Volumen 1

Mis pequeñas manos se movían con confianza sobre aquel papel en el cual dibujaba un bello paisaje. Mis ojos lo examinaron por unos segundos y lo levanté por el aire, ¡esto era lo que quería!

—¡Ya terminé! —me levanté emocionada de mi silla y salí disparada a enseñarle mi creación a mi mamá—. ¡Mami, mami, ya terminé mi dibujo!

Mi mami volteó con rapidez y me recibió con esa bella sonrisa que me hacía sonreír incluso cien veces más.

—Déjame ver mi pequeña...—mi mami tomó mi dibujo en sus hermosas manos y la miré con emoción esperando una respuesta—. ¡Está precioso mi niña! ¿A quien se lo piensas regalar eh?

Sentí mi cara un poco caliente y llevé mis manos a mi rostro.

—La verdad quería dárselo a Shaoran... pero no creo que lo acepte —susurre con tristeza.

Mamá me miro con aquella carita que a mí me causaba tristeza, ¿que significaba aquello?

—Ay mi pequeña... ¿por qué no lo intentas? —ella me acarició una mejilla y yo me sentí feliz y animada nuevamente.

—¡Sí! Mañana en la escuela lo intentaré

Recuerdo perfectamente aquella escena de mi niñez con una sonrisa, era tan inocente que pensaba que con un dibujo aquel niño de ojos café me brindaría una cálida sonrisa siquiera.

Reí por mi pensar, y volví a rebobinar aquellos recuerdos que me hacían inmensa mente feliz, aterrizando exactamente en el momento que le había regalado aquel dibujo a Li Shaoran.

Mi llegada a la escuela fue la misma de siempre, mi entusiasmo brillaba por todos lados, saludando aquí y allá y mis compañeros haciendo lo mismo conmigo.

Regalaba sonrisas sinceras y me la pasaba moviéndome de un lugar a otro platicando con quien pudiese.

Mis mejillas recuerdo que se ponían coloradas de tanto moverme, pero mi energía no parecía apagarse a mis cortos 6 años.

Así fue como el recreo llegó y pude armarme de valor estrujando con mis manitas aquel dibujo en el que había puesto más que empeño...

Pero eso no lo sabía esa pequeña niña de 6 años, aún no.

—¡Hola! —llegue al lado de mi compañero de clases, quien en ese momento se encontraba en una pequeña banca alejado de todos con un almuerzo en sus manos.

Su pequeño cuerpo se sobresaltó pero su mirada rápidamente me encontró, frunciendo un poco su ceño.

—¿Qué te ocurre? —me preguntó él con su típica voz de "aléjense todos"

—A-ah... yo... —mis nervios de niña empezaron a salir a flote cuando ya tenía esta situación de frente, y mi voz comenzó a temblar.

El pequeño Li Shaoran frunció su ceño y eso avivó aún más mis nervios.

—¡Ten, es un regalo para ti! —exclamé tendiéndole en su rostro mi dibujo. Cerré mis ojos con fuerza, no queriendo ver siquiera su expresión.

Pasados unos segundos y como no lograba sentir movimiento alguno decidí abrir mis ojos y me encontré con mi compañero examinando el dibujo.

—¿Y esto qué? —preguntó curioso.

—Lo dibujé para ti, le puse muchísimas ganas para poder sacarte una sonrisa —comente sin filtros, esbozando una gran sonrisa.

Aquel niño se quedó pasmado en su lugar, cuando de pronto un sonrojo comenzó a expandirse en su tierno rostro.

—¡Ay no! ¿Te sientes bien? —con premura recuerdo haberme acercado a su rostro para poder "examinarlo" con inocencia.

No contaba con que el castaño se fuese hacia atrás en el pequeño banco provocando una caída inminente...

No les quisiera contar, pero alguien quedó con su almuerzo regado encima de él y con un sonrojo que no se quitó hasta la hora de la salida...

Lo bueno de la situación es que Shaoran y yo comenzamos a pasar juntos el recreo, ahora él me acompañaba a dibujar cuando podía y visitábamos las casas de ambos casi todas las tardes.

Jugábamos y por fin, después de mucho tiempo, pude ver su hermosa sonrisa.

Esa que no le mostraba a casi nadie.

Su postura dejó de ser tan renuente y comenzó a ser bastante atento. Descubrí entonces que Shaoran era un niño bastante inteligente y elocuente para su edad.

A esa edad solía sorprenderme tanto, con sus datos e historias sobre el universo.

Shaoran me enseñó muchísimos libros sobre aventuras, también pudo enseñarme los nombres de las estrellas por las noches, me enseñó a escabullirme en la obscuridad para visitar el río y aventar piedrecitas para crear ondas en el agua. Con él podía divertirme a montones.

En cambio él conmigo aprendió un poco de dibujo, a traer dulces en sus bolsillos, a brincar la cuerda en pareja y a intentar hacer una pirueta.

Eso último fue lo más divertido de ver en él.

Recordar todo aquello me sacaba una y mil sonrisas.

Las tardes podían pasar tan rápido con su compañía.

Hasta que el día llegó, ese día el cual tuve que marcar en un calendario para no olvidarlo.

El día en el que él se fue de Tomoeda.

—¡No quiero, no quiero! —apenas había cumplido mis 8 años y lloraba como un bebé al que le quitan su golosina favorita. Bueno, aunque mi amigo era más que una golosina, pero ustedes entienden.

Shaoran estaba empacando para ir a otra ciudad desconocida para mi ¿y su retorno? Desconocido.

—¿Por qué tienes que irte, Shaoran? ¡No es justo! —hago un puchero evidente y Shaoran suelta una pequeña sonrisa.

—No llores Sakura, o te volveré a llamar Kinomoto —advirtió él. Yo rápidamente fruncido mis labios evitando el puchero. ¡Eso no!

—¿Verdad que vas a volver? ¿Verdad? —preguntó jalando su camisa polo, él voltea a verme, dejando sus cosas de lado.

—Sí, estoy seguro de que sí. No llores por favor, te ves más hermosa cuando sonríes, así que...

Mientras decía aquello levantaba mis labios en una sonrisa forzada, lo que me hizo reír de forma real, y él a acompañarme en aquello.

Vernos así, sonrientes me hizo hacer lo que nunca...

Darnos un gran abrazo, yo envolviendo mis brazos en su cuerpo y él haciendo lo mismo. Nos fundimos en un tierno abrazo donde exprese más que un cariño sincero por él.

Había sido mi gran amigo, la razón por la que yo estaba constantemente feliz, en un ambiente sano y sin complicaciones. Shaoran me hacía bien, pero bueno, eso que iba a saber una niña de 8 años. Tanto tiempo tuvo que pasar para que me diese cuenta de la realidad.

Que nosotros estábamos teniendo nuestra primera oportunidad.

Pero en esa no se pudo, porque la ida inminente de Shaoran llegó y yo me quedé allí, viendo como su familia subía las cosas al auto para ir al aeropuerto.

Me prometí no llorar, no, más bien él me obligó a no hacerlo, entonces me veían a mí misma frunciendo mis labios y apretando de vez en cuando mis ojos para no caer.

Shaoran me veía de vez en tanto con una pequeña sonrisa que me transmitía paz y yo ahí, ayudando en lo poco que podía y aguantándome las ganas de gritarle de nuevo que no se fuera.

Pero no pude detener el tiempo, cuando supe él ya me estaba tomando de las manos y me miraba con nunca lo había hecho, sus mejillas de pronto se colorearon como casi nunca pasaba y sus labios comenzaban a temblar de lo que ahora entendía, eran las ganas de llorar.

—Oye...

—¿Qué pasa Shaoran?

—Recuérdame siempre ¿sí? Que yo lo haré cada que pueda —con una voz un poco temblorosa él alcanzó a decirme, apretujando incluso más mis manos, juntándolas cálidamente.

