—Esta es una adaptación de la saga literaria y de películas conocida como Crepúsculo o Twilight, escrita por Stephenie Meyer y en que pretendo corregir todo lo que yo creo que fueron errores argumentales, tratando de mantener la trama de la obra original, pero dando más profundidad a los personajes. La mayoría de los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero he creado personajes menores para incorporarlos y dar sentido al relato. Les sugiero oír "Flightless Bird" de Iron & Wine para Izumi & Itachi, "Señorita" de Shawn Mendes & Camila Cabello para Sasuke & Sakura, "Young And Beautiful" de Lana del Rey para Ino & Sai, "Fire On Fire" de Sam Smith para Fugaku & Mikoto, y "A Thousand Years" Christina Perri para el contexto del capitulo.


Aunque supiera que se trataba de un amigo y no un enemigo en el caso de Izumi, Itachi fue incapaz de olvidar a Utakata Kirigakure y su presencia junto a Izumi al momento de su regreso de estacionar el auto, no es que el Uchiha sintiera celos ni nada, pero los Jinchuriki eran individuos peligrosos, eran una raza excitable—y no en el buen sentido—además de inestable en extremo, y ya que Utakata era tan cercano a Izumi, Itachi sabía que debía mantenerse más cerca de la humana para protegerla si ocurría algo, se había hecho esa promesa y a ella. Sintiendo a Izumi sujetarse de su brazo para caminar, regresándolo al presente, Itachi decidió olvidarse completamente de la presencia de Utakata, hasta entonces dejando que la humana lo guiará hacia el interior de la universidad, esbozando una sonrisa ante la entrada decorada con el título de "Montecarlo" y por una alfombra roja que adornaba todo el camino hacia el interior y más allá, el Uchiha había vivido los años 30 y recordaba toda el ambiente, pero nunca había formado parte de ello a la escala que ahora Izumi lo guiaba a hacer. Habiendo halado conscientemente del brazo de Itachi, imaginando que su mente estaba muy lejos o dispersa—lo que casi la hizo reír, después de todo debía ser ajetreado leer las mentes de todos a su alrededor, excepto la suya—, Izumi se acomodó el cabello al avistar desde lejos a los fotógrafos contratados para la ocasión y a los que se acercaban a cada paso, no queriendo deslucir ni un ápice, menos cuando Sakura se había esmerado tanto en arreglarla, además Itachi ya se veía asombroso por sí mismo como para que ella arruinara la fotografía.

—No estoy acostumbrado a sentirme tan humano, ¿Siempre es así?— consultó Itachi, viendo a la pareja antes que ellos detenerse y posar para los fotógrafos.

—Bienvenido a mi mundo— contestó Izumi únicamente, ocupando el lugar de la pareja que pasó. —Sonríe— instruyó, esbozando una radiante sonrisa y viendo al pelinegro hacer igual. —Eres mejor socializando de lo que crees— celebró mientras continuaban con su camino hacia el interior.

—Tengo instintos humanos, puede que estén profundamente enterrados, pero están ahí— reconoció el Uchiha, sin presumir de ello.

No era una mentira en sentido alguno, la última vez que Itachi había actuado como humano había sido en 1918 y no es que hubiera hecho mucho entonces, literalmente se había pasado casi todo el año pegado a la radio y escuchando las noticias de la guerra, y el resto del año había contraído gripe española y había estado agonizando en un hospital, pero había sido educado como un caballero durante casi toda su vida y esos modales nunca desaparecerían de él, eran de lo poco de lo que se enorgullecía. Itachi sonrió a Izumi, que hizo igual, sujetándose de su brazo mientras cruzaban el umbral de la universidad, siguiendo el trayecto de los pasillos ahora vacíos de actividad, las clases habían terminado formalmente, el baile de fin de año—Se llevaba así por celebrarse en Diciembre, no porque fuera fin de año propiamente tal—era la última oportunidad de verse hasta su regreso de Semestre en Enero, por lo que con un hálito de nostalgia, la pareja se dirigió hacía el gimnasio, que había sido preparado para la ocasión y los salones aledaños. La música se escuchaba desde los pasillos, pero se hizo aún más fuerte a cada paso, hasta que el Uchiha y la Yamamoto cruzaron el umbral del gimnasio; una gran bola de espejos relucía en lo alto y brillaba de múltiples colores por los reflectores de luces de neón, la música –proporcionada por un dj para la ocasión—era fuerte por los parlantes y las mesas estaban repletas de comida suficiente para todos los asistentes al baile y mucho más…aun así, Izumi debía admitir que estaba gratamente sorprendida, todo se veía maravilloso, aún más de lo que ella había supervisado a la distancia.

—De verdad quieres matarme— suspiró Itachi únicamente, no habiendo estado en un lugar tan concurrido ni ajetreado desde hace un largo tiempo.

—¿Cuándo fue la última vez que estuviste en una fiesta así?— inquirió Izumi, solo sabiendo que él había vivido en el siglo XX.

—Creo que, en 1916, y no por las mejores razones— contestó el Uchiha, recordando la celebración porque Estados Unidos se uniera a la Gran Guerra.

—Bueno, señor anciano, todos merecen celebrar de vez en cuando— justificó la Yamamoto sosteniendo la mirada al sonriente vampiro. —Y el baile de fin de año es importante, no quiero que te pierdas nada— era su primer año en esa universidad.

—Gracias— apreció el pelinegro sinceramente, redescubriendo el mundo por ella.

Ella debería ser quien diera las gracias, había desestimado completamente la idea de acudir al baile de fin de año, en primer lugar porque no tenía pareja y no le había pedido a nadie que la acompañara, y en segundo lugar porque no habría podido pedirle a Itachi pasar por ese "tormento", pero él había sido voluntario y todos sus hermanos, por lo que la Yamamoto podía decirse doblemente agradecida, sonriendo mientras ambos se paseaban por el gimnasio para ver cómo se desarrollaba la celebración, aunque Izumi en realidad estaba tratando de localizar a sus amigos. Inclinando la cabeza al paso de sus compañeros de universidad, que los reconocieron o les sonrieron, Izumi finalmente localizó con la mirada a Kiba y Tamaki, ambos estaban junto a la mesa de catering y acaparando toda la atención; tan pronto como Tamaki volvió la mirada hacia ella y le sonrió, Izumi señaló el escote del vestido de su amiga y le dio su aprobación, pues evidentemente sus pechos resaltaban como ella había querido en primer lugar. Esperando que Itachi no hubiera leído la mente de Tamaki en ese momento, mordiéndose el labio inferior para no reír, Izumi continuó caminando con el apuesto Uchiha a su lado, deteniéndose y sonriendo al avistar a Shinko y Tenma muy cerca del dj; Shinko se veía hermosa con su vestido y su cabello rizado suelto, y Tenma apenas podía quitarle los ojos de encima, pero ambos la saludaron. Sintiendo que ya había visto lo que querían, Izumi le indicó a Itachi que salieran del gimnasio, y él estuvo feliz por ello.

Necesitaban algo de tiempo a solas.


Mientras Itachi e Izumi abandonaban el gimnasio, no fueron pocos los que jadearon de sorpresa a causa de la pareja que cruzó el umbral y que era una de las más inesperadas, así como que causó impresión de inmediato, tratándose de Ino Yamanaka y su novio Sai Uchiha. Como si ser parte de la familia Uchiha no implicase ya suficiente, Ino Yamanaka era conocida en la universidad por su belleza, pero en ese momento demostró por qué; portaba un exquisito vestido de seda púrpura repleto de opacos bordados florales de múltiples colores, de profundo escote en V hasta la mitad del vientre—resaltando favorecedoramente su piel y la curva del valle de sus pechos—, con cortes en los lados de la cintura para exponer su piel y su espalda, cerrando en un nudo decorado por un broche en forma de mariposa, con mangas acampanadas que le cubrían las manos, y la falda se abría en A bajo el vientre para exponer sus piernas, formando unos cortos short, y se veía inalcanzable en su tacones altos, con su largo cabello rubio peinado en una coleta ladina sobre su hombro izquierdo por una diadema de diamantes con pendientes a juego. El pelinegro por su parte se veía muy elegante y como un caballero perfectamente respetable, vistiendo una impoluta camisa blanca decorada por una corbata de moño, chaqueta a la medida color negro, pantalones de igual color y zapatos negros, con su cabello ébano habitualmente despeinado ahora impoluto y peinado hacía atrás, envolviendo distraídamente uno de sus brazos a la espalda baja de Ino, conteniéndose para no acariciar sus glúteos a causa de la atención que obtuvieron.

