Resumen: Tetsuo busca aliviar sus propias penas del corazón usando a Mitsui como una herramienta especial para semejante tarea.

Nota: Presencia de contenido +18. Hay que recordar que Mitsui apenas tiene 17 años y Tetsuo es un hombre mayor, así que lean bajo su propio riesgo.

Aprovecharse de la tristeza de una persona que es incapaz de seguirse sosteniendo por sí misma es algo que todo ser humano reconoce como cruel e indigno.

Sin embargo, en momentos de desesperanza todo ser humano es capaz de recurrir a cualquier oportunidad que le ofrece la vida para aliviar sus penas, aunque sea solo un poquito. Lo ideal parece anclarse a ese rayo de luz, levantarse y seguir andando hacia adelante.

Teniendo eso en mente, Tetsuo no se tentó mucho el corazón cuando conoció a Mitsui.

El pobre chico de preparatoria estaba tan roto como él. Sus historias eran diferentes, pero lo que compartían en el momento presente era lo mismo: una profunda pena casi irreparable y una fijación especial por el consumo de tabaco y alcohol en busca de la disociación. Eso y el gusto por poner en constante riesgo sus vidas para llenarse de adrenalina y excitación.

Pero, cuando esos jueguitos por las calles comenzaron a aburrirle, Tetsuo se dio cuenta de que ya no deseaba seguir aprovechándose de los más débiles por los callejones durante la noche. Se dio cuenta de que la cerveza y el whisky no conseguían apaciguar el dolor de ser un Don Nadie. Se dio cuenta de que el sabor del tabaco no era más amargo que su estilo de vida.
Por ello, decidió ir un poco más allá cuando ya se encontraba lo suficientemente aburrido de la rutina.

Desde que había conocido a Hisashi Mitsui se sintió sumido en una envidia inconmensurable, así como en un coraje contra la juventud.
¿Por qué Mitsui se había rendido tan fácil? Sí, sufrió una lesión que le impidió seguir jugando baloncesto, ¿y qué?
¿Fue por esa razón que había terminado descuidando la escuela y entregándose a las calles y a la bebida y al tabaco barato? Ante los ojos de Tetsuo, era ridículo. Tanto que hasta le provocaba náuseas.

Solía pensar que el propio Mitsui era quien se creaba sus propios fantasmas y comenzaba a sufrir en silencio a su propia causa. Odiaba el ver hacia adelante, el pensar en las futuras oportunidades, y eso lo llevó poco a poco a una extraña depresión. Con constancia tenia malos momentos en donde dejaba que los malos recuerdos le invadieran y era entonces cuando recurría a la ayuda que el alcohol podía darle. Lo de siempre.

Hubo un día en particular en el que a Mitsui se le veía de muy mal humor. No solo se encontraba taciturno y extenuado, sino que se le notaba a leguas la tristeza y el enojo acumulados en el fondo de su pecho. Cuando se encontraba en ese estado, sus ojos se volvían llorosos y el ceño se le fruncía justo como cuando estaba por iniciar una pelea. Cuando Mitsui estaba así, a Tetsuo no le gustaba dejarlo solo. No sabría explicarlo, pero desde que había acogido a Mitsui había tenido la sensación de que debía protegerlo de los males de la vida a los que el jovenzuelo aún no se había enfrentado.

Hubo un día en particular en el que Mitsui estaba más irritante que nunca. Gritaba, protestaba y se enojaba por todo… No era que fuera inusual en el grupo, pero no era en definitiva su verdadero yo. Por ello, al caer la noche Tetsuo le sugirió al chico que fueran a su departamento y que hablaran con calma sobre aquello que le molestaba. Sabía que le hablaría de básquetbol, de su rodilla, de su sueño perdido, pero no le desagradaba escuchar esa historia una o cientos de veces. En cierto modo, el dolor de Mitsui le causaba una excitación inexplicable, como si se sintiera aliviado por no ser el único que hizo algo mal con su vida. Esa era una atracción hacia el chico que a duras penas comprendía…
¿Por qué era que saboreaba escuchar esa historia llena de sufrimiento? No tenía respuesta. Era más fácil sentir emoción por los errores ajenos que por los éxitos propios.

Tetsuo y Mitsui habían llegado al departamento, en donde, tal y como lo había previsto, el chico le contó por centésima vez la desgraciada historia de cómo una lesión le arrebató su futuro, y él lo escuchó por centésima vez mientras fumaba un cigarrillo.
Echó la colilla de cigarro sobre el cenicero que estaba en la sala y siguió atento a lo que el otro tuviera que decirle.
Mientras Mitsui hablaba bebía un shot de whisky tras otro. Uno tras otro, uno tras otro… Y terminó embriagándose rápido.
Tetsuo sabía que por mucho que Mitsui se comportara como un adulto hecho y derecho, seguía siendo un niño. Ofrecerle alcohol siendo menor de edad no estaba bien en absoluto, sin embargo, deseaba ayudar a su compañero con lo poco que tenía, y si beber le daba un pequeño empujón al alivio de sus sufrimientos, entonces se lo ofrecería sin dudarlo.

