RESPIRA, CAPITÁN


El rugido de la explosión sacudió el suelo antes de que la onda expansiva los lanzara en direcciones opuestas, para mala suerte de ambos. Un segundo antes, Buzz había sostenido la muñeca de Izzy, tirando de ella para correr entre los escombros que se desprendían del techo, una acción normal que tendría con cualquiera de su escuadrón. Pero en un parpadeo, la perdió.

El humo y el fuego devoraban la base como si estuvieran hambrientos. No había rastro del orden militar habitual, solo caos. Sirenas aullaban sobre el sonido de disparos y gritos de auxilio, todo era una mezcla que en conjunto se te erizaba la piel de solo oirlo.

El ojiazul se puso de pie entre los restos de una pared derrumbada, sacudiéndose el polvo de la ropa civil que vestía. Se había dado libre ese día. Mala decisión. También trató de quitarse los escombros del cabello e intentó mantener sus ojos abiertos, pero le ardían con horror. No fue hasta que logró visualizar bien los pasillos que emprendió marcha hacia adelante.

—¡Hawthorne! —gritó, pero su voz fue ahogada por otra explosión.

Por primera vez en mucho tiempo, el miedo lo golpeó como un puño en el estómago. Había perdido de vista a su compañera en el peor momento. Su instinto de soldado le gritaba que priorizara el control de la situación, que respirara y dejara que el oxígeno llegue a su cerebro, que buscara un punto estratégico para evaluar la amenaza, pero su instinto más primitivo, el que llevaba su nombre marcado en el alma, solo quería encontrarla.

Se lanzó entre los escombros, esquivando vigas caídas y llamas que lamían los restos de la base.

No. No. No. No.

La morena también se había quitado el uniforme ese día. Como él, había decidido tomarse un descanso, disfrutar un poco de la normalidad que rara vez tenían. Aunque también su capitán se los había ordenado al escuadrón completo. Tenía un pantalón holgado y solo una camiseta de mangas largas. El resto vestía igual de simple. Ahora estaban en medio de un ataque, sin equipo, sin armas y, lo peor de todo, separados.

¿Pero cómo iba a saber lo que ocurriría? No había forma.

La impotencia lo carcomía con cada segundo que pasaba.

—¡Buzz!

El mencionado giró bruscamente. Mo lo llamaba desde un refugio improvisado en la cafetería destruida. Estaba junto a Sox, eso lo tranquilizó un poco más, pues tampoco quería perder lo único que conservaba de Alisha. Pero tampoco logró divisar a Darby.

—¿Izzy está contigo? —preguntó, con la garganta cerrada por el pánico. Sin embargo Mo negó con la cabeza, con su expresión grave.

—Vi que corría hacia el ala Este antes de que se derrumbara—apareció la ex anciana convicta tras suyo— no pude alcanzarla.

El corazón del capitán dejó de latir por un segundo.

—No…

El ala Este había colapsado casi por completo con la explosión inicial. Su mente lo obligaba a recordar la realidad: si estaba allí cuando cayó, las probabilidades de encontrarla con vida eran…

No.

No podía pensar así, de modo que se giró sin pensarlo y corrió. Aunque Mo gritó su nombre, no se detuvo. Justamente al ala Este… de cualquier lugar, precisamente tenía que estrellarse en el ala Este.

Izzy jadeaba, su espalda contra un muro derruido, una mano presionando una herida leve en su costado. Su respiración era entrecortada, y el olor a metal le llenaba la boca. No sabía si era sangre propia o ajena. Con su camiseta limpió un poco su cara para quitar el gusto a tierra y cemento en polvo. Había logrado escapar de los escombros a duras penas, pero la explosión la había golpeado con fuerza. Cada movimiento le costaba.

Sus pensamientos solo tenían una dirección.

Buzz. Su escuadrón.

No sabía dónde estaban, si estaban heridos o si… No. Se forzó a moverse, sujetándose el costado. Necesitaba encontrarlo.

El suelo tembló con otra detonación y un grito estalló entre los escombros. El sonido hizo que la adrenalina la empujara más allá del dolor. Salió a la carrera, tropezando entre las ruinas, pero con una motivación en mente. Encontrar a los demás.

De pronto escucho una voz, por fin divisaba a alguien más aparte de ella misma. Cuando ubicó la raíz del sonido, vio uno de los compañeros de Buzz, uno de los capitanes de aviación.

—¡Capitán!—corrió hacia él. Estaba muy mal herido, a primera vista se veía que no lo lograría.

—Vaya…—fue lo primer que dijo— al menos no moriré solo…

—Vas a estar bien—le alentó, mientras tomaba sus manos, pero era obvio que incluso él sabía que era solo cortesía. Que era lo más humano que se podría decir en un momento así.

El capitán sonrió levemente y cerró los ojos para no abrirlos nunca más.

La novata se sintió terrible. Ni siquiera conocía su nombre, ni siquiera había tenido una conversación con él. Solo lo reconoció porque lo vio salir de algunas juntas de los oficiales superiores.

Esa impotencia de no poder hacer nada al respecto… Se preguntó de pronto si sus amigos estarían en esa misma situación, aunque sacudió la cabeza casi inmediatamente. y, ahora estaba junto a él, con su cuerpo fallecido.

Su único consuelo fue haber estado en sus últimos momentos.

