Capítulo 6 Siguiente Paso (POV Syla)

"Falla mejor que ayer" –se decía en su cabeza.

Syla quería hacerlo mejor que ayer. Estar frente a esta puerta la hacía pensar en cómo había sido aceptada casi por descarte. No podía permitirse tener otro día malo y dejarse expulsar. Hoy tenía miedo de fracasar y de alejarse de su misión.

No debía fracasar, no quería fracasar… pero tenía miedo de hacerlo.

"Valentía no es no tener miedo. Es hacer las cosas a pesar de ello" – decía su padre.

Sonreía cada vez que recordaba espontáneamente alguna de las citas de su padre. Su don más grande no era el haber realizado tres grandes profecías cuando joven o haber aportado en los manuscritos de su tía para publicar "Disipar las Nieblas del Futuro"; no, su habilidad sobrenatural era decir pensar la frase correcta de su padre cuando la necesitaba.

Extrañaba a su padre, pero sus dulces palabras seguían acompañando a Syla hasta el día de hoy. Esperaba que después de enfrentar todos sus martirios podría tomar nuevamente una taza de té con él. Tenía la certeza de que ese día llegaría.

Más tranquila, llena de decisión en su corazón, Syla atravesó la puerta. Estaba resuelta una vez más.

Se encontraba una vez más en el salón de Tom. La alfombra del corredor estaba impecable, sin ningún indicio de la batalla de ayer. Las murallas seguían rodeadas con artilugios y artefactos. Algunos habían sido removidos y otros cambiado de posición, pero la distribución general era la misma. Probablemente habían sido reacomodados durante la noche.

Syla vio como Tom estudiaba un reloj de bolsillo utilizando un monóculo. Se acercó a él, sin intensión de molestar, poniéndose de pie del otro lado del escritorio.

Desde ese ángulo podía apreciar el trabajo que Riddle estaba realizando.

El reloj estaba abierto y puesto boca abajo, exponiendo el interior. Las manecillas giraban, pero nada las sostenía. Un pequeño destello de color verdoso vibraba perfectamente sincronizado con el avance del segundero.

El mecanismo del artefacto no parecía demasiado complejo, aun así, Riddle se veía fascinado. Él le daba unos toques con la varita, y luego movía unas piezas dentro del reloj, para nuevamente darle unos golpes con la varita.

Al cabo de unos minutos, Tom guardó el lente y cerró el reloj. Syla sabía que se había percatado de su presencia apenas entró, pero su concentración se había mantenido en el reloj hasta que terminó. Una vez realizado lo que parecía el mantenimiento del artilugio, él miró a Syla a los ojos. Esos bellos ojos chocolates que tenían una mirada decidida y fuerte.

"Al menos tiene hermosos ojos" – pensó mientras enfrentaba su mirada.

–Señorita Vablatsky –saludó.

–Señor Riddle –contestó Syla.

–Veo que ha llegado a tiempo y que se ha arreglado tal como le pedí –Dijo Tom mientras paseaba sus dedos sobre el reloj dorado– Le he dicho a la administración que la he aceptado, sin embargo, usted sabe bien que nuestro acuerdo de los 2 meses sigue en pie. ¿Aún está convencida en trabajar para mí?

–Sin ninguna duda –Syla respondió con seguridad y valentía– Y, le digo aquí y ahora que, al cabo de 2 meses me aceptarás a tu lado. No tengo la menor duda.

–Determinación, Señorita Vablatsky, Determinación –repitió Tom mientras se levantaba del escritorio con el reloj aun en su mano– Necios son aquellos sin fundamentos, pero no veo que sea su caso. Veré si es capaz de sostener sus palabras después del verano.

Tom se acercó a Syla, hasta ponerse frente a ella. No era baja con su metro setenta y tantos, pero Riddle le sacaba al menos una cabeza de diferencia. Era delgado, no de compostura robusta, pero tenerlo a una distancia tan cercanamente peligrosa la hacía ponerse mentalmente en guardia. Con el episodio de ayer, no sabía en qué momento aparecería otra "prueba".

No era el caso esta vez, al menos no de la índole explosiva o violenta. Tom extendió su brazo cediéndole el reloj.