Hacía mucho que a Tetsuo no le provocaba ningún placer la bebida. Su alta tolerancia solo hizo que su angustia fuera en incremento sin poder escapar de la realidad ni una sola vez.

A veces cuando Mitsui estaba borracho se ponía muy parlanchín, y algunas otras se quedaba quieto y calladito. Esa noche en el departamento de Tetsuo se encontraba en la segunda categoría.

El muchacho estaba soñoliento sobre el sofá de la sala. Estaba mareado y agotado. Una lágrima se escurrió dejando un rastro en su mejilla hasta su barbilla. Odiaba recordar los buenos días porque traían malos sentimientos.
Viéndolo, Tetsuo llegó a la conclusión de que a ninguno de los dos les estaba haciendo bien sucumbir a la rutina intentando olvidar las viejas memorias con bebida barata y tabaco de mala calidad, pues, aunque a Mitsui se le veía mareado y medio dormido, en absoluto mostraba indicios de alguna mejoría momentánea.

—Mitsui, ¿vas a dormir? —preguntó mientras se acercaba al sofá desde atrás sentándose sobre el respaldo. Le movió un mechón de su largo cabello de la cara.
—Mhm… —Mitsui gimió con molestia—. ¿Te molesta?
—Tus padres van a preocuparse otra vez por ti.
—No me importa.
—¿No? Qué niño tan malo… —dijo Tetsuo soltando una risita. Amaba cuando el chico se comportaba rebelde.
—¿A ti qué te importa de todas formas, Tetsuo?

Mitsui hablaba arrastrando las palabras. Era obvio que estar bajo el efecto del alcohol hacía que su pronunciación en cada frase fuera un asco.

—No quiero que vomites en el sofá, Mitsui. Por eso me importa.
—Como si no oliera a mierda de todas formas…

Sabía que al muchacho le gustaba hacerle enojar y aunque no era verdad lo que decía, le hizo por una fracción de segundo sacarle de sus casillas. Tetsuo se sentó junto a Mitsui en el sofá, quien estaba acostado boca arriba sufriendo por el mareo, y le tomó del rostro con una mano apretándole bruscamente de las mejillas.

—Mira nomás cómo estás, chamaco. Deberías sentir vergüenza.
—Ja, ja… Tetsuo..., no eres un santo. No quieras darme una reprimenda cuando has sido el primer cómplice que tengo.
—¿Yo te obligué a embriagarte de esta forma?
—Me ofreciste toda clase de revoltijo que podía beber y fumar… ¿No es suficiente?

Tetsuo sonrió y le tendió otro vaso con whisky, el cual Mitsui aceptó sin problemas y lo bebió de una sola vez. Cerró los ojos con fuerza al sentir cómo el alcohol le quemaba la garganta. Siguió bebiendo hasta que no pudo más y se quedó tumbado en el sofá.

Tetsuo lo observó ahí, vulnerable y dolido, y entonces sintió emoción al hacerlo protagonista de sus fantasías sexuales.
Se avergonzaba ligeramente de tal cosa, pues siendo ya un hombre maduro, ¿cómo podía tener ganas de hacer suyo a un chico de preparatoria?
Por un instante sintió que la barrera de lo correcto e incorrecto era fácil de cruzar, y que el que Mitsui tuviera apenas 17 años no era impedimento alguno para hacer un desastre con él. Entonces siguió contemplándolo detenidamente y admiró cada detalle; la cicatriz en su mentón, su cabello largo, lacio y sedoso, su piel blanca, sus cejas prominentes, sus hombros anchos, su cintura pequeña… Todo en él resultaba atrayente y era hermoso.

Se acercó con cuidado a su rostro para después susurrarle al oído:

—Mitsui… ¿Te gustaría olvidarte de tus penas de una manera que no conoces? —Tuvo como contestación un gemido adormilado del joven y siguió diciendo—: ¿Eso es un sí?

Y no obtuvo respuesta más que un gruñido.

—Bien, espero que no te molestes…

La habitación estaba oscura. La cortina de la sala estaba recorrida por lo que se podía observar el cielo estrellado y las luces de demás departamentos. Y nada más. El barrio era silencioso, aburrido y sin gracia alguna.

Tetsuo se acurrucó en el cuello del muchacho y en ese momento se olvidó de la diferencia de edad, de los límites que tenía que respetar y de todo lo que fuera un impedimento para probar su virginidad.
Le dio un beso simple en el cuello, apenas para tocarlo con debilidad. Sus labios rozaron su manzana de Adán y sonrió al notar que el chico gimió entre sueños.
Comenzó a atreverse a jugar con él un poquito más y le acarició el abdomen metiendo su mano entre sus ropas traviesamente.

—Tetsuo… —gimió.

Okay, entonces el muchacho estaba consciente. Ya no había por qué tener miedo.

—¿Alguna objeción? —cuestionó el hombre. Estaba comenzando a excitarse, y si Mitsui le pedía que parase entonces tenía que hacerlo. Rogó por que no fuera así. Después de todo no deseaba tomarlo a la fuerza, no era un abusador. Pero de verdad que no deseaba parar.

Mitsui lo vio a los ojos con el entrecejo fruncido y las pestañas humedecidas por las lágrimas de antes.

