4. El novio
Sara miraba a su hijo desde la cocina muy atenta. El chico se veía nervioso, se había cambiado de ropa al menos dos veces pero todavía no parecía contento con su decisión final, y el vaivén que traía al rededor de la sala ya la tenía algo histérica.
Aún así no le dijo nada. Sabía perfectamente que presentar a esa persona especial traía cierto nerviosismo; y que bien lo sabía ella, que por mucho tiempo ocultó su relación con el innombrable solo de la ansiedad que le daba pensar en hablar con su familia… Claro que para la castaña las circunstancias habían sido muy distintas.
De todas formas, simpatizaba con Andrés.
Sin embargo, no podía evitar preguntarse si el nerviosismo de su hijo era algo exagerado. Ella no se consideraba una madre estricta, ni mucho menos esperaba a que sus hijos se interesaran en alguien importante o de alta sociedad como su propia madre lo había hecho con ella, por lo cual se cuestionó qué tipo de persona traería Andrés a almorzar ese día.
¿O tal vez sus hijos no la veían tan liberal como ella se veía a sí misma?
Sacudió la cabeza ante esa idea. No era momento de cuestionar su estilo de crianza; probablemente se estaba preocupando de más.
O simplemente Andrés le contagió el nerviosismo.
Sí, eso debía ser.
—Hijo, tranquilo. Todo saldrá bien, Irene ya tiene casi todo listo y aun falta un rato para que llegue.
Andrés le sonrió débilmente antes de sentarse en el sofá para tratar de calmar los nervios, aunque no le sirvió de nada porque un segundo después movía la pierna de arriba a abajo de manera ansiosa.
—Uff, hermanito. Estás muy guapo… ¿Cuánto perfume te pusiste? ¿El frasco entero?—Gaby lo miró frunciendo la nariz a modo de broma, a lo que Andrés rodó los ojos, molesto.
—No molestes a tu hermano.
—¿Qué tal me veo yo? —preguntó Gaby, ignorando las palabras de su mamá—. ¿Apropiada para la ocasión?
Era cierto que Andrés pidió que fuera un almuerzo casual para quitar la presión del evento, pero ninguno siguió la petición, ni siquiera quien la había hecho. Los tres se habían esmerado es lucir bien sin exagerar en elegancia.
Sarita no alcanzó a responderle a Gaby cuando el timbre sonó y los tres quedaron estáticos en su puesto. Andrés fue el primero en reaccionar parándose de un brinco para luego moverse con agilidad hasta la entrada de la casa.
Nervioso abrió la puerta, pero no por completo. Saludó a quien se encontraba al otro lado con un gesto de mano, y con una inhalación profunda se dio ánimo para terminar de abrir la puerta.
—Adelante. Bienvenidos a mi casa.
Sara no habría podido esconder su sorpresa aunque lo hubiera intentado.
La persona que cruzó el umbral de su puerta no era nada más ni nada menos que Albin. El español llevaba una sonrisa sincera en el rostro mientras le agradecía a Andrés para luego saludar a Gaby quien se había acercado al pequeño grupo para saludar al invitado que acababa de llegar.
Sara creyó oír conversación de fondo pero no podría asegurarlo; aún no lograba salir de su estupor y solo se dio cuenta de que miraba fijamente la escena cuando Gaby le hizo una seña con rostro nervioso.
Pestañeó un par de veces antes de lograr mover los pies, y con algo de torpeza se acercó al grupo. Finalmente, y con dificultad, desvió la mirada de Albin para encontrarse con los ojos de Andrés. La cara de pánico que este traía la hizo volver al presente de lleno, y recién ahí comprendió que su reacción se malinterpretaba por completo.
Trató se recomponer su rostro, tarea que no se le hizo nada fácil y que dudó lograr con éxito.
—Mamá, te presento a Adrián… mi novio.