—Cuando vea las estrellas, incluso cuando lea los libros de la escuela, lo haré —para este momento ya me encontraba sorbiéndome la nariz y mis lágrimas no habían podido evitar brotar.

Él se rio de mí, pero lo hizo con unas lágrimas en su hermoso rostro también.

Ambos llorábamos como los niños que éramos, no haciendo otra cosa más que aferrarnos a ese amigo tan querido.

—Prometo que cuando vea el color verde me acordaré de ti, siempre...

Asentí con efusividad. Ese era el color de mis ojos.

—Vuelve pronto, que te extrañaré muchísimo —las palabras ya casi salían inentendibles de mi boca, y suponía que para ese momento los adultos ya tenían un par de pañuelos en sus manos. Éramos una ternura para ellos.

Pero nosotros estábamos sufriendo realmente. Y ni como saberlo.

—Yo también te extrañaré muchísimo, Sakura... —sus ojitos brillosos, su nariz sonrosada, sus lindas orejas llenas de ese color tan tierno que me derretía...

No pude evitarlo.

Decidí que la mejor despedida... era brindándole un inocente beso en la mejilla, que me sorprendió, le sorprendió y a los adultos ni se diga...

Parecía que de ambos salía humo de nuestros rostros, pero la sonrisa en nuestros labios marcaba una sensación distinta...

Ese fue el suceso que necesitábamos para despedirnos con tranquilidad.

Y Shaoran se marchó.

La primera noche recuerdo haberme estado removiendo en mi cama incómoda, como si supiese que algo me faltaba, no me sentía del todo bien y realmente no sabía que se trataba de la sensación de apego que había desarrollado hacia Shaoran.

Decidí escapar como él me lo había enseñado, para poder ir al mismo lugar al que íbamos juntos.

No pude evitarlo.

Esa noche era preciosa llena de estrellas, incluso podía llegar a pensar que era la mejor de todas las que había llegado a ver.

No pude evitar pensar qué estaría haciendo Shaoran en aquel momento, si al menos ya se había comido los dulces que le había regalado, o si había visto todo el cuaderno de dibujos que le había obsequiado o si simplemente estaba durmiendo por el camino...

Eso no lo sabría.

Así que de nueva cuenta aquellos sentimientos de tristeza comenzaron a invadirme sin mi permiso y me atreví a llorar todo lo que quise, pataleando lo que no había podido e incluso gritando tanto que mi garganta se resecó.

Mi boca se sentía amarga y mis ojos ardían un poco de tanto que los había tallado, pero lo que más dolía era el corazón puro de una niña que había despedido a su ser más querido.

Pero eso... eso nadie lo entendería.

Volumen 2

Las vacaciones habían terminado para mí y se daba comienzo a un nuevo ciclo escolar en el instituto.

A decir verdad, estaba algo emocionada por volver a ver a mis amigas y contarnos todo lo que nos había sucedido en estas vacaciones.

Eso no quitaba el hecho de que casi llegó tarde porque cierta alarma en mi celular no había sonado.

Ay no, a quien engañaba, había olvidado ponerla un día antes.

No es que fuese irresponsable con la escuela, lo juraba, a decir verdad estaba disfrutando muchísimo esta etapa, los amigos, las nuevas experiencias, las risas, las espontaneidades de la misma y otras muchas cosas más.

Algunas materias no se me daban en absoluto, pero ponía mi mejor esfuerzo para salir adelante en ellas.

Cumplía con mis tareas y trataba de no meterme en problemas.

Tenía un grupo de amigas en las que podía confiar plenamente y quienes me apoyaban cuando lo necesitaba. Sí, estaba segura que todo estaba marchando bien.

Por fortuna logré llegar a tiempo al primer día de clases, vaya, el tiempo sí que pasaba rápido si me lo preguntaban. Parece que fue hace poco cuando nos mudamos de Tomoeda cuando tenía tan solo 10 años y ahora ya casi cumplo los 16, es impresionante.

Aunque de pequeña sentía que el tiempo pasaba muy lento, ahora que estaba aquí mismo ya no podía pensar lo mismo...

—¡Buenos días a todos! —salude con entusiasmo a mis compañeros, haciendo que volteasen a verme y me saludasen de igual manera.

Pronto encontré a mi grupo de amigas y caminé animada a saludar.

—¡Chicas! ¿Cómo han estado? ¡Ya quería verlas! —dije efusiva llegando a donde estaban ellas.

—¡Sakura! Estábamos apostando si llegarías después de clases o antes —dicho esto por Chiharu las demás restantes ríen y yo solo me limito a inflar las mejillas.

—No es para tanto, llegué antes, así que ¿quién perdió? Para que pueda compartir conmigo —seguí el juego divertida.

—Yo siempre confío en ti, Sakurita —fue el turno para hablar de Tomoyo Daidouji.

—Yo debí haberlo hecho, ahora perdí una comida de la cafetería —Naoko se lamenta cerrando sus ojos, y yo sonrío por las ocurrencias de ellas.

—Las extrañaba mucho chicas, de verdad —les dije con sinceridad, ellas me sonrieron con ternura, diciéndome que ellas también.

—Oigan chicas, escuché que habrá un examen de diagnóstico, ¿será verdad? —preguntó de pronto Naoko, haciéndome sentir un pánico.

—¿Qué? Nadie nos avisó nada —respondió Chiharu.

—No creo que lo hubiese hecho, ¿de dónde lo escuchaste, Naoko? —había dicho Tomoyo.

—Del otro curso, no lo sé, tal vez solo sea un rumor...

Y para este momento ya casi me encontraba mordiéndome las uñas, porque casi no había estudiado en vacaciones, entonces quizás no me iría tan bien...

—¿Creen que contará para las calificaciones...?

Pero nadie pudo responderme porque la profesora hizo acto de presencia, callándonos a todos y poniéndonos en orden.

Y como mis amigas dijeron...

El examen diagnóstico llegó.

Y no creo que me haya ido tan bien como pensaba...

—Mañana se publicarán los resultados en la explanada de la escuela. La puntuación que saquen contará como el cinco por ciento de su calificación final —eso había dicho la profesora al terminar la clase.

Casi suelto un sollozo lastimero, estaba segura no me iría bien.

Vaya día, de haber sabido quizás hubiese estudiado un poco más, pero vamos, ¡eran vacaciones!

Gracias al cielo no contaba mucho en la calificación, pero debía ponerle más ganas si es que quería sacar una calificación decente.

—Sakurita, Sakurita, ¿cómo te fue en el examen? —preguntó Tomoyo no bien

acabando las clases. Yo lancé un suspiro cansado.

—No creo que tan bien, ¿qué tal tu, Tomoyo?

—Creo que bien, hay algunas cosas que no recordé con exactitud pero espero me haya ido algo decente

—¡Mañana estaré en lo más bajo de la lista de los cursos! —expresó con pesar.

Bien. Quizás no hasta el final, pero tampoco sería la número 1.

Nos despedimos todas, deseándonos una buena tarde e implorando que mañana no estuviese alguna de nosotras en lo más bajo de las calificaciones del examen diagnóstico.

Por lo menos la había pasado bien, quería enfocarme mucho en mis estudios y llegar a ser una doctora en un futuro. Sí, esa era mi meta.

Sonreí. El día no había sido malo, y ahora solo faltaba llegar a mi hogar y cumplir mis deberes. Sí, algo tranquilo con mi familia.

. . .

Un nuevo día llegó y mis nervios ya estaban presente apenas me había despertado.

La llegada a la escuela fue rápida y esta vez procuré llegar muy temprano. Bueno, en realidad sólo 15 minutos antes, pero para mí ya era un logro.

Los resultados aún no habían sido pegados en la explanada, así que seguía comiéndome las uñas durante las clases. Bien, no sé por qué le ponía tanta atención a ese examen.

