Por fin hay algo de orden en mi vida (mi negocio más bien), para poder darme el lujo de seguir escribiendo y de seguir actualizando. Les pido una disculpa por la tardanza. Para compensar (y también porque está imposible resumir el mito de Heracles), les tengo un capítulo largo (aunque básicamente todos los capítulos van a tener esta extensión).
Para este capítulo, nos enfocaremos más en el viaje de Heracles con los Argonautas, y con Jasón, pero descuiden, no se me han olvidado los 12 Trabajos, en esta ocasión, tocaremos uno muy superficialmente, y lo contaremos con mayor detalle más tarde, o esta historia será infinita, sé que muchos preferirían que lo fuera, pero la vida se me escapa día con día y hay que terminar todas las historias pendientes.
MaryQueen: No la miro feo, pero uno necesita reviews para tener combustible para seguir escribiendo, y felicidades por la adopción. Definitivamente Heracles tiene bastantes problemas, la mayoría auto infligidos, pero ya llegaremos a eso. Tiresias ahora estará bancado o bancada, lo siento por eso, pero el mito de Heracles tiene demasiados personajes, y es muy difícil manejarlos a todos. Ificles y Yolao tampoco serán personajes que estén presentes en todo momento, diferente de Hilas, que siempre estará presente, aunque en este capítulo es más predominante la participación del arraigado, Licas. Sobre Artemisa, ella es todo un tema, en la mitología era una diosa caprichosa y muy infantil, pero en Saint Seiya era toda refinada y seria, así que, sin Ilíona de Guerras de Troya, solo tenemos a la caprichosa, así que hay que disfrutarla. Y bueno, sobre la Sibila, pues habrá sorpresas, pero mejor concentrémonos en Néstor, ya que de él se trata este Primer Trabajo Dorado. Espero que lo disfrutes.
Josh88: El Decreto Imperial, como antecesor al Satán Imperial, causará más estragos de los que crees. Después de todo, hay que explicar cómo dicha técnica llegó a manos de los Caballeros de Géminis, pero no nos adelantemos. Ya veremos qué hacemos con Hera y si sigues pensando así de ella cuando terminemos con 12 Pruebas Doradas. Sobre Ificles, tengo que mencionar que no todos los personajes del grupo de Heracles aparecerán en todos los capítulos, Ificles inició las aventuras con Heracles, pero no permaneció por siempre, y hay que darles lugar a otros héroes, en este caso a Licas. Pero bueno, sobre Néstor, pues de él se trata este capítulo, que lo disfrutes.
Guerras de Troya - Las 12 Pruebas Doradas de Heracles.
Primera Prueba Dorada: Liberar las almas de los Dioscuros.
Yolcos. Palacio de Yolcos. Sala del Trono de Pelias. Año 1,242 A.C.
-Llegará a tu reino un hombre cargando un par de lanzas, una en cada mano, revestido por la piel de una pantera, misma que llevará como una capa, y con el pie izquierdo descalzo tras haber perdido una sandalia –exclamaba un anciano rey, de cabellera larga y rosada, desprovisto de cualquier cana, aunque estas se hacían presentes en su barba blanca. Sus ojos azules estaban repletos de sorpresa, mientras frente a él, el mencionado de las profecías, llegaba a su Sala del Trono-. La Sibila de Delfos tenía razón… eres tú… Jasón… -susurró el anciano rey.
-Parece que fui anunciado, mi rey… -exclamó el hombre vestido en la piel de la pantera, de ojos escarlata, y cabellera roja y corta, quitándose la sandalia que le quedaba en su pie derecho, y lanzándola frente al trono del Rey de Yolco-. Sabes a lo que he venido, Rey Pelias… el trono que arrebataste a mi padre Esón… vengo a que me lo regreses –enunció el joven llamado Jasón. Varios héroes alrededor de la Sala del Trono, quienes esperaban con impaciencia audiencia con el Rey de Yolco, miraron a Jasón con intriga-. Pero no debes temer mi rey… puedes irte con todas las riquezas del reino… solo debes entregar el trono y el cetro de gobernanza, y no tendremos ningún problema –le aseguró Jasón.
-Oh, yo creo tener un problema con eso… -escuchó Jasón, mientras una inmensa mole humana se posaba detrás de él con su sombra rodeándole. Jasón se dio la vuelta, y encontró a un hombre con un garrote en mano-. Verás, alfeñique. Mi amigo Teseo, mi amigo Hilas y yo, viajamos desde muy lejos para pedir audiencia con el Rey Pelias. Somos los Heraclidas. ¿Te entra en la cabeza? –lo empujó Heracles, intentando intimidar a Jasón- Y yo soy su líder, Heracles. Así que, no me nace después de viajar tanto tiempo, el que un usurpador de tercera deponga al rey al que vine a visitar. ¿Captas? –se cruzó de brazos Heracles.
-¿Heracles? El discípulo de Quirón. Linda Armadura de Mithrilo –le apuntó con una de sus lanzas Jasón, varios héroes de los alrededores comenzaron a ganar distancia-. Verás, Heracles… no me importa quién eres. Yo llegué primero, y a ti te toca esperar. Así que, a menos que quieras obligarme a desobedecer las órdenes de Quirón de no enfrentarte: espera… tu… turno… ¿captas? –se burló Jasón, los Héroes de los alrededores se aterraron y comenzaron a salir del lugar, incluso el Rey Pelias se ocultó detrás de su trono, mientras Heracles bufaba con fuerza.
-Me parece que te lo tengo que deletrear. ¡A garrotazos! –atacó Heracles, su Maza de Mithrilo lanzando escombros por todas partes tras el azote, y aparentemente aplastando a Jasón, quien no estaba por ninguna parte- ¿Y el imitador de la piel de Pantera? –se quejó Heracles.
-¿Imitador? Esa es nueva, no la había escuchado –se burló Jasón, recargado en una columna, mientras tomaba la piel de pantera, la doblaba, y la colocaba en el suelo, revelando su Armadura de Oro Rojo-. Como elegiste presentarte ante mí tan presuntuosamente, es natural que yo, que sí tengo modales, me presente también –se paró frente a Heracles Jasón, mirándolo fijamente-. Mi nombre es Jasón… Jasón de Argonian Pantheira, soy el mejor discípulo del Centauro Quirón, y soy mucho mejor que tú… -preparó sus lanzas escarlatas Jasón.
-¿Discípulo de Quirón eh? –se burló Heracles, preparando su garrote- Estos días Quirón acepta a cualquier pelele. ¿Qué puede hacer un camarón como tú contra una mole humana como yo? Despídete, ¡porque te voy a agarrar a garrotazos! –Heracles atacó.
-¡Broji tes Spears! –enunció Jasón, sus lanzas brillando de escarlata, y dividiéndose en miles, que impactaron a Heracles en una lluvia de lanzas escarlata, mismas que Heracles agarró a garrotazos, partiéndolas, mientras el Héroe de Mithrilo se recuperaba y se abalanzaba contra el Héroe de Oro Rojo.
-¡Alguien! ¡Quien sea! ¡Detenga esta tontería! –pidió el Rey Pelias, mientras el par de guerreros intercambiaba golpes de maza y de lanza, destruyendo el Palacio de Yolcos en el combate. Uno de los guerreros de los alrededores, que había llegado como mercenario a Yolcos, entonces se materializó frente al Rey Pelias, tomándolo del hombro, antes de desaparecer con él, mientras el trono de Yolcos quedaba derribado tras un potente garrotazo de Heracles. Antes de que Pelias supiera lo que había ocurrido, ya se encontraba fuera del palacio, igual que todos los héroes que habían llegado a prestar servicio al Rey de Yolcos, mientras Heracles y Jasón continuaban su batalla dentro del palacio- ¿Qué ha ocurrido? –se quejó el rey.
-Nos sacaron a todos del Palacio de Yolcos –habló un Caballero Dorado, Telamón de Leo, quien se mostró impresionado de lo que acababa de ocurrir-. ¿Fuiste tú quien nos sacó? Espera, yo te conozco… eres Néstor de Pilos, y esa es… -le apuntó Telamón.
-La Armadura Dorada del Hecatónquiro Géminis… o lo que queda de ella –habló un hombre, de 30 años de edad, mientras su Armadura Dorada se oscurecía-. Me habían advertido de no usar esta Armadura Dorada hasta que no hubiera sido resucitada, pero no los escuché… -enunció Néstor, su Armadura Dorada agrietada y rota se transformaba en plomo-. Debes ser muy habilidoso para mantener la tuya en tal estado, ¿cómo es que no se ha convertido en plomo? –preguntó Néstor.
-Peleo, mi compañero de viajes –presentó Telamón al pelirosado a su lado-. No será un Muviano o un Atlante, pero con suficiente tiempo, puede reparar las Armaduras Doradas dañadas –agregó Telamón-. Puede reparar la tuya también, pero… pensé que yo era el único Caballero Dorado que quedaba tras la cruzada de Teseo contra los malditos que mancharon el nombre de nuestra orden. ¿Dónde conseguiste esa Armadura? –le preguntó Telamón.
-Cómo y dónde la conseguí no tiene importancia, lo que es verdaderamente importante, es que es inútil contra esa bestia –se quejó Néstor, mirando la explosión de cosmos que se elevaba como una columna escarlata y blanca, mientras el León de Mithrilo y la Pantera de Oro Rojo se batían en duelo-. Ellos dos podrían combatir por 1,000 días con ese equilibrio de cosmos… eso significa que debo encontrar otra forma para derrotarlo… tal vez… la Exclamación de Athena… -se susurró Néstor a sí mismo, y miró a los alrededores, inspeccionando los cosmos de los presentes-. Muchos héroes muy poderosos han venido a ponerse bajo sus servicios, mi Rey Pelias –comentó Néstor, mientras el horrorizado de Pelias se tiraba de los cabellos rosados con horror por ver su palacio destruido-. De rey a rey, mi señor soberano de Yolcos, permítame darle un consejo, su excelencia. Deshacerse de ese tal Jasón no va a ser fácil, pero creo que podemos ayudarnos mutuamente. Dígame, ¿ha escuchado del Vellocino de Oro? Le contaré. Después de todo, tenemos al menos unos 1,000 días para prepararnos –apuntó Néstor a los combatientes, que sembraban el caos con cada uno de sus golpes.
Delfos. Casa de Filoctetes. Año 1,212 a. C.
-Ya volví -diez años habían pasado desde que Heracles y Filoctetes habían llegado a Delfos, y en esos diez años, Filoctetes había construido una casa de loza a las afueras de Delfos, cerca de una de las fuentes de agua donde la Sibila solía bañarse. De hecho, uno de los arroyos pasaba justo por dentro de su casa, ya que la Sibila prefería estar la mayor parte del tiempo que le fuera posible dentro del agua, y Filoctetes le había facilitado la tarea a la Sibila, construyéndole un canal para que pudiera pasearse por la casa, y salir del canal para recibir a Filoctetes cuando llegaba de alguna de sus cacerías, como era el caso, llegando con algunas piezas de carne ya cocinadas de un faisán, y colocándolas en la mesa-. ¿Vas a comer? –preguntaba Filoctetes. La Sibila, desde su canal de agua, miró a Filoctetes con curiosidad- Si te traje algo dulce. Pan de miel –le comentó Filoctetes, sacando una pequeña bolsa de cuero y colocándola en la mesa de madera, lo que emocionó a la Sibila, quien salió del agua empapando toda la casa-. ¡Sécate primero! ¡Te puse una percha con trapos para que…! Vah… olvídalo… –intentó quejarse Filoctetes, pero la Sibila ya se encontraba sentada en la mesa y comiendo su pan de miel-. Tienes que comer carne también, no puedes solo comer dulces… -le comentó Filoctetes, sentándose, la Sibila lo ignoró mientras se chupaba los dedos llenos de miel, Filoctetes comenzó a servir la carne en algunos platos-. ¿Has hablado con él…? –le preguntó Filoctetes, la mirada alegre de la Sibila cambió, llenándose de tristeza- No puede seguir así… la Sangre de Neso… -intentó explicar Filoctetes.
-Lo sabe… -fue la respuesta de la Sibila, a quien Filoctetes miró con curiosidad. La Sibila era de pocas palabras, de muy pocas palabras, había sido entrenada para no decir más de lo estrictamente necesario, ya que los conocimientos de la Sibila eran muy peligrosos si caían en oídos equivocados. Normalmente no se permitía a la Sibila hablar con nadie sin un Sacerdote de Apolo de por medio, pero Filoctetes contaba con trato preferencial en Delfos, no exactamente por voluntad de los sacerdotes de Delfos, sino por la Sibila misma-. ¡Poeas! –llamó la Sibila.
-¡Voy! –se escuchó de lo profundo de la casa, desde donde un niño de 9 años de edad, de cabellera castaña suave atada en un par de trenzas que le caían por enfrente del rostro, y con unos ojos verdes idénticos a los de la Sibila, llegaba con el cabello y las prendas rojas llenas de paja- ¡Qué bien! ¡Pierna de faisán! –comentó el niño, sentándose en la mesa, aunque tras hacerlo, la Sibila le dio un coscorrón, lastimando al niño, antes de desviar la mirada con molestia, lo que preocupó a Filoctetes, quien sudó frio- ¿Ahora qué hice? –lloró el pequeño con una lágrima traicionera por el dolor, la Sibila simplemente mantuvo su silencio.
-Sabes que ella no puede decir más de lo estrictamente necesario. Trata de adivinarlo –le comentó Filoctetes, mientras el pequeño, Poeas, se sobaba la cabeza con dolor por el coscorrón-. Te ayudaré un poco. No es porque llegaste con la ropa y el cabello lleno de paja, tus manos se ven limpias, así que tampoco es porque no te lavaste las manos, ¿qué te faltó? –preguntó Filoctetes.
-Amm… ¿darte… la bienvenida? –se apenó Poeas, la Sibila se aclaró la garganta, y Filoctetes asintió- Lo lamento. Bienvenido a casa, padre –sonrió Poeas, y solo entonces, la Sibila le acercó su plato al niño para que comiera-. Sería más fácil si me dijeras lo que estoy haciendo mal, no puedo ir adivinando todo lo que tengo que hacer todo el tiempo –se quejó Poeas.
-Te acostumbrarás, yo lo hice –le explicó Filoctetes, colocando un poco de carne de faisán en un pequeño plato, mismo que colocó frente a la Sibila, quien hizo una mueca- No puedes comer solo dulces como una menor de edad. ¿Cuántos años tienes ya? ¿680? –preguntó Filoctetes, la Sibila desvió la mirada de forma sombría- ¿681? –volvió a preguntar, la Sibila se estremeció- Ah pues feliz Día del Nombre. Más tarde iré a comprar un pan de miel más grande para la cena –comentó Filoctetes, alegrando a la Sibila.
-¿Es el Día del Nombre de madre? Con razón estaba tan feliz. Hoy me contó la historia de la primera batalla de los 1,000 días –le comentó Poeas a Filoctetes, quien se mostró sorprendido. La Sibila, apenada, le golpeó la nuca nuevamente.
-¿Le leíste mis notas? –le preguntó Filoctetes, la Sibila viró el rostro apenada mientras Poeas volvía a sobarse la cabeza- ¿Pasó algo especial? No sueles ser maternal, en absoluto, ¿contarle un cuento al niño? ¿Enserio? ¿Quién te dijo que ganó? Si te dijo que Heracles es por su favoritismo, Jasón lo venció y por eso fue el capitán de la expedición de los Argonautas por sobre de Heracles –le informó Filoctetes, la Sibila se mordió el labio- ¡Lo sabía! ¡Cambiaste el final para hacer a Heracles quedar como el ganador! Que tramposa –le apuntó Filoctetes, la Sibila infló sus mejillas.
-No puedo creer que de verdad entiendas a mamá –se impresionó Poeas, mientras la molesta de la Sibila devoraba su pan de miel-. Ella solo come y después se lanza al agua –se quejó Poeas, y tras el comentario, la Sibila así lo hizo-. Y después se queja por los calambres y se queda tendida en una esquina hasta que se le pasan –continuó explicando Poeas, hasta que se escuchó el quejido de la Sibila, quien se retorció por meterse a nadar tras comer, y se sobó el vientre en una esquina de la casa de piedra. Filoctetes suspiró incomodado por lo que estaba viendo-. ¿Cómo es que ustedes dos terminaron juntos? –preguntó Poeas.
