Resumen: Kaede Rukawa y Hanamichi Sakuragi deciden ceder a sus deseos después de un duelo de práctica y dejar a un lado el orgullo al menos una vez.
Nota: Presencia de contenido +18. Advertidos están, muchachines.
Debían hacerlo, ¡y rápido!
El resto de los muchachos no tardarían en llegar y no podían permitirse el sufrimiento que estaban sintiendo por mucho tiempo más. Hubiera sido fácil para ellos deshacerse de la erección autocomplaciéndose, pero francamente esa idea no tenía nada de divertido.
Hacerlo en los vestidores era muy arriesgado, pues cualquiera podría entrar en cualquier momento y dar con ellos tan solo abriendo la puerta de golpe, por lo que creyeron que el baño era un escenario mucho más seguro.
A Rukawa le encantaban esos juegos. Hacer enojar a Hanamichi era uno de sus pasatiempos preferidos y el castigarlo por sus malos tratos hacia él era siempre placentero.
Sabía que a Hanamichi le avergonzaba admitir para sí mismo que de vez en cuando se sentía atraído por los muchachos, y tomando ventaja de eso, lo haría sufrir un poquito mientras tomaba control suyo de cuerpo y mente.
Se encerraron en una de las habitaciones de los baños; sus cuerpos robustos apenas les permitían tener espacio para respirar cómodamente. Rukawa besaba desesperadamente al pelirrojo, al inicio comenzó con un tacto suave que se transformó en mera rebeldía genuina. Era rudo, como un animal salvaje marcando su territorio. Hanamichi gemía entre el placer y la pena.
Se habían emocionado demasiado durante su partido de prácticas, en el que, por alguna razón, los golpes terminaron en caricias. El labio partido de Hanamichi fue recompensado por suaves besos y el sangrado de la nariz fue calmado por las caricias en partes que ni siquiera él mismo tocaba muy seguido.
Hanamichi estaba contra la pared siendo empujado de forma tosca por su compañero, obligándolo a mantener su cuerpo debajo suyo. A Kaede Rukawa le encantaba sentirse dominante, fuerte, superior al otro..., y a Hanamichi, aunque no lo admitiera, le gustaba sentirse bajo el cuidado del otro, pese a su trato bruto. Por ello, se dejó tocar y satisfacer de todas las maneras posibles.
Rukawa ni siquiera pensaba en ser amable. Tan solo le importaba ver al otro con el cuerpo caliente, el rostro color carmín y los ojos llenos de lágrimas a causa de la satisfacción provocada. Y para seguir logrando aquello, se olvidó rápidamente de los besos de chiquillo enamorado y metió con brusquedad la mano entre la ropa interior de Hanamichi, tomando entre su mano dominante aquel miembro que pedía ser atendido. Lo apretó con fuerza y el vaivén comenzó a hacerse lentamente hasta que el ritmo cambió con rapidez.
Hanamichi gemía y temblaba, producto del dolor mezclado con el placer. Sudaba a mares. Los idiotas no se tomaron la molestia de tan siquiera limpiarse el sudor luego del partido de uno contra uno. Sin embargo, a Rukawa eso no le importó, pues el calor de su cuerpo y el aroma de su piel ejercitada le despertaban las ganas de tomarlo de una vez.
Agitó su mano con rapidez y precisión; quería que el muchacho terminara de una vez, pero Hanamichi tenía ese orgullo tan terrible que le permitió aguantar más de lo que ya había hecho anteriormente. Habían pasado poco más de cinco minutos y Hanamichi todavía no se vaciaba. Rukawa con molestia apretó más su miembro, robándole un suspiro al pelirrojo en la acción, sin embargo, más allá de ayudarle a sentir alguna clase de satisfacción que lo llevara al punto dulce que deseaba proporcionarle, lo lastimaba. Era su forma de castigarlo por todas las molestias que le había causado desde que se había unido al equipo.
Pese a ello, el chico se dejó llevar por su tacto y no se quejó. Ya le mostraría a Rukawa que él no lo mandaba y que podía controlar su cuerpo tanto como lo hacía en la cancha.
—¿Lo ves, Rukawa? —dijo entre jadeos—. Jamás vas a tener... el control de nada.
—Ni siquiera he empezado, estúpido.
—¿Y qué estás haciendo ahora? —Hablaba intentando provocarle sin importar que el otro lo tuviera a su merced—. No eres bueno en nada de lo que haces... ¿Quieres hacer que termine entre tus manos? Estás jodido.