–Dígame señorita Vablatsky –dijo con tono serio, pero con curiosidad– ¿Qué ve en este reloj?

Ella miró a Riddle con sospecha mientras tomaba el reloj. Probablemente si era una prueba después de todo. Dejando la confrontación de miradas y observó el artefacto.

Era viejo, pero bien mantenido. Juzgando por el diseño parecía tener al menos un siglo de antigüedad. Se parecía a los relojes mágicos que había estudios en sus libros de historia de la magia.

No era muy pesado a pesar de ser metal, probablemente acero. Era correcto pensar que algún encantamiento lo hacía más ligero. Lo abrió y lo inspeccionó por dentro, pero más allá de la luminosidad verdosa del encantamiento y las manecillas de acero flotantes, parecía no tener ningún otro elemento llamativo.

Finalmente sacó su varita y conjuró un hechizo.

–Specialis Revelio –musito.

Un pequeño resplandor purpura apareció en la varita de Syla. El reloj no reaccionó. Ella medito unos segundos antes de extender su mano hacia Tom.

–¿Y bien? –dijo Riddle.

–Es un reloj mágico del siglo XIX o quizás incluso del siglo XVII. –respondió– Modelo simple. El centro esta imbuido con magia suficiente para mantener el movimiento del tiempo con precisión. Debería durar al menos unas décadas sin intervención antes de comenzar a desfasarse. Este en particular esta sincronizado, ya que marca la misma hora que mi reloj de pulsera ajustado hace un mes. Mi hechizo de Revelio específico muestra un encantamiento para aligerar su peso y otro de protección para evitar su deterioro. Sería todo.

Syla extendió su mano para devolvérselo. Tom no retiró la mirada. Cuando la mano de Tom estuvo a punto de tocar el reloj, Syla lo retiró hacia ella.

–Lo que si me llama la atención –continuó– Es porque este reloj en particular, de cierto valor y antiguo, ha sido convertido en un traslador. Uno tiende a usar objetos sin valor para tal fin. Me pregunto a qué se debe.

Tom sonrió, era claramente la respuesta que buscaba.

–¿Cómo afirma que es un traslador? –preguntó – Veo que su hechizo de Specialis Revelio no ha tenido más de dos destellos. Eso solo indicaría los dos encantamientos que acaba de describir.

–Es cierto –continuo Syla con seguridad– Un hechizo de Portus debería dejar un rastro mágico relevante. Mi hechizo de Revelio debió haberlo mostrado... Sin embargo, los hechizos reveladores no son infalibles.

Syla murmuro un hechizo antes de conjurar Revelio una vez más. Solamente un destello se generó esta vez. Ella había ocultado el encantamiento de aligerar peso y ya no se mostraba con el hechizo revelador.

–Es posible crear un hechizo para ocultar rastros mágicos o encantamientos. No es tan complejo como crear un encantamiento de Flidelius para esconder a una persona entera. Simplemente, si el mago es suficientemente poderoso y hábil, podría ocultar la naturaleza de cualquier traslador. Bueno, en este caso un traslador del tipo temporizador, ¿no es así?. Si este hubiera sido uno corriente, ya me habría teletransportado a otro lugar.

–Si no eres capaz de detectar el hechizo de Portus –preguntó Riddle, ahora con genuina curiosidad– ¿Cómo sabe que este reloj es efectivamente un traslador?

–Investigando y aprendiendo los detalles de la magia –Syla dijo con seguridad mientras acercaba el artefacto a la mano de Tom. Este comenzó a generar trazas de magia sutiles, casi imperceptibles–¿Ves esos pequeños destellos azules alrededor del reloj a acercarlo a tu mano? Son residuos del Portus. La mayoría de la gente no lo sabe, pero este hechizo tiene este efecto con su conjurador. No dura más de un día, y obviamente no sería fácil de apreciar con traslador sin temporizador. Pero, para estas circunstancias, permite saber la naturaleza del objeto. Un traslador creado por usted señor Tom.

–Fascinante, señorita Vablatsky – dijo Riddle en tono de aprobación – Fascinante.