—Empiezo a arrepentirme de haber venido— mencionó Ino al ser el centro de atención.

—Podemos irnos si quieres— sugirió Sai, volviendo la mirada hacia ella de inmediato.

—No, estoy bien— sosegó la rubia, ya estando ahí, en cualquier caso. —¿Tú estás bien?— consultó, pues él no tenía su autocontrol si de sangre humana se trataba.

—Sí, sí— asintió el pelinegro, sabiendo cómo no concentrarse en el aroma a sangre humana. —Te ves hermosa— murmuró con una inevitable sonrisa ladina.

—Siempre me lo dices— sonrió la Yamanaka, y se habría sonrojado de ser humana.

—Siempre lo pienso— afirmó el Uchiha, pues solo tenía ojos para ella.

Habiendo causado ya suficiente revuelo, Ino y Sai ingresaron en el gimnasio para socializar un poco o dar la ilusión de ello más bien, ya asistiendo por petición de Itachi, así como por sugerencia de Fugaku y Mikoto para tratar de integrarse como los humanos que debían parecer, mas ser el foco de tanta admiración ya era suficiente para elevar el orgullo de Ino por su aspecto físico y el de Sai por tener a una mujer tan incomparable por esposa. Otra pareja los reemplazó como el centro de atención al cruzar el umbral y no era para menos, perteneciendo a la misma familia, tratándose de Sakura Haruno y Sasuke Uchiha; la pelirosa portaba un exquisito vestido de seda negra traslúcida, de cuello alto y redondo que resaltaba la curvatura del valle de sus pechos, con lentejuelas decorando los lados del corpiño y formando figuras abstractas a lo largo de la falda larga hasta el suelo y trasluciendo sus piernas, decorada por plumas negras en el dobladillo de la falda como una cola de sirena y en los hombros, sin mangas, con su corto cabello rosado hasta los hombros y peinado con broches de diamante en forma de flor de cerezo como si fuera una enredadera y pendientes a juego. Envolviendo distraídamente su brazo alrededor de la espalda baja de su esposa, Sasuke vestía una camisa gris claro de cuello en V, ceñida por una corbata azul oscuro, a juego con su chaqueta gris azulado que permanecía cerrada, pantalones de igual color y zapatos negros, con su cabello azabache azulado ligeramente despeinado como de costumbre, tan autentico como siempre era.

—Pensé que te enojarías— confesó Sakura con una sonrisa mientras ambos ingresaban en el gimnasio.

—¿Por qué?— inquirió Sasuke en tanto ambos se acercaban a la mesa de catering, extrañado por su repentina alusión.

—Porque el vestido enseña demasiado— obvió la pelirosa, admitiendo que se veía increíble mientras recibía un vaso de ponche.

—No es mi favorito para terceros, pero si quisiera evitar que alguien te viera de esa forma, no te dejaría salir nunca— aclaró el azabache arqueando una ceja pícaramente. —Además, solo yo puedo ver el resto— virtudes de ser su esposo.

—¿Ya te quieres ir?— consultó la Haruno, sabiendo que ese ambiente no le gustaba.

—Si— asintió el Uchiha honestamente. —Pero sé que quieres quedarte un poco, por lo que aguantaré— sosegó, haciendo un esfuerzo de socializar por su esposa

—Sasuke— murmuró ella, inevitablemente conmovida. —Te adoro— confesó en voz baja, aún más enamorada de su esposo de ser posible.

—Y yo a ti— correspondió él esbozando una distraída sonrisa ladina.

No por primera vez en su vida, pero siempre sintiendo que lo era, Sakura se sintió muy afortunada por tener a Sasuke a su lado, abrazándolo y sintiendo como su esposo envolvía sus brazos a su alrededor, pareciendo siempre tan tenso en presencia de terceros por sentir sus emociones, así como porque estos fueran humanos; ella nunca tenía que hacer o decir nada, Sasuke siempre lograba anticiparse a lo que ella deseaba y pensaba únicamente en su bienestar, puede que su esposo no fuera el hombre más demostrativo de afecto en el mundo, pero él siempre sabía qué es lo que ella necesitaba, ¿Cómo pedir más? Sintiendo a su esposa romper el abrazo, encontrando su mirada con la suya, Sasuke no pudo evitar recorrer con la mirada a la perfecta ninfa que seguía inalterable desde la primera vez que la había visto en 1948, el Uchiha esbozó una sonrisa ladina y alzó su copa de ponche, lo que la Haruno no dudo en imitar, chocándola contra la suya mientras ambos procedían a beber, percibiendo que el mundo a su alrededor dejaba de ser importante, aunque Sasuke estaba ahí precisamente porque sabía que su esposa adoraba la vida bohemia y socializar; tal vez no todo fuera lo que él consideraría como ideal o emocionante, pero el Uchiha por su parte no podía pedir más y no hablaba solo de lo mucho que amaba a Sakura, porque aunque fuera una tortura estar rodeado de tantos humanos, evitar la sangre humana era inmensamente más tranquilizador para su conciencia, y la deslumbrante sonrisa de Sakura valía cualquier sacrificio…


Ajenos al ajetreo o expectación que habían detonado los hermanos Uchiha con su llegada, Itachi e Izumi caminaron por los oscuros pasillos de la universidad en busca de un rincón que llamar suyo, habituados a ser el centro de atención gran parte del tiempo y queriendo tener cuando menos un poco de tiempo para sí mismos, sonriéndose entre sí mientras Itachi se detenía ante las puertas que daban con el patio interior del lugar, diariamente esas puertas estaban abiertas, pero ese día no ya que la fiesta se hallaba concentrada en el interior, por lo que el Uchiha mantuvo las puertas abiertas y permitió a la Yamamoto cruzar el umbral sujetándose de su brazo, dejando las puertas abiertas tras de sí. En el patio interior de la universidad—donde los estudiantes solían reunirse a departir o charlas en los recesos o el almuerzo, cuando no estaban en el comedor—se había construido para la ocasión una hermosa glorieta de madera, como sacada de un cuento de hadas y con un hermoso arco en lo alto de una pequeña escalinata, y pequeñas lunes como estrellas color dorado colgaban del techo para adornar los lados, que solo hubiera oscuridad en aquel lugar por la hora que era—habiendo oscurecido—, hizo que el momento se sintiera aún más mágico de ser posible. Sorprendida, habiendo oído harían algo así, Izumi dirigió sus pasos hacía la glorieta al mismo ritmo que Itachi, riendo cuando el Uchiha la cargó para subir las escaleras, como si pesara lo mismo que una pluma, dejándola sana y salva en lo alto, sonriendo ladinamente mientras la veía jugar con las luces colgantes.

—Esto es terreno más neutral para mí— celebró Itachi, complacido por el ambiente y que tenían solo para ellos dos.

—Sí, si llevara ropa de época en lugar de este vestido, sería una ocasión más que memorable— aclaró Izumi, señalando su vestido con la mirada.

—No hablo de eso— negó el Uchiha, viéndola fruncir el ceño con extrañeza, —estar contigo es más que suficiente— obvió honestamente, así como con caballerosidad.

