Capítulo 94: El hogar es donde están las personas que amas.

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Lester no se veía mejor que cuando lo dejaron a solas con Percy, aunque este parecía tener una cara de que hizo lo mejor posible por ayudar. Le había ofreció ambrosía y néctar para curar sus heridas, pero no estaban seguros que eso no lo matara; todos vieron mal a Draco cuando este intento hacer que igualmente lo tomara pensando que una muerte más no pesaría en su consciencia. Percy por otro lado iba ayudar a Lester a llegar al campamento junto con Meg, Draco no dudo en incluirse para ir al campamento a ver a sus amigos y de paso Harry parecía dispuesto a seguirlo.

Pensó que tal vez era mejor que volviera a Inglaterra, pero Harry le dio una mirada de muerte sin querer hacerlo.

Había escuchado que Dumbledore era bastante famoso, aunque aún seguía con vida.

Hierva mala nunca muere.

Había rumores (Severus) que hablaban del hombre postrado en cama, no sufriendo, solo que la magia era difícil de utilizar. Había desistido de su cargo como director dejando a McGonagall como su remplazo, que incluso si era un Gryffindor, era mucho mejor en el trabajo que el hombre; al menos si se preocupaba por todos los estudiantes. Harry sería el siguiente personaje a recibir atención, aunque su ausencia había calmado un poco las aguas.

Inglaterra se estaba restructurando desde cero, pero el niño que vivió y niño de la profecía no estaba presente para formar parte de eso.

Que dicha.

Ocupaba una vida, no dar la vida por otros, otra vez.

Por otro lado Draco, parece que esta destinado a tener mala suerte, porque aquí estaba nuevamente. Su idea no era más que ayudar a Lester a llegar al campamento mestizo y dejarlo a suerte de Quirón, pero también estaba el problema de Theo con la varita de Sauco.

¿Estaría conectado de alguna manera?

Le gustaría pensar que no, pero su vida no ha sido fácil hasta ahora, así que duda que comience a serlo de repente.

Intento concentrarse en el presente.

Salsa con siete capas, galletas azules con pepitas de chocolate.

La especialidad de Sally para aliviar el estrés.

—Bueno —dijo Sally Jackson con alegría forzada—, ¿qué tal si preparo algo de comer mientras ustedes... habláis? —

Lanzó a Percy una mirada de preocupación y se dirigió a la cocina, posando las manos en actitud protectora sobre su barriga de embarazada.

Draco mataría a cualquiera que intentara hacerle daño a ese bebé.

Meg se sentó en el borde del sofá.

—Tu madre es muy normal, Percy—

—Gracias, supongo. —habla este con calma, Draco recuerda a Sally con una escopeta y no quiere contradecir a Meg sobre el caso.

—Veo que te gusta estudiar —comento Lester viendo los libros que tenían para la universidad—. Bien hecho—

Percy resopló.

—Odio estudiar. Me han asegurado el ingreso en la Universidad de la Nueva Roma con una beca completa, pero me exigen que apruebe todas las asignaturas de secundaria y que saque buena nota en la selectividad. ¿Te lo puedes creer? Y encima tengo que aprobar la PIPAS—

Draco odiaba tener que hacer eso, pensaba en conseguir las preguntas con trampa, pero Percy decía que no era lo idea.

No era Slytherin.

—¿La qué? —preguntó Meg.

—Un examen para semidioses romanos —le explico Lester—. La Prueba de Idoneidad de Poderes Abracadabrantes para Semidioses—

Percy frunció el ceño.

—¿Significa eso? —

—Si lo sabré yo... Yo escribí las partes de música y comentario de poesía—

—Nunca te olvidaré por eso —dijo Percy.

Meg columpió los pies.

—Entonces ¿eres realmente un semidiós? ¿Como yo? —

—Me temo que sí. —Percy se hundió en el sillón, dejando que Leste se sentara en el sofá al lado de Meg—. Mi padre es el dios Poseidón. ¿Y tus padres? —

Las piernas de Meg se detuvieron. Observó sus cutículas mordidas, con sus anillos de medialuna brillando en sus dedos corazón.

—No los conocí... mucho—

Percy vaciló.

Draco por otro lado vio a la niña detectando la mentira, miro de reojo a Harry que era un mejor detector humano al ser un hombre lobo y pudo ver en su rostro un leve ceño fruncido.

Se pregunto por qué mentir.

—¿Hogar de acogida? ¿Padrastros? —

Parecía que Meg imitase a un pequeño ratón, replegándose en sí misma ante las preguntas de Percy.

Percy levantó las manos.

—Perdona. No quería entrometerme. —Percy lanzó una mirada inquisitiva a Lester—¿Cómo os habéis conocido? —

Este rápidamente conto la historia.

Exagerando totalmente, Draco bostezo en medio de la charla acomodándose mejor contra Harry casi queriendo volver a ser Hurón. Cuando termino, Sally Jackson volvió. Dejó un cuenco de nachos y una cazuela llena de una elaborada salsa con estratos multicolores que era la comida de los dioses.

—Voy a por los sándwiches —anunció—. Pero sobraba salsa de siete capas—

—Qué rica. —Percy le metió mano con un nacho—. Es famosa por este plato, chicos—

Sally le revolvió el pelo, antes de hacer lo mismo con Draco, que solamente sonrió aun más contra Harry disfrutando de los mimos.

Son pequeños placeres de la vida.

Que Draco no sabe que tan importantes son hasta ahora, luego de años corriendo, luego de tantas luchas lo mínimo que se merece es ser amado y dejarse amar.

—Tiene guacamole, nata agria, fríjoles refritos, salsa... —

—¿Siete capas? —Lester parecía sorprendido—. ¿Sabía que el siete es mi número sagrado? ¿Ha creado esto para mí? —

Draco intenta no verse en Lester, pero es difícil cuando el idiota parece pensar que el mundo gira a su alrededor. De reojo ve a Harry que parece divertido al pensar lo mismo y cuando busca apoyo en Percy, este aparta la mirada.

Malditos idiotas.

Sally se limpió las manos en el delantal.

—Bueno, en realidad, no puedo llevarme todo el mérito... —

—¡Es usted demasiado modesta! —Probo un poco de salsa luciendo encantado—. ¡Gozará de fama inmortal por esto, Sally Jackson! —

Eran buenos.

—Qué amable. —Señaló la cocina—. Vuelvo enseguida—

Pronto había por todo el lugar sándwiches de pavo, nachos y salsa, y batidos de plátano. Meg comía como una ardilla, metiéndose en la boca más comida de la que podía masticar. Lester tenía la barriga llena.