Syla respiró aliviada. Este pequeño truco lo había aprendido durante su último año preparando su EXTASIS. Los exámenes finales de séptimo año no eran para nada fáciles. Uno de ellos requería que los estudiantes fabricaran un traslador simple, sin embargo, para alcanzar un sobresaliente, el alumno tenía que ser capaz de crear uno del tipo temporizador.

A ella le gustaba los desafíos por supuesto y había ido por fabricar el temporizado. Había aplicado su clásica mentalidad de concentración y mejora continua, por lo que había estado 5 días seguidos construyendo y desarmando trasladores. Con ello había aprendido un montón de valiosas lecciones, como el efecto secundario que le había explicado a Tom. Por otro lado, había aprendido que cada conjuro de Portus para crearlos era percibido por el departamento de transporte mágico.

Todo artefacto de teletransportación debía ser registrado en el Ministerio de Magia, sin excepción. Un encantamiento global de la institución permitía llevar el control de los hechizos Portus conjurados en el mundo mágico. Los trasladores oficiales debían ser registrados en el ministerio mediante un formulario para ser utilizados. Solamente el objeto final debía pasar por este proceso, los intentos fallidos o los prototipos no requerían de permisos.

Los alumnos tenían posibilidades de intentar crearlos varias veces antes de estar listos para su examen de EXTASIS. Sólo el creado durante la prueba requería registro. Eso no impidió que el ministerio le enviara una carta de queja por los 50 avisos de uso de Portus que había sido conjurados solo en una noche en la sala de estar de Hufflepuff previo al examen de EXTASIS de hace unos meses.

Syla sonrojada había teorizado la posibilidad de ocultar los hechizos de Portus mientras practicaba, principalmente para evitar recibir otra carta vociferadora del ministerio, pero decidió mesurar sus intentos. No era relevante poner en práctica su hipótesis sabiendo que no iba de serle de utilidad luego de los EXTASIS.

"Pero al parecer alguien su logró resolver el contra hechizo para ocultar Portus" –pensó Syla mirando a Tom mientras le hablaba sin escucharlo– "Si mi hechizo de detección había fallado, era altamente probable que Riddle hubiera logrado crear un traslador sin que el Ministerio de Magia lo supiera".

Le pareció preferible obviar ese pensamiento por ahora.

Como siempre, se había perdido en sus pensamientos. Parecía que Riddle llevaba bastante hablando sobre el reloj traslador. Su cara automática de atención le ayudaba a pasar desapercibida en estos casos. Tomó atención a sus palabras finales.

–... por lo que el sistema se mantiene constante –prosiguió Tom– Estos relojes mágicos, pueden mantenerse con un mínimo de magia, pero al imbuirlo en periodos d meses de forma constante, no pierden su precisión. Lo más cercano a un artefacto de vida perpetua.

–Ya veo –Syla tratando de aparentar que había escuchado cada una de sus palabras.

–Señorita Vablatsky tenemos un evento al cual acudir –Indicó Tom pasando junto a ella, haciéndole señas para que lo siguiera– Cuando la gente te pregunte, te presentarás como mi nueva maga investigadora. Si consultan sobre tus áreas de investigación dirás que pronto iniciaremos un gran proyecto de un artilugio revolucionario del que no puedes hablar aún. Eso le bastará a la gente que trate de fisgonear.

Firme y directo. No había disculpas por haber sido rudo ayer (no las esperabas siendo franca consiga misma). Simplemente le estaba dando instrucciones como si hubiera trabajado juntos por años. Se daba cuenta que, en cierto, modo ya era su subordinada. El puesto de maga investigadora era, en verdad, suyo (al menos por dos meses).

Syla empezaba a entender el estilo de Tom.

–Si señor Riddle –asintió mientras él caminaba uno de los estantes del corredor– ¿A dónde vamos?

–A un lugar donde deberemos relacionarnos con gente importante –Dijo mientras guardaba una especie de lampara antigua en su bolsillo– El poder es en parte lograr obtener información mediante los dotes propios de encanto y manipulación. Eso haremos ¿Objeciones?

–Ninguna –decía mientras pensaba que es lo que tramaba Tom en su cabeza. Necesitaría pasar mucho tiempo para entender los planes del futuro Señor Tenebroso.