No eran solo sus modales los que hablaban por él mientras alargaba su mano para estrechar la de Izumi, fundamentalmente hablaba su corazón que él creía congelado y muerto desde hacía ya mucho tiempo, de alguna forma sentía que ese órgano de su cuerpo volvía a latir con vida, sentía que existían decenas de posibilidades, alargando su brazo libre y envolviéndolo suavemente alrededor de la estrecha cintura de la Yamamoto, invitándola a bailar y temiendo recibir su rechazo. Tan pronto como sintió que Itachi envolvía su brazo alrededor de su cintura—elevándola ligeramente para que no se le dificultara bailar debido al yeso, posicionándola sobre sus pies como haría un experto con una novata a quien enseñaba a bailar, aunque ella sí que sabía cómo hacerlo—, Izumi pensó en discutir y decir que no había música para que ambos bailaran, pero la Yamamoto no tuvo ocasión de decirlo siquiera, pues la música que se escuchaba desde el gimnasio proveniente de la fiesta era ya lo suficientemente clara, fue una hermosa coincidencia que en ese momento se escuchase un vals, e Izumi no pudo evitar sonreír como respuesta, rodeando los hombros y cuello de Itachi con sus brazos, entregándose a la dulce melodía, dejando que él la guiara al compás. Itachi no podía creer cómo es que Izumi se consideraba una mala bailarina, no es que él hubiera bailado con demasiadas mujeres, pero ella se movía grácilmente bajo su tacto, sujetándose la falda mientras él la hacía dar una vuelta, con la perfecta gracia que mostraría la dama más prodigiosa y que lo hacía sonreír aún más de ser posible, incapaz de apartar su mirada de ella.

—No sé cómo recordaré este año para la posteridad, creo que ha sido sin lugar a dudas el año más loco de mi vida— habló Izumi, rompiendo con el silencio del momento.

—Aún te quedan muchos años por vivir, pueden pasar muchas cosas— difirió Itachi, divertido por la certeza que ella expresaba en sus palabras.

—Ojalá fuera tan fácil— murmuró ella, sabiendo que el azabache podía escucharla. —Una parte de mí no deja de preguntarse qué hubiera pasado esa noche, si no hubieras llegado a tiempo. Si no hubiera muerto por causa de Fudo, si es seguro que el veneno se habría esparcido y ahora sería como tú— reflexionó, verbalizando sus temores. —No sé si me agrada esa idea— no se imaginaba siendo inmortal, no quería serlo.

—¿No quieres ser un vampiro?— cuestionó él burlonamente. —Creí que era el cliché típico de las novelas— lo decía para distender el ambiente.

—Por favor, sabes que no soy el típico estereotipo de chica— recordó la pelicastaña, arqueando una ceja mientras le sostenía la mirada.

—Eso es lo que más me gusta de ti— reconoció el pelinegro, sonriendo ladinamente.

No lo decía solo por su belleza, que ya de por si le resultaba incomparable; con esas cejas finas, ojos gatunos color ónix, nariz perfecta, rostro entre redondo y delgado, labios carnosos y orejas ocultas por sus largos rizos castaños que le caían sobre los hombros por el peinado de Sakura, Izumi era una gran belleza, pero era aún más hermosa para él debido al misterio que representaba, a su mente insondable, y aunque Itachi pudiera comenzar a leer su mente en cualquier momento, nada superaría el desafío que ella era, como contradecía todo cuanto él podría esperar y eso le encantaba, porque no había conocido a nadie como ella en los más de cien años que tenía como vampiro. Viendo a Itachi a los ojos hasta ese momento, Izumi tuvo que apartar la mirada, temiendo hacerlo sentir mal con su respuesta, pero necesitaba ser honesta y llevaba siéndolo con él desde que conocían, e Itachi también había sido lo más transparente posible con ella, destrozando barrera tras barrera solo para recibirla en su mundo, y ello la honraba profundamente, pero…Itachi era una gran persona, pero Izumi no podía imaginarse siquiera llevando su existencia, alimentarse de sangre para sobrevivir—humana o animal, no le importaba, congelada en el tiempo para siempre cuando todo lo que ella podía imaginarse deseando era madurar, envejecer, vivir...Se sentía como una condena, aunque muchos soñaran con la inmortalidad, además de que si ella llevara ese tipo de vida, tendría que alejarse automáticamente de su padre o acabaría matándolo por su sed de sangre, ¿Cómo desearlo?, ¿Cómo aspirar a cambiar su vida humana?

—La verdad, no me imagino llevando tu tipo de vida, en absoluto— confesó Izumi finalmente. —Sin ofender— añadió, encontrando su mirada con la suya.

—No me ofende, yo tampoco lo elegí— sosegó Itachi sin apartar su mirada de la suya, —y continuamente luchó con no odiarme a mí mismo— lamentaba no ser el hombre que había sido una vez, aunque hubiera escapado de la muerte por ello.

—No deberías hacer eso, eres una buena persona— difirió la pelicastaña, viéndolo arquear una ceja. —Ya me entiendes— río ante el juego de palabras. —No es que ame mi vida, de hecho, la idea de morir en lugar de alguien a quien amo me parecía bastante heroica. Pero…vivir, dejar que el tiempo pase, envejecer y luego morir, creo que es el curso más natural de las cosas y es el curso que quiero darle a mi vida— explicó, por como ella misma lo entendía y defendía. —Sé que quizás es el error más grande que vaya a cometer y probablemente me arrepienta de ello, pero confió en ti y realmente te estoy viendo como un amigo— admitió, siendo completamente transparente con él.

—¿Sigues sin verme como un monstruo?— más bien afirmó el pelinegro, tratando de decirse que debía haber un truco…pero no lo había y lo sabía.

—No lo eres— defendió ella encontrando su mirada. —Dijiste que no te alimentas de sangre humana sino de animales, porque no quieres ser un monstruo, y no eres un monstruo. Un monstruo no me habría salvado— comparó, teniéndolo claro desde hace tiempo. —Un monstruo habría dejado que pasara lo que tenía que pasar o me habría asesinado; tú pensaste antes en mí y eso es algo que nunca podré olvidar— profundizó, sosteniendo la mirada al pelinegro. —Te lo agradeceré siempre— admitió honestamente.

—Siempre hablas como si tu vida fuera poco valiosa— apreció él, diciéndose que debía preocuparse por ello.

—Créeme, si pudieras leer mi mente, y es una fortuna que no lo hagas; sí que pensarías como yo— difirió la Yamamoto, no sintiéndose nada importante.

—Pues me temo que no— protestó el Uchiha, con una opinión muy diferente. —Me ha gustado conocerte hasta ahora, Izumi Yamamoto y estoy decidido a seguir conociéndote mejor— declaró, orgulloso de poder afirmarlo.

—Es lo más lindo que alguien me ha dicho en la vida, que vale la pena seguir conociéndome— Izumi se sintió conmovida por las palabras del Uchiha, con la voz quebrada de emoción. —Puede que te hartes a futuro— previno con aire burlón.

—No lo creo— negó Itachi sin apartar su mirada de la suya. —Solo disfrutemos el ahora, ¿Te parece?— sugirió, no queriendo pensar en nada más que ella.

—Soy buena en eso— asintió la pelicastaña, muy de acuerdo con ello.

Aunque el futuro era tentador de conocer, aunque ella deseara escribirlo grabando su nombre, Izumi decidió ir un paso a la vez, era lo más seguro y así sabía que tendría a Itachi a su lado y que no se equivocaría, sonriendo radiante mientras ambos continuaban bailando, desentendiéndose de la fiesta que tenía lugar, ¿Para qué pensar en ello? Ambos no habían acudido por el baile de fin de año realmente, solo por su deseo de disfrutar el presente y distraerse por un momento de todos los problemas que continuaban rondando, ya tendrían tiempo para concentrarse en ello. Disfrutando lo máximo posible del baile, Itachi envolvió inevitablemente y con mayor firmeza su brazo alrededor de la estrecha cintura de Izumi, sintiendo con su agudo tacto la curvatura de su espalda baja y el inicio de sus glúteos, sintiendo como en respuesta la Yamamoto deslizaba su brazo por su cuello y hombros en una tierna caricia, ¿No era su imaginación?, ¿Ella también sentía el mismo fuego que él? No se trataba de ser de sangre como al inicio de su relación, cuando ambos apenas y se habían conocido, había algo más, algo que Sakura había previsto, pero Itachi no quiso arruinar el momento con preguntas innecesarias Contemplando el hermoso rostro de Izumi y la sonrisa llena de afecto que adornaba sus labios, con esa mirada brillantes en sus iris ónix, Itachi sonrió sintiéndose como el hombre más afortunado sobre la Tierra, atrayendo a la Yamamoto en un cálido abrazo, ambos aun bailando con sus cuerpos presionados uno contra el otro, sintiendo que el resto del mundo había desaparecido y que solo existían ellos dos.