-Mira Poeas, quiero mucho a tu madre, es todo lo que debes saber –le comentó Filoctetes, Poeas lo miró con incredulidad y se cruzó de brazos, Filoctetes sudó frio-. Digamos que… por mi culpa… y por una celebración en honor a Apolo… que incluía bastante vino… es que en Delfos ya no se permiten Pitonisas menores de 50 años… -se apenó Filoctetes, Poeas no lo comprendió-. Que oye tú tienes 681 años, que te veas de 18 a lo mucho no es mi culpa –se quejó Filoctetes, la Sibila solo giró en su esquina para dirigirle la mirada de molestia a Filoctetes-. En fin… iré a llevarle una pieza al enojón. Si no regreso con vida, mínimo educa a tu hijo –se molestó Filoctetes, recogiendo sus cosas. Pero antes de irse, la Sibila lo llamó.
-Fil… -comenzó ella, Filoctetes se sorprendió y se viró para verla-. Hoy… aceptará tu disculpa… -fue todo lo que dijo, antes de volver a darse la vuelta con tristeza, ocultando una lágrima traicionera de la vista de Filoctetes.
-¿Ah sí? Entonces hoy… -intentó decir Filoctetes, la Sibila asintió sin querer dirigirle la palabra-. Ya veo… -suspiró Filoctetes-. Poeas, prepara a Pegaso. Saldré de viaje –le pidió Filoctetes, Poeas miró a Filoctetes, luego a su madre, y supo que estaba triste-. Cuídala mucho –le susurró él, antes de frotarle la cabellera, y salir de la casa.
Templo de Apolo de Delfos.
-Apolo, Dios de los Médicos, escucha mi plegaria –dentro del Templo de Apolo de Delfos, Crises, un Sacerdote de Apolo, quemaba algunas ramas con unas cuantas flores, para rodear el Templo de Apolo con aromas florales, mientras caminaba alrededor de un Heracles ya muy molesto y respirando pesadamente. Llevaba el pecho al descubierto, y en este se había hecho presente una mancha negra que le cubría el hombro izquierdo-. Concédeme el don de la sanación para salvarlo a él que es tu primo, libéralo de la Sangre Maldita de Neso –el humo de los inciensos que quemaba Crises se iluminó, como si de un cosmos de luz se tratase, y Crises acercó el madero quemado más cerca de la piel ennegrecida de Heracles, pero esta comenzó a extender un cosmos oscuro, y se tragó al madero de Crises, apagando su luz-. ¡Es inútil! ¡Apolo no quiere ayudarte! ¡Si no hubieras agarrado su estatua a garrotazos! –se molestó Crises.
-No me vengas con eso Crises, vi la luz, pero tal parece que Apolo no es un Dios de los Médicos lo suficientemente fuerte para quitarme esta manchita –apuntó Heracles, el fuego en el tizón que llevaba Crises en su mano avivó y le quemó la barba a Heracles, quien tomó su garrote y se preparó para aplastar el mismo mientras Crises huía-. Ya estuvo primo, te voy a agarrar a garrotazos –apuntó Heracles al tizón con su maza.
-Y Poeas dice que yo me inventé esa frase para hacer a tus historias más amigables para los niños –entró Filoctetes en el Templo de Apolo, lo que molestó a Heracles, quien gruñó y se dejó caer en el suelo, cruzándose de brazos y piernas e ignorando a Filoctetes-. También te extrañé –se burló Filoctetes del silencio de Heracles.
-¡Qué haces en el Templo de Apolo de Delfos! –se molestó Crises, saliendo de su escondite para encarar a Filoctetes- ¡No se permite a cualquiera dentro del Templo de Apolo de Delfos! ¡Lárgate antes de que decida que tu afrenta es merecedora de una ejecución! –lo empujó Crises.
-Vamos sacerdote. ¿Cómo quiere que hable con él si se la pasa adentro del Templo de Apolo y solo sale cuando voy de cacería? Me cansé de esperar a que se le pase el berrinche. Así que vine a verlo yo a él –intentó ir a su encuentro Filoctetes, pero Crises lo empujó con más fuerza- ¡Oye! ¿Quién te crees? –se molestó Filoctetes.
-¿Quién te crees tú, imbécil? Acabaste con 670 años de virginidad de nuestra amada Sibila ¿y esperas que te permita entrar, así como así, al Templo de Apolo de Delfos? Debes estar demente. Deberías haber sido ejecutado por tu crimen –amenazó Crises.
-Oye Crises, ¿te digo algo? No puedes hacer nada contra mí. Porque, aunque alegaste que violé a la Sibila, y casi me cuestas la cabeza, la Sibila, que es de muy pocas palabras, abrió la boca para desmentirte –se burló Filoctetes, molestando a Crises-. Además, la Sibila se encargó de recordarte, señor Sacerdote Principal de Delfos, que, si algo me pasaba, adiós a la Pitonisa Principal que, por 650 años, poco más, poco menos, ha dado sus oráculos aquí en Delfos. Así que, a menos que tengas un reemplazo para la Sibila de Delfos, que te recuerdo que prohibiste que fuera menor de 50 años porque, según tú, rapté a la Sibila porque era joven y hermosa, que, si es hermosa, no exactamente joven, eso lo sabes tú, y lo sé yo. En resumen: me vuelves a tocar, y te quedas sin Sibila Délfica, ¿captas? –se burló Filoctetes.
-¿Me estás amenazando? ¡Soy la máxima autoridad de Delfos! Tengo aliados muy poderosos. No eres nada, ni nadie, para decirme qué hacer –le espetó Crises con soberbia, Filoctetes lo miró fijamente, y entonces sonrió.
-Aliados poderosos, ¿verdad? Y una de esas aliadas poderosas no será… de pura casualidad, una señorita, de unos 21 años, esposa de un tal Príamo de Troya… -comenzó Filoctetes, Crises palideció. Detrás de él, Heracles pareció virar el rostro para escuchar lo que Filoctetes decía-. Escuché que tuvo gemelos, tendrán unos… ¿3 años? Me parece curioso que haya quedado embarazada justo el mismo año que regresaste de Egipto, un año antes de su mayoría de edad, además, cuando Príamo nos dijo a Heracles y a mí que no pretendía tocarla hasta que fuera mayor de edad. Creo haber escuchado que no era virgen cuando sedujo a Príamo. ¿Ese tipo de aliados son a los que te refieres Crises? ¿Te he contado que Heracles tiene a Hécuba en muy alta estima? Y que, si llegara a enterarse de que cierto Profeta de la Corte, se llevó a la cama a la prometida aún virgen de Príamo… bueno… a alguien lo podrían agarrar a garrotazos. ¿No crees? –preguntó Filoctetes divertido, Crises se dio la vuelta aterrado, y descubrió a Heracles intentando escuchar la conversación- Así que, Crises… la próxima vez que me amenaces… asegúrate de que no me esté acostando con la Sibila de Delfos que conoce todos los secretos del universo y me los cuenta antes de quedarse dormida en mis brazos. Entonces… ¿me dejas pasar? –volvió a burlarse.
-Cuando encuentre un reemplazo para la Sibila de Delfos… Filoctetes de Sagita… voy a borrarte esa maldita sonrisa del rostro… -amenazó Crises, pero de cualquier forma se hizo a un lado, permitiendo a Filoctetes pasar.
-Escuché el nombre de Hécuba. ¿Le pasó algo? –preguntó Heracles cuando Filoctetes llegó ante él, aunque pronto se acordó de que se suponía que estaba enojado con Filoctetes, y se viró nuevamente.
-Ah, ¿ya me hablas? ¿Cuánto te tomó? ¿9 años? –preguntó Filoctetes, Heracles continuó ignorándolo- Hécuba está bien, goza de buena salud. Aunque no la está pasando muy bien anímicamente. Hace dos lunas perdió a uno de sus bebés, Alejandro. Dicen que fue muerte de cuna, aunque la Sibila dice que eso es mentira, pero no quiso decirme más al respecto. Lo que es raro… siempre me cuenta cosas que no debería saber, pero esto sobre Alejandro no me lo quiere contar, no es que quiera saberlo, pero me da curiosidad que no quiera contarme –admitió él.
-Ah, claro, restriégame en la cara que a la luna de conocerla ya te la habías llevado a la cama, cuando yo pasé 12 años cortejándola sin suerte –se fastidió Heracles, Filoctetes se molestó-. ¿A qué viniste? –se molestó Heracles.
-Primero, te disculpas conmigo por hablar de la Sibila de una forma tan vulgar –se cruzó de brazos Filoctetes, Heracles hizo una mueca-. Estoy esperando, esas no son formas de dirigirte a una señorita. Discúlpate –pidió Filoctetes.
-¡Ya! ¡Perdón! ¿Contento? –se molestó Heracles, Filoctetes lo miró con molestia- ¿A qué viniste? No quiero hablar contigo –se molestó Heracles, dándole la espalda nuevamente.
-Mientes… ella me lo dijo… -le comentó Filoctetes, Heracles bajó la cabeza-. También me dijo que no estás enojado conmigo realmente, sino con ella. Realmente debes odiar mucho hacer lo de las 12 Pruebas Doradas o como sea que se llamen, para hacer tu berrinche por 10 años. Estaría molesto contigo la verdad, si ella no me hubiera contado que se requerían de estos 10 años para que los nuevos 12 Caballeros Dorados estuvieran listos para escucharte –le explicó Filoctetes.
-¿De modo que ella siempre supo que estaba perdiendo mi tiempo intentando curarme esta maldita mancha con los Sacerdotes de Delfos? –preguntó Heracles, Filoctetes asintió- ¿¡Y no me lo dijiste!? –preguntó él.
-¿Recuerdas cuando me contaste sobre el Rey Creonte diciéndote que le recordaras sobre una misión a Chipre para raptar al hijo de su rey, Hilas? –preguntó Filoctetes, Heracles soltó aire, y se dio la vuelta para ver a Filoctetes- Bueno, esto es así. No era el momento de conocer a Hilas, así como no era el momento de buscar a los 12 Caballeros Dorados… ahora sí es el momento –le explicó Filoctetes, Heracles lo pensó-. Y es el momento también para que tú y yo hagamos las paces y continuemos con nuestro viaje –continuó él.
-¿Qué hay de Poeas? –preguntó Heracles, Filoctetes alzó una ceja divertido- Puede que… haya estado enviando espías a ver cómo iba todo con tu nueva familia. Me dicen que te llevas bien con la Sibila, y que tu hijo está sano, y fuerte –admitió él.
-Y ya cazó a su primer jabalí, es un adulto ante mis ojos –le enunció Filoctetes-. La Sibila dijo que el futuro me auguraba un único hijo, pero que jamás me casaría, y es verdad, está prohibido casarse con la Sibila, y como se llama Sibila, y las Sibilas deben ser siempre vírgenes, se borrará de la historia y nadie jamás sabrá el nombre de la madre de mi hijo. Dormir con una Sibila es… peculiar… sabe demasiadas cosas, y no tengo alternativa más que creerle. Cuando me la presentaste, ella inmediatamente dijo que sería la madre de mi hijo, pensé que me estaba coqueteando, o que era una muy mala broma de tu parte –sonrió Filoctetes.
-Vamos, no soy tan cruel para planear una broma como esa –le sonrió Heracles, recordando lo que aconteció cuando se realizaron la presentaciones pertinentes-. Cuando yo la conocí, dijo que jamás la tendría, que antes yacería con mi mejor amigo. Pensaba que se refería a Licas –admitió él, Filoctetes asintió-. Bueno, los 12 Caballeros Dorados no van a esperarnos –se puso de pie Heracles, Filoctetes hizo lo mismo-. Pero… ¿estás seguro? Ahora tienes familia –admitió Heracles, Filoctetes estuvo por contestar, pero alguien lo hizo primero.
-Está seguro… -escucharon ambos, y notaron a la Sibila, con su cuerpo humedecido, lo que significaba que había estado nadando nuevamente, entrando dentro del Templo de Delfos-. Verme nuevamente, será la clave para que no te pierdas en el camino. Los 12 Caballeros Dorados necesitarán sus convicciones restauradas antes de que la conciencia de la nueva Athena despierte. De lo contrario, no estarán listos para la guerra contra Hades que se avecina –finalizó la Sibila, cruzándose de brazos.
-No tienes idea de lo extraño que es escucharla decir más de 3 palabras en una oración –le susurró Filoctetes, Heracles sonrió, por lo que Filoctetes supo que Heracles sabía de lo que hablaba-. A ver si entiendo, ¿me usaste para que forzara a este bruto a no perderse durante el tiempo que duran sus nuevas 12 Pruebas Doradas, para que la nueva Athena tenga un ejército de Caballeros Dorados a tiempo para la guerra contra Hades? –preguntó Filoctetes, la Sibila asintió, Filoctetes bajó la mirada con molestia.
-Si me gustas… -se apresuró a decir la Sibila al notar la decepción en el rostro de Filoctetes, por lo que el de Sagita pareció resucitar por aquellas palabras, era la primera vez que las oía-. Por eso debes asegurarte de regresar… solo tendremos un hijo… pero… quiero criarlo contigo… correctamente… -aseguró ella, Filoctetes estaba demasiado rojo por la vergüenza.
-Ay, qué bonito. ¿Les doy unos minutos? –se burló Heracles, Filoctetes se aclaró la garganta, y movió su rostro en negación- Tú te lo pierdes. Entonces. ¿Cuáles son las 12 Pruebas Doradas? ¿Me las vas a decir todas, o vas a hacerle a la Euristeo y a mantener el secretismo hasta que sea conveniente para ti? –preguntó Heracles, la Sibila sonrió- Son tal para cual… los odio a ambos… ¿qué hay que hacer o qué? –preguntó Heracles.
-Cuando realizaste los 12 Trabajos Originales, conectaste a las 12 Constelaciones de la Elíptica Solar, con los restos de las 12 Armaduras Doradas, regresándoles el brillo del Sol –le explicó la Sibila, Heracles asintió, recordando sus 12 Trabajos Originales-. Sin embargo, los 12 Caballeros Dorados no fueron exactamente nobles o seguidores de Atenea. Hicieron su propia voluntad. El cosmos de Atenea apenas abrazó a algunos cuantos. Si los cosmos de los 12 Caballeros Dorados no encuentran a Atenea en sus corazones, las 12 Armaduras Doradas no estarán realmente consagradas a Atenea, y podrían caer en el dominio de cualquier dios, incluso del de Zeus –les explicó ella, lo que ninguno de los dos comprendió-. Zeus se dice es el Dios de los 1,000 ejércitos. Como Rey de los Dioses, posee a todos los ejércitos de cualquier Dios Olímpico a su disposición, incluyéndose a los Caballeros de Athena. Esto no es del agrado de Apolo, quien está enemistado con Zeus. Las 12 Pruebas Doradas, tienen por objetivo el realizar una conexión entre las 12 Constelaciones de la Elíptica Solar, con las almas de los Caballeros Dorados elegidos para portar las 12 Armaduras Doradas, anclando de esa manera a sus almas con el alma de Atenea, evitando que Zeus pueda obligarlos a la obediencia. En otras palabras, si no es voluntad de Atenea, los 12 Caballeros Dorados no podrán subordinarse a Zeus –terminó ella.
-Esto suena demasiado complejo –se rascó la barba Filoctetes, Heracles se rascaba la cabeza pensativo de igual manera-. A ver si entiendo, las 12 Pruebas Doradas tienen por objetivo el que Zeus no pueda disponer de los 12 Caballeros Dorados siendo el Rey de los Dioses, todo porque a Apolo no le cae bien Zeus –resumió Filoctetes, la Sibila asintió-. Creo que te conozco lo suficiente para deducir que esto es alguna clase de preparativo para una guerra, no necesariamente la próxima guerra contra Hades… -admitió Filoctetes.
-Así es… son los preparativos para poner fin al Ciclo Infinito de los Dioses… -susurró la Sibila, Filoctetes logró escucharla, pero tanto él como Heracles comenzaron a sentirse mal, y sus mentes comenzaron a divagar, lo que la Sibila notó, y suspiró incomodada-. Si Heracles realiza estas 12 Pruebas Doradas… el Brillo del Sol se manifestará en Gea, y borrará la mancha negra en tu cuerpo, liberándote de la Maldición de Hades –finalizó ella.
