¡Actualización sorpresa!

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A la mañana siguiente llamé primero a Ona y luego a recursos humanos. Les informé de que había recibido otra oferta laboral y me veía en la obligación de declinar la suya. Les agradecí la oportunidad que me habían dado cuando necesitaba salir de Londres y acordamos que pasaría por la oficina a firmar el cese de contrato a principios de septiembre.

Tenía que dejar el piso, vaciarle y entregar las llaves, pues había tenido acceso a él junto al contrato con la empresa.

Así que Edward me acompañó en el viaje a Barcelona para despedirnos de la que había sido mi casa este año y medio.

Dejar la isla fue raro para mí pero sabía que volveríamos en una semana así que la sensación duró poco.

Volver a entrar a mi piso fue raro. Olía a cerrado, las persianas estaban bajadas así que nos recibió completamente a oscuras. No había nada de comida en el frigorífico y hasta la cama estaba desnuda.

-¿Te da pena dejarlo?- pregunta mi novio abriendo una ventana.

-Sí y no. Se siente como cerrar una etapa. Vine aquí recién separada buscándome a mí misma y me encontré de nuevo y también a ti- le digo pasándole los brazos por el cuello.

-Aquí fue donde me dijiste por primera vez que me querías-

Asiento recordándolo.

-Aquí hemos construido parte de nuestra relación- añado- pero no estoy triste por dejar el piso porque todo lo que conseguí aquí se viene conmigo en esta nueva etapa.

Nos damos un beso casto y comenzamos a guardar cosas.

Principalmente ropa que no me había llevado a Ibiza y que ahora empaquetaba para que fuera enviada a la isla.

También algunos libros y algo de menaje de cocina.

-¿Cuánto tiempo vamos a quedarnos en Ibiza?- le pregunto doblando unas sábanas.

-El que quieras. Ahora mismo no tengo shows, ni tengo discos a la vista así que no tengo que viajar. Tú estás manejando todo online así que podemos vivir donde queramos.

-¿No quieres volver a Los Ángeles?

-No especialmente- se encoge de hombros- ¿tú quieres volver a Londres?

-¿De visita? Claro pero de forma permanente no.

-A Estados Unidos no podemos volver porque las fronteras están cerradas. No quiero arriesgarme a que nos separen- me dice recordando las medidas impuestas por el gobierno para el control de la pandemia.

-¿Y si hay que ir a la oficina?

-Todo online- asegura.

-¿Seguro que no hay ninguna forma? Me siento un poco… no sé, todos trabajando allí y yo aquí de vacaciones, conectándome a las reuniones online pero trabajando desde el sofá.

-Garret hace lo mismo y es igual que tú. Además él vive en Los Ángeles y tampoco va a la oficina. No te sientas mal. Durante el confinamiento lo miré, busqué posibilidades para poder estar juntos y al final tan solo había una opción, te dejarían entrar al país si fueras mi mujer.

-Casarnos- digo levantando la vista hacia él que sigue vaciando la mesilla de noche.

-Sí.

-Pero eso es…

-No era una opción para nosotros porque tú estás casada aun.

-Y lo estaré durante los próximos tres años- suspiro.

Entonces él para y levanta su mirada para encontrarse con la mía.

-No me importa Bella. No pienso en Leo, no siento que seas suya, nunca lo he sentido.

-Yo tampoco- le digo sonriendo levemente.

Y es cierto. Esta sensación de pertenencia, de saber que tienes un sitio en la vida de alguien, en el corazón de alguien, nunca lo he sentido salvo con Edward.

-Además si algún día me caso contigo no será por papeles. Tú te mereces más.

Lo que Edward dice es muy bonito pero me deja pensando. Los papeles son importantes, más allá de entrar en un país o no, ahora mismo si me ocurriese algo, ¿Leo decidiría por mí? ¿Dependería de él si no pudiera decidir por mí misma?

Eso me da terror.

Bajamos al bar de abajo a comer y aprovecho para despedirme del amable camarero que recuerda como tomo el café y que mi pincho favorito son las patatas bravas.

Dos días después tengo mi vida en cajas ocupando buena parte del salón.

