En medio de un frondoso bosque celeste, la última y trágica batalla de aquella prision daba inicio...

"¡Haaaaaaaaaaaaaaaa!" Rainbow Dash gritó, lanzándose contra su oponente. Llena de toda la furia que podía caber en ella. Con las pocas fuerzas que le quedaban, voló hacia Badwhiz a toda velocidad y, de una patada, hizo volar muy lejos el cristal sellador que tenía en su casco izquierdo. Luego, con otro ataque, dirigió una patada hacia su cabeza.

No fue suficiente. El escudo mágico de Badwhiz se activó en el último momento, resistiendo el golpe que lo habría dejado inconsciente.

El contraataque comenzó.

Badwhiz disparó un rayo tan grueso como un árbol, que por poco impactó en Rainbow Dash.

La pegaso, aunque su velocidad se veía reducida por el cansancio, no se desanimó y continuó atacando la barrera de Badwhiz desde otros ángulos.

Badwhiz siguió lanzando más truenos, explosiones azotaron el lugar.

Una tras otra, las conflagraciones estallaban. No hubo diálogos entre ellos, ni pausas en sus movimientos...

La batalla sin cuartel pronto se convirtio en un duelo de resistencia.

Dando todo de si, Rainbow Dash sentía su cuerpo desfallecer. Cada fibra de sus músculos le gritaba que se detuviera, pero ella se negó a hacerlo. Podía escuchar sus huesos chocar y ver sus alas torcerse en el aire, obligándola a desviarse de su trayectoria.

Pero no se detuvo; no podía hacerlo

Fluttershy, Applejack, Twilight... todas.

Ninguna de sus amigas estaba allí.

Todas habían desaparecido... y todo por culpa de él.

"¡Las vengaré! ¡Las vengaré a todas!"

Se gritaba a sí misma, ignorando el dolor, el agotamiento, todo.

Lágrimas se mezclaban con su sudor mientras embestía a Badwhiz una y otra vez. Los contraataques llegaban y fallaban, una y otra vez. No le importaba la frustración en el rostro de su oponente ni el sufrimiento en su propio cuerpo. Solo quería verlo caer de una vez por todas.

Un golpe. Un solo golpe definitivo.

Era todo lo que necesitaba.

Y finalmente, llegó.

"Ughhhhhhhhhhhh..."

Rainbow Dash cayó al suelo tras una potente embestida. Badwhiz, al otro lado, fue empujado con violencia dentro de su barrera mágica. Por primera vez en la pelea, no hubo una respuesta inmediata.

El poni terrestre de melena rosa abrió la boca con dificultad, tratando de recuperar el aliento. La pegaso esbozó una sonrisa débil.

Este era su momento.

No sentía sus alas. Ni siquiera podía extenderlas. Pero no importaba. Solo necesitaba sus piernas.

Con un esfuerzo insoportable, Rainbow Dash se incorporó, ignorando el dolor lacerante en su cuerpo. Concentró lo poco que le quedaba de energía en sus extremidades y avanzó, acelerando con cada paso.

Podía escuchar con claridad el tronar de su agotamiento en su interior, pero eso no la detenía.

Su oponente, aún aturdido, al notar su avance, la miró con los ojos abiertos de par en par.

"¡Un poco más! ¡Haaaaa!"

Con un último grito de guerra, Rainbow Dash saltó y giró en el aire. Un movimiento imposible en su estado, pero lo logró. Con ambas patas traseras juntas, impactó de lleno en la barrera de Badwhiz.

El impacto resonó en todo el bosque.

Badwhiz, incapaz de reaccionar a tiempo, salió despedido y cayó al suelo con un estruendo.

Su barrera mágica finalmente se desmoronó.

Ya no podía sostenerla.

Rainbow Dash, tambaleante, lo observó con oscura satisfacción mientras su oponente intentaba arrastrarse por el suelo.

La victoria estaba a su alcance.