-Perdona, creo que ando un poco distraído. ¿Dijiste algo sobre un algo infinito? ¿Qué es un infinito? –preguntó Filoctetes, la Sibila lo negó con la cabeza- Está bien… no te noto muy convencida, pero prefiero que no me vuelva a doler la cabeza. Así que, visitamos a los 12 Caballeros Dorados, y hacemos, ¿qué exactamente? –preguntó nuevamente.
-12 Pruebas Doradas que unirán las almas de los 12 Caballeros Dorados con sus Armaduras Doradas –volvió a decir la Sibila-. La Primera Prueba Dorada, consiste en liberar a las almas de los Dioscuros, actualmente en posesión de Néstor, el Rey de Pilos. Tengan mucho cuidado. El Caballero Dorado de Géminis será en la mayor parte de las generaciones el Caballero Dorado más poderoso de todos. Serán pocas las generaciones en que esto no se cumpla. No deben subestimarlo –pidió la Sibila.
-¿Los Dioscuros? –se frotó la barbilla Heracles, Filoctetes lo miró confundido- Los conozco, te contaré de ellos. Buenos tipos, aunque no he sabido de ellos en años –le comentó Heracles, Filoctetes supo que pronto tendría una nueva historia que escribir-. ¿Algo más que debamos saber antes de irnos? –preguntó Heracles.
-Dos cosas, una para Heracles, otra para Filoctetes –comenzó la Sibila, el par asintió-. Para Heracles, deberás siempre tener presente los 12 Trabajos que realizaste. Ellos deben conocer todo sobre estos trabajos, tus sentimientos, tus proezas. Serás el maestro de los 12, si mantienes los 12 Trabajos presente en todo momento –le explicó la Sibila, Heracles asintió-. Y para Filoctetes… -comenzó la Sibila, Filoctetes la miró con curiosidad-. Este viaje durará 12 años… y en esos 12 años… solo nos veremos una vez por año… -enunció ella, preocupando a Filoctetes-. Después de eso… no volveremos a vernos en vida… por eso… asegúrate de que las próximas 11 reuniones que tengamos… sean hermosas… -terminó la Sibila, y tras aquello, corrió fuera del Templo de Apolo.
-¿Espera qué? ¡Sibila! –se preocupó Filoctetes, sabiendo que la primera de las 12 reuniones al año, se había terminado- Debió advertirme que perdería mi primera oportunidad de esta manera –se molestó Filoctetes.
-Si lo hubiera hecho, tal vez no me hubieras querido acompañar –dedujo Heracles, Filoctetes lo miró fijamente-. Piénsalo, estás por dejar a tu mujer y a tu hijo, por venir conmigo en un viaje de 12 años. Pero antes de eso, pudiste vivir con ella por 10 años. Yo creo que ella lo planeó así. Ella siempre supo que aparecerías en su vida. Yo nunca la había visto tan conmocionada por nada antes. Siempre era tan seria y escasa de palabras. Pero contigo ella es más… no sé… se veía feliz… -admitió Heracles, Filoctetes suspiró en ese momento.
-Vámonos antes de que me arrepienta –comenzó a liderar la marcha Filoctetes, Heracles tomó su garrote, y comenzó a seguirlo-. Me parece que voy a necesitar algo de distracción para el camino. Tengo mucho que escribir para mantener a Poeas entretenido a mi regreso. Me enteré que Sibila le había estado leyendo tus historias. Así que. ¿Qué sabes de los Dioscuros? –le preguntó Filoctetes.
-Es una historia algo extraña –le comentaba Heracles, mientras salían del Templo de Apolo, para encontrar a Pegaso ya preparado para el viaje. Heracles y Filoctetes subieron a la carreta, y Filoctetes inmediatamente preparó un cuero y un carbón. Heracles por su parte tomó las riendas, y comenzaron con el camino a Pilos-. La primera esposa de Tindáreo se llamaba Némesis, algunos dicen que era la misma Diosa Némesis, otros dicen que solo se llamaba como la Diosa Némesis. Por muchos años, se pensó que ambos eran mellizos nacidos de la unión entre Tindáreo y Némesis, pero da la casualidad de que no fue así. Yo viajé con ellos, en el Argos, también estaba Hilas allí, aunque la presentábamos como un chico. Ya sabes, 62 Argonautas, si decía que Hilas era una chica… bueno… -intentó explicarle Heracles.
-Puedo imaginarme por donde iba la cosa –admitió Filoctetes, Heracles asintió-. Entonces, viajaste junto a los Dioscuros en el Argos. Si no mal recuerdo, otro de los Argonautas era Néstor. El mismo Néstor al que vamos a visitar a Pilos, ¿no es así? –preguntó él.
-Conozco a un Néstor de los Argonautas, y antes de conocerlo a él, conocí a un Néstor de Pilos. No sé si son la misma persona, el Néstor de Pilos era bonito, de nalguitas preciosas, muy preciosas… -divagó Heracles, Filoctetes se aclaró la garganta-. El otro Néstor, el de los Argonautas, no es que estuviera feo, pero siempre estaba enojado conmigo. Era como si sintiera alguna clase de odio contra mí, como si lo hubiera ofendido, solo que no recuerdo haberlo ofendido antes –se tornó pensativo Heracles, concentrándose-. Llevábamos varios días en el mar de camino a la Cólquida. Buscábamos el Vellocino de Oro que el Rey Pelias le había solicitado a Jasón conseguir para de esa forma entregarle de forma pacífica el Reino de Yolcos. Jasón había sido… elegido… como el Líder de los Argonautas –comentó Heracles, Filoctetes alzó una ceja-. Está bien, combatimos, tuvo suerte. De todas formas, lo importante es que acabábamos de llegar a Bitinia, donde habíamos desembarcado para llenar nuestras ánforas de agua dulce, cuando un tal Rey Ámico nos detiene diciendo que su fuente de agua era sagrada y solo para él, pero que, si alguien lo derrotaba en un combate de pugilato, nos dejaría abastecernos. Yo estaba por partirle el cráneo, pero Jasón no estaba de acuerdo. Jasón y yo, no nos llevábamos muy bien… -admitió Heracles.
Bitinia. Año 1,239 A.C.
-¡No te entiendo Jasón! ¡Soy más fuerte que él! ¡Un garrotazo y listo! ¡No tengo que ni contar a dos! –se quejaba Heracles, en ese entonces de 43 años de edad, un Heracles que ya había terminado sus famosos 12 Trabajos, pero que no vestía su Armadura de Mithrilo, eligiendo vestir, por su subordinación a Jasón, una Armadura de Oro Rojo, que no era su primera elección en armaduras. Se encontraban en medio de un bosque, cerca de un claro, en el cual llenarían sus ánforas de no ser por un enorme hombretón de cabello largo y negro azulado, de ojos dorados, y bastante musculoso y alto, aunque no más musculoso y alto que Heracles.
Cuando los Argonautas desembarcaron en el Reino de Bitinia, se adentraron en sus bosques para encontrar algo de agua dulce para continuar con el viaje. Pero cuando los Argonautas encontraron una fuente de agua, el supuesto Rey de Bitinia, de nombre Ámico, les impidió abastecerse, no al menos que alguno de los Argonautas pudiera derrotarlo en un combate de pugilato, algo para lo cual Heracles ya se estaba preparando, cuando Jasón lo detuvo, iniciando uno de sus usuales enfrentamientos verbales, que mantenían a los Argonautas, en esos momentos alrededor de unos 20, entre los cuales sobresalían Hilas, pretendiendo nuevamente ser un hombre, dos Argonautas, uno de cabellera castaña y corta de ojos verdes vistiendo una Armadura de Oro Rojo con colores plateados, y otro Argonauta idéntico a este, pero de ojos azules, y con su Armadura de Oro Rojo adornada de colores dorados y no plateados. Cerca de ellos estaban Néstor en su Armadura de Oro Rojo de adornos dorados, un hombre de 33 años de edad, de ojos azules pálidos, cabellera y barba castaña, y una mirada eternamente enojada y que no dejaba de juzgar a Heracles. Junto a él estaba un buen amigo de Néstor, de cabellera castaña y larga, ojos azules, y una Argonia con adornos de plata, siendo su Argonia una representación de un lobo, y dos amigos más de Néstor, un joven de ojos rojos y de cabello negro atado en una coleta, cuya Argonia representaba a un felino, y otro hombre bastante alto, de tez morena, cabello gris bastante largo, rasgos faciales primitivos, y cuya Argonia representaba a un oso.
-Allí van de nuevo a discutir –hablaba uno de los acompañantes de Néstor, el hombre de cabellera castaña, que suspiraba molesto por todos los contratiempos-. Si es un combate de pugilato, Heracles le arrancaría la cabeza de un golpe, deberían elegir a alguien como tú Idas. Tu Argonian Arktos seguro se divertiría –le comentó el hombre de la Argonia del Lobo al de la Argonia del Oso.
-No me molestaría –agregó el bronceado, mientras los gritos entre Jasón y Heracles se intensificaban, lo que ya era una escena demasiado común entre los Argonautas-. Soy el mejor pugilista entre los Argonautas. Con mi tamaño, tan similar al del supuesto Rey Ámico, sería un combate bastante interesante –admitió el gigantón.
-Precisamente por esa razón no te elegirían –le comentó el joven de los ojos rojos, molestando a Idas-. Los ojos de Argonian Lynx me permiten ver los músculos de ese sujeto Ámico. Serán tan tonificados como los tuyos, hermano Idas, pero los de él son más flexibles. Te destrozará en un combate –le explicó el de ojos rojos de cabellera atada en una coleta, enfureciendo a Idas.
-Si Linceo ojos de Lince lo dice, es así –lo detuvo el de Armadura de Oro Rojo del Lobo-. Pero si no es Heracles quien combatirá por el derecho a reabastecernos de agua, ¿quién entonces? –preguntó el castaño.
-Dudo que vaya a gustarte la respuesta Laertes, a ninguno de nosotros nos va a gustar –dedujo Néstor, cruzándose de brazos, y observando a otro par de Argonautas, a quienes la mayor parte del grupo de Néstor despreciaba, un Argonauta de Oro Rojo de adornos dorados, cabellera castaña oscura y corta, y de ojos azules, y su hermano casi idéntico, pero de ojos esmeralda, en una Argonia de Oro Rojo de Adornos de Plata. De cualquier forma, el grupo concentró su atención en Jasón, quien ya estaba teniendo suficiente de la insubordinación de Heracles.
-¿No lo entiendes? ¿Cuántas veces te lo tengo que deletrear? Agáchate –le pidió Jasón, Heracles se molestó, pero así lo hizo. Cuando estuvo a una altura pertinente, Jasón colocó su brazo alrededor del cuello de Heracles, y lo alejó del grupo, asegurándose de que ambos no fueran escuchados por los demás, y solo entonces explicándole las cosas-. Escucha, no me cabe duda que eres el más poderoso de los Argonautas, más incluso que yo, pero cuando nos enfrentamos y te derroté… -intentó comentarle Jasón.
-No me derrotaste, me dio hambre y te dejé ganar después del día 1,000 sin comer nada. Además, extrañaba a Hilas –mintió Heracles, Jasón lo miró fijamente-. ¡Que no me venciste! –insistía él.
-Olvida quien venció a quien y solo escucha –reprendió Jasón-. No sabemos si ese sujeto es o no es el Rey Ámico de Bitinia. Pero convengamos en que lo es y te dejo enfrentarlo, con o sin garrote le das uno de tus golpes, le arrancas la cabeza. ¿Qué pasa después? Tenemos a todo Bitinia persiguiendo a los Argonautas porque el bruto de Heracles no sabe controlar la fuerza de su cosmos y de sus puños –le recordó Jasón, Heracles gruñó con fuerza-. Así que, prefiero arriesgarme a que alguien más lo intente y pierda, y que tengamos que buscar agua en otra parte, que tener al señor: «te voy a agarrar a garrotazos», matando accidentalmente a otro rey. ¿Debo recordarte lo ocurrido con Cícico? –preguntó Jasón.
-Uh… golpe bajo, muy bajo considerando que era de noche y tú también estabas allí –le apuntó Heracles a Jasón con molestia, ambos suspiraron incomodados por lo ocurrido no hace mucho contra el Rey Cícico de los Doliones-. Pero si no soy yo. ¿Entonces quién? –preguntó.
-¡Pólux! –enunció Jasón, llamando la atención del castaño al lado de Hilas que tenía los ojos azules y la Armadura de Oro Rojo de adornos dorados- De los Dioscuros se habla mucho, se dice que como Cástor no hay nadie en el domado de caballos, y de ti se dice que siempre vences en el pugilato. ¿Qué opina, Rey Ámico? ¿Le parece un oponente aceptable? –preguntó Jasón, mientras el inmenso y supuesto Rey de Bitinia observaba a Heracles, deseoso de enfrentarlo.
-Me parece un buen calentamiento –respondió el rey, golpeando sus puños uno contra el otro, liberando una fuerza de cosmos azul que iluminaban un par de guanteletes negros que parecían pertenecer a alguna armadura de algún tipo-. Nada de armas, solo puños. ¿Cuál es tu nombre chico? –preguntó el Rey.
-Pólux de los Dioscuros –le respondió el joven-. El inmortal hijo de Zeus. Fui condecorado con la Argonia de Anfisbena –chocó sus puños Pólux, dibujando en su cosmos a un dragón de dos cabezas, siendo cada puño una cabeza de Dragón. Ambos combatientes se acomodaron entonces en posiciones de pugilato.
-Semidios, ¿eh? Esto será divertido –preparó su cosmos el Rey Ámico-. Te adelanto entonces que no soy simplemente un Rey de Bitinia, sino que soy uno de los hijos de Poseidón. Estos guanteletes pertenecieron a una Armadura Atlante, son tesoros del reino perdido entregados como regalo a mí por un tal Oribarkon, y con estos, te voy a aplastar –iluminó sus guanteletes Ámico y se lanzó a Pólux, los puños de Pólux rugieron con la fuerza de su cosmos como fauces de Dragón, y así el combate de pugilato comenzó.
-Que aburrido, yo ya hubiera terminado –se sentó Heracles en el suelo junto a Jasón, causando un pequeño temblor con su peso, mientras observaba a ambos combatientes darse puñetazos de cosmos bastante violentos-. ¿Dijo que era el inmortal hijo de Zeus? ¿Eso hace a Pólux y Cástor… mis medios hermanos? Bueno, ya no me sorprende. Con papá como es… imagínate si tuviéramos reuniones familiares –se fastidió Heracles.
-Solo serías hermano de Pólux, Cástor es hijo del Rey Tindáreo de Esparta –le explicó Jasón, Heracles miró a Pólux en el combate, parecía que iba perdiendo, después vio a Cástor, era físicamente idéntico a Pólux, por lo que Heracles se rascó la cabeza, confundido-. Se pone incluso más extraño. Según cuentan, Zeus se enamoró de la esposa de Tindáreo, Némesis, y bajó del Olimpo convertido en un cisne. Y como cisne raptó a Némesis, y terminado el acto, Tindáreo la encontró frente al lago donde había sido raptada, apenas tomándose de sus prendas. Tindáreo pensó que Némesis quería seducirlo, y yació con ella también –le explicó Jasón.
-Pa está enfermo –se molestó Heracles, antes de que Pólux fuera arrojado con fuerza por un puñetazo del gigantesco Ámico, quien lo levantó del suelo tirando de su cabello, y con su puño libre envuelto en cosmos, comenzó con un castigo de impactos al vientre de Pólux una y otra y otra, y otra vez-. ¿Estamos seguros de que Pólux es inmortal? Porque tendremos un remero menos si no lo es –agregó Heracles.
-Es lo que ellos dicen –prosiguió Jasón-. A los nueve meses, Némesis puso un par de huevos, uno blanco, del cual nació Pólux, y uno negro, del cual nació Cástor. Según un adivino de nombre Tiresias, el huevo de cisne blanco significaba que Pólux era hijo de Zeus, mientras que el huevo de cisne negro significaba que Cástor era hijo de Tindáreo –le explicó Jasón.
