguntó Athena mientras se acercaba para ayudarlo a sostenerse. – ¡Simon, hábleme!

– Unngghhh… Athe… Cykes… dono… – Blackquill murmuraba débilmente mientras Athena lo sostenía. La miró y trató de implorarle que continuara con el juicio. Sin embargo, ya no le quedaban fuerzas y su cuerpo terminó fallándole, provocando que se cayera fuera de los brazos de ella y se desplomara sobre el escritorio. Athena miró el cuerpo inmóvil de Blackquill con horror y se puso a chequearle los signos vitales.

– ¡Simon! ¡Por favor, levántese! – suplicó Athena mientras lo sacudía, tratando de sacarle alguna reacción. Aunque los choques eléctricos no lo mataron, todavía no respondía.

– ¡Alguacil! ¡Por favor vaya a buscar al personal médico y que lleven al Fiscal Blackquill a la enfermería! – ordenó la Jueza Gavèlle. Luego miró su cuerpo inconsciente y se le ocurrió una idea.

(«Tal vez, si utilizo esto como una excusa… pueda concluir el juicio sin incurrir en la ira del Sr. Smith…»)

»Debido a que el fiscal ha quedado incapacitado para continuar con este juicio, suspenderemos los procedimientos por el día de hoy. Reanudaremos el juicio mañana a las…

*¡PROTESTO!*

– ¡Eso no será necesario! – interrumpió Asano. – Ya estábamos a punto de terminar con el testimonio de la Srta. Yamai antes de que ese fiscal hiciera su berrinche, y creo que usted estaba a punto de dar el veredicto…

– Pero Sr. Asano… – protestó la Jueza Gavèlle. – Sin un fiscal, no podemos…

– No estaba haciendo su trabajo de fiscal de todos modos. Dejémoslo tomar una siesta y terminemos el juicio sin él. Ya se ha alargado más de la cuenta, y no quiero que la Srta. Yamai quede más traumatizada de lo que ya está…

– ¿Traumatizada? – espetó Athena. Miró hacia el estrado, y su preocupación por Blackquill fue reemplazada con furia hacia Yamai y Asano. – ¿A eso le llama torturarlo mientras se reía como una maniática?

Yamai parpadeó. Justo entonces empezó a darse cuenta de que su conducta era contraproducente si quería dar la impresión de ser una víctima pura e inocente.

– O-Oh, ¿eso? Umm… me disculpo por mi comportamiento, Su Señoría. Ese fiscal estuvo acosándome antes, aunque soy la víctima, y realmente me molestó. ¡Sólo estaba liberando algo de frustración acumulada que tenía con él, eso es todo! – explicó Yamai, regresando a su personalidad dulce e inocente.

(«Por favor díganme que nadie es tan tonto para tragarse esa excusa…»)pensó Athena sudando frío.

– No hay necesidad de disculpas, Srta. Yamai. El Fiscal Blackquill ha demostrado ser tan desalmado como sugiere su reputación. Usted no hizo nada malo… – le aseguró la Jueza Gavèlle. La galería también empezó a dar su opinión.

– ¡Tiene razón! ¡Yamai no hizo nada malo!

– ¡Imaginen las cosas horribles que ese fiscal criminal le habrá hecho! ¡Especialmente luego de que ese horrible muchacho casi la mató!

– ¡Espero que su padre demande al fiscal y a la abogada defensora por permitir que la traten así!

– ¡Espero que este juicio acabe pronto, para que ese niño Tadano lo declaren culpable!

– Ya lo ve, Srta. Cykes, hasta la galería está de nuestro lado. La gente quiere justicia para la Srta. Yamai, y tengo toda la intención de asegurarme que se cumplan sus deseos… – Asano cruzó los brazos lleno de confianza. – ¿Por qué no mejor tira la toalla ahora mismo, y nos facilita las cosas a todos en este momento…?

– ¡En sus sueños, degenerado! – Athena le apuntó con un dedo desafiante a Asano. – ¡No me importa si usted engaña a todo el mundo para que se ponga de su lado, no me voy a detener hasta que Hitohito Tadano salga libre! ¿Le quedó claro?

– Una bravata vacía, mocosa, pero ambos sabemos que se te han acabado los argumentos. ¡Ya no hay nada más que puedas hacer! – Asano se ajustó las gafas.

*¡PROTESTO!*

– Hay muchas cosas más que puedo hacer, ¡porque todavía tengo un problema enorme con el testimonio de la Srta. Yamai! – replicó Athena. Se retiró del banquillo del fiscal y regresó a su puesto. Mientras volvía al banquillo de la defensa, miró el cuerpo inconsciente de Blackquill desplomado sobre su escritorio.

(«No se preocupe, Simon, ¡me aseguraré que esos villanos no se salgan con la suya!»)pensó. Una vez que volvió a su escritorio, encendió la pantalla holográfica de Widget.

»Vamos a asumir, sólo por el argumento, que la Srta. Yamai realmente fue golpeada dos veces cerca del estante. Adicionalmente, asumamos también que la mancha de sangre junto a la computadora fue causada por una hemorragia nasal y las huellas de sus manos fueron debido al temperamento incontrolable de la Srta. Yamai…

– Entonces ¿finalmente estás dispuesta a admitir que mi interpretación de los eventos es la correcta? – Asano se puso la mano sobre la barbilla.

Athena negó con la cabeza. – Para nada. Usted y la Srta. Yamai han estado mintiendo repetidamente a lo largo de este juicio, y sólo estoy dando una situación hipotética en la cual sus argumentos no son una completa farsa.

*¡SLAM!*

– Exijo que la defensa vaya al grano, y se abstenga de más ataques al carácter de la Srta. Yamai y el Sr. Asano… – declaró la Jueza Gavèlle.

– Muy bien, entonces… incluso si asumiéramos que todo eso realmente tiene sentido… – replicó Athena con un deje de fastidio en su voz, antes de golpear el escritorio con la palma. – ¿Cómo explican la escritura en sangre que muestra el nombre de mi cliente?

Asano se mordió el labio. Sabía que se le había escapado un detalle.

– La defensa explicará a qué se refiere… – ordenó la Jueza Gavèlle.

– Recuerden que anteriormente, la Srta. Nakanaka admitió haber sido la que creó el mensaje en la escena del crimen, usando la sangre del dedo de la Srta. Yamai… – recapituló Athena.

– ¿Cuál es tu punto? – espetó Asano de manera impaciente.

– Tranquilo,Jaime, ya estoy llegando a eso… – Athena cruzó los brazos con confianza. – También sabemos que para cuando la Srta. Nakanaka llegó a la escena del crimen, el Sr. Tadano ya había abandonado el campus de Itan por completo. Entre estos dos hechos hay una enorme contradicción:¿cómo supo exactamente la Srta. Nakanaka el nombre que debía escribir?

– ¡Porque yo se lo dije, perra estúpida! – Yamai golpeó furiosa en el estrado.

– Lenguaje, Srta. Yamai… – le recordó Athena, causando que la aludida apretara sus dientes. – Quizás le gustaría explicarnos cómo le dijo a la Srta. Nakanaka a quién incriminar mientras estaba inconsciente…

– Por desgracia, debo estar de acuerdo con la defensa. Es difícil imaginar que usted le haya advertido a su amiga sobre el Sr. Tadano mientras estaba inconsciente. – comentó la Jueza Gavèlle.

– B-bueno… – Yamai empezó a jalarse el lazo de su corbata y a sudar nerviosamente. – E-esa es una excelente pregunta, Su Señoría. D-déjeme pensar…

Hizo que Asano y Nakanaka se amontonaran alrededor de ella y comenzaran a susurrar entre sí. Athena se quedó mirando incrédula.

– En serio… ¿se están reuniendo para tener una discusión de equipo? – le preguntó Athena a su jefe.

– Sip… – replicó Phoenix con una mirada similar de exasperación.(«Y es igual de ridículo que la última vez que fui testigo de algo como esto…»)

Athena negó con la cabeza. Incluso con la jueza siendo coaccionada, esto era demasiado ridículo para ella.

*¡PROTESTO!*

– ¿Hay algo que ustedes tres deseen compartir con el resto de la clase? – Athena les apuntó con el dedo.

– ¡Cállate, zorra! – espetó Yamai.

– Tranquila… – Asano levantó la mano. Luego se volvió hacia Athena. – Simplemente estaba intentando ordenar sus pensamientos. Como mencioné antes, han estado muy revueltos desde el incidente, especialmente con lo que tu cliente le hizo…

(«Sí, revueltos mis calzones. ¡Eso sólo es una excusa conveniente para cambiar el testimonio cuando el antiguo se les va al infierno!»)Athena miró desafiante a su oponente.

– Dicho eso, no estuvo inconsciente todo el tiempo… – continuó Asano.

– ¿Qué quiere decir?

– ¡E-es cierto! – intervino Yamai. – Ya recuerdo: ¡llamé a Nakanaka para que me ayudara, y se lo dije después que llegó! ¡Su señoría, quisiera testificar sobre lo que pasó luego de que desperté después del ataque!

– Por supuesto. La corte está dispuesta a escuchar. Lo que sea para que lleguemos al fondo de la verdad… – La Jueza Gavèlle asintió.

Athena rodó los ojos.(«¿Y ahora con qué mierdas vas a salir?»)


[ * * * * * * * * * * * * * *]

Declaración del testigo

- Después de que desperté -

[ * * * * * * * * * * * * * *]


Yamai:

Desperté algún tiempo después, mareada, confusa, y herida.

»No recordaba mucho, pero sí recordaba lo que hizo Tadano-

»Llamé a Nakanaka y le dije que viniera a la biblioteca.

»Para cuando ella llegó, me sentía como si estuviera por colapsar.