—Percy —dijo—, tu madre es increíble—

—Lo sé. —Se terminó su batido—. Bueno, volviendo a tu historia, ¿ahora tienes que ser el criado de Meg? Si apenas os conocéis... —

—«Apenas» es ser muy generoso —replicó—. Pero sí. Mi destino está ahora ligado a la joven McCaffrey—

—Estamos colaborando —puntualizó Meg. Pareció paladear la palabra.

Percy sacó su bolígrafo del bolsillo. Le dio unos golpecitos contra la rodilla pensativamente.

—Parece un poco a la maldición de Draco—explica este viéndolo fijamente, Draco arruga el rostro recordando los vínculos y como por tanto tiempo había sido algo que los ligo y ahora ya no estaba, era triste pensar en eso; pero había diferencias ahora —Y la movida de convertirte en mortal... ¿te ha pasado ya dos veces? —intento cambiar el tema su amigo.

—No por gusto —aseguro—. La primera vez, tuvimos una pequeña rebelión en el Olimpo. Intentamos derrocar a Zeus—

Percy hizo una mueca.

—Creo que si es hermano tuyo—susurra Hary contra su oído divertido, Draco toma el emparedado e intenta meterlo a la fuerza a su boca haciéndolo reír.

—Supongo que no salió bien—dice Percy ignorándolos.

—Naturalmente, a mí me cayó casi toda la culpa. Ah, y a tu padre, Poseidón. Los dos fuimos expulsados a la Tierra como mortales, obligados a servir a Laomedonte, el rey de Troya. Fue un amo muy duro. ¡Incluso se negó a pagarnos por nuestro trabajo! —

A Meg por poco se le atragantó el sándwich.

—¿Tengo que pagarte? —

—No temas —le dijo—. No te pasaré una factura. Como iba diciendo, la segunda vez que me volví mortal, Zeus se enfadó porque maté a algunos de sus cíclopes—

Percy frunció el ceño.

—Eso no mola, colega. Mi hermano es un cíclope—

—¡Aquellos eran cíclopes malvados! ¡Hicieron el rayo que mató a uno de mis hijos! —

Meg dio un brinco en el brazo del sofá.

—¿El hermano de Percy es un cíclope? ¡Qué fuerte! —

Esa niña tenía problemas.

—En cualquier caso, estuve ligado a Admeto, el rey de Tesalia. Fue un buen amo. Me caía tan bien que hice que todas sus vacas tuvieran terneros gemelos—

—¿Puedo tener yo crías de vaca? —preguntó Meg.

—Bueno, Meg —contesto—, primero tendrías que tener vacas madre. Verás... —

—Chicos —nos interrumpió Percy—. Recapitulemos, ¿tienes que ser el criado de Meg durante...? —

—Una cantidad de tiempo indeterminada —respondo—. Probablemente un año. Es posible que más—

—Y durante ese tiempo... —

—Sin duda me enfrentaré a muchas pruebas y penalidades—

—Como conseguirme mis vacas —apuntó Meg.

Draco comenzó a comer más de las tiras de manzana que Sally le dio, viendo todo como un partido de ping pong con su novio. Ignoro las miradas de suplica de Percy para que ayudara, pero no pensaba hacerlo, la verdad no podría importarle menos Apolo.

Percy era una buena persona por intentar ayudarle.

—Cuáles serán esas pruebas, todavía no lo sé. Pero si las paso y demuestro que soy digno, Zeus me perdonará y me dejará volver a ser un dios—

Percy no parecía convencido, no pudo culparle.

Draco no pudo contenerse.

—No lo hará, Zeus solamente piensa en él mismo, estas perdiendo tu tiempo si piensas que te perdonará—habla Draco atrayendo la atención de Lester.

Este luce incrédulo y casi molesto, pero no dice nada, al parecer tiene al menos conciencia para saber quién de ambos podría ganar en una lucha. No sabe si su memoria es suficiente para recordarle que son medios hermanos.

Bueno seria mejor que pronto entrara en la realidad.

Zeus solo se preocupaba por él mismo, por nadie más.

—Necesito tiempo para ubicarme —dijo Lester dándole una mirada resentía a Draco—. Cuando lleguemos al Campamento Mestizo, podré consultar a Quirón. Entonces podré averiguar qué poderes divinos conservo—

—Si es que conservas alguno —comentó Percy.

—Pensemos de forma positiva. —

Percy se recostó en su sillón, empujando a Draco y lo pateo de regreso. Este lucio resentido y Draco solamente bufo antes de acomodarse mejor entre Percy y su novio que lo tenía abrazando de la cintura. Harry no parecía importarle que estuvieran frente a un olimpo por la forma en que acariciaba su mejilla con su nariz.

—Asquerosos—susurro Percy resentido, como si no fuera peor cuando estaba con Beth.

Lo pateo más fuerte.

—¿Tenéis idea de qué clase de espíritus os persiguen? —continuo Percy.

—Bultos brillantes —contestó Meg—. Son brillantes y como... bultos—

Percy asintió con la cabeza seriamente.

—Esos son los peores—

—Poco importa eso —repuso Lester—. Sean lo que sean, tenemos que escapar. Cuando lleguemos al campamento, las fronteras mágicas me protegerán—

—¿Y a mí? —preguntó Meg.

—Oh, sí. A ti también—

Percy frunció el entrecejo, al tiempo que Draco rodaba los ojos.

Un olimpo egoísta.

No cree que esto salga bien.

—Si eres realmente mortal, Apolo, o sea, cien por cien mortal, ¿podrás entrar en el Campamento Mestizo? —

Buen punto.

Harry había demostrado poder entrar, pero supone que es por su parte mágica y de criatura mágica, además que Draco mataría a cualquier olimpo que no lo dejara entrar.

Lester.

Bueno.

Era Lester.

—No digas eso, por favor. Claro que entraré. Tengo que entrar. —

—Pero ahora podrías resultar herido en combate... —reflexionó Percy—Por otra parte, tal vez los monstruos no te harían daño porque no eres importante—

—¡Basta! —el hombre parecía casi con pánico—Estoy seguro de que conservo algunos poderes —afirmo—. Sigo estando cañón, por ejemplo; solo me falta librarme de este acné y perder algo de grasa. ¡Debo de tener otras habilidades! —

Percy se volvió hacia Meg.

—¿Y tú? Tengo entendido que lanzas bolsas de basura como una campeona. ¿Tienes alguna otra aptitud que debamos saber? ¿Invocar rayos? ¿Hacer explotar lavabos? —

Meg sonrió con aire vacilante.