Rukawa lo tomó del cabello y le dio un tirón hacia atrás que le hizo erguirse. El acto le tomó por sorpresa.
—Es el calentamiento. Espero que estés preparado para lo que sigue. Sin llorar —advirtió.
Hanamichi soltó una risa a modo de mofa, pero el otro no le dio tiempo ni de soltar palabra porque aún con su sexo entre sus dedos ejerció una fricción tan precisa que le provocó espasmos de placer. Soltó un suspiro y como respuesta el chico de cabellos oscuros le dio otro tirón de cabello.
—¿No lo hago bien? —le preguntó con mirada penetrante.
—Maldito zorro...
—Mírame y dime que te lo estoy haciendo bien —ordenó.
Pero Hanamichi estaba tan confundido entre dejarse llevar por la satisfacción del momento o su tonto orgullo, que terminó por no hacer ninguna de las dos. Cerró sus ojos con fuerza al sentir el brusco tacto de Rukawa en su miembro que solo se volvía más rápido y más fuerte.
—¡Ah..! Maldita sea... —Se quejó. Decir "tú ganas" desde mucho antes habría traído algo de paz para su trémulo cuerpo, pero en su lugar prefirió seguir sin admitir las acciones placenteras del otro y se calló. Luchó por aparentar la satisfacción que sintió cuando eyaculó, humedeciendo la pálida mano de su compañero.
Rukawa le soltó el cabello y con su mano libre le bajó el short hasta las rodillas, dejándolo expuesto. Con la otra mano seguía proporcionándole un masaje que acabara por dejarlo seco como lo deseaba. La tasa del retrete estaba salpicada con el líquido blanco que en unos minutos ya limpiarían.
Aunque Hanamichi Sakuragi pensara genuinamente «eso se sintió bien» no pensaba admitirlo jamás.
Suspiró con pesadez al sentir que su cuerpo volvía a ablandarse mientras el dolor se iba y la sensación agradable se quedó consigo.
Aunque el pálido joven no esperó a que el pelirrojo tomara un respiro. Sin pensárselo mucho se bajó su propio short y de entre sus ropas dejó asomar a su miembro ya bien despierto, listo para hacerse campo entre los glúteos del otro.
No le permitió asimilar la situación cuando con un movimiento agresivo le tomó de la cintura y lo inclinó hacia adelante haciendo que recargara pecho y codos contra la pared, mientras mantenía la cadera bien levantada. Sabía lo que seguía.
No obstante, a Rukawa le gustaba jugar. Y de verdad que le gustaba jugar. Sobre todo cuando era con su rival.
Se tomó las cosas con calma por un momento y se masajeó contra el cuerpo del otro. Pasó su miembro por sus glúteos aún sin la intención de abrirse paso entre éstos. Tan solo disfrutó de la sensación piel con piel. Y dicha acción le robó suspiros que también pudo escuchar en el otro. El cuerpo de ambos temblaba a causa del ejercicio previo y la excitación presente. Siguió con la fricción de esa manera hasta que pudo sentir que su cuerpo estuvo lo suficientemente caliente como para ir un poquito más allá de lo que tenía planeado. Tomó un par de segundos para acariciar el cuerpo del otro y volver a acariciar su miembro que increíblemente volvía a despertar.
Rukawa ya había comenzado a humedecerse, él mismo lo sentía, cosa que le hizo sonreír de manera fugaz. Tener al otro bajo su mando era tan satisfactorio y quería permitirse hacer que el acto durase tanto como lo deseaba. Para eso volvió a acariciar al otro en su parte baja, no se rendiría con esa tarea, y entonces tomó su propio miembro que ya había comenzado a soltar su líquido preseminal, listo para consumar el acto tan deseado, y lo posicionó en el cuerpo del otro, preparado para introducirse. Un pequeño empujón bastaba para que ambos cuerpos se unieran en uno solo.
No obstante, Rukawa no se movió.
Se quedó quieto como piedra y el pelirrojo se giró para verle de reojo con el ceño fruncido y la cara coloradísima.
—¿Qué pasa?
—No debería —dijo con ese tono de voz tan extraño que era una combinación entre voz dormilona con excitación adolescente.
—¿Q-Qué diablos dices?
Rukawa se palpó los bolsillos, pero no encontró lo que buscaba.
—No tengo un condón. No quiero estar dentro de ti sin uno.
—¿¡Qué!? —gritó con furia. Era difícil saber si su rostro estaba rojo por el enojo o el placer que seguía sin desaparecer del todo, pues Rukawa no dejaba de acariciarlo—. ¿¡Quieres decir que hiciste todo esto para nada?!