Cuando ya lo había olvidado al pasar las horas de clases, escucho como a la salida todos comienzan a amontonarse o a gritar que ya estaban pegados los resultados de aquel examen que me traía loca.

Mis amigas y yo fuimos como todos a observar, aunque bueno, era una tarea casi imposible con todos amontonándose sin control.

Decidimos dejar que todos se disiparan, y cuando ya no hubo tantos estudiantes cerca nosotras decidimos echar un vistazo.

Bien...

Era la número 58 en la lista. No estaba al final, me decía.

Estaba a punto de retirarme, cuando la curiosidad invadió mi cabeza.

¿Quién sería el número 1?

—Veamos...

Mi dedo pasea por encima del papel, hasta llegar a la parte superior.

—Aquí está...

Li Shaoran Clase 2-B

Vista se quedó estática en aquel nombre. No podía ser verdad... ¿Ese mismo Li Shaoran? ¿Aquel niño bonito de 8 años?

En verdad que no lo podía creer, cualquier nombre me hubiese esperado, menos el de él.

¿Tan ciega había estado todo este tiempo para no habérmelo topado? ¿Él sabría mi existencia? Lo más importante, ¿me recordaría?

Vamos. Éramos 5 cursos de cada grado. ¿En verdad el destino nos había estado escondiendo?

—¿Qué ves, Sakura? —pregunta a mis espaldas Chiharu. Yo me quedo en mi posición perpleja, y ella sigue mi mirada entonces—. Ah, estás viendo que Li Shaoran está en el primer lugar, no es algo muy nuevo

—¿Lo conoces, Chiharu? —mi voz se elevó en sorpresa, y ella me mira algo sorprendida.

—No exactamente, pero tiene las mejores calificaciones del curso pasado...

—Ay dios... ¿en serio todos saben de él y yo no?

—Sakura, ¿sucede algo? —esta vez Tomoyo se acerca a nosotras, notando la situación.

—Yo... les explico luego

Salí disparada dejando seguramente confundidas a mis amigas, pero nadie me dio alcance y pude seguir mi camino.

¿Cómo olvidarlo? Ese niño de 8 años me había marcado hasta el día de hoy. Recordaba haber hecho rabietas cuando nos mudamos a Tokio por oportunidades de trabajo para papá, pensando en que Shaoran volvería y yo no estaría en el mismo lugar.

Y ahora... él estaba muy cerca mío y yo no me había dado cuenta nunca, ¿cómo es que eso era posible siquiera...?

Me dirigí a su salón de clases, corrí como jamás y llegué seguramente despeinada, con las mejillas sonrojadas y sin aliento.

Pero llegué.

Y no había absolutamente nadie... ah no, esperen, si había alguien, una chica de cabello corto y ojos azules...

—Hola... disculpa que te moleste, pero, ¿de casualidad no sabes si Shaoran Li ya se fue de la escuela? —y bien, quizás estaba sonando demasiado extraña, pero tenía que hacerlo ahora.

—Creo que está en clases de natación, en el área de deportes —ella dudosa contestó, y yo le sonreí en grande.

—¡Muchas gracias, te debo una! —dicho esto salí disparada hacia donde me había dicho, con el corazón al mil por hora y mi pulso seguramente acelerado.

¿Emocionada? Claro que sí, habían sido 8 largos años, y si aún lo recordaba era porque había sido alguien importante en mi niñez.

Eso no se olvidaba con facilidad.

Llegué al lugar de deportes, donde estaba ubicada la piscina de entrenamiento, eché un vistazo rápido no encontrándome a muchos estudiantes.

—H-hola, disculpa ¿se encontrará por aquí Li Shaoran? —pregunté con timidez a un chico que pasaba por ahí.

—¿Li? Sí, creo que estaba entrenando, no sé si esté dentro del agua todavía —agradecí mucho a aquel chico que siguió su camino luego de responder amablemente.

Me centré en la piscina entonces, esperando a que alguien saliera, y así pasó, una figura emergió del agua dejándome ver su cuerpo empapado.

Pase saliva sin querer, vaya vista me estaba regalando el destino. Vamos, era una adolescente con ojos, corazón y emociones.

Atlético. Así era como se veía aquel chico. Alto, delgado y bien proporcionado... oh dios.

Su cabello estaba tapado por aquellos gorritos de nadador y unos goggles asi que no podía ver con exactitud su rostro, por lo que a estas alturas no sabía si era o no Shaoran.

En cámara lenta vi como él retiraba sus goggles, y su vista se topaba con la mía.

La mezcla que vi en esos bellos ojos café fue indescriptible. Asombro, incredulidad y aquel tintineo de brillo que me estaba dejando sin aliento.

—¿Sakura...? —su voz apenas había sonado como un murmullo, pero que a mis oídos se escucho claro.

Avance como no creyendo la cosa, contemplándole nuevamente. Ya no era aquel niño tierno, en definitiva, ahora era un muchacho bien parecido, que irradiaba esa aura de seguridad y masculinidad...

Vaya chico...

—Shaoran... —pronunciando su nombre igual de sorprendida me vi a mí misma avanzando lento hacia él.

Y después... me emocioné demasiado que corrí y no dudé ni un segundo en envolverlo en mis brazos. Como hace mucho tiempo había querido.

—¡Eres tú, eres tú! —vitoreaba con emoción mientras él me recibía en sus brazos, apretujándome en señal de emoción.

—Sí que lo soy... te extrañé tanto —escuché que decía sobre mi cabello, pues había situado ahí su mentón.

—¿En verdad? ¡Entonces hubieras vuelto por mi, tonto! —dije separándome de él y viéndole directo a la cara. Ambos quedamos frente a frente y de verdad, lo juro que ese fue el momento en el que mi respiración comenzó a fallar.

Era muy guapo, no podía negarlo ni un poco, desde sus cejas, hasta sus pestañas, sus labios, su nariz, ¡incluso sus mejillas!

—Es verdad, soy culpable, ¿me darás un castigo? —ambos hacíamos una escena sin darnos cuenta, tan así que no nos percatamos que todos los chicos ahora nos miraban. ¡Incluso su entrenador!

Para cuando lo notamos ya era demasiado tarde. Nos avergonzamos tanto que nuestras caras se pusieron rojas, ¡casi moradas! Pero eso sí, las sonrisas de nuestros rostros jamás se apagaron. ¡Estábamos juntos otra vez!

Ni que decir. Tuvimos tiempo para darnos una pequeña actualización de nuestras vidas, lo que no y lo que sí habíamos hecho, como nos estaba yendo y qué cosas habían cambiado en estos 8 años.

También tuve que dar explicaciones a mis amigas, que no se lo creían de ninguna manera. También a mis padres les informé de la mega noticia que me hizo inmensamente feliz.

Aquella noche no pude dormir de la emoción, pensando en si era un sueño solamente o la realidad.

Al despertar al día siguiente me di cuenta que no fue así, que todo aquello estaba pasando y no pude evitar querer casi llorar.

Las cosas cambiaron, mi amistad con Shaoran fue en ascenso cada día más y lo inevitable sucedió.

Todos afirmaban que entre nosotros había más que una amistad, que la atracción que teníamos nos salía hasta de los poros. Yo por supuesto, siempre me avergonzaba y negaba la situación.

Aunque claro, hubo un momento en el que los sentimientos explotaron y nos dimos cuenta de muchas cosas.

A ciencia cierta no sé cómo pero pasó, un pequeño beso, las confesiones, las ilusiones, promesas y demás.

Shaoran y yo comenzamos a salir unos meses después de reencontrarnos, todo fue de maravilla, desde el comienzo hasta que ya no se pudo más.

Sin tantos líos y tratando de disfrutar nuestro amor y respeto mutuo, sin prisas y siempre tratando de entendernos.

