El español sale del cuarto, yendo a la cocina. Prusia sale del cuarto yendo a la puerta de Austria y tocándola un par de veces.

Österreich... bitte... necesito hablar contigo.

—Un momento —responde Austria. Prusia vacila un poquito al otro lado de la puerta, poniéndose nerviosito. Enfrentar a Austria como Prusia es algo... extraño para él. Pasa un raaaato y la puerta no se abre.

Österreich, bitte... tengo que hablar contigo —bastante sentido de urgencia en la voz—, de verdad no es lo que parece.

Si afina su oído, podrá oír el agua de la ducha de Austria. Prusia aprieta los ojos al escuchar el agua bufando un poco.

ÖSTERREICH!

—Ja, Preussen, ja...

Nein, no me digas ja, Preussen, ja.

Silencio...

Prusia bufa.

Silencio...

—No te metas a bañar. Ábreme la puerta —toca de nuevo. Finalmente, la puerta se abre y Austria sale del cuarto con el ceño fruncido, completamente vestido arreglándose algo en la manga, envuelto en una nube de vapor. THE DIVA.

Prusia hace los ojos en blanco con todo este proceso.

—Lo siento... ¿vale? Lo siento en serio, pero necesito que me escuches —susurra tragando saliva.

—Sigues castigado —responde sin mirarle y luego parpadea deteniéndose un instante... le mira de reojo.

El albino levanta una mano, le tapa la boca, le empuja hacia el cuarto y cierra la puerta tras él en un solo movimiento fluido. Austria levanta las cejas sin esperarse eso y sin poder oponer resistencia, no solo por la sorpresa.

—Escúchame y no te asustes, no voy a hacerte daño —habla claro y firmemente, mirándole a los ojos.

Él le mira a los ojos, un poco asustado y con el corazón acelerado.

—No voy a hacerte nada y vas a pensar que estoy loco, porque yo mismo pienso que estoy loco. No sé qué es lo que pasa... —confiesa apretándole de la cintura y hablando pues... como Suiza agobiado—. Soy Schweiz. No es broma, no soy Preussen haciendo idioteces. No tengo idea de cómo aparecí aquí, ni por qué razón me veo como Preussen y no tengo idea tampoco de como convencerte y como comprobarlo.

Austria parpadea escuchando esto, descolocado.

—Sé que es como decirte de un momento a otro que el cielo es rosa, una idiotez... no lo entiendo. Ni siquiera estoy seguro de que me veas tú como Preussen o si estoy alucinando. —admite—. Y sé además que todo esto viniendo del cuerpo del idiota de Preussen va a parecerte una broma o un juego —aprieta los ojos.

Por un instante la idea de que sea Suiza y le haga las cosas que hace Suiza para probarlo cruza su mente y le hace sonrojar. Automáticamente un segundo más tarde frunce el ceño.

Bitte, Österreich... tienes que creerme esta vez que el cielo es rosa y que yo soy Schweiz, el hermano de Liechtenstein, el que vive en la montaña y detesta salir—abre los ojos y le mira y se sorprende un poco de verle sonrojado y con el ceño fruncido pensando que lo que pasa es que está furioso, debe estar furioso, él mismo estaría furioso.

Austria sigue mirando a Prusia a los ojos, sin hacer NINGUN ademán para que le suelte, aun sonrojado, pero con fiereza.

—Piensas que es una broma... —susurra apretándole un poco menos la boca, pero sin soltarle de la cintura.

El moreno mueve los ojos a la mano en su cintura y se humedece los labios bajo su mano inconscientemente. Prusia traga saliva y le quita la mano de la boca, sonrojándose, pero sin soltarle de la cintura.

—¿Qué estás haciendo? —susurra mirándole fijamente.

—Soy Schweiz, te juro por Liechtenstein que soy Schweiz. No sé qué es lo que pasa, Österreich —responde sinceramente sosteniéndole la mirada y sin soltarle la cintura, con el corazón acelerado y un tono bastante agobiado.

