—. My Hero Academia 180 grados.—

50. Donde Midoriya tiene fiebre, suenan las alarmas en la UA, y aparecen dos personas misteriosas en la USJ


El autobús aminoró la marcha al tomar la curva final del sendero, y frente a ellos, la enorme cúpula de la USJ se alzó majestuosa, recortándose contra el cielo despejado de la mañana. La estructura brillaba bajo la luz del sol, imponente y silenciosa, como si aguardara expectante su llegada.

Dentro del vehículo, el murmullo de los estudiantes fue creciendo poco a poco. Algunos comenzaron a desperezarse con lentitud, estirando los brazos entre bostezos, mientras otros recogían sus mochilas aún con los ojos entrecerrados por el sueño. En la primera fila, el profesor Aizawa cerró el libro que había estado leyendo para ellos.

—Llegamos. Desciendan en orden —anunció con voz grave, lo suficientemente firme como para poner a todos en movimiento.

—¡Las siestas en los autobuses son sorpresivamente las mejores! —exclamó Kaminari, levantando los brazos por encima de la cabeza y moviendo los hombros en círculos—Aunque es inevitable quedar algo adoloridos después.

Aizawa, que alcanzó a escuchar, lo miró con seriedad y a Kaminari le dio un escalofrío.

—Kaminari, espero un reporte detallado de lo que entendiste de mi lectura a más tardar el lunes en mi escritorio.

—S-sí, profesor… —murmuró, encorvándose mientras se desplazaba hacia la salida del autobús.

"Tonto" pensó Jiro al verlo pasar junto a ella

—Gran trabajo relajando a los estudiantes antes de un día agotador de entrenamientos en la USJ —comentó Present Mic desde el video intercomunicador— Parece que no has perdido el toque desde que exponías en la escuela jajaja... —Aizawa no dudo en apagarlo.

—¿Ya llegamos…? —murmuró Ochako, parpadeando con lentitud al incorporarse desde su asiento.

Se había quedado dormida sin darse cuenta, arrullada por el vaivén constante del vehículo y el tono monótono pero reconfortante del director Aizawa. Sentía la mejilla cálida, y al girar ligeramente el rostro, comprendió la razón: había estado apoyada contra el hombro de Deku.

Él seguía dormido a su lado. Tenía el ceño levemente fruncido, el cabello pegado a la frente y un ligero rubor cubriéndole las mejillas. Su respiración era un tanto irregular, y parecía hacerlo con cierta dificultad.

—Deku? —susurró Ochako, inclinándose un poco más, preocupada.

No hubo reacción. Con suavidad, alzó una mano y rozó con el dorso la frente de Izuku. Su expresión se tensó.

—Tiene fiebre — dijo sorprendida, girándose hacia los demás.

Bakugo, que ya estaba por el pasillo, se giró de inmediato con el entrecejo fruncido.

—¿Qué dijiste?

—Está ardiendo… no se ha despertado. Creo que está enfermo —respondió Ochako, preocupada, sin apartarse de él.

Aizawa, que ya estaba afuera organizando a parte del grupo, se asomó por la puerta del autobús con su habitual expresión somnolienta.

—¿Qué sucede ahora?

—Al parecer este sujeto tiene temperatura—informó Bakugo, con su usual tono molesto—. Ya lo llevo yo a la enfermería. Qué fastidio...

—No. Yo puedo hacerlo —se ofreció Uraraka de inmediato —Es bastante fácil usando mi quirk.

Aizawa observó a ambos por un momento, midiendo la situación. Luego, giró ligeramente el rostro.

—Todoroki, encárgate tú. Usa tu lado de hielo para ayudarle a bajar la fiebre. Llévalo a la enfermería del centro. Está en aquellas oficinas, al fondo.

Todoroki, que había estado observando a la distancia, asintió en silencio. Se acercó y se inclinó para revisar a Midoriya. Tocó su frente y luego le pasó una mano por la nuca.

—Está bastante caliente. No parece solo un resfriado común —murmuró. Luego se giró hacia Aizawa— Me lo llevo.

—Nosotros también iremos —intentó decir Uraraka como una afirmación innegable, pero Aizawa negó con la cabeza.