—Al menos hazlo lento… ¿sí? Siempre has sido un bruto salvaje…

Las palabras de Mitsui dichas con cierta combinación de miedo y enojo hicieron reír a Tetsuo. El chico siempre era tan directo como le era posible.
Tan solo asintió y le pidió al muchacho que se recostara y que se olvidara de todo. Ahora ese momento era únicamente de ellos dos.

Tetsuo no era del tipo de sujeto que se detiene a hacer cursilerías, por lo que, aunque lo correcto podría haber sido comenzar el acto con un beso, no lo hizo. Los besos no eran parte de sus deseos.

Mitsui se dejó llevar y apenas se estremeció ligeramente cuando sintió que Tetsuo había comenzado a desabrocharle el cinturón del uniforme. Se llevó una mano al rostro cubriéndose con pena. No podía soportarlo más… Quizá eran efectos del alcohol o de la lujuria adolescente, pero comenzaba a tener sensaciones placenteras ahí abajo y vaya que dolía.
De cualquier forma, el hombre tuvo mucho cuidado con cada uno de sus movimientos. Si realmente hiciera lo que deseaba, le habría arrancado el pantalón al joven para despojarle de la ropa interior y hacerlo suyo sin previa preparación. Pero, ¿cómo iba a saber que poco a poco iba a comenzar a disfrutar junto con él los juegos previos? Era hermoso escuchar cada gemido que Mitsui soltaba cuando su piel era acariciada. Tetsuo sonrió y se detuvo cerca de su oído para susurrarle coquetamente.

—¿Es la primera vez que te tocan así?

Mitsui sonrió con debilidad entre los espasmos que los toques de Tetsuo le provocaban. Sabía que el mayor estaba burlándose de él.

—¿No puedes hacer tu trabajo en silencio, Tetsuo? —habló con la lengua tropezando entre sus palabras, pues el alcohol todavía lo tenía mareado.
—No te pongas nervioso, chamaco. Si no te mimo como se debe, puede que llores cuando apenas estemos a la mitad.

Mitsui hizo un gesto aun sin atreverse a verle a los ojos. Tetsuo volvió a reírse. La risa en el oído del otro le hizo estremecer otra vez.

—Pero si no quieres que te hable, está bien —siguió diciendo el mayor—. Hagamos esto tranquilos.
—Estoy jodiendo, viejo. Haz lo que te dé en gana. De todas formas no pensabas darme opción esta noche, ¿no?

Tetsuo se detuvo en seco. Se alejó del cuello del chico y lo vio fijamente a los ojos, chocando casi nariz con nariz. Mitsui no se dejó intimidar y le mantuvo la mirada, desafiante pero deseoso de dominio. El cuerpo del hombre comenzaba a pesar sobre el suyo, le cortaba el aire con ligera medida.

—¿Me crees esa clase de hombre?
—No puedes decirme que no planeaste esto…
—Si lo sabías, ¿por qué aceptaste venir? Tal y como lo dijiste, podría hacerte daño. —Le tomó del cuello de la camiseta y lo acercó a su rostro justo como solía atemorizar a los pobres diablos que golpeaba por las calles—. Podría hacer lo que quiera contigo justo ahora… No tienes oportunidad de oponerte y lo sabes. Entonces, ¿por qué viniste?

Mitsui se relamió los labios. Cuando el hombre le hablaba con descaro de forma directa resultaba excitante.

—Porque también me siento solo.

Entonces el hombre abrió mucho los ojos. Se sorprendía de que Mitsui se hubiera dado cuenta de su grito de ayuda. No era que el chico fuera muy observador después de todo, sino que él había sido muy descuidado en dejar que su impulsividad hablara por él.

—¿Qué te hace pensar que soy igual que tú? No nos compares. Eres un mocoso llorón de preparatoria que se cubre con una máscara de rebeldía fingida. Y yo… —Pensó profundamente. ¿Qué se supone que era él? Fue difícil pensar en las condiciones que lo llevaron a una vida difícil en las calles—. Y yo…
—Tetsuo.
—¿Qué quieres? —respondió inmediatamente, agradecido de que el otro no le haya exigido una respuesta.
—Me tienes a mí. Por eso… no tienes que guardarte todo para ti.
—A callar.
—¿Vas a negarlo? Te sientes vacío… No hay forma de encontrar amor en las calles. Me di cuenta también. Es tan sombrío y…
—¡Hey!

Tetsuo le dio un tirón de la camisa al otro que le hizo levantar el torso del sofá. No era que Tetsuo estuviera enteramente enojado, pero algo se removió en su pecho que, aunque le dolía admitirlo, le hizo entristecer. Y odiaba que Mitsui fuese tan perceptivo en ese aspecto, porque era el único ser humano que era capaz de ver más allá de la figura intimidante que representaba. No veía únicamente su cuerpo, sino también su alma. «Maldito mocoso —se dijo—, debería hacerte callar».

En seguida se arrepintió del tono brusco que había usado. Rara vez le levantaba la voz a cualquiera que lo hiciese enfadar, pues bastaba con partirle la cara de un golpe certero. Obviamente no haría lo mismo con Mitsui.
Vio el desconcierto en los ojos del muchacho, y no tuvo tiempo de enmendar su error porque fue Mitsui quien se disculpó primero.