-¿Tiresias? Así se llama la mamá de mi primera hija, Manto –le comentó Heracles, divagando un poco-. Ya tiene 27 años, me preocupa que no haya encontrado un buen marido todavía, y yo quiero ser abuelo –continuó divagando Heracles, cuando Pólux cayó, con el rostro ensangrentado, frente a ellos-. ¿Estamos seguros de que es inmortal? –volvió a preguntar Heracles.
-¿Eso es todo lo que tienen? –preguntó el Rey Ámico, con sus guanteletes rodeados de su cosmos azul- Me parece que van a quedarse sin agua, Argonautas, a menos que el poderoso Heracles tenga algo que decir al respecto –se burló Ámico, Heracles gruñó y estuvo por pararse, pero Jasón lo detuvo en ese momento.
-Me parece, mi Rey Ámico, que no conoce una de las reglas básicas del cosmos –comenzó Jasón, sonriente. Ámico entonces comenzó a sentir el tremendo cosmos de Pólux, quien comenzaba a ponerse de pie-. Mientras más cerca de las fronteras de la muerte, más fuerte se vuelve, y para un inmortal eso básicamente significa… -continuó con su sonrisa Jasón.
-Que mi cosmos es inagotable –declaró Pólux, preparando su puño como las fauces de un Dragón. Ámico intentó subir los brazos, pero estos le fallaron, y un tremendo dolor en sus costillas se hizo presente, tenía moretones en ambos costados-. No lancé mis golpes al azar, Rey Ámico. Su cosmos es más alto que el mío, no lo niego, por eso tenía que usar mi cabeza. Debilitar sus costados, y dejarle pulverizar mi cuerpo hasta estar tan cerca de las fronteras de la muerte, que pudiera elevar mi cosmos hasta poder sobrepasarlo. Reciba entonces, ¡La Mordedura de Anfisbena! –se lanzó Pólux al Rey Ámico, quien no pudo alzar su defensa por el dolor en sus costados, y fue impactado con fuerza en su vientre, escupiendo sangre por la boca, antes de caer en sus rodillas, y desplomarse contra el suelo-. Es mi victoria –celebró Pólux, el Rey Ámico lo miró desde abajo.
-Si muchacho… lo es… -admitió el Rey Ámico-. Pueden llenar sus ánforas todo lo que quieran, Jasón. Y son bienvenidos también en mi reino –se incorporó Ámico débilmente, y ofreció su mano para Pólux, quien la estrechó con orgullo.
-¿Pólux lo venció? –preguntó Heracles, impresionado, otro que se veía impresionado por lo ocurrido era Néstor, quien observaba al malherido Pólux siendo abrazado celebratoriamente por su hermano Cástor, los cosmos de ambos al parecer en resonancia tras el combate de Pólux- Pero no se sentía tan fuerte antes –comentó Heracles.
-Supongo que debe de ser algo difícil de entender para alguien con un cosmos tan inmenso como el tuyo, Heracles –le comentó Jasón-. Entre los Semidioses tú eres especial, tu cosmos, diferente del de Pólux que es también hijo de Zeus, por alguna razón es inagotable. Los demás debemos administrarlo, o acrecentarlo. En el caso de Pólux y Cástor, ellos consagraron sus cosmos a Athena, y entre las enseñanzas de Athena, se dice que el cosmos es inagotable… no, en realidad el concepto que quieren utilizar es uno que los Mortales no entendemos, no es que no se acabe, es más bien, que puede expandirse sin límites. Supongo que aún no existe una palabra para eso, pero gracias a Pólux y Cástor, yo lo sé… el cosmos… no tiene límites. Supe que Pólux ganaría por dos razones, la primera, es que mantiene ese principio vivo en su corazón, y la segunda… si acercarte lo más posible a la frontera de la muerte, detona en el crecimiento del cosmos, entonces un inmortal, es invencible. Pólux es entonces, el Semidios más poderoso de todos… -admiró Jasón, Heracles tomó su garrote-. Potencialmente hablando, estoy hablando de potencial, no te estoy diciendo las cosas para que vayas y te estampes con un compañero de viaje –comentó Jasón.
-¿Qué? Yo quiero ver ese potencial, solo un garrotazito –pidió Heracles, Jasón se molestó, tomó un par de ánforas, y apuntó a la fuente de agua-. Nadie le da órdenes a Heracles –desafió Heracles, Jasón se puso de pie y lo encaró directamente también-. Pero… no tengo 1,000 días para volver a desperdiciar, Hilas dejó muy en claro que no estaba de acuerdo con la pérdida de tiempo. Además, sí tengo sed –aclaró Heracles, y comenzó a llenar ánforas. Mientras los Argonautas continuaban con el llenado de ánforas, uno de ellos no dejaba de mirar a los gemelos Pólux y Cástor con interés, Néstor, quien al parecer tramaba algo.
-Un potencial de cosmos sin límites, ¿verdad? –se dijo a sí mismo Néstor, pensando al respecto. Por alguna razón. Idas y Linceo no estaban contentos con el resultado, más bien parecía que hubieran preferido que Pólux hubiera sido derrotado- Si el potencial de cosmos de los Dioscuros es en verdad inagotable. Tal vez ellos sean la llave para lograr mi principal objetivo para venir en este viaje, al mismo tiempo en que me ayudan a cumplir con mi misión –se susurró a sí mismo Néstor, mirando a Heracles con desprecio, y mientras Idas y Linceo hacían lo mismo con Pólux y Cástor. Laertes, el compañero de los tres, no sospechaba el desprecio que acrecentaba.
Afueras de Calidón. Año 1,212 a. C.
-Ese Pólux suena como todo un personaje. Y Jasón suena incluso más listo de lo que me esperaba –comentó Filoctetes una vez que Heracles terminó con el relato sobre las habilidades de pugilato de Pólux, y extrañándose cuando notó a Heracles bajando del carromato en las cercanías de una granja, donde compró algo de paja de uno de los granjeros locales-. ¿Qué haces? –preguntó Filoctetes, cuando tras la compra, Heracles comenzó a llenar la parte trasera del carromato con una montaña de paja, lo que confundía a Filoctetes- Este es un comportamiento más raro que tu comportamiento habitual –insistió Filoctetes.
-Estamos en Calidón, ¿ya olvidaste quien se casó con la hija del Rey Eneo? –le preguntó Heracles, paleando más y más paja dentro del carromato, y cuando el montículo que se estaba confeccionando adquirió el tamaño correcto, Heracles volvió a subirse en el carromato, entrando dentro de la paja, y escondiéndose- Sobresalgo mucho, y no quiero tener problemas con mi suegro. Menos si eso me lleva a toparme con Deyanira –le explicó Heracles, Filoctetes lo comprendió en ese momento.
-El Rey de los Jabalís no gobierna más en Calidón, mi señor –comenzó el granjero que le había vendido la paja a Heracles, forzando al hombretón a pararse en la carreta, con todo el cuerpo cubierto de paja, y mirando al anciano granjero con sorpresa-. Fuera cual fuera el crimen que cometió contra la familia real de Calidón, puede darlo por saldado. Eneo, el Jabalí Dorado, fue expulsado de Calidón, su trono usurpado por sus sobrinos, los 6 hijos de Agrio, quienes pusieron a su padre en el trono. El Rey Eneo es ahora refugiado en Pleurón, donde es atendido por su hija, la Reina Gorge de Pleurón –le explicó el anciano.
-¿Qué? –se molestó Heracles- ¿De qué hablas anciano? Nadie podría destituir al poderoso Rey Eneo de su reinado, no con su hijo Tideo al mando de sus ejércitos –agregó Heracles con incredulidad, Filoctetes solo alzó una ceja en señal de curiosidad-. Tideo, era el único entre los Argonautas que no tenía sangre de algún dios corriendo por sus venas, lo llamábamos el Jabalí Escarlata, y el más grande de los Mortales –le explicaba Heracles. En su mente, Filoctetes comenzó a imaginar al personaje-. De larga cabellera rubia platinada, ojos dorados, musculoso, aguerrido, de barba siempre mal afeitada, y su Armadura de Oro Rojo tan agrietada que daba pena, pero con todo el espíritu de Argonian Erymanthius, el Jabalí de Calidón, respaldándolo. Era tan poderoso que se decía que era el Favorito de Athena, algunos incluso solían decir que Athena renunciaría a su voto de virginidad por él si es que la tomaba por esposa. Ese Tideo. Y tú, campesino, ¿me estás diciendo que ese Tideo permitió que le usurparan el trono a Eneo? Tideo no permitiría eso, a Tideo lo emboscaron 50 príncipes a los que asesinó con sus propias manos y sin sudar una sola gota, ¿ese Tideo? –se fastidió Heracles.
-Sé cómo suena, mi señor –agregó el campesino con tristeza-. Tideo de Escorpio, el hijo de Eneo, fue desterrado por su propio padre, el Rey Eneo, tras haber asesinado a su tío, el hermano del rey Alcátoo –le explicó el campesino, Heracles se negaba a creerlo-. Dicen en las tabernas que sucedió durante un viaje de cacería. Tideo viajaba con su tío Alcátoo, y con el Rey Enómao de Pisa. Se lo resumiré lo mejor que pueda –continuó el anciano, Heracles esperó-. El Rey Enómao se dice estaba enamorado de su propia hija, Hipodamía, quien deseaba desposarse con un apuesto príncipe de valentía inigualable. El Rey Enómao forzaba a quien deseara la mano de Hipodamía a una carrera de aurigas desde Pisa hasta el Istmo de Corinto. El auriga de Enómao era algo extraño, tenía un arco incrustado, y los pretendientes que competían contra él, comúnmente eran atravesados por las flechas de bronce de su auriga. De todos los pretendientes, Tideo logró interceptar la flecha de bronce lanzando lo que los testigos llaman una Lanza Escarlata, por lo que fue el único capaz de vencer en la carrera. Se suponía que Alcátoo y Tideo, acompañados de Enómao, cazarían el jabalí para la boda, pero Alcátoo fue asesinado por Tideo, al menos eso es lo que se dice, Tideo no tenía razones para asesinar a nadie, se sospecha que el Rey Enómao fue el asesino, y este acusó a Tideo de Escorpio del asesinato. Al final el Rey Eneo tuvo que desterrar a su propio hijo para evitar un juicio que terminara con su vida –aseguró el campesino.
-¿Y Tideo va y lo permite? –se molestó Heracles, el campesino asintió- El Tideo que yo conozco, aunque no fuera un Caballero Dorado, no se dejaba amedrentar por nada ni por nadie. Él no permitiría que las cosas se quedaran así, mucho menos condecorado como un Caballero Dorado, son unos orgullosos esos doraditos –aseguró Heracles.
-No es el caso mi señor –aseguró el campesino-. Tideo de Escorpio habrá sido desterrado, pero no se ha quedado de brazos cruzados. Se cuenta que ha llegado a Argos, donde ha desposado a la hija del Rey Adrasto, Deípile –le explicó el campesino, Filoctetes se dio cuenta entonces de que estaban hablando con uno de los chismosos del pueblo-. Adrasto ha prometido darle apoyo militar para reconquistar Calidón, pero antes marcharán a Tebas la de las 7 Puertas. Lo único que están esperando para partir, es que la Princesa Deípile de Argos destete a su hija Cometo. Adrasto pidió de condición para el apoyo militar de Argos a Tideo, el que se le diera un nieto y una nieta. El Primogénito, Diomedes, ya tiene 3 años, la pequeña Cometo será destetada pronto. La Guerra Contra Tebas la de las 7 Puertas está por estallar, y cuando Tebas caiga, y sea regresada a Polinices, el hijo de Edipo quien también fue desterrado, entonces Argos y Tebas marcharán a Calidón –resumió el campesino.
-¿Edipo? ¿El de la Esfinge que mató a su padre y se casó con su madre sin saber que era su madre? ¿Ese Edipo? –preguntó Filoctetes, el campesino asintió- Y yo decía que yo tenía problemas. La historia de Edipo, esa sí es una tragedia. Así que, el hijo de Edipo y Tideo de Escorpio están por iniciar una guerra contra Tebas la de las 7 Puertas. Suena una estrategia brillante –agregó Filoctetes sarcásticamente.
-Entonces, sin Tideo de Escorpio para proteger a Eneo, los hijos de su hermano Agrio lo desterraron a él y lo sentaron en el trono –dedujo Heracles, el campesino asintió-. Me vengaría de los que hicieron daño a mi amigo Tideo, pero con esta mancha… -se molestó Heracles, sosteniéndose el hombro-. Solo tengo una pregunta… Deyanira… ¿sabes qué fue de ella? –preguntó curioso.
Explanada Central de Calidón. Posada el Aullido Esmeralda.
-Licas amor, lleva estos estofados a la mesa 12 –tras recibir la información del campesino chismoso, Heracles, enteramente encapuchado, y Filoctetes, hicieron una parada para comer en una taberna local, con un nombre bastante llamativo para Heracles. Una posada donde una bella mujer de ojos esmeralda, cabellera enchinada y rubia, y una sonrisa permanente en sus labios, cocinaba lo más rápido que podía mientras un joven de unos 24 años de edad al frente, cobrando a los comensales. Heracles, desde su mesa, miró a ambos con molestia, Filoctetes, nerviosamente, miraba a Heracles pensando en lo que podría llegar a pasar, mientras un hombre bastante fornido, en una túnica esmeralda, de ojos del mismo color, cabellera larga y negra, y barba corta, caminaba en dirección a su mesa con un par de platos.
-Bienvenidos –comenzó el hombre, colocando los platos sobre la mesa-. Si hay algo más en que pueda ayudarles no duden en decirle a mi espo… -intentó decir el hombre, cuando sintió la poderosa mano de Heracles tomándole la muñeca, lo que molestó al mesero, quien estuvo por quejarse, cuando de pronto palideció-. ¿Heracles? –se sobresaltó el hombre.
-Así que… no solo te propasas con Hilas… lo que te recuerdo, le perdoné a ambos porque todos estábamos ebrios ese día… -se alzó Heracles, inmenso, con la capucha que llevaba para ocultar su identidad apenas sosteniéndose a su cuerpo. El hombre comenzó a preocuparse, y a elevar su cosmos para defenderse-. Ahora resulta que, tu idea de «cuidar» de mi esposa… es desposarla tú mismo, ¿no es así, Licas? –preguntó Heracles.
-Herc, tú no la querías, ni a ella, ni a Hilas… -aseguró Licas, Heracles enfureció, tomó su garrote, e inmediatamente tras aquello, sintió una flecha de cosmos apuntándole al rostro, mientras Filoctetes mantenía su arco tensando-. ¿Un Caballero de Plata? –se impresionó Licas.
-Herc… no quiero hacer esto, lo sabes, y no es por proteger al roba esposas este, pero él tiene razón, ¿qué me dijiste de Deyanira? «Fue un reemplazo». ¿No es así? –preguntó Filoctetes. En la cocina, Deyanira comenzaba a extrañarse por el silencio en el local mientras trabajaba, Hilo, su hijo, ya había ido a buscar una espada- Tomaste una decisión, fingir tu muerte. La vida siguió sin ti. Puedes decir lo que quieras de Licas, que era tu amigo y te traicionó, eso no importa si estás muerto, lo que sí importa, es que, si usas tu cosmos, la mancha se extiende. Vamos Herc… no me obligues a hacer esto… -le pidió Filoctetes, Heracles gruñó.
-¿Todo bien amor? –preguntó Deyanira desde la cocina, notando el silencio sepulcral en la taberna, Filoctetes inmediatamente guardó su arco y flecha de cosmos, Heracles se sentó, aunque no dejó de mirar a Licas con molestia- ¿Amor? –preguntó ella nuevamente, Heracles aplastó con su mano el cuenco con su bebida por el coraje- Oh cielos… -se cubrió los labios por la sorpresa Deyanira.