—Hicimos esto porque a ambos nos pareció una idea emocionante, imbécil. No solo me embarques a mí.
—¡Pff! Canalla, igual que siempre...
—Pero si quieres... —dijo encogiéndose de hombros— ...lo hacemos sin nada. No vas a quedar embarazado de todas formas.
Hanamichi lo vio con una expresión de no creerse lo que oía. Más allá de la estupidez del chico se asombró de su propia majadería, porque por supuesto que iba a aceptar.
—Apresúrate y hazlo, zorro... —dijo dándose la vuelta para no seguir viendo su odioso rostro—. Y que sea pronto porque seguro que dolerá. Nada de lo que haces lo haces bien —repitió.
Rukawa soltó una risita y sacó de quicio al otro, pero poco le importó. Tomando uno o dos minutos para volver a avivar la pasión de antes, le sacó la camiseta y le tentó los pezones tan solo para ver cómo se retorcía. Sentir el cuerpo del moreno contorsionarse debajo suyo lo emocionaba en demasía.
Lo sujetó fuertemente de las caderas y se abrió paso entre su cuerpo. Estaba dispuesto a mover un poco su cintura para introducirse de a poco. Hanamichi temblaba y suspiraba con emoción, deseaba ser llenado pronto, tanto como Rukawa deseaba hacerlo suyo ya. El tacto sería suave, eso seguro. Ambos estaban bien preparados.
El dominante tomó al otro de los hombros y lo presionó hacia abajo haciendo que quedara en una posición más sugerente y mucho más cómoda.
Justo en el segundo en que Rukawa iba a dar ese pequeño empujón que provocaría un mar de placer, algo inesperado sucedió.
El sonido del agua vertiéndose en el lavabo. Alguien estaba en el baño con ellos.
«¿¡Tan rápido llegaron!?»
Sin duda era inusual. Debería llegar al menos dentro de 40 minutos como era costumbre.
A Rukawa le dio igual y metió apenas la punta de su miembro en el chico.
Hanamichi soltó un gritito a causa de la inesperada acción. El otro le cubrió la boca con fuerza mientras le indicó silencio haciendo un ademán con el dedo índice.
Alguien se estaba lavando las manos, quizá la cara; el sonido del agua les permitió disimular el eco de sus voces.
—¿Acaso quieres que te vean así, tarado? —le susurró al oído.
—Sácalo.
—¿Por qué debería?
—¿¡No ves que estamos en un problema!? Vámonos de aquí... ¡Ugh!
Rukawa le dio otro tirón de pelo.
—Quieres esto de mí, ¿cierto?
—Oye...
—¿Por qué desperdiciar la oportunidad? —Se acercó a su rostro—. Voy a tomarte.
—Te partiré la cara.
El sonido del agua se detuvo. Rukawa salió del cuerpo del pelirrojo y le dio un tirón en cierta zona sensible.
—¡A-Ah!
Semejante gemido captó la atención de Kogure.
—¿Hay alguien ahí? —preguntó el sorprendido chico, estando acostumbrado a ser siempre el primer miembro que llegaba a las prácticas de baloncesto.
Kaede Rukawa y Hanamichi Sakuragi se quedaron quietos, en silencio.
—¿Hola? —repitió el chico.
Estaba pensando en aproximarse. Si algún tipo de acosador como Tatsuhiko Aota se encontraba escondido en los baños de los muchachos esperando encontrar al miembro perfecto para reclutar en su equipo de judo, en definitiva, era algo que debía reportar al capitán Akagi.
Rukawa se subió el short y se acomodó la camisa sin dejar de presionar el cuerpo desnudo del otro.
Sería un problema si los encontraban a ambos de aquella manera escondidos en el baño, sin embargo, todavía cabía la posibilidad de disimular.
—Bésame en los labios —pidió con voz bajita.
—¿Q-Qué?
—Fingiré que estoy solo y me iré con el senpai. Así no te verán en esta situación.
—¿Besarte?
—Es el precio —dijo con expresión seria. Poco después añadió con voz sugerente—: Claro, a menos que prefieras darme un beso un poco más abajo.
Hanamichi se tragó todo el coraje que llevaba. No podía gritar ni golpearlo a su antojo en esa situación tan vergonzosa y poco favorecedora.
«Cuatro ojos de mierda, ¿cómo siempre eres tan puntual?», pensó.