-Casi se nos olvida mirar el buzón- me dice mi novio llegando a casa después de salir a correr.

-¿Había algo?- pregunto embalando un mueble que compré para que Edward dejase su mesa de mezclas ahí cuando se quedaba conmigo.

-Un montón de folletos de publicidad y varias cartas- me dice dejando los sobres encima de la encimera de la cocina.

-Luego lo miro- le digo poniendo más cinta adhesiva en el papel de burbujas.

No me doy cuenta de que viene a mí hasta que me coge en brazos levantándome por los aires.

-¡Edward estás sudado!- le digo riendo.

-Dúchate conmigo, no nos hemos despedido del baño.

-Tengo que acabar esto, el camión de mudanzas viene esta tarde- le informo.

-¿Cuántas oportunidades vamos a tener de despedirnos de esa ducha? Solo esta ¿Y cuántas de embalar muebles? Muchas- me responde.

Me río y acepto ducharme con él.

Cuando terminamos el baño está lleno de vapor y mis piernas son gelatina.

Nos secamos usando toallas que esta tarde irán a la basura porque no voy a guardarlas.

-¿Esto venía con el piso o lo compraste tú?

Me dice sacando algo de detrás del inodoro.

-Venía- digo mirando la báscula.

Él no pierde el tiempo y se sube para pesarse.

-80 kilos. Estoy gordo- se ríe bajándose.

-¿Dónde estás tu gordo?- le pregunto riendo.

-Tengo gorda la po…- le callo poniendo mi mano en su boca.

-Cállate- me río.

Él se ríe y muerde mi mano.

-Yo sí que he engordado- le digo subiéndome a la báscula.

-Ufff 53 kilos cariño, cuidado mañana cuando subamos al avión, podrías desequilibrarnos- dice mofándose de mí.

Le doy un manotazo en el hombro.

-Cállate- repito- pesaba 48 en febrero.

-Yo no quiero hacerte sentir mal pero sabes que no es un peso saludable para ti y si en algo he contribuido para que vuelvas a tener un peso saludable, me alegro.

-Lo sé. No me di cuenta pero es cierto que descuidé mi alimentación y por tanto mi salud. Ahora estoy bien.

Es cierto ahora estoy bien.

Mi pelo tiene más brillo, mis pechos llenan la copa del sujetador y mis costillas solo se marcan si contengo la respiración.

Además la semana pasada me vino la regla justo cuando tocaba, sin retrasos, y eso hizo increíblemente feliz a Edward.

También me sentía con más energía y con más brillo interior, claro que el hecho de tener un nuevo trabajo también me motivaba cada mañana.

Sobre las ocho de la noche se marchó la furgoneta con las cajas donde guardaba todo.

El piso estaba desnudo tal y como me lo encontré.

Pedimos pizzas para cenar que tomamos en el suelo de la terraza y bebimos directamente de la lata de refresco porque no he dejado ningún vaso.

A la mañana siguiente nos vestimos y Edward bajó con las maletas a la calle para esperar el taxi que nos llevaba al aeropuerto.

-Te dejo para que te despidas de tu casa con intimidad- me dice antes de salir por la puerta- esta es la copia de mi llave, la que me diste, ten- me la entrega.

Cierra la puerta al salir y yo hago un barrido visual por toda la estancia despidiéndome de ella.

Dejo las llaves encima de la isla de la cocina y antes de salir cojo el correo que ayer dejó Edward sobre la mesa y al final no revisé.

Cierro la puerta con nostalgia y bajo a la calle.

-Yo también voy a recordar este sitio con cariño- me dice mi novio besándome la frente.

-¿Te acuerdas cuando me esperaste aquí para hablar después de Rumanía?- le digo cayendo en la cuenta de que estamos en el mismo lugar que ese día.

-Cuanto me alegro de haber venido- me dice besándome- el taxi llega en dos minutos según la aplicación.

-Vale- digo comenzando a mirar las cartas.

Tres son facturas, otras dos son publicidad de una compañía telefónica y lo otro es un aviso de una empresa de mensajería.

Han intentado entregarme una carta certificada en dos ocasiones y no estaba en casa.