–Bien, es hora de irnos señorita Vablatsky –indicó Tom– Ya es casi la hora. Favor ponga uno de sus dedos alrededor del reloj.

Syla puso sus manos sobre el reloj. Era pequeño, por lo que no podía evitar superponer sus dedos sobre su mano. La piel de Tom era suave pero muy fría. Contrastaban con la temperatura perfecta aclimatada que tenía la oficina.

Apretó los dientes. Siempre lo hacía antes de aparecer en otro lugar. No evitaba los mareos, pero le daba mejor sensación al viajar.

–Vamos a honrar a unos héroes –dijo en el momento que ambos desparecían de la habitación.

La oficina de Tom Marvolo Riddle se volvió silenciosa nuevamente. Sin ventanas, y con única puerta, la sala solamente se atestaba con la luz de las antorchas de las esquinas. Resaltando la larga alfombra del basilisco en una habitación llena de artefactos mágicos sobre estantes.

En el mar de tranquilidad, una figura irrumpía de vez en cuando. Alto, de túnicas azules, de un pelo similar al fuego de una hoguera. Un hombre recorría artefacto por artefacto revisando con sus ojos si podía percatarse de detalles que no hubiera visto. Esos mismos ojos reflejaban un pesar mucho más grande que los años encima. Una carga que una vida entera no era capaz de llevar. Día tras día miraba los artilugios buscando una respuesta que no podían encontrar.

Después de recorrer todos los estantes, revisando los artefactos nuevos de la última salida de Tom, se dirigió a su escritorio. Sobre el mesón yacían las herramientas que Tom había utilizado para la mantención del reloj. Perfectamente cuidadas y alineadas, tan meticuloso en su orden como siempre.

Junto a las herramientas, se encontraba el resumen de Syla Vablatsky. Sus hazañas y sus logros se encontraban plasmados en el pergamino. Resaltaba una foto mágica en movimiento de una chica de cabellos dorados muy alegre y llena de vida. Le parecía curioso cómo, en la misma foto, podía percibir una máscara para evitar que otros supieran que es lo que pasaba dentro de ella. Mal que mal, el solía hacer lo mismo.

El hombre de los cabellos de fuego alzo la hoja y la contempló unos segundos. La devolvió a su escritorio para mantener el orden que Tom Riddle tenía.

De pronto, no hubo nadie en la habitación. Nuevamente reinaba el silencio, pero con leves cambios. Rastros mágicos llenaba el aire volviéndolo ligeramente más pesado.

"Objetivo logrado, no vomitar al lado de Tom" – pensó—

Syla y Riddle aparecieron frente a una majestuosa escalera de un palacio antiguo. Alrededor de ellos, había un centenar de invitados elegantes caminando hacia el interior de la enorme casona. Se veía imponente, pero resaltaban aún más las múltiples decoraciones en rojo y azul. Varios lienzos y pancartas mostraban imágenes del frente aliado festejando la victoria de la guerra. Syla reconocía varios, ya que eran frecuentes verlos en la comunidad mágica al final de la guerra contra Grindelwald.

–Esta es una celebración de la victoria de la guerra –dijo mirando a Tom aun un poco mareada– Es una festividad de los héroes de esa guerra.

–Es correcto señorita Vablatsky –dijo mientras miraba el reloj. No parecía tener los efectos adversos de la aparición como ella– Hoy, que se cumplen dos años de la planificación de la caída de Grindelwald. El Ministerio organizó un homenaje para los héroes de la guerra para celebrar el hito. Una festividad netamente política, pero nos da el pretexto perfecto para acercarnos a una persona estratégica sin levantar sospechas.

Pasando un minuto y cuarenta segundos exactos, Tom levantó su vista y el aura de su mirada cambió. Aflojó un poco los hombros y su rostro tomó un temple más sereno. Dibujo una sonrisa encantadora y extendió su brazo hacia ella.

–Es hora de irnos, Syla –dijo Riddle manteniendo un tono encantador.