—Eso no es un poder—

—Claro que sí —dijo Percy—. Algunos de los mejores semidioses empezaron haciendo volar lavabos—

A Meg le entró la risa tonta.

Draco por otro lado vio a su amigo incrédulo.

—También terminan en contenedores de basura—se ríe, haciendo que este le pellizque el tobillo y estaba vez si intenta meter su zapato en la boca de su amigo.

—Ejem. —Apolo lucia preocupado—. ¿Cuándo podemos partir? —

Percy miró el reloj de pared.

—Ahora mismo, supongo. Si os están siguiendo, prefiero tener monstruos detrás que husmeando por casa—

—Eres un buen hombre —asevero Lester.

Percy señaló los manuales de repaso con desagrado.

—Pero tengo que volver esta noche. Tengo que estudiar mucho. Las dos primeras veces que me presenté a la selectividad... Puf. Si no fuera porque Annabeth me está ayudando... —

—¿Quién es esa? —preguntó Meg.

—Mi novia—

Meg frunció el ceño.

Claramente no feliz, Draco parecía estar viendo una de sus novelas favoritas.

—¡Pues tómate un descanso! —lo animo Lester—. Tu cerebro se refrescará después de un viaje tranquilo a Long Island—

—¡Eh! —exclamó Percy—. Tiene cierta lógica. Está bien. Vamos—

Se levantó justo cuando Sally Jackson entraba con una bandeja de galletas con pepitas de chocolate recién hechas entre color azul y verde.

—No te asustes, mamá —dijo Percy.

Sally suspiró.

—Detesto cuando dices eso—

—Solo voy a llevar a estos dos al campamento. Nada más. Volveré enseguida—

—Creo que ya he oído eso antes—

—Te lo prometo—

Sally le miró y luego miró a Meg. Su expresión se suavizó; tal vez su bondad natural pudo más que la preocupación. Miro a Draco con preocupación, pero solamente le dio una sonrisa.

—Me quedare unos días con Lavender y Theo, pero tengo a Harry—aseguro intentando relajar a la mujer.

Recuerda la ultima vez que volvió, como lo había abrazado aterrada cuando se dio cuenta del tártaro y Draco simplemente se había quedado paralizado al sentir su miedo.

Se prometió no preocuparla nunca más.

Al igual que su madre.

Sally no merecía eso.

—De acuerdo. Tened cuidado. Me alegro de haberos conocido a los dos. Procurad no moriros, por favor—

Percy le dio un beso en la mejilla. Alargó la mano para coger una galleta, pero ella apartó la bandeja.

—Oh, no —dijo su madre—. Apolo y Meg pueden coger una, pero voy a secuestrar el resto hasta que estés en casa sano y salvo. Y date prisa, querido—

La expresión de Percy se tornó seria. Se volvió hacia nosotros.

—¿Habéis oído eso, chicos? Una hornada de galletas depende de mí. Si hacéis que me maten camino del campamento, me cabrearé mucho—

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Draco ignora las quejas de Lester, porque parece quejarse de todo, que si hay arco, que si hay aire acondicionado, que si hay botanas. Cuando entra al asiento se va atrás, ignorando a Percy que lo mira con infinita traición por dejar a Meg de copiloto. Harry toma asiento y Draco rápidamente se abraza a este, puede que fuera algo necesitado de afecto en estos días, pero luego de todo lo vivido es más que merecido el tener un poco de cariño de su novio. Lester los ve algo disgustado por tener que ir en la parte trasera, pero todo lo que importa es que su novio parece encantado con el cariño físico.

Todos ganan.

Draco quiere afecto.

Harry siempre ha sido un novio muy necesitado de él.

Así que son felices.

No deberían verlos mal.

—Y pensar que algunos te ven como el terror del olimpo—habla Percy con una sonrisa divertida a lo cual Draco solamente se ríe un poco sin aire.

Algo que le había dicho solamente a Percy y no a su novio (por obvias razones), había sido un día en el techo del edificio de Sally. Le había admitido a Percy un poco nervioso sobre lo que paso cuando Harry había "muerto", de no ser por Theo y Percy que se habían adentrado casi de forma suicida al bosque para recuperar a Harry, probablemente si su novio moría…bueno, realmente Draco no tenía idea en que clase de persona se pudo haber convertido.

Pero sin duda sería algo malo.

Muy malo.

Lo peor de todo es que Percy parecía listo para ayudarle a armar el caos, Draco amaba mucho a su mejor amigo.

Lester parece mareado y Draco piensa en moverlo con el pie, pero Harry toma su mano para contenerlo y funciona bastante bien. Se siente bien estar enamorado, poder demostrarlo, ser estúpidamente meloso y pegajoso con su novio. Recuerda cuando se hicieron pareja y como la verdad, no tuvieron tanto tiempo, especialmente cuando Draco tuvo que ir a rescatar a Percy justo después de dejar de ser virgen.

Injusto para el mundo.

—¿No tiene lanzallamas el Prius? —pregunto Lester—. ¿Láseres? ¿Ni siquiera unas cuchillas hefestianas para el parachoques? ¿Qué clase de coche económico es este? —

Percy miró por el espejo retrovisor.

—¿Tenéis coches así en el monte Olimpo? —

—No tenemos atascos —contesto—. Eso te lo aseguro—

Meg se volvió y miró por el parabrisas trasero, seguramente para ver si nos seguía algún bulto brillante.

—Por lo menos no nos... —

—No lo digas —le advirtió Percy.

Meg resopló.

—No sabes lo que iba a... —

—Ibas a decir: «Por lo menos no nos siguen» —dijo Percy—. Eso da mal fario. Enseguida nos daremos cuenta de que nos están siguiendo. Luego acabaremos en una batalla campal que dejará el coche de mi familia para el arrastre y probablemente destruya toda la autopista. Y después tendremos que ir corriendo el resto del camino al campamento—

Meg abrió mucho los ojos.

—¿Puedes adivinar el futuro? —

—No me hace falta. —Percy cambió de carril a uno que avanzaba un poco menos despacio—. Me ha pasado muchas veces. Además —me lanzó una mirada acusadora—, ya nadie puede adivinar el futuro. El Oráculo no funciona—

Ante eso Draco soltó un suspiro, mientras Harry pasaba las manos por su cabello de forma un poco tranquilizadora.

No le importaba mucho el oráculo en realidad, Rachel le agradaba bastante, pero la idea de las visiones no era algo que fuera interesante. Draco siempre había salido fuera de las profecías, por lo cual que estas no funcionaran le era indiferente.

