Capítulo 7 – Honrado a los Héroes (POV Syla)

Syla y Tom llegaban a un balcón privado, ubicado en la cornisa del nivel superior. Desde este lugar la vista a la tarima principal era perfecta. Se notaba que era un espacio era lujoso. Las sillas eran de terciopelo con bordados dorados, y las piedras del piso estaban adornadas con el escudo del palacio. Era un sector reservado para ocasiones especiales.

"No está nada mal para mi segundo día de trabajo" – pensó Syla–

Al ser una zona privada dentro del palacio, estaba fuertemente custodiada. Había cinco aurores designados solamente a este apartado. Dos en la entrada, junto a la escalera y los demás a lo largo de la estructura. Llevaban bordado el símbolo del departamento de defensa y túnica de color azul oscuro. No eran simples magos, tampoco aurores corrientes, eran magos golpeadores, el tipo especializado para combate y misiones de alto riesgo. Probablemente estaba en el lugar más resguardado de todo el palacio.

Syla miraba con curiosidad cuales eran los otros invitados. Se preguntaba qué clase de personas además del honorable ministro requerían este nivel de protección. De las veinte personas que veía, le llamó la atención las dos que estaban contiguas a los últimos asientos disponibles.

Uno era un hombre tan grande como el ministro de magia. Vestía de túnica oscura de colores grises con una gran piel de lobo encima. Le parecía curioso el vistoso abrigo siendo que no hacía frío en el palacio. Su cara era curtida y poseía además de una prominente barba. Lo veía absorto en su libro y no hizo la menor reacción cuando Leonard, Tom y ella se acercaban a los puestos disponibles.

La otra persona junto a él una mujer mayor vestida de una túnica verde. El traje era de un tono oscuro y con arreglos florales mágicos que iban revoloteando alrededor de sus pies, lo que Syla encontró genial. Su rostro envejecido tenía esa belleza que solo se alcanza con la madurez del tiempo.

La mujer estaba absorta mirando al público hasta que divisó a Leonard. Esta lo saludo con un gesto elegante de su mano mientras el ministro se sentaba a su lado.

Tom y Syla se sentaron en las sillas contiguas al ministro. Aun sentados la gran vista al escenario se mantenía y la cercanía con el ministro les permitía escuchar la conversación entre ellos dos.

– ¿Horas de llegar Leonard? –expresó la maga con una sonrisa en su rostro– Pensé que ya no vendrías.

–Ja, ¿y haberme perdido el evento que llevamos organizado por meses Priscila? –dijo riéndose entre diente y con soltura– ¡Ni por todo mi oro de Gringotts! Solo tuve un pequeño contra tiempo ayudando a nuestro amigo Tom y a su acompañante. Pequeños imprevistos.

–No has cambiado nada en estos años. Si la guerra no te cambió, ¿quién soy yo para esperar un milagro? –musito viendo a sus acompañantes con detenimiento– De seguro Rufflus va a estar… "encantado" de que hayas traído a gente no autorizada al palco honorable ministro.

–Marcus puede pensar lo que quiera. Me tiene sin cuidado– contestó.

El ministro se inclinó en la silla y estiro los pies. Se acercó ligeramente a los aurores que estaban cerca de él.

–¡Rufflus trabaja para la seguridad del ministerio y, por lo tanto, la mía! Eso incluye a la gente que me acompaña por supuesto. ¡El jefe del departamento de seguridad debe ser capaz de adaptarse a los contratiempos! –concluyo elevando su voz para que los aurores a su alrededor escucharan.

Los magos golpeadores no tuvieron ninguna reacción ante las palabras del ministro. Aun cuando pudieran discrepar, Leonard Spencer–Moon era la máxima autoridad del ministerio de magia británico. Era su deber custodiarlo y protegerlo a pesar de sus excentricidades.

Satisfecho con su accionar, el ministro se acercó a Syla.

– Estimada, disculpa mis modales, no te he presentado esta increíble mujer que nos acompaña. Esta es la señora Priscila, jefa del departamento de accidentes y catástrofes mágicos, y una de las magas más excepcionales que he tenido la oportunidad de conocer.

–Mucho gusto –dijo Syla extendiendo su mano para saludar. La había reconocido de los retratos de autoridades colgados en el Atrio, en la entrada del ministerio. Era una persona importante, gestora de casi toda la reconstrucción de la guerra– Un honor conocerla en persona.

–Gracias dulce chica –dijo suavemente aceptando su mano con delicadeza– Debo suponer que estás trabajando con el señor Riddle que veo a tu lado, ¿no es así?

–Es mi segundo día.

–He oído que hasta ahora el señor Riddle no había encontrado ningún candidato suficientemente bueno para trabajar con él –dijo mientras miraba a Tom. Éste inclinó su cabeza en señal de aprobación. – La felicito por haber sido digna del puesto.