"¡Rainbow Dash! ¡Rainbow Dash! ¡Rainbow Dash!"

Voces resonaban a su alrededor, aclarándose en su mente como un rugido ensordecedor. Se veía a sí misma en medio de una multitud que la aclamaba.

Ya no pensaba en sus amigas, ni en su propia vida. Solo tenía en mente una cosa: venganza.

Poseída por sus propias pasiones, avanzó sin dudar. Pero entonces, otra voz la sacudió.

"¡Rainbow Dash! ¡No! ¡No continúes peleando, es suficiente! ¡Detente!"

Era un eco lejano... como la voz de Twilight...

Pero no le hizo caso.

Ya no era posible detenerse. La victoria definitiva estaba a solo unos pasos...

"¡Rainbow Dash!"

Otra voz irrumpió en su mente, y esta vez sí se detuvo.

"¡¿Applejack?!"

Su nombre escapó de sus labios en un susurro.

Pero la sorpresa duró apenas un instante.

Una luz intensa estalló delante de ella.

La gema en el cuello de Badwhiz finalmente había alcanzado su límite.

Horrorizada, Rainbow Dash entrecerró los ojos, cegada por el resplandor que emanaba de la gema sobrecargada. Instintivamente, levantó sus maltrechas alas para cubrirse el rostro.

Un terrible error.

Antes de que pudiera darse cuenta de su falla, un potente rayo negro la golpeó de lleno.

Todo se volvió ligero.

El mundo giró sin control.

Su visión, desenfocada por el movimiento frenético, se detuvo abruptamente cuando su cuerpo impactó contra el suelo rocoso y áspero.

Durante ese instante, en el breve tiempo que le quedaba, su mente (en estado de shock) solo fue capaz de aferrarse a un recuerdo.

La última voz que había escuchado...

"¡Rainbow Dash! ¡Rainbow Dash!"

Applejack la llamaba con desesperación.

Los restos de su conciencia se desvanecieron en una negrura espantosa que lo devoró todo.

"Applejack..."

Intentó pronunciar su nombre una última vez, pero no logró completar la palabra.

Y así, desapareció de aquel mundo...

[-]

Mucho después... en el presente...

[-]

"¡Rainbow Dash! ¡Rainbow Dash!"

En medio de una habitación desordenada, Applejack sostenía con fuerza a Rainbow Dash, agitándola en un intento desesperado por hacerla despertar.

"¡Rainbow Dash! ¡Despierta!" continuó llamándola sin obtener respuesta. Su amiga, inconsciente, yacía con el rostro vendado, sin mostrar señales de vida. De vez en cuando, entreabría su único ojo visible y dejaba escapar balbuceos ininteligibles mientras su boca se torcía en una mueca desconcertante.

La escena se prolongó hasta que, de repente, aquel único ojo visible se abrió de golpe.

"¡Rainbow Dash, por fin despertaste, gracias a... Ughhh!" exclamó Applejack, apenas sintiendo alivio antes de que una inesperada patada la golpeara en el estómago, enviándola de espaldas al suelo.

Rainbow Dash, que acababa de patearla, se hallaba de pie, despierta... o más bien, atrapada en un estado de sonambulismo violento. Dominada por una euforia incontrolable, la pegaso no dejaba de mirar en todas direcciones, como un animal acorralado. Sin pronunciar palabra, comenzó a morder las vendas de su cuerpo y a agitar sus alas con desesperación, como un colibrí atrapado en una telaraña asfixiante.

Applejack, levantándose del piso con dificultad, observó consternada cómo su amiga salía disparada en todas direcciones, golpeando muebles y paredes, lastimándose en el proceso y chocando contra sus otras amigas, que también estaban despertando.

"¡Rainbow Dash, no! ¡Espera! ¡Detente, Rainbow!" gritó, sin ser escuchada.