Se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz.

—Ja, ja... idiota, Preussen, que está haciendo una estupidez y quiere venir a jugar conmigo a decirme que es Schweiz. Österreich... ¡mírame! Parezco Preussen, pero no hablo como Preussen, no me río idiotamente como Preussen, y... no soy él, soy Schweiz. Schweizerische Eidgenossenschaft...

—No sé cuál es la gracia de esto, Preussen, ¿Qué es lo que pretendes?

—¡No soy Preussen! No sé qué hicieron, Spanien tampoco me ha creído, pero tú... tú eres tú, tú tienes que saber que Preussen actúa de una manera y YO, Schweiz actúo de otra —insiste apretando los ojos y tratando de pensar en una manera de cómo demostrárselo.

—Sé que Schweiz no vendría a empujarme a la fuerza, ni me taparía la boca. Deja de hacerme perder el tiempo.

Schweiz viene a taparte la boca y a empujarte a la fuerza cuando no tiene otra opción —replica frustrado—. Preussen tampoco vendría a pedirte ayuda, Österreich... ni yo tampoco, no a menos de que seas el único a mi favor en esta casa. ¡Tú TIENES que saber diferenciarme a mí de Preussen!

—¿Qué es lo que estás buscando? ¿Has perdido una apuesta? Mein gott, la última vez al menos intentaste usar una peluca por lo que sé.

—No estoy intentando nada, ¡escúchame! Soy yo, Schweiz, YO. Es absurdo por completo, ya lo sé, yo no me creería a mí mismo —relaja un poco la mano en la cintura, llevándose la otra a la cara—. No tengo idea de qué hacer para convencerte y presiento que no lo voy a lograr, pero al menos podrías... tú, por ser TÚ, tener una pequeña duda.

—¿Sabes? Tú por ser tú, no me inspiras ninguna confianza. Lo siento —intenta separarse un poco, para irse.

Prusia le toma del brazo con bastante suavidad, de esa manera tan de Suiza. Austria vuelve la vista a su mano.

—Escúchame... —sisea cerrando los ojos—. Esto es como demostrarte que la gravedad no existe, es estúpido y absurdo, pero soy yo, de verdad... El mismo que se largó de casa y por el que fuiste aquella vez a la mesa de mi comedor —se sonroja un poco—, y el que te encontró tocando el piano y tirando partituras y al que le diste el estúpido aguardiente. Al menos DUDA, Österreich.

El austriaco le mira a los ojos y frunce el ceño mucho más porque no le gusta NADA que ÉL sepa esas cosas y menos aún se las diga así. Prusia le mira y toma aire, notando claramente que no está teniendo NINGÚN progreso en absoluto y le suelta por completo.

—No pensé jamás tener que convencerte de quién soy, menos aún desde el cuerpo de Preussen —murmura—, aun así, por alguna estúpida razón, pensé que tú me creerías.

Austria le mira de reojo de arriba abajo, sonriendo de lado.

—De verdad, Preussen... ¿y qué esperas? ¿Que haga contigo lo que con Schweiz? ¿Tan desesperado estás? —suelta ácido atacando más fuerte.

Nein —aprieta los ojos—, nein, en lo absoluto... lo que quiero es que me creas, idiota. Que yo soy Schweiz y seguramente él es... —se detiene y levanta las cejas cayendo en la cuenta—. Mein gott in himmel! Österreich! Si él... si yo soy... Liechtenstein!

Austria le mira levantando una ceja.

Nein, nein! Liechtenstein! ¡Está en casa con... con ÉL! Österreich! —se lleva una mano a la cabeza, MUY agobiado—. Mein gott in himmel! ¡Dame tu teléfono!

Y entonces es cuando suena el teléfono de la casa, que desde luego debe contestar Alemania mientras Prusia chilla histérico a Austria que conteste él por qué quizás es Prusia.