—Lo siento.
El hombre meneó la cabeza.
—Olvídalo.
—Tetsuo —insistió.
—Dime. —Usó un tono más amable esta vez.
—¿Quieres…? ¿Quieres seguir con lo de antes?

Por supuesto, Tetsuo se sintió anonadado por la petición del chico. Esperaba que estuviera disgustado por su comportamiento agresivo de antes, pero por lo visto y para su fortuna, Mitsui no le tenía miedo. Quizá tenía razón, y el compartir un momento de pasión era un acto de reciprocidad y nada más. Ambos estaban solitarios en cuerpo y alma, sin nada que perder.

Tetsuo no dijo nada y volvió a seguir con el recorrido de besos de antes, chupando su cuello mientras acariciaba lentamente su pecho.
Antes de seguir y terminar hundiéndose en ese mundo de sueños, Tetsuo se detuvo para aclarar algo importante.

—Y que sepas, Mitsui, que, si me pedías que parara, lo haría. —Hizo una pausa. Tomó de la barbilla a Mitsui para afirmar su rostro y asegurarse de que le viera mientras le hablaba—. Incluso ahora, si me lo pides, pararé. No importa qué estemos haciendo o qué tanto hayamos avanzado… Si no te gusta, pídemelo y te dejaré en paz.
—¿Qué dices, Tetsuo…? —Se ruborizó—. Soy yo quien te lo está pidiendo. Ambos tenemos ganas de hacer esto, así que…
—Lo preguntaré una última vez porque quiero estar seguro de tu consentimiento. ¿Quieres tener sexo conmigo?
—Yo lo llamaría hacer el amor.

Entre la oscuridad era imposible para Mitsui ver si Tetsuo realmente se había ruborizado o solo había sido su imaginación.

—¿Lo has hecho antes? —preguntó desviando la mirada hacia el abdomen del chico para comenzar a quitarle la camiseta. Mitsui alzó los brazos para facilitarle la tarea y negó con la cabeza dándole su respuesta—. Entonces… me encargaré de que esto sea inolvidable.

Mitsui rio y susurró: "Muéstrame".
Tetsuo le tomó la palabra. Lamió su torso, humedeciendo con su lengua desde su abdomen hasta su cuello para después darle especial atención a sus pezones, logrando hacer que Mitsui suspirara con satisfacción. No parecía sentir miedo de lo que se aproximaba y estaba bien. No había por qué tener miedo.

Las manos de Tetsuo eran grandes y rasposas, por lo que el tacto en la fina piel del chico provocaba escalofríos inmediatamente. Era tan diferente a lo que había sentido antes. Mitsui se echó hacia atrás mientras tomaba la cabeza de Tetsuo entre una de sus manos para acariciarle el cabello gentilmente, pues nunca había tenido la oportunidad de hacer semejante cosa.

Ambos comenzaban a impacientarse. Tetsuo se quitó la camisa de tirantes y esperó a que Mitsui se tomara la libertad de tocarlo también, pero el chico era más tímido de lo que pensaba. Su escasa experiencia lo delataba.

Mitsui se enderezó hasta que ambos quedaron sentados en el sofá y se abrazaron. La erección en el pantalón de Mitsui volvía a manifestarse y Tetsuo rio al notarlo, pues le hacía gracia ver que fuera tan sensible a sus roces.
Quedaron frente a frente y el adolescente volvió a hundir la cabeza en el cuello del hombre, disfrutando de las sensaciones placenteras cuando Tetsuo tuvo el atrevimiento de meter su mano entre su pantalón y comenzar a masajearlo por encima del bóxer. Harto, Tetsuo le despojó del molesto cinturón, bajando de a poco el uniforme del chico y volvió a recostarlo boca arriba en el sofá.

—A-Ah… Tetsuo… —gimió su nombre.
—¿Duele?
—Sí. De una manera agradable…
—¿Quieres que te libere? —dijo mientras jugueteaba con el borde del bóxer del chico mostrándose dispuesto a bajarlo de una vez.
—No preguntes, idiota… Solo hazlo.

Tetsuo volvió a reírse y le quitó los pantalones expertamente de un tirón, trayéndose consigo la ropa interior. Listo, Mitsui estaba completamente desnudo frente a la visión del hombre. Tetsuo se tomó su tiempo para contemplar su figura, pues todo en él era hermoso… Su piel blanca estaba ligeramente húmeda por las lamidas y besos de segundos atrás, y sus mejillas estaban tornándose rojas y su cabello largo estaba precioso… Y, ahí abajo, estaba húmedo y caliente. Era solo un muchacho, pero su cuerpo estaba bien desarrollado y necesitado de atenciones especiales.