La verdad que nos fue excelente, supimos llevar de lo mejor las cosas aún siendo apenas unos adolescentes. A finales del último año tuvimos la plática de adolescentes preocupados por su futuro.

¿Qué haríamos después de salir del instituto?

Gran pregunta.

—Lo he pensado y quiero llegar a ser un gran juez —Shaoran me había dicho con decisión, mientras tomábamos el almuerzo en la escuela.

—¡Qué increíble! Serás un juez infalible Shaoran —le contesté con una sonrisa, él se sonrojó un poco, pero lo disimuló comiendo más rápido—. ¿Estudiarás en la universidad de Tokio?

—Eso creo, aunque he puesto en la mira unas universidades en los Estados Unidos, aunque aún no lo sé

—¡Estados unidos! Eso es muy lejos

—Lo sé, pero solo es una posibilidad, aún nos quedan unos meses, ¿qué tal tu? ¿Ya pensaste que es lo que estudiaras?

—Estudiaré para médico cirujano, en la universidad de Tokio —contesté con convicción, esa que siempre que él veía sonreía con ternura, y que me causaba un revuelo en el estómago.

—Serás la doctora más bella, amable y la mejor de todas...

Shaoran acalló todos mis sentimientos con un tierno beso que hizo que mi corazón se acelerara y que un sonrojo se expandiera rápidamente por mi rostro. Aferró sus manos a mis mejillas acariciandome tan dulce que en cualquier momento sentía que me derretía.

—Te quiero muchísimo, Sakura —me había dicho, y aquellos ojos tan preciosos me lo gritaban siempre, sus acciones me lo corroboran a cada instante y su lenguaje lo dice y hace especial solo conmigo.

—Te quiero muchísimo más, Shaoran —ambos sonreímos como lo que éramos, unos adolescentes enamorados.

El tiempo de tomar decisiones llegó tan rápido que ni siquiera nos dimos cuenta de que en el fondo cada uno de nosotros ya habíamos decidido nuestro destino.

Shaoran se postuló para una universidad en Nueva York y yo en Tokio.

Sí, era oficial, ambos nos separaríamos en esta etapa de nuestra vida. Otra vez.

La amargura nos invadió por un tiempo, pero afrontamos las cosas como eran. Ambos platicamos demasiado antes de separarnos, jurando que si esto sucedía así era por algo, pero que las páginas de nuestro amor podían seguir escribiéndose cuando la vida así lo quisiera.

No podíamos ser egoístas y atarnos para no cumplir nuestros sueños. No.

Cada quien iba a darse ese preciado espacio para formar sus futuros, y ninguno de los dos lo impediría. Yo no le diría nada con respecto a irse a Nueva York, pero nuestra relación como lo viéramos, no funcionaría a la distancia.

Preferimos no herirnos para en un futuro no quedar mal y poder retomar esto que sentíamos cuando fuera el momento. Esa era la promesa escondida.

Pero para que no lo admitía, estaba siendo fuerte por compromiso, la verdad es que estaba herida y con una negación enorme en mi cabeza.

No quería dejarlo ir, eso era lo que pasaba, quería que siguiéramos juntos y vernos crecer cada uno todos los días. Pero no se iba a poder, al menos no en esta oportunidad.

Era la segunda sin saberlo.

Volumen 3

Los años no habían pasado en vano, ahora era una médico cirujano comenzando en el mundo de la medicina felizmente graduada.

El esfuerzo, los desvelos, los sacrificios, todo había valido la pena si me lo preguntaban.

Incluso ...

Incluso haber dejado ir a Shaoran,

Aunque ya poseía 25 años no podía dejar de pensar en él. Las estrellas me lo recordaban a montones, todos los libros que había leído llevaban sus huellas del recuerdo y todos los castaños me hacían tener unas ganas de tomar un boleto a New York e irlo a besar profundamente. Pero me contenía.

Quería respetar nuestras decisiones y que lo natural se diera entre nosotros. A veces me cuestionaba si lo que hacíamos era lo correcto, si es que realmente debíamos de buscarnos o si dejarnos ir así estaba bien...

Porque a veces no lograba contener los sentimientos que parecían frescos ante el recuerdo, y sucumbía tanto a ellos que lograban hacerme llorar en las madrugadas que solía estar de guardia.

La vida no había sido muy justa con nosotros,

De vez en cuando nos mandábamos un par de mensajes para saber cómo estábamos. Hasta ahora no podía decir que había muchas novedades, nuestros estudios nos mantenían ocupados y distantes, como algo normal. Cada quien se concentraba en lo suyo.

A veces él tomaba la iniciativa de mandar algún saludo, y a veces era yo quien comenzaba. Terminar era lo melancólico. Porque a veces nos ausentábamos meses, como ahora, que teníamos más de 5 sin saber del otro, era cuestionable nuestro modo de seguir existiendo.

Pero al fin y al cabo, sabíamos que seguíamos en este mundo.

El otoño comenzaba en Tokio, el ambiente comenzaba a ponerse más frío, más melancólico y triste para personas como nosotros.

Mis pasantías me mantenían lo suficiente ocupada como para no pensar mucho en los detalles, pero en momentos como estos en los que apenas tenía tiempo para tomar el almuerzo era que esos pensamientos invasivos venían.

—Hace un poco de frío y tú solamente con esa bata fría, te resfriarás cuando menos lo esperes —una voz a mis espaldas se escuchó, claro, aquella voz.

—Salí del hospital con algo de calor, no pensaba que estuviese así es clima y la verdad no me apetece regresar por un abrigo —contesté restándole importancia, una risilla se escuchó y la presencia a mi lado se hizo presente.

—Te ves pálida, ojerosa y demacrada, pero bonita

—Gracias Tomoyo, tus palabras siempre me hacen sentir una diosa griega

—Anímate, estás en la plena juventud, ¡ya se! —oh no, esto no me estaba gustando—. ¡Hay que salir de fiesta!

Yo sabía que el rumbo de esta conversación era peligroso, pero en fin, esa era Tomoyo cada vez que me arrastraba a sus planes de dudosa procedencia.

—Para empezar, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar en tu consultorio?

—Cuando uno es su propio jefe puede escaparse cuando quiera —un guiño de ojo y una sonrisa se hicieron presentes en su rostro y yo revire los ojos.

—Claro. Pero como yo no soy ningún jefe me tengo que ir...

—Todavía tienes tiempo, conozco tu horario e incluso tus idas al baño —maldita loca, pensé—. Nos invitaron a una pequeña boda la semana que viene, obvio irás conmigo, ya tengo pensado que te vas a poner y...

—Espera, espera, ¿qué boda? ¿Qué ropa? Claro que no iré, la semana que viene me toca mi día de descanso, estás loca si piensas que lo desperdiciaré

—Como te decía, también pensé en que maquillaje te quedaría mejor, ¡ah! Y tengo unas zapatillas que te quedarán ¡divinas!

¡Tomoyo no estaba escuchándome en absoluto!

Pero debía estar acostumbrada, ella siempre hacía lo que quería conmigo, era como mi debilidad en cierta manera, aparte que sabía sonsacarme de una forma sublime.

Bueno, no por nada era una excelente psicóloga, creo que ahora entendía varias cosas...

—En realidad no tengo ganas de salir... más bien de quedarme en casa y dormir mucho —tras decir aquello lance un bostezo para reafirmar lo dicho.

—Me mientes solamente, vamos a ir ¿bien? Y deja de pensar tanto, ¡por dios! No puedes consumirte en tu pasado, Sakura, por tu bien —su hermosa cara reflejó la seriedad de sus palabras finales. Suspire, no queriendo tocar temas profundos con ella en aquel momento.

—Entiendo, iremos ¿ok? Me avisas por un mensaje los detalles, por el momento tengo que regresar —Tomoyo me sonrió a medias, no era un secreto que estaba siendo un tanto evasiva, pero aún así me dejó ser y al final nos despedimos, prometiendo mensajearnos.

