Resumen: Los chicos se han quedado a estudiar en casa de los Akagi, y la oportunidad para que Hanamichi y Haruko compartan cama surge inesperadamente.
Habían terminado de estudiar. Pasaban por mucho las 12:00 de la noche y Hanamichi no podía seguir permitiéndose dormir en la misma habitación que el gorila. No solo le molestaba con sus ronquidos bestiales, sino que también temía que se fuera a despertar sonámbulo de repente y le plantara un zape en la cabeza sin razón alguna. Bastantes pesadillas tenía ya como para seguir preocupándose.
Tan solo quería conciliar el sueño, por lo que salió cuidadosamente de la habitación y bajó las escaleras con el mayor sigilo posible. Quiso dormir en uno de los sofás, pero en ellos estaban acurrucados Mitsui y Miyagi, quienes lucían como gatitos dormilones. Al otro extremo se encontraba Ayako totalmente dormida envuelta en sus cobijas esponjosas, y un poco más allá estaba Kogure profundamente dormido de brazos cruzados y sin sus gafas puestas, también envuelto en una manta como burrito. El dormilón de Rukawa se había quedado dormido en una de las sillas reposando la cabeza sobre la mesa de la cocina.
Al observar a cada uno de los muchachos a detalle Hanamichi Sakuragi llegó a la conclusión de que no había espacio para él. Le tocaba resignarse y volver a la habitación de su capitán para seguir durmiendo.
Ahí en medio de la oscuridad estaba pensativo. Bostezó. Estaba cansado por la larga sesión de estudio previa.
Justo cuando iba por el pasillo para volver a subir, se encontró con la joven Haruko en pijama y con un vaso de agua en la mano.
—Ah, Sakuragi… —dijo en medio de la oscuridad con una sonrisa, apenas distinguiendo sus cabellos rojos con ayuda de la escasa luz de luna—. ¿No puedes dormir?
Hanamichi se sobresaltó. Con pena se rascó la mejilla y desvió la vista.
—Tu hermano no es muy silencioso que digamos… —Se sinceró.
—Ja, ja… ¿Verdad? Suele roncar mucho luego de los entrenamientos. Por si fuera poco, hoy se le encimó una pesada sesión de estudio. Me alegra que todos hayan obtenido resultados positivos.
—Espero que sirva de algo…
Tras quedarse un momento en silencio, Haruko se apiadó de él, y aunque sus intenciones eran completamente inocentes, a Hanamichi le tomó por sorpresa su petición.
—¿Por qué no vienes a dormir conmigo?
—¿C-Cómo dices, Haruko?
—Ya que mi hermano te molesta y aquí abajo todos están ocupando los espacios, ¿por qué no dormimos juntos? Hay suficiente espacio en mi habitación.
Le costó negarse de inmediato porque la propuesta era muy tentativa, sin embargo, tampoco creía del todo correcto el aceptar apenas la oportunidad se presentó.
Estaba dubitativo, con el rostro colorado y las manos sudando frío.
—¿Cómo puedes… pedirle eso a alguien como yo, Haruko? Podría hacerte daño. —Esas palabras fueron de genuina preocupación. Amaba a Haruko, mucho, mucho, mucho, y le molestaba considerablemente que fuera en extremo inocente y sin malicia. Afortunadamente era él, quien nunca se atrevería a hacerle algo sin su consentimiento. Sin embargo, las probabilidades de que se cruzara con alguna persona desquiciada eran altas y ello seguía inquietándole.
Ella sonrió y le tentó el brazo amistosamente.
—Confío en ti, Sakuragi. Eres un buen muchacho. —Y como vio que él no dijo nada y solo se le quedó viendo tímidamente, lo tomó de la muñeca y se lo llevó consigo.
Cuando llegaron a la habitación de la joven, Hanamichi advirtió que olía a flores justo como ella misma. Y también se dio cuenta de que Haruko no tenía intenciones de hacer un tendido en el suelo y que tampoco tenía un futón, porque ella le propuso que durmieran juntos, literalmente.
Ella se metió a la cama e invitó al joven a hacer lo mismo.
—Vamos, Sakuragi, o seguirás desvelándote.
—Es… ¿E-Está bien? Digo, Gorila va a matarme…
—Suele despertarse tarde los fines de semana, no te preocupes.
Lo siguió dudando, sin embargo, no rechazaría la amabilidad de su querida Haruko y se metió entre las mantas.
El cuerpo se le puso tenso y hasta sintió escalofríos. «Solo vamos a dormir. Solo vamos a dormir…» se repetía. Y de inmediato comenzó a sentir su rostro ardiente debido al color que se había subido a sus mejillas.
No quería considerarse un pervertido, pero se encontraba en la adolescencia y aunque no quería admitirlo, la joven había sido en más de una ocasión víctima de sus fantasías candentes. Sí, quizá no estaba bien, pero no había podido evitarlo.
Y ahora que ella se encontraba ahí a un lado suyo en carne y hueso no podía evitar que su cuerpo se sintiera cada vez más incómodo.
Ella era tan dulce. Tan frágil y pequeña en comparación con su tosco cuerpo varonil. Eran tan opuestos que solo deseaba abrazarla y protegerla. Incluso acariciarla y besarla.
«¡¿Qué estás pensando, Hanamichi Sakuragi?!»
Se palpó la cara con desesperación.
La chica se había quedado dormida en poco tiempo y él seguía sin poder pegar ojo.
La cama era grande para ella, pero estando el muchacho también, el espacio se reducía y sus cuerpos apenas se rozaban. Y eso era una tortura para el joven.
No podía seguir soportándolo más. Si seguía así sus necesidades biológicas comenzarían a despertar y entonces estaría en un grave problema.
Afortunadamente supo controlarse bien.
Cerró los ojos y comenzó a contar ovejitas intentando olvidar las sensaciones que la chica le provocaba, o el sonido del balón botando sobre el piso recién encerado del gimnasio, o el examen que debía aprobar obligatoriamente, o la cara del capitán Akagi cuando supiera que habían compartido cama inocentemente.
Al final, cayó completamente rendido sumido en un sueño profundo.
Aunque hubieran querido guardar distancia, les era imposible. Ambos se movían mucho mientras dormían.
Sin darse cuenta, Haruko reposaba su rostro en el pecho de él, y Hanamichi a su vez le rodeaba los frágiles hombros con su brazo fuerte.
Estaban acurrucados uno sobre el otro, calientitos y cómodos como nutrias.