—¿Qué tanto me ves? —dijo avergonzado entre suspiros. Se cubrió con ambas manos el pecho como acto reflejo al sentirse demasiado expuesto—. No me mires así…
—Eres tan frágil —dijo en seco, y más que admirarlo, sonó como una expresión de asombro, como si no se hubiera dado cuenta de que debajo de ese uniforme negro de preparatoriano se encontraba un cuerpo tan bonito, con los músculos bien trabajados pero esbelto al mismo tiempo.
—¿Qué… quieres decir…?
—Aquí —dijo, poniendo su mano en la cintura del muchacho—. Tienes una cadera pequeña…

Mitsui estaba furiosamente sonrojado, notando que el hombre veía su entrepierna sin pudor. Obviamente eso lo hizo endurecerse más.

Antes de seguir, Tetsuo quiso tomar las cosas con calma por un segundo y le tomó el rostro con una mano para acariciarle la mejilla. Quería besarlo, pero al verle los labios, bonitos y carnosos, no pudo evitar dudar se hacer semejante cosa. ¿Realmente Mitsui se merecía eso? Es decir, sería su primer beso, ¿y sería con un hombre de tan poco refinamiento?
Tetsuo no se sentía suficiente para Mitsui. Podía hacerle el amor y darle el placer que le pedía, pero el tan solo pensar en darle un beso parecía una acción tan pura e inocente que ni siquiera se sentía merecedor de algo tan especial. Entonces, se quedó viéndole los labios por varios segundos sin saber qué hacer.

Mitsui, molesto por las tardanzas del otro, le rodeó el cuello con un brazo y lo acercó a él, fundiendo sus labios con los del otro. Tetsuo estaba perplejo.
Al principio fue una dulce unión de labios, pero poco a poco el hombre se atrevió a invadir la boca del adolescente con su lengua, explorando más allá de lo que esperaba conocer. El muchacho jadeó entre el beso y por primera vez comenzaron ese juego de dominancia en el que se besaban con pasión mordiéndole los labios entre sí.
La sensación era nueva para Mitsui, y rio para sus adentros al darse cuenta de que cada vez que mordía con pasión los labios del hombre, sentía su barba rasposa molestándole en la cara. Tetsuo se dio cuenta de eso y sintió que hacer una broma en medio de la pasión no sería algo descalificativo.

—No dolería tanto si fuera una linda chica la que te besa de esta manera. Ya sabes, una chica con rostro suave y un cuerpo frágil más pequeño que el tuyo.
—Prefiero que seas tú.
—Mitsui…
—Aunque, siéndote sincero, nunca pensé que recibiría algo de ti más allá de unos cuantos puñetazos en la cara o una patada en los testículos.
—Qué niño tan mal hablado eres. ¿Tu mamá sabe que eres tan vulgar?
—No sabe eso ni tampoco que me gustan los hombres que me triplican la edad.
—Eres un exagerado.
—¿Puedes seguir? Comienza a doler más.

Tetsuo le dio otro beso apasionado que ser más allá de lengüetazos desesperados, terminó siendo de verdad un beso simple y sincero.

Comenzó a jugar con el sexo de Mitsui sobándolo de arriba abajo hasta que pudo darle ese rato de sensaciones hermosas que tanto necesitaba. El muchacho soltó maldiciones entre jadeos. Perdió el miedo de su desnudez y se concentró en el momento compartido.

—¿Quieres pasar a la cama? —preguntó Tetsuo, razonando en que la primera vez podía ser incómoda en un sofá de tamaño tan reducido.

Mitsui asintió con lágrimas en los ojos, casi sin razonamiento, hundido en el éxtasis y los efectos casi desvanecidos del whisky.
Entonces, Tetsuo cargó a Mitsui con sus fuertes brazos y lo llevó con facilidad a la cama. «Es ligero», pensó.
El joven se quedó recostado sobre la cama con la respiración agitada, expectante a lo que el adulto fuera a hacer con él. Su cuerpo comenzó a temblar y ponerse caliente cuando vio que Tetsuo comenzó a desabrocharse el cinturón para comenzar a bajar de a poco su pantalón, no quitándoselo completamente. Se puso encima de Mitsui y volvió a besarlo en todas partes mientras pasaba su mano por su zona sensible, deteniéndose a acariciar sus piernas, vello púbico y vientre. Era suave, muy suave.
Con lentitud se posicionó en medio de su cuerpo y le abrió las piernas cuidadosamente para empezar a jugar con los dedos, humedeciéndolos primero en su boca y llevándolos a abajo en esa zona del chico. Mitsui, ajeno a la sensación, se retorció teniendo a Tetsuo dentro de sí.

—Agh… Uh… No, no… —jadeó—. Duele como el demonio. No puedo hacer esto.
—Me detendré cuando me lo pidas.
—Se siente tan…
—Anda, pídemelo. Dime que pare.
—Arde.

Tetsuo siguió moviendo los dedos hasta que sintió que el joven comenzó a aflojarse. Su voz era una mezcla de súplica entre el dolor y el gusto, y nunca se reveló ninguna petición para detener el acto. Tetsuo sonrió gustoso. Supo que Mitsui ya había tenido suficiente cuando de forma inconsciente comenzó a mover las caderas en un intento por pedir mar de esa exquisita sensación.
Sacó sus dedos y con ellos comenzó a acariciarlo, tan solo para tomarle de las piernas y acercarlo más a su cuerpo en un movimiento experto. Tomó de entre debajo del colchón un condón y le dio uso. Seguido de ello, terminó por bajarse los jeans hasta las rodillas y se quedó quieto antes de seguir pensando en lo que haría.