Mentiría si dijera que había notado al segundo hombre. Sí, su cerebro había registrado su llegada, pero tal había sido la sorpresa de ver a su nuevo amigo allí en su casa que poca o ninguna atención le había prestado al otro invitado. Pero ahora que Andrés había puesto la atención sobre el chico, Sarita notó el parecido innegable que compartía con Albin.
—Y él es Albin, su hermano.
El alma le volvió al cuerpo a Sara. El novio de Andrés no era Albin, sino su hermano menor. Al fin pudo respirar con normalidad, su expresión se relajó y dio un suspiro de alivio.
—Qué tal, Adrián —lo saludó con una sonrisa—. Mucho gusto, Sara Elizondo.
Sus palabras las acompañó con un apretón de manos, gesto que el chico recibió con gusto. La castaña luego se dio vuelta hacia Albin, y de manera torpe le ofreció el mismo gesto.
—¿Cómo va todo, Sarita? —le preguntó él con familiaridad sin siquiera inmutarse ante la situación.
—Ustedes… ¿ya se conocían? —esta vez fue Andrés quien habló.
—Así es. Tu mamá y yo ya nos conocemos. De echo, somos amigos.
Sus dos hijos y Adrián los miraron con sorpresa, pero Sarita no se detuvo a ahondar en eso.
—Que susto me dieron —dijo en vez—, por un momento pensé que tú eras el novio de Andrés.
Albin, entonces, rio con ganas, divertido con esa idea; en cambio, Adrián la miró espantado.
Irene escogió ese momento para interrumpir, anunciando que el almuerzo estaba listo. Sara le agradeció y pidió que se sirviera de inmediato.
—¿Pasamos a la mesa?
El grupo asintió.
Andrés dudó antes de empezar a caminar, y Sara notó su titubeo. Antes que el chico siguiera su camino, su mamá le dio un medio abrazo y le besó la frente. Andrés entendió el gesto como lo que era: una señal de que todo estaba bien.
—Te amo, ¿sí? —fue todo lo que le dijo Sara, con una sonrisa apaciguadora.
Andrés asintió y le devolvió la sonrisa, aliviado.
El almuerzo fue ameno. Después del susto inicial, Sara fue la anfitriona perfecta sin esfuerzo. Había quedado encantada con Adrián, quien era un chico muy desenvuelto y amigable, no mucho más mayor que Andrés. Pero de lo que realmente había quedado enamorada, había sido de la historia de amor que compartían los dos chicos.
Se habían conocido en España durante el viaje de intercambio de Andrés. Su amor inició casi de inmediato luego de ese primer encuentro, y el hecho de haber compartido más de una clase aseguró ese lazo.
Según Albin, Andrés había pasado más tiempo en el apartamento que él y Adrián compartían que en la pieza que se arrendaba, comentario que hizo sonrojar al colombiano.
Pero a Andrés el tiempo en España se le acabó y con tristeza se había despedido de Adrián sin saber que su novio ya tenía los primeros trazos de un plan para seguirlo a Colombia.
Así fue como sin mucho esfuerzo logró convencer a su hermano para mudarse al otro lado del mundo y así reencontrarse con Andrés. Lo cual ocurrió a penas una semana luego de que el chico volviera a casa. Desde entonces habían pasado cada momento juntos, Andrés mostrándole su pueblo natal tal como había hecho Adrián con él en España.
Al fin Sarita sabía lo que anduvo haciendo el mayor de sus hijos las últimas semanas. Ahora todo le hacía sentido.
Aún así, a Sara le quedaba una duda: ¿Sabía Albin que Andrés, novio de su hermano, era también Andrés, hijo de Sara?
La castaña no quiso preguntarle en la mesa. En cambio, esperó a que el almuerzo concluyera para apartarlo del grupo, cosa que no fue difícil. Bastó con ofrecerle un paseo por las caballerizas.
Hace tiempo que Sara le había prometido invitarlo para mostrarle su orgullo más grande después de sus hijos, pero la ocasión no se había dado por varias razones, siendo la más grande el tener que explicar quién era el español a sus hijos.