Heil! ¿Está ahí Frankreich?

Preussen? —pregunta Alemania de buenas a primeras, extrañado.

—Ja, ja, pásame a Fran... Weeeest! —exclama contento al notar quién es—. Creía que eras... no sé. Me había como... escucha, esto es awesome, ¿cómo habéis logrado...?

—¿Lograr qué? —pregunta separándose el teléfono de la oreja y mirándolo extrañado porque suena distorsionada la voz.

—¡Que Schweiz accediera! Le estoy pasando todas las fotos a Ungarn, pero ya te las pasaré... aunque solo tengo su teléfono. ¿Quieres que mire las cuentas bancarias? —se va al baño con el teléfono en la mano.

—¿Que Schweiz accediera a qué? —pregunta Alemania pensando que esto tiene que ver con cualquier travesura que le están haciendo a Suiza y que tiene que ver quizás con... grabar su voz o cualquier clase de cosa de ESAS. Hace los ojos en blanco—. Mídete bien, Preussen, como Österreich venga luego a reclamarme y a pedir que te castigue...

—¡Pues si seguro ha sido su idea! —se defiende—. ¿Cómo si no?

—¿Idea de Österreich? —levanta las cejas—. Contigo y Schweiz, lo dudo. ¿Qué es lo que quieres, Preussen? ¿Hablar con Frankreich? ¿Dónde está?

—Llegamos ayer noche... Bueno, creo, aquí no están porque Liechtenste... —se queda callado al verse en el espejo por primera vez.

—Aja? —pregunta Alemania que ya se ha levantado de la mesa para irse a las escaleras—. No creo que sea una buena idea meterte con Liechtenstein. ¿Dónde está Schweiz? Dime por favor que no está aquí...

—Está... —se da la vuelta a mirar a su espalda pensando que quizás le está viendo reflejado y al no ver a nadie se vuelve al espejo otra vez, flipando FLIPANDO. Hace algunas monerías como tirarse del pelo y abrir mucho los ojos o poner caras raras—. Awesome... —susurra.

Preussen... ¿dónde está Frankreich? —Alemania irritado ignorando la mitad de las cosas que pasan en esta llamada—. ¿Te escuchas realmente extraño, estas usando algún aparato de esos de distorsión de voz?

—En... Deutschland, ¿has revisado los presupuestos armamentísticos que te mandé la semana pasada para el comercio con el conflicto en Asia Menor? —se inventa intentando ponerse serio e imitar a Suiza lo mejor posible.

Alemania se detiene, parpadea y levanta las cejas.

Schweiz —saluda descolocado.

Suiza se lleva la mano a la boca y se descojona medio en silencio.

—Pensé que... no pensé que realmente estuviera Preussen contigo —carraspea —, ¿Presupuestos? ¿Cuáles presupuestos? —pregunta, preocupado tratando de pensar si no se le habrá pasado el correo electrónico.

Nein, nein Preussen... Ja, Preussen estaba aquí y acaba de ir... le he echado, estaba molestando a mi hermanita —casi se le escapa la risa—. Debe estar ya en vuestra casa. Castígalo cuando le veas. Y también al se... Österreich. Está siendo un verdadero grano en el culo últimamente.

Alemania parpadea con esta última parte, un poco descolocado.

—Ehh... —poco usual expresión en Suiza esa de "grano en el culo", habitualmente es más formal—, decías de los presupuestos.

—Iré luego a casa a discutir sobre eso, pero volviendo al asunto, tienes que castigar a Österreich porque no me hace ningún caso y si lo hago yo le voy a reventar el —se muere de la risa sin poder decir culo, tapando el micrófono del teléfono. Carraspea—. La cabeza de un balazo.

Alemania carraspea.

—¿Lo harás? —presiona.

—Creo que ustedes... Bueno, son esas cosas que ustedes...