»Sin embargo, antes de caer inconsciente, le susurré el nombre de Tadano…

»Para cuando volví a despertar, ya estaba en el hospital…

[ * * * * * * * * * * * * * *]


Hubo un silencio en la sala mientras Yamai terminaba su testimonio. Athena estaba sudando nerviosamente.

(«Diablos… ¡no puedo encontrar una sola contradicción en su testimonio!»)pensó.

Luego de unos momentos, la Jueza Gavèlle rompió el silencio. – Lo que la Srta. Yamai ha dicho… ¿todo es verdad?

– Sí… – asintió Nakanaka.

(«Ahí, justo ahora…»)

Sólo fue una palabra, pero fue más que suficiente para que Athena pudiera oír la discordia en el corazón de Nakanaka. Desde el momento en que entró, Athena tenía la sospecha de que algo andaba mal con Nakanaka, pero escuchar la voz de su corazón confirmó lo que estaba pensando.

Al mirar a Yamai y Asano, Athena sabía que intentarían objetar a que hiciera una sesión de terapia. Y a pesar de que la Jueza Gavèlle había aceptado antes sus métodos, Athena sabía que también se opondría dada la situación actual. Pero, al mismo tiempo, no veía otra opción.

– Su Señoría, ¿ha notado que la Srta. Nakanaka ha estado actuando de manera extraña desde que se reanudó el juicio? ¿Y que se ve más cerrada de lo usual? – inquirió Athena.

– Ciertamente se ve menos… animada que antes… – asintió la Jueza Gavèlle.

Asano se encogió de hombros y negó con la cabeza. – ¿No has considerado que tal vez tus estúpidas acciones son la causa de esto, niña tonta?

Athena ignoró el obvio intento de Asano de provocarla, y estampó su palma en el escritorio. – Su Señoría, la defensa cree que la Srta. Nakanaka sabe algo más sobre lo que sucedió en ese momento, pero algo ocurrió durante el receso que le provocó ansiedad. ¡Quisiera conducir una breve sesión de terapia con la Srta. Nakanaka para ayudarle a aliviar su tormento!

– ¿Una sesión de terapia? – musitó la Jueza Gavèlle.

*¡PROTESTO!*

Asano inmediatamente salió al paso.

– ¿Una sesión de terapia? ¿Aquí? – preguntó incrédulo.

– ¿Dónde más, Sr. Asano? – replicó Athena.

– Me permito recordarle, Srta. Cykes, que estamos en una corte de justicia, no en un consultorio de psiquiatra. Estamos aquí para discutir la culpa del Sr. Tadano por agredir a la Srta. Yamai, ¡no la miríada de problemas mentales de la Srta. Nakanaka! – replicó Asano en tono condescendiente.

– ¡P-por supuesto que lo sé! – señaló Athena. Empezó a juguetear nerviosamente con su arete y trató de recordarse mentalmente que no debía caer en sus provocaciones. – Sin embargo, tenemos el deber de descubrir toda la verdad detrás de este caso, incluyendo lo que la Srta. Nakanaka tiene que decir. ¡Ya he demostrado lo valiosas que son mis sesiones de terapia al encontrar la verdad antes durante el juicio con el Sr. Tadano, y quisiera hacer lo mismo con la Srta. Nakanaka!

*¡PROTESTO!*

– ¡Su Señoría, esto no es más que un intento desesperado por ganar tiempo! ¡Ella sabe que no hay contradicciones en el testimonio de mi cliente, así que planea usar esta supuesta "sesión de terapia" para demorar el juicio! – dijo Asano mientras agitaba la mano de manera despectiva. – ¡Exijo que se le niegue esa ridícula petición y vaya directo al veredicto!

– Lo entiendo… – La Jueza Gavèlle asintió, y alzó su mazo.

*¡SLAM!*

– ¡Su petición de una sesión de terapia para la Srta. Nakanaka queda denegada! – declaró la Jueza Gavèlle.

Athena se hundió en su escritorio, con la boca muy abierta.(«¡No! ¡Esa era mi única oportunidad de hacer que Nakanaka se abriera!»)

*¡UN MOMENTO!*

– ¡Si ese es el caso, la defensa solicita interrogar a la testigo! – intervino Phoenix.

– ¿Jefe? – Athena lo miró confundida.

– Aunque no puedas usar tu Matriz Emocional con Nakanaka, ¡aún puedes desmantelar el testimonio de Yamai! – le aconsejó Phoenix a su protegida.

– Pero Jefe, no puedo encontrar ninguna contradicción… – se quejó Athena.

– ¡Entonces presiónala y sácaselas! – le ordenó Phoenix. – ¡Sé que puedes hacer esto!

– Je, je, je, je, je, je…

Phoenix y Athena se giraron hacia la fuente de la risa. Era Asano.

– ¿Qué es lo gracioso? – Phoenix levantó una ceja.

– No pude evitar oír su conversación con su discípula. Sé que le agrada dar discursos para subir los ánimos, pero no habrá interrogatorio. Este juicio ya se ha extendido lo suficiente, y ya es hora del veredicto…

*¡DENEGADO!*

– ¡Le permitiré a la defensa interrogar a la testigo! – declaró la Jueza Gavèlle.

– ¿Discúlpeme? – preguntó Asano en tono agitado.

– Le permitiré a la defensa interrogar a la testigo. Sin embargo, les advierto que este juicio se ha prolongado mucho más de lo que debería. Sólo se le permitirá una protesta, y si no produce dudas razonables a la culpa del acusado, ¡anunciaré mi veredicto! – aclaró la Jueza Gavèlle. Luego extendió su mazo para empuñarlo. – ¿He hablado claramente?

Confianza: ([llllllllllllllll] )

– ¡P-por supuesto, Su Señoría! – asintió Athena. Al escuchar esto se puso aún más nerviosa, sabiendo que esta era su última oportunidad. Sin embargo, sin nada que perder, no le quedaba más camino que seguir adelante.

Sorprendentemente, Asano tomó la actitud desafiante de Gavèlle bastante bien.

– Muy bien entonces, Su Señoría… – Les lanzó una mirada tanto a Athena como a Gavèlle.(«Es muy valiente que se atreva a desafiarme a estas alturas del juego, pero supongo que tiene que mantener las apariencias. Aun así, espero que recuerde que, si me falla, Shaun le será devuelto en un ataúd…»)

Athena, entretanto, giró su atención hacia Yamai.

(«Esta es mi última oportunidad. Tengo que encontrar alguna forma de proyectar dudas sobre el testimonio de Yamai. De lo contrario, el destino de Hitohito quedará sellado…»)


[ * * * * * * * * * * * * * *]

Interrogatorio

- Después de que desperté -

[ * * * * * * * * * * * * * *]


Yamai:

Desperté algún tiempo después, mareada, confusa, y herida.

*¡UN MOMENTO!*

– ¿A qué hora despertó? – preguntó Athena.

– ¿Cómo diablos voy a saberlo? – gruñó Yamai.

– ¡Su teléfono! Lo utilizó cuando despertó para contactar a su amiga… – espetó Athena, aferrándose al borde de su escritorio para contener el impulso de correr al estrado para estrangular a Yamai.

– ¿Y qué con eso? – Yamai cruzó los brazos.

– Que tiene un reloj en la pantalla… – señaló Athena. – ¿Qué decía?

– Se me olvidó… – declaró Yamai.

Athena frunció el ceño. – ¿Cómo se le pudo olvidar? ¡Está al frente y en el medio cuando se enciende el teléfono! ¡No se puede pasar por alto!

– Bueno, a mí se me fue. ¡Estaba más preocupada por conseguir ayuda, así que no le presté atención!

– ¡Ahora escúchame bien! – Athena golpeó el escritorio. – ¡Sé que estás mintiendo, así que…!

– Déjalo, Athena… – interrumpió Phoenix.

– Pero jefe… – se quejó Athena.

Phoenix negó con la cabeza. – Aunque haya una discrepancia de tiempo, no les será difícil explicarla. Recuerda, sólo tenemos una oportunidad, así que necesitamos una contradicción que no puedan refutar tan fácilmente…

– Supongo que tiene razón… – suspiró Athena.

– Por favor continúe con su testimonio, Srta. Yamai… – solicitó la Jueza Gavèlle.

Yamai:

No recordaba mucho, pero sí recordaba lo que hizo Tadano.

»Llamé a Nakanaka y le dije que viniera a la biblioteca.

*¡UN MOMENTO!*

– ¿Dices que llamaste a la Srta. Nakanaka? – inquirió Athena.

– ¡Eso fue lo que dije, idiota! – Yamai golpeó el estrado.

Asano le susurró algo en el oído. Yamai gruñó al principio, pero asintió al entender.

– ¡Lo que quise decir fue que le enviéun mensaje de texto! – aclaró Yamai. – ¡No me digas que vas a decir ahora que eso es una contradicción!

– En absoluto… – Athena negó con la cabeza. – No me importa cómo fue que contactaste a tu amiga. Lo que me da más curiosidad es, ¿por qué elegiste contactarla a ella en lugar de a la policía…?

– ¿Huh? – Yamai parpadeó confusa. – ¿A q-qué te refieres?

– Si a mí me hubieran agredido, contactaría a la policía antes que a nadie. ¿Por qué su primer instinto fue contactar a la Srta. Nakanaka? – Athena cruzó los brazos.

Yamai se quedó estupefacta.

– B-bueno… verás… la cosa es que…

*¡PROTESTO!*

– La pobre sufrió de una contusión. ¡Por supuesto que su juicio en ese estado sería cuestionable! – interrumpió Asano, y luego miró a Athena con los ojos en rendijas. – … ¿O acaso estás diciendo que tienes evidencia de que tenía motivos ocultos para no contactar a las autoridades…?