Se sintió como el momento más perfecto de la historia.


Puede que a Itachi e Izumi simplemente no les importara lo que sucediera en la fiesta que ambos ya habían dejado o que ignoraban voluntariamente, pero la fiesta continuaba en su apogeo, pero nada de lo que Ino contemplara con sus brillantes iris aguamarina podía asemejarse a las grandes fiestas que ella había contemplado a fines de los 40 o 50, e incluso en los años 30 cuando la crisis económica amenaza en los rincones, mas por mera educación la Yamanaka esbozó una falsa sonrisa y recorrió con la mirada a los presentes, sentada ante su mesa. Observando distraídamente su reflejo en el espejo de mano que había extraído de su bolso de mano, pudiendo apreciar cuando menos su intacta belleza al paso del tiempo, Ino sonrió sinceramente al ver una figura cruzarse intencionalmente con su reflejo, se trataba de Sai sentado a su lado—alargó una de sus manos para estrecharla contra la suya—y que sonrió ladinamente, observándola a ella con la misma fascinación con que contemplaba su reflejo, aun viéndola como si fuera un ángel, como la había visto por primera vez al borde de la muerte. De golpe, la música se detuvo para decepción de los asistentes a la fiesta, que claramente deseaban continuar bailando, pero aparentemente debía hacerse un anunció y Tamaki Nekobaa—parte del comité encargado del baile—se acercó al dj que había cesado en su labor por indicación de Tenma Izumo y Shinko Inari, en tanto la Nekobaa era acompañada por Kiba Inuzuka que se mantenía muy cerca suyo, y que le tendió el micrófono para que hablara.

—Buenas noches, damas y caballeros— inició Tamaki, llamando al silencio y que afortunadamente se generó. —Lamento interrumpir esta celebración, pero ya casi es medianoche y es momento de anunciar al rey y a la reina del baile de este año— comentó, alzando un sobre abierto en su mano izquierda. —Como siempre, es designado por los votos de todos y espero que sea lo que esperaban, por lo que, contengan la respiración— solicitó bromista, desdoblando la hoja y sonriendo al leer los nombres. — ¡Itachi Uchiha e Izumi Yamamoto!— nombró con voz fuerte y clara.

La respuesta de los presentes fue inmediata, todos chillaron o gritaron de emoción, deshaciéndose en eufóricos aplausos como prueba de lo de acuerdo que estaban con los reyes elegidos para la ocasión, todos observándose entre sí con júbilo y luego buscando con la mirada a Itachi e Izumi, pero ni la Yamamoto ni el Uchiha se encontraban a la vista, mientras los asistentes a la fiesta y los mismos organizadores del baile—amigos también de Izumi—esperaban ansiosamente a la que celebrada pareja apareciera en cualquier momento. Hasta entonces fundiéndose como hacía la mayoría al formar parte de la fiesta, recibiendo múltiples elogios por su vestido o su peinado, Sakura se acercó a la mesa en que se hallaban Ino y Sai, con Sasuke caminando a su mismo ritmo en todo momento y luciendo igualmente sorprendido mientras observaban la reacción de todos los presentes ante la noticia y siendo igualmente una sorpresa para ellos. Es cierto que llevaban décadas—por no decir más de un siglo—intentando parecer humanos, codeándose por seres mundanos y adaptándose o intentándolo todo el tiempo, pero nunca antes ninguno de los hermanos Uchiha había logrado integrarse tanto como para obtener un reconocimiento como el de Itachi al ser nombrado rey del baile, no era de extrañar que Izumi fuer asombrada reina, todos la adoraban en la universidad y era la chica más popular, pero ¿Tanto había influido en la percepción que los demás estudiantes tenían de ellos? Porque los reyes eran elegidos contabilizando los votos de todos.

—Debe ser una broma...— murmuró Sai, siendo el primero en salir de su estupor.

—No lo es, es muy real— confirmó Sasuke, mucho más tranquilo en apariencia.

—¡¿Dónde están nuestros reyes?!, ¡Parece que se están haciendo los difíciles!— llamó Tamaki, claramente extrañada igual que Shinko, Kiba y Tenma.

—Por lo visto no recibirán el premio— murmuró el pelinegro, no sabiendo qué decir.

—Salud por eso— respaldó el azabache, tomando una copa de ponche de la mesa. —El mundo va a acabarse si seguimos este curso— últimamente todo estaba patas arriba, y aún estaba por verse si eso era positivo o negativo.

Regresando con el mejor autocontrol posible su espejo al interior de su bolso de mano—apenas y dándose cuenta de ello, actuando de forma más bien mecánica—, y siendo la única que había mantenido sepulcral silencio en medio de todo, Ino buscó la mirada de Sakura, como esperando que su hermana le dijera si lo que acababa de oír era cierto, por muy agudo que fuera el sistema vital de un vampiro, permitiendo que un individuo contemplara, escuchara y sintiera todo con un envidiable lujo de detalles, en ese momento Ino casi se sintió humana, boqueando de incredulidad y tardando en procesar lo que acababa de oír, cerrando los ojos un momento y encontrando su mirada con la de Sakura, que únicamente asintió y sonrió. Volviendo la mirada hacía Sasuke, sujetándose de su brazo y ahogando un chillido de emoción y que prefirió realizar muda, Sakura se sintió más que emocionada por el momento, a la par que divertida al ver—al igual que Sasuke, Sai e Ino—como todos buscaban con la mirada y se preguntaban entre sí por el paradero de Itachi e Izumi, esperando que ambos aparecieran para recibir sus coronas de rey y reina del baile, pero la Haruno sabía bien que lo último en que Izumi e Itachi pensaban en ese momento era en ganar algo o en la fiesta en general. Gracias a su habilidad para ver el futuro de los demás, Sakura sabía que su complicado hermano y la hermosa Yamamoto estaban completamente perdidos el uno en el otro, y la pelirosa no pudo evitar sonreír complacida al ver que su visión se estaba cumpliendo, porque esos dos ya estaban en la senda correcta, lo supieran o no…


Una Semana Después/Forks, Residencia de la Familia Uchiha

A la semana siguiente del baile de fin de año, hubo otra ocasión importante que reunió a la familia Uchiha y fue motivo de celebración; era navidad, y ya que el jefe de policía Ryuu Yamamoto estaba investigando un reciente caso en Seattle vinculado a la desaparición de un habitante de Forks, informando a las autoridades de la identidad del chico en cuestión y tranquilizando a la familia, Izumi aparentemente parecía destinada a pasar la navidad sola, con su madre en Jacksonville y habiéndole extendido una invitación para que la visitará en Enero, después de año nuevo. La familia Uchiha ni por asomo iba a dejar sola a la adorable humana, por lo que Mikoto hizo alarde nuevamente de sus dotes de anfitriona, sonriendo radiante de alegría en ese momento, cortando cuidadosamente el pastel que acababa de dejar sobre la mesa, alrededor de la cual se hallaban sus hijos, así como su esposo, acomodando el resto de platos de comida. La Matriarca Uchiha portaba u elegante vestido de seda carmesí, de escote en V ligeramente sugerente que insinuaba la curvatura del valle de sus pechos, sin mangas, ceñido bajo el busto y de larga falda que se abría en el costado izquierdo para exponer una de sus piernas, tacones beige pálido y su largo cabello azabache azulado suelto salvo por dos mechones que se unían formando una trenza, con una cadena de oro alrededor de su cuello y pendientes en forma de lagrima; a su lado, Fugaku vestía un impecable traje azul oscuro que brillaba a la luz, camisa azul suave, zapatos negros, como la corbata que cerraba su camisa.

—Desearía haber hecho un pastel más grande, pero sigo aprendiendo a cocinar, me disculpo— se justificó Mikoto tras cortar la mitad del pastel.

—El tamaño es lo de menos— sosegó Izumi con una inmediata sonrisa.

—¡Bien dicho!— celebró Sai, claramente con doble sentido.

—Ha de estar delicioso, tiene muy buen aspecto— reconoció Ino, deseando tener un paladar humano para disfrutar más de la cocina de Mikoto.