-Todo está bien… a… -intentó decir Licas, Heracles gruñó-. Deyanira… -corrigió Licas-. Todo bien… yo solo… le decía a los comensales que la casa invita –explicó él, Deyanira parpadeó un par de veces con curiosidad sobre aquello, e Hilo llegó con lanza en mano para defender a Licas-. Deja eso… ve atrás… -ordenó, Hilo intentó obedecer, pero antes de que se fuera, Licas lo detuvo-. Su caballo, es el negro de afuera, ¿no es así? –preguntó Licas, Heracles no dijo nada, Filoctetes fue el que asintió-. Ve a la bodega… trae mi armadura, y ponla en su carromato… -aseguró, sorprendiendo a Hilo-. Hice un juramento por mi Armadura de Bronce… lo irrespeté… haz con ella lo que quieras… -terminó Licas, y se retiró. Filoctetes miró a Heracles, quien mantenía su silencio, y comenzó a degustar su comida.
Muelles de Calidón.
-No voy a lanzar a la Armadura de Bronce del Lobo al mar –se quejaba Filoctetes, frente a un barco al cual Heracles subía a Pegaso a la fuerza, cargándolo como a una princesa después de la negativa del equino de volver a subir a un barco, por lo que Pegaso supo que no tenía opción. El encargado de monitorear a los viajeros pedía el peso del pesado costal que cargaba Filoctetes en monedas para subir a la Armadura de Bronce del Lobo al barco, pero tras escuchar el precio, Heracles había decidido que era mejor tirar la Armadura de Bronce del Lobo al mar-. Es una Armadura de Bronce consagrada a Athena, y me la respetas, paga y súbela al barco, podría sernos de utilidad –insistía Filoctetes.
-Puft, esa basura, no vale ni su peso en bronce, págala tú si quieres subirla –se fastidió Heracles, Filoctetes sacó un saco de monedas, pero Heracles lo detuvo- ¿Estás loco? Lo que piden para subir esta cosa al barco es una locura. ¿Acaso no sabes comerciar? –se quejó Heracles.
-Oh disculpa, señor Dios de los Comerciantes. No todos nacimos con un rey de padrastro que nos pagara las mejores escuelas de contabilidad –insinuó Filoctetes con molestia-. Pero dejando eso de lado, es obvio que solo quieres que tire la Armadura de Bronce del Lobo porque tu mejor amigo te bajó a la esposa, que te recuerdo que tú abandonaste –le apuntó Filoctetes.
-Yo no tengo amigos, todos siempre me traicionan. Seguro tú terminarás por traicionarme también –le apuntó Heracles, Filoctetes se mantuvo firme, Heracles gruñó, Filoctetes gruñó de vuelta, Pegaso relinchó aún en brazos de Heracles, quien todavía no lo ponía de regreso en la embarcación-. Tres de plata, nada más, estoy pagando plata por bronce –se fastidió Heracles, el encargado de monitorear a los viajeros lo pensó, y aceptó las monedas de plata-. Arriba, y tú, eres el peor caballo que he tenido. Otros cabalgaban sobre el agua, y a la princesa de Pegaso le molesta subirse a un barquito –lo colocó Heracles dentro de la embarcación, entregándolo a unos esclavos para que se encargaran de este.
-Veo que estás de muy mal humor. Aunque no puedo culparte tampoco –aceptó Filoctetes, mientras Heracles encontraba donde tumbarse, y sacudía el barco al dejarse caer con todo su peso, incluso un pobre marinero cayó por la borda por el tremendo sacudir.
-¡Hombre al agua! ¿Sabe nadar señor? –escuchó Filoctetes a un niño de 4 años a lo mucho, de ojos azules, cabellera castaña suave, y piel lechosa. Con sus ojos rasgados buscó al hombre que parecía estarse ahogando- ¡Voy por usted! ¡Tranquilo! –llamó el niño, corrió a un mástil, se amarró una cuerda alrededor de la cintura, y antes de que Filoctetes pudiera pensar en recriminar a Heracles sobre el marinero caído, el niño saltó al mar.
-¡Odiseo! ¡No! –llamó un viajero del otro lado del barco, revestido en una Armadura de Oro Rojo de contornos de plata, por lo que Filoctetes y Heracles rápidamente lo identificaron como un Argonauta, uno que saltó sin importarle su armadura de Oro Rojo hasta atrapar la cuerda que el tonto del niño no había atado a nada mientras se lanzaba a salvar al hombre que había caído a la mar- ¡Este niño me va a sacar canas verdes! ¿¡Lo tienes!? –preguntó el hombre de cabellera castaña y un solo ojo funcional, ya que el izquierdo, en lugar de ser azul, estaba ciego y lechoso.
-¡Sí! –gritó Odiseo desde el mar, mientras el hombre tiraba de la cuerda usando su cosmos para facilitarle la tarea, y subir al chico, que con un cosmos propio, mantenía sus brazos abrazados a la cintura del hombre que había caído al mar. El hombre, desfigurado del rostro, con parte de la cara con parálisis facial, siendo esta la parte izquierda de su rostro, apenas y reaccionaba al haber caído del barco, poseía una barba gris y descuidada, y cabellera gris revuelta que le llegaba hasta la espalda, tenía apariencia horrible, no solo por la parálisis facial, además de contar con la mitad de la dentadura destrozada. Su rostro parecía haber sobrevivido a un terrible golpe que lo desfiguró en el pasado- Tranquilo señor, no voy a dejarlo caer –le comentó Odiseo, quien ya en la seguridad del barco, ayudó al hombre a recargarse en unos costales, y solo cuando el hombre de la Armadura de Oro Rojo se percató de que la situación estaba bajo control, impactó su puño contra la cabeza de Odiseo- ¡Gackt! ¡Si vas a golpearme primero quítate el guantelete padre! –lloró el niño.
-¡Imbécil! –le gritó el hombre en la Armadura de Oro Rojo- ¿Cómo es que siempre te estás metiendo en cada calamidad? Si se ahoga un mendigo, no es nuestro maldito problema, eres el Príncipe de Ítaca, si tú te ahogas, me quedo sin herederos –recriminó el hombre.
-Es un ser humano… príncipe o mendigo, su vida es igual de importante –defendió Odiseo, gruñendo como un lobo frente a su padre, quien estaba por abofetear al niño por la molestia, cuando Heracles se puso de pie.
-¿¡Laertes!? –apuntó Heracles sorprendido, el hombre lo miró con sorpresa, reconociéndolo- Si soy yo, a que estoy cada día más guapo –agregó orgulloso Heracles. Laertes, el Argonauta, se mostró más que impresionado-. Los presento, Filoctetes de Sagita, mi nuevo mejor amigo, este es Laertes de Argonian Lepus, un Contramaestre de Oro Rojo que viajó con Jasón y conmigo –presentó Heracles, Filoctetes reverenció.
-Un honor conocerlo, Rey de Ítaca, y un favor, sé que es una sorpresa ver al tarado este con vida, pero mantengamos lo de su falsa muerte en secreto por favor –le pidió Filoctetes, mientras se soltaban las amarras, y el viaje del barco comenzaba.
Horas más tardes, caía la noche en medio del mar, y los viajeros comían en el navío. Heracles, Filoctetes, Laertes y Odiseo, se encontraban charlando mientras comían una sopa de cebolla que Heracles condimentaba con unas especias para que supiera mejor, lo que fue una sorpresa para Laertes y para Odiseo cuando la probaron.
-Oh… Dioses… extrañaba tanto los condimentos de Heracles… -enunció Laertes, Odiseo estaba igual de sorprendido por el sabor, la sopa de cebolla que les habían servido sabía horrible, pero con las especias de Heracles su sabor había cambiado drásticamente, Odiseo lo notó al escuchar las quejas del hombre que había salvado de ahogarse, que escupía por la borda el asqueroso potaje, mismo que Odiseo decidió cambiarle al hombre, quien le agradeció revolviéndole el cabello-. Deja de ser condescendiente con los mendigos –susurró Laertes molesto.
-El trabajo de un rey es el de cuidar de su pueblo, ¿no es así? –se fastidió Odiseo, desafiando a su padre, quien gruñó ante él nuevamente- Si el pueblo está contento, trabajará para su rey y lo seguirá a donde sea –insistió.
-Ni es un Itaquense, ni puede hacer labor física importante, está viejo, y débil, y parece que no le funciona muy bien el cerebro, no ha dicho nada, ni las gracias te dio –le recordó Laertes-. La deformidad en su rostro, seguro recibió un duro golpe que lo dejó así –dedujo Laertes, mientras el hombre de medio rostro paralitico miraba a Heracles con molestia, lo que no pasó desapercibido por Laertes, ni por Filoctetes.
-Por supuesto… ya sé quién tiene la culpa –dedujo Filoctetes, Laertes pareció deducir lo mismo, y ambos miraron a Heracles con molestia-. Dime Herc… ¿recuerdas haber golpeado a alguien en el rostro tan fuerte que lo desfiguraste? –preguntó Filoctetes, Heracles lo pensó.
-Bueno… puede que haya lanzado… accidentalmente… mientras andaba de cariñoso con Hilas, a un tal Ífito, por el balcón de la torre donde vivíamos en Tirinto… -Filoctetes y Laertes intercambiaron miradas tras escuchar aquello-. Pero oigan… estaba ocupado… y me estaba molestando. ¿Por qué es importante? –preguntó él, ambos viraron a ver al hombre, quien mantenía su mirada en dirección a Heracles.
-Dormiré cerca por si acaso –comentó Filoctetes, Laertes asintió-. Pero dejando la torpeza de Heracles y su facilidad de hacerse enemigos de lado. Laertes, eres Rey de Ítaca. ¿Qué hace el Rey de Ítaca viajando como un marinero más? –preguntó Filoctetes.
-Enseñarle humildad a este tonto –le abofeteó la nuca Laertes a Odiseo, quien intentaba beber de su cuenco, y terminó con el rostro enterrado en su sopa de cebolla-. Su abuelo materno, Autólico, lo pidió apenas fue destetado. Algo sobre una maldición de los Licántropos, y un ritual que su abuelo debía realizar para saber si era seguro que Odiseo viviera entre los humanos –les explicó Laertes, mientras Odiseo se limpiaba el rostro con molestia-. Tras cazar a su primer jabalí, que por cierto le destrozó una rodilla –apuntó Laertes a una cicatriz en su rodilla derecha, de una herida que recientemente había cicatrizado-. Autólico realizó el ritual, y dedujo que era seguro que Odiseo viviera entre los humanos. Pero como Autólico llenó a mi hijo de ideas… campesinas –nombró Laertes, Heracles y Filoctetes intercambiaron miradas al respecto-. Decidí llevar a Odiseo al mismo viaje al que mi padre me llevó. Sin escoltas, solo él y yo, visitaremos a los grandes reyes de Hélade, esperando que estos grandes reyes le enseñen a ser un buen rey. El primero en la lista es Néstor de Pilos, se supone que fuéramos a visitarlo en bote, pero Odiseo se desesperó al primer día de viaje –recriminó Laertes.
-¡Lanzaste el ancla en medio de la nada, y después me torturaste hasta que tuve que suplicarle que volviéramos a zarpar mientras mencionabas algo sobre darme una lección de humildad –se quejó Odiseo, excusándose ante Filoctetes y Heracles-. Padre dijo que fuera de casa, de mi palacio, y lejos de a quienes conozco, no soy nada y debo desconfiar de todo mundo. ¡Vivía en una cabaña de madera en el Monte Parnasos! Esa lección la aprendí de mi abuelo –se quejó Odiseo, desafiando con la mirada a su padre.
-Nosotros también vamos de camino a ver a Néstor de Pilos –comentó Heracles, interrumpiendo las hostilidades entre padre e hijo-. Ya sabes, nuevos 12 Trabajos, aunque ahora se llaman Pruebas Doradas. Algo sobre liberar las almas de los Dioscuros, la verdad es que no entendí muy bien –les comentó él.
-Sus almas… entonces eso fue lo que les pasó –comentó Laertes, pensativo, Heracles lo miró fijamente y con curiosidad-. No sé quién te da las ordenes ahora, Heracles, pero al poco tiempo de que dejaste el Argos, los Dioscuros desaparecieron –le explicaba Laertes, comenzando con un relato que ni el mismo Heracles podría completar al no ser él el protagonista.
Estrecho de los Dardanelos, cerca de Misia. Año 1,239 A.C.
-¡Heracles, vas a romper el mástil si sigues remando tan fuerte! –se quejaba Jasón. Los Argonautas estaban atrapados en medio de una tormenta de viento, intentando estabilizar la nave, mientras Heracles remaba alegremente de un lado de la embarcación del Argos, junto a Hilas, mientras ambos se coqueteaban descaradamente ignorando el peligro de los vientos tan violentos. El resto de los Argonautas remaba del otro lado de la nave, intentando mantener el ritmo mientras Heracles e Hilas se susurraban palabras dulces en su remar- ¡Juro que voy a lanzarlo por la borda si rompe ese maldito remo! ¡Mantengan el ritmo! –ordenaba Jasón, Laertes remaba del otro lado del navío, a su lado estaba Néstor, frente a ellos estaban los Dioscuros Pólux y Cástor, y detrás de ellos se encontraban Telamón y Peleo, y más atrás Idas y Linceo. Todos estaban cansados ya, Heracles los había agotado, y parecía que nada de lo que dijera Jasón servía para detener su poderoso remar.
-Siempre es ese imbécil. Lo que tiene de fuerte lo tiene de descerebrado –se quejaba Néstor, su cosmos rodeando su remo, Laertes a su lado hizo lo mismo, el esfuerzo conjunto de los Argonautas comenzaba a estabilizar a la nave-. No entiendo cómo Jasón lo tolera, debería cortarle la cabeza y lanzarla al mar –insistía Néstor.
-Tranquilo amigo –lo calmaba a cómo podía Laertes–. Es verdad que Jasón venció a Heracles tras la batalla de los 1,000 días y se convirtió en el Capitán del Argos, pero también es cierto que Jasón dijo que solo logró igualar a Heracles, no vencerlo. Si no le daba hambre a Heracles Jasón hubiera sido pulverizado. Yo que tú no decía esas cosas sobre Heracles ni en broma –le insistía Laertes.
-Si mi Armadura Dorada estuviera reparada… -se quejaba Néstor, virando el rostro para ver a Peleo y a Telamón, ambos remando detrás de ellos-. Dime que ya pronto estará lista Peleo. Si tengo que soportar a Heracles y sus tonterías, preferiría tener a Géminis de mi lado para hacerle frente en lugar de a Argonian Centauri. Mis poderes dimensionales no son tan fuertes con una Argonia –insistía Néstor.
-El que pueda reparar las Armaduras Doradas, no significa que sea igual de bueno que un Muviano o un Atlante en la labor –se quejaba Peleo, remando con todas sus fuerzas-. Podría tomar años en repararla, debes ser paciente –continuó el de Oro Rojo con la armadura de un ciervo.
-¿Para qué quieres la Armadura Dorada de Géminis reparada de todos modos? –le preguntaba Telamón, admirando su propia Armadura de Oro Rojo que representaba a un águila- Desde que Argos forjó a Argonian Aquila para mí, lo supe, las Argonias son más poderosas que las Armaduras Doradas. Gustosamente dejaría a Tauro atrás por Argonian Aquila –le insistió Telamón.
-Entonces no sabes nada de las Armaduras Doradas –comentaba Néstor, orgulloso-. El potencial de las Armaduras Doradas es muy superior al Oro Rojo o al Mithrilo, guardan en su interior el poder creacionista del universo. Y necesito de la Armadura Dorada de Géminis para poder desentrañar ese secreto –continuaba Néstor, mirando a Pólux y a Cástor frente a él, y sintiendo el cosmos dorado creciente en ambos. Antes de que la conversación pudiera continuar, el remo de Heracles se rompió, por lo que el lado del resto de los Argonautas se sacudió violentamente mientras la nave Argo perdía el control.
-¡Voy a lanzarte por la borda Heracles! –enfureció Jasón, mientras el Argos giraba en su eje, y los remeros intentaban estabilizar la nave- ¡Pero antes de eso! ¡Argos! ¡A tierra! –gritaba Jasón a Argos, el timonel y constructor de la nave del mismo nombre, de cabellera azulada turquesa y ojos esmeraldas.
-¡A la orden capitán! –le respondió Argos, mirando en todas las posibles direcciones buscando tierra- ¡Linceo! ¡Algo de ayuda! –pidió Argos, el Argonauta de Argonian Lynx, con sus ojos rojos brillando, viró su rostro por en medio del mar embravecido por los vientos.