Nein, nein, esto está fuera de lo que... —de repente cae en la cuenta—. Oh, ¡tío! ¡tío! Tíos, espera, espera, espera, nein! no pienso NEEEIIIIN!

—¿Eh? Sch... Preussen?

Deustchland! ¡estoy hablando de cosas serias! —riñe, histeriquillo.

—No entiendo de qué hablas.

—Pues esto que te digo es en el ámbito laboral, EVIDENTEMENTE.

—¿Qué es en el ámbito laboral?

—Pues mis quejas, claro, yo no voy a hacer nada fuera de ese ámbito —pone cara de asco, pero se sonroja un poquito.

—¿Hablas de... quejas de Österreich? —pregunta, confundido.

JA.

—¿Has puesto a trabajar a Österreich? —genuinamente sorprendido.

Nein! ¡Ese es justo el problema! —responde por que no es como que no conozca a Austria.

—¡Oh! —asiente y luego piensa que quizás está entendiendo mal—. No hablas de sexo, ¿verdad? —pregunta sonrojándose. (Alemania NUNCA entiende NADA a excepción de cuando tiene que entender lo opuesto. Sí, señor.)

Suiza se sonroja y se ríe nervioso. Alemania levanta una ceja con la risa, extrañado.

Nein, nein —carraspea—. ¿Por qué? ¿Österreich te ha contado algo? —espionajeeee…

—¿Eh? ¿Contado algo de qué?

—Pues de eso, ¡de sexo con Schweiz!

—¿C-Contigo? —más sonrojo—, nein!

Nein, con.. oh, ehm... ja, conmigo, conmigo —se sonroja un poco también y se ríe nervioso de nuevo.

Schweiz, ¿me puedes por favor repetir cuales presupuestos? No recuerdo haber visto tu correo —murmura después de un concierto de carraspeos.

—Lo que vengo diciendo, Deustchland, es que si no castigas a Österreich voy a cerrar las inversiones de capital alemán.

W-Was?! —levanta las cejas porque míralo que mono, eso sí que lo entiende bien y a la primera.

—Sabes que puedo. Y sabes que sería muy muy poco Awesome.

—Ja, en efecto... —aprieta los ojos yendo hacia el cuarto de Austria—. Yo... hablaré con Österreich.

Danke —sonrisa maligna—. Ah, dile que esto es por un asunto laboral. Que cuando consiga sostener su propia economía, le levantas el castigo.

Alemania parpadea frunciendo un poco el ceño al seguir escuchando a Prusia gritar dentro del cuarto de Austria.

—Ehh... bien.

—Respecto a lo otro... oye, puedo hacerte una pregunta un poco... ¿tú que piensas de Preussen?

—¿Qué pienso de qué de Preussen?

—Tú... —vacila un poco—. ¿le quieres? ¿Es un buen hermano?

—Eh? —mira la puerta y escucha los gritos otra vez, levanta una ceja—. Preussen es un desastre. Schweiz lo siento, tengo que dejarte.

—Bueno, vendré después... —Suiza se queda un poco desconsolado con esa respuesta.

—Buen día —responde Alemania colgando el teléfono y tocando la puerta a Austria—. Österreich?

Ja? —Austria casi corre a la puerta al oír la voz de Alemania.

—¿Está todo bien? —pregunta frunciendo el ceño mientras Prusia mira a Austria entre histérico y desolado.

Nein... —mira a Prusia de reojo. Alemania mira a Prusia e inclina la cabeza.

—¿No estabas tú con Schweiz? —pregunta señalando el teléfono. Prusia se tensa en AUTOMÁTICO.

—¿Hablaste con Preussen? Dile que NO se acerque a Liechtenstein.

Austria frunce el ceño.

Deustchland. Tu despacho. Ahora —exige Austria intentando llevárselo de ahí.

Nein, nein... Österreich —suplica Prusia deteniéndole del brazo otra vez con bastante suavidad.