—Suerte que para esto no hay tanto debate— anunció Sasuke siendo el último en ingresar en la sala, con una botella.

—Coñac— jadeó Fugaku, no haciéndose un brindis apropiado en navidad sin ello.

—Sasuke, ¿Cómo lo consigues?— cuestionó Sakura, deseando descubrir a los proveedores, que sonrió ladinamente mientras abría la botella.

—Es mi secreto— contestó el azabache, intercambiando una mirada con su esposa y procediendo a servir las copas de todos.

—Yo también traje algo, regalo de mi padre— anunció la Yamamoto, revelando algo que había mantenido oculto tras su espalda hasta entonces.

—¡Champagne!— celebró Mikoto, aplaudiendo como una niña y recibiendo la botella.

—Tenemos mesa llena esta noche— asintió Itachi, siendo una ocasión más que perfecta.

Entre risas por la ocasión, con el ambiente totalmente distendido, por invitación del doctor Uchiha todos los integrantes de la familia procedieron a ocupar sus lugares a la mesa, y sonriendo a Itachi que movió la silla caballerosamente para ayudarla a sentarse, una costumbre que tenía desde hacía tiempo con ella y que era parte de sus modales del siglo XX, más que nunca Izumi se alegró de haber elegido un atuendo más elegante para la ocasión. La Yamamoto vestía un mono color negro de escote en V que se entallaba favorecedoramente a su figura—anudado tras el cuello, exponiendo su espalda—, con pantalones acampanados y que hacían más fácil disimular el yeso en su pierna izquierda, usando en el otro pie cómodos tacones negros, y encima una especie de capa corta de piel color blanco si hombros, cruzada y cerrada en la mitad del pecho por dos botones de perlas falsas, y su largo cabello castaño—liso para la ocasión—caía sobre sus hombro izquierdo y tras su espalda. Intercambiando una mirada con Izumi mientras se sentaba a su lado a la mesa, Itachi se sintió fascinado por la forma en que el maquillaje—mínimo, nada tan exagerado—hacía brillar sus labios de un rojo natural y sugerente, o sus ojos que se veían más intensos, con sus largas pestañas y una sombra gris claro en sus párpados, él ya tenía presente que Izumi era hermosa, pero recordarlo todo el tiempo le parecía avasallador, recordándose no babear por ello, enfocando su atención en su padre Fugaku, que fue el único de los presentes en permanecer de pie ante su asiento.

—Bueno, siempre suelo ser quien hace el primer brindis y este año no será diferente— inició el Patriarca Uchiha, viendo las sonrisas en los rostros de sus hijos, esposa e invitada. —Todos fuimos humanos alguna vez, y vimos el mundo con ilusión por lo que tendríamos. La vida nos ha llevado en una dirección que ninguno esperaba; a veces buena, otras veces mala, otras incierta, pero hemos llegado hasta hoy, estamos juntos y vivimos tranquilos— recordó, viendo asentir a sus hijos. —Creo que este año tenemos aún mayores razones para celebrar por una nueva persona en nuestra mesa— aludió, observando en especial a Izumi, que sonrió conmovida. —Propongo un brindis por todos y por lo que viene— concluyó por fin, alzando su copa e invitando a su familia a unirse.

—¡Salud!— correspondieron todos los presentes, alzando sus copas como respuesta.

Alzando su copa como todos los presentes, llevándosela a los labios y disfrutando del sabor del coñac, sintiendo la alegría del momento, Izumi no pudo evitar apreciar el momento del que formaba parte; Itachi le había explicado en el último tiempo lo atípica que era la familia Uchiha o aquelarre, los otros aquelarres de vampiros se alimentaban de sangre humana y eran territoriales en extremo, que se asociaran con humanos y llevaran una vida normal era imposible. La elección de la familia Uchiha de alimentarse de humanos no solo eliminaba el peso de las vidas de inocentes en sus conciencias, sino que también les permitía actuar tan humanamente, todos ellos habían aprendido—a su propia manera—a controlar la sed de sangre humana, y obligarse a actuar como seres civilizados dentro de la sociedad humana les brindaba oportunidades con las que ningún otro vampiro en el mundo podría soñar siquiera, de ahí que sus conocidos en Alaska y ellos tuvieran un vínculo digno de comparar con el de una familia. Más que nunca, Izumi apreció el momento del que podía formar parte, sonriendo a Mikoto que encontró su mirada con la suya, siempre haciéndole sentir que era parte de la familia y desde el principio la Yamamoto había dejado de sentirse como una intrusa, sino como parte de aquel ambiente, pese a ser la única mortal entre aquellos misteriosos, enigmáticos y fascinantes inmortales, y ella se lo confirmó a Itachi, que volvió la mirada en su dirección, siempre preguntándole si se sentía bien, si todo era de su agrado, y ella no sabía cómo más transmitirle todo lo que sentía, afortunada a más no poder.

Era hermoso formar parte de una familia así.


La cena había sido absolutamente exquisita, puede que Mikoto todo el tiempo minimizará sus habilidades culinarias al no recordar exactamente lo que agradaba al paladar humano en contraste con su sensible paladar vampírico, alegando que siempre actuaba en base a recuerdos, ensayos y error, pero Izumi siempre sentía que Mikoto era la mayor figura materna que hubiera conocido en su día, por lo que la bella Yamamoto no tenía motivos para quejarse ni pensaría hacerlo, sonriendo a Itachi que la ayudó a quitarse la capa corta de piel sobre su ropa y se excusó brevemente para guardarla en un lugar seguro, en tanto la pelicastaña se acercaba a la sala, donde se había trasladado la familia. Antes de darse cuenta, Itachi regresó velozmente junto a ella y la Yamamoto no pudo evitar sobresaltarse antes de reír, aún le costaba acostumbrarse a las cualidades de Itachi, ya que en su día a día en la universidad o de visita en su casa jamás recurría a emplearlas, pero estando en su propia casa se hallaba en confianza, sonriendo ladinamente al encontrar su mirada con la de Izumi y ambos acercándose a uno de los sofás de la sala para sentarse ante la chimenea, para el que debía ser el momento más esperado de la noche. La familia Uchiha no era una familia como cualquier otra, , no solo por el hecho de que se alimentaban de sangre para sobrevivir, sino también porque eran inmortales y podían hacer cosas que la mayoría no, pero aun así la emoción y serenidad—emociones tan contradictorias—se adueñó de cada uno de los integrantes de la familia, que se dedicaron a hablar y compartir entre sí mientras esperaban a que fuera media noche.

—Adoro el intercambio de regalos, me hace sentir como una niña pequeña— celebró Sakura en voz alta, permanentemente sonriente.

—¿Qué hacían en tu época, Mikoto?— consultó Izumi, enfocando su mirada en la Matriarca Uchiha.

—Oh, nos sentábamos alrededor de la mesa de la cena, mi madre cocinaba, hacíamos nuestras oraciones antes de comer, luego nos trasladábamos al árbol y abríamos los regalos— enumeró Mikoto con una sonrisa nostálgica. —Y volvíamos a orar antes de ir a dormir— añadió, riendo ante ese pasado feliz que recordaba.

—Teníamos las mismas tradiciones— asintió Sasuke, intercambiando una mirada con Sai y Fugaku quienes asintieron como prueba.

—En mi caso solía haber una misa en noche buena y mi familia acudía, pero luego regresábamos a casa a cenar— difirió Ino, teniendo una perspectiva más moderna. —A veces mi madre cocinaba, pero otras veces ordenaba a los sirvientes que se ocuparan— agregó, esbozando una distraída sonrisa.

—Gracias por recordarnos nuestro bajo estatus social, Ino— juzgó Itachi con tono burlón.

—Por favor, haz tenido una cuchara de oro en la boca toda la vida— protestó Sai hasta entonces en silencio, viéndolo como el gruñón elitista que era.

—Soy austero, malagradecido— diferenció el azabache, sosteniendo la mirada a su hermano.