– B-bueno… – La fuerza de la pregunta tomó a Athena por sorpresa. Por un momento quiso presentar los palillos de metal y decir que la presencia de un arma en su posesión era prueba de un motivo oculto, ya que podría meterse en problemas con la policía. Sin embargo, al pensarlo mejor, se dio cuenta que era una refutación débil y no bastaría para proyectar dudas sobre la culpabilidad de Hitohito. Y sólo tenía una oportunidad de presentar evidencia decisiva.

»No, no tengo evidencia… – respondió Athena. Se dio cuenta que Asano intentaba hacerle caer en una trampa, y se rehusó a morder la carnada.

– Típico. Mucha palabrería y sin pruebas. Parece que tu jefe te ha enseñado muy bien sus métodos… – musitó Asano.

– ¿No dijo antes que usted me admiraba? – replicó Phoenix. – Suena muy raro que diga eso sobre su ídolo…

Touché, Sr. Wright.Touché… – concedió Asano.

Athena miró incrédula a su jefe. – ¿Ese tipo en serio dijo que lo admiraba a usted?

– Sí, cuando estaba intentando sobornarme para que te traicionara. Por supuesto, supe que estaba lleno de mierda en el momento en que abrió su boca… – le dijo Phoenix.

– Dígamelo a mí. Entre él y Yamai, se me está haciendo difícil decidir a quién desprecio más… – comentó Athena.

– ¡EH-JEM! – interrumpió Asano. – Si la defensa ya ha terminado de chismorrear como adolescentes, quisiera concluir con este juicio hoy mismo. Entre más pronto Tadano sea sentenciado a la horca, más pronto nos podremos ir a casa…

– ¡Estoy de acuerdo! ¡Srta. Yamai, por favor continúe su testimonio! – declaró la Jueza Gavèlle.

(«¡Nadie irá a la horca hoy si yo tengo algo que decir al respecto!»)Athena les lanzó una mirada desafiante. Miró de nuevo los palillos de metal. Ya eventualmente conseguiría otra forma de usarlos.

Yamai:

Para cuando ella llegó, me sentía como si estuviera por colapsar.

»Sin embargo, antes de caer inconsciente, le susurré el nombre de Tadano…

*¡UN MOMENTO!*

– ¡Srta. Nakanaka! – exclamó Athena.

– ¿Hmm? – Nakanaka levantó la mirada y ladeó su cabeza confundida.

*¡PROTESTO!*

– Disculpa, pero en este momento estás interrogando a la Srta. Yamai, así que por favor abstente de irte por una tangente de algo no relacionado… – interrumpió Asano.

*¡PROTESTO!*

– ¡La Srta. Nakanaka es el tema actual del testimonio de la Srta. Yamai! ¡No hay nadie más relacionada a este interrogatorio que ella, salvo la misma testigo! – replicó Athena. Se rehusaba a permitir que Asano la desviara de su objetivo.

La Jueza Gavèlle negó con su cabeza. – Por desgracia, la Srta. Cykes está en lo correcto, Sr. Asano…

Athena sintió alivio de que la Jueza Gavèlle no la hubiese cortado. Aun así, se preguntaba si era porque intentaba resistirse a alguien, o que incluso ella no podía encubrir el fútil intento de Asano de interrumpir su interrogatorio.

Asano, por otro lado, estaba hirviendo de rabia en silencio.(«Más le vale que empiece a cooperar, o tendré que empezar a cortarle los dedos a su querido niño…»)

– Como estaba diciendo, antes de que me interrumpieran tangroseramente… – Athena le lanzó una mirada sucia a Asano antes de volverse hacia Nakanaka. – Srta. Nakanaka, ¿está absolutamente segura de que fue en ese momento cuando usted escuchó mencionar el nombre del Sr. Tadano?

– Así fue, Srta. Cykes… – replicó Nakanaka en voz monocorde. Athena no pudo evitar sentirse algo perturbada por el hecho de que la llamó por su nombre real, y no ese apodo despectivo que utilizó anteriormente.

Sin embargo, eso no iba a detenerla.

– Y allí fue cuando le vino la idea de escribir su nombre usando el dedo de Yamai y los palillos…

*¡PROTESTO!*

– ¡La defensa intenta influenciar a la testigo! – protestó Asano.

– ¡No estoy influenciando a nadie! ¡La Srta. Nakanaka ya admitió haber usado los palillos de metal para pincharle el dedo a la Srta. Yamai y usar su sangre para escribir el nombre! – contraatacó Athena.

Una vez más, la Jueza Gavèlle se puso del lado de Athena.

– Ella tiene razón. Durante el interrogatorio anterior, la Srta. Nakanaka admitió haber usado los palillos de metal para hacer exactamente lo que describe la Srta. Cykes… – le informó a Asano, que se jaló la manga de su chaqueta con impaciencia.

– ¿Es así…? – Asano levantó una ceja. («Quizás deba saltearme lo de cortar los dedos e ir directo a la mano entera…»)

– Lo es. Quizás si usted se hubiera quedado en lugar de salir huyendo con el rabo entre las patas cuando mi jefe se rehusó a seguirle el juego en sus planes, ¡lo sabría! – Athena cruzó los brazos llena de confianza.

– Cuidado, Srta. Cykes. Eso suena peligrosamente cerca de difamación. Podría demandarla por eso… – le advirtió Asano.

– Lo siento,Jaime, pero no se puede demandar a alguien que dice la verdad sólo porque haya herido tus sentimientos… – espetó Athena, con su sonrisa haciéndose aún más grande. – Pero ya basta de eso. Acorde con todo lo que hemos escuchado hasta ahora, la Srta. Nakanaka escuchó el nombre Tadano cuando la Srta. Yamai lo mencionó antes de desmayarse. Como resultado, cogió los palillos de metal de la Srta. Yamai, le pinchó el dedo, y luego utilizó la sangre para escribir el nombre de Tadano. ¿Esto es correcto, Srta. Nakanaka?

– Sí, Srta. Cykes… – Nakanaka asintió débilmente.

Athena comenzó a deslizarse por la pantalla de Widget, estudiando sus notas. Todo empezaba a encajar en su lugar.

– Sin embargo, hay un fallo crítico en este escenario. ¡Uno que la va a exponer como la mentirosa que es, Srta. Yamai!

Toda la sala miró a Athena con anticipación, esperando su respuesta. Tras unos momentos, estampó su mano sobre el escritorio y apuntó con el dedo a Nakanaka.

– ¿Cómo fue que obtuvo los palillos de metal y los utilizó para extraer la sangre de la Srta Yamai,si la Srta. Yamai nunca lo sacó en primer lugar?

Toda la sala comenzó a conversar. La Jueza Gavèlle aguardó unos momentos más antes de coger su mazo y golpearlo con fuerza.

*¡SLAM!*

– ¡Orden! ¡Srta. Cykes, explíquese de inmediato! – ordenó la Jueza Gavèlle.

– ¡Con gusto! – asintió Athena. Luego sacó las notas relevantes con Widget. – Ya hemos establecido que la Srta. Nakanaka extrajo la sangre del dedo de la Srta. Yamai usando los palillos de metal, y que la utilizó para escribir el nombre de Tadano. El análisis de ADN, al igual que la herida en su dedo, son pruebas innegables de este hecho.

»Sin embargo, acorde con la Srta. Yamai, ella fue amenazada por mi cliente, y supuestamente se quedó demasiado paralizada del miedo para recordar que tenía un arma. Luego fue golpeada y quedó inconsciente durante un período de tiempo indeterminado. Una vez que despertó, inmediatamente le envió un mensaje de texto a la Srta. Nakanaka por ayuda, y a su llegada, le dijeron lo que sucedió. Asumiendo que su encuentro no haya sido hostil, es seguro decir que no iba a sacar su arma en este momento tampoco.

»Y ya que nunca sacó los palillos de metal, no hay forma de que la Srta. Nakanaka pudiera haber sabido que los tenía, ¡y por tanto, no podría haberlos utilizado! – concluyó Athena, apuntando con un dedo triunfante.

*¡PROTESTO!*

– ¿Este es tu gran argumento, Cykes? – dijo Yamai despectivamente. – ¡Ella fácilmente podría haberme registrado y lo hubiera encontrado por casualidad!

*¡PROTESTO!*

– ¡Por supuesto que no! – Athena sacudió su cabeza. – Si su meta hubiera sido sacar sangre, había un método alternativo muy sencillo si los palillos de metal no existieran. Todo lo que tendría que haber hecho sería reabrir la herida detrás de la cabeza y ponerle el dedo para llenarlo de sangre. Pero como sabemos, ¡no lo hizo! ¡Utilizó los palillos de metal!

– ¡Pero si acabas de decir que eso era imposible, perra ignorante! – gruñó Yamai.

– Aunque no apruebo el lenguaje de la Srta. Yamai, estoy de acuerdo en que necesita resolver esta contradicción, Srta. Cykes. – intervino la Jueza Gavèlle.

– En realidad es muy fácil: tuvo que ser que la Srta. Yamai sacó sus palillos de metal en algún momento para amenazar al Sr. Tadano, y/o a la Srta. Nakanaka. En cualquier caso, ¡la Srta. Yamai está mintiendo sobre haberse olvidado de su arma!

Los ojos de Nakanaka se abrieron de par en par. La deducción de Athena le hizo recordar claramente su encuentro con Yamai.

Había encontrado a Yamai consciente pero herida. Le preguntó qué pasó, y Yamai le dijo que había sido Tadano. Los detalles eran borrosos, pero recordó que empezaron a discutir como de costumbre, pero esta vez las cosas se pusieron tan acaloradas que Yamai le amenazó con cortarle la garganta con su cuchillo.

Lo siguiente que supo, Yamai otra vez yacía inconsciente a sus pies, y ella tenía el reloj antiguo en la mano luego de utilizarlo para dejarla así.