Preussen. Basta. Igual vas a estar castigado —Austria le detiene, nervioso, intentando que le suelte.

—Al menos mándale un mensaje a Liechtenstein al teléfono, bitte... BITTE. Pídele que no confíe en mí, dile que no se acerque a Schweiz —absoluto tono de urgencia en la voz.

Alemania se tensa al notar que Prusia TOCA a Austria, sin entender lo que pasa, extrañado con el tono y la petición en relación a Liechtenstein.

—No voy a asustar a Liechtenstein con eso porque tú tengas ganas de hacer el indio. Ve con Ungarn y pídele que te deje hablar con ella.

Prusia le mira genuinamente desolado.

Preussen —protesta Austria y mira a Alemania suplicante.

Verdammt, Österreich... VERDAMMT —protesta esquivándoles a ambos y saliendo por la puerta.

—Si realmente Schweiz se comporta raro con ella, ella lo sabrá, no dejará que se sobre pase. Schweiz LO SABRÍA.

SCHWEIZ NO SABE UNA MIERDA! —se gira a mirarle—. ¡Mírame! Mira como llevo una hora diciéndote quien soy y tú no me crees, si es PREUSSEN el que está ahí podrá... podría... VERDAMMT! UNGAAAAAARN!

Austria mira a Alemania.

—¿Qué es lo que está pasando? —pregunta Alemania sin entender.

—No tengo ni idea. Preussen parece estar aún más idiota que de costumbre, no sé exactamente qué intenta...

Alemania levanta una ceja.

—Algo extraño pasó, hace unos minutos me habló por teléfono... y luego me pasó a Schweiz, pero ahora no estoy seguro... —vacila y recuerda la amenaza—. De hecho, tenemos un problema...

—Otro, querrás decir... —se pellizca el puente de la nariz.

Schweiz me acaba de hablar para pedirme que te castigue.

—¿Disculpa? —se gira a mirarle.

—"Castiga a Österreich o cerraré las inversiones del capital alemán..."

—¿Dis... culpa? —aún más incrédulo.

—Ha dicho que es por un asunto laboral y que... —vacila un poco—, cuando consigas sostener tu... ¿han peleado?

Nein! Nein que yo... —mira por donde se ha ido Prusia—. Sepa...

—Preguntó cosas extrañas sobre ustedes, parecía... no sé, enfadado o algo —carraspea—. ¿Cómo vamos a castigarte?

—Está haciendo cosas... —saca su teléfono vacilando un segundo, preocupado por Liechtenstein y con eso mira a Alemania levantando una ceja—. NO vas a castigarme.

—No voy a arriesgarme a que cierre las inversiones del Deutsch Kapital en Schweiz, ¿sabes cuánto dinero hay ahí? —levanta las cejas.

—No va a cerrar las inversiones por un castigo a no ser que se haya vuelto un idiota para los negocios, ¿sabes cuánto dinero hay ahí? —le devuelve.

—Yo qué demonios sé, me da igual lo que pase con él, ¡no voy a arriesgarme a que cierre sus inversiones cuando es muy simple evitar que lo haga!

—A mí no —responde agobiado, sacando su teléfono y mandándole el mensaje a Liechtenstein ahora sí, para que salga de ahí y se vaya a Viena. Se lleve las cosas del banco con ella, que no deje a Suiza tocar nada de eso hoy por que está enfermo.

Liechtenstein no entiende absolutamente nada, aunque Suiza sí parece extraño.

—Pues sea como sea voy a castigarte con algo —decide el alemán.

—Bien, puedes castigarme arreglando a Schweiz.

—Eso no es un castigo —ojos en blanco, se da la media vuelta hacia las escaleras.

UNGAAAAAARN! —grita Prusia por el pasillo sin tener IDEA de cuál es el cuarto de la chica en estos momentos, está ahí España porque Francia no ha querido levantarse.

—Eso lo dices tú —replica Austria.