-¡A estribor! ¡Puedo ver las murallas blancas de una ciudad portuaria! –declaró Linceo divisando tierra firme, Argos asintió y giró el timón violentamente, mientras los Argonautas intentaban acomodarse haciendo a un lado a Heracles y estabilizar el remado como debería ser desde un principio. El Argos iba tan rápido por seguirle el paso a Heracles antes de que su remo se quebrara, que terminaron estrellándose contra los muelles de una ciudad amurallada, siendo los Argonautas inmediatamente rodeados por los soldados de la ciudad a la que recién llegaban. Jasón, el primero de los Argonautas en recuperarse, bajó del barco y posó en señal de rendición ante los soldados del reino al que llegaron.
-Bajen sus armas caballeros, no venimos a buscar problemas –comenzó Jasón, los Argonautas sobre del Argos tomaron sus armas, incluso Heracles apuntaba su arco y flecha en dirección a los recién llegados-. Heracles… venimos en paz –insistió Jasón.
-Nave roja, vela dorada con la cabeza del carnero Aries, una proa de madera como un ídolo de Hera –escuchó Jasón, a su encuentro fue un joven de 18 años, de cabellera blanco-azulada, corta, y de ojos azules, quien, en su túnica negra, curiosamente, paseaba por los muelles con sus soldados antes del impacto del Argos-. Deben ser los Argonautas. Historias se sus hazañas resuenan por toda Tracia. Usted debe ser su capitán supongo –declaró el hombre, mientras Jasón bajaba del Argos.
-Jasón, Capitán de los Argonautas –reverenció Jasón, el joven príncipe aceptó la reverencia-. Por los adornos en su túnica he de suponer que es el regente de esta región. Mis más sinceras disculpas por el desastre, repararemos los daños, y presentaremos nuestros respetos en la forma de un banquete, mi estimado… ¿príncipe? –preguntó Jasón.
-Correcto –sonrió el hombre-. Príncipe Télefo de Misia, mi señor Argonauta. Y no debe preocuparse por la reparación de los muelles. Me sorprende más bien que hayan logrado atravesar el Estrecho de los Dardanelos sin resistencia. ¿Cómo es que lo consiguieron sin que el Rey Anquises haya decidido hundir sus navíos? –preguntó el Rey Télefo.
-El Estrecho de los Dárdanelos… entonces estamos al norte de Troya –dedujo Jasón, sacando un mapa de debajo de su túnica-. Es verdad, pasamos por entre Sestos y Abidos, y esa de allí debe ser la Isla de Proconeso. Lo que significa que remábamos tan rápido que pasamos por entre las atalayas sin ser detectados. En todo caso, he de insistir. Repararemos sus muelles y lanzaremos un banquete en su honor, mi Príncipe Télefo, solo pedimos agua dulce a cambio –pidió Jasón.
-Me temo que eso no es posible –comentó Télefo, mirando a uno de los Argonautas en específico, Idas, quien intentaba mantenerse oculto dentro del Argos, Jasón notó aquello, y se viró a ver a su compañero de viaje-. Me temo mi estimado Argonauta, que su compañero de viaje, el Príncipe Idas, tiene una historia desafortunada aquí en Misia. Si mal no recuero, intentó apoderarse del reino de mi padre, y tuve que liderar un ejército para defender a mi reino –aseguró Télefo, Jasón suspiró molesto por lo que estaba escuchando, sacando todo su estrés de su pecho.
-Oh vamos, no sigues enojado por esa pequeña guerra de hace unos cuantos años –declaró Idas, Jasón se viró para verlo con molestia-. Tenía que aprovechar que Anatolia estaba en guerra con las Amazonas. No es mi culpa que Troya le ponga aranceles tan increíblemente altos al comercio marítimo, intentaba bajar los precios –se excusó Idas.
-Solo… cierra la boca… -se molestó Jasón, Idas así lo hizo-. Le agradezco, mi Príncipe Télefo, el no intentar represaría contra los Argonautas por tener a un príncipe enemigo en nuestro barco –admitió Jasón con excelsos modales pese a la situación.
-Hablando se entiende a la gente Jasón, los crímenes de tus hombres no son tus crímenes –le sonrió el Príncipe de Misia-. Imagina un mundo donde el dialogo no existiera, los hombres se harían la guerra por errores estúpidos. No tienes idea de la cantidad de ejércitos que he tenido que enfrentar porque confunden a Misia con Troya por mis murallas –se burló el joven príncipe. Jasón admiró las murallas de Misia, y el paralelismo con Troya fue bastante evidente para él-. Afortunadamente nunca ha pasado a mayores, solo unas cuantas confusiones. Pero volviendo a su precaria situación. No podemos ayudar a los Argonautas ni con víveres, ni con agua, por su alianza con un enemigo de Misia, y no voy a pedir la ejecución pública de un viejo enemigo solo para darles agua y suministros –declaró Télefo con sabiduría-. En su lugar, los invito a abastecerse en la Isla de Proconeso, que será de propiedad Misia, pero al menos está fuera de sus murallas. Allí encontrarán buena caza para abastecerse, y arroyos de agua dulce –ofreció Télefo.
-Le agradezco, Rey Télefo. Zarparemos en cuanto nos hayamos abastecido, y mis Argonautas tienen terminantemente prohibido entrar en su ciudad. Y no solo eso. ¡Idas! –ordenó Jasón, Idas se escandalizó desde dentro del Argos- Repara al menos una parte de lo que rompiste en el pasado. No nos vamos hasta que el muelle del Príncipe Télefo esté como nuevo –ordenó Jasón, Idas hizo una mueca de descontento.
-Me agrada como piensas, Jasón, eres simpático –se regocijó Télefo, mientras Idas bajaba del Argos, refunfuñaba, y comenzaba a realizar las reparaciones que le exigían-. Puede que mi padre no se moleste si algunos pocos Argonautas se abastecen en Misia. Serás mi invitado –corrigió el Príncipe Télefo, Jasón le agradeció con una reverencia.
-Estaré encantado, mi Príncipe Télefo, solo permítame poner orden aquí –comentó Jasón, e inmediatamente se viró para ver a Heracles, quien intentaba reparar su remo-. Olvida ese remo Heracles, irás a la Isla de Proconeso a buscar madera para fabricar uno nuevo, lleva contigo a algunos Argonautas más y vayan por algo de comer y agua –le ordenó Jasón, Heracles intentó quejarse, pero Jasón lo ignoró mientras se dirigía junto a una pequeña escolta dentro de las murallas de Misia con el Príncipe Télefo.
-Andando amor –susurró Hilas, Heracles hizo una mueca, Hilas se detuvo antes de seguir adelante-. Amor, ya hablamos de esto, él es el capitán y debes obedecerle –insistió Hilas, Heracles volvió a gruñir-. Andando –continuó ella, Heracles gruñó y siguió a Hilas.
-Ese Hilas es… ¿el hijo de Heracles? –preguntó Telamón a Peleo, quien alzó y bajó los hombros no sabiendo qué decirle- Según entendí es el Príncipe de Chipre, o al menos así se presenta. Pero acá entre tú y yo, Peleo… creo que no están emparentados… yo creo que son amantes –continuaba Telamón, Peleo se rascó la barba con curiosidad.
-¿Enserio? –se molestó Néstor, detrás de ambos- Todos en el Argos deben estar de broma. Obviamente Hilas es una chica, y Heracles pretende que es un chico porque todos quieren llevarse a la cama como a Atalanta –apuntó Néstor a una Argonauta morena, de cabellera enchinada, y de ojos rojos, todos los Argonautas se viraron a ver a Néstor con curiosidad-. Olvídenlo. Ay que acompañar a Heracles e Hilas a la Isla de Proconeso. Si dejamos a esa bestia remar, tendremos aún menos remos. Peleo, necesito que me digas algo antes de irme. ¿Puedo usar al menos una vez a Géminis? Es importante –pidió Néstor.
-Aún no está lista. ¿Cuál es la prisa Néstor? Reparar los Puentes Cósmicos no es sencillo, lo único que está listo es el casco –le mostró Peleo, sacando un costal y mostrándole el casco de la Armadura de Géminis, mismo que Néstor le arrebató.
-Es todo lo que necesito –sonrió Néstor-. Andando Laertes. Pólux, Cástor, ustedes vienen también –pidió Néstor, cuando un Argonauta en una Argonia con adornos de plata se interpuso en su camino, molestando a Néstor-. ¿He de suponer que vas a acompañarnos, Polífemo? –preguntó Néstor al hombre moreno, calvo, y de ojos rojos, bastante robusto de físico, que se posó frente a Néstor desafiante.
-Néstor –comenzó el hombre-. No sé qué estás planeando, pero tiene tiempo que te he estado observando. Sé que tienes algo personal contra Heracles, y sé también que no tienes buenas intenciones contra Pólux y Cástor. Te niego que bajes de esta nave –amenazó Polífemo.
-¿Tú? ¿Negarme algo a mí? –se burló Néstor del hombre que lo confrontaba- ¿Cuál era tu Argonia? Ah sí, Argonia Kyklope, un simple ciclope planea decirle a un Hecatónquiro qué hacer. Pero en vista que no te quedan claras las disparidades entre nuestras respectivas fuerzas, apelaré a mi Argonia, la Argonia de Centauri, su sabiduría fluye por mi cosmos. Así que, no solo soy más fuerte que tú, sino más listo que tú. Y voy a hacer mi voluntad te guste o no. Ahora, hazte a un lado, o tú y yo vamos a tener problemas, ¿comprendes? –amenazó Néstor, el hombre gruñó y elevó su cosmos, listo para una confrontación, pero Linceo, el Argonauta del Lince, lo detuvo, elevando su cosmos de igual manera.
-No queremos tener problemas por aquí, ¿verdad Polífemo? –preguntó Linceo, Polífemo volvió a gruñir, pero en lugar de enfrentarlos, se sacudió la mano de Linceo del hombro, antes de retirarse. Una vez que aquello ocurrió, Linceo miró a Néstor fijamente- ¿Vas a hacerlo? –susurró Linceo.
-Me contrataste para ello, ¿no es así? –le susurró de regreso Néstor, Linceo asintió- Puedes estar tranquilo. Este no es solo un trabajo para mí. Es parte de un plan que llevo años maquinando y que, por fin, va a dar frutos– terminó Néstor, dirigiéndose a donde los Dioscuros preparaban un bote en el cual ya se encontraban Heracles e Hilas dentro. Néstor se acercó con el casco de Géminis en manos. Todo aquello fue atestiguado por Laertes, quien curioso de lo que ocurría, y teniendo un mal presentimiento, se unió al grupo en el bote, compartiendo remo con Néstor, a quien comenzó a susurrarle mientras navegaban rumbo a la Isla de Proconeso.
-¿Qué fue todo eso? –preguntó Laertes, Néstor se viró para verlo una vez que se percató de que el resto de navegantes en el bote no les prestaban atención- Polífemo no es de muchas palabras, pero se atrevió a contrariar al sabio Néstor. ¿Algo que quieras compartirme? –preguntó él.
-No lo sé… ¿debería? –preguntó Néstor a Laertes, quien lo miró con curiosidad- Supongo que puedo contarte. Después de todo, eres un hombre de justicia como la mía, Laertes. Dime una cosa. ¿Sabías que Pólux y Cástor violaron a unas doncellas muy hermosas? –le preguntó Néstor a Laertes, quien lo miró con extrañeza por sus palabras- Antes del viaje con los Argonautas, Pólux y Cástor pasaron por Mesenia, el reino de nuestros camaradas, Idas y Linceo, quienes estaban por desposar a dos bellas sacerdotisas: Feribe, una sacerdotisa de Atenea, e Hilaíra, una sacerdotisa de Artemisa. Pólux y Cástor robaron a las novias de nuestros amigos, las raptaron, y dejaron embarazadas –le explicó Néstor, Laertes se mostró sorprendido por aquella revelación que Néstor le contaba en susurros-. Cuando descubrí que Idas y Linceo se habían embarcado en el Argos por razones similares a la mía, congeniamos. Y ellos se dieron cuenta no hace mucho, de que los Dioscuros estaban muy por encima de sus respectivos alcances de cosmos… no así del mío. Y como yo también tengo un objetivo entre los Argonautas… digamos, que nuestros objetivos se alineaban perfectamente. Idas y Linceo, me contrataron para encargarme de Pólux y Cástor –le informó Néstor, Laertes sacudió su cabeza en incredulidad de lo que acababa de escuchar.
-¿Qué? –preguntó Laertes incrédulo, Néstor simplemente comenzó a buscar algo dentro de su cinturón, dejando de remar momentáneamente- ¿Tienes que estar bromeando? Somos compañeros en el mismo barco. ¿Por qué arriesgarte a la ira de Jasón? –le preguntó Laertes a Néstor, el hombre de ojos azules pálidos simplemente le sonrió.
-Porque para mí, no existe crimen más grave, y sin perdón, que una violación. Y soy un ferviente creyente de que los violadores deben ser torturados y castigados por sus crímenes. Una cosa es tener concubinas, otra muy diferente es forzarte contra una mujer indefensa, más aún una mujer de otro hombre –terminó de explicarle Néstor, tomó de la mano de Laertes, y colocó un saco de monedas de oro contra su mano-. Tú no violarías a una persona inocente, ¿verdad? Tienes un sentido de la justicia envidiable, y que merece recompensa –finalizó Néstor, y continuó remando, Laertes simplemente miró el saco de monedas con curiosidad.
Mar Abierto. Año 1,212 a. C.
-No sabía qué pensar… -admitió Laertes, Odiseo ya dormía recostado en sus piernas, por lo que Laertes solo era escuchado por Filoctetes, quien apoyado de una antorcha trataba de escribir todo cuanto le contaban, por un sorprendido Heracles, quien desconocía aquella parte de la historia, y por el hombre al que Odiseo había salvado, quien pretendía estar dormido-. Los Argonautas no éramos exactamente unidos. Había facciones entre nosotros, pero no pensaba que fuéramos enemigos de todas formas. Néstor deseaba vengarse de alguien, por eso se unió a los Argonautas. Los Dioscuros, eran simplemente un escalón para poder llegar a ese alguien. Yo no pensaba siquiera que Néstor fuera capaz de lo que hizo. Él era un hombre de tal justicia… que incluso tras ser testigo de lo que ocurrió, sigo pensando que él estaba en lo correcto. Lo creo tan fervientemente que estamos de camino a Pilos, para que Odiseo aprenda de quien yo considero es el hombre más justo de toda Gea, indistintamente de lo que hizo –admitió Laertes.
-Asesinar a Pólux y a Cástor no me parece algo muy justo, a decir verdad –dedujo Filoctetes, Heracles se sorprendió por la revelación-. Piénsalo. Néstor insiste continuamente en la entrega de la Armadura Dorada de Géminis, sabe que Pólux y Cástor tienen un interminable flujo de cosmos, y el Caballero de Géminis se sabe tiene poderes que escapan a la comprensión humana, no por nada se dice que es el Caballero Dorado más poderoso de todos –admitió Filoctetes-. Obviamente fue contratado como mercenario para matar a Pólux y Cástor por el rapto de Feribe e Hilaíra, por sus prometidos Idas y Linceo. Lo que no me explico, es cómo el Rey de Pilos caería tan bajo para dejarse contratar como un mercenario –admitió Filoctetes.
-Yo solo sé que Néstor tenía a otro objetivo en mente, alguien más poderoso que Pólux y Cástor –miró Laertes a Heracles, Filoctetes comprendió las sospechas de Laertes-. Voy a ser muy claro. Aún hoy en día solo tengo una sospecha sobre el verdadero objetivo de Néstor… no tengo prueba alguna para poder señalar a nadie, solo mi intuición. Lo que Néstor terminó por hacer, le brindó una fuerza descomunal, incluso me atrevería a decir que le dio una fuerza que roza lo divino… y solo puedo pensar en una sola persona, para la cual Néstor requeriría de semejante poder –resumió Laertes.
-¿Quién? –preguntó Heracles, Laertes y Filoctetes suspiraron- ¿Jasón? Pero Néstor y Jasón se llevaban bastante bien. ¿Tideo? –volvió a intentar adivinar, Laertes estuvo por deletreárselo, pero Filoctetes movió su cabeza en negación, y apuntó con la vista al garrote, recordándole a Laertes sobre el mal temperamento de Heracles.