—No. Ustedes dos se quedan. Esto es parte del entrenamiento también. Todoroki puede manejarlo solo, y lo hará bien. Quiero que aprendan a confiar en sus compañeros.

Bakugo frunció el ceño, molesto, pero no discutió. Uraraka bajó la mirada, apretando los puños. Quería quedarse a su lado… pero sabía que el profesor Aizawa tenía razón.

—Te lo encargo —le dijo a Todoroki, con una mirada que contenía más preocupación de la que podía poner en palabras.

Todoroki asintió. Con movimientos firmes, alzó a Midoriya sobre su espalda, acomodándolo con cuidado para que no se agitara. Una ligera escarcha comenzó a cubrir la espalda de su traje de héroe, enfriando el contacto entre ellos. Midoriya se estremeció débilmente, pero no despertó.

— Lo llevaré rápido —fue todo lo que dijo antes de girarse y comenzar a caminar hacia la entrada del edificio.

Uraraka lo siguió con la mirada hasta que la figura de Todoroki y Deku se perdió entre los pasillos. Entonces, bajó la vista y suspiró.

—Espero que esté bien…

Bakugo bufó por lo bajo, pero su mirada también quedó un momento más en la dirección por donde habían desaparecido. Luego, sin decir nada más, se giró para seguir a los demás.


—Vaya... parece que, después de todo, nadie vendrá a hablar con nosotros —murmuró la reportera, visiblemente desanimada, dejando caer los hombros mientras observaba a su alrededor. A su lado, otros periodistas y camarógrafos se habían rendido también, sentados en el suelo o en sillas plegables, con expresión cansada bajo el sol de la tarde—. Será mejor que nos vayamos antes de que alguien llame a la policía por obstrucción.

Un murmullo general de aprobación recorrió al grupo. Algunos ya comenzaban a recoger cables y cámaras, resignados a abandonar el lugar sin una sola declaración oficial.

—¡Hey, miren todos! ¡¿No es ese All Might?! —exclamó de pronto una voz rasposa desde el fondo, fingiendo entusiasmo exagerado.

—¿¡Qué?! ¿¡All Might?! ¿¡Dónde!? —saltaron varios al unísono, incorporándose de golpe.

En cuestión de segundos, micrófonos se alzaron, cámaras comenzaron a grabar, y una docena de reporteros se arremolinó en dirección a una esquina del muro exterior donde, entre las sombras, se distinguían unos mechones largos y dorados moviéndose con el viento.

Se lanzaron hacia allí como si hubieran olido sangre y ellos fueran tiburones.

—¿Eh? ¿Qué...? —dijo Toshinori al girarse abruptamente, aparentemente confundido. Iba vestido con un uniforme café de intendente y empujaba un enorme contenedor de basura con ruedas—. Yo solo soy... un humilde trabajador del servicio de limpieza.

Justo detrás de él, un hombre alto con gafas, gorra y una expresión estoica luchaba por contener una sonrisa. Se cubría la boca con la mano, pero no podía ocultar el leve temblor en sus hombros.

—Y yo soy... su ayudante —añadió con voz tensa Sir Nighteye, haciendo lo posible por sonar convincente.

—Un momento... —intervino una de las reporteras, entornando los ojos con desconfianza—. ¿No se supone que en la U.A. los robots se encargan de todas esas tareas?

Sir Nighteye se aclaró la garganta y dio un paso al frente, recuperando la compostura y seriedad con rapidez.

—Efectivamente —dijo con tono firme—. El 95% del mantenimiento lo realizan unidades automatizadas. Sin embargo, es lógico que se mantenga un pequeño porcentaje de tareas manuales, a cargo de personal humano, para detectar anomalías, desperfectos... o conductas inusuales por parte de los propios robots.

Hubo un breve silencio. La explicación parecía lo bastante razonable.

—Tiene sentido... —admitió la reportera, frunciendo el ceño en señal de reflexión.

—¡Oigan todos! ¡Ya podemos entrar! ¡Vamos a buscar a All Might, rápido! —gritó entonces un reportero desde la entrada principal.

—¿¡Qué!? —exclamó la reportera, y antes de que alguien pudiera detenerlos, todos corrieron hacia la entrada como una estampida.