Observando las interacciones de la familia al completo como siempre, Izumi tuvo que morderse el labio inferior para no reír, ya sentía las tensiones entre Ino y ella todo el tiempo como para pretender reír delante suyo y recibir lo que ella auguraba como una mirada sería, mas era inevitablemente enternecedor ver a todos los Uchiha actuar como una buena familia entre sí, intercambiando bromas, riendo y divirtiéndose…verdaderamente eran una familia, una mucho mejor que aquella en la que Izumi había nacido y crecido. En un papel similar al de Izumi, Sakura también observó y escuchó las conversaciones de sus hermanos y padre, apoyando distraídamente su mano izquierda contra su sien en un gesto tanto pensativo como incomodo, porque ella la única de entre los presentes que no tenía recuerdos agradables que compartir, por no decir que no tenía ninguno, ¿Qué iba a decir? Había experimentado la vida bohemia en los años 20, había conocido a grandes personalidades y cruzado al viejo continente un par de veces al inicio de su inmortalidad, pero nada como lo que sus hermanos, padres y esposo tenían para compartir entre sí. Aunque concentrado en la conversación, Sasuke dejó de sonreír y volvió la mirada hacía Sakura tan pronto como sintió la melancolía que ella emitía, alargando distraídamente una de sus manos para entrelazarla con la suya, recordándole que siempre estaba y estaría ahí para ella, recibiendo como respuesta una ligera sonrisa de los labios de su esposa, que trató de animarse; que no tuviera tradiciones que compartir, no quería decir que no pudiera crearlas junto a Sasuke.

—¿Y qué comían?— consultó Izumi, tratando de mantener el hilo de la conversación

—Pan de jengibre— contestó Sasuke, recordando la cocina de su fallecida tía y prima.

—Pavo— añadió Itachi, intercambiando una mirada con la bella Yamamoto.

—Me decanto por el lomo de cerdo, gracias— difirió Sai, fingiéndose ofendido.

—También ganso o cordero— mencionó Fugaku volviendo la mirada hacia su esposa.

—Con salsa de menta, delicioso— asintió Mikoto, rememorando la cocina de su madre. —Y una buena taza de café al final de la noche— no pocos estuvieron de acuerdo. —Algo que se extraña de ser humano es el paladar; la comida humana es deliciosa, pero no nos aporta nada, por lo que el placer es breve— explicó a Izumi, que asintió meditabunda.

—Sí, nuestros cuerpos parecen asimilarla como si nunca hubiera existido— confirmó el Patriarca Uchiha, siendo imitado por sus hijos.

—Bueno, siguen siendo grandes personas para mí, por lo que se han ganado el título de humanos, y de lo que quieran ser— estableció la Yamamoto, profundamente encariñada con todos ellos.

La mirada de Izumi se posó en todos los miembros de la familia Uchiha, viendo a Mikoto y Fugaku sonreírle ligeramente, como también hicieron Sasuke y Sakura, y luego su mirada se centró en Sai—que esbozó una carismática sonrisa, lo que lo diferenciaba tanto del resto de su familia—; relajado igual que Sasuke, Sai vestía un suéter gris oscuro de cuello alto y con las mangas ligeramente subidas, pantalones de tela color negro y cómodos botines negros, y su corto cabello negro ligeramente despeinado, siempre pareciendo un niño en muchos sentidos. Y luego la Yamamoto se concentró en Ino, apabullante con toda su belleza; con las manos cruzadas sobre su regazo, la Yamanaka portaba un traje de cuerpo completo, ceñido a su voluptuosa figura, de escote corazón que resaltaba la curva de sus pechos y su estrecha cintura, caderas sugerentes y largas piernas con pantalones acampanados, las mangas color cobre eran de hombros caídos para exponer su piel y la de la mitad de su espalda, repletas de bordados metálicos de múltiples colores, holgadas y que se ceñían en las muñecas, con tacones negros, una cadena de oro perdiéndose en su escote, con pendientes de oro y perlas en forma de lagrima que le rozaban los hombros, perdiéndose entre su larga y ondulada melena rubia. Volviendo por último su mirada hacía Itachi, sentado a su lado, y que esbozó una sonrisa ladina, más relajado cada vez que ella lo veía, como si una nueva barrera se desmoronara una a una cada vez que ella estaba en su casa junto a su familia, y Izumi debía admitir que sentía lo mismo…


Mientras las conversaciones abundaban en el interior de la casa, Sakura se retiró a una de las terrazas de la casa, observando el cauce del sereno río junto a la casa, sentada en una de las bancas del comedor exterior; la Haruno portaba un elegante vestido azul oscuro repleto de bordados de múltiples colores como luces de neón que brillaban contra la luz, formando mariposas y flores de cerezo, de cuello redondo y mangas abiertas desde los hombros como lienzos, holgado sobre su figura, salvo por un cinturón de cuero marrón claro como sus botas de tacón hasta las rodillas, y falda holgada hasta los muslos, con su corto cabello rosado hasta la altura de los hombros peinado en elegantes rizos, casi ocultando unos pequeños pendientes de diamante en forma de lágrima, como la pulsera en su muñeca derecha, el último regalo de aniversario de Sasuke. Aunque formando parte de las conversaciones, nada impidió a Sasuke dirigirse hacia el balcón al encuentro de Sakura, sabía que para ella la navidad no era lo mismo que para el resto al no tener recuerdos, y él no quería que estuviera sola, cruzando el umbral y acercándose a ella, rodeándola por la espalda con sus brazos; el Uchiha vestía una camisa negra, sin corbata, encima un traje de igual color que parecía brillar como terciopelo a la luz artificial del balcón, jeans negros y zapatos de igual color, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre, eso era lo más formal que podía verse a Sasuke, él jamás usaría traje voluntariamente salvo para ocasiones especiales como esa.

—Te alejaste un poco de todos— señaló Sasuke, con sus labios muy cerca de su oído mientras acercaba la silla junto a ella para sentarse.

—Sabes que la navidad no es fácil para alguien que no tiene recuerdos de su pasado— recordó Sakura, volviendo la mirada en su dirección. —Pero no me relegue al balcón por eso, sino porque quería tu atención— aclaró con una pícara sonrisa.

—Ya la tienes— confirmó el Uchiha sonriendo ladinamente, acercando su rostro al suyo y rozando su nariz contra la suya.

—Feliz navidad, mi caballero sureño— declaró la Haruno únicamente, viéndolo a los ojos.

Habiendo esperado un beso o simplemente que Sakura lo atrajera en uno de esos efusivos abrazos que le recordaba constantemente lo afortunado que era, Sasuke no pudo evitar arquear una ceja con extrañeza mientras Sakura alargaba sus manos y tomaba de la mesa ante ambos una caja rectangular forrada en seda carmesí, su esposa sabía que él no precisaba de ningún otro regalo salvo su insustituible presencia, pero Sasuke recibió el presente con una inevitable sonrisa ladina, abriendo la caja sobre la mesa y congelándose en el proceso. El interior de la caja albergaba un mullido forro interior, como de un almohadón con diez pequeños huecos de los que se hallaban sujetos diez medallas, los materiales iban del oro a la plata, el cobre y otros materiales, con múltiples colores, había pasado un largo tiempo desde la última vez que Sasuke las había visto o había oído que las recibiría en 1865, pero ya que había "muerto" entonces, seguramente estas habían sido enviadas a su familia en Texas, pero todas esas medallas eran suyas, las había ganado en la guerra de Secesión o Guerra Civil, hacía lo que ya parecía una eternidad, cuando había sido humano. Cruzando las manos sobre su regazo, apretándolas y frotándolas como haría una niña, expectante, Sakura esbozó una discreta sonrisa mientras veía la sorpresa e incredulidad en los ojos de Sasuke, no perdió lujo de detalles a la forma en que trazó con sus dedos cada medalla por los siguientes segundos, como si no pudiera creer que fueran reales, que pudiera volver a tenerlas a su alcance, pero ella lo había hecho posible.

—Sakura, son…— inició el Uchiha, superando su sorpresa lo mejor posible.