Harry tampoco era fanático de profecías

Así que ellos estaban bien.

Otros como Percy estaban algo preocupados por el campamento.

—¿Qué Oráculo? —preguntó Meg.

Nadie supo que decirle, Draco se pregunto que tanto podría saber.

—¿Sigue sin funcionar? —dijo Apolo con una vocecilla.

Tan patético.

Draco lo odia, pero una parte de él no puede evitar sentir un poco de lastima por su actual situación.

—¿No lo sabías? —replicó Percy—. Claro, has estado fuera meses, pero pasó durante tu guardia—

El rostro de Lester parece como si hubiera comido un limón agrio.

—Yo solo... creía... esperaba que ya se hubiera resuelto—

—¿Te refieres a que unos semidioses —dijo Percy— se embarcaran en una misión para recuperar el Oráculo de Delfos? —

—¡Exacto! —parecía que el idiota no entendía en realidad—. Supongo que Quirón se olvidó. Se lo recordaré cuando lleguemos al campamento para que envíe carne de cañón... digo, héroes... —

—Mira, te diré lo que pasa —me interrumpió Percy—. Para ir de misión, necesitamos una profecía, ¿no? Esas son las normas. Si no hay Oráculo, no hay profecías, así que hemos caído en una... —

—Una trampa 88. —Suspiro.

Meg me tiró una pelusa.

—Es una trampa 22—

—No —explico Lester pacientemente—. Esto es una trampa 88, que es cuatro veces peor—

—Esta charla es estúpida—habla Draco claramente impacientándose por el descenso de neuronas de la cabina.

Percy tiene el descaro de reírse de su persona, Harry intenta acariciarle ese punto detrás de la oreja que lo hace encogerse un poco emocionado porque siempre se escalofría cuando el lo acaricia ahí.

—Tengo malas noticias—dice Meg con calma atrayendo otra vez la atención sobre ella.

Triste.

Estaba por empezar a besuquearse con su novio.

—Sí, perdona, Meg —dijo Lester claramente sin sentirlo—. Verás, el Oráculo de Delfos es un antiguo... —

—Eso me da igual —interrumpió ella—. Ahora hay tres bultos brillantes—

—¿Qué? —preguntó Percy.

Ella señaló detrás de nosotros.

—Mirad—

Abriéndose paso entre el tráfico, acercándose rápido a ellos, había tres relucientes apariciones vagamente humanoides, como columnas de granadas de humo tocadas por el Rey Midas.

—Me gustaría viajar tranquilo una sola vez —gruñó Percy—. Agarraos. Vamos a ir campo a través—

Percy se metió disparado por la vía de salida más cercana, atravesó zigzagueando el aparcamiento de un centro comercial y luego pasó como un rayo por delante de la ventana de autoservicio de un restaurante mexicano sin pedir nada. Se desviaron a una zona industrial de almacenes desvencijados, con las apariciones humeantes pisándonos los talones.

—Espera esta esa salida que hicimos al centro comercial para ver una película con tu madre, fue bastante tranquila—habla Draco con calma mientras Harry se abraza con fuerza a él.

Exagerado.

Esta seguro que la escoba en medio del quidditch se mueve peor.

—No tenían batido de color azul, fue una pésima salida—gruñe Percy sin dejar de ver la ventana del conductor—además te comiste la última rebanada de pizza—

—Falsa acusación—sisea Draco.

Aunque puede que si fuera verdad.

—¿Tu plan consiste en evitar pelear muriendo en un accidente de tráfico? —pregunto Lester alterado.

—Ja, ja. —Percy dio un volantazo a la derecha. Se dirigieron al norte a toda velocidad, y los almacenes dieron paso a una mezcla de bloques de pisos y centros comerciales abandonados—. Estoy yendo a la playa. Lucho mejor cerca del agua—

—¿Por Poseidón? —preguntó Meg, equilibrándose contra el tirador de la puerta.

—Sí —asintió Percy—. Esa frase resume mi vida entera: «Por Poseidón»—

Meg se puso a dar botes de emoción, cosa que pareció absurda, considerando que ya estaban dando suficientes botes.

—¿Te volverás como Aquaman? —preguntó ella—. ¿Harás que los peces luchen para ti? —

—Gracias —dijo Percy—. Todavía no he oído suficientes bromas sobre Aquaman—

—¡No bromeaba! —protestó Meg.

Draco miro por la ventanilla trasera. Las tres columnas brillantes seguían ganando terreno. Una atravesó a un hombre de mediana edad que cruzaba la calle. El peatón mortal se desplomó en el acto.

—Me gusta llamarlo sirenoman—habla Draco recordando el programa de Bob Esponja que solían ver de niños.

—Eso te haría el chico percebe—contrataca Percy ofendido.

Draco arruga el rostro.

—Al menos no seré un viejo barrigón—

—¡Ah, yo conozco a esos espíritus! —grito Lester cuando vio por la ventana—. Son... esto... —

Se detuvo luciendo confundido.

—¿Qué? —preguntó Percy—. ¿Qué son? —

—¡Me he olvidado! ¡No soporto ser mortal! Cuatro mil años de conocimientos, los secretos del universo, un mar de sabiduría... ¡perdido porque no puedo contenerlo todo en esta tacita que tengo por cerebro! —

Draco iba a ahorcarlo, pero Harry lo detuvo.

—¡Agarraos! —

Percy cruzó volando un paso a nivel, y el Prius se elevó por los aires. Meg gritó al darse con la cabeza contra el techo. Luego empezó a reírse como una tonta sin poder controlarse.

El paisaje se abrió a una campiña real: campos en barbecho, viñas aletargadas, huertas de árboles frutales sin hojas.

—Solo falta un kilómetro y medio más o menos para la playa —informó Percy—. Además, casi hemos llegado al lado oeste del campamento. Podemos conseguirlo. Podemos conseguirlo—

En realidad no pudieron.

No se sorprende, nada sale nunca como quieren.

Una de las nubes de humo brillantes les jugó una mala pasada y se elevó de la calzada justo delante de ellos. Instintivamente, Percy dio un volantazo. El Prius salió de la carretera, atravesó una alambrada de púas y entró en un huerto. Percy evitó chocar contra los árboles, pero el coche patinó en el barro cubierto de hielo y se atascó entre dos troncos. Milagrosamente, los airbags no se activaron.

No fue el peor estacionamiento del mundo.

Pero Paul sin duda estará enojado por el estado del coche.