—¿Qué…? ¿Qué sucede? —cuestionó Mitsui con la mirada nublosa y la voz entrecortada.
—Voy a hacerlo. ¿Estás preparado?
—Te dejé llegar hasta aquí. ¿Por qué no lo estaría? ¿O es que acaso te diste cuenta de que ya no se te para? —dijo con tono de molestia sin perder el color de sus mejillas.

A Tetsuo le hizo gracia que aún en medio de la excitación, Mitsui tuviera la energía suficiente para molestarse y hacer comentarios a la defensiva. Le robó una sonrisa que más allá de hacerle enojar solo le hizo quererle más.

—Mocoso arrogante. ¿Quién es el que tiene experiencia? Puedo ver que quizá tu cuerpo frágil no será capaz de soportar al mío. Si algo en ti se rompe… —dijo lascivamente acariciándole al abdomen— …tendremos un problema.
—Deja de jugar… ¿sí? Hazlo…
—Como gustes. —Sonrió.

Tetsuo lo sujetó de las caderas y empujó su propio cuerpo con el suyo, provocando en el acto que Mitsui se pusiera tenso y que se endureciera a la vez.
El mayor suspiró con placer sintiéndose dentro del chico, siendo abrazado por su calidez. Se quedaron estáticos unos segundos, era obvio que Mitsui estaba experimentando un dolor desconocido que, aunque le hacía querer empujar al adulto lejos de su propio cuerpo, también quería abrazarlo y permitir que siguiera con esa tortura tan placentera.

Como un animal salvaje devorando a su presa, quien es también un depredador más pequeño.

Antes de que el adolescente pudiera acostumbrarse a ser invadido de esa forma, Tetsuo se movió, haciendo que sus cuerpos terminaran de conectar. El solo acto le hizo gemir con desesperación y sus ojos se llenaron de lágrimas. Estiró sus brazos para aferrarse a los hombros del hombre, esperando obtener algún tipo de consuelo.
Tetsuo volvió a moverse lentamente hasta comenzar un gentil vaivén que hizo al otro humedecer hasta el punto en que el dolor se volvió dulce y se convirtió en un sueño de lujuria. El joven se aferró a la espalda del otro y se dejó llevar. Se terminó de recostar sobre el colchón y aflojó sus brazos y piernas; esa era su forma de decir: "Haz lo que quieras conmigo".

Tetsuo era un hombre bien experimentado. Había tenido aventuras sexuales con hombres y mujeres por igual… Lo había hecho incontables veces de diferentes formas que sentía que nunca más volvería a emocionarse por otra experiencia más. Sin embargo, al encontrarse en una situación tan candente junto al muchacho que había compartido momentos de tristezas con él, sintió algo totalmente diferente. Quizá se debía a que la piel joven de Mitsui resultaba realmente tierna en comparación con su propia carne madura y maciza. Sí, poseer un cuerpo virgen era dulce en demasía y era mucho más satisfactorio cuando se trataba de su compañero de andanzas.
Recorrió curioso con las yemas de sus dedos cada centímetro del cuerpo del otro, siempre prestando especial atención a sus pezones rosados y a sus músculos bien marcados. Mitsui era precioso.

Para sentirse más dominante, Tetsuo aumentó la velocidad de las estocadas que le propinaba al otro mientras aun lo sujetaba fuerte de los tobillos. El movimiento, aunque brusco, también resultaba suave y agradable en un grado considerable. El adulto tenía su ritmo, sabía lo que hacía, era bueno moviendo las caderas y adentrándose más en el adolescente.

Cuando Mitsui se había acostumbrado, Tetsuo lo tomó de los hombros y le dio la vuelta, poniendo debajo de su vientre un almohadón que le permitiera tener la cadera en alto para seguir con el movimiento. Tetsuo tomó a Mitsui del cuello y le dio un empujón hacia abajo, lo cual hizo que el otro mordiera fuerte la almohada cuando se sintió invadido de nuevo por el robusto cuerpo del mayor.
Mitsui gimió con ganas, sentía que su interior estaba siendo reclamado por el tosco hombre. Tan solo siguió disfrutando de esa posesión y se aferró fuerte a las sábanas a la vez que ahogó sus jadeos en la tela de la almohada y siguió recibiendo una embestida tras otra mientras erguía más su espalda.

Piel con piel… Era un dulce sonido.

Tetsuo lo tenía bien sujetado de las caderas y siguió con el rudo vaivén hasta que derramó su semilla. Como Mitsui no había alcanzado ese punto todavía, el otro lo ayudó dándole unos apretones en su miembro que poco después se quedó flácido, siendo liberado de esa excitante agonía.
Luego de soltar un gruñido que llevaba consigo un aire de alivio y placer en armonía, Tetsuo se quitó el condón y lo arrojó a la papelera.
Ambos estaban bañados en sudor. El adolescente se quedó tendido en la cama boca abajo mientras el mayor se le arrojaba encima provocándole dificultades para recobrar el aliento. El acto en sí no había durado mucho, pero tampoco había sido demasiado breve como para privar al muchacho más joven del placer. Simplemente… había sido perfecto. Mitsui estaba temblando; la sensación era desconocida, un poco dolorosa, y demasiado hermosa.