– ¡No tienes ninguna evidencia de esto, Cykes! – escupió Yamai. – ¡Sólo estás tratando de…!

*¡UN SEGUNDO!*

– ¡Srta. Nakanaka! – la llamó Athena, notando que Nakanaka se ponía pensativa respecto al incidente.

– ¡HEY! – Yamai golpeó con su puño el estrado. – ¡Deja de hablar con esa idiota con delirios! ¡Yo soy la que está testificando aquí!

– Srta. Nakanaka… – repitió Athena, ignorando a la furiosa Yamai. – Parece haber recordado algo cuando mencioné la posibilidad de que la Srta. Yamai le amenazó con sus palillos de metal ¿Desea compartirlo con el resto de la corte?

Nakanaka bajó la mirada. Parecía que nada se le escapaba a los ojos de Athena, y lo mejor que podía hacer en ese punto era admitir lo que pasó. Sin embargo, sabía que, si lo hacía, con seguridad la iban a señalar como la agresora de Yamai, fuese la propia Athena o su evidentemente decepcionada examiga.

– "¡La única razón por la que no le informé a la policía que me atacaste, es porque odio a Tadano más de lo que te odio a ti…!"

– ¡No, no lo desea, porque eso no sucedió! – intervino Yamai desafiando a Athena. – ¿Por qué iba a amenazar a alguien a quien llamé por ayuda? ¿Acaso hay un cerebro funcionando en esa cabeza tuya?

– ¡Entonces debo asumir que estás admitiendo haber mentido sobre no haber amenazado a mi cliente, el Sr. Tadano, con los palillos de metal! – replicó Athena.

– ¡Yo no dije nada de eso, vaca asquerosa! – le gruñó Yamai.

– ¡Acabas de decir que no amenazaste a la Srta. Nakanaka porque no tenías razón para hacerlo! ¡Eso significa que empuñaste tu arma hacia mi cliente! – Athena apuntó ferozmente con el dedo hacia Yamai.

– Incluso si lo hubiera hecho, ¿qué prueba eso? – Yamai de pronto tenía un tic en el ojo.

– ¡Eso prueba que tu testimonio es tan falso como tu preocupación por la Srta. Komi, y por lo tanto debería ser inmediatamente descartado! – declaró Athena.

– ¡¿CÓMO TE ATREVES A DECIR QUE MI AMOR POR KOMI-SAMA ES FALSO, MALDITA PERRA?! – aulló Yamai. Ya estaba empezando a querer saltar fuera del estrado para atacar a Athena.

Sintiendo esto, Asano la agarró por detrás del cuello de la camisa. – Ya basta. Está tratando de provocarla. No haga algo de lo que se podría arrepentir en el futuro…

– ¡Ella acaba de decir que no me preocupo por Komi-sama! ¿Se supone que me quede aquí tranquila soportándolo? – gimió Yamai.

(«Ugghhh, Komi esto y Komi aquello… estoy harto de andar escuchando de esa maldita chica…»)Asano rodó los ojos debajo de sus gafas oscuras, tratando lo mejor que podía de contener su frustración.

– No, se supone que usted debe reconocer que la Srta. Cykes por allá le está presentando una falsa dicotomía. Quiere que usted piense que tuvo que haber amenazado a alguien con sus palillos de metal para que Nakanaka los haya utilizado, cuando ambos sabemos cuál es la verdad…

– ¿En serio? – Yamai ladeó su cabeza confundida.

(«Ay no… ¿ahora qué es lo que está tramando esa víbora de Asano?»)Athena sintió que se le formaba un sudor frío entre sus cejas.

– Claro que sí, ¿no lo recuerda? – le dijo Asano a Yamai. – Después de todo, usted fue la que me dijo quele había dicho a la Srta. Nakanaka antes del incidente que llevaba los palillos para defenderse, ¿verdad?

– ¿Qué…¡ ¡O-Oh sí! ¡Es cierto! – respondió Yamai, dándose cuenta de cuál era el plan de Asano y siguiéndole el juego.

*¡PROTESTO!*

Athena golpeó furiosa el escritorio con ambas manos. – ¡No, no lo es! ¡Se lo acaban de inventar en este momento!

– No, te equivocas. Es que no lo recordaba. ¡Mi memoria está borrosa debido a que Tadano me golpeó, ¿recuerdas?! – Yamai se señaló su cabeza, provocando que Athena rodara los ojos. – Sí recuerdas esa mañana que te dije que llevaba los palillos para defenderme, ¿verdad, Nakanaka?

– Umm… – dijo Nakanaka dudosa, claramente incómoda por repetir las mentiras de Yamai y Asano.

– ¿Verdad, Nakanaka? – repitió Yamai con impaciencia.

– Uhh… ¡s-sí, acabo de recordar que me lo dijiste esa misma mañana! ¡No puedo creer que se me haya olvidado! – respondió Nakanaka. La mirada asesina de Yamai le dejaba muy claro el mensaje: "O nos sigues el juego, o irás a la cárcel junto a Tadano".

– ¿Ya lo ve, Srta. Cykes? La Srta. Yamai le dijo a la Srta. Nakanaka sobre los palillos en la mañana del incidente. Ergo, cuando llegó la hora de escribir el mensaje en sangre, sabía exactamente qué buscar. Contradicción resuelta… – dijo Asano con un aire de finalidad.

*¡PROTESTO!*

– ¡Contradicción resuelta mis narices! – Athena apuntó un dedo acusador a Asano. – La Srta. Nakanaka claramente dudó antes de repetir su mentira, e incluso la Srta. Yamai parecía confusa sobre lo que usted estaba hablando al principio. ¡Esa mentira es tan obvia que hasta un niño de preescolar podría ver a través de ella!

*¡DENEGADO!*

– ¡La corte acepta las declaraciones del Sr. Asano y la Srta. Yamai! – declaró la Jueza Gavèlle.

– No puede hablar en serio… – Athena miró estupefacta a la jueza.

– Ohh, hablo muy en serio, Srta. Cykes… – La Jueza Gavèlle le lanzó una mirada severa a Athena.

– ¿Pero por qué? ¡Claramente están mintiendo, y además, no tienen evidencia de que la Srta. Yamai le haya dicho a la Srta. Nakanaka sobre los palillos antes del incidente! – preguntó Athena incrédula.

La Jueza Gavèlle negó con la cabeza. – Por la misma lógica, usted no tiene evidencia de que no lo haya hecho. Y yo creo que la Srta. Yamai, incluso con sus problemas de memoria, sabe lo que sucedió mejor que usted…

– ¿Cómo es que eso tiene sentido? ¡Ellos son los que están diciendo que la Srta. Yamai se lo dijo a la Srta. Nakanaka antes del incidente, deberían ser ellos los que presenten pruebas! – argumentó Athena.

*¡DENEGADO!*

La Jueza Gavèlle extendió y blandió su mazo. – Ya he tomado mi decisión sobre este asunto. ¡No discuta conmigo, Srta. Cykes, o haré que la detengan por desacato!

– ¡Errrggghhh! – Athena golpeó su escritorio con frustración.(«Esto no está pasando… esto no está pasando… esto no está pasando…»)

– No te rindas. Puede que haya otro ángulo por el cual puedas atacar. Sólo vuelve a revisar su testimonio… – le aconsejó Phoenix.

– Tsk, tsk, tsk… – Asano negó con el dedo. – Qué rápido se olvidan: Su Señoría dijo que sólo tenías permitida una oportunidad de protestar, y si tu protesta no proyectaba dudas sobre el testimonio de la Srta. Yamai, entonces emitiría su verdict…

– Sí, ¿y qué? – Athena levantó una ceja. – Jamás levanté una protesta, así que aún tengo oportunidad de…

*¡PROTESTO!*

– Ahí es donde te equivocas, jovencita… – señaló Asano. – Presentaste los palillos de metal como un intento de proyectar dudas en el hecho que la Srta. Nakanaka podría haberlo utilizado para escribir el nombre del Sr. Tadano, y entonces procedió a tratar de dañar la credibilidad de la Srta. Yamai en un intento de terminar el juicio por el día de hoy sin un veredicto. Sin embargo, yo propuse una alternativa que no tienes forma de desacreditar. Ergo, la contradicción fue resuelta, y como acordamos antes, es hora de emitir el veredicto…

– ¡Pero eso no lo decide usted! – Athena golpeó el escritorio.

– Entonces permítame decirlo yo: su interrogatorio ha terminado. ¡La corte emitirá ahora su veredicto! – declaró la Jueza Gavèlle.

– Por favor, Su Señoría, deme otra oportunidad. ¡Aún tengo más preguntas que hacerle a la testigo! – suplicó Athena.

Sin embargo, la Jueza Gavèlle sacudió su cabeza con tristeza.

– Lo lamento, pero no habrá más deliberación. Esta corte emitirá ahora un veredicto, ¡y nada de lo que diga puede cambiar eso!

(«¡No! ¿De verdad esto es todo lo que puedo hacer?»)Athena se desplomó sobre el escritorio, desconcertada. Ella sabía que Hitohito era inocente. Sabía que Yamai y Asano estaban mintiendo descaradamente, y que estaban obligando a Nakanaka a guardarse algo en silencio. Sin embargo, sin evidencia, no había nada que pudiera hacer. Todo lo que podía hacer era observar impotentemente cómo un hombre inocente era condenado.

Otra vez.

De repente, comenzó a congelarse mientras unas horribles memorias aparecían frente a ella.

(«¡No! ¡Otra vez no… otra vez esto no!»)

Recordó aquel día hacía siete años, cuando todo su mundo se quedó patas arriba.

Una sala de justicia, similar a donde estaba ahora. Excepto que en lugar de estar en el banquillo de la defensa, se encontraba tras el estrado, mirando a un abogado defensor, a una fiscal, y a un juez. Sin embargo, sus rostros se veían oscurecidos debido al paso del tiempo. A pesar de esto, recordaba claramente lo que dijo aquel día.

