No tengo explicación para esto, solo advertencias: se corta en el primer momento y no sé porque nunca la acabamos, pero aquí estamos porque ya más vale que publique todo esto algún día antes de que todos nos hagamos viejos, y eso, para Himaruya lo mismo.
Tú a Berlin y yo a Berna
Suiza se despierta en su cama por culpa de un horrible sonido de despertador ruidoso y monótono a la hora en punto, tres cuartos de hora antes de lo que su awesome mente está acostumbrada. Parpadea con la cara medio hundida en el cojín y los ojos aun semi cerrados.
El suizo parpadea y lo primero que nota es demasiado pelo por todas partes... lo ignora, mira la hora en el despertador notando que es demasiado pronto. Le cambia la alarma para que suene en media hora más y se da la vuelta.
De manera ordenada, Liechtenstein se levanta al oír el despertador de su hermano, yendo a preparar el desayuno mientras él se ducha (siendo que a ella le toca diario el segundo lugar), frunciendo un poquito el ceño al notar que el calentador no se enciende.
Se encoge de hombros apresurándose a poner a cocer los huevos igual, pensando que quizás su hermano ha decidido ducharse con agua fría para ahorrar, ya empezaba a hacer calor.
Agudiza un poco el oído mientras sale al jardín a ordeñar a las cabras, a ver si escucha el agua correr en el baño, pero antes de que siga pensando en ello, el cachorrito de perro nuevo aúlla otra vez y ella sale a darle un poco de comida olvidando lo extraño del asunto.
Pero Suiza sigue durmiendo...
Ordenadamente, tres minutos después ya ha alimentado al perro, ordeñado a la cabra y vuelve corriendo a la cocina a sacar los huevos del agua, escribiendo un mensaje rápido a Canadá para darle las buenas noches y casi con reloj en mano, pone la mesa, colocando las cucharitas de espaldas a la puerta...
—Guten morgen, bruder —saluda sin oírle, claro está, esperando que en ese instante entre por la puerta... Pero no lo hace.
Parpadea veinte segundos más tarde irguiéndose y girando a la puerta. Por DÉCADAS, su hermano había entrado exactamente a la misma hora todos los días que estaba en casa, por la puerta de la cocina. Exactamente era EXACTAMENTE.
Mira el reloj de la pared. Frunce el ceño, mira su reloj de pulso. Frunce más el ceño aún y hago destacar, entre los puntos notables de la puntualidad y precisión de Suiza, que incluso Liechtenstein teniendo un reloj suizo en la muñeca y otro en la pared, siendo estos DOS instrumentos de precisión, vacila un instante, dando dos golpecitos a la carátula de su reloj, girado la cabeza y aguzando el oído notando que... El reloj funcionaba.
Aun así... En Suiza... Parecía ser el helvético el que marcaba la hora a los relojes y no al revés, así que pone un brazo en jarras y suspira, mirando la puerta.
Unos segundos más tarde, parpadea y se sonroja un poquito haciéndose notar a sí misma que, en efecto, por décadas Suiza había entrado exactamente a la misma hora por esa puerta, aunque todo había cambiado en los últimos tiempos cuando, algunos días, su hermano no pasaba todas las noches sólo... Pero... ¿El señor Austria estaba en la casa? Suiza de había ido a despedir de ella la noche anterior exactamente a la hora, como todas las noches y no había mencionado nada.
Sonríe un poco porque no le desagrada en absoluto que su hermano esté contento con el señor Austria en casa y además le gusta la compañía del señor Austria... Aunque eso modificara los planes.
Vacila un poco, antes de decidir que al final los huevos estaban ya hechos y si no se desperdiciarían y eso era peor aún que interrumpirles. Se sonroja más, vacila y sale de la cocina.
El suizo, que igual despierta siempre cinco minutos antes de que suene su despertador para detenerlo antes que suene cual si fuera una bomba, parpadea y sonríe entreabriendo de nuevo los ojos y mirando el despertador.