–Gracias señora… –dijo buscando en su mente su apellido sin encontrarlo–

–Evermonde. Priscila Evermonde –corrigió– Cuando quieras puedes darte una vuelta por el piso –3. Si no estoy muy ocupada, te puedo invitar una taza de té. Es el mejor del ministerio. Te lo puede asegurar Leonard. Todos recordamos cuando era un joven chico que repartía el té en mi piso hace unos lustros atrás"

–Y orgulloso de ello Priscila. Eso forjó mi carácter y me hizo el hombre que soy ahora. Partir desde el primer eslabón –respondió Leonard– Nunca me olvidaré de mis pasos. Siempre te agradeceré haberme dado mi primera oportunidad en el ministerio".

Él le dirigió una sonrisa honesta la cual fue replicada por la jefa del departamento de accidentes. Puede que le llevara unos cuantos años de más al ministro, pero se veían muy bien en complicidad como dos compañeros con mucha historia.

Syla quería poner atención al resto de la gente del palco, pero las luces se apagaron en ese momento. El interior de palacio se oscureció solo siendo visibles algunas antorchas del salón principal y las varitas de los aurores a su alrededor.

Miró a Tom a su costado, pero éste no de devolvió la mirada. En su papel de subjefe de departamento, ya estaba concentrado y viendo el escenario principal. Había sido respetuoso y no alzaría su palabra en el palco a menos que se lo pidieran como a Syla.

Syla insistió en observar a la gente importante a su alrededor, en especial al hombre al costado de la señora Priscila, pero la tenue luz no lo permitía. Solo divisaba sombras más allá de Priscila.

Sin más que hacer antes del inicio de la presentación, ella se limitó a ver hacia la gente sentada abajo. No había mucho que ver ya que tampoco pudo reconocer a nadie desde la distancia. Quería reconocer alguna cara conocida, pero tendría que esperar hasta que la presentación terminara.

Cuando estaba por ponerse impaciente y los murmullos de los magos comenzaban a alzarse, un sonido de trompetas empezó a resonar en el palacio. Syla miró hacia cada esquina del salón, y logró divisar destellos de varitas de magos musicales. Eran fácil de identificar porque cada uno estaba concentrado en un instrumento que flotaba en el aire. Se podían ver las trompetas que estaban sonando, junto a trombones, arpas y otros instrumentos.

El sonido potente de las trompetas fue seguido por lo trombones iniciando un pequeño estribillo. Era una especie de galope que se repetía una y otra vez, similar a una marcha. Syla no los conocía, nunca había ido a un campo de batalla mágico o uno muggle, pero presumía que debió usarse para iniciar un ataque o para coordinar alguna tropa de magos.

De pronto, varios magos del público empezaron a seguir el estribillo con sus voces. Un gran murmullo empezó a resonar con las trompetas. Una especie de mantra se apoderó de la habitación generando una especie de unidad, la cual de seguro era símbolo de cohesión en los momentos difíciles en la batalla.

Las arpas comenzaron a darle mayor cuerpo a las trompetas y unos instrumentos de viento que Syla no conocía complementaron la música. Los magos que seguían la melodía y los músicos se habían vuelto uno en un trance.

De pronto, un gran foco alimentado por varios hechizos de "Lumus" de magos, iluminó el escenario principal. En él, un único mago vestido enteramente de un blanco similar a la nieve se encontraba en medio de la tarima. Tenía en su mano derecha un micrófono sin cables, probablemente impulsado por una variante del hechizo "Sonorus"; y en su mano izquierda, tenía su varita.

El volumen de la música bajo su intensidad y los magos dejaron de mantener la melodía. El hombre de la túnica blanca llevó el micrófono a sus labios.

–Saludos estimados presentes –dijo la voz– Los saluda Eldritch Jorkins, jefe del departamento de cooperación mágica internacional, y en nombre del ministerio de magia, les doy la bienvenida a un día muy especial. Un día para honrar a los héroes que nos trajeron la paz al mundo mágico.

Un ensordecedor aplauso de todo el público presente de manifestó en el salón. Puede que la comunidad mágica no siempre estuviera de acuerdo, pero había una unanimidad de que la paz que vivían ahora era atesorada en contraste a la guerra vivida la última década.

El mago hizo un gesto de calma con sus manos para invitar a los magos del salón a cesar el ruido. Prosiguió con su discurso.

–Agradezco a todos los presentes por venir –continuo– Debatimos durante mucho tiempo cuando sería oportuno realizar esta celebración. No era fácil elegir un buen momento, pero nos dimos cuenta de que nunca lo es. El departamento de la señora Priscila ha trabajado muy duro en restaurar el daño de los últimos años y hemos hecho lo posible para ayudar con el daño moral hecho a la comunidad. Requiere mucho trabajo y agradecemos a cada uno por estar hoy empujando a un futuro mejor.