Rainbow Dash estaba completamente fuera de control, y ella, la unica libre en ese momento, tambien era la única que podía hacer algo al respecto.

Debía detenerla.

Con esa apremiante misión en mente, la poni granjera escaneó su alrededor en busca de algo que pudiera ayudarla. De inmediato, fijó la mirada en la larga venda que aún colgaba del cuello de Rainbow Dash.

Sin pensarlo dos veces, corrió tras la estela que dejaba su amiga pegaso y, de un salto, alcanzó la punta de la venda, mordiéndola en el aire y jalándola hacia atrás con todas sus fuerzas.

Fue un movimiento efectivo, pero sumamente brusco. Cualquier otro habría sufrido una lesión grave, pero en Rainbow Dash solo provocó un leve quejido de asfixia.

Empujada hacia el suelo, su vuelo se cortó de inmediato, terminando con un estruendoso choque contra un estante de libros.

Applejack se apresuró a acercarse a su amiga caída. Sabía que Rainbow Dash era resistente, pero en ese momento solo le importaba que estuviera bien.

"¡Rainbow Dash, por favor, reacciona!" gritó, sosteniéndola por los hombros, intentando calmarla.

Sin embargo, no logró obtener respuesta. Rainbow Dash, obstinada en su desenfreno, volvió a intentar despegar, agitando sus extremidades sin coordinación alguna. Applejack, aterrorizada por el estado en que se encontraba su amiga, sintió el miedo inundar su corazón. No entendía lo que estaba pasando ni podía aceptar la locura que la poseía.

"¡Rainbow Dash, por favor, vuelve en ti!" gimió Applejack entre lágrimas, abrazándola. Pero el gesto fue en vano, respondido solo por más forcejeos.

Con el corazón en la boca y la esperanza desvaneciéndose, Applejack, sin saber qué hacer, observó con desamparo el rostro distorsionado de la pegaso.

Fue entonces cuando notó algo que había pasado por alto.

Los ojos de la pegaso, ahora visibles tras perder las vendas, estaban en una posición extraña: miraban en direcciones opuestas, transmitiendo una sensación incongruente pero familiar.

¿No conocía a alguien en Ponyville con una mirada semejante?

De pronto, un viejo recuerdo vino a su mente. Y con él, una idea que iluminó su rostro.

Ahora sabía qué hacer.

"Si funcionó antes… no puede fallar ahora, ¿verdad?" penso Applejack para sí misma. "¡Aguanta, Rainbow!"

Alzando su casco, en un movimiento certero, golpeó con fuerza la cabeza de Rainbow Dash.

La pegaso arcoíris recibió de lleno el golpe, pero no cayó al suelo... Permaneció en pie, rígida, temblando como un viejo artefacto que reiniciaba sus funciones tras un largo tiempo de inactividad.

Applejack la observó con ansiedad.

Entonces, Rainbow Dash comenzó a moverse de nuevo, pero esta vez con más control. Su expresión cambió. Sus ojos, que hasta hacía poco giraban sin rumbo, poco a poco volvieron a enfocarse.

Las alas, que no habían dejado de agitarse, finalmente se detuvieron y se plegaron con suavidad. Sus extremidades, que se movían de forma errática, se estiraron una última vez antes de relajarse.

Rainbow Dash, con el semblante que la caracterizaba, se sento, respiró hondo y cerró los ojos, como si volviera al sueño del que apenas había escapado.

Applejack, sorprendida por lo que acababa de presenciar, ladeó la cabeza, confundida. Permaneció inmóvil, expectante, preguntándose si algo más ocurriría. Tras un instante de silencio, finalmente se acercó con cautela.

"¿Rainbow Dash?" preguntó con voz temblorosa.

La respuesta fue inmediata.

"¡Auch, Applejack! ¿Qué rayos te pasa?" protestó la pegaso, llevándose un casco a la cabeza y frotándose el chichón que ahora adornaba su frente. La escena angustiante de hace unos momentos se desvanecía como si nunca hubiera ocurrido.