Y lo que viene es una feliz tarea de súper espía que una chica normal haría poniendo la oreja en la puerta del cuarto y abriendo una rendijita y que Liechtenstein hace... De otra manera.
Un pequeño y prácticamente imperceptible foquito verde se enciende en una equina del cuatro del helvético mientras Liechtenstein entrecierra los ojos acercándose a la pantalla y tratando de distinguir a dos figuras en la cama.
Lo único que ve es a su hermano sonriéndole al despertador y metiéndole un mamporro el último segundo, antes de que suene y se gira panza arriba sonriendo satisfecho unos segundos.
La chica entrecierra más los ojos notando a Suiza sonreír, a pesar de la cámara nocturna y de lo extraño que se ve todo... Se ve que SONRÍE. Levanta las cejas, sorprendida con eso.
El helvético bosteza estirando los músculos, parpadea y frunce el ceño al notar que no hay una bandera nazi colgada del techo. Gira la cabeza a la derecha buscando la ventana y la jaula de Gilbird, pero solo encuentra la puerta del cuarto de baño y el armario... nota la ventana a los pies, como si alguien le hubiera girado los muebles, pero ni ahí está la jaula, se incorpora preocupado.
Liechtenstein le mira y nota que ve hacia la puerta del baño, se sonroja un poco. Quizás ya habían... Bueno, terminado y por eso estaba tan contento. Quizás era el momento perfecto, mientras el señor Austria estaba en el baño, para preguntarle del desayuno. Quizás se enojaría... ¡Pero eran unos huevos buenos que iban a desperdiciarse!
Se levanta, bloqueando la pantalla y yendo al cuarto, pensando que... Finalmente... ¡Nadie le había dicho! Toca la puerta.
—Bruder?
Suiza levanta las cejas girándose a la puerta al oír la voz... era una voz de mujer, pero no podía ser que...
—Ungarn?
Liechtenstein parpadea un par de veces y decide que seguro ha escuchado mal.
—Bruder? Soy yo, ¿va todo bien?
—W-West? —completamente incrédulo de que su hermano pueda hacer esa vocecita, pero su cerebro le dice que nadie más que Alemania le llamaría así... y ni siquiera él. Tampoco le haría una broma. Se levanta de la cama.
—Sólo... Hice huevos. ¿Quieres que suba para ti y Herr Österreich? —se aventura a decir, aunque un poco temerosa de cómo lo vaya a tomar...
—Was? —se acerca a la puerta y la abre—. Liechtenstein! —levanta las cejas.
Ella da un pasito atrás, se pone "firmes" y baja la cabeza.
—L-Lo siento...
—No sabía que estabas en ca... —mira alrededor... vale, esto ya pasa, una cosa es cambiar los muebles de su cuarto para enseñarle cualquier chorrada sobre las borracheras, pero cambiar el pasillo...
—Pero si ayer en la noche fuiste a despedirte —susurra Liechtenstein ¿dónde esperaba que estuviera?
—¿Has visto a mein bruder? —pregunta aun mirando alrededor—. Esto parece la casa de Schweiz.
Liechtenstein parpadea segura de que no ha oído bien, ooootra vez.
—Perdona? —pregunta mirándole a la cara.
—West... bueno, o a Ungarn, es que me da igual el asunto de la decoración, sabes, pero quiero a Gilbird de vuelta. Y... —se vuelve al cuarto pasándose una mano por el pelo buscando sus consolas y nota que hay algo mal con el pelo, mirándoselo.
—Gilbird? —extrañado—, no será que... ¿Te sientes bien?
—Mi Awesome pájaro ¿Qué ha pasado con mi...? —se estira el pelo pensando que es una peluca—. ¿Me la habéis pegado?
—¿Estas aún dormido? —extrañada.
—Empiezo a planteármelo —responde mirándose el pelo intentando buscar la base de la peluca. Ella le mira atentamente
—¿Qué te planteas? Está... —levanta una mano, vacila un poco y vacila más aún y luego le pone una mano en el hombro.