Tomoyo era una genialidad. Había emprendido su camino muy rápido, su inteligencia, audacia y ganas de sobresalir la hicieron poner su propio consultorio y hacerlo dar frutos rápidamente. Nadie podía negarlo, era buena en lo que hacía.

Era mi mejor amiga, y la amistad que había conservado desde el instituto, me apoyaba, me aconsejaba y me hacía poner los pies en la tierra cuando necesitaba.

Sus manos me sostuvieron varias veces cuando quería darme por vencida, y es por eso que le agradecía infinitamente, era mi amistad más valiosa.

Con el tiempo pude confiarle más que mis penas y preocupaciones, abrí mis candados para decirle absolutamente todo mi sentir.

Incluso como me sentía respecto a Shaoran.

Sus concejos me había servido para tomar las cosas de otra forma más madura y centrada, por eso es que a veces ponía mis límites y trataba de hacer lo correcto.

Sé que ella sólo buscaba ayudarme, distraerme del mundo un momento y sobre todo, hacerme feliz.

Pues bueno, estaba segura que el próximo sábado no me quedaría en casa a ver algunas películas y a comer hamburguesas y nieve. No.

Con lo mucho que me gustaba salir, y nótese el sarcasmo...

Pero era Tomoyo, no podía negarme.

( . . . )

En realidad no sé por qué estaba haciendo esto, dejar que Tomoyo me vistiera y maquillara a su antojo no era tan lindo como pintaba mi mente.

Parecía una muñeca y mi trasero empezaba a doler luego de 3 horas sentada en la misma posición.

—Dios santo, ¿ya casi terminas To...

—Cállate y no te muevas ¿ok? ¡Abre los ojos!

No sabía si llorar con los ojos abiertos o tragarme la picazón que me estaba naciendo en la mejilla, si me movía probablemente desataría la furia de Tomoyo, y créanme cuando les digo que es peligrosa con una plancha en su mano.

—¡Listo! ¿Lo ves? No fue para tanto —uy sí, inténtalo tú—. Has quedado ¡preciosa! Ay no, déjame tomarte una foto, bueno dos

Mi cara de fastidio lo era todo en el espejo, las ganas de ir a la boda ya estaba disminuyendo más de lo planeado.

—¿Ya terminaste? Necesito moverme de aquí antes de que me salgan llagas en el trasero

—Eres una quejumbrosa. Ya terminé, ahora iré a alistarme yo, aún no te pongas el vestido porque te conozco y no quiero que te arruines el maquillaje —salió cantarina y alegre antes de que pudiese contestarle.

Esa Tomoyo...

—¿Vestido? Por dios, hace mucho frío para mi Tomoyo, te golpearé... —murmure para mi misma, viendo aquel atuendo que aunque quizás moriría de frío estaba precioso.

Un vestido verde ajustado de la parte superior y comenzaba a soltarse en las mejor parte, era bonito, lo admitía.

Hice caso a lo que me dijo Tomoyo, no me lo puse hasta que ella llegó bien cambiada, maquillada y calzada.

Se veía espectacular, como una modelo.

—Que preciosa es mi mejor amiga —no pude evitar decir, a lo que ella llevó una mano en su mejilla e hizo una señal con su mano de que parara.

—Tú lo estás más, seguro voltearás más de un par de ojos

Aseguró ella.

Yo solo pude pensar en un par de ojos castaños. Si tan sólo los sueños se hicieran realidad entonces yo estaría felizmente casada con Shaoran Li.

Finalmente llegó el momento de hacer acto de presencia en aquella dichosa boda. Que por cierto ni siquiera sabía de quién era.

—Oye Tomoyo, ¿de quién es la boda? ¿Conoces a los novios?

—En absoluto. Un amigo me invitó y la verdad no pregunté quiénes eran los novios

Ah, qué detalle.

Esperen...

—¿Qué amigo, Tomoyo?

—Te cuento luego, ya llegamos

¡ah! Vaya manera de evadirme, era muy astuta.

El salón en donde se llevaba a cabo la celebración era majestuoso, me parecía que era una boda de lujo, puesto que todo parecía ser caro.

¿Esa era una "pequeña" boda?

—Esta bellísima la decoración ¿verdad? —me había comentado Tomoyo. Yo solo asentí embelesada, y seguimos nuestra caminata dentro del lugar. Había muchísima gente a decir verdad, gente que parecía ser extranjera si me lo preguntaban.

—Hay gente extranjera, ¿no Tomoyo?

—Parece que sí, me entró más curiosidad por saber quiénes son los novios

Tomoyo buscó entre la multitud y después de unos minutos se encontró con un joven apuesto que se presentó como Eriol Hiraguizawa. Con un cabello y ojos azules impactantes que combinaban excelente con mi mejor amiga, a decir verdad.

Mi mejor amiga entonces preguntó de quién era la boda y él muy misterioso nos llevó a donde supuestamente estarían los novios.

Pude divisar entonces un vestido de novia bastante ostentoso, pero bellísimo, a una chica de pelo rubio y ojos azules muy hermosa, parecía de nuestra edad y se veía contentísima.

—Hola Mary, ¿dónde está ese esposo tuyo? —preguntó con confianza Eriol Hiraguizawa, ella volteó y sonrió en grande.

—Esta en el baño, ¡vaya! Qué hermoso vestido, y ¡oh! Esos ojos son bellísimos mírate —había dicho de inmediato ella en cuanto puso sus ojos en mi. Me avergonzó de inmediato con aquellos comentarios.

—G-gracias. También estás bellísima, felicidades por tu boda, soy Sakura Kinomoto

—¡Muchas gracias! ¿Sabes? A mi esposo le fascina ese color, no dudó en recordarlo a él cuando lo veo

Ni bien dicho aquello una figura se hizo presente a su lado.

Alto, guapo, con esa aura magistral...

Unas náuseas se apoderaron de mí en cuanto pude reconocerlo...

Li Shaoran.

—Ya está aquí, mi esposo oficialmente Li Shaoran

Sentí un bajón en mi presión y no dudé en huir de ahí lo más rápido posible a los baños.

Ni siquiera sé cómo los encontré o cómo me pude haber visto ante ellos. Esto era un asco.

Vomité un par de veces y me sentí la cosa más desdichada del mundo.

Por dios, el destino era grandioso al ponerme en esta situación. Lo había planeado todo para que Shaoran y yo nos viésemos justo en el momento para aplastar todas mis ilusiones.

Me recargué en el lavamanos, tomando un respiro de la situación, no me quería permitir llorar, así que enjuague con cuidado mi boca y mi cabello, y cuando me sentí lo suficientemente fuerte salí de mi escondite.

—Sakura...

Esa voz. Sí, era él.

—Shaoran —le mire de frente, estaba guapísimo con aquel traje formal. Su cabello peinado hacia atrás y aquel porte imponente me hacían querer admirarle por horas—. Muchas felicidades de verdad, en realidad no sabía que era tu boda ¿sabes? Yo... hubiese traído un gran, gran regalo... yo...

Sentí el abrazo del que yo consideraba al amor de mi vida de inmediato, fuerte y duro, su nariz aspiró de mi cabello y yo sentí que en cualquier momento trastabillaría en sus brazos.

Lo necesitaba, era eso, necesitaba ese abrazo sin palabras, sólo él y yo. Dios sabía cuánto estaba sufriendo, pero no podía hacer nada, así era la vida.

—Tengo tanto que explicar, juro que hay una explicación —murmuró él sobre mi cabeza.

Justo en ese momento, reaccioné y pude separarme con toda la fuerza de voluntad de él. No sé en qué momento mis lágrimas habían brotado y quizás mi maquillaje ya se había arruinado, pero ahí estaba, poniendo los pies sobre la tierra.