– "¡Por favor! ¡Tienen que escucharme!"

El abogado defensor, un hombre, apenas le prestaba atención. En todo caso, parecía que sólo estuviera allí por una formalidad y para cobrar su cheque. Su mente de once años no podía comprender lo que estaría pensando, pero el bienestar de su cliente claramente no estaba en sus pensamientos.

"¡Él no la mató! ¡Su corazón está diciendo a gritos que él no la mató!"

La fiscal, una mujer, miró fijamente. Igual que el abogado, permaneció inmóvil. Sin duda, la mujer no parecía sentir la necesidad de prestar atención a su infantil arranque. Incluso ahora, Athena no podía creer lo que estaba diciendo. Si viera a alguien en el estrado diciendo eso, probablemente ella también creería que esa persona se había vuelto loca.

– "¿Por qué no me escuchan? ¡Él es inocente! ¡Su corazón está gritando que es inocente!"

El juez ya había escuchado suficiente. Ni el abogado defensor ni la fiscal tenían nada que decir respecto a su supuesto "testimonio" y parecían haberlo descartado por completo. Alzó su mazo sin decir una palabra, y sus súplicas por la inocencia del hombre fueron ignoradas. Y entonces, el juicio fue emitido mientras dejaba caer su implacable martillo.

Era una escena que había visto en su cabeza incontables veces. La veía casi todas las noches en sus pesadillas. Era un sombrío recordatorio de que su madre se había ido, y de que por culpa de su infantil comprensión de la situación, su amigo de la infancia Simon Blackquill había sido condenado injustamente y sentenciado a muerte.

Y ahora, por culpa de su completa incompetencia como abogada defensora, lo mismo estaba a punto de ocurrirle a Hitohito Tadano.

– ¡Athena! – gritó Phoenix, tratando de sacarla de sus pensamientos. – ¿Estás bien? ¡Por favor, háblame!

Sin embargo, fue inútil. La cara de Widget, la cual normalmente reflejaba el humor de Athena, ahora estaba totalmente gris y en blanco. E igual que su asistente digital, Athena se había desconectado por completo.

– Lo siento, Hitohito… de verdad, lo siento mucho…


Hitohito fue escoltado hasta el estrado por dos alguaciles. Ya tenía una sospecha de lo que estaba sucediendo, pero una sola mirada dentro de la sala le dijo todo lo que necesitaba saber. Vio a Athena sufriendo un colapso mental en su banquillo, con Phoenix tratando en vano de sacarla de él. El banquillo del fiscal parecía vacío, pero al acercarse más, alcanzó a ver a Blackquill desplomado en el suelo, inconsciente. Y de pie en el estrado estaban Yamai, Asano, Taida y Nakanaka. Las dos últimas parecían abatidas, mientras que los dos primeros se veían triunfantes.

Lo iban a declarar culpable.

Sin embargo, justo cuando llegó al estrado y la Jueza Gavèlle estaba por anunciar su veredicto, hubo un gruñido detrás del banquillo del fiscal.

– ¿Fiscal Blackquill? – preguntó Hitohito. Una mano emergió desde detrás del escritorio, y Blackquill la usó para levantarse del suelo.

– Vaya, vaya, vaya… miren quien ya se despertó de su pequeña siesta… – comentó secamente Asano.

– Unnngghh… ¿qué está ocurriendo? – preguntó Blackquill, tratando de masajearse su cuerpo adolorido.

– El juicio se ha terminado. Su Señoría está a punto de dar el veredicto… – respondió Asano.

Blackquill inmediatamente salió de su aturdimiento y empezó a mirar alrededor de la sala, tratando de darle sentido a lo que acababa de oír. Para su horror, vio a Athena en el banquillo de la defensa, con aspecto totalmente deprimido, y Widget completamente apagado y en silencio. Luego vio a Hitohito, y a sus amigos y familia. Las expresiones sombrías en su rostro le decían todo lo que necesitaba saber.

– Después puede darme las gracias… – sonrió Asano. Blackquill apretó los dientes.

*¡SLAM!*

– Ya fue suficiente. ¡Ahora mismo anunciaré mi veredicto! – proclamó la Jueza Gavèlle. Luego miró a Hitohito, intentando enmascarar con su expresión severa la tristeza y arrepentimiento que sentía por lo que estaba a punto de hacer. – En el nombre de la Diosa de la Ley, esta corte declara al acusado, el Sr. Hitohito Tadano…

*C-U-L-P-A-B-L-E*

La Jueza Gavèlle extendió su mazo y lo empuñó.

– Sr. Tadano, al comienzo de este juicio, creí que usted era un joven recto que fue forzado a una situación desagradable. Una donde tuvo que defenderse de una acosadora que lo había estado atormentando y estaba preparada para sentenciarlo acorde con eso. Sin embargo, lo que acabamos de descubrir ha destruido esa percepción. El saber que no sólo fue usted el agresor todo el tiempo, sino que recurrió a difamar el buen nombre de la chica a la cual estaba acosando. Y encima de eso, ¿que usted también acosaba y molestaba a su amiga, la Srta. Komi? ¿Qué tiene que decir respecto a eso?

– Yo… yo… – Hitohito estaba perplejo. No podía creer las palabras que salieron de la boca de la Jueza Gavèlle. ¿Cómo era posible que la jueza, que anteriormente fue imparcial pero demostró ligera simpatía por él, fuese de eso a ir directo por su sangre? Al mirar alrededor de la sala y en la expresión de Gavèlle, supo que algo andaba mal con ella, pero no pudo determinar lo que era.

– Ya veo que incluso ahora se rehúsa a mostrar remordimiento por sus malas acciones. Eso difícilmente me sorprende. Aun así, no me complace en absoluto la sentencia que estoy a punto de emitir. Sin embargo, vivimos en tiempos oscuros donde los criminales, desde los ladrones de poca monta hasta los asesinos más depravados, andan sueltos, y si nuestro sistema legal está buscando alguna oportunidad de recuperarse, entonces hay que tomar medidas drásticas, y hacer sacrificios…

La Jueza Gavèlle vio la confusión de sus ojos. Lamentaba profundamente todas las falsedades que le dijo, el veredicto que había emitido sobre él, y la sentencia que estaba a punto de pronunciar. Pero, entre él y su hijo, ella tenía que salvar a su hijo, y se dijo a sí misma que si no lo hacía, entonces quienquiera que fuese el Sr. Smith trataría de matarlo de todas maneras.

Retrajo su mazo y lo sostuvo en posición de rezo. Una lágrima solitaria traicionó su actitud reacia.

(«Lo lamento, Sr. Tadano. Tengo que salvar a mi Shaun…»)

Abrió los ojos y miró a Hitohito directamente.

– Sr. Hitohito Tadano… lo sentencio a la pena capital. Su ejecución se llevará a cabo en 24 horas a partir de este momento…

*¡PROTESTO!*

*¡PROTESTO!*

*¡DENEGADO!*

Phoenix y Blackquill inmediatamente objetaron ferozmente a la sentencia. Athena se les habría unido, pero todo lo que podía hacer era mirar débilmente. E igual de rápido, la Jueza Gavèlle los denegó con toda la autoridad que pudo reunir.

Hitohito empezó a sentir que se iba a desmayar, una vez que asimiló la gravedad de la situación. Durante las últimas semanas, había estado contemplando el suicidio en varias ocasiones. Aunque nunca había hecho planes reales, había estado pensando en maneras de quitarse la vida, pensando que todos estarían mejor sin él. Sin embargo, aunque los últimos días habían sido de los peores en toda su vida, se dio cuenta que había gente que lo quería y se preocupaba por él, y que incluso aquellos que acababa de conocer, como Athena y Phoenix, lo veían como una persona valiosa que merecía ser defendida.

Mientras miraba alrededor y veía la rabia en los ojos de Phoenix y Blackquill, al igual que las miradas devastadas en los rostros de sus familiares y amigos, especialmente en el de Shouko, llegó a una realización importante: que no deseaba morir.

– ¡Esto es un ultraje! – protestó Phoenix golpeando el escritorio. – ¡¿Bajo qué pretexto se puede justificar una sentencia de muerte para alguien condenado por agresión?!

– Estoy de acuerdo con Wright-dono… – intervino Blackquill. – Según recuerdo, la sentencia máxima por agresión es una multa de 500.000 yenes o quince años de prisión. ¡No se justifica una sentencia tan desproporcionada!

*¡DENEGADO!*

– ¡Al contrario! El año pasado, el Gobernador Aoki aprobó el "Acta de Restauración por la Era Oscura", la cual, entre otras cosas, permite que los jueces emitan sentencias por crímenes que irían por encima de la pena máxima si el juez siente que hay circunstancias excepcionales… – les informó la Jueza Gavèlle.

– ¿Qué? ¿Qué diablos podría justificar una ley así de draconiana? – jadeó Phoenix.

– ¡El propósito es disuadir a los criminales de pensar que, debido a que el sistema legal está en caos, son libres de hacerle daño a otros! – argumentó la Jueza Gavèlle. – Si acaso creen que esta es una ley insana, ustedes son los únicos culpables. ¡Usted, Sr. Wright, que rompió la confianza del público al falsificar evidencia, y usted, Sr. Blackquill, por haber asesinado sin piedad a una mujer inocente! Ustedes son los responsables del veredicto del Sr. Tadano…

– Hmph, eso tiene gracia, viniendo de una mujer que intenta utilizar una ley insana que fue aprobada por un hombre igualmente insano… – remarcó Blackquill sardónicamente. – En lo que a mí concierne, su corazón está igual de negro que el mío…

– Sin mencionar, que el año pasado se demostró que yo era inocente de la falsificación de evidencia… – señaló Phoenix.