Una sonrisa iluminó el rostro de Applejack. Luego, sin poder contenerse, estalló en carcajadas.

"¡Jajaja, jajajaja!"

Su risa resonó en toda la habitación, desbordante, incontenible. Dominada por la pura alegría del reencuentro, no dudó en saltar sobre su amiga y abrazarla con todas sus fuerzas.

"¡Ey, ey, Applejack! ¡Qué haces? ¡No aprietes tan fuerte! ¡Oye, espera!... ¿Estás llorando?"

Rainbow Dash parpadeó, confundida. Para ella, apenas había despertado de un sueño salvaje y su memoria seguía borrosa.

"¡Tu gran cabeza dura! Jajaja, no puedo creerlo. ¡Estás a salvo! ¡Todas estamos a salvo! ¡Yeeep!" relinchó la poni granjera sin freno, apretando aún más fuerte a su amiga arcoíris.

"¿Estamos a salvo...? Eso suena bien, ¿no?" respondio Rainbow Dash sin saber que decir, cada vez más confundida y preocupada por el extraño comportamiento de Applejack.

"¡Sí! ¡Eso está muy bien!"

"Genial... y... ¿dónde estamos a salvo, exactamente?" preguntó la pegaso, barriendo la habitación con la mirada.

Applejack abrió la boca, pero ninguna respuesta fácil le vino a la mente. Su alegría se disipó de inmediato. Se apartó un poco, su expresión nublándose al recordar la inquietante situación en la que se encontraban.

"Yo... no estoy segura. Tal vez sea... ¿la casa de Twilight?"

Rainbow Dash se quedó en silencio, sin comprender del todo la respuesta. Pero tras observar mejor su desordenado alrededor, la absurda afirmación comenzó a cobrar sentido.

"Bien... estamos en la vieja casa de Twilight, ¿no?"

"Yep", respondió Applejack, echando otro vistazo a la habitación.

"O sea, la biblioteca de Ponyville, Golden Oak, ¿no?"

"Yep", repitió Applejack.

"La misma que Tirek destruyó casi por completo, ¿no?"

"Yep..." confirmó Applejack, esta vez con un tono más grave y mirada nerviosa. Tras un momento de duda, añadió: "No lo entiendo."

"Concuerdo... esto es extraño. Muy extraño..." murmuró Rainbow Dash, desviando la mirada con evidente desconfianza a todo lo que la rodeaba. Luego continuó: "¿Y las demás chicas...?"

"También están aquí, a salvo en..." Applejack se detuvo al volver la mirada hacia el interior de la habitación.

Su silencio inmediato era comprensible. En medio del desastre causado por las anteriores embestidas de Rainbow Dash, la casa de Twilight se encontraba en un caos aún mayor que antes. Sus amigas, atrapadas en el desorden, estaban desperdigadas por la habitación en situaciones absurdas.

Colgando del techo, como una piñata, Pinkie Pie se balanceaba envuelta en sus propias vendas.

Debajo de un librero caído, sobre un colchón de afortunadas almohadas, Rarity se agitaba con desesperación, intentando liberarse de la sofocante trampa en la que había quedado encerrada.

Más allá, en una esquina, rodeada de cuchillos incrustados, botellas rotas y un incipiente fuego, Fluttershy permanecía dormida en su sencilla cama. Indemne, con una expresión angelical de tranquilidad absoluta, ajena a todo lo ocurrido en la habitación hasta ese momento.

Incapaces de reaccionar a la escena, Applejack y Rainbow Dash observaron en silencio cómo Fluttershy comenzaba a despertarse.

La pegaso de melena rosa se estiró, abrió la boca y, con la inocente gracia de un gatito, soltó un adorable bostezo. Sin ningún rastro de dolor o inquietud que empañara su habitual dulzura, abrió los ojos lentamente, disipando el apacible sueño que aún la envolvía.