Frunzo el ceño y miro la fecha límite para recoger la carta.

Ayer.

Mierda.

Se lo cuento a Edward y él me propone ir a la oficina de correos a preguntar. Tenemos tiempo de sobra hasta que salga el vuelo.

Informamos al taxi de que vamos a hacer dos paradas y me esperan aparcados en doble fila mientras yo entro a la oficina, cojo turno y espero.

Tienen que revisar los contenedores donde va el correo que no se ha recogido.

La chica me informa de que tengo suerte porque al tratarse de un correo internacional las cartas se devuelven los jueves y los lunes y hoy es miércoles.

Espero cerca de 5 minutos hasta que finalmente me entregan un sobre color marrón con remitente de Londres.

Salgo corriendo y me meto al taxi para ir al aeropuerto.

-¿Qué es?- pregunta Edward a mi lado.

-No lo sé. El papel del sobre es muy grueso. Lo abriré una vez pasemos el control del aeropuerto con calma.

Una vez que ya estamos en la zona de embarque esperando a que el vuelo aparezca en las pantallas abro el sobre.

No lo comprendo muy bien al principio pero luego sí.

-¡Edward! Edward cariño- le llamo para que se quite los cascos y me escuche.

-¿Qué?

-Es el divorcio, Leo me pide el divorcio.-

-¿Cómo?

-Él quiere el divorcio.

-¿Por qué? ¿Y por qué ahora?

-No sé y me da igual, ¿sabes lo que significa? Que en cuanto yo firme el divorcio se hará efectivo en pocos meses. ¡Por fin!- expreso emocionada besándole demasiado afectuosa para estar en público.

Edward se ríe cortando el beso.

-Estoy muy feliz por ti- me dice.

-Se acabó Leo-

-Se acabó hace mucho- apunta él.

-A efectos prácticos sí pero… legalmente sigue siendo mi marido y… el otro día pensé en que si me ocurriese algo él sería el que respondería por mí. Me aterra eso. Nadie mejor que tú me conoce y él haría lo que fuera para putearme.

-No le dejaría- me promete.

-Legalmente él decide.

Edward me mira serio y sé que este aspecto no había cruzado por su cabeza al igual que no había cruzado por la mía.

-Firma ese puto papel ya- me pide.

-Voy a llamar a mi abogado- le digo besándole de nuevo y levantándome del asiento para buscar un sitio más silencioso.

Mi abogado ya sabía que él había demandado el divorcio pero no he respondido a los emails así que no estaba seguro de si yo seguía interesada.

Le pregunto los pasos a seguir y me indica que una vez yo firme tan solo habrá que hacer la mediación de reparto de bienes y en un plazo máximo de seis meses ya no estaré casada.

-No quiero nada, el piso era suyo y el coche lo compramos a medias pero que se lo quede.

-Él no desea quedarse el coche, lo ha especificado. Pero pide una compensación por daños morales debido a que te acusa de infidelidad.

-Yo no le fui infiel estando casados, ya estábamos separados.

-La separación no se contempla en la ley. Él está en pleno derecho de pedir algo salvo que demuestres que no existe tal causa. ¿Puedes demostrar que no has estado con nadie en este periodo?

No puede ser.

-Tengo pareja desde hace dos años y no es precisamente alguien anónimo- confieso-

-Bueno puede reclamarlo aunque no le aseguro que gane y eso irremediablemente alargará el proceso de divorcio. A usted le urgía divorciarse.

-Y así sigue siendo.

-Entonces le aconsejo que acceda a darle lo que él pide.

-¿Y qué pide? ¿En qué consiste esa compensación?

-En 500000 libras.

-¿Qué?- pregunto elevando la voz.

Me calmo antes de continuar hablando.

-¿De dónde voy a sacar yo ese dinero? Él sabe perfectamente que yo no soy millonaria, de hecho hasta hace unos días he estado sin trabajo por la pandemia.

-No hace falta que el pago se haga de una vez.

-Es que no puedo asumir ese gasto. Tendría que dejar de comer durante años para asumir la deuda.

-Él asegura que cuenta con ese dinero.

