—Aquí está la sala donde Madame Leota se encuentra.
Melanie abrió la puerta a una sala llena de instrumentos musicales, con una mesa polvorienta con una bola de cristal en medio de la sala. Pero la bola parecía contener… Una cabeza.
—¿Quién osa interrumpir mi conjuro? —Amenazó la cabeza dentro de la bola de cristal.
Alyssa y Bradley se quedaron en silencio.
—Lamento molestarla, Madame Leota, pero he encontrado a unos mortales que pueden ayudarnos. —Melanie se acercó a Leota.
—En ese caso, entrad, tenemos una sesión que comenzar.
Las puertas se cerraron de golpe, y los instrumentos empezaron a sonar.
—Yo me ocuparé de que el Fantasma no nos interrumpa. Nos vemos. —Tras esto, Melanie desapareció de la sala.
—¡Espera!
—Conque queréis liberarnos, ¿eh?
—Sí, supongo…
Leota miró a la joven con recelo.
—Alyssa es tu nombre, ¿verdad?
—¿Cómo sabes eso?
—Yo lo sé todo, jovencita. Como sé que vienes para escribir un artículo. ¿Por eso nos quieres salvar, para poder tener una historia?
—Oiga, ¡cómo se atreve de hablar así de mi amiga! —Bradley levantó la voz.
—Leota, ¿cómo pueden liberarnos? —Intervino Melanie.
—¡Duendes y demonios, criaturas del terror, os convocamos ahora, para bailar a través de la noche!
El grupo escuchó en silencio a Leota.
—Si queréis liberarnos de este mal, la novia deslumbrante tiene que conocer al novio desaparecido. La clave para todo revelar, en las minas debéis de buscar…
—¿El novio desaparecido? Espera, ¡por eso dijiste que la boda nunca se celebró!
Melanie asintió, entristecida.
—Su nombre era Jake, era un trabajador de las minas de mi padre. La noche de la boda él nunca apareció… Estoy segura de que él se lo llevó, como a mi padre.
—El Fantasma…
—Entonces, hay que buscar a ese tal Jake. —Bradley comentó. —Pero, ¿cómo salimos de esta mansión exactamente?
—Por mi boudoir, solía escaparme por la ventana cuando estaba… Ya sabéis.
—¡Bien! Podremos irnos de aquí de una vez por todas… —Bradley casi salta de la alegría.
—Lo malo es que el Fantasma nos seguirá.
—¡¿Puede salir de la mansión?! —A Bradley se le pasó la alegría.
Melanie se dirigió hacia el lugar, seguido del decepcionado amigo de Alyssa.
—Antes de que te marches, Alyssa. —Dijo Leota. —Quiero preguntarte algo, ¿porqué ponerte en peligro por esta historia?
Alyssa se quedó en silencio un momento.
—Necesito una buena historia para impresionar a la editorial, y ésta lo es.
—A la editorial… Claro.
El trío avanzaba por los pasillos de la mansión rápido, con el corazón encogido por lo que pudiera pasar.
Tras avanzar un rato más, acabaron llegando a la sala de baile.
Ante los atónitos ojos de Alyssa y Bradley, un montón de fantasmas bebían, bailaban y reían en el lugar.
—Wow, no sabía que esto fuera tan animado…
—Así lleva siendo desde hace años…
En lo alto de la escalera del salón, apareció una sombra misteriosa.
—Así que vosotros sois los forasteros de los que tanto se hablan…
El sheriff Moon sostenía su pistola en dirección al grupo.
—Maldita sea, él es el sheriff del pueblo… Y la mano derecha del Fantasma. —Explicó Melanie.
—Espera, ¿el sheriff está del lado del Fantasma? ¿Porqué?
—Digamos que tengo un trato especial con él, yo le hago el trabajo sucio, y él no me tortura. Justo a mi parecer.
—Corrupto hasta después de la muerte, ¿eh, Moon? —Melanie le miró llena de rabia.
—La vida no es justa, cielo, ahora me temo que mataré a tus amiguitos.
Alyssa cerró los ojos ante lo que estaba a punto de suceder.
—Oh, chicos, estáis aquí. Os había perdido. —De la nada apareció Lucius, tan tranquilo como la última vez que le vieron.
—¡Lucius!
—¿Quién eres tú? —Preguntó Moon, apuntándolo.
—¡Vaya! Bonito disfraz.
—¡No es un disfraz!
Alyssa y Bradley salieron corriendo, metiéndose en medio de los bailarines.
—¡Eh, no escapéis! —Los disparos rebotaban en todas partes.
Lucius, asustado, se puso a correr también.
—¡Que es un arma de verdad, maldita sea!
—¡Salid de aquí vosotros, yo lo distraeré! —Gritó Melanie.
Moon siguió a Melanie por la enorme sala.
—¡Basta de juegos, entrégame a tus amigos!
Pero cuando llegó a ella, se dió cuenta de que los demás no estaban con ella.
—Lo siento, Moon, éste no es tu día.
—¡Dónde se han metido!
Moon agarró fuerte la pistola, y apuntó a la cabeza de Melanie.
—¿Vas a matar a un fantasma?
—¡¿Qué ha pasado ahí dentro?!
Lucius temblaba, mientras el grupo entraba en el boudoir de Melanie.
—Esta casa está embrujada, resumiendo. —Explicó a su manera Bradley.
—Vamos, tenemos que llegar a las minas de Big Thunder Mountain.
—¿Estáis locos? Las minas son peligrosas. Los nativos cuentan que una maldición se haya entre sus paredes, un espíritu conocido como el Thunderbird.
—Si no vamos a esas minas, estos espíritus estarán encarcelados para toda la eternidad por ese Fantasma.
—Espera… ¿El Fantasma es real? ¡Entonces hay que irse!
—¡No, tenemos que ayudarlos! ¡Necesito la his… O sea, necesitan nuestra ayuda!
Lucius se quedó en silencio un momento.
—Supongo que no puedo dejaros adentraros en las minas solos por desgracia… Suerte que yo las he estudiado.
—Ya no voy a intentar convencerte, eres una cabezota. —Protestó Bradley.