Al notar las expresiones graves de sus amigas, parpadeó por unos instantes y, tras unos segundos de silencio, inclinó ligeramente la cabeza antes de preguntar con suavidad:

"¿Pasó algo malo?"

[-]

Envuelta en una densa noche, un grito surgía desde el interior de la casa-árbol de Twilight.

"¡Aaaaaahhh!"

"¡No grites tan fuerte, Pinkie! ¡No estás ayudando!" se quejó Applejack, molesta. A su lado, Rainbow Dash lucía una expresión igual de frustrada. Ambas avanzaban con cuidado entre el desorden de la habitación, llevando sobre sus lomos el cuerpo parcialmente vendado y enyesado de su amiga rosada.

"Lo siento..." intentó disculparse Pinkie Pie, solo para soltar otro grito más corto.

Applejack rodó los ojos y suspiró.

Momentos antes, ella y Rainbow Dash se habían dispuesto a auxiliar a sus amigas atrapadas. Para entonces, estaba claro que Fluttershy se encontraba completamente ilesa, algo que Applejack agradecía desde lo más profundo de su corazón. Sin embargo, no podía decir lo mismo de Rarity y Pinkie Pie.

Rarity no presentaba daños físicos importantes, pero la falta de oxígeno tras quedar atrapada bajo un librero la había dejado en un estado de confusión. Al ser liberada, apenas podía articular palabras y tenía dificultades para mantenerse en pie. Afortunadamente, la rápida intervención de Fluttershy la estabilizó. Ahora, se recuperaba lentamente en el sofá, bajo la atenta mirada de la pegaso de melena rosa.

Por otro lado, la condición de Pinkie Pie resultaba ... extraña. Dejando de lado que estuviera colgando del techo. Al igual que Rainbow Dash, antes de despertar, su cuerpo estaba completamente vendado y cubierto de bloques de yeso, como si hubiese sufrido una caída tan grave que hubiera requerido inmovilizarla por completo. Incluso su rostro estaba parcialmente enyesado, con solo unas pequeñas aberturas para respirar. Alarmada por los sonidos de asfixia que provenían de esas diminutas rendijas, Applejack decidió quitarle el yeso del rostro para ayudarla a respirar mejor.

Fue un terrible error.

En cuanto su boca quedó libre, en lugar de palabras de alivio o agradecimiento, Pinkie Pie soltó un grito tan estridente y prolongado que todas se cubrieron los oídos de inmediato. La habitación entera vibró con su chillido. Desesperadas, intentaron calmarla para averiguar si estaba herida o confundida, pero, para sorpresa de todas, Pinkie Pie respondió con claridad: estaba completamente sana y consciente de la situación. Simplemente no había podido hablar antes debido al yeso en su boca. Más aún, reveló que había sido la segunda en despertar, justo después de que Applejack encendiera las luces de la habitación y mucho antes que Rainbow Dash.

Aun así, a pesar de mostrarse sana, Pinkie Pie seguía gritando en medio de sus propias palabras. Cuando sus amigas, exasperadas, le preguntaron por qué lo hacía, su respuesta fue simple:

"¡No lo sé!"

Así transcurrieron los minutos hasta el presente, sin una explicación clara y soportando un escándalo que se volvía más insoportable con cada segundo.

"¡Por Celestia!¡¿Alguien podría, por favor, CALLARLA DE UNA BUENA VEZ?!" gritó Rarity desde el sofá, con una expresión de pura frustración mientras su migraña se intensificaba.

"¡Pinkie, basta! ¡Esto no es divertido!" exclamó Applejack con voz agria, sintiendo también un dolor punzante en los oídos. Sin cuidado, dejó caer a su amiga enyesada al suelo con un sonoro golpe.