—No necesitas darme explicaciones Shaoran, de verdad, no las necesito. Estoy feliz por ti, eso es todo, y disculpa mi comportamiento de hace poco, es que... me sorprendí de verte siendo el novio —ante esto, reí nerviosa, pero proseguí—. Han sido meses sin saber de ti, ahora entiendo el por qué, ¡oye pero al menos me hubieses invitado! —le codeó juguetonamente, aligerando el ambiente, pero el rostro de Shaoran aún estaba tenso. Yo lo noté, y traté de sonreír lo más que pude, lo juro, le froté su brazo izquierdo con cariño, dándole confort y ánimo. Eso que le faltaba.

—Lo siento, en verdad —su voz lastimera me dolió en lo más profundo, pero seguí sonriendo.

—Disfruta que hoy es tu boda y no te concentres en otra cosa, prométemelo ¿si? —había dicho con aquella máscara de felicidad inexistente.

Asintió nada convencido, pero lo ignoré completamente.

Le di un último abrazo que me supo amargo. Quería llorarle, pero no pude.

¿Qué hice? Irme de ahí, obviamente. Aunque era una mujer fuerte no podía con tantas cosas a la vez, suficiente con haber creado otra cara improvisada al ver a Shaoran así, como todo un hombre casado.

Y no conmigo.

Bien. Esta era la tercera oportunidad después de casi 8 años. Pero en esta tampoco se pudo.

Las oportunidades se estaban yendo, y así, la vida también.

Que te vaya bien en la vida, matrimonio, trabajo y que estés bien de salud, mi querido Shaoran.

Volumen 4

El invierno llegó a Tokio y era hermoso como las calles se llenaban de nieve por las noches, aunque tener que lidiar con el intenso frío al descongelarse está por la mañana no era tan agradable.

Así era en aquel momento, un intenso frío se colaba por mi chamarra cuando iba de regreso a casa luego de terminar mi turno de noche en el hospital.

Tenía demasiado sueño y el autobús no pasaba aún por ese rumbo. Maldición, debí haber comprado un coche años atrás, así no estaría esperando ahora en este lugar con la nariz congelada y las manos entumecidas.

Pero bueno, al menos ya había metido algunos papeles para poder sacar uno de agencia, si todo marchaba bien quizás en una semana podría dejar de sufrir por esto y viajar en un clima agradable mientras conduzco.

Suerte que Tomoyo me había obligado a sacar licencia de conducir.

El autobús llegó por fin, y pude llegar a casa sin muchas complicaciones, estando ya en mi lugar seguro desayuné algo ligero, me di un baño y me dispuse a dormir un poco. Mi turno comenzaba a las 3p.m así que tenía algo de tiempo libre.

Pero lo utilice para descansar de manera decente, en mi cama y con ropa cómoda.

Desperté a las 12 del mediodía. Salí a correr un poco para no tener una vida tan sedentaria fuera del trabajo, regresé a casa, preparé la comida y cuando me di cuenta ya sólo faltaba poco tiempo para entrar al hospital nuevamente.

Me aliste bien para estar presentable y llegué a tiempo. Se me había quitado un tanto lo impuntual, pero mi alma pedía a gritos que a veces llegara impuntual, cualidad premium de Sakura Kinomoto.

Y llegando, ya había un caos en la recepción, vi a un hombre gritar por ayuda y a otro tratando de tranquilizarlo. Oh dios.

¿Li Shaoran? Y...

¿Una nariz rota?

( . . . )

Yo no debería estar atendiendo a Shaoran en este momento, es en serio, pero al no haber otra víctima a la cual joder pensaron que yo sería la correcta para hacerlo.

—¡Auch! Eso duele, Sakura —sus palabras con dolor me hicieron sonreír. No era mi culpa.

—Tranquilo, sólo será un momento, ¿ves? Ya quedó —

—debería decir que tienes manos de ángel, pero parece lo contrario

—Cuida esa boca o podría estar como tu nariz ah

—¿Desde cuándo te volviste tan agresiva?

—¡Para nada! Solo quizás me tomaste en un mal momento —dije mientras recogía mis instrumentos de tortura—. ¿Quién te hizo esto?

—Es algo difícil de explicar... digamos que mi ex esposa perdió la cabeza

—¿Qué? ¿Ex esposa?

—Le pedí el divorcio, y esto pasó —dijo señalando su nariz. Ah, ahora entendía.

—¿Entonces quedaron en malos términos? —yo y mi curiosidad.

—Es un hecho. Pero era lo mejor, desde un inicio siempre se hizo lo que ella quería, pero ahora que tengo más poder puedo hacer lo que quiera, y lo primero era librarme de ella

—Suena a como si ella fuera un monstruo, ¿está bien que hables así de ella? —suelta una risilla, que me confunde totalmente.

—Las cosas no son como parecen a veces, pero tienes razón, no debería hablar así de ella, siempre con respeto a pesar de todo, ¿no, Sakura? —nos vemos y ambos sonreímos. Sí, aún recordaba que nuestra regla primordial era el respeto.

Y es que verlo aquí, sentado, siendo curado por mí era irreal, jamás pensé que luego de 2 años pudiésemos encontrarnos justo en esta situación, pero vamos, siempre lo hacíamos de esta manera, algo turbio nos tenía que rodear sí o sí.

—Oye Shaoran, estoy muy cómoda hablando contigo, pero me tengo que ir, el trabajo me llama

—Claro que sí, doctora. ¿Aún tienes tu antiguo número? —preguntó.

—Así es, juntémonos un día —ok, eso había soñado algo atrevido, esperando que Shaoran no lo hubiese malentendido, sonreí y me largué de ahí con el calor subiendo por mis mejillas.

Estos sentimientos estúpidos adolescentes estaban volviendo...

Suspire. Verlo de nuevo me hacía desenterrar los sentimientos que había guardado al fondo de mi corazón, y lo odiaba. Vamos, era un recién divorciado, no podía pensar en eso ahora.

Con el estrés subiendo me dirigí a mi consultorio.

En un par de semanas tenía una cirugía bastante importante y tenía que estar concentrada. Sí, nada de Shaoran, ni romances adolescentes ni sentimientos absurdos, nada, sólo mi trabajo y sólo eso.

—¡Aah! Que estrés , ¿por qué tenías que aparecer ahora, Li Shaoran?

( . . . )

Shaoran y yo estuvimos platicando por textos más de una o dos ocasiones. A veces él demoraba un par de días en contestar, y a veces era yo la que tardaba. Era un juego interesante de expectativa, a veces veía cuando mi celular se encendía y mi corazón latía cien veces en espera de ver ese nombre.

No podía engañar a mi mente y a mi corazón sólo porque formaban parte de mí, yo aún no podía olvidar a Shaoran. Era verdad que me había alejado de su vida y de todo lo relacionado a él, no quise hostigar el matrimonio que tenía ni ser una causa para malos entendidos, me retiré con honor y supe perder lo que no fue mío.

Pero ahora que estaba aquí, ¿a quién le mentía? Los sentimientos sólo había evolucionado y no podía evitar hacerme ilusiones con él. Pero estaba muy mal de la cabeza, él apenas se había divorciado, sea como sea ¿no debía respetar yo su tiempo? Quizás él ya no estuviera interesado en ninguna relación nunca. O quizás aún seguía enamorado de su ex. O muchas cosas más.

Debía sentarme a mí misma.

—Doctora... creo que tiene una visita —me había informado una de las enfermeras, yo fruncí mi ceño, no tenía ninguna cita programada para este horario.

—Sin cita no pueden pasar, lo siento

—Es que...

—No sabía que me ibas a rechazar tan pronto, Sakura —bien, escuchar la voz de Shaoran no me lo esperaba en absoluto, por eso cuando lo vi, mi corazón dio un vuelco tremendo y me levanté como un chiquilla de mi asiento, sonrojada.