—¿Arreglar a Schweiz te parece un castigo? —pregunta Alemania sin acabar por entender el asunto.

—Me parece un castigo absoluto, Deustchland —responde con urgencia. Alemania le mira y entrecierra los ojos.

—No vas a engañarme con eso, Österreich, estarás castigado con otra cosa... Yo qué sé, el piano, el dinero o mandando a Prusia a dormir a tu cuarto —responde el alemán bajando hacia la cocina.

—¿Disculpa? —le sigue.

—A mí me han dicho que te castigue y créeme... voy a encontrar una manera de hacerlo —asegura.

—¿Y no te parece más sensato arreglar lo irracional del asunto que ponerte en ese plan? ¿Qué pasará si luego te dice que mates a Italien o te pasees desnudo por la casa? —riñe.

—Matar a Italien o pasear desnudo por la casa es diferente —Alemania pone los ojos en blanco.

—Castigarme sin motivo es igual de irracional, sobre todo cuando es obvio que a Schweiz le pasa algo —Austria está entrando un poco en pánico. Además de que el asunto de Prusia, como siempre, le ha puesto nerviosito e incómodo.

—Ja, le pasa algo... y pareces ser tú el culpable. ¿Seguro que no han peleado?

—¿Crees que si hubiéramos peleado y estuviera así no te lo diría?

—No lo sé, Österreich... sinceramente no lo sé, con tal de no trabajar...

Preussen está actuando raro también. Esta mañana se ha metido a mi cuarto dos veces y casi me ha forzado.

—¿Perdona? —Alemania levanta las cejas hasta el techo y gira la cara mirándole de reojo.

—Quisiera que hicieras algo al respecto —continua, taxativo.

—¿Casi te ha...? creo que no entiendo bien —parpadea.

—Ha entrado, me ha tapado la boca y me ha empujado contra el armario de mi cuarto —gesticula con las manos.

P-Preussen? ¿Para qué ha hecho eso? —pregunta levantando las cejas.

—Dijo un montón de cosas extrañas sobre que es Schweiz.

—Voy a castigarles a los dos si te hace sentir mejor —Alemania pone los ojos en blanco

—No quiero... —Empieza y cambia de idea—. Me dan igual los castigos, Deustchland. Es Schweiz quien me preocupa.

—No, si nadie quiere que se le castigue —suspira y le mira—. ¿Qué quieres que haga con Schweiz, Österreich?

—Te he dicho que eso me da igual —insiste mirándole de reojo.

—¿Lo que yo haga con Schweiz? No entiendo entonces qué es lo que quieres

—¡El castigo, Deutschland! —protesta, exasperado, ojos en blanco.

—Bueno, mejor, así estás castigado igual y hacemos feliz a Schweiz y se acaba el problema.

—Ese no es el problema... ¿por qué hablar contigo y no conmigo?

—¿Porque está enfadado contigo?

—Aun así... ¿qué más te ha dicho?

—Mmm... algo del... sexo —responde después de vacilar un poco y sonrojarse. Austria levanta las cejas—. Me preguntó si tú me habías contado algo del... d-de eso con él —le mira entre un poco curiosito y sonrojado—. ¿No habrán hecho algo que él...? —lo peor del universo, dejar a Alemania suponer o inventar algo relacionado con sexo.

W-Was? —parpadea.

—Pues algo... extraño que el piense que me contaste.

—No hemos... ¡No hay nada que contar! —exclama sonrojándose un poco. el alemán se sonroja también y carraspea.

—Quizás ese es el problema...—propone entre dientes.

—Nada extraño, Deutschland —protesta sonrojándose más. Alemania se pellizca el puente de la nariz sonrojándose más aún también.

—No lo sé, Österereich, sólo me parece extraño que Schweiz venga conmigo a decirte que te castigue y a preguntarme sobre su vida... Bueno, sobre sus cosas íntimas.

—Justo de eso estoy hablando, es sumamente extraño —frunce el ceño de nuevo, pensando.