Una nueva ronda de aplausos resonó en el palacio. Las palabras que del jefe de departamento eran ciertas y sinceras.

Una vez más el mago pidió bajar los aplausos para continuar.

–Como dije el principio, hoy honramos a los héroes de la guerra. No estaríamos aquí presentes si no fuera por los valientes magos que hicieron frente a Grindelwald y a sus acólitos. Desde la guerra silenciosa a las batallas de cuadrillas. Todo ocurriendo con la guerra muggle de fondo hizo que vivir con normalidad no fuera posible. De no ser por ellos, por los aquellos que se opusieron y a los que dieron su vida, no estaríamos aquí.

El mago extendió su varita, y se iluminó un pequeño grupo de magos cercano a la tarima. Eran alrededor de 14 siluetas. Cinco vestían de túnica completamente roja y otros cinco lo hacía completamente de azul. En el costado de cada quinteto, se encontraban dos magos con túnicas verdes. Se encontraban ordenados y atentos a las palabras del jefe de departamento.

–Hoy rendimos homenaje –dijo el mago blanco– Y nuestro departamento de juegos y deportes tiene preparado un homenaje del ministerio para aquellos valientes magos.

El foco se apagó, y por unos momentos, solo hubo oscuridad, a excepción de los magos de colores. Cada uno tenía su varita brillando del color de su túnica.

Los magos azules fueron los primeros en iniciar. Moviéndose de su posición formaron un pequeño círculo a la mitad de la tarima principal. Alzaron sus varitas y recitaron en conjunto un hechizo hacia el cielo del palacio. Una bola de color azul oscuro ascendió hasta el techo y se desintegró en diminutas chispas de luces.

Los fragmentos de luz flotaron en aire mientras tomaban forma. Poco a poco, un enorme telón mágico se generó frente al escenario principal. Abarcaba a su ancho toda la tarima y de altura casi llegaba al techo.

Syla nunca había visto magia aplicada de este tipo. Era usual encontrarse con magias peculiares en sus investigaciones de nuevas magias, pero no había visto una de esta índole. Probablemente sería una variación de los hechizos de fuegos artificiales "Periculum" y quizás con un control parecido al hechizo de chispas de "Veriimllious", pero la estabilidad requerida para fijarlo a una determinada altura no era posible por un solo mago.

"Fascinante" – pensó Syla imaginándose que otros departamentos pudieran hacer magia tan extraordinaria con fines tan simples como la diversión.

Una vez estabilizado el telón de luz, los magos de verdes se pusieron delante de éste y un estallido de luces verdes brotaron de sus varitas directamente sobre la lona mágica.

Sobre el telón mágico, comenzaron a aparecer una ciudad. Un enorme río se formó de lado a lado y varias edificaciones comenzaron a emerger. En unos segundos, una versión caricaturesca de Londres aparecía al frente de los ojos de los espectadores.

Las voces de asombro del público comenzaron a ser aplacadas por la música, que marcaba nuevamente presencial en salón. Una tonada alegre acompañaba la construcción de Londres por el lado de los magos verdes. Al compás de la música las figuras iban poblando la ciudad.

Era posible identificar los lugares icónicos: El puente principal, el ministerio de magia, la torre de Londres, todos los elementos más llamativos se veían en la escala mostrada. Las calles poco a poco se poblaban de figuras con capa y gente muggle, recorriéndola de un punto a otro. La ciudad miniatura se llenó de alegría.

"Hermosa niñez"– pensó Syla disfrutando el momento mientras una parte de su mente sabía que la imagen no duraría mucho.

Una de las cuatro melodías, proveniente de la esquina sur, comenzó a cambiar la tonada a una más fuerte, más ruidosa que marcaba un contraste con la tonada alegre de las otras tres.

Un mago vestido de negro, con la capucha puesta emergió entre los magos rojos y lanzó un hechizo al medio del telón. En el centro de la ciudad, apareció una figura negra. La representación de Grindelwald en la historia.

De él, empezaron a aparecer zarcillos oscuros que comenzaron poco a poco a oscurecer la ciudad. De pronto, la gente dejaba de correr por las calles comenzando a observar a la aparición negra, olvidando su voluntad. Poco a poco, todo Londres empezaba a perder su brillo.

Tres de las cuatro esquinas instrumentales ya tocaba la nueva tonada sombría. Era la representación de que Grindelwald empezaba a tomar la ciudad. Los magos rojos entraron en acción, invocando a los acólitos de Grindelwald, los que comenzaron a saquear y a destruir Londres.