"¡Aaaaaaaa! Lo siento, Applejack... pero... pero... ¡Ugggggg, no puedo evitarlo! ¡Aaaaaaaaaaaa!" La voz de Pinkie Pie, aunque teñida de culpa, dejaba claro que no estaba jugando. En verdad era incapaz de dejar de gritar, incluso después de que Rainbow Dash intentara taparle la boca con un calcetín improvisado que encontró por ahí. No funcionó; el intento solo la hizo gritar aún más fuerte.

Cubriéndose los oídos, todas alcanzaban el límite de su paciencia. Tanto así que Rarity comenzó a mirar desesperadamente a su alrededor, buscando el librero donde había estado atrapada antes, probablemente considerando meterse de nuevo debajo de él.

Justo cuando la paciencia de Applejack se agotaba, una voz inesperada pero salvadora la sacudió desde atrás.

"¡A un lado!" ordenó con fiereza Rainbow Dash, que ahora sostenía un enorme mazo de madera entre sus cascos.

"¿De dónde sacaste...? Espera, Rainbow Dash, ¿no estarás pensando en...?" Applejack no llegó a terminar la frase. Antes de que alguna pudiera detenerla, Rainbow Dash se lanzó hacia adelante, haciendo girar el mazo en el aire con un movimiento certero y potente, golpeando a Pinkie Pie en la cabeza como si fuera un topo de feria.

Un golpe sordo resonó en la habitación. Luego, silencio.

Para alivio —y posterior consternación— de sus amigas, los gritos de Pinkie Pie se detuvieron de inmediato. Rainbow Dash, orgullosa, se plantó firme sobre la pila de yeso roto y vendas desmoronadas bajo las cuales ahora yacía la poni rosa. Sus amigas, por su parte, suspiraron aliviadas. Pasaron segundos, quizá minutos, recuperando la calma.

Sin embargo, la realidad pronto se hizo presente: no se oía ni un solo sonido bajo los escombros. Ningún murmullo. Ninguna risa. Nada.

La conciencia del agravio sumada a la falta de señales de vida de Pinkie se reflejó en todas con una mueca de nerviosismo. La angustia comenzaba a invadirlas cuando, de pronto, un sonido rompió el silencio.

Como si un globo se inflara de golpe, una figura rosa emergió de entre la pila de despojos en el suelo.

"¡Soy libreeeee!" exclamó Pinkie Pie, toda sonrisas y desbordando la alegría que tanto la caracterizaba... solo para desplomarse de cara al piso segundos después.

"Estoy bien..." murmuró sin moverse, mientras Fluttershy corría a atenderla.

Rainbow Dash, con un gesto de desinterés, desvió la mirada.

"Perfecto, Pinkie ya no es una momia gritona, Rarity ya puede respirar, Fluttershy es inmune a todo y tú no tienes sombrero. ¿Alguien ya me puede decir qué está pasando aquí?" preguntó con mal humor, arrojando a un lado el enorme mazo y alzando el vuelo dentro del cuarto.

Applejack arqueó una ceja.

"Gracias por preocuparte tanto por mí, querida. Estoy muy bien..." se oyó la voz indignada de Rarity desde el sofá.

Ignorando las quejas de la unicornio, Applejack reflexionó sobre la pregunta de Rainbow Dash. Y, para su molestia, se dio cuenta de que no tenía una respuesta.

Cuando miró al resto de sus amigas, sus expresiones eran idénticas. Nadie tenía una explicación clara.

El silencio volvió, pesado y melancólico. Hasta que, de repente, algo lo quebró.

"Tal vez..." se escuchó una voz suave de fondo. "Deberíamos empezar diciendo qué fue lo que pasó."

Las miradas se dirigieron hacia Fluttershy, quien aún sostenía a Pinkie Pie entre sus brazos. Casi de inmediato, la atención de todas viró hacia Rainbow Dash.

Rainbow Dash se paralizó al instante al sentir las agudas miradas de sus compañeras.