Sin decir nada, reposaron abrazados en la cama un minuto hasta que recobraron las fuerzas. Ambos tenían la respiración agitada… Era la primera vez que el adolescente recibía una excitación por parte de alguien más, por lo que la conmoción había sido fuerte.

Mitsui se giró hacia el rostro de Tetsuo y le dio un beso en los labios. Sabía a whisky y a tabaco, un gusto para nada agradable pero que poco lo importó.

—Fue asombroso —dijo Mitsui en medio de la oscuridad.
—Nada mal para la primera vez. Supiste cómo comportarte, niño.
—No puedo decir lo mismo de ti, viejo. ¡Eres tosco y veloz! No me equivoqué contigo…
—¿Y no hubiera sido fácil pedir que cambiara de ritmo?
—¡Da igual! —Se sonrojó.
—Mocoso torpe. —Se sentó a la orilla de la cama para encender un cigarrillo y comenzar a fumar con calma.
—¿Es en serio?, ¿acabamos de follar y te vas a poner a fumar? ¡Esto no es una película! Ven y duérmete ahora mismo.
—Con tres o cuatro horas de sueño está bien para mí. Duérmete tú.

Mitsui refunfuñó y se dio la vuelta. Se envolvió entre las cobijas. Pronto se sumergió en la vergüenza cuando se dio cuenta de que la almohada estaba humedecida con su saliva, al igual que la almohada que antes había tenido apoyada en su abdomen, la cual estaba mojada por sus fluidos. Ni siquiera quería pensar en las sábanas que poseían suficiente evidencia como para indicar el nivel de pasión que habían tenido momentos atrás. Sus piernas todavía temblaban ligeramente.

El nivel de afecto intercambiado entre Tetsuo y Mitsui era curioso… No eran capaces de intercambiar palabras de afecto, pero sí eran capaces de compartir un beso fogoso y un poco más. ¿Cómo era posible? Quizá era la soledad que gritaba en cada uno de ellos. La soledad de dos hombres.

—¡Y no soy un niño! ¡Espero que lo sepas!
—Vives con tus padres, vistes el uniforme de la preparatoria todo el tiempo, tienes un lenguaje agresivo y eras virgen hasta hace 20 minutos atrás. ¿Cómo no vas a ser un niño?

Mitsui se molestó. Se reincorporó para arrojarse al cuerpo de Tetsuo y jalarlo hacia él, sin embargo, el mayor fue más rápido y le detuvo justo a tiempo. Lo sujetó fuertemente de las muñecas contra el colchón. Quedaron cara a cara. Tetsuo seguía sosteniendo con sus labios el cigarrillo encendido.

—¡Agh! ¡Duele, suéltame!
—¿Qué ibas a hacer? —dijo entre risas—. ¿Otro de tus jueguitos?
—¡Eres un presumido!
—No te conviene hacerme enojar… ¿Sabes? Todavía podría darte la revancha, y no me refiero a una pelea.
—Estás loco.
—¿No te quedaste con ganas de un poco más? Hay mucho que no te he enseñado todavía.

Mitsui comenzó a reírse. Más que una risa burlesca, era una risa nerviosa. ¿Acaso Tetsuo lo iba a violar esta vez? ¡Estaba jodido!

—Eres un salvaje. ¿Lo sabías, Tetsuo?

El adulto lo vio desde arriba con dedicación. Su niño era hermoso; delicado y bien cuidado. Le encantaba.
Siguió intimidándolo con la mirada unos segundos más hasta que sintió que era hora de separarse, pues, de lo contrario, la ceniza del cigarrillo le caería en la cara.

—Sí, me lo han dicho —dijo con calma mientras sacudía el cigarro sobre el cenicero del buró. Se acostó de lleno en la cama boca arriba cruzándose de brazos por detrás de la nuca.

Mitsui se sintió tranquilo cuando se liberó del agarre, y a la vez, se sintió vacío de nuevo. ¿Era acaso que solo se sentía protegido cuando se encontraba envuelto por el calor de Tetsuo? Muy probablemente. Y en ese momento le invadieron pensamientos que hasta el momento habían permanecido ajenos, intactos, ocultos. No tenía idea de cómo seguir soportando el sentimiento de soledad y de fracaso que constantemente le azotaba por las noches. No podía olvidar el dolor de su rodilla ya recuperada ni tampoco la felicidad de ganar en los partidos durante la escuela secundaria. No podía olvidarse del apoyo del profesor Anzai ni tampoco de la dulce sensación de tener amigos con quienes se podía confiar.
Estaba atascado en esos pensamientos que más allá de motivarle a seguir adelante lo alentaban a seguir hundiéndose en lo que jamás sería de nuevo. Y se sintió triste, muy triste, y pensó que la única opción que tenía ahora era aferrarse a Tetsuo y refugiarse a sus espaldas como un polluelo indefenso.
Inmerso en sus propios problemas, comenzó a preguntarse en las razones por las que el adulto había terminado en las calles vagando sin destino en aquella vieja motocicleta. ¿Qué podía motivarle a hacer aquello? ¿Fue tan fácil para él renunciar a tener un trabajo, estudios, seguir alguna clase de sueño o formar una familia? Mitsui jamás lo sabría porque jamás se lo preguntaría.