—Pues si sigo dormido... o de resaca —se frota los ojos.
—Pero estás haciendo cosas extrañas. ¿Bebiste anoche?
Suiza la mira, porque no es como que hayan convivido tanto como para que ella sepa si es raro o no como actúa.
—¿Quieres que te traiga agua o algo? ¿No tendrás fiebre? —pregunta tensándose un poco—. Voy a tocarte la frente.
—Nein, nein... esto tiene que ser... —mira alrededor—. Ve a por tu bruder, si sabe que estás hablando conmigo seguro me las cargo de algún modo —empieza a andar por el pasillo.
—Pero tú eres mein bruder —responde empezando a preocuparse.
—Ich... was? —parpadea y se ríe.
—Brudeeer...
—¿Pero por qué me llamas bruder? ¿Te has vuelto loca?
Ella parpadea sorprendido con eso.
—Siempre te he llamado así...—susurra. Suiza se va por la casa empezando a abrir puertas y mirar todos los cuartos. Liechtenstein va detrás.
—Bruder... ¿Qué haces?
—Esto es... vale, vale, vale. No he estado aquí tantas veces, pero sé que esto es Bern. No sé qué habrán ofrecido a Schweiz para meterme aquí y hacerme esta broma, pero... —mira a Liechtenstein y sonríe malignamente—. Ven. Vamos a hacer que se arrepienta de meterse con el awesome yo.
—Was? Bruder... No entiendo lo que pasa —le mira sonreír, sorprendida de nuevo porque se ve extraño, pero menos extraño que habitualmente cuando sonríe falsamente
—Vamos, tú debes saber... ¿Dónde esconde Schweiz los secretos? —pregunta ahora sonriendo maligno todo el tiempo mirando alrededor.
—¿Por qué hablas de ti en tercera persona? —pregunta extrañada
—Pues porque soy Awesome —pensando a cuando se refiere a sí mismo como el "awesome yo", se mete al cuarto del helvético mirando alrededor con la boca abierta—. Seguro hay secretos del señorito también.
—Bruder... ¿Por qué no te acuestas un poco? —pide extrañada con el asunto de los secretos y luego diciéndole el señorito.
—Nein, nein, no me llames Bruder... ¿por qué no vas a llamar a Frankreich y a Spanien mientras reviso esto? —pide investigando el armario.
—¿Qué quieres que te llame... Schweiz?
—Nein, nein a Frankreich y a Spanien ¿Puedes? —la mira.
—¿Para qué quieres que llame a Frankreich y Spanien?
—Quiero hablar con ellos, quiero contarles esto, creo que están en casa, en cualquier caso —explica abriendo los cajones y revolviéndolo TODO. Liechtenstein le mira consternada.
—Bruder, ¿qué haces?
—Buscar, ya te lo he dicho —sonríe maligno al abrir el cajón... CAJÓN. Le brillan los ojos.
—Pero qué buscas... —levanta las cejas al notar que abre EL CAJÓN, que ella misma sabe que existe y que NUNCA ha visto que abra.
—Dear diary: Jackpot! —exclama—. Ven, vamos a ver que hay aquí —hace un gesto para que se acerque a él—. ¿No tienes curiosidad?
Ella traga saliva y le mira.
—Están los huevos ahí aba... —vacila pensando—. ¿Has peleado con Herr Österreich?
—Yo siempre peleo con el señorito porque es un grano en el culo —toma una caja de cartón empezando a revolver dentro.
Caja en donde hay un MONTÓN de cosas milenarias, no sólo pañuelos, sino flores aplastadas, piedras, fotos de Austria, más de algún dibujo, algún instrumento musical pequeño antiguo.
—Tú no le llamas nunca "el señorito"
—Uh! Awesome, tía! ¡Mira esto! —le muestra a Liechtenstein una foto—. Esta se la tomé yo mismo, ni sabía que Schweiz la tenía.