—¡Oigan, esperen! —gritó Toshinori, extendiendo la mano hacia ellos, pero su voz se perdió entre el bullicio. Entonces se detuvo, paralizado, al ver de cerca la estructura metálica que debía proteger la puerta principal de personal no autorizado.

El brillo del acero estaba apagado. La superficie presentaba un patrón extraño, como si el metal se hubiera derretido o degradado lentamente por una corrosión antinatural. No era óxido. Era algo más... como si se estuviera deshaciendo desde dentro.

El corazón de Toshinori se encogió al reconocer ese patrón.

—Shigaraki... —susurró.


La alarma seguía resonando en lo alto del techo del comedor, lanzando destellos rojos que parpadeaban sobre las bandejas metálicas olvidadas, las sillas volcadas y los platos aún con comida a medio terminar.

—¡Calma, calma, por favor! ¡Todos manténganse dentro del edificio hasta que sepamos qué está ocurriendo! —gritó Mirio, de pie sobre una de las sillas, con su voz firme intentando imponerse sobre el murmullo inquieto que crecía entre los estudiantes que se agolpaban cerca de la salida.

Tamaki se había posicionado junto a la puerta, los hombros tensos y encogidos, pero con los brazos extendidos. Sus tentáculos se movían con precisión, formando una barrera improvisada para contener a los alumnos más impacientes. Sobre ellos, Nejire flotaba, utilizando su Quirk para calmar a los más tercos con un tono tranquilizador. —¡Seguramente se trata de una falsa alarma! ¡Esto nunca había pasado antes!

— ¡Recuerden que hay un protocolo, y entrar en pánico no va a ayudar a nadie! —añadió Mirio, esta vez con aire conciliador.

—¡Pero esa alarma... sonó como si hubieran intrusos en la escuela! —protestó una voz entre la multitud, llena de tensión.

Mirio frunció el ceño y saltó ágilmente al suelo. Caminó con rapidez hacia una de las ventanas cercanas y, colocándose una mano en la frente para cubrirse del sol de mediodía, observó el exterior.

Y entonces los vio.

—...Es la prensa —murmuró aliviado, sintiendo cómo la tensión se le escapaba de los hombros.

Tamaki se le acercó con cautela, asomándose apenas por encima del hombro de su amigo.

—¿En serio? ¿O-otra vez estaban fuera de la escuela? ¿Por qué siempre intentan grabar a la gente?

—Tal vez sea por ti, Mirio —bromeó Nejire, descendiendo suavemente hasta quedar a su lado—. ¡El futuro símbolo de la paz! Por supuesto que quieren verte!

Mirio soltó una risa sonora, colocando una mano en su nuca.

—¡No, no, eso es imposible! ¡Solo fue una broma de Sir! Ya sabes cómo es... detrás de ese porte serio tiene un sentido del humor bastante único.

Pero entonces, un estruendo sordo rompió la calma: el rugido de una multitud desbocada que se aproximaba. Los tres intercambiaron una mirada rápida antes de girar de nuevo hacia la ventana.

—¿Están... corriendo hacia la entrada del edificio principal? —preguntó Nejire, frunciendo el ceño.

—Oh no... —murmuró Mirio, con el rostro preocupado.

Desde su posición en el tercer piso, la escena parecía clara: decenas de periodistas y camarógrafos se empujaban entre sí, trepaban por las escaleras exteriores y comenzaban a forzar la verja principal como una oleada descontrolada.

—¡Están intentando forzar la entrada! —exclamó Nejire

—¡Rápido, avisen a los profesores! Voy a intentar interceptarlos y hablar con ellos —ordenó Mirio, comenzando a usar su quirk para atravesar por el piso.

Pero antes de que pudiera desaparecer del todo, una voz resonó en todo el edificio, con un tono grave y decidido.

—Alumnos de la U.A. —dijo Mandalay usando su quirk para transmitir su voz — permanezcan en la cafetería. Este no es un simulacro! Se ha detectado una amenaza real dentro de los terrenos de la escuela.

—Amenaza real? Qué no se han dado cuenta que solo es la prensa?