Kiminobu Kogure se aproximaba de a poco al cubículo, no había tiempo ni de pensar ni de improvisar. Cerró sus ojos y simplemente se acercó a su compañero para juntar sus labios con los ajenos, dándole ese tierno y fugaz beso que pidió. Era cálido y dulce, distinto a las vulgaridades que hacían cuando nadie los veía. Porque, claro, un beso cursi daba más vergüenza.
Al separarse el rostro se le puso rojísimo por el cruce de miradas; Hanamichi se volvía loco por esos ojos de largas pestañas. Y como era su costumbre, jamás se lo haría saber.
Tan solo se echó para atrás esperando a que el estúpido zorro cumpliera con su parte de aquel trato improvisado.
Se miraron unos instantes y Rukawa ya satisfecho con verle en ese estado de sumisión se separó de él dándole un respiro. Salió del espacio tan solo para dejarse ver por el muchacho de tercer año.
El chirrido de la puerta hizo saber al muchacho de lentes que no estaba solo, efectivamente como lo deducía. Vio salir a Rukawa con la cara colorada y la piel húmeda en sudor. Sabía que se exigía mucho con la práctica.
—Ah, Rukawa, ¿hoy llegaste muy temprano? No es muy típico de ti, pero me alegra ver que te empeñes mucho en mejorar —dijo sonriente.
—No es nada —dijo sin interés, yendo a lavarse el sudor de la cara, empapándose el flequillo en el acto.
—¿Esperamos a los otros en el vestidor?
El vestidor estaba seguido de los baños, cosa que no sería conveniente para ninguno de los dos porque no sería posible escapar para Hanamichi y su secretito saldría a la luz.
—Vamos a la cancha, está haciendo mucho calor —sugirió el novato.
Kogure estuvo de acuerdo con su decisión. Se cambió el uniforme a la ropa de práctica y se fue al centro del gimnasio para comenzar a calentar.
Al notar que su senpai estaba distraído, el pelinegro se volvió hacia el baño para asegurarse de que el otro estuviera bien en lo que cabía. Se rio de forma burlona al ver que el muchacho estaba todavía rígido y dejado con las ganas. Quedarse a medias le había afectado demasiado y se notaba desde lejos. A Hanamichi no le hizo ni la más mínima gracia; detestaba la cara del zorro cuando hacía esa mueca burlona.
—Anda, ya puedes salir. Nuestro subcapitán está ocupado haciendo sus estiramientos allá afuera.
—Eres un canalla. ¡¿Cómo demonios quieres que salga en este estado?! ¿No ves que…?
—Shh… Cállate, Sakuragi. ¿Quieres que sepan que estuvimos juntos?
La mención de su nombre por los labios del taciturno muchacho hizo que se estremeciera. Nunca le llamaba de otra forma que no fuera un insulto casual, por lo que al usar su nombre supo que de verdad se estaba tomando el asunto en serio.
—¿Cómo…? ¿Cómo me pides que me mueva de aquí? —cuestionó entre jadeos a la vez que se acomodaba la ropa.
—No lo sé. Mastúrbate o algo.
—¡¿Qué?! Deberías ocuparte de remediar tu desastre.
—Ya hice mucho por ti —dijo encogiéndose de hombros a la vez que soltaba un suspiro con cansancio—. Bueno, voy a darte privacidad para que te ocupes de tu asunto. Distraeré a senpai unos minutos. Nos vemos en la cancha, tarado.
El pelirrojo estaba de verdad furibundo. Pero, a decir verdad, tal y como el otro le había dicho, no le quedaba de otra. Debía atenderse. De otra forma su cuerpo no podría volver a su estado natural en tan poco tiempo.
Gimió con molestia. Se sostuvo la camisa con la boca para que no le estorbase, alzándola y dejando al descubierto su abdomen.
Se llevó una mano hacia la entrepierna mientras que con la otra se recargaba en la pared intentando luchar contra las contracciones de placer y agonía, y volvió a soltar otra maldición hacia Rukawa para después proseguir con lo inevitable, aliviando por fin su dolor. Rememorar el beso anterior le fue de ayuda para hacer en mejor trabajo con su nueva labor, cosa que le hizo hacer gestos de antipatía.
Admitir sus sentimientos no era fácil todavía.
El estúpido zorro se había atrevido a dejar el asunto a medias y esa era una situación que requería una bien merecida venganza en el futuro.
Nota: Quiero aclarar que el uso del condón o cualquier otro preservativo es esencial para una relación sexual, sin embargo, eso es algo que yo no me tomo mucho a pecho con mis fanfics porque es mera fantasía.
¡Gracias por leer y agradezco los reviews que tengan para dejarme! :))