Percy se desabrochó el cinturón de seguridad.

—¿Estáis bien? —

Meg empujó contra la puerta del lado del pasajero.

—No se abre. ¡Sácame de aquí! —

Percy intentó abrir la puerta de su lado. Estaba firmemente atrancada contra el lado de un melocotonero.

—Aquí detrás —dijo Lester—. ¡Pasad por encima de los asientos! —

Abrió la puerta de una patada y bajo tambaleándose, fue un poco triste, Draco lo siguió más ágilmente.

Las tres figuras humeantes se habían detenido en el linde del huerto. Ahora avanzaban despacio mientras adquirían forma sólida. Les salieron brazos y piernas. En sus caras se formaron ojos y bocas abiertas y hambrientas.

Percy y Meg estaban teniendo problemas para bajar del Prius. Necesitaban tiempo, Draco estaba por sacar su lanza aburrido mientras Harry se apresuraba ayudar a los demás.

Bueno.

Unos espíritus no deberían ser mucho problema de derrotar.

—¡ALTO! —grito Lester de repente a los espíritus congelando a Draco—. ¡Soy el dios Apolo! —

Para la sorpresa de Draco, los tres espíritus se detuvieron. Se quedaron flotando a unos doce metros. Meg gruñía mientras saltaba del asiento trasero. Percy salió con dificultad detrás de ella. Percy le lanzo una mirada, pero Draco tal vez de forma algo maldita veía curioso sin intervenir a Lester.

Avanzo hacia los espíritus con miedo y alzo la mano e hice un gesto levantando tres dedos.

Era un idiota.

—¡Dejadnos o pereced! —les dijo a los espíritus—. ¡BLOFIS! —

Las siluetas humeantes temblaron.

Si.

Eso no era una buena señal.

Lester tenía un rostro triunfante que le dio mucha lastima a Draco.

Los espíritus se solidificaron y se transformaron en cadáveres macabros con los ojos amarillos. Iban cubiertos con harapos y tenían las extremidades llenas de heridas abiertas y llagas supurantes.

—Vaya, hombre. —la voz de Lester se quebró—. Ahora me acuerdo—

Percy y Meg se me acercaron uno a cada lado. Percy convirtió su bolígrafo en una hoja de reluciente bronce celestial con un sonido metálico. Draco decidió sacar su lanza viendo a Lester curioso.

—¿De qué te acuerdas? —preguntó—. ¿De cómo matar a estas cosas? —

—No —contesto Lester timido—. Me acuerdo de lo que son: nosoi, espíritus de las plagas. Y también... de que no se los puede matar—

—¿Nosoi? —Percy colocó los pies en posición de combate—. Siempre pienso que he matado a todas las criaturas de la mitología griega, pero la lista no acaba nunca—

—A mí todavía no me has matado —observo Lester.

—No me tientes—

—Siempre quise matar a un Dios—especialmente a Zeus, pero no iba a decirlo en voz alta.

Los tres nosoi avanzaron arrastrando los pies. Sus bocas cadavéricas estaban abiertas. Las lenguas les colgaban. Sus ojos brillaban con una capa de mocos amarillos.

—Estas criaturas no son mitos —dijo Lester asustado—. Claro que casi todos los mitos antiguos no son mitos. Salvo la historia de que desollé vivo al sátiro Marsias. Eso fue una mentira como una casa—

Percy le miró.

—¿Qué hiciste qué? —

—¿Aun tienes fe de ellos? —le contradice Draco ofendido por su amigo.

—Chicos. —Meg cogió una rama de un árbol marchito—. ¿Podemos hablar de eso más tarde? —

El espíritu del medio habló:

—Apolooo... —Su voz sonaba ahogada como una foca con bronquitis—.Hemos veniiido a... —

—Permite que te interrumpa. —Lester se cruzó de brazos—Habéis venido a vengaros de mí, ¿verdad? —los miro con pena—. Veréis, los nosoi son los espíritus de las enfermedades. Desde que nací, propagar enfermedades se convirtió en parte de mi trabajo. Utilizo flechas infectadas para matar a la población desobediente de viruela, pie de atleta, ese tipo de cosas—

—Qué asco —dijo Meg.

—¡Alguien tiene que hacerlo! —repuso—. Mejor un dios, regulado por el Consejo del Olimpo y con los debidos permisos sanitarios, que una horda de espíritus sin control como estos—

El espíritu de la izquierda gorjeó.

—¿Podemos hablar un momeeento? ¡Deja de interrumpir! Queremos ser libres, sin controool... —

—Sí, ya lo sé. Vais a acabar conmigo. Y luego propagaréis toda enfermedad conocida por el mundo. Habéis querido hacerlo desde que Pandora os dejó salir de su vasija. Pero no podéis. ¡Os voy a eliminar! —

Lo duda.

Lester estaba temblando en los pies, Draco mira a Percy con duda pero este solamente le resta importancia claramente no queriendo herir el poco ego del idiota a su lado.

El espíritu de la derecha enseñó sus dientes podridos.

—¿Con qué nos vas a eliminar? ¿Dónde está tu aaarco? —

—Parece que ha desaparecido —convino—. Pero ¿ha desaparecido realmente? ¿Y si está bien escondido debajo de esta camiseta de Led Zeppelin y estoy a punto de sacarlo y dispararos a todos? —

Los nosoi se arrastraron con nerviosismo.

—Mieeentes —replicó el del medio.

Percy se aclaró la garganta.

—Ejem, Apolo... —

—Sé lo que vas a decir —le dijo Lester aun confiado—. Que tú y Meg habéis pensado un plan ingenioso para frenar a estos espíritus mientras yo escapo al campamento. Detesto que os sacrifiquéis, pero... —

—Eso no es lo que iba a decir. —Percy levantó la espada—. Iba a preguntarte qué pasa si hago picadillo a estos merluzos con bronce celestial—

El espíritu del medio rio; sus ojos amarillos brillaban.

—Una espada es un arma insignificante. No tiene la poesííía de una buena epidemia—

—¡Alto ahí! —tercio Lester—. ¡No podéis exigir mis plagas y también mi poesía! —

—Tienes razón —dijo el espíritu—. Basta de palaaabras—

Los tres cadáveres avanzaron arrastrando los pies. Lester estiro los brazos, confiando.

No pasó nada.

—Esto se está volviendo triste—habla Draco para Harry que solamente saca su varita con calma, parece ser que el chico ha aumentado en su forma de ver el peligro.