Todoroki corría por los pasillos en silencio, con los pasos resonando suavemente sobre el suelo pulido del edificio. Midoriya yacía sobre su espalda, con la respiración todavía irregular. Aunque su peso no era excesivo, Todoroki cuidaba el equilibrio de ambos.

Al llegar a la enfermería, empujó la puerta con el pie y anunció con voz formal pero con un toque de urgencia:

—Soy de la clase 1-B de la UA. Él tiene fiebre.

Aunque no había nadie. Sin perder tiempo, se acercó a una de las camas y, con cuidado, bajó a Midoriya, ayudándolo a recostarse. Su mano derecha comenzó a emitir un frío tenue que deslizó con suavidad por la frente de su amigo, luego por sus mejillas y el cuello. El contacto pareció aliviarlo un poco: Midoriya se relajó, aunque sus ojos seguían cerrados.

Mientras colocaba una toalla fría sobre su frente, el silencio de la sala lo envolvió por completo, y sin poder evitarlo, su mente se dejó arrastrar hacia recuerdos del pasado.

Recordó como Midoriya lo había encontrado entre la chatarra. Cómo sin conocerlo de nada, lo había llevado a su casa. Y cómo, al despertar, lo primero que vio fue su rostro, sentado a su lado, esperándolo pacientemente y sin hacerle más preguntas de las necesarias.

Fue la primera vez —fuera de su hermana— que sintió que alguien lo cuidaba sin esperar nada de él.

Volvió al presente y lo observó. Midoriya seguía sin reaccionar. Su frente ardía, incluso con el hielo. Todoroki aumentó ligeramente la intensidad del frío, con cuidado de no excederse.

Entonces otra imagen cruzó su mente.

Aquel entrenamiento en su casa… y las palabras tan sinceras que Midoriya le había dicho entonces:

—¡Pero eso también es porque tú eres importante para mí, Todoroki! Me gusta pasar tiempo contigo, y… ¡eres mi amigo!

No estaba acostumbrado a ese tipo de declaraciones tan sentimentales. Pero desde entonces, sentía que algo había cambiado en él.

De vuelta en el presente, humedeció nuevamente la toalla y la colocó sobre el pecho de su amigo.

—Midoriya… —susurró preocupado, como si al nombrarlo pudiera traerlo más cerca de la consciencia.

Y de nuevo otro recuerdo emergió:

Aquella noche en que se sintió mareado tras beber alcohol en aquella fiesta, cuando se había aferrado a la camiseta de Midoriya. Él no se apartó. En lugar de eso, se recostó a su lado. Y más tarde, a mitad de la noche, lo abrazó con mucha fuerza entre sueños.

Recordaba cómo, en medio de la confusión etílica, lo había mirado en silencio durante varios minutos hasta quedarse dormido de nuevo.

Ahora, lo miraba una vez más y por un instante, dejó de usar su quirk.

—Uraraka… —murmuró de pronto Midoriya entre sueños, con una voz débil y pastosa.

Todoroki lo observó con atención. Vio cómo sus cejas se fruncían con leve inquietud, como si algo lo angustiara.

Y entonces, una sensación extraña surgió en él. Algo que lo desconcertó, como si algo se formara en su pecho. Llevó una mano al centro de su torso, percibiendo —y no debería haberle parecido tan raro— una mezcla de frío y calor.

Todoroki no lo entendió, pero sonrió.

—Claro… —murmuró, retomando la tarea de refrescarlo—. Siempre estás pensando en ella ¿no es cierto?

Le apartó con delicadeza un mechón de cabello que se le había pegado a la frente, y volvió a enfriar la toalla.

Porque aunque Midoriya nunca llegara a saber cuánto lo había ayudado, aunque tal vez jamás comprendiera lo que significaba para él… Todoroki ya se sentía en paz con poder cuidar de él.

Como alguna vez, sin dudarlo, Midoriya lo había ayudado.


—Hola. ¡Bienvenidos a la USJ!

Uraraka fue la primera en girar hacia la voz, y al hacerlo, su rostro se iluminó al instante.

—¡Oh, no puede ser! ¡Es...!