Ella extendió su mano para apoyarlo sobre el brazo de Tom. Este la recibió con dulzura y la acercó hacia sí. Apenas conocía Tom, pero lo que ya conocía sabía que era alguien frío y calculador. Alguien muy resolutivo y que, si es necesario, podía ser despiadado. Syla se daba cuenta que Tom hasta ahora se había mostrado tal cual era, probablemente porque no necesitaba esconderlo frente a ella. Pero este otro Tom…. Este era el que los demás magos conocían.

Tom Marvolo Riddle, el mago brillante, quién había tenido una carrera prolija en Hogwarts. El que fue prefecto, premio anual y de quien la gente adoraba. De gestos suaves, serenos y acogedores. De un aura tranquila y, en cierto modo, encantadora. Como un hombre de la realeza.

"Dios mío" – pensaba incrédula a su cambio de postura mientras subían los escalones de la entrada del palacio – "Sino me hubiera pisado la mano ayer, me darían hasta ganas de abrazarlo".

Syla iba tan embobada del cambio que no percibió cuando una mujer los detuvo frente a la gran puerta principal del palacio.

–¿Identificaciones? – musito con una voz protocolar.

Una mujer de mediana edad, de un largo cabello oscuro y con un pergamino y pluma flotantes extendía su mano pidiendo credenciales. Probablemente era parte del control de seguridad que el Ministerio había implementado en el evento.

–Soy Tom Riddle, jefe del departamento de nuevos artilugios mágicos. Me acompañante es Syla Vablatsky, investigadora mágica a mi cargo. He aquí mi invitación.

Parte de Syla se irritaba por escuchar a Tom hablando con tanta firmeza y dulzura. Probablemente había pasado una vida actuando de esta manera. La naturalidad con la que cada palabra salía de su boca la irritaba. Cada frase era dicha con un tono de amabilidad le hacía cuestionar si no era simplemente magia. La expresión de la mujer cambió drásticamente, de una severa a una dulce. Hasta un poco de sonrojo apareció en su rostro. Tomó la entrada con delicadeza femenina.

"No, no es magia" – concluía en su cabeza – "Es la peligrosa no—magia muggle"

La mujer tomó la invitación de Tom, pero la pluma y el pergamino no reaccionaron. La sonrisa de la mujer se convirtió en nerviosismo. Ella miró la invitación y luego revisó la lista. Su cara se mostraba que estaba incomoda con la situación, y probablemente buscaba la mejor manera de darle la mala noticia al mago.

–Este.. yo…–dijo la mujer ruborizándose un poco. Miraba a la pluma mágica, pero estaba se limitaba a girar de lado a lado en símbolo de desaprobación– Bueno, señor Riddle verá… su invitación esta correcta, pero ya no es válida. De acuerdo al pergamino, usted mismo la rechazó hace unos meses. Su puesto fue reasignado, además, no consideraba acompañante yo…

–No se preocupe dama –respondió Tom con dulzura– Hubo circunstancias que me impedían venir cuando recibí la invitación, sin embargo, han quedado atrás. Sé que es una excepción, pero… ¿podría conseguirme un pase especial con la dirección? Por los puestos designados, no tenga preocupación. Con mi acompañante estaremos felices de estar de pie mientras vemos la presentación principal. Favor tenga sin cuidado ese detalle.

La mujer estaba complicada. Sus ojos claramente mostraban la intención de ayudar a Riddle a toda costa, pero no podía y con justa razón. Syla sabía muy bien que, si este era un evento del Ministerio de Magia, el departamento de defensa era el encargado de la seguridad. Y si ese era el caso, iba ser imposible lograr una aprobación.

Probablemente habían sido invitados no solo los héroes de guerra, sino gente tan importante como su tía. A parte del contingente de aurores, debía haber hechizos múltiples de seguridad vinculados con las invitaciones. Esos encantamientos funcionaban como barreras inamovibles. No era una cosa de tratar de pasar por la puerta o no. Si lo intentarán, probablemente maldiciones caerían sobre ellos y todos los magos del departamento de defensa vendrían por ellos. Ella y Tom sabían que la mujer no podía hacer absolutamente nada para remediar su entrada.

Pero… ¿Qué planeaba Tom entonces? Él no vendría a este lugar solamente con un pretexto tan simple de que había cambiado de opinión para venir al evento. No importaba que tan encantador fuera o que hubiera tenido una invitación expirada, esto no se remediaba con un aura despampanante y un par de dulces palabras. Claramente no era la forma de Tom de manejaba sus planes. Faltaba una pieza en esta ecuación.