-La persona por la que Néstor reunió tanto poder, no es importante en estos momentos… -comenzó Laertes-. Pero si te sirve para comprender un poco el poder que ahora alberga en Néstor… te contaré todo aquello de lo que fui testigo… esperanzado en que te sirva de algo, Heracles –comenzó Laertes, mirando a Filoctetes, quien asintió en ese momento-. Lo importante en estos momentos, es que, para Néstor, por alguna razón, una violación es el peor crimen que existe, y por eso buscaba a los Dioscuros, para castigarlos… -continuó Laertes.
Isla de Proconeso. Año 1,239 A.C.
-¡Mira nada más esta belleza! –exclamaba Heracles con orgullo, habían llegado a la Isla del Proconeso, y encontrado un enorme árbol en medio del bosque, uno que poseía una madera tan fuerte que resistiría el remar de Heracles sin importar cuan fuerte remara.
-Parece un buen roble. Te ayudaré a talarlo, tú solo no podrías derribar tan increíble árbol –se burlaba Néstor de Heracles, mientras preparaba un hacha para comenzar con la labor, pero Heracles, sintiéndose menospreciado, detuvo a Néstor.
-¡Yo solito, y sin ayuda, puedo derribar este árbol y cargarlo al Argos! –se fastidió Heracles, Néstor sonrió ante las molestias del inmenso hombre- Además, ya hace hambre, y estaremos todo el maldito día en este bosque si no dividimos esfuerzos. Ustedes vayan por agua y comida, los veré de regreso en el Argos –agregó Heracles mientras preparaba su hacha.
-Traeremos agua y comida entonces –le comentó Néstor, tomando algunas ánforas y entregándolas a Hilas, quien lo miró confundida-. Joven Hilas, hay un estanque por este sendero, ¿serías tan amable de llenar todas las ánforas mientras Laertes, los Dioscuros y yo, nos encargamos de cazar algunos ciervos para la cena? –le preguntó Néstor.
-¿Yo solo? –preguntó Hilas, refiriéndose a sí misma de forma masculina para ocultar su identidad, Néstor simplemente asintió- Quiero decir, no hay problema. Nos veremos antes del anochecer –terminó Hilas, y se dirigió a donde Néstor le había indicado. Los Dioscuros comenzaron a adelantarse y, por un tiempo, Néstor y Laertes los siguieron, buscando presas que cazar, pero una vez que hubo una suficiente distancia entre ellos y Heracles, Néstor detuvo a Laertes.
-Regresa con Jasón… dile que Hilas fue secuestrado por la Ninfa Efidacia, y que ella ahogó a los Dioscuros –le susurró Néstor, Laertes reaccionó confundido a sus palabras-. Hazlo, tenemos poco tiempo –le comentó Néstor.
-¿De qué estás hablando Néstor? Los Dioscuros están allí enfrente, e Hilas… -intentó decir Laertes, cuando comprendió lo que estaba ocurriendo-. La Ninfa Efidacia… ¿cómo sabes el nombre de la ninfa que protege este bosque? –preguntó Laertes, curioso.
-Ella no va a lastimar a Hilas, ese fue nuestro trato –le explicó Néstor, Laertes palideció-. No puedo decir lo mismo de los Dioscuros… ellos… no van a regresar al Argos… y si no te apresuras, Heracles tampoco, ya que planeo vengarme de lo que me hizo –Laertes pensó en advertir a Heracles, pero Néstor lo detuvo-. No seas necio Laertes. ¿De verdad me quieres de enemigo? Te adelanto que todo lo que hago, lo hago en nombre de la justicia –le explicó Néstor.
-Néstor, eres mi amigo, y entiendo tus razones, pero no sé si sea prudente -le espetó Laertes, Néstor comenzó a elevar tenuemente su cosmos, y el casco de la Armadura de Géminis comenzó a reaccionar al mismo. El cosmos proveniente del casco dorado, parecía absorber el cosmos de Laertes, quien, aterrado, retrocedió-. Néstor… –le suplicó Laertes.
-Te aprecio mucho Laertes… te considero mi hermano… por eso sé que intentas convencerme de no hacer esto… pero… debo hacerlo… no tienes idea del dolor en mi corazón… -le enunció Néstor, Laertes bajó la cabeza, confundido-. Vete… -terminó Néstor, quitándose el casco de la Argonia de Centauri, el cual lanzó a un lado, y colocándose el casco de Géminis en su lugar-. Es hora de castigar a esos malnacidos. ¡Explosión de Cúmulo de Estrellas! –enunció Néstor entonces, extendiendo sus manos, rodeando las mismas de su cosmos, y atacando tanto a Pólux como a Cástor a traición. Incluso al ser alertados por el cosmos, los Dioscuros no pudieron defenderse del ataque, Laertes lo observó todo impresionado, mientras la Isla de Proconeso parecía haber sido transportada a las estrellas- Vete Laertes… es la última vez que lo diré –espetó Néstor, caminando en dirección a los malheridos Dioscuros quienes, desde el suelo, con sus cuerpos ensangrentados, miraban a Néstor con molestia, aunque las heridas de ambos sanaban frente al de Argonia Centauri-. Lo que se dice de ustedes es cierto. Uno es inmortal, el otro es mortal, pero ambos comparten la inmortalidad al fusionar sus cosmos. Son entonces los candidatos perfectos para comenzar con mi venganza –declaró Néstor, Laertes corrió dentro del bosque, pero en lugar de hacer lo que le habían ordenado, se quedó atrás para observar lo que ocurría.
Estanque de la Ninfa Efidacia.
-Oscureció de la nada –comentó Hilas, llenando ánforas a orillas de un estanque, y notando las hermosas estrellas que adornaban el firmamento de la Isla del Preconeso, transportada por Néstor a las estrellas-. ¿Qué está ocurriendo? –preguntó Hilas, escuchando entonces el sonido de un chapoteo en el agua, y virando a la misma, que se movía, como si algo en su interior se hubiera sacudido- Siento… ¿un cosmos? –se preguntó Hilas, cuando del agua salió una bella mujer de piel verdosa suave, de ojos esmeralda, y cabellera turquesa. Iría desnuda de no ser por las algas alrededor de su cuerpo. La ninfa salida del agua no dio siquiera tiempo a Hilas de comprender lo que había ocurrido, ya que había abrazado a Hilas y forzado a la Argonauta que pretendía ser un hombre a un beso profundo, mismo que sorprendió a la Argonauta en un inicio, pero que, enamorada por la belleza de la ninfa, Hilas regresó.
-Eres hermoso… -susurró la ninfa tras separarse de labios de Hilas, quien la miró con curiosidad sobre lo que acababa de ocurrir-. Tan hermoso. Mi nombre es Efidacia, y a partir de ahora, serás mi esposo… -comentó ella, besando a Hilas nuevamente, aunque Hilas se separó de ella, sumamente apenada.
-¡Ay! ¡Me dejé llevar! –se apenó ella, empujando a Efidacia- Escucha, Efidacia, ¿verdad? Si bien Heracles y yo somos partidarios de todos los tipos de amor, solo me casaría con él, aunque el muy imbécil no me lo ha pedido –se molestó Hilas, Efidacia se puso de pie, y volvió a rodear a Hilas con sus brazos-. Aclaremos algo antes de que sigas con esto… eres hermosa, muy hermosa, pero creo que no nos estamos entendiendo, en realidad yo soy… ¡unft! –la silenció Efidacia, y se lanzó con Hilas al agua, dejando atrás las ánforas llenas de agua dulce.
Nave Argos. Muelles de Misia.
-Lo sabía… algo malo está ocurriendo –enunció Polífemo, el calvo con la armadura del Ciclope de Oro Rojo se preparó para bajar del Argos, cuando fue recibido por Idas y Liceo-. Apártense de mi camino… -pidió Polífemo, preparando su cosmos. Idas, con el Oso de Oro Rojo, y Liceo, con el Lince de Oro Rojo, desafiaron al Ciclope-. Veo que se negarán a entrar en razón. ¡Los apartaré yo mismo entonces! –se lanzó Polífemo a ambos, y una batalla frente a los muelles recién reparados de Misia, inició.
Dimensión Portátil de Néstor.
-Néstor, ¿qué significa esto? –se incorporó Pólux de Argonian Anfisbena, con su cosmos creando a las dos cabezas de Dragón, una en cada mano, y estas rugiendo con fuerza- ¿Te controla la mente algún hechicero maligno? ¿Alguna bruja? ¡Habla antes de que te lastime! –enunció el pugilista por excelencia.
-Nada controla mi mente, Pólux, solo la justicia –declaró Néstor, su cosmos intensificándose, creciendo violento y extendiendo una red morada alrededor del bosque, atrapando tanto a Pólux como a Cástor en una dimensión alterna, una en la que Laertes, al querer ser testigo de lo que ocurría, había terminado cayendo de igual manera-. Diré un par de nombres, a ver si les refrescan la memoria: Feribe e Hilaíra –les recordó Néstor, los ojos azules de Pólux y los esmeraldas de Cástor, se desorbitaron por la sorpresa-. ¿Pensaban que Idas y Linceo no iban a descubrir la identidad de quienes secuestraron a sus respectivas prometidas y las violaron? El descaro de ustedes dos de, pese a su crimen, fingir amistad con ambos como si nada hubiera pasado… pensaban realmente que nada les ocurriría, ¿no es así? ¿Solo porque tú y tu hermano son hijos de Zeus se piensan invencibles y libres de todo juicio? Déjame contarte un pequeño secreto, Pólux. Zeus no puede vernos en ¡La Otra Dimensión! –atacó Néstor, las redes moradas rodeando a Pólux.
-¡La Mordedura de Anfisbena! –respondió Pólux, lanzándose a las redes con sus puños de cosmos como fauces de dragón, aunque siendo atrapado por las redes, que se apretaron alrededor de Pólux, impidiéndole avanzar- ¡Maldito! –se molestó Pólux.
-¿Maldito yo? No, Pólux. Maldice tu propia y triste existencia. Y ese sentimiento que tú, y todos los patéticos Semidioses como tú tienen de que pueden hacer su voluntad frente a los humanos a quienes ven como inferiores –prosiguió Néstor, abriendo su mano, y cerrándola en un puño, forzando a las redes dimensionales a apretar con mayor fuerza el cuerpo de Pólux, quien gritó de dolor, mientras Néstor invadía su mente con diferentes ventanas dimensionales, forzando a Pólux a ver cosas que no comprendía. Era como ver su pasado, pero tomando distintas decisiones-. El concepto de «dimensión», es bastante peculiar. No eres capaz de comprenderlo, nadie puede, solo los iniciados en el arte de las dimensiones podemos. Todo lo que define a lo que es Pólux, encontró su origen en un punto determinado en el tiempo, que está conectado a las dimensiones –le mostró Néstor, materializando miles de puntos violetas alrededor del espacio, hasta llegar a un punto blanco que era el origen de todo lo que era Pólux-. Desde este punto, las decisiones de tu vida fueron creando existencias paralelas, en la medida en que tu decisión, forjaba más y más vidas paralelas. Es una lástima que, en esta vida paralela, hayas tenido la desdicha de encontrarte en la parte del paralelismo dimensional en el que Heracles decidió dejarme con vida, tras asesinar a toda mi familia. Así que, es una terrible tragedia, Pólux… porque a partir de ese día, todas y cada una de mis decisiones han sido encausadas a encontrar este único punto de inflexión que me dará la fuerza necesaria para concretar mi venganza, y convengamos que, en esta línea que tracé para mi venganza, no me convierto en un tirano, y traigo justicia. No debiste decidir ese día raptar a Feribe, Pólux, esa única decisión, creó el mundo en el que caminamos, y en el que soy tu verdugo –el casco de la Armadura de Géminis se desprendió de la cabeza de Néstor, y giró hasta mostrarle a Pólux una superficie lisa, misma que comenzó a brillar con fuerza, tirando de los hilos dimensionales que mantenían apresado a Pólux, y conectando su cuerpo a aquella parte de la Armadura de Géminis-. Pero tranquilo… usaré tu cosmos para limpiar tu alma. ¿Lo ves? No soy tan malo. ¡Catasterismo Dimensional! –enunció Néstor, los hilos morados se tensaron con mayor fuerza, y partieron el cuerpo de Pólux en pedazos ante los ojos atónitos de Cástor. El cuerpo de Pólux convertido en cosmos, flotó hasta la parte lisa del casco de Géminis, fundiéndose hasta formar una cara de un ser malvado de ojos demoniacos, la cara de Pólux se había fusionado al casco de Géminis, además de formar un par de brazos dorados que se unieron a Néstor reemplazando a parte de la Armadura de Oro Rojo que se hizo a un lado para revestirlo de dorado.
-¡Póluuuuux! –gritó Cástor horrorizado, mientras Néstor se viraba y lo miraba con una sonrisa sombría- Malnacido. ¿Quién te crees que eres? ¿Alguna clase de Dios de la Justicia? Si los Dioses no nos castigaron por nuestras acciones, ¿por qué habrías de hacerlo tú? Solo eres un simple Mortal… -le apuntó Cástor, preparando su cosmos, dibujando a una serpiente que se mordía su propia cola.
-¿Simple Mortal? –se burló Néstor- El Príncipe Linceo a quien ustedes le arrebataron a su prometida, es un simple Mortal, no puedo decir lo mismo de Idas, ya que al menos en este mundo nació hijo de Poseidón. Te sabes la historia: mujer hermosa, un Dios Olímpico se enamora, yace con ella, llega el verdadero esposo, yace con ella también, nacen un Semidios y un Mortal. Adivina cual eres tú. Te ayudaré a descubrirlo. ¡Colapso Meteórico! –de un movimiento rápido de lanzamiento de un puñetazo, se materializó un meteoro en el espacio, uno que se estrelló con fuerza sobre el cuerpo de Cástor, incinerándole el mismo, y llenándolo de quemaduras- Igual que tú, por si no te ha quedado lo suficientemente claro, Cástor, Linceo es un simple Mortal. Yo también soy un simple Mortal, y por haber nacido Mortal, se espera de mí que sea sumiso, que no me levante en contra de los Dioses o los Semidioses, cuya falta de empatía les dice que pueden hacer con nosotros los Mortales lo que les venga en gana. No… Cástor… no me importa si soy un «Simple Mortal», ni tú, ni ningún maldito Semidios, ni el malnacido de Zeus, jamás, volverá a atreverse a pisotear a los Mortales mientras yo viva. Porque al fundir tu cosmos con la Armadura de Géminis, habré conseguido el poder de destruir a los mismos Dioses. ¡Catasterismo Dimensional! –el Casco de Géminis nuevamente se desprendió de la cabeza de Néstor, mostrándole otra superficie lisa a Cástor, antes de lanzar las tiras de cosmos morado, que rodearon a Cástor y comenzaron a apretarlo con fuerza-. Tanto tú como tu hermano Pólux, consagraron sus cosmos a Atenea… yo realicé el juramento a Atenea sobre la tumba de mi difunto padre, y de mis hermanos, y tomé el casco dorado de mi mellizo Periclímeno jurando en su nombre serle fiel a Atenea… así que, aunque mi corazón no lo crea, mantengo un juramento. Lo que significa que, reuniendo tres cosmos dorados consagrados a Atenea, tendré acceso a la técnica más poderosa de todas, ¡la Exclamación de Athena! –terminó de decir Néstor, mientras el cosmos y alma de Cástor se fundían con el casco de la Armadura de Géminis, formando un rostro triste, y materializando otro par de brazos dorados, que en resonancia con los guijarros dorados de la Armadura de Géminis en el Argos, que salieron del saco de Peleo y se dirigieron a Néstor, se unieron al resto de la Armadura de Géminis, restaurándola a su antigua gloria- Ah… cuanto poder… un poder que solo puedo liberar una sola vez… y sé perfectamente contra quien he de usarlo… -cerró sus manos en puños Néstor.
-¡Por aquí Heracles! –escuchó entonces Néstor, el de Géminis sonrió con malicia, listo para una confrontación- Estoy seguro de que sentí el cosmos de Hilas extinguirse. Te dije que ese tal Néstor no quería nada bueno –continuaba Polífemo, guiando a Heracles por el bosque en dirección a Néstor, quien comenzaba a preparar su cosmos para la confrontación.