—Soy Trece —dijo la heroína con su tono sereno, levantando la mano en un gesto amigable —. Tal vez algunos ya me conozcan por ser una heroína de rescate. Quiero que miren a su alrededor. Este lugar ha sido diseñado para entrenarlos en situaciones de desastre y rescate de personas. Aunque los dones hayan sido adaptados para el combate contra villanos, nunca deben olvidar que también pueden ser herramientas para salvar vidas.

Todos escuchaban con atención, contagiados por su serenidad, su experiencia y la pasión en sus palabras.

—Esa es la razón por la que estoy aquí hoy. A lo largo de los años, muchas personas han resultado heridas por un mal uso de sus habilidades. Algunos han tenido accidentes por no conocer los límites de sus dones, y otros han sido lastimados simplemente por estar en el momento y lugar equivocados.

Trece hizo una pausa, observando con calma a cada uno de los estudiantes.

—Pero si entrenan con disciplina, si aprenden a usar sus dones con responsabilidad y sabiduría, pueden prevenir esos accidentes. Pueden convertirse en protectores. En héroes que no sólo luchan... sino que salvan. Nunca olviden ese otro propósito de sus dones: proteger a los demás.

Bakugo, con los brazos cruzados, parecía estar desestimando el discurso, pero mantenía su atención en silencio. Aizawa lo observó de reojo, como midiendo su reacción.

—Espero que esta clase les ayude a entender lo importante que es eso.

Terminó con una suave reverencia que selló el ambiente con una sensación de serenidad.— Eso es todo. Gracias por escuchar.

—Adoro a trece! — se impresionó Uraraka, aunque luego pareció decaída — A Deku le hubiera encantado esto...

—Sí. Trece es simplemente impresionante! —respondió una voz que claramente no pertenecía a ninguno de los estudiantes.

En un parpadeo, Aizawa reaccionó. Disparó su cinta de captura sin vacilar, atando de pies a cabeza al recién llegado.

—¡Es Hawks! —gritaron varios alumnos al reconocer el rostro del héroe alado.

—Grandes reflejos, director Aizawa —elogió Hawks desde el suelo, sin dejar de sonreír, aún atado.

—¿Qué haces aquí? Todas las visitas deben estar autorizadas y registradas con antelación —le dijo Aizawa, sin mucho entusiasmo ni intención de soltarlo.

— Lo se. Me lo supuse, pero de pronto sentí un inexplicable impulso de ver a la nueva generación de héroes en formación y pensé en venir a echar un pequeño vistazo. Espero no ser inoportuno.

—Para eso está el festival deportivo —respondió Aizawa sin moverse—. Y me cuesta creer en tu repentino interés, considerando que jamás ha solicitado estudiantes de la U.A. para tu agencia.

—Bueno, estaba pensando que tal vez... eso podría cambiar este año.

Desde atrás, Tokoyami dio un paso, aparentemente con intención de ayudarlo. Pero Yaoyorozu lo detuvo con una mano suave sobre su brazo y negó con la cabeza, con un gesto suave.

—¿Cómo podemos saber que eres el verdadero Hawks y no alguien más usando su apariencia? —preguntó Momo con seriedad y firmeza—. Ha habido reportes de villanos que suplantan identidades con facilidad.

Al escuchar eso Uraraka no pudo evitar bajar la cabeza y visualizar a Himiko Toga en su mente como Camie.

—Ser o no ser un villano disfrazado... esa es la gran cuestión —bromeó Hawks, con una sonrisa ladeada.

En ese instante, el aire pareció tensarse de forma súbita. Una corriente de energía distorsionó el espacio a pocos metros del grupo. Un remolino oscuro se abrió con un zumbido grave, y un portal se formó como una herida en el aire.

Shigaraki emergió lentamente del vórtice, cubierto de manos. El silencio se volvió espeso. Aizawa dio un paso adelante, ya activando su don. Trece alzó el brazo instintivamente, protegiendo a los estudiantes cercanos.

Hawks entonó los ojos hacia él, con la sonrisa desapareciendo de su rostro —Shigaraki...


Notas de la autora.—

¡Sus comentarios siempre son bienvenidos! Muchas gracias por leer, seguir y darle like. Siempre me hace sonreír :)