Al igual que Draco en tercer año y viendo a un hipogrifo como cualquier cosa, deberían hablar sobre que clase de situaciones son peligrosas. Aunque admite a regañadientes que su novio se ve jodidamente caliente sin verse asustado de una batalla.

Percy lo patea por el tobillo para que no babee por Harry.

Idiota.

—¡Esto es insoportable! —se quejo Lester—. ¿Cómo lo conseguís los semidioses sin el poder de autovictoria? —

Meg clavó su rama de árbol en el pecho del espíritu más cercano. La rama se quedó clavada. Un humo brillante empezó a recorrer el trozo de madera.

—¡Suéltala! —les advirtió Lester—. ¡No dejes que los nosoi te toquen! —

Meg soltó la rama y escapó.

Percy Jackson entró en combate. Blandió su espada y esquivó los intentos de los espíritus de atraparlo, pero sus esfuerzos fueron en vano. Cada vez que la hoja de su espada entraba en contacto con los nosoi, sus cuerpos se disolvían en una niebla brillante y luego volvían a solidificarse. Draco solamente los esquivaba preguntándose si lanzaba un rayo podría atravesarlo.

Un espíritu se abalanzó sobre Lester para agarrarlo. Meg cogió un melocotón negro congelado del suelo y lo lanzó con tal fuerza que lo incrustó en la frente del espíritu y lo derribó.

—Tenemos que huir —decidió Meg.

—Sí. —Percy dio marcha atrás hacia nosotros—. Me gusta la idea—

—¡GLACIUS! —el grito de Harry vino con un movimiento de varita que hizo que uno de los espíritus se congelara al tiempo que una enorme pilar de hielo parecía cruzarse entre ellos.

Draco duda que si hubiera sido él quien lanzara el hechizo congelante, hubiera sido tan potente, Harry por otro lado no parece afectado por el claro despliegue de magia. Puede que no fuera tan versado en hechizos, pero tiene que recordar que el idiota tiene un buen núcleo mágico y sabe batirse en duelos.

Quién lo diría.

Meg y Percy se fueron corriendo a través del huerto, Lester ocupo un empujón de Harry y Draco se quedo en la retaguardia mientras corrían. Percy señaló una cadena de colinas situada aproximadamente un kilómetro y medio más adelante.

—Esa es la frontera oeste del campamento. Si conseguimos llegar allí... —

Pasaron por delante de un tráiler con un tanque de riego. Con un movimiento despreocupado de mano, Percy hizo que un lado del tanque reventase. Una barrera de agua chocó contra los tres nosoi detrás de nosotros.

—Eso ha estado bien. —Meg sonrió, mientras avanzaba dando saltos con su vestido verde nuevo—. ¡Vamos a conseguirlo! —

Tal vez por ahora.

La verdad es que Draco se preguntaba si pasando la barrera estarían a salvo.

—No podemos... —dijo Lester respirando a grandes bocanadas—. Nos... —

Antes de que pudiera terminar, las tres columnas brillantes de humo se elevaron del suelo delante de ellos. Dos de los nosoi se convirtieron en cadáveres: uno con un melocotón por tercer ojo, y el otro con una rama que le sobresalía del pecho.

El tercer espíritu... En fin, Percy no lo vio a tiempo. Chocó de lleno contra la columna de humo.

—¡No respires! —le advirtió Lester.

Percy abrió los ojos desorbitadamente como diciendo: «¿Me lo dices ahora?». Cayó de rodillas agarrándose el cuello. Meg cogió otro melocotón mustio del campo, pero no le serviría de gran cosa contra las fuerzas de las tinieblas.

—Sujeta la espada—grita Harry a Percy que duda un momento antes de sujetarse con fuerza—¡Accio espada!—vuelve a usar magia atrayendo la espada y por ende atrayendo a Percy contra ellos atajándolo cuando ambos impactan.

Lester por otro lado estaba corriendo mientras Draco se colocaba frente a Harry usando su lanza para golpear el suelo y al mismo tiempo de parte del cielo, tres rayos cayeron sobre los espíritus que apenas si pudieron esquivarlos antes de chillar, pero había uno de ellos más lejos cerca de Apolo; maldita sea el peso muerto.

Uno de estos pudo salvarse, claramente luciendo molesto.

—¿Qué enfermedad mortal uso para matar al gran Apolooo? —dijo el espíritu gorjeando—. ¿Ántrax? ¿Ébooola, quizá...? —

—Padrastros —propuso Lester con voz de pito—. Me aterran los padrastros—

—¡Ya tengo la respuesta! —gritó el espíritu, pasando de mí groseramente—. ¡Probemos con esto! —

Se deshizo en humo y se posó sobre Lester como un manto brillante. La parte intangible hizo que fuera molesto y se preguntó si podría tocarlo en algún momento para usarlo cual marioneta, la mejor forma de luchar tal vez seria entre ellos mismos.

Lester se revolcaba en el barro y Draco corrió hacía esa cosa, pero cuando uso la lanza cual jabalina, esta lo atravesó.

Maldita sea.

—¡ABAJO! —grito Percy y Draco volteo a verlo, este tenía la mano levantada.

A su izquierda, el suelo tembló. Un géiser en miniatura brotó del campo. Percy se arrastró desesperadamente hacia él. Metió la cara en el agua y se quitó el humo.

Un momento.

Percy se levantó con dificultad. Arrancó la fuente del géiser, una tubería de riego, y orientó el agua hacia Lester. Draco rápidamente se intento quitar del camino todo lo posible cuando el agua impacto a Apolo y al espíritu sobre este.

Meg volvió a gritar.

—¡AGÁCHATE! —

No era a Draco quien estaba ya en el suelo, era a Lester.

Todos cayeron al suelo con fuerza mientras los melocotones salían disparados por el huerto, rebotaban en los árboles como bolas de billar y atravesaban los cuerpos cadavéricos de los nosoi. Si hubieran estado de pie, habrían muerto, pero Meg se quedó quieta, impertérrita e ilesa, mientras la fruta podrida congelada pasaba silbando a su alrededor.

Seria patético luego de todas sus aventuras, morir por fruta.

No gracias.

Draco se niega a que eso este escrito en su tumba

Los tres nosoi se desplomaron, llenos de agujeros. Todas las frutas cayeron al suelo.

Percy alzó la vista, con los ojos rojos e hinchados.

—¿Gué ha pashado? —

Parecía que tenía la nariz congestionada, lo que significaba que no había escapado por completo a los efectos de la nube apestosa, pero al menos no estaba muerto. Por lo general eso era una buena señal.