Un pensamiento no muy diferente se acrecentó en la consciencia de Tetsuo, quien tan solo permaneció en silencio viendo el reflejo de la luz de la luna por entre la traslúcida cortina. Sabía que no tenía derecho de quejarse de su vida, pues, después de todo, no se esforzaba por cambiar de rumbos. Era lo que merecía, ¿cierto? Una vida sin propósito en la que se repite lo mismo desde la noche a la mañana y viceversa. Sin embargo… existía una sensación agridulce en su interior, pues, si no fuera por esa mala suerte, jamás habría conocido al adolescente del que se había encariñado gravemente y definitivamente no podría vivir sin eso.

Entonces, ambos se dieron cuenta de que estaban tan rotos, y que al hacer el amor solo estaban usando un vil camuflaje para despistar el dolor y la agonía que suponía la pérdida de rumbo por las calles.

Y, pese a que todo lo que podían hacer era refugiarse uno en el otro, esa noche incluso después de haber compartido un momento de intimidad, no durmieron abrazados como los amantes suelen hacer, sino que el mayor se quedó despierto viendo a la nada mientras disfrutaba del efímero placer que le proporcionada inhalar y exhalar de su cigarrillo barato, mientras que el muchacho todavía desnudo se mantuvo aferrado a las mantas dejándose inundar por la terrible hedor a la vez que intentaba conciliar el sueño.

De repente, pasados unos minutos, el silencio rigió el lugar otra vez y cuando Mitsui comenzó a respirar lenta y profundamente, Tetsuo supo que había caído dormido. Le observó ahí unos minutos, tomándose el tiempo para ver con dedicación las cejas bien pobladas que ahora reflejaban una expresión de paz sin el usual ceño fruncido incluso en la inconsciencia y el cabello largo cubriéndole la cara. Apenas acercó una mano para acomodarle el pelo detrás de las orejas con afecto, y al darse cuenta de su propia acción, de volvió a su anterior posición avergonzado. «¿Qué estoy haciendo?»

Lo correcto sería que se separaran cuanto antes. Mitsui no pertenecía a ese terrible mundo y esperaba haberlo comprendido a tiempo. Después de todo, Tetsuo supo que aquel chico no merecía a alguien como él; que merecía algo mejor, lejos, muy lejos. Lejos de cualquier cosa que pudiera hacerle daño. Lejos de cualquiera que pudiera generarle malos recuerdos y terminara por hundirlo más.

«No quería admitirlo, Mitsui, pero tienes razón… Me siento solo. Y esa soledad solo se alivia por un instante cuando tengo a alguien en mi cama».

El hombre arropó bien al joven. Tomó la orilla de la manta y la alzó hasta cubrir por completo sus hombros. Su pecho bajaba y subía con tranquilidad de una manera lenta y tranquila. Le daba cierta paz el saber que Mitsui descansaba por fin en una de entre muchas noches.
Para sus adentros se dijo que al día siguiente cuando ambos se dieran una ducha, era tiempo de tomarse las cosas en serio. A veces Tetsuo no se entendía a sí mismo, pues deseaba pasar tiempo con Mitsui, cuidarlo y enseñarle cosas, sin embargo, si de verdad lo apreciaba, debía saber que su simple existencia significaba un peligro para el preparatoriano. Era algo que debía admitir, por mucho que doliera saberlo.

Dio una bocanada de aire y volvió a acariciarle los largos cabellos castaños. ¿Qué más podía hacer? Si ya había decidido que debían separarse sin tener en consideración los sentimientos de Mitsui, al menos quería acariciarlo así una última vez antes de que las cosas cambiaran y tomaran un furioso contraste.
Un amor como el que comenzaba a florecer entre los dos era imposible como el agua y el aceite, y sin embargo, tan similar como el pan y la mantequilla.

Quizá Mitsui no fuera lo suficientemente maduro todavía como para poder ver lo que le haría un bien a su vida, y, por otra parte, Tetsuo era lo suficientemente maduro y experimentado como para comprender la estupidez de la adolescencia que le facilita a todo ser humano a caer en lo más bajo cuando apenas se presenta la mínima oportunidad.

Por supuesto, comprendió que haber compartido una noche con el muchacho fue un mero impulso de desesperación y que no debía repetirse jamás.

Tetsuo salió en su moto a dar una vuelta por las calles ya muy avanzada la noche. Sentir la brisa fresca sobre su cara pudo haber sido suficiente para calmar a su agitado corazón, pero creyó que ir a divertirse a un burdel podría calmar su deseo que desde luego no quiso desquitar del todo con el chico.

Se limitó a dejar una nota en la mesita de noche que decía:

«Come antes de irte a casa, hay comida para recalentar en la cocina. Y no me busques. Solo fui a dar una vuelta».