—Bruder... ¿Por qué hablas de ti como si no fueras tu...?
—¡Oh! ¿Crees que haya alguna carta de amor? ¡Eso sería la bomba, tengo que llamar a Frankreich! —se levanta buscando el teléfono.
—¿Por qué quieres llamar a Frankreich? —pregunta un poco angustiada—. ¿Has peleado con Österreich? ¿No vas a... Trabajar hoy?
—Que estemos aquí es lo que me hace pensar que todo esto tiene que ver con uno de sus tontos y nada awesomes castigos, ¿sabes? —Responde con el teléfono en la mano—. Así que bueno, seguro Italien puede ayudar a Ungarn y dudo que la bundeskanzler me necesite justo hoy, así que... —marca el número de móvil de Francia, llevándose el teléfono al oído y volviendo a sentarse junto al cajón.
—No entiendo bien lo que dices, pero creo que estas enfermo.
—Deja de decir eso y ayúdame, venga, a ver si encuentras algo awesome en esta —le pasa otra caja de zapatos a ella mientras busca entre lo que parecen documentos.
—Nunca me dejas acercarme a eso —susurra angustiada.
—Bueno, hoy estás de suerte —responde encogiéndose de hombros por que su cerebro cuadrado alemán no computa esos pequeños detalles de que le está hablando como a Suiza, pensando que ha oído a que no la dejan—. No se lo diremos a nadie.
—Pero... Pero... —vacila pensando en quizás hablarle a Austria mejor.
—Ah, verdamnt, Frankreich debe estar durmiendo —protesta porque nadie le contesta—. Pues Spanien es peor... Römer me chilla al teléfono cada vez. Bueh, luego les hablamos... oh, tía, ¡mira estas partituras!
—Bruder estás hablando muy extraño... ¿No te sientes enfermo? —pregunta suavemente sentándose en la cama y mirando lo que le muestra, sonriendo un poquito con ternura.
—Nein... creo que tengo la voz rara, como reseca, pero... ¿Qué es esto? —saca una edelweiss medio seca entre dos placas de cristal—. Tío, Schweiz es ridículo! —empieza a hacer fotos con el móvil y a mandárselas a Hungría (el móvil de Suiza, claro).
—A mí me parece muy bonito... ¿De dónde salió esta? —pregunta enseñándole un guante medio roto de la primera guerra mundial.
—No lo sé, ¿nunca te ha contado la historia de estas cosas?
—Österreich?
—Ja, bueno... sí porque el otro no creo que suelte prenda.
—¿Cual otro? —pregunta mirando una batuta y uno de VARIOS pañuelos que hay perfectamente doblados aún.
—Mein gott! Tengo que ponerme uno de estos luego cuando vengan por mí, ¡vas a ver la cara que pone! —se muere de risa refiriéndose a uno de los pañuelos.
—¿Va a venir alguien?
—Eso espero, tarde o temprano... O si no, nos vamos tú y yo a Berlín cuando acabemos con esto.
—¿A qué vamos a ir a Berlín? —pregunta extrañada tomando otra flor.
—Pues... a buscarlos a todos.
—¿A quiénes? —insiste
—A todos, ¡voy a contarles todas estas cosas!
La chica parpadea extrañada de nuevo.
—¿Vas a contarles a todos sobre esto? —pregunta dulcemente—. ¿Por qué? Son tus secretos...
—Para que sepan porque encerrarme aquí es una mala idea. Y podría ser peor, podría ir a meter la nariz en las cuentas bancarias, pero en realidad no soy tan idiota y no quiero una guerra.
—¿Quién te encerró en dónde? ¿Pasó algo anoche? —pregunta mirándole preocupada.
—Nein, que yo recuerde... de hecho, ahora que lo pienso... ¡Frankreich y Spanien deben estar en casa! —vuelve a buscar el teléfono.
—Nein, he bajado yo y no hay nadie más.
Suiza la ignora, llamando a Berlín.