– ¡Ya basta! Nada de lo que digan hará que esta corte cambie de opinión. ¡Ya he emitido mi veredicto, y si siguen discutiendo haré que los arresten a ambos por desacato! – La Jueza Gavèlle empuñó su mazo de manera amenazante.

Phoenix y Blackquill se quedaron ambos en silencio. Blackquill miró a Phoenix con un gesto fruncido y de desaprobación.(«¡No se suponía que fallaras esta vez!»)

Phoenix, entretanto, hacía su mejor esfuerzo por determinar su siguiente paso.

(«Esto es malo. El juicio se acabó, y Athena está fuera para el conteo. Sigo sin poder creer que exista una ley como esa. Sabía que el Gobernador Aoki aplicaba mano de hierro al crimen, pero esto es ridículo. No hay forma que esa ley le permita a la Jueza Gavèlle hacer eso. ¡Tengo que apelar en esto lo más rápido posible!»)

Luego miró a Asano y Yamai. Yamai apenas podía contener su excitación cuando se anunció que Tadano sería ejecutado, dejándola libre para perseguir a Komi, mientras que Asano miraba con una sonrisa llena de confianza.

– No teníamos que haber terminado así, Sr. Wright. Usted podría haberle ahorrado a ese muchacho y a su familia todos estos problemas, si tan sólo hubiese cooperado conmigo… – le dijo Asano.

(«Sí, sí, ¡y bien podrías admitir que todo esto fue obra tuya!»)pensó Phoenix mientras miraba furioso a Asano. Por mucho que deseara acusarlo allí mismo y en ese momento, no tenía evidencia, y lo único que lograría sería que lo mandaran a la cárcel por desacato. Lo único que podía hacer era usar el poco tiempo que le quedaba para apelar.

(«Lo más probable es que les haya pagado a personas clave para que ocurra esta farsa de ejecución. Incluso los asesinos más despiadados tienen que pasar años en el corredor de la muerte antes de ser llevados a la soga. Arrggghh. ¡Tiene que haber una forma de retrasar esa ejecución!»)

– ¿Ya me puedo ir a mi casa, Sra. Jueza? ¡Estoy exhausta! – solicitó Yamai.

– ¡Por supuesto, usted ha tenido un día largo y arduo! – La Jueza Gavèlle asintió. Luego levantó su mazo. – Se levanta la…

*¡ALTOOOOOOOOOOOOOOO!*

Una voz femenina soltó un chillido agudo. Todos miraron con confusión hacia la fuente, pero Hitohito fue el primero en ver quién fue la responsable del grito.

– ¡Shouko! – exclamó Hitohito en shock. Todos miraron hacia el estrado, y vieron a Shouko junto a Hitohito y los dos alguaciles que lo escoltaban. Se aferró al estrado como si su vida dependiera de ello mientras lágrimas chorreaban por sus mejillas. La mayor parte de la sala, especialmente Yamai, se sorprendió por su repentina aparición.

Sin embargo, la reacción de Asano fue la más peculiar de todas. Su semblante calmado y confiado se hizo trizas, y comenzó a apretar los dientes y a temblar de rabia.

– ¿Hay algo que desees decirle a la corte, Srta. Komi? – inquirió Phoenix. Era una movida desesperada para ganar tiempo, aunque ya no sabía para qué podría ganar tiempo.

– T-T-T-T-T-T-T-T-T-T-T-T-T-T-T—

Había tantas cosas que Shouko quería decir. Quería empezar protestando por la inocencia de Hitohito. También quería preguntarle a Yamai por qué mintió sobre él ante la corte. También quería preguntarle por qué seguía acosándolo y amenazándolo después de prometerle que no lo volvería a hacer. Y lo más importante, quería preguntarle si su disculpa del día después de que lo secuestró no fue otra cosa sino una mentira.

Pero su desorden de comunicación le impidió hacer las preguntas. No podía hacer otra cosa que llorar por su incapacidad de hablar cuando su mejor amigo la necesitaba más que nunca. Estaba a punto de darse por vencida, cuando Hitohito le habló:

– ¿Tienes tu libreta? – le sugirió.

Shouko asintió. En el calor del momento, se olvidó de ella. La sacó, y comenzó a escribir sus pensamientos. Quería plasmar en el papel todo lo que se le ocurría. No sabía si serviría para salvar a Hitohito, pero tenía que intentarlo. A su vez, Yamai la observaba con horror, dándose cuenta que, lo que fuera que estuviera escribiendo, no iba a ser de ninguna forma favorable para ella.

Asano, por otra parte, tomó un enfoque mucho más directo. Marchó hacia el estrado, determinado a no permitir que esta chica Komi interfiriera con sus meticulosamente calculados planes.

– ¡Dame acá eso, niña estúpida! – gritó Asano arrebatándole la libreta a Shouko justo cuando terminó de escribir. Sin embargo, antes de que pudiese romperla en pedazos, fue asaltado por una ráfaga de garras filosas. – ¡AUGH! ¡QUÍTATE DE ENCIMA, PAJARRACO!

Empezó a chillar, tratando de alejar a Taka con la libreta. Sin embargo, con un tajo experto y directo, el halcón le sacó de las manos la libreta a Asano, y se la entregó a su amo.

– ¿Tratando de silenciar a una testigo, Sr. Asano? Qué vergüenza… – Blackquill sonrió de lado mientras atrapaba la libreta que su compañero le entregaba. Asano gruñó mientras el fiscal abría la libreta en la página que Shouko había escrito, y comenzó a leer en voz alta.

¡Hitohito es inocente!

No sé qué fue lo que se dijo durante el juicio, pero todos están equivocados. Hitohito es mi mejor amigo. Él nunca ha hecho nada para acosarme o hacerme daño. Siempre me ha apoyado desde el día en que lo conocí. Me ha ayudado a hacer amigos y a conocer a nuevas personas. No hay forma de que él haya lastimado o agredido a nadie.

Durante el último mes, mi colega Najimi y yo sentimos que algo estaba mal con Hitohito. Él decía que estaba bien, pero yo no estaba convencida. Sólo cuando vi el juicio de hoy fue que se confirmaron mis temores. Tú fuiste la responsable, Yamai. Has estado acosándolo a mis espaldas y amenazándolo para que rompa su amistad conmigo.

¿Por qué estás haciendo esto? Creí que habías aprendido tu lección después de ese incidente. Creí que ibas a esforzarte por llevarte bien con él. ¿Acaso tu disculpa hacia mí, y tu promesa de nunca lastimar a Hitohito sólo fueron mentiras de nuevo?

Si es así, ¿por qué? Creí que éramos amigas, Yamai. ¿Por qué me mentiste?

Toda la sala comenzó a murmurar, una vez que Blackquill terminó de leer la carta.

*¡SLAM!*

– ¡Orden! – exigió la Jueza Gavèlle, silenciando a la sala con su mazo.

– K-Komi-sama… – Yamai sentía que todo su mundo colapsaba a su alrededor. En su mente, ella estaba haciendo lo que pensaba que era lo mejor para su amada Komi-sama. Y sin embargo, aquí estaba ella, defendiendo a la persona que más odiaba en el mundo, y simultáneamente condenándola a ella por sus mentiras. Irónicamente, este resultado era obvio para cualquiera que las conociera, y sólo los delirios auto-infligidos de Yamai le impedían verlo.

Blackquill, por otro lado, disfrutó inmensamente de ver la mirada de desesperación de Yamai.

– Vaya, vaya, vaya, tal parece que tienes muchas explicaciones que dar, Srta. Fondo Fiduciario… – Blackquill sonrió mientras se tocaba la frente. – Antes estabas muy insistente de que eras muy cercana con la Srta. Komi, que el Sr. Tadano era quien estaba haciendo las vidas de ustedes dos miserables, y que él te atacó cuando intentaste oponerte a él. Pero aquí tenemos la prueba de lo contrario, y de que tú eras quien iba tras el Sr. Tadano por ser tan cercano con la Srta. Komi.

Yamai estaba sin habla. No tenía ningún argumento para refutarlo en absoluto. En el fondo, ella sabía que Komi favorecía a Tadano y aborrecía absolutamente ese hecho con cada fibra de su ser.

– ¿Y por qué le mentiste de todos modos, pequeña bruja del fondo fiduciario? ¿Por qué estabas tan empeñada en arruinarles las vidas a dos personas que sólo querían ser tus amigos…? – preguntó Blackquill en tono sardónico. Se deleitaba en verla retorcerse mientras fallaba en sacar ninguna justificación para sus acciones. No sólo le había hecho daño a Hitohito, sino que a juzgar por como Athena estaba hecha bolita en el banquillo de la defensa, dedujo que también había metido mano para hacerle daño a ella también. Para Blackquill, esta era una venganza muy merecida por atormentar a dos de las personas que más le importaban en el mundo.

– Y justo aquí, la Srta. Komi menciona un incidente… – Blackquill señaló un pasaje específico de la libreta. Yamai jadeó con horror. – Sabes, un pajarito me dijo que tú habías secuestrado al Sr. Tadano a principios de este año. Me pregunto si este es el mismo incidente al que se refiere la Srta. Komi—¡AUUUUUGGGHHH!

– ¡Ya tuve suficiente de usted, Blackquill! ¡No le permitiré que haga estas acusaciones infundadas contra la Srta. Yamai! – ladró Asano mientras varios cientos de voltios recorrían el cuerpo de Blackquill con el control remoto de sus esposas.

– ¡Pero esas acusaciones vienen directo de la Srta. Komi en persona! – argumentó Phoenix, apuntándole a Asano. – ¡Yo diría que eso las vuelve substanciales…!