—Tus medallas del ejército confederado— confirmó la Haruno con voz inocente. —Cada vez que había una subasta con medallas antiguas del ejército o se anunciaban en Ebay, yo revisaba. Tan pronto como encontré las tuyas, hice una oferta ridículamente alta, para que nadie más pudiera hacerse con ellas— explicó, imaginado que él querría saber como las había obtenido. —La mayoría están grabadas con tu nombre— aludió, señalando una de las medallas como ejemplo. —Originalmente tuve la idea para nuestro aniversario 60, pero solo había encontrado una entonces— agregó, disculpándose por haber tardado.

—¿Conseguiste ocultarme esto por más de diez años?— más bien afirmó Sasuke, sorprendido a más no poder ante lo que ella había hecho.

—Feliz navidad— reiteró Sakura únicamente, sonriendo inocentemente.

Observando el rostro de Sakura, esa belleza que parecía irreal, Sasuke dejo la caja con sus medallas sobre la mesa, y atrajo a su esposa en un efusivo abrazo, algo extraño de ver en él, pero Sakura no dudo en corresponderle con una luminosa sonrisa, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros y espalda, inhalando su aroma a pino, menta y con aquellas notas tan intensas que la hacían estremecer satisfactoriamente. Sasuke aún recordaba su pasado humano; el hijo de un mero hombre de Texas que se había dedicado a esforzarse y sobrevivir, había perdido a su madre al nacer y había llevado una vida sencilla, se había enamorado en su juventud o eso había creído, de una amiga de la infancia e hija del predicador, Kohana, pero ella había muerto tras caer de un caballo y él se había sentido tan devastado por la irrupción en lo que veía como un futuro feliz, que había perdido el deseo de vivir, había tenido que desatarse la Guerra Civil para darle un propósito, y él se había enlistado para morir, encontrando un propósito en la guerra y siendo convertido por…una bruja a quien ni siquiera quería recordar, cuando el conflicto parecía a portas de terminar. El Uchiha no iba a decir que deseaba volver a ser quien había sido, porque no era así ni jamás lo sería, había pasado toda su existencia humana sobreviviendo y como inmortal sus primeras décadas habían consistido en lo mismo, pero no había sido hasta que la había conocido a ella que había aprendido a vivir realmente y lo agradecía cada día, rompiendo el abrazo y encontrando su mirada con el rostro de su esposa, acariciando aquella faz de facciones tan dulces y angelicales.

—¿Y cuál es mi regalo?— interrogó Sakura, ansiosa y sabiendo que le gustaría.

—Aquí— anunció Izumi, cruzando el umbral de la terraza con Itachi tras ella.

—¿Me regalaste a Izumi?— se sorprendió la Haruno, cubriéndose los labios con sorpresa.

—En cierto modo pedí la ayuda de Izumi— aclaró el Uchiha, recobrando el habla.

—Por eso no vi mi regalo— comprendió ella, pues no estaba al pendiente de Izumi todo el tiempo. —Pensé que lo habías olvidado— murmuró, profundamente conmovida.

—Nunca— negó él, volviéndose hacía Izumi que le tendió una pequeña caja cerrada por un listón. —Feliz navidad— entregó a su esposa, atento a sus reacciones.

—¿Qué será?— se preguntó Sakura, desanudando el listón que cerraba la caja. —Oh, no, no puedo creerlo, ¡Es una búsqueda del tesoro!— jadeó nada más quitar la tapa. —Esto va a ser muy divertido.

Sabiendo que Sakura tenía el don de ver el futuro, todos—Sasuke, Izumi e Itachi—trataron de no pensar en nada y concentrarse solo en el presente mientras Sakura desenvolvía, lo último que querían era arruinar la sorpresa, y Sasuke no pudo evitar sonreír ladinamente, sabiéndose victorioso mientras veía a Sakura brincar de emoción, chillando y gritando de emoción en el mismo lugar como una niña pequeña, esa era la reacción que él estaba esperando. Eufórica, no creyendo que pudiera haber mejor regalo que el que Sasuke acababa de hacerle—casi eclipsando el suyo aunque, ¿Quién pensaba en eso?—, Sakura abrazó la caja hacía su pecho y corrió lo más rápido que pudo, moviéndose veloz como un relámpago para divertimento y sorpresa de Izumi, dirigiéndose hacia el interior de la casa para presumir su regalo a sus hermanos y padres, ignorando las risas de Izumi e Itachi que voltearon a verse, victoriosos por la reacción de Sakura a la par que por la sonrisa ladina en el rostro de Sasuke, quien se levantó calmadamente de su asiento y atrajo hacía si la caja que contenía sus medallas del ejército Confederado, dirigiéndose hacia el interior de la casa, tras los pasos de Sakura, seguido por Itachi e Izumi. Siempre era un reto para Sasuke sorprender a su esposa, que ella pudiera ver lo que haría o qué decisiones tomaría a veces era un problema, pero en muchos aspectos Izumi era un regalo, ya que ella era más errática e impredecible, había supuesto que Sakura no podría ver que la usaría como mediadora para conseguir el regalo, y afortunadamente había sido así.

Si, definitivamente era una feliz navidad.


La cena había quedado atrás, también el momento de abrir los regalos y pasada la medía noche—como humana que era—, Izumi no pudo evitar comenzar a sentir sueño, ahogando un bostezo en la sala para curiosidad y divertimento de la familia de vampiros, era extraño ver a alguien tan mundana en comparación con ellos, pero la primera en hacer algo al respecto había sido Mikoto, que literalmente se había excusado de toda la familia y tomado a Izumi de la mano, llevándola a la planta alta para que pudiera dormir. Marcharse de la casa no era opción, su padre no volvería ese fin de semana y la familia Uchiha no iba a dejarla sola, por lo que Izumi sonrió para sí mientras Mikoto la ayudaba a subir los escalones con la misma facilidad que lo haría Itachi, y al ingresar en la habitación ya preparada para ella, Izumi se encontró con otro nuevo motivo para sonreír; Mikoto la ayudó a desvestirse y cambiarse de ropa. Aunque Izumi había traído una muda de ropa en su cartera, ahora sobre la cama, no tuvo ocasión de ponerse el pijama, porque Mikoto ya tenía un camisón preparado para que se cambiara de ropa; de hombros caídos—exponiendo sus hombros—, holgado sobre su figura y de mangas acampanadas, pasando un peine por su largo cabello castaño para desenredarlo como haría una madre con su hija, lo que la conmovió profundamente, separándose de ella apenas un instante—a esa abrumadora velocidad—para abrir la cama y tras terminar de peinarla, la acompañó hasta la cama, ayudándola a recostarse y cubriéndola con las sabanas y colcha.

—Gracias por permitir que me quede, Mikoto— apreció la Yamamoto nuevamente, sintiendo que las palabras no alcanzaban a verbalizar lo que sentía.

—Oh, de nada— desestimó la Matriarca Uchiha, no sintiéndose nada especial. —Es demasiado tarde para que regreses a casa sola— obvió, arropando a la bella chica. —Nadie duerme en esta casa, por lo que siéntete libre de llamar si necesitas algo. Solo di mi nombre y vendré, ¿sí?— instruyó, viéndola asentir, encontrando su mirada con la suya. —Ahora, descansa y sueña cosas hermosas— deseó, inclinándose para besarla en la frente. —Buenas noches— susurró, obsequiándole una luminosa sonrisa.

Decirse conmovida era poco para Izumi, aunque había tenido una familia completa y unida en su infancia, su madre jamás la había arropado por las noches, lo suyo no eran las demostraciones de afecto sin importar lo pequeñas que estás fueran, por lo que Izumi casi se sintió al borde del llanto cuando Mikoto se detuvo en el umbral de la puerta y volteó a verla, dirigiéndole una sonrisa llena de calidez y apagando la luz antes de proceder a abandonar la habitación, y aun así esa calidez se quedó, como si ella siguiera ahí. Aguardando fuera de la habitación, a que Mikoto terminase con su ritual maternal con Izumi—la virtud de leer las mentes de los demás, es que podía ver que hacía sin sus pensamientos eran particularmente descriptivos, como era el caso de su madre—, Itachi dejo pasar un par de minutos, oculto en la esquina del pasillo para no ser descubierto, y tan pronto como corroboro que se hallaba a solas en la planta alta, Itachi dirigió sus pasos hacía la habitación de Izumi; el Uchiha vestía una elegante camisa gris claro con el cuello ligeramente desabrochado, chaqueta gris oscuro con un matiz azulado, pantalones de igual color y zapatos negros, con su largo ébano ligeramente recogido como de costumbre, ocultando un brazo tras su espalda. Acomodando las almohadas bajo su cabeza y girando sobre el colchón, Izumi escuchó que llamaban a la puerta de su habitación a los pocos minutos de la partida de Mikoto, y no dudo en sentarse sobre el colchón, imaginando de quien podría tratarse, lo que la hizo sonreír:

—Adelante— consintió Izumi, un instante antes de que se abriera la puerta.