—No lo sé —reconoció Apolo que se estaba levantando con ayuda de Harry—. ¿Hay peligro, Meg? —

Ella miraba asombrada la carnicería de frutas, cadáveres mutilados y ramas de árbol rotas.

—No... no estoy segura—

—¿Gómo lo hash hesho? —preguntó Percy sorbiéndose la nariz.

Meg se quedó horrorizada.

—¡Yo no lo he hecho! Simplemente sabía que pasaría—

Mentía.

Draco ladeo la cabeza pensando si esto podría estar relacionado a su padre divino.

Uno de los cadáveres empezó a moverse. Se levantó tambaleándose con sus piernas profusamente perforadas.

—Pero lo has hechooo —gruñó el espíritu—. Ereees fuerte, niña—

Los otros dos cadáveres se pusieron en pie.

—No lo bastante —replicó el segundo nosos—. Vamos a acabar contigo—

El tercer espíritu enseñó sus dientes podridos.

—Tu guardián se quedará muyyy decepcionado—

¿Guardián?

Draco frunce el ceño ante eso especialmente porque parecía que a Meg le hubieran dado un puñetazo en la barriga. Tenía la cara pálida. Los brazos le temblaban. Dio una patada en el suelo y gritó:

—¡NO! —

Más melocotones se elevaron por los aires dando vueltas. Esta vez la fruta se fundió en un remolino de fructosa hasta que delante de Meg hubo una criatura parecida a un bebé humano rechoncho con un pañal de lino por toda vestimenta. De la espalda le sobresalían unas alas hechas de ramas frondosas.

Su cara infantil podría haber resultado adorable de no haber sido por los brillantes ojos verdes y los colmillos puntiagudos que tenía. La criatura gruñía y lanzaba mordiscos al aire.

—Oh, no. —Percy sacudió la cabeza—. Odio esas cosas. —

Los tres nosoi tampoco parecían encantados. Se alejaron poco a poco del bebé gruñón.

—¿Qu-qué es eso? —preguntó Meg.

Lo había llamado y le preguntaba a ellos, bueno, no los estaba atacando directamente, así que Draco pensó que no podría ser tan malo.

—Es un espíritu de los cereales —dijo Lester con claro pánico—. Nunca había visto a un karpos de melocotones, pero si es tan feroz como los otros... —

—Eso va a salir mal—musito Harry comenzando a fastidiarse.

Awwww.

Su primer fastidio por un viaje de semidioses, sin duda debería llevarlo más seguido, era adorable.

El bebé de melocotones se volvió hacia los nosoi. El cadáver del medio, el del melocotón en la frente, retrocedió poco a poco.

Claramente no eran amigos.

—No te entrometas —advirtió al karpos—. No vamos a permitiiir... —

El bebé de melocotones se abalanzó sobre el nosos y le arrancó la cabeza de un mordisco.

No es una metáfora.

La boca con colmillos del karpos se abrió, se ensanchó hasta convertirse en una increíble circunferencia, se cerró en torno a la cabeza del cadáver y la cercenó de un bocado.

Vaya.

Todos lo vieron con la boca abierta, Draco meditando sobre si podrían adoptar a esa malévola cosa y tenerla de mascota.

—¡Ni lo pienses! —dijeron Harry y Percy al mismo tiempo, este ultimo un poco lleno de mucosidad.

Aburridos.

En cuestión de segundos, el nosos había sido hecho trizas y devorado. Los otros dos nosoi se retiraron, una reacción comprensible, pero el karpos se agachó y saltó. Cayó sobre el segundo cadáver y pasó a convertirlo en cereales con sabor a peste.

El último espíritu se deshizo en humo brillante y trató de irse volando, pero el bebé de melocotones desplegó sus alas con hojas y lo persiguió arrojándose sobre él. Abrió la boca y aspiró la enfermedad, mordiendo y tragando hasta que todas las volutas de humo desaparecieron.

Se posó delante de Meg y eructó. Sus ojos verdes brillaban, después de comerse enteros a los tres nosoi, el pequeño parecía hambriento.

Se puso a dar alaridos y a golpearse su pequeño pecho.

—¡Melocotones! —

Percy levantó despacio su espada. Su nariz todavía estaba roja y lemoqueaba, y tenía la cara hinchada.

—No te muevas, Meg —ordenó sorbiéndose la nariz—. Voy a... —

—¡No! —repuso ella—. No le hagas daño—

Ella posó tímidamente la mano en la cabeza rizada de la criatura.

—Nos has salvado —le dijo al karpos—. Gracias—

Abrazó la pierna de la niña y nos lanzó una mirada fulminante como si nos desafiase a acercarnos.

—Melocotones —gruñó.

—Le caes bien —observó Percy—. Ejem... ¿por qué? —

—No lo sé —dijo Meg—. ¡Sinceramente, yo no lo he invocado! —

Bueno.

Nadie más aquí podría invocarlo, Percy hijo de Poseidón, Draco hijo de Zeus, Harry un mago hombre lobo y Lester un inútil.

Solo la dejo a ella como posible responsable, pero no quiso hacer más escándalo.

—Bueno, en cualquier caso, le debemos la vida al karpos. Esto me recuerda una expresión que acuñé hace mucho tiempo: «¡Con un melocotón al día, a los espíritus de las plagas alejarías!» —

Percy estornudó.

Draco que no era un troglodita como su amigo, saco un pañuelo de su bolsillo que le paso a este, cuando se sonó la nariz, bueno, Draco decidió que no quería su pañuelo de regreso. Lo sentía por el regalo de una pequeña Pansy, pero daría por hecho que ese pañuelo murió en batalla.

—Creía que eran manzanas y médicos—

El karpos siseó.

—O melocotones —apuntó Percy—. Los melocotones también funcionan—

—Melocotones —convino el karpos.

Percy arrugó la nariz.

—No pretendo criticar, pero por qué hace como Groot—

Meg frunció el ceño.

—¿Groot? —

—Sí, el personaje de esa película... Dice una sola palabra sin parar—

—Me gusta esa película, siento que está muy infravalorada—habla Draco recordando la película de guardianes de la galaxia.

—Yo aun no puedo verla—se lamentó Harry limpiándose las manos sucias.

—Deberíamos hacer una noche de cine—coincidió Percy emocionado por la idea, aunque desde que estaban en casa de Sally todas las noches hacían algo diferente.