*¡CÁLLENSE!*

– ¡Cierren la boca! ¡No sé a qué juego estén jugando usted y Blackquill, pero eso se acaba ahora! ¡Este juicio ya se acabó! ¡El veredicto fue emitido y se pasó la sentencia, y no voy a permitir que ustedes ni nadie más interfiera con niñerías! ¡Esto es una sala de justicia, no un melodrama de televisión! – gritó Asano.

Luego señaló con el dedo a una aterrorizada Shouko. – ¡Alguaciles, exijo que pongan a esa chica bajo arresto por desacato!

Hitohito y Yamai miraron ambos a Asano en shock al mismo tiempo.

– ¡¿Cómo se atreve a hacerle eso a Komi-sama?! – protestó Yamai.

– ¡Ya cállese! Usted y su comportamiento ya me han causado suficientes problemas por el día de hoy. ¡Me aseguraré que su padre sepa cómo ha estado actuando hoy en la corte! – la regañó Asano.

– ¡Discúlpeme, Sr. Asano, pero yo soy la que les da órdenes a los alguaciles en esta sala! – le recordó la Jueza Gavèlle.

– ¡ENTONCES HÁGALO DE UNA MALDITA VEZ, PATÉTICA EXCUSA DE MUJER! ¡Y BORRE TODO LO QUE ELLA DIJO DE LOS REGISTROS! – Asano golpeó furiosamente el estrado.

La Jueza Gavèlle suspiró. Normalmente, haría que sacaran a Asano por sus insultos, pero sabía que si lo hacía, sin duda invocaría la ira del Sr. Smith. No tenía más opción que acceder a sus demandas.

– Alguaciles, por favor arresten a la Srta. Komi por desacato. Y por favor, borren todo lo que dijo de los registros… – ordenó la Jueza Gavèlle con resignación en su voz. Miró a Shouko, que ya estaba en lágrimas. Con cada acto, se sentía más y más asqueada consigo misma.

(«Diablos, ni siquiera Manfred von Karma era así de verbalmente abusivo en la corte. ¿Por qué diablos Asano parece tener un problema personal con Shouko?»)se preguntaba Phoenix. Suponía que la ira del hombre hacia la muchacha iba más allá del hecho de que acababa de echar un estorbo a sus planes. Tenía la sensación de que tenía otra razón para odiar a Shouko específicamente, y le faltaba algo de contexto.

– ¡Esperen! ¡No arresten a Shouko! ¡Ella no hizo nada malo! – intervino Hitohito antes de que los alguaciles se pudieran acercar a ella.

– Lo lamento, Sr. Tadano… – dijo la Jueza Gavèlle con expresión apologética. – No hay nada que pueda…

De repente, las puertas de la sala se abrieron de golpe.

– ¡ESCUCHEN TODOS! ¡TENEMOS UN PROBLEMÓOOOOOOOOOOOOOON! – gritó el Detective Fulbright a todo pulmón, mientras echaba una carrera hacia el estrado.

(«Es la subestimación del maldito siglo…»)pensó Phoenix con un sudor frío.

*¡SLAM!*

– ¡Detective Fulbright, estamos a mitad de un juicio! – lo regañó la Jueza Gavèlle.

– ¡Lo siento, Su Señoría, pero es que hay algo que necesito anunciar! – Fulbright estaba jadeando en busca de aire, mientras agarraba nerviosamente el estrado.

– ¡Tonto Bright! ¿Dónde diablos has estado? – inquirió Blackquill. – ¡Creí que estabas revisando el metraje del centro de detención!

– B-bueno, yo…

– No importa. ¡Dinos qué es tan importante que tuviste que entrar corriendo y gritando como una banshee! – ordenó Blackquill.

– ¡Ohh, claro! – Fulbright salió de su estupor y se puso firme. – ¡Ya lo encontramos! ¡Encontramos a Itsuki Honshoku!

Los ojos de Phoenix se iluminaron. Esto era lo que todos estaban esperando. Cuando todo parecía perdido, un testigo sorpresa llegaría en el último momento para darle la vuelta al caso.

– ¿De verdad… es él? – preguntó Athena. Las noticias de Fulbright le dieron esperanza y brevemente la sacaron de su desesperación.

– Yo… – Phoenix quería decir que sí, pero de repente, se acordó que Fulbright acababa de decir que tenían un problemón. Al mirar al otro lado, se dio cuenta que Asano no parecía estar perturbado por las noticias. Esto le hizo darse cuenta que no era la esperanza que iba a salvarlos.

– ¿Y bien? ¿A qué estás esperando? ¡Has que lo traigan, hombre! – demandó Blackquill.

– Por desgracia, eso no será posible. – suspiró Fulbright. – Verán… el Sr. Honshoku está muerto…

– ¡¿Q-QUÉEEEEEE?! – exclamó Phoenix.

Athena se volvió a desplomar. – Sabía que era demasiado bueno para ser verdad…

Blackquill suspiró. – ¡Hubieras empezado con eso primero, Tonto Bright! ¿Qué fue lo que le pasó?

– Encontramos su cuerpo con un cuchillo clavado. Parece haber sido apuñalado hasta la muerte… – respondió Fulbright.

– ¡Por favor díganme que esto es una broma de mal gusto! – suplicó Phoenix.

Fulbright sacudió su cabeza tristemente. – Lo lamento, pero no lo es. Y desafortunadamente, se pone peor…

(«Por supuesto, siempre es así…»)pensó Phoenix. Fulbright miró con expresión apologética al abogado que sudaba profusamente, y a su igual de abatida protegida.

– Por mi investigación preliminar, tal parece que el Sr. Tadano es el principal sospechoso por el asesinato del Sr. Honshoku…

Esta historia continuará…


Acta del Juicio (Athena)

(* - indica nuevo o actualizado)


Perfiles:

Apollo Justice (Edad: 23): Un abogado que ha estado en la agencia desde antes que yo me uniera. Tiene una habilidad increíble para detectar mentiras a través del lenguaje corporal de la gente.

Trucy Wright (Edad: 16): La querida hija del Sr. Wright. Una aspirante a maga profesional que también es estudiante en la preparatoria Itan.

Hitohito Tadano (Edad: 15): Mi cliente. Un joven amable que está sufriendo de TEPT por culpa de las acciones de Yamai.

Phoenix Wright (Edad: 34): Abogado propietario de la agencia. Le debo mucho por darme la oportunidad de convertirme en una abogada consumada.

Shouko Komi: (Edad: 15): Amiga cercana de Hitohito y su compañera de clase. Es una chica hermosa que tiene problemas para comunicarse.

Najimi Osana (Edad: 15): Estudiante de Itan que siempre tiene mucha energía, y aparentemente tanto Hitohito como Trucy son sus amigos de la infancia. Su verdadero género es un misterio.

Ren Yamai (Edad: 15):No sólo ha secuestrado y acosado a mi cliente durante meses, sino que también lo atacó con un cuchillo. ¡Debo detenerla a toda costa!

Nene Onemine (Edad: 16): Una estudiante que se preocupa por los demás como una hermana mayor. Es muy amable y protectora especialmente con su compañera Kaede Otori.

Kaede Otori (Edad: 16): Una estudiante que parece siempre ser muy lenta y distraída. Le devolvió a Hitohito su teléfono perdido el día del incidente.

Bobby Fulbright (Edad: 33): El enérgico detective a cargo de este caso. A veces me hace preguntarme qué significa realmente la justicia.

Sakura Gorimi (Edad: 17): Una estudiante de segundo año, y la bibliotecaria principal. Aún puedo sentir el golpe que me dio en la cabeza con su abanico mortal.

Omoharu Nakanaka (Edad: 15): Una estudiante con síndrome de adolescencia que se hace llamar la Archimaga "Mei Karuma Van Zieks". Intentó usar la sangre de Yamai para incriminar a Hitohito.

Simon Blackquill (Edad: 28): Un fiscal y prisionero condenado a muerte. Posiblemente haya sido el fiscal de otro caso que ocurrió en Itan antes de ser arrestado.

Kozue Taida (Edad: 49): Profesora de la clase de Hitohito y Shouko. Es muy holgazana y le encanta aprovecharse de Hitohito para que él haga su trabajo en su lugar.

Itsuki Honshoku (Edad: 33): El experto en informática residente en Itan. Accedió a los archivos de la biblioteca el día del incidente.

Masatomo Yamai (Edad: 61): El padre de Ren Yamai (en teoría) y presidente de Yamai Holdings. Un hombre de negocios muy exitoso, pero también un fracaso como padre.

Junichi Asano (Edad: 25): La mano derecha de Masatomo Yamai. Intentó hacer un trato con el Sr. Wright para que se dejara perder el juicio.

Hitomi Tadano (Edad: 14): Hermana menor de Hitohito, y totalmente opuesta a él en personalidad. Puede ser un poco impulsiva, pero quiere mucho a su hermano y se preocupa por él.

Dick Gumshoe (Edad: 40):Un detective de la división de homicidios con quien el Sr. Wright solía cruzarse a menudo. Aunque le falta inteligencia, lo compensa con su lealtad y corazón.

Hitoshi Tadano (Edad: 46):El padre de Hitohito. Se suponía que se encontraría con el Sr. Honshoku el día que ocurrió el incidente.

Jeanne Tadano (Edad: 43):La madre de Hitohito. Solía ser una vieja amiga del Fiscal Blackquill.

Takara Yamai (Fallecida): La hermana mayor de Ren Yamai, que fue asesinada en la Preparatoria Itan hace siete años.

Carl Pritt (Fallecido): Un antiguo custodio que trabajó en la Preparatoria Itan que fue sujeto de rumores muy perturbadores. Fue condenado por el asesinato de Takara Yamai.

Verity Gavèlle (Edad: 34): La jueza que preside este juicio, una mujer educada pero de carácter severo. Parece conocer bien al Fiscal Blackquill.