-Él está enfermo, yo no tengo tanto dinero. ¿No me puedo declarar insolvente o algo así?

-Para eso sería necesario demostrar que no recibe ingresos de ningún tipo. Ni si quiera prestación por desempleo o ayudas sociales.

Me río sin humor.

-Llámele y que le diga él de donde saco ese dinero porque insisto, no puedo abarcar tremenda cantidad. ¿Qué se le pasa por la cabeza para pedir ese dinero? Además el gana mucho más que yo, probablemente sus empresas facturen mucho más dinero del que yo gano en un año, no lo necesita.

Me giro para buscar a Edward con la mirada y me le encuentro firmando un autógrafo a unos chicos para luego hacerse una foto.

Ya sé de donde quiere que saque el dinero.

De Edward.

-Sabe le llamo mañana, necesito pensar pero desde luego puedo demostrar que no cuento con ese dinero- le informo colgando.

Camino apresurada hasta mi novio.

-¿Eh qué pasa? ¿No son buenas noticias?- pregunta al verme la cara.

-Me da el divorcio a cambio de una indemnización por daños morales por serle infiel, 500000 libras.

-Hijo de puta- susurra enfadándose.

-Voy a recurrirlo, no tengo ese dinero. Ahora mismo tengo algo ahorrado pero muy poco porque he ido perdiendo poder adquisitivo al estar en ERTE y aunque tengo trabajo de nuevo, tendría que ahorrar todo lo que gano durante años para hacer frente a ese pago.

-¿Y si no pagas?

-No creo que pudiera divorciarme.

-Tienes ese dinero, lo sabes.

-No, yo no tengo ese dinero, tú lo tienes.

-Facturo 40 millones al año, eso no es nada para mí.

-Edward- me mareo al oír la cantidad.

-Nunca has querido saber cuanto gano pero creo que ya es momento.

-Me da igual lo que ganes, yo no lo gano y él no se merece nada de mí, mucho menos de ti.

-Créeme no lo hago solo por ti, también por mí. Cuando me has dicho que Leo puede decidir por ti si te pasa algo me has hecho darme cuenta de que es una realidad, ojalá nunca ocurra nada pero no quiero ser el novio que se queda en la sala de espera de un hospital porque no está legalmente vinculado a ti. Ese tío tiene que desaparecer de tu historial ya.

-Siento que esto nunca va a terminar. Pedirá una cosa, luego otra y luego otra- me quejo con el ánimo hundido.

-No, eso no va a pasar. Yo me encargaré de él si pide más. Cuenta conmigo nena- me promete besándome.

-Y no quiero meterte a ti en medio de esta mierda.

-No estoy en medio, estoy contigo a tu lado. Y si tú estás en esto yo también. Voy a llamar a mi contable, puedo tener un cheque listo mañana.

-No me siento bien contigo pagándole. Es mi error y yo debo solucionarlo sola.

-¿Y cuál es la solución? ¿Continuar indefinidamente? ¿casada Rezar para que le entre un cáncer y muera?

-No- digo negando.

-Acepta el dinero. Él sabe que yo puedo dártelo, por eso lo ha pedido.

-Odio esto Edward- digo enfadándome.

-Por favor, por mi salud mental necesito que cojas el dinero y que Leo Hastings deje de tener influencia en nuestra vida. Por favor Bella.

-Te lo devolveré- acepto.

-No, es un cheque sin devolución.

-Es mucho dinero.

-No lo es. Voy a llamar a mi contable- me dice sacando su teléfono.

-Edward, gracias- le digo besándole.

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Por fin os puedo anunciar que este será el último capítulo en el que salga Leo aunque como veis se muere matando.

Me ha dado un poco de nostalgia cuando Bella se ha despedido de su piso porque como ella ha dicho la vio crecer y convertirse en la persona que es hoy. También fue allí donde comenzó su historia con Edward de verdad, donde se fraguaron las primeras citas y Barcelona siempre será un lugar especial para ellos.

¡Muchas gracias por leer un capítulo más de esta historia! En el siguiente capítulo se acaba el verano para nuestros chicos.

¡Nos vemos el viernes!