—A-ah, puedes irte Mina, muchas gracias por avisarme... —nervios, esos que tenía al decir aquello, Shaoran pasó como si nada y tomó asiento en una silla frente a mi escritorio.

Portaba un traje elegante que estaba segura era echó a su medida, y se veía tremendamente bien.

—¿Qué haces aquí? Pensé que estabas muy ocupado —comencé a decir.

—Es aburrido mandarnos mensajes y contestar a destiempo, no se puede crear una buena plática, por eso vine hasta aquí —comentó él con simpleza, echándole un ojo sin pena a todo mi lugar de trabajo—. Bonito lugar, todo tan ordenado

Sonreí un poco, quizás esperaba un desorden puesto que de adolescente era así... un tanto despistada y desordenada.

—Bueno, no te esperaba siendo honesta, pero ya que estás aquí, ¿quieres un café? —sugerí levantándome de nuevo de mi silla y comenzando a tomar mi bolso.

—¿No estás ocupada acaso?

—Estoy libre por un par de horas, así que eso debe ser suficiente para tener una buena plática ¿no crees? —asintió a mis palabras, sonriendo—. Conozco un buen lugar para tomar café y conversar —dije animada, mientras salía del lugar y Shaoran me seguía detrás.

—¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí? —preguntó de pronto.

—Desde que hice mis prácticas estoy aquí, así que sí, tengo muchos años ya, ¿tú qué tal? ¿Hace cuanto te mudaste otra vez a Tokio?

—Me casé aquí y regresé a New York por Mary, después pedí que me transfirieran al tribunal de Tokio hace un par de meses y aquí me ves —se señaló a sí mismo y se sonrió. Me pareció tan guapo en ese momento.

—¿Y todo va bien con tu trabajo? –indagó más.

—Demasiado bien para ser honesto

—¡qué bien! Después quizás te vea en la política ¿o no?

—No creo que sea mi rumbo si me lo preguntas, estuve rodeado de gente que está en esa rama y me dejaron un mal sabor de boca —aquella confesión me dejó con duda, igual estábamos para ponernos al día, así que no me quedé con ella.

—¿Por cosas de tu trabajo conociste a esa gente?

—No. Fue por Mary, su padre es un ex ministro del extranjero... —mi sorpresa fue evidente y él lo notó, así que sonrió—. Nunca quise estar casado con ella, pero ya sabes, a veces las influencias mueven muchas cosas, hasta personas

Y más sorpresa se reflejó en mi, sorpresa y un poco de enojo.

—¿Qué dices? ¿Tu matrimonio no fue una decisión de los dos?

¿Qué era todo esto? ¿Por qué de pronto sentía una gran opresión en el pecho?

—Si lo dices así suena turbio... pero es la verdad

Ay no...

Mil veces no.

Ahora entendía muchas cosas, el por qué él nunca me comentó nada, ni por qué no me invitó a su "feliz" boda, y por qué se veía tan desesperado por darme una explicación aquel día...

—¿Entonces tú nunca quisiste...?

—¿Casarme con Mary? —completó él, y yo sentí en automático—. No, no quise, por eso cuando tuve oportunidad por ciertos temas que no beneficiaban a mi ex suegro me sentí seguro para pedirle el divorcio, si lo hubiese hecho antes creo que no estuviera aquí contándote estas cosas —soltó una pequeña risa que se sentía amarga..

No lo había pensado siquiera un segundo de esa manera.

Me sentía mal ahora al saber toda esta información, tanto tiempo creyendo una historia que no era, y lo peor, todo lo había vivido solo sin poder decirle la verdad a nadie...

—Por eso ahora hago las cosas que quiero, ya no quiero prohibirme cosas y perder el tiempo

Sus ojos encontraron los míos al decir aquello, y pude sentir como mi cabeza pesaba por un sentimiento extraño. Una corriente pasó por mis brazos haciéndome sentir escalofríos, pero lo ignoré y seguí caminando junto a él, sin decir nada.

Sabía lo que sentía, sabía que sus palabras podían tener un trasfondo, pero vamos, también podía estar equivocada y pasar una vergüenza del tamaño del universo.

Así que llevamos las cosas tranquilas, bueno, a quien le mentía, yo misma las llevé con tranquilidad, en una semana las cosas cambiaron demasiado entre nosotros, él me visitaba casi a diario y salir a almorzar o comer se estaba volviendo una costumbre, una a la que me adaptaba con rapidez.

Parecía como si él y yo jamás nos hubiésemos separado o siquiera que el tiempo haya pasado entre nosotros. Seguíamos igual, y la confianza era exactamente la misma, nos agarrábamos de todo aquello sin que nos diéramos cuenta.

Así que el tiempo pasó, 2 semanas para ser exactos, yo tenía una operación esa tarde, así que le dije que posiblemente no contestaría por muchas horas. Shaoran me había dicho que iría a buscarme al hospital, pero le dije que no era necesario.

Había tenido ya varias operaciones a mi cargo en aquellos años. Mi experiencia era la suficiente para que me diesen aquellas responsabilidades, aparte que la tasa de cirujanos era baja en aquella zona.

El caso era de una mujer de 33 años, que sería sometida a una cirugía complicada.

Me había preparado leyendo todo su amplio expediente, me encontraba algo nerviosa, pues era algo peligrosa.

No obstante confiaba en mis habilidades, no por nada tenía años preparándome para todo esto. Así que encomendándome a un dios entré a quirófano.

Todo iba marchando bien al principio, pero poco después fue empeorando la paciente. Comenzó a perder sangre y pulso se descontroló.

Para estas alturas yo ya sudaba demasiado frío pensando en si esta paciente se iría en mi manos...

Y así fue. Un par de horas después, la verdad no sé con exactitud, yo me encontraba aún pasmada sentada en una pequeña banca. Con mi traje esterilizado, mi cubrebocas hacía abajo y mis guantes con sangre aún,

No quería que nadie se acercara a mí ni un poco, me sentía perdida y con dudas en mi cabeza,

Sentía que en cualquier momento me volvería loca, pero no podía expresar absolutamente nada, parecía estar en shock.

El resto del día pasó como en cámara rápida para mí y sin mucha lucidez. Hablaba, pero no entendía lo que decía, escuchaba pero no recordaba y caminaba pero no sentía que avanzaba. Quizás alguien debía haberme dado un concejo sobre si una situación como esa llegase a pasar en mi carrera médica...

Quizás me lo estaba tomando muy a pecho... pero no, era una vida... una vida humana que se había ido en mis manos... una familia que sufría por mi culpa...

Cubrí mi cara, y me permití llorar y sollozar todo lo que pude. Me tranquilizaba por momentos, rebobinaba y otra vez el llanto se hacía presente.

¿Cómo superar esta nueva experiencia? ¿Cómo?

La respuesta no llegó muy tarde. Shaoran consiguió mi domicilio y llegó a rescatar a mi alma en pena.

—No es tu culpa, ¿me entiendes? No lo es...

Las palabras que necesitaba me las dijera alguien se hicieron presentes de la boca de Shaoran.

El gran abrazo que me dio ese día fue lo que necesitó mi corazón para estar un poco más tranquilo y en compañía.

—Ella murió... murió en mi manos, ella... —sin poder evitarlo lloré en su pecho y me aferré tan fuerte a su saco que mis manos se pusieron rojas.

—Son cosas que iban a pasar...

—No estaba preparada para esto, Shaoran...

Mi voz tembló en todo momento, manifestando mi dolor y amargura.

—¿Quién lo estaría? Tan solo reaccionas como un ser humano con sentimientos, no importa que llores, grites, te lamentes o te sientas culpable, te sostendré en mis brazos y trataré de ser tu apoyo, así que desahógate conmigo

Me sentía miserable en la vida, con este episodio tan difícil.