—Pues si tú no sabes por qué, yo menos... quizás se enteró de lo que hiciste con Preussen —tono acusatorio.

—¿Lo que hice? —le mira sin saber de qué habla... puede que algunas imágenes de sus sueños privados decidan que es un buen momento para asediarle y darle colorcito en la cara.

—Pues... eso que me has dicho que hicieron hoy en el armario —murmura—, ¡yo qué sé! A mí solo me pidió que te castigara y dado que es extraño que lo pida y con amenaza, creo que es necesario hacerlo.

—Yo creo que, dado que es raro que lo haga y con amenaza, lo que hay que hacer es ir a ver que le ocurre —le mira fijamente. Alemania parpadea.

—¿Quieres que yo vaya a ver por qué razón está tu novio enfadado contigo? —pregunta, incrédulo, pensando que el que está más raro de todos es Austria.

Nein. Quiero que sepas que voy a ir y por eso quiero que me cuentes qué te ha dicho exactamente —le fulmina empezando a desesperarse con la idiotez.

—Vale, vale... —Alemania notando los niveles de irritación de Austria en aumento—, te he dicho todo lo que recuerdo, pero déjame hacer memoria. Me ha dicho eso del sexo, me ha hablado de un... ¡Oh! ven, vamos a mi despacho... ¡Espera, espera! ¡Me ha dicho también que viene para acá y que nos veríamos en un rato! —recuerda levantando las cejas, cayendo en la cuenta.

—¿Que... viene? —probablemente eso es lo más raro de absolutamente todo lo que acaba de oír.

Ja, claro está... si es por eso que tengo que castigarte ya —asiente distraído en pensar en el maldito correo que no recuerda haber visto e ignorado.

—¿Y nada más? — Austria parpadea porque suele llamarle a él para que le invite a ir o por si luego van a hacer algo juntos.

Alemania hace una pausa mental, agachándose al frente y tratando de recordar toda la conversación.

—Primero era Preussen el que habló y sonaba extraño... dijo que algo había sido tu idea y que no sabía cómo lo habíamos hecho, luego Schweiz le quitó el teléfono y me preguntó algo que de un presupuesto de unas armas para el conflicto de Asia menor que no acabo por saber cuál es... ¿No será que se equivocó y te mandó a ti ese correo?

—¿Cómo podía ser Preussen?, estaba conmigo en mi cuarto —frunce el ceño.

Italia, que pasa por ahí detrás en ese momento, levanta las cejas con esa frase.

—Te digo que hablé con él — Alemania se encoge de hombros—, y que sonaba extraño. Toda la conversación fue extraña, de hecho... Schweiz dijo que eras un grano en el culo...

Austria parpadea.

—Me pareció muy extraño que dijera eso —insiste—, luego dijo que te reventaría la cabeza de un balazo si no te castigaba, lo cual no me pareció tan TAN anormal... también se río.

El moreno da un paso atrás por que conseguir que Suiza se ría es algo así como una gran obra de ingeniería que a él le cuesta horrores.

—No sé ni de qué en realidad —se encoge de hombros—, luego amenazó con el asunto de cerrar las inversiones y finalmente empecé a oír que discutías con Preussen en tu cuarto así que terminé la llamada.

—Y ni siquiera he podido tomar un café —Se quita las gafas y se masajea el puente de la nariz y los ojos...

—Hay en la cocina... llévame uno al despacho como parte del castigo y voy a ir a ver el correo que me ha dicho que mandaría para que discutiéramos —pide mirándole con atención. Vacila un poco—. ¿Necesitas algo más?

—Como parte de... —le fulmina—. Aleja de mi a Preussen hoy.

—Mmm... haré lo que pueda —asiente dándose la vuelta hacia su despacho—. Dos de azúcar.

—Es hora de que aprendas un par de cosas... —responde dirigiéndose a la cocina en un murmuro.