"Oigan, esperen un segundo. Fui la última en quedar de pie. Si van a empezar a pedir explicaciones, primero deberían darme las suyas," respondió a la defensiva.

"Oh, querida, ¿así que fuiste la última en quedar de pie?" dijo Rarity con un tono ligeramente sarcástico. "Pero, ¿no fuiste también la primera en irte? Cuéntanos, dulzura, ¿qué tal te fue en tu cita con Vainilla?"

Las plumas de la pegaso se crisparon al instante.

"¿Disculpa? No las dejé para ir a un duelo de buenos modales como a los que estás acostumbrada, Rarity. ¡Fui a pelear por todas ustedes!"

"Ahh, lo siento, Rainbow. Tal vez no me expliqué bien antes, pero... no esquives la pregunta. ¿Cómo te fue?"

Rainbow Dash, que seguía en el aire, se quedó en silencio. Sin saber qué responder, lentamente descendió al suelo, se sentó, agacho la cabeza y, tras un tiempo que parecia detenerse, respondió con un tono abatido:

"Perdí..."

Una fría atmósfera llenó la habitación desordenada. Pinkie Pie, que había permanecido en el suelo, se incorporó con una expresión de preocupación similar a la de Fluttershy y, sin decir una palabra, se acomodó a su lado. Rarity, con mucha más elegancia, hizo lo mismo desde su lugar.

Applejack, que ya se esperaba esa respuesta, se apoyó en su amiga en un intento de confortarla. Rainbow Dash, por su parte, no reaccionó. Tras un breve silencio, continuó:

"No estoy segura de qué pasó... Lo tenía en mis cascos, lo había atrapado y estaba a punto de volver con ustedes, pero... entonces él hizo algo. Después de eso, todo es confuso. Creo que, de alguna forma, tomaron control de mí y me obligaron a atacarlas. De no haber sido por Twilight, no sé qué más habría pasado," confesó con una voz cansada, impropia de ella. Los recuerdos de la batalla y su derrota se agolpaban en su cabeza, llenándola de una amargura que le apretaba la garganta y hacía flaquear su espíritu.

Fue entonces, en medio de aquella angustiosa confesión, que un pensamiento apareció de golpe en la mente de todas al mismo tiempo.

"Twilight... ¿dónde estaba?"

Antes de que alguna pudiera articular el pánico por su obvia y sumamente importante ausencia, una voz se les adelantó.

"¡Hooo por todo lo ROSA!" exclamó Pinkie Pie con una expresión de absoluta sorpresa que hizo que todas contuvieran el aliento. "¡Applejack! ¡No tienes sombrero!"

Nadie respondió a esa tardía e inoportuna revelación. Mucho menos Applejack, quien, conteniendo la repentina ira que la invadía, soltó un intenso suspiro. Esas no eran las palabras importantes que esperaba oír en ese momento, pero tampoco eran falsas, así que lo dejó pasar como una manda de cerdos salvajes en medio de su camino.

Lo que también siguió su camino fue la lengua de Pinkie Pie, que continuó: "...y ¡Twilight! ... ¿no está?" terminó de decir con una expresión que apenas ocultaba el pavor que sentía.

¿Había sido aquella declaración de Pinkie un acto premeditado? Nadie lo pensó en ese momento, pero de haberlo hecho, habría tenido mucho sentido. Porque el pánico que invadió al grupo de amigas fue mucho menor del que habría sido sin aquella distracción.

Sorprendidas y angustiadas, pero no desesperadas, las amigas de Twilight se miraron entre sí, sin saber qué decir. Pronto, todas comenzaron a buscarla por la habitación.

Pero no había ninguna señal de su querida amiga.

"¡¿Cómo es que nadie lo notó antes?!" exclamó Rainbow Dash, frustrada, mientras revisaba entre los libreros y los armarios caídos.