Syla no tuvo que esperar mucho para observar cual era.

Por una fracción de segundo Tom miró su reloj para chequear la hora. Apareció una sonrisa fugaz en sus labios, por solo un momento, que solo Syla pareció ver. Ratificaba que todo seguía aún de acuerdo a sus planes.

–¿Qué sucede aquí Martina? –dijo una voz ronca y profunda.

Un hombre alto y robusto, cercano a los 45 años y con una enorme presencia aparecía justo detrás de Tom y Syla. Los ojos de la mujer se abrieron en símbolo de sorpresa y le dirigió una reverencia a la persona que había llegado. Era de verdad alguien importante.

–Honorable ministro Leonard –dijo inclinando su cabeza– Me alegro que haya llegado a la ceremonia. Tenemos su sitio especial esperándolo. Este… lo siento, justo ahora estamos revisando un inconveniente con el señor Tom y su invitación rechazada.

–¿De quién? –frunció mientras se acercaba para ver mejor a la pareja. Reconoció a Tom de inmediato.

–¡Ah! ¡Joven Riddle! –expresó en alegría– Muchacho, que alegría de verte. No te había visto hace unas semanas... Y tú eres...

–Syla –respondió con una reverencia– Syla Vablatsky, maga investigadora a cargo de Riddle.

–Tu apellido me suena… ¿Vablatsky? ¿Cómo el de Cassandra, la vidente? Serás acaso… –dijo Ministro con gesto de curiosidad.

–Si, Cassandra es mi tía honorable ministro –respondió– La misma autora de "Disipar las Nieblas del Futuro".

–Sabía que tenías cara conocida. Un placer dama –dijo el ministro, haciendo una pequeña reverencia para besar su mano antes de dirigir sus palabras nuevamente a Tom– Veo que al fin has decidido poner gente a tu cargo muchacho. Te felicito por tu elección. Cuéntame, Tom, ¿A qué se refiere Martina con esto del rechazo?

–Hace unas semanas estaba con un experimento crítico –respondió Riddle con un tono apenado– Pensaba que el tiempo que me tomaría revisarlo me impediría acudir, por lo que inicialmente rechacé la invitación por cortesía. Me parecía injusto quitar la oportunidad de que otro mago fuera invitado a la celebración.

Tom hizo un gesto indicando a la multitud que entraba por el acceso.

–Sin embargo, fui más rápido de lo que pensé y terminé el artefacto teletransportador que me pidió. El que le entregué la semana pasada honorable Ministro –prosiguió con la misma voz tranquila, pero resonando ahora en convicción– Ahora con tiempo adicional y teniendo a mi cargo a Vablatsky, pensé en poder mostrar mis respecto al evento del Ministerio … aunque probablemente ya no pueda ser así.

Era un actor increíble, o al menos eso pensaba Syla en estos momentos. Si no fuera porque recordaba como ese hombre le dió una paliza a sangre fría el día de ayer, juraría ella misma que Riddle decía la verdad. Este hombre era encantador y sabía exactamente que decir y cómo actuar para lograr la atención de personas, y quizás, de audiencias enteras. Extraordinario y, a la vez, peligroso, muy peligroso. Un hombre de temer.

–Tonterías Riddle –respondió el ministro Spencer– Por supuesto que podemos hacer una excepción contigo y tu acompañante. Martina, déjalo pasar".

–Pero… Señor, no contamos con el permiso expreso del capitán de defensas mágicas –indicaba Martina resignada– Además está los problemas de los formularios de aceptación. También las sillas. Y bueno, no podemos romper el encantamiento de protección no nos permite que pueda entrar. Como dije antes sin aprobac…"

–Como dije, tonterías –Interrumpió el Ministro Spencer–Olvídese de los formularios del señor Rufflus y su autorización de su departamento. Yo responderé por este muchacho. Además, sobre el hechizo de protección, este puede ser superpuesto por alguien de mayor rango que el ejecutor. Por suerte, tenemos a alguien con esa autoridad aquí mismo.