Pero tenía a Shaoran a mi lado, así que poco a poco me demostró que él no mentía cuando dijo que me apoyaría y se quedaría a mi lado. Las cosas se dieron de forma natural, como si tuviesen que pasar.

Ambos hacíamos tiempo en nuestras apretadas agendas, y sino, buscábamos la manera de comunicarnos.

Ahora todo era más maduro, y nuestros modos de ver la vida eran diferentes, pero aún teníamos nuestro toque, ese que era medio inocente y dulce.

Estábamos en la etapa donde todo era como miel, como si todo comenzara de nuevo, el conocernos de verdad.

Por fin sentía que podíamos darnos esa oportunidad que nos merecíamos, ahora lo veía claro. Él y yo sí estábamos destinados... a estar juntos.

( . . . )

La nieve que se había acumulado ya en Tokio se veía preciosa, el ambiente era gélido pero nos regalaba una vista fenomenal.

Aquel día era el definitivo. Me había decidido a cambiar el rumbo de mi destino y finalmente gritar a todo pulmón que yo amaba a Li Shaoran, decírselo especialmente a él, que conociera que a pesar de todo el tiempo y de todo lo vivido yo aún tenía sentimientos por él.

¿Para qué perder tiempo? Me decía constantemente. ¿Por qué? Si las cosas se darían o no ya era momento de saber, ¡tantos años! Dios. Ya éramos unos adultos y ¿no era una señal que la vida nos reuniese a pesar de los años? Claro, en algunas ocasiones no fue lo mejor, pero algo me decía que esta era la buena.

Pensar en ello me ponía feliz y hacía que un nudo en el estómago se me formase de la emoción. Shaoran me había demostrado que yo le interesaba y que nuestro cariño y respeto había evolucionado de una manera muy hermosa.

—Vamos a un lugar especial, te tengo una sorpresa —había dicho él con ese tono grave de voz que me encantaba.

—¿Ah si? No me hubieses dicho, sabes que soy una curiosa de primera —ambos reímos en nuestra burbuja, ambos embelesados el uno por el otro.

Dios. Tenía demasiadas expectativas que ahora nadie me podía quitar de la cabeza.

Shaoran pasaría por mí a las 6 de la tarde, ya solo faltaban 15 minutos para que se diera esa hora, estaba casi lista con un abrigo blanco precioso. Ya estaba con el maquillaje listísimo, peinado, ropa y ahora sí, estaba más que preparada antes de tiempo...

—Ay no, me falta el labial... ¿dónde lo habré dejado? —murmure para mi misma mientras rebuscaba en mi tocador... pero nada.

Ah... ahora recuerdo que lo había utilizado hace unos días... creo que estaba en mi auto, sí, sí, porque por fin había adquirido uno que se adaptaba a lo que quería, la verdad es que sí me servía demasiado, con la calefacción estaba más que feliz.

Tome las llaves para abrirlo y salí con el frío calándome por el cambio de temperatura.

—Ay que frío hace...—susurró encaminándome al auto, quitó la alarma para que pueda abrirlo y cuando llego me adentró a él—. Veamos... dónde, dónde... ¡aquí está!

Lo tomó victoriosa y salgo del auto con rapidez, pero ya estando fuera una figura parece estarme esperando. Caray, Shaoran y su puntualidad.

—¿Usted es Sakura Kinomoto? —me pregunta alguien, que en definitiva no es Shaoran.

—Disculpe... ¿quién es usted? —ni bien había terminado de decir aquello y aquel hombre ya estaba cerca de mí... muy cerca que no pude predecir sus siguientes acciones.

¿Cómo hacerlo? ¿Cómo?

Una. No. Dos. Tampoco. Tres. Sí, tres puñaladas rápidas a mi estómago.

El aire me abandonó por el dolor de inmediato y mi acto reflejo fue llevarme las manos a mi abdomen y apretar fuerte. Oh Dios, ¿qué estaba pasando?

—Muere desangrada como mi esposa, maldita doctora de mierda... —no entendía lo que pasaba realmente, ¿qué había dicho aquel hombre? ¿Por qué me lo decía a mí?

Su mirada a través de la luz reflejaban el odio, el odio dirigido a mí y en su pequeña sonrisa de lado la satisfacción de verme en esta situación.

Ahora lo entendía, era el esposo de la paciente que había fallecido en mis manos...

Creo que lograba entender su enojo y rencor contra mi. Su odio inmensurable, lo entendía... Dios, ¿un karma para mí tan rápido? Yo era culpable, lo era. Pero también había entendido que era parte de mi vocación y que había hecho todo lo humanamente posible para rescatar aquella vida. Así que... también era injusto conmigo.

El hombre salió de ahí tan rápido como llegó, dejándome ahí, resbalándome por mi auto, tratando de controlar aquella sangre que brotaba de mí sin cesar.

Maldición.

Esto no podía ser verdad, ¡no!

—Dios... no quiero... No quiero morir

Mis lágrimas se resbalaron sin que yo les diese permiso alguno, el dolor era insoportable en aquella área, pero mi alma estaba más que adolorida.

Que irónica era la vida. Querer vivir con fervor y no poder hacerlo por causas más fuerte que nosotros.

Hoy sería el día que marcaría un antes y un después en mi vida junto a Shaoran... ¿y ahora?

No creía sobrevivir a esto... era demasiado.

Intenté calmar mi respiración, mi saco blanco estaba empapado, me estaba desangrando, tal como lo había dicho aquel hombre. No resistiría mucho, no, no lo haría.

Mis ojos ya comenzaban a pesar, mis fuerzas se estaban reduciendo y mi pensar se veía nublado.

No quería cerrar los ojos. No debía...

—¡Sakura! ¡Dios, Sakura! ¡Sakura no cierres los ojos!

La voz a la lejanía me hizo abrir los ojos lentamente. Ahí estaba, sí, el amor de mi vida, con aquello ojos llenos de lágrimas y su tierna nariz pintada de rosa.

Que precioso era él. Que feliz me hacía.

—Te... ves... mejor con una... sonrisa —le dije así como alguna vez él me consoló con aquellas palabras.

Mi voz se escucho extraña, sentía como tomaba mi mano con fuerza y apretaba mi abdomen con desesperación.

—No te esfuerces, tranquila, ya vienen a auxiliarnos, tranquila, tranquila...

Sé que se estaba volviendo loco, yo también estaría igual, o quizás peor. Pero me pedía demasiado...

—Te amo,... Shaoran

—También te amo, Sakura, así que no me dejes, ¿si? No lo hagas. Tenemos una historia que escribir aún... —de pronto sus besos invadían todo mi rostro y pude sonreír un poco.

Nos amábamos. Pero... esta tampoco era nuestra oportunidad.

Porque...

Yo dejé de verlo.

Deje de escucharlo.

Deje de pensar.

De respirar...

Caí en aquel sueño del que jamás despertaría. Nunca. Me fui molesta con la vida por arrebatarme otra oportunidad. No había sido justa conmigo, eso era lo que creía yo. No me había dado lo suficiente para luchar. Pero ya era demasiado tarde.

En otra vida

Escribimos un felices para siempre

Pero en esta sólo me tocó perderte

Y esperar...

Que de algún modo...

Me recuerdes.


N/A: alo alo! Qué tal? Como les va?

Este one-shot es muy especial para mí, y quiero compartirles con mucho cariño esta historia:)

Está inspirado en la canción "En otra vida" versión LuceroftEmmanuel, es una canción bellísima que me trae una nostalgia tremenda;) honestamente el escribir romances no se me da muy bien, así que de la única forma en la que lo utilizo es para el drama y la tragedia;(xd

Espero lograr mi cometido y dejarles un sabor medio agridulce… ;)

Díganme que les pareció, yo me despido prometiendo leernos pronto!;)