—¿Estás bien?— consultó Itachi, ingresando y cerrando la puerta tras de sí, —Sé que Mikoto suele ser algo maternal a veces— eso podía ser una bendición y una tortura.

—No hay ningún problema, ha sido muy dulce— negó la pelicastaña, más que agradecida con la Matriarca Uchiha. —No estoy acostumbrada a que una figura maternal se preocupe tanto por mí— mencionó reflexivamente para sí. —Ya te lo contaré un día— aclaró ante la mirada preocupada que Itachi le dirigió. —¿Qué estás haciendo aquí?, ¿No puedes dormir?— bromeó, no esperando su visita en su propia casa.

—Graciosa— celebró el pelinegro, intercambiando una sonrisa con ella. —Pues, esperaba que no te molestara que velara tu sueño— solicitó, siendo una costumbre muy necesaria para él. —Ya se ha convertido en una costumbre y no puedo imaginarme no haciéndolo. Aunque estemos en mi casa y sea reprobable por muchas razones— obvió, reprochándose mentalmente por sus modales en ese momento.

—La verdad es que no veo cómo. Además, la cama es muy grande— difirió la Yamamoto, más que encantada con la idea. —Ven aquí— invitó, palmeando el lado de la cama.

Sonriendo ladinamente, sintiendo un cosquilleo en el fondo de su mente, porque no debería estar ahí en primer lugar—a solas en la habitación de una dama, ella en camisón y a esa hora de la noche, aunque él no fuera humano y esas reglas de su tiempo no se aplicarán a él—, Itachi acercó sus pasos a la cama y subió con cuidado a esta tan pronto como Izumi se hizo a un lado para permitirle estar hombro con hombro con ella, como hacían cuando estaban en su casa, afortunadamente Mikoto había elegido una cama más que cómoda para Izumi y para él. Volviendo la mirada hacía Izumi, que lo observaba con aquella cálida sonrisa en los labios, con su sedoso cabello castaño suelto, resultando la mayor tentación posible, Itachi dejó de ocultar su brazo izquierdo a su espalda, revelando una pequeña caja color rojo oscuro ante la sorprendida mirada de Izumi, entregándosela; curiosa a más no poder, Izumi recibió la pequeña caja, la atrajo hacia su regazo y la abrió, en el interior se hallaba una fina cadena de oro compuesta de una serie de pequeños dijes que parecían emular alas y decoradas con pequeños cristales color azul. No era una joya particularmente ostentosa sino delicada, algo que ella se sentiría encantada de usar, pero Izumi hasta dudo en sacar el collar de la caja, sosteniéndolo con sumo cuidado entre sus dedos y acercándolo a sus ojos para ver los detalles, no era una baratija—no es como si Itachi fuera a regalarle algo poco menos que digno de la realeza—, pero era algo tan sencillo que de inmediato la Yamamoto lo sintió muy suyo.

—Itachi…— murmuró la Yamamoto, sintiendo que le faltaba el aliento.

—Todos merecen un regalo en navidad— presentó el Uchiha finalmente, haciendo que ella volviera la mirada en su dirección. —Tú me diste uno— obvió, habiéndolo agregado a su librero en el momento exacto.

—Sí, una edición de "El Mundo de Ayer" de Stefan Zweig. Ya tienes ese libro— diferenció la pelicastaña en caso de que él no lo tuviera claro.

—No me lo diste tú, no es lo mismo— negó el pelinegro, con total honestidad. —Gracias— pronunció, pese a ya haberle agradecido cuando ella le había dado el regalo. —Espero que te guste— mencionó, viéndola asentir inmediatamente.

—¿Son mariposas?— preguntó Izumi, volviendo la mirada hacía el pelinegro, que asintió…eligiendo callar que los cristales azules eran en realidad zafiros.

—Para que siempre seas tan libre como cuando te conocí— asintió Itachi, adorando la maravillosa persona que Izumi era y como daba propósito a su existencia. —Feliz Navidad— deseó, viéndola a los ojos mientras lo decía.

—Feliz Navidad— correspondió ella, colocándose el collar y cerrando el broche.

Con esa acción, Izumi no solo agradeció el regalo de Itachi, también le hizo saber lo importante que era para ella y lo llevaría todo el tiempo, no habiendo recibido nunca un regalo tan hermoso y saber que su regalo también había significado tanto para él fue doblemente conmovedor...Ambos hablaron por lo que parecieron horas, Izumi así lo sintió, escuchando los relatos de Itachi de las diversas navidades que había tenido en su vida humana, y así se fue quedando dormida. Ver a Izumi quedarse dormida no fue en absoluto una ofensa para Itachi, al contrario, fue algo de lo más fascinante, acomodando su brazo tras su cabeza en una improvisada almohada—pese a no necesitar dormir en absoluto—, girándose cuidadosamente sobre el colchón y halando de las sabanas y colcha para cubrir mejor a Izumi, no queriendo que sintiera frío, casi congelándose en el momento en que la Yamamoto se removió entre sueño, acercándose más a él, recostando su cabeza sobre su pecho y envolviendo sus brazos alrededor de su torso. Por inercia, Itachi pensó en alejar a Izumi, no porque le desagradara la cercanía que ella expresaba en sueños, sino que debido a que literalmente un vampiro era un ser muerto, y por ende él no era la mejor fuente de calor o temperatura, mas no pudo hacerlo, no quería alejar a Izumi, sino que en su lugar el Uchiha también la rodeó con sus brazos, abrazándola, sintiendo que ese momento con ella era mejor que cualquier regalo sobre la Tierra, tanto como su sonrisa. Ojalá pudiera proteger esa sonrisa para siempre...


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "El Rey de Konoha", luego "Cenicienta de Tordesillas" y por último "A Través de las Estrellas", asegurándoles que hago lo posible por actualizar a la menor brevedad posible :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, así como todos los dolores de cabeza que seguramente le doy, habiendo actualizado en agradecimiento a su apoyo incondicional), a LizzyMichaellis25 y userZiha (agradeciendo contar con su apoyo y aprobación, y dedicándoles esta historia por lo mismo), y a todos quienes siguen, leen o comentan esta y todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Trama & Cambios: La trama continua donde lo dejamos el capitulo anterior, con Itachi e Izumi asistiendo al baile de fin de año, e iniciamos el capitulo desde su perspectiva, mostrándonos la festividad y sosteniendo un dialogo plausible sobre la aparente humanidad que expresa la familia Uchiha y porque, profundizando también en los pensamientos de Itachi al respecto. La conversación que Itachi e Izumi tienen en la glorieta esta inspirada en la conversación final de Edward y Bella en la escena del baile en Crepúsculo, pero el dialogo es obra mía por completo, transmitiéndonos no la casi obsesión de Bella por convertirse en vampiro, sino el temor que Izumi aún siente por el mundo de los vampiros a la par que su fuerte conexión con Itachi, ambos sintiéndose muy unidos el uno al otro y siendo felices con cada interacción. El nombramiento de Itachi e Izumi como reyes del baile es obra mía, ya que, por lo que he investigado y visto en Estados Unidos, tiende a elegirse a una pareja como reyes de un evento así, y aunque el Uchiha y la Yamamoto permanecen ajenos a ello, si podemos ver lo que ocurre desde la perspectiva de Ino, Sai, Sasuke y Sakura, profundizando en estos personajes como pasa en los libros de Stephenie Meyer, mas no así en las películas. El resto del capitulo representa las felicidades de fin de año como es navidad, y a partir del siguiente capitulo volveremos a sentir amenazas, representando los conflictos de fondo tras los personajes.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3