Mientras tanto el capitán corría por los pabellones casi con agonía y cuando vio el rastro de sangre en el suelo, su cuerpo reaccionó antes que su mente. Siguió la marca sin cuestionar nada, sus latidos estaban retumbando en su cráneo como una alarma ensordecedora. Tanta sangre… no podía ser de ella, o al menos esperaba que no.

Cuando iba doblando una esquina la vio. Tambaleaba, su mano presionando su costado. Su piel estaba manchada de suciedad y sangre. Su ropa civil, rasgada. Sus trenzas tenían varios mechones desordenados.

Pero estaba viva y, a quién engañaba, podría ser peor. Se veía mejor de lo que pensó. Sintió que su pecho se contraía, pero antes de que pudiera decir su nombre, ella lo vio y en ese instante, ya no hubo mundo a su alrededor.

No importaron las explosiones, el fuego ni el peligro inminente.

Ambos corrieron como si los persiguiera el mismo Zurg.

A los segundos se encontraron a mitad de camino y chocaron con fuerza. La novata apenas tuvo tiempo de jadear antes de que él la aplastara contra su pecho y sus brazos la envolvieran con desesperación. Su aroma le trajo una paz mágica que la calmó al instante y el ritmo de su corazón fue una melodía armoniosa y, la hizo muy feliz.

El alivio era tan grande que se sintió mareada.

—Pensé que te había perdido —murmuró la chica contra su cuello, temblando.

El capitán apretó los ojos y su mandíbula estaba tensa.

—No digas eso —susurró con su voz quebrada.

Se separaron apenas lo suficiente para verse. Sus ojos se encontraron y, entonces algo cambió. El alivio dio paso a la adrenalina, al miedo de haber estado tan cerca de la muerte, a la conciencia de lo que realmente importaba.

A la necesidad.

Izzy tragó saliva y dejó sus labios entreabiertos, el ojiazul no pudo evitar bajar la mirada a su boca, fue instantáneo.

Mierda. Estaba perdido.

No pensó. No pudo pensar, así que se inclinó y la besó.

Fue un roce tembloroso al principio, una confirmación de que estaban vivos, de que aún estaban juntos, la necesidad del tacto. Pero la adrenalina no les permitió quedarse en la timidez. La joven soltó un suspiro que nunca había experimentado y se aferró a su chaqueta con fuerza, lo quería más cerca. Buzz profundizó el beso, su respiración era entrecortada y su corazón latía demasiado rápido.

Pero no bastaba.

La necesitaba más cerca.

Su mano subió instintivamente por su espalda, la otra sujetando su rostro con firmeza, como si temiera que desapareciera si la soltaba. La cadete gimió contra su boca, sus dedos se clavaban en sus hombros. Sentía que explotaría ella misma de tantas sensaciones nuevas en su cuerpo. Ser sostenida por un hombre así, y no cualquier hombre, sino que Buzz Lightyear, una de las personas que más quería y admiraba. Jamás pensó que pasaría.

El mayor la empujó suavemente contra una pared semidestruida, explorando sus curvas con torpeza, con deseo contenido demasiado tiempo. La hizo jadear cuando sus labios descendieron brevemente a su mandíbula, a su cuello. Como si le urgiera hacerle saber todo lo que le provocaba a él.

Y entonces lo entendió.

Él la deseaba.

La revelación la dejó sin aire. Nunca había sabido si lo que sentía era solo suyo, porque aunque eran leves señales, él siempre fue diferente con ella, ¿Pero cómo comprobarlo? Podía ser solo imaginación suya. Su capitán perfectamente podría verla como su aprendiz, como la nieta de Alisha, como una compañera.

Pero esto…

Este beso, estas manos grandes y firmes recorriéndola con urgencia, este temblor en sus dedos al tocarla… Eso obviamente no era profesionalismo. No era contención.

Era necesidad.

La morena entrelazó sus manos en su cabello y lo atrajo más. Ahora un poquito más confiada, solo un poco, pero el mayor gimió contra su piel en respuesta, su control resquebrajándose. Y entonces…

—Su ritmo cardíaco ha aumentado considerablemente. ¿Es por el estrés o por el intercambio de saliva?

Ambos se congelaron. La voz robótica los sacó de golpe del trance, como un balde de agua helada.

Sox los observaba con sus ojos mecánicos brillando en la penumbra, su cola se movía levemente y ellos se separaron bruscamente, como si hubieran recibido una descarga eléctrica. La novata llevó las manos a su boca, completamente roja y Buzz dio un paso atrás, su mente estaba en caos absoluto ¿Qué diablos acababan de hacer? En el peor momento de todos no podían tener distracciones, y mucho menos de este tipo.

—Ehh… —Sox inclinó la cabeza—¿Debería registrar esto en mi archivo de interacciones emocionales?

—¡No! —gritaron al unísono.

El gato parpadeó.

—Entendido. Eliminando datos.

Buzz se pasó una mano por la cara, respirando hondo la observó, pero la chica miró a cualquier lado menos a él. El caos seguía rugiendo a su alrededor. La batalla aún no había terminado. Pero ellos sí.

O al menos… Por ahora.

¿Cómo fue capaz de perder la cordura con ella?

¿Y cómo podía ser que su capitán la hubiese tocado como si fuese la única mujer en el mundo?