—Me temo que no he visto esa película —reconoció Lester—. Pero sí que parece que el karpos tiene un vocabulario muy... reducido—

—A lo mejor se llama Melocotones. —Meg acarició el cabello castaño ondulado del karpos, lo que arrancó un ronroneo diabólico de la garganta de la criatura—. Lo llamaremos así—

—¿Qué? No pensarás adoptar a esa... —Percy estornudó con tanta fuerza que otra tubería de riego explotó detrás de él y provocó una hilera de pequeños géiseres—. Uf. Estoy enfermo—

—Tienes suerte —asevero Lester—. Tu treta del agua diluyó el poder del espíritu. En lugar de pillar una enfermedad mortal, has pillado un catarro—

—Odio los catarros. —Sus iris verdes parecían hundidos en un mar de sangre inyectada—. ¿Ninguno de vosotros ha enfermado? —

Meg negó con la cabeza, Draco negó antes de ver a Harry que tampoco parecía enfermo.

Percy lucia resentido al ser el único afectado.

—Yo tengo una magnífica constitución —afirmo Lester innecesariamente—. Sin duda es lo que me ha salvado—

—Y que yo te he quitado el humo con el agua —apuntó Percy.

—Bueno, sí—

Percy se me quedó mirando como si esperase algo. Un agradecimiento, Draco le dio una mirada de muerte a Lester que lo hizo escalofriarse antes de saltar.

—Ah... gracias —dijo este dudoso.

Como si no supiera si debería o no agradecer.

Olimpos.

Todos unos bastardos, pero al menos este había captado más rápido que otro que tenía que hacer, Draco se suavizo un poco pensando que la mayoría de ellos aun en su condición probablemente no agradecerían; eso significo algo bueno.

Pero lo ignoro.

Su odio por la mayoría de los olimpos demasiado grande y su desprecio por Apolo mayor.

Percy asintió con la cabeza.

—De nada—

—¿Podemos irnos ya? —preguntó Meg.

—Una idea estupenda —comento Lester—. Aunque me temo que Percy no está en condiciones... —

—Puedo conducir el resto del viaje —aseguró—. Si conseguimos sacar mi coche de entre esos árboles... —Miró en esa dirección y su expresión se volvió todavía más abatida—. Oh, Hades, no... —

Un coche patrulla estaba parando al lado de la carretera. Draco se imaginó a los agentes siguiendo con la vista las rodadas por el barro, que llevaban a la valla derribada y continuaban hasta el Toyota Prius azul atascado entre dos melocotoneros. Las luces del techo del coche patrulla se encendieron.

—Genial —murmuró Percy—. Si se llevan el Prius, soy hombre muerto. Mi madre y Paul necesitan ese coche—

—Ve a hablar con los agentes —dijo Lester—. De todas formas no nos servirás de nada en tu estado actual—

—Sí, no nos pasará nada —convino Meg—. ¿Dijiste que el campamento está justo detrás de esas colinas? —

—Sí, pero... —Percy frunció el ceño, seguramente tratando de pensar con claridad a pesar de los efectos del resfriado—. La mayoría de la gente entra en el campamento por el este, donde está la Colina Mestiza. La frontera del oeste es más silvestre: colinas y bosque, todo muy hechizado. Si no tenéis cuidado, podéis perderos... —Volvió a estornudar—. Ni siquiera estoy seguro de que Apolo pueda entrar si es del todo mortal—

—Entraré—

Lester parecía genuinamente tratar de ser seguro.

No funciono.

Draco solamente suspiro viendo a Percy, saco su billetera mucho dinero muggle que le puso en la mano a su amigo. Este solía odiar usar su dinero, pero esto era una emergencia y lo acepto a regañadientes.

—Si ocupas más busca en la mochila que deje en casa, luego me pagaras dejando que elija el próximo musical que veremos—

—Idiota—mascullo este.

Las puertas del coche de policía se abrieron.

—Vete —apremio Draco a Percy— Yo puedo guiarlos. Tú explícale a la policía que estás enfermo y que perdiste el control del coche. No serán duros contigo con dinero de por medio—

Percy rio.

—Sí. A los polis les caigo casi tan bien como a los profesores. —Miró a Meg—. ¿Seguro que no te molesta cargar con el bebé diabólico? —

Melocotones gruñó.

—Para nada —prometió Meg—. Vuelve a casa. Descansa. Bebe mucho líquido—

Percy torció la boca.

—¿Le estás diciendo a un hijo de Poseidón que beba mucho líquido? Está bien, intentad sobrevivir hasta el fin de semana, ¿vale? Vendré al campamento a ver cómo estáis cuando pueda. Tened cuidado y... —

¡ZAAAS!

Murmurando tristemente, acercó el capuchón del bolígrafo a su espada y volvió a convertirla en un simple bolígrafo. Una sabia precaución antes de acercarse a los agentes del orden. Avanzó penosamente colina abajo, estornudando y sonándose los mocos.

—¿Agente? —gritó—. Disculpe, estoy aquí arriba. ¿Puede decirme dónde queda Manhattan? —

Meg se volvió hacia ellos.

—¿Listos? —

Draco miro hacía Lester empapado y temblando, luego hacía Harry que se estaba acomodando el cabello sonriendo divertido, parecía que no solamente Draco había obtenido un deseo de aventura; bueno Harry desde su primer año de Hogwarts también tenía sus locuras.

—Listo—admite este comenzando el camino.

—Claro —dijo Lester por bajo comenzando a seguir a Harry—. Vamos—

Melocotones, el karpos, gruñó. Nos hizo señas para que lo siguiéran y corrió hacia las colinas. Puede que conociera el camino. Puede que simplemente quisiera arrastrarnos a una muerte horripilante.

Meg se puso a saltar detrás de él, columpiándose de las ramas de los árboles y haciendo la rueda a través del barro cuando le apetecía. Cualquiera habría pensado que acabában de disfrutar de un agradable pícnic en lugar de luchar contra unos cadáveres llenos de peste.

Draco caminando al lado de Lester lo vio con la cara hacia el cielo.

—¿Estás seguro, Zeus? Todavía no es tarde para decirme que todo ha sido una broma y para llamarme al Olimpo. He aprendido la lección. Lo prometo—

Las grises nubes invernales no respondieron.

—Buena suerte con eso—se quejo Draco antes de apresurarse dejando a Lester solo.

Si.

Zeus era un padre imbécil e inútil.

Probablemente Lester pronto se daría cuenta.

No se sintió mejor por ese pensamiento.

Triste.

Continuara…

Se que hace poco actualice y no se acostumbren a las actualizaciones tan seguidas.

Pero.

Feliz día del libro :3

Hice las actualizaciones de mis historias actuales para celebrar el día de hoy.