-¡Néstor! –interrumpió entonces Laertes, saliendo se su escondite, confundiendo a Néstor- Conseguiste lo que querías, castigaste a los violadores. No castigues a nadie más, solo vete. Si te quedas, destruirás la frágil unión entre los Argonautas –le pidió Laertes.
-No lo comprendes, Laertes –enunció Néstor, mirando a su amigo fijamente-. Castigué a los violadores, es verdad, pero aún hay uno suelto… él quien es el verdadero receptor de todo mi odio… -apuntó Néstor, Laertes podía sentir en su cosmos a Polífemo y a Heracles acercarse-. Planee esto para poder tener una oportunidad… -aseguró Néstor.
-No habrá oportunidad con los Argonautas detrás de ti Néstor… solo vete, y busca una oportunidad mejor. Eres listo, sabes que no es el momento –aseguró Laertes, Néstor lo pensó, los árboles cercanos se sacudían, era evidente que pronto Heracles saldría de entre los mismos. Néstor estaba furioso, pero cerró los ojos, cerró sus manos en puños, y se tranquilizó.
-No dejes que te maten, Laertes… eres mi amigo… mi familia. Nos volveremos a ver. ¡A la Otra Dimensión! –declaró Néstor, desapareciendo frente a Laertes, justo a tiempo para evadir un garrotazo de la Maza de Mithrilo de Heracles, quien como siempre atacó sin preguntar, solo vio a alguien aparentemente desconocido vistiendo una Armadura Dorada, y prefirió aplastar antes de preguntar. Tras aquello, Heracles tomó a Laertes del cuello de su Argonia, y lo forzó a mirarlo.
-¿Dónde… está… Hilas…? Y mucho cuidado con lo que respondes, Laertes… -se quejó Heracles, Laertes tembló de miedo por la ira en los ojos de Heracles, pero para sorpresa de ambos, y de Polífemo, un cosmos escarlata se hizo presente, mientras Jasón salía del bosque.
-No puedo dejarlos solos ni un maldito momento, sin que todos ustedes hagan alguna barbaridad… -enunció Jasón, mirando a Heracles fijamente-. Suéltalo, Heracles… antes de que tú y yo volvamos a tener problemas –le ordenó Jasón, Heracles intentó hablar, pero Jasón habló primero-. ¡Encontré las ánforas que Hilas debía llenar a orillas del estanque de la Ninfa Efidacia! –le informó Jasón, Heracles comenzó a preocuparse- Lo lamento… Hilas… se ahogó… es lo que hacen las Ninfas… se llevan a los jóvenes bajo promesas de hacerlos sus esposos… y después los ahogan… -agregó Jasón, Heracles soltó a Laertes, y comenzó a caminar en dirección a Jasón, furioso, e inmenso.
-Hay un pequeño detalle que no estás tomando en cuenta, Jasón… -comenzó Heracles, mirándolo fijamente-. Hilas… es una mujer… esa ninfa va a llevarse una desilusión muy grande. Pero si me entero de que ahogó al amor de mi vida… la va a pagar… -comentó Heracles, Jasón se mostró pensativo sobre aquellas palabras.
-¿Hilas es una mujer? –preguntó, Heracles asintió- Entonces… hay una posibilidad de que continúe con vida. Las ninfas, comúnmente, primero se divierten antes de ahogar a sus víctimas –le explicó Jasón, Heracles pareció olvidar todo su odio en ese momento, y comenzó a tener esperanza-. Sin embargo… me temo que el Rey de Misia enfureció tras un conflicto entre Polífemo, Idas, y Liceo, que terminó con una parte de la muralla de Misia estallando en pedazos. Télefo está furioso, pero ha accedido a calmar la ira de su padre, bajo la condición de que nos larguemos, inmediatamente. Si no nos vamos ahora… -intentó decirle.
-Nos dan casería, ya sé… -se molestó Heracles, rascándose la nuca-. No espero que lo entiendas… Hilas… es importante… y no voy a perderla. ¿Vamos a tener problemas por esto, capitán? –se cruzó de brazos Heracles, Jasón solo suspiró, bastante incomodado.
-Eres el ser más exasperante con el que he tenido el infortunio de viajar, Heracles… -admitió Jasón. Pero de todas formas extendió su mano para él-. Y aun así… estaré esperando el día en que volvamos a viajar juntos. Supongo que lo que intento decir es que, fue un honor, y un privilegio, haber viajado contigo. Cuídate, y trata de arreglar ese mal temperamento tuyo –le pidió Jasón, Heracles sonrió, y le dio un apretón de manos a Jasón-. El resto… nos vamos… y Laertes… -comentó Jasón, preocupando al de Argonian Lepus-. Quiero saber exactamente lo que ocurrió con Néstor y los Dioscuros. ¿Ha quedado claro? –preguntó Jasón, Laertes asintió y se retiró, Heracles miró una última vez en dirección a Jasón, y después de eso, se retiró para buscar a Hilas.
Muelles de Pilos. Año 1,212 A.C.
-Así que… por eso Néstor tiene las almas de los Dioscuros –dedujo Heracles, preparando el carromato con Pegaso, y subiendo las pertenencias al mismo, mientras Laertes terminaba con su relato, y Filoctetes guardaba el ultimo cuero que el quedaba en un saco. Odiseo charlaba con el hombre al que había salvado, despidiéndose de él, pero el hombre no le permitió irse sin darle un obsequio, un arco de madera dorada muy hermoso, mismo que Odiseo admiró.
-Muchas gracias señor Ífito –reverenció Odiseo, Filoctetes de pronto se estremeció por escuchar el nombre del hombre, y miró en dirección al deformado, quien asintió sin decir nada más, y se retiró, mientras Odiseo corría con arco en mano y se lo mostraba a Filoctetes-. Mire señor Filoctetes, es un arco muy bonito y brilla como el Sol –le explicó Odiseo.
-¿El Arco del Sol de Apolo? ¡Entonces ese sujeto realmente era el Ífito al que Heracles lanzó por la…! –intentó decir Filoctetes, mientras el anciano se iba, ignorando todo deseo de venganza sobre Heracles- Una historia a la vez Fil, una historia a la vez… ya después me cuentan de Ífito, no debo comer ansias –respiró pesadamente Filoctetes, Heracles y Laertes intercambiaron miradas de confusión-. A todo esto, ¿encontraste a Hilas? Supongo que sí, cronológicamente hablando, tu invasión a Troya fue después de viajar con los Argonautas, ¿verdad? –preguntó él.
-Obvio la encontré. Hilas estaba muy feliz disfrutando de su nueva novia la ninfa. Tanto le gustó que no me dejó agarrarla a garrotazos, ni me dejó unirme, algo sobre respetar a su esposa –se fastidió Heracles, Laertes afortunadamente había cubierto los oídos de Odiseo a tiempo-. Me dejaron con las ganas, y me perdí el resto del viaje por el Vellocino de Oro, no me parece justo. Y ahora debemos visitar a Néstor, para pedirle, de favor, que abandone sus deseos de venganza con quien sea el violador que lo tiene tan molesto. ¿Vienes o no? –preguntó él.
-Amm… dudo que tengas siquiera una idea de lo peligrosa que es la Exclamación de Athena… paso… -intento zafarse Filoctetes, pero Heracles lo tomó de los hombros, y lo subió a la fuerza al carromato-. No vuelvas, jamás… a hacer eso… -se fastidió Filoctetes, Heracles lo ignoró y subió al carromato, tomando las riendas de Pegaso, Laertes y Odiseo se unieron a Filoctetes en el mismo-. ¿No te preocupa que este bruto y el señor: «he reunido los cosmos de tres seguidores de Atenea de cosmos dorado», liberen una fuerza de cosmos con el poder de desafiar a los Dioses? –le preguntó Filoctetes.
-La confrontación, le guste a Heracles o no, es inevitable –le susurró Laertes, Filoctetes asintió-. Pero ambos, tanto Néstor como Heracles, son mis amigos. No me pidas que me quede de brazos cruzados a observar el cómo mis amigos se matan el uno al otro. No son esos los valores que pretendo que Odiseo adquiera. La amistad… es uno de los valores más importantes… esa es la enseñanza que deseo que Odiseo obtenga de mí –terminó Laertes, Filoctetes sonrió ante aquello.
Palacio de Pilos. Recepción del Palacio de Pilos.
-Bienvenidos mis señores –la recepción del Palacio de Pilos estaba llena a rebosar de visitantes, por lo que Heracles, Filoctetes, Laertes y Odiseo, terminaron haciendo fila para esperar su turno, y en todo ese tiempo que estuvieron haciendo fila, Heracles no dejaba de ver a la Reina de Pilos, quien mantenía orden previo a la audiencia con su marido el rey. La reina era una hermosa joven de cabellera castaña suave que llevaba atada en una trenza larga, de ojos rosados, con pecas en su rostro, y complexión física delicada. Vestía una túnica azul profundo que delineaba su figura perfectamente, por lo que Heracles ponía especial atención en los atributos traseros de la mujer, lo que no pasó por desapercibido por Filoctetes. En esos momentos, la Reina de Pilos invitaba a otro grupo a pasar a audiencia con el Rey de Pilos, por lo que después de ellos, sería el turno del grupo de Heracles.
-¡Oye! –enunció Filoctetes en un susurro violento- ¿Quieres dejar de desnudar a la Reina de Pilos con tu mente? ¿No tienes ya suficientes enemigos? ¡Ni se te vaya a ocurrir hacer lo que tengo el presentimiento de que quieres hacer! ¡Mucho menos ofendiendo a este rey en específico que tiene una política muy notable ante los violadores! –sentenció Filoctetes, mientras Laertes le cubría los oídos a Odiseo.
-¿Qué? –se molestó Heracles- No iba a… ¿por qué todo mundo piensa que siempre estoy pensando en…? No estaba pensando en eso, ¿está bien? Estaba pensando en que la Reina de Pilos me parece familiar, pero reconocería su traserito hermoso si ese fuera el caso, el problema aquí es que siento que lo reconozco, pero su traserito no me parece tan familiar –admitió Heracles.
-¿Qué voy a hacer contigo? Ni defendiéndote puedes separar la depravación de tus intenciones. Otros aprenden a reconocer rostros, no traseritos. ¿Qué tienes mi trasero bien identificado por si me pierdo en una multitud poder encontrarme fácilmente? –preguntó Filoctetes, Heracles asintió, molestando a Filoctetes- A ver, usted me deja de andar viendo el trasero tan insistentemente, mi grosero señor, o no respondo –materializó su arco y flecha Filoctetes, Heracles tomó su maza, Laertes se preocupó y cargó a Odiseo, intentando ganar distancia.
-No desesperen mis señores, ya pronto es su turno –se quejó la Reina de Pilos, cuando notó a quién le estaba hablando-. ¡Oh, no, no, no, no y no! ¿¡Tú otra vez!? ¿¡Cómo!? ¿¡Por qué!? –agregó la Reina de Pilos contrariada, Heracles se rascó la nuca, y la volteó, aterrando y avergonzando a la Reina de Pilos mientras Heracles escaneaba con la mirada los atributos de la mujer.
-¡Percy! –la reconoció Heracles, Filoctetes y Laertes abrieron sus bocas hasta sus límites por la sorpresa, la apenada Reina de Pilos se cubrió las posaderas- ¡Lo sabía! ¡Eres tú! Tu gusto en traseritos no ha cambiado en nada Percy, casi me engañas –admitió Heracles.
-¡Ya! ¡Basta! –se apenó la Reina de Pilos, que abofeteó a Heracles por el atrevimiento- ¡Fuera! ¡Largo! ¡Ya me has causado suficientes problemas! ¡A este no lo vas a agarrar a garrotazos! –intentó empujarlo la reina, pero Heracles era demasiado pesado para ella.
-Oh vamos Percy, a este traserito tuyo no le he hecho nada, y no vine por ti –le espetó Heracles, la Reina de Pilos enfureció y empujó con más fuerza-. Ah, pero déjame los presento. Percy, ellos son Filoctetes de Sagita, Laertes de Argonian Lepus, el Rey de Ítaca, y su hijo Odiseo, está bonito, ¿a poco no? –apuntó Heracles, Odiseo saludó nerviosamente- Amigos, les presento a Perséfone, la Reina del Inframu… -intentó decir él.
-¡Todos fuera! ¡Se acabaron las audiencias del día de hoy! –exclamó la Reina de Pilos, dirigiéndose a sus soldados- ¡Sáquenlos a todos! ¡Y tú, hablador boca floja y peste inmensamente difícil de matar! ¡Tú vienes conmigo! –ordenó ella.
-Me tientas Percy, pero ya estoy algo viejo para… –intentó decirle Heracles, cuando la Reina de Pilos comenzó a extender un cosmos oscuro a su alrededor-. Bueno, bueno, solo estaba bromeando. Qué carácter Percy –continuó Heracles, Filoctetes y Laertes volvieron a intercambiar miradas, y siguieron a la Reina de Pilos a una habitación contigua, donde Heracles comenzó a hacer las explicaciones.
-A ver si entiendo, ¿la Reina Anaxibia, la esposa de Néstor el Rey de Pilos, es Perséfone, la Diosa del Inframundo y esposa de Hades? –preguntó Filoctetes, Heracles asintió- ¿Y la reconociste por su trasero? –preguntó Filoctetes.
-Oye, ella cambia de cuerpos como yo de calzones, lo que no es frecuente, pero cuando pasa se nota bastante –apuntó Heracles a la Reina Anaxibia, que se encontraba en el suelo abrazándose sus rodillas mientras asimilaba el horror de la situación-. Hace años, cuando Athena liberó a la Esencia de Atenea en Gea frente a Esparta en una guerra contra Ares y Hades, Perséfone descubrió que el alma de Hades estaba aturdida, y que no reencarnaría pronto. Así que la traviesa comenzó a poseer los cuerpos de las mujeres más hermosas de toda Gea, y yo descubrí que tenía un patrón muy particular al elegir cuerpos, le gustan caderonas y de proporciones suaves en… -intentó explicarle, Laertes volvió a taparle los oídos a Odiseo.
-¡Basta! –se quejó la Reina Anaxibia- ¿Qué haces aquí Heracles? ¿Vienes a arruinarme otra vida? No te bastó con quitarle el reino de Orcómeno a mi hijo Ergino mientras poseía el cuerpo de su madre Buyeda, sino que también me fastidiaste la vida en mi encarnación como Hipodamía arruinando mi matrimonio con Piritoo –se quejó ella.
-Oye, yo estaba de invitado en una boda, que estuvieras en el medio no es mi problema –se defendió Heracles, nuevamente Filoctetes y Laertes intercambiaron miradas de confusión-. Además, yo cómo iba a saber que te andabas liando con Piritoo, todavía no determinaba tus gustos de traserito –continuó con su pobre defensa.
-Y no satisfecho con arruinarme mi matrimonio con Piritoo… te metiste con mi hijo Adonis en Chipre –agregó ella furiosa, Heracles recordó el evento y sonrió desvergonzadamente ante aquello.
-Ese día te medí el traserito, y desde entonces fue imposible que te escaparas de mí –agregó Heracles, Laertes intentó volver a cubrirle los oídos a Odiseo, pero este ya se los estaba cubriendo él mismo-. Además, lo de Adonis fue tu culpa, tú y su traserito fueron daños colaterales de tus intentos de acabar conmigo –le recordó.
-¡Y pensé que me había desecho de ti con la Sangre de Neso! –le apuntó Anaxibia, Heracles alzó una ceja en señal de confusión, Anaxibia se estiró el rostro con molestia- La doncella raptada por Neso… -se apuntó a sí misma Anaxibia.
-Oh… ow… ouch… esa… no terminó muy bien… ¿moriste? –preguntó Heracles, Anaxibia se apuntó a sí misma una vez más- Entonces lo de su sangre maldita… -se abrió la capa de león Heracles, revelando su hombro oscurecido.
-¿Sigues envenenado? ¡Entonces funcionó! –celebró ella, cuando Heracles la tomó del cuello, aterrándola- Y ahora que lo he dicho