Kenshin Hosonaga (Edad: 70): Un alguacil de edad avanzada en la corte que perdió a su hijo hace décadas. Simpatiza con la situación de Hitohito y no quiere que termine yendo por el mismo camino que su hijo.

Lucretia Augustus (Edad: 37): Una detective rubia conocida por su corrupción. Fue contratada por Yamai para coaccionar a Hitohito para que hiciera una confesión falsa.

Brutus Augustus (Edad: 35): Un detective enorme y fornido, y hermano de Lucretia. Fue contratado por Yamai para coaccionar a Hitohito para que hiciera una confesión falsa.

Franziska von Karma (Edad: 27): Una fiscal internacional de renombre que está buscando a Honshoku. Ella y el Sr. Wright solían ser pareja.


Evidencia:

Distintivo de abogada: Mi nuevo y brillante distintivo. Lo perdí brevemente, pero Hitohito me ayudó a encontrarlo.

Puertas hacia los Archivos de la Biblioteca: Estas puertas supuestamente requieren una identificación del personal para poder entrar. Sin embargo, un fallo en el sensor también permite que las identificaciones de estudiantes las abran.

Diagrama del sótano: Un diagrama del sótano, que muestra los archivos de la biblioteca y la sala de servidores. El pasillo del sótano y la sala de servidores estaban cerrados durante el crimen.

Reporte médico de Yamai: Un reporte médico de la Clínica Hickfield para Ren Yamai. Según el reporte, fue golpeada dos veces con un objeto contundente y tiene un corte en su dedo índice derecho.

Reloj antiguo: Un reloj antiguo operado con baterías usado en la agresión, cubierto con la sangre de Yamai y las huellas digitales de Hitohito. Actualmente no tiene baterías en su interior.

Escritura en sangre: Un mensaje garabateado con sangre que va hacia la mano derecha de Yamai que lee "Tadano". Nakanaka utilizó la mano derecha de Yamai para escribirlo.

Llave de la Sala de Servidores: La llave que abre las puertas de la sala de servidores desde los archivos de la biblioteca. Lleva una semana desaparecida.

Termostato: El dispositivo que regula la temperatura entre los archivos de la biblioteca y la sala de servidores. Fue ajustado durante la hora del crimen, pero no se encontraron huellas digitales en él.

Computadora de los Archivos de la Biblioteca: Una computadora en los archivos de la biblioteca a la que Hitohito accedió por razones desconocidas. Se encontraron huellas digitales de Hitohito, Yamai, y un individuo desconocido en el teclado y el ratón.

Historial de inicio de sesión: El día del crimen, Itsuki Honshoku accedió a la computadora a las 9:15 AM y la utilizó hasta la 1:15 PM, cuando Hitohito Tadano usó las credenciales de su profesora para iniciar sesión. La computadora cerró sesión manualmente a las 3:00 PM.

Huellas en el escritorio: Huellas de manos encontradas en el escritorio de la computadora. Análisis indica que pertenecen a Ren Yamai.

Abanico de papel: Un abanico de papel roto que se encontró en una papelera, afuera de un aula del segundo piso. Gorimi lo utilizó para atacar a Najimi la tarde del incidente.

Mancha de sangre borrada: Una mancha de sangre revelada con prueba de luminol en el piso junto al escritorio de la computadora. La sangre pertenece a Ren Yamai.

Teléfono de Hitoshi:El historial de llamadas muestra que intentó contactar a Itsuki Honshoku a las 3:15 PM el día del incidente. Sin embargo, no recibió respuesta y terminó dejando un mensaje de voz.

Artículo de Periódico:Artículo del Kanagawa Times que detalla el asesinato de Takara Yamai en la Preparatoria Itan hace siete años. Según el artículo, la persona responsable fue el custodio de la escuela Carl Pritt.

Regalo de Shouko:Un regalo que Shouko hizo para Hitohito. Tiene una tarjeta adjunta con su nombre en ella.

Diagnostico de TEPT:Un diagnóstico provisional escrito, firmado por el Dr. Koizumi que declara que Hitohito Tadano sufre de trastorno de estrés postraumático.

Palillos de metal: Un par de palillos de metal afilados que Yamai usó para amenazar a Hitohito. Un análisis de ADN reveló que la sangre de Yamai está en la punta.

Llave de la biblioteca: La llave que abre las puertas de la biblioteca. Aparte de la administración de la escuela y el custodio, Gorimi y Honshoku poseen una copia cada uno.

Teléfono inteligente de Yamai:Yamai usó este teléfono inteligente para enviarle un mensaje de texto a Nakanaka pidiendo ayuda en la biblioteca.

Teléfono inteligente misterioso: Un teléfono inteligente que pertenece a un individuo desconocido a quien Otori confundió con Hitohito. Supuestamente tiene una foto de Shouko Komi en su pantalla de inicio.

Foto sospechosa: Una foto borrosa de un estudiante de aspecto sospechoso subiéndose a un auto negro que Onemine tomó con su teléfono. Fue tomada a las 3:05 PM el día del incidente.


Notas del traductor:

Uff, qué maratón me di para traducir este capítulo, pero quise aprovechar que no tenía pendientes así que decidí terminarlo anoche. Y estoy seguro de que muchos lo venían esperando.

Y bueno, usualmente diría "cuando pensaba que las cosas no podían empeorar", pero siendo ya un veterano de la saga de Ace Attorney, ya sé muy bien que las cosas pueden, y SIEMPRE van a empeorar. Ya es tradición que en prácticamente todos los casos, si no empezamos con un asesinato, en algún momento se va a colar alguno, o por lo menos alguien va a morir, y todas las señales apuntaban a que la víctima iba a ser Honshoku. Este escenario es casi idéntico al tercer caso de Spirit of Justice, por lo cual no me sorprende que a Hitohito le hayan echado encima otro crimen después de ser declarado culpable de agredir a Yamai. El único lado bueno es que, con este nuevo crimen apilado, nuestros abogados tienen su oportunidad para hacer que le revoquen el veredicto. Diablos, el verdadero culpable sin duda fue la milla extra para cubrir todas sus bases, pero eso sólo hará más dulce cuando lo expongan.

Pero hasta entonces, la verdad es que quiero gritar a todo pulmón por la frustración en este momento. ¡AAAAAAAAAAAAAAAAARRRRGHH! ¡JUEZA GAVELLE, ES USTED UNA MUJER ESTÚPIDA! ¡SÓLO ESTÁ EMPEORANDO LAS COSAS PARA TODOS AL CEDER A LAS DEMANDAS DE ESE CRIMINAL! Uff, perdonen ese arrebato, pero en serio, aunque puedo simpatizar con ella, la verdad es que tiene que decirle a alguien lo que pasa, para que le ayuden a salvar a su hijo. Mi único consuelo es que el autor me dijo que "alguien" en la galería ya ha visto antes este comportamiento en ella y deducirá lo que pasa (obviamente no hay que ser genio para saber que está hablando de Franziska).

Si por lo menos hay algunas cosas buenas en este capítulo, es que Shouko finalmente tuvo la oportunidad de decirle (o escribirle) sus verdades a Yamai por todo lo que ha hecho. En este punto es difícil saber a dónde irá con eso, ya que todos sabemos que es una loca psicótica, pero una parte de mí todavía alberga una ínfima esperanza de que, por lo menos, reflexione un poco de sus acciones y de que le están haciendo más daño que bien a todos, tanto a sí misma como a la gente que odia y a la misma persona que dice amar, para que se frene aunque sea por un instante. A su vez, luego de que Nakanaka permaneció todo el capítulo anterior en silencio, Athena y Blackquill finalmente parecen haberle plantado la semilla de duda para que confiese, pero está claro que su miedo a las consecuencias todavía la tiene atenazada. Quizás haber escuchado lo que decía la nota de Shouko servirá para que se dé cuenta que mantener su "amistad" con Yamai no lo vale, y que si quiere evitar consecuencias peores, ahora es el momento de confesar.

Por último, pero no menos importante, aunque estoy frustradísimo con la Jueza Gavèlle, Asano definitivamente está en el primer lugar de mi lista negra en este momento. En serio, el hombre no deja de darme razones para odiarlo más con cada capítulo, y aquí no fue la excepción. De hecho, pensándolo bien, su reacción de furia descontrolada hacia Shouko ahora me hace preguntarme qué más podría estar en juego, porque miren que irse de buenas a primeras a exigir que la arresten ya fue irse de mano, hasta para él. Y ahora que Honshoku fue encontrado muerto, ya estoy casi seguro de que Asano tuvo algo que ver en ello, y que está más conectado al verdadero culpable de agredir a Yamai. Por ahora, no me queda más que cruzar los dedos, y rezar porque Apollo y Kishi hayan encontrado alguna pista que sirva para conectar los puntos y desenredar este maldito misterio.

Y bueno, supongo que eso es todo lo que tengo que decir. Este sin duda es el peor (en el buen sentido) cliffhanger en un capítulo para esta historia, y mi corazón casi se me para con esa última línea. De hecho, no sé si se dieron cuenta, pero en ningún momento salió Kometani a decir algo para aliviar la tensión, así de serio fue este capítulo para que vean. Pobre Hitohito, no va a disfrutar de su cumpleaños número 16 a menos que lo declaren inocente antes que se acabe el día (no es imposible, pero se hace cada vez más difícil). En este punto, no sólo quiero ver a Yamai y Asano caer, quiero que SUFRAN, ¡QUE ARDAN EN EL INFIERNO! ¡Se lo merecen por todo lo que han hecho! La espera por el siguiente capítulo y las secuelas será mucho más difícil, pero sé que valdrá la pena.

Así que bueno, me despido por ahora. Gracias por el review a sonicmanuel. Nos veremos en el próximo capítulo, hasta entonces, ¡la corte entra en receso!