Y viéndolo así, Andrés le había facilitado las cosas.
O tal vez no. ¿Estaría raro invitar al hermano del novio de su hijo a casa incluso si Andrés y Adrián no estuvieran?
Tal vez un poco. Pero eso era problema para la Sara del futuro.
—¿Así que este es tu imperio?
—Bueno, así como un imperio no lo sé. —Albin la miró con una ceja alzada—. ¿Qué?
—Los Reyes-Elizondo manejan este pueblo si de caballos se trata.
—Vale, pero Juan tiene gran parte de eso.
—No te quites mérito, Sara. Tu hacienda es de las más grandes que he visto y tu catálogo de ejemplares es envidiable. ¿Vas a decirme que Juan es el responsable de eso?
La castaña negó, sonrojándose un poco.
—Veo que este negocio se te da muy bien. ¿De casualidad no te hace falta un caballista?
—Podría hacerte un espacio. Pero… —Y aquí fue cuando Sara vio la oportunidad de sacar a tema lo que le llevaba rondando la cabeza hace rato—. Primero necesito saber algo.
—Sobre Andrés y Adrián, ¿no? —La castaña asintió.
—Tú ya sabías que Andrés era mi hijo.
—Lo intuí. Demasiadas coincidencias. Pero no te molestes conmigo por no decir nada.
—No estoy molesta, Albin.
—¿Segura?
—Solo que me pilló de sorpresa.
—¿Que a Andrés le gustaran los hombres?
—No, no. Eso no. Yo me di cuenta hace tiempo. Lo que me sorprendió fue verte entrar por la puerta de mi casa. Te prometo que se me congeló la sangre cuando te vi, pensé que tú eras el novio de Andrés y se me revolvió el estómago al recordar que tú y yo… ¡Ay! Ya sabes.
La carcajada de Albin hizo que Sara diera un respingo y lo mirara con vergüenza, mortificación escrita en el rostro.
—¡No te rías!
—Hubiese sido una situación muy… particular. Pero no dije nada porque me daba la impresión que Andrés no había salido del closet aún, y no quise ponerlo en esa posición. Eso no quiere decir que pensara que reaccionarías mal, pero uno nunca sabe.
Sara entendía lo que Albin le quería comunicar, y aunque le hubiese gustado una advertencia o… algo, se sentía agradecida.
—Gracias, Albin. Por cuidar de Andrés.
El español le sonrió mientras con la cabeza le hacía un gesto de "no es nada".
—Entonces, ¿sobre necesitar un caballista?
—Ven mañana por la mañana. Gonzalo te pondrá a prueba; y si pasas, tal vez puedo tener algo para ti.
—Hecho.
Albin le pasó un brazo por los hombros y juntos retomaron el recorrido de la hacienda.
Esa noche Andrés se fue a acostar muy contento. Sarita se aseguró de decirle lo encantada que había quedado con Adrián y lo mucho que aceptaba y apoyaba su relación con él.
Feliz con el buen día que habían tenido todos en casa, pero agotada, decidió retirarse también a su cuarto.
Realizó la última ronda alrededor de la casa, y sin haber encontrado nada fuera de lo normal, subió las escaleras hasta el segundo piso. Al pasar por el cuarto de Gaby vio la puerta abierta, y asomándose por esta, le dio las buenas noches a su hija.
—Buenas noches, ma —respondió Gaby sin dirigirle la mirada, muy concentrada en su celular.
Sara, poco sorprendida, siguió rumbo a su habitación; sin embargo, no alcanzó a dar dos pasos cuando oyó a Gaby llamar su atención con voz alzada.
—Mamá, ¿te puedo hacer una pregunta? —le preguntó la chica cuando Sara se asomó nuevamente por el umbral, esta vez apoyándose contra el marco de la puerta.
—Claro.
