¡Hola de nuevo!

Este capítulo se pone un poquito más intenso.

Sakura empieza a sentir más fuerte todo lo que viene con el Chokushi… y sí, las cosas se le están saliendo de control.

Pero no está sola. Y eso cambia todo.

Disfrútalo :)


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La oscuridad dentro de Sakura no era total. Se sentía densa, tangible, como si la envolviera una bruma pesada con forma y voz. No estaba flotando en un vacío, sino de pie sobre un terreno fragmentado, extraño, donde el suelo era de cristal agrietado y los aires estaban llenos de fragmentos suspendidos que cortaban el viento como hojas afiladas. A su alrededor, los recuerdos que durante años había mantenido encerrados latían con una fuerza abrumadora. Su madre, su padre, Kaoru. Gritos, cables, inyecciones, espejos rotos. Todo mezclado. Todo vivo y pulsante como un segundo corazón en su pecho.

Frente a ella, la imagen de su yo infantil temblaba en medio del caos. Vestía una bata blanca, demasiado grande para su cuerpo pequeño, y sus ojos verdes estaban nublados por las lágrimas contenidas.

—No quiero verlo otra vez… —murmuró la niña con una voz rota por el miedo.

Sakura la observó en silencio antes de responder, con tristeza en los labios.

—Lo siento —dijo—. No puedo detenerlo.

Y entonces, como si el aire respondiera a su voz, la sombra emergió. Su figura caminó sobre el cristal como si el mundo se inclinara para darle paso. Su voz era suave, casi melódica, pero detrás de cada palabra se escondía una obsesión antigua, una necesidad primitiva que parecía arrastrarlo desde el fondo del abismo.

—¿Por qué no querrías ver la verdad, Sakura? —preguntó, acercándose con una calma que inquietaba.

El enemigo extendió una mano hacia los recuerdos suspendidos, como si tocarlos lo conectara directamente con su origen.

—Esta memoria… —dijo, señalando el espacio entre ellas— fue el momento en que dejaste de ser tú.

Afuera, el cuerpo de Sakura yacía inmóvil entre Kakashi y Naruto, que mantenían sellos activos a ambos lados de su forma inconsciente. El sello en su espalda latía con violencia, un rojo oscuro que parecía arder bajo la piel. Desde la base de su cuello, cristales comenzaban a brotar como si fueran venas abiertas de cuarzo, desbordando su energía interna.

—¡El flujo está aumentando! —exclamó Hinata, con el Byakugan activado, siguiendo con precisión cada fluctuación en su chakra—. Su chakra se está desgajando. Como si algo dentro de ella la estuviera descomponiendo… para reconstruirla.

Naruto frunció el ceño, apretando los dientes con impotencia.

—¡Sasuke, date prisa!

En el interior del sello, Sasuke avanzaba. Cada paso que daba sobre el terreno cristalino provocaba grietas a su paso, pero no caía. Sus ojos, el Sharingan y el Rinnegan, se encendían con la intensidad de una llama. En ellos, los ecos del alma de Sakura brillaban como brasas. La vio a lo lejos, de espaldas, observando al enemigo. Cristales emergían lentamente desde sus omóplatos, como alas incompletas.

—Sakura —llamó con firmeza.

Ella no se giró. Su voz, cuando respondió, sonaba distante, como si hablara desde dentro de un pozo.

—Está dentro de mí. Siempre lo ha estado. Desde que era niña. Desde que él…

Y entonces, la imagen estalló en un recuerdo.

Sakura, una niña de no más de cinco años, estaba sentada sola en el centro de una sala redonda. Las paredes eran blancas, frías, impersonales. Adultos con túnicas del mismo color la rodeaban, sus rostros ocultos en sombras. En una pantalla, se repetía sin cesar la misma escena: sus padres cayendo al suelo, congelados por dentro. El cristal salía de sus bocas, de sus ojos, como un veneno sólido e ineludible. Desde el fondo, la voz de Kaoru se alzaba en un grito desgarrador. Lo arrastraban fuera. Y ella no podía moverse. No podía llorar. Solo mirar, con los puños cerrados y los ojos abiertos de par en par.

—Es la reacción perfecta —comentó uno de los adultos—. El dolor no se exterioriza. Se cristaliza.

—¿Y el niño? —preguntó otro.

—Inestable. Lo usaremos para activar el segundo protocolo.

El flash del recuerdo la dejó de rodillas. El cristal se extendió bajo ella como una red viva. El enemigo se acercó sin temor, sus pasos resonando como latidos.

—¿Ves, Sakura? Todo lo que eres fue creado para mí. Para esto. Para mí. Tú eres la raíz del cristal. El recipiente ideal. La heredera del ojo perfecto.

—No… —susurró ella, su voz apenas audible.

—Sí —replicó él, inclinándose para hablar junto a su oído—. Y ahora que el vínculo con Sasuke se ha abierto, sé cómo entrar en ti por completo. Pero para que seas mía, debes dejarlo ir.

La imagen de Sasuke apareció tras ella. No dijo una palabra. Solo la observó. No hacía falta hablar; ella lo sentía.

—Deshazte de él —insistió el enemigo—. Déjalo atrás. No te pertenece.

Sakura se puso de pie, y cuando lo hizo, sus ojos brillaban con una determinación nueva.

—No. No soy tuya. Nunca lo fui. Y si tú eres parte de mí… entonces aprenderás lo que significa estar dentro de alguien que no quiere rendirse.

El cristal vibró con su voluntad. El enemigo retrocedió por primera vez. Sasuke se adelantó entonces y colocó su mano sobre la espalda de Sakura, justo sobre el sello que aún ardía.

—Vamos juntos —dijo, con una calma poderosa.

En el mundo exterior, el sello brilló con la intensidad de una explosión muda. El aire pareció crujir mientras una esfera de chakra se formaba alrededor del cuerpo de Sakura. Naruto y Kakashi se vieron obligados a retroceder ante la fuerza que se desataba.

—¡Están volviendo! —anunció Hinata—. Pero algo se está abriendo… otra capa del sello.

En lo profundo de ese plano interior, el enemigo gritó. Su cuerpo comenzó a desmoronarse en fragmentos de sombra y cristal, cada uno consumido por la luz que brotaba de Sakura.

—¡No puedes escapar! ¡No puedes negar lo que eres!

—No lo niego —respondió ella, con el cristal ascendiendo por su brazo como una extensión de su voluntad—. Lo enfrento.

Levantó la mano, y de su palma floreció una flor de cristal, pura y resplandeciente. La dirigió hacia él, no para destruirlo, sino para sellar lo que aún quedaba de esa oscuridad. No podía negarlo por completo, pero sí encerrarlo. Controlarlo.

Sasuke y Sakura abrieron los ojos al mismo tiempo. Jadeaban. El sello seguía intacto. El cristal había retrocedido. Pero ambos sabían que algo dentro había cambiado.

Kakashi los observaba con expresión tensa, los ojos entrecerrados.

—¿Qué pasó ahí dentro?

Sasuke desvió la mirada hacia Sakura, y ella sostuvo su mirada un momento antes de responder.

—Encontré la raíz. Pero aún no he visto todo el árbol.

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Y listo, eso fue el capítulo 8.

Ya hay más movimiento, más dudas, y más cosas que se están saliendo de lugar.

Gracias por seguir leyendo, de verdad.

Nos vemos en el que sigue, que va a estar bueno.