El ministro se acercó al pergamino flotante. Sacó su varita y la apoyó en el pergamino. Los nombres de Tom Riddle y de Syla Vablatsky aparecieron en el aire y se adosaron a la parte final del pergamino. Hubo un ligero flasheo verde en el pergamino antes de que Spencer guardara su varita.

–Bien, ahora está todo en orden –concluyó– Disfrute de la fiesta Martina. Terminé de dejar entrar a los últimos invitados y tomé su asiento que el evento está por comenzar. La presentación principal la sorprenderá. ¡Será fenomenal! Yo mismo la aprobé.

Martina asintió y dejó pasar al ministro con sus dos invitados. Syla vio cierto alivio en la cara de Martina y, fugazmente, una mirada de reojo a Tom cuando pasó a su lado.

Los tres entraron al salón principal. Estaba repleto de gento, al menos dos centenares de magos sentándose en las sillas puertas alrededor de la tarima principal. Todo indicaba que habría un discurso inicial antes de la recepción y que comenzaría en breve.

–Gracias honorable ministro Spencer –agradeció Tom– De verdad no esperaba que hubiera una posibilidad de entrar. Venía a ver si podría conversar con el Señor Rufflus pero temía que fuera imposible con el evento en marcha. Usted lo ha hecho posible.

–No te preocupes muchacho. Nos ayudamos entre todos –mirando hacia Tom– Espero grandes cosas de ti m. El traslador variable que me diste el otro día es una revolución si lo podemos hacer más estable. Estoy muy contento con tu trabajo en menos de un año. Quiero tenerte cerca y contento para verte revolucionar el mundo.

–Si señor. Así será –respondió Tom– No sería del todo posible si no me hubiera aceptado personalmente para trabajar en el Ministerio de Magia a inicios del año.

–¿Bromeas muchacho? Te estábamos esperando desde el final de la guerra a que vinieras con nosotros –replicó– Supongo que tuviste tus razones para esperar, pero me alegro de que hayas dejado tus diversiones en esa tienda de antigüedades y hayas elegido venir a aportar.

–El deseo de cambiar el mundo pudo más honorable ministro –concluyó Tom– Bueno, imagino que aquí nos separamos. Con Syla iremos a apoyarnos a una de las columnas para poder ver la presentación y…

–Ja, sigues con esas tonterías Riddle –masculló el ministro dirigiéndose a unas escaleras a un costado del recinto– Vengan, daría muy mal imagen a su colega investigadora si no le ofreciera un buen lugar para ver el inicio de la celebración. Acompáñenme a mi palco, podrán estar más cómodos que parados en un rincón.

–Gracias señor —dijo Tom sonriendo y aparentando gratitud– Ven Syla, gracias al señor Leonard tendremos mejores asientos que los que te podría ofrecer. ¡Qué suerte hemos tenido!

Syla asintió. No dejaba de pensar en el poderoso mago tenebroso de sus visiones. Quizás lo que hiciera a Tom convertirse en ese personaje el día de mañana no era su poderosa magia, sino el simple hecho de tener un don para manipular a la gente.

Su llegada a las 9 de la mañana; la breve explicación del evento para que ella mostrara naturalidad; subir las escaleras en el momento preciso, probablemente para evitar encontrarse con aurores; la brillante e inocente explicación del rechazo de la invitación inicial; la aparición oportuna del ministro… todo había sido orquestado de forma natural. Al final, el resultado era que Tom y Syla se habían saltado todos los protocolos de seguridad del evento más importante del año del Ministerio de Magia. Y sin levantar ninguna sospecha.

La actuación de Tom Riddle había sido perfecta. Todos los implicados solo veían a un joven jefe de departamento hacer su mejor esfuerzo para invitar a su nueva colega al evento mágico del momento.

Si no fuera porque Riddle le había mostrado su verdadera naturaleza no pensaría distintos a ellos. También se preguntaba hasta qué punto Tom podría hacer lo mismo con ella.

"Controla lo que puedas controlar y ve cual es el resultado" – decía su padre—

"Bueno, ya abrimos esta puerta. Veremos hacia donde nos llevará" – se dijo a si misma—

Syla y Tom acompañaron al ministro hasta su palco privado.