—¿Por qué cuando pensaste que Albin era el novio de Andrés te asustaste tanto?
Sara quedó en blanco, petrificada. Su hija la miraba a los ojos, curiosa, sin darle espacio a pensar alguna excusa que no fuera la verdad. En un gesto nervioso se rascó el cuello, y mirando al suelo respondió lo primero que se le ocurrió.
—Pues… es algo mayor para Andrés, ¿no crees?
—Mmm… la verdad es que no. No creo que la diferencia de edad sea de importancia.
Al escuchar aquello Sara se separó de la puerta de un salto, sorprendida por las palabras de su hija.
—A ver, Gaby. No me vayas a salir con sorpresas. Mira que si llegas con un hombre diez años mayor que tú soy capaz de cometer un crimen.
—¡Mamáaa! Qué crees, conmigo sí sería raro y algo creepy… Pero Andrés es un hombre adulto. Además tú eres mayor que papá.
—¡Ay, Gabriela! Por un par de años solamente.
—Ya, pero no te enojes.
Sara rodó los ojos de manera impaciente, y se dio media vuelta para retirarse a su habitación.
—Duérmete luego, que mañana tienes escuela —le dijo justo antes de desaparecer por el pasillo.
—¡Te amo! —le gritó Gaby de vuelta.
Y aunque su hija le agotaba la paciencia más veces de las que le gustaría admitir, sonrió para sí misma al escucharla.
Gaby antes de dormir, mandó un mensaje al grupo que tenía con sus amigas.
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~Gaby
"Malas noticias, chicas"
"Mi mamá no tiene novio"
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Sofi🌻
"Y con quién se ve en el club?"
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~Gaby
"Con el hermano del novio de Andrés"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾
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Sofi🌻
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾
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Fabi🏀
"Es guapo?"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾
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~Gaby
"JAJAJA"
"Muy"
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Anto🐎
"Bien por tu mamá"
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Mary🐱
"Bruta"
"Te están diciendo que no sale con él"
‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾‾
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Anto🐎
"Quien dice que no?"
"Que sea cuñado de Andrés no significa que no pueda salir con la mamá de Gaby"
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Las chicas siguieron hablando, pero Gaby ignoró el chat, sumida en sus pensamientos. La mente le iba rápido, procesando lo último que había dicho su amiga.
Recordó el fin de semana anterior, y recién en ese momento cayó en cuenta que su mamá nunca le respondió si estaba en casa o no. Lo que significaba que definitivamente no estaba allí.
Ahora sabía que Adrián había ido a la fiesta de Andrés, por lo que Albin tuvo casa sola esa noche; y sabiendo también que el mayor de los hermanos y su mamá se conocen desde hace algún tiempo y es él con quien su mamá se junta seguido en el club, no le fue muy difícil concluir que Albin y su mamá habían pasado esa noche juntos.
¿Pero habrá sido en plan… romántico?
¿¡Sexual!?
—¡Eeww!
A Gaby se le estremeció el cuerpo al pensar en su mamá y Albin de esa forma.
Prefirió, en cambio, basarse en lo que había visto esa tarde durante el almuerzo. Su mamá y el mayor de los europeos se comportaron de manera amigable, pero la verdad era que no había notado nada fuera de lo común. A Gaby le pareció que la naturaleza de esa relación era lo bastante inocente como para asumir que nada pasaba entre ellos.
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~Gaby
"Ya dejen las bobadas"
"Me hacen pensar en cosas que no necesito imaginar"
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Samy🎮
"Cuando nos presentas a tu padrastro?"
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Anto🐎
"JAJAJA"
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~Gaby
"😒"
"Not funny"
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Sofi🌻
"Ya dejen de molestarla"
"Mejor enfoquémonos en que Andrés tiene cuñado Y padrastro nuevo."
"Todo en la misma persona"
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~Gaby
" ️ ️ ️ ️"
"Son lo peor"
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Sofi🌻
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