"Lo siento, fue mi error. Pensé que aún estábamos en su casa. En ese entonces, nosotras dormíamos abajo y ella, en ocasiones, en el..." Applejack movió un sofá mientras intentaba justificarse, pero se interrumpió cuando un grito desgarrador sacudió la habitación.

"¡Aaaaaahhh!"

De inmediato, todas dejaron lo que estaban haciendo y se giraron hacia la poni que lo había lanzado.

Rarity, con el rostro descompuesto por el horror, retrocedía temblorosa, incapaz de apartar la mirada del sofá en el que había estado recostada.

Sin entender del todo qué pasaba, Applejack se acercó a la asustada unicornio.

"¿Qué sucede, Rarity? ¿Encontraste algo?"

"¿Que si encontré algo? ¡Míralo por ti misma!" exclamó Rarity, con la voz al borde del llanto.

Confundida, Applejack miró el sofá al que su amiga señalaba con los cascos temblorosos.

"Esto es... un sofá", dijo lentamente.

Pero para Rarity, cuyos ojos estaban entrenados para notar detalles imperceptibles para otros, aquel sofá era algo mucho peor...

"Es... ¡de plástico!" gritó entre lágrimas, sin ocultar su horror ni su dramatismo exagerado.

Applejack reprimió el impulso de desplomarse de lado y, en su lugar, indiferente, simplemente respondió: "Plástico... ¿Algo más?"

"¡Por supuesto que hay más!" reprendio de inmediato "¡Las paredes son de plástico! ¡Las luces son de plástico! ¡Incluso los libros son de plástico! ¡Todo es de plaaásticooo!" termino de decir Rarity, casi en un grito, desconsolada, apoyándose en Fluttershy para no desmayarse.

Extrañadas, las demás observaron con más atención a su alrededor. Lo que antes parecía una habitación desordenada pero familiar, ahora se veía como un lugar completamente extraño y ajeno. Un lugar envuelto en un aura de misterio que apenas empezaban a entender.

Ignorando la confusión de sus amigas. Sin previo aviso, Pinkie Pie tomó un libro del suelo y lamió su superficie.

"Definitivamente es plástico..." murmuró con seriedad.

Applejack, por su lado, golpeó el piso con su casco y ladeó la cabeza, desconcertada. "Extraño..."

En medio de los crecientes murmullos del grupo, Rainbow Dash tomó vuelo, llamando la atención de todas.

"Bien, entonces, tenemos un problema de plásticos, ¿cierto? ¡Perfecto! ... ¿Qué tal si lo dejamos para después y nos concentramos en algo más importante? Algo como, no sé... ¡buscar a una amiga perdida!" exclamó, con una expresión de suma gravedad.

Fue entonces cuando otro grito sacudió la habitación.

"¡Aaaaaahhh!"

Pinkie Pie, con el rostro pálido y la mirada congelada, habia dejado escapar el alarido.

"Por favor, si se trata de que mi corte de melena se ve diferente, será mejor que no lo digas, Pinkie", exclamó Rainbow Dash de inmediato, visiblemente molesta.

Pero Pinkie Pie no respondió. Su mirada seguía clavada en la dirección de Rainbow Dash.

"¿Pinkie? ¿Qué estás mirando...?" preguntó Applejack, notando la expresión petrificada de su amiga y girándose en la misma dirección.

Applejack se quedó inmóvil.

Las demás hicieron lo mismo... y también se congelaron.

A varios pasos detrás de Rainbow Dash, más allá del sofá, una escalinata llevaba al segundo piso de lo que parecía ser la vieja casa de su amiga princesa.

Pero, a mitad de trayecto, oculto entre las sombras de la escalera, alguien las observaba en silencio.

Un ordinario poni terrestre de melena rosada, sin ningun equipamiento, apenas con una manta, se encontraba solo dirigiendoles una intensa mirada.

Badwhiz Starheart, enemigo declarado de las portadoras de los elementos de la armonía, estaba allí...