Los magos verdes hicieron un cambio en su hechizo. Bombardeos, incendios y tanques muggles aparecían en la ciudad completando lo que era una visión cotidiana de hace unos años atrás. Guerra muggle y mágica entremezclada, destruyendo la inocencia de una ciudad feliz.

Todo el telón se oscureció. Todos los instrumentos del salón tocaban la melodía maligna. La ciudad había desaparecido y en medio de todo se erguía una gran columna negra. En su cúspide, se apreciaba la figura del mago negro rodeado por sus acólitos, símbolo de la cúspide de poder.

La música dejó de sonar y la imagen de la torre permaneció en silencio hasta que uno nuevo mago vestido de blanco acompañado con cinco magos de color plateado irrumpió en la escena. Cada alzó su varita y apuntó a la base de la torre. Un pequeño ejército de aurores plateado comandados por un mago blanco, aparecieron en la base y comenzar a entrar en la torre.

Los instrumentos comenzaron a tocar una tonada violenta y rápida mientras el pequeño escuadrón comenzaba a subir por la torre.

Hechizos, sangre y destellos surgían del lienzo mientras los aurores iban avanzando piso a piso. Finalmente, solo un cuarto de las figuras iniciales logró llegar a la cima. En desesperación el mago negro se enfrentó al mago blanco produciendo un centenar de destellos muy vividos en el mapa. La figura blanca, el mago principal, cayó a sus pies no sin antes castear unas cadenas al mago negro, atrapándolo en una celda.

Los magos plateados gritaban eufóricos y el cielo se aclaró. La torre se volvió blanca y los acólitos se esfumaron en el aire. La música se calmó y volvió a sonar la tonada calmada y llena de vida del principio de la obra.

Toda la escena de la torre desapareció para mostrar a Londres una vez más. Destruida, con las cicatrices de la guerra, pero con sus habitantes felices. Las personas comenzaban a reparar la ciudad y un gran sol aparecía en el horizonte mostrando un comienzo nuevo para la gente de la ciudad.

La música terminó, el lienzo desapareció y las luces se prendieron. Los magos azules, verdes, rojos, plateados, el negro y el blanco se tomaban las manos haciendo una reverencia al público.

En un instante, el palacio se llenó de aplausos. La obra había sido sublime. Todos habían vivido de una u otra forma la guerra y la presentación resumía en unos minutos lo que había significado esos años.

Syla lloraba una vez más. Se preguntaba si había un límite para llorar en un par de días. A diferencia de los sucesos de ayer, donde lo hacía por impotencia; hoy lo hacía por lo duro que había sido ese periodo. Recordaba ir a Hogwarts y pensar como la influencia de Grindelwald se esparcía entre los magos, tomando bando hacia él. Como había un temor generalizado de que las peleas atrincheradas saltarían a una casa general de gente como ocurría en el mundo muggle. Ella sabía muy bien que…

"No Syla" – se dijo– "No pensarás eso aquí. Estoy en mi misión, no puedo dejar que mis emociones me traicionen otra vez, no…"

Sintió un miedo muy profundo. Como si de pronto estuviera enjaulada con una bestia enloquecida y no tuviera donde escapar.

Syla tragó saliva y fue suficientemente valiente para ver hacia su izquierda, a la persona que estaba sentado junto a ella. Miró hacia Tom.

Si bien nadie podría ver demasiado en la oscuridad y Riddle era bueno escondiendo sus emociones, por unos momentos, dejó caer su mascara y mostrarse auténtico.

Su expresión completa representaba odio. Sus cejas contraídas, sus labios apretados, su rostro rojo de ira y una mirada asesina que Syla nunca había visto en una persona. Odio en su estado más puro y sin ninguna intención de ocultar su desprecio a lo que observaba.

Para alivio de Syla, esa mirada dantesca no estaba dirigida a ella. Logrando respirar con alivio nuevamente, posó sus ojos hacia donde miraba Tom. Le intrigaba de sobre manera que podía hacer a Riddle perder la compostura en medio de una de sus actuaciones.

Syla miró hacia escenario. Los magos de las túnicas de color ya se habían retirado. En la tarima, solo se hallaban dos personas, el jefe de departamento Eldritch y un hombre de mediana edad. Con túnicas de color celeste y un sombrero bastante recatado. Syla sabía muy bien quien era. El mago más famoso de todo Londres, y quizás del mundo. El mago principal al que se honraba en este evento y quien puso el fin a la guerra.

–Gracias a todos los presentes –dijo Eldritch en medio de los aplausos que aún se mantenían– Pero esta paz no se hubiera dado sin el aporte de uno de los magos más valiente de la edad moderna. Quien lideró al grupo de ataque a la torre negra y que aprisionó el mismísimo a Grindelwald. Damas y Caballeros con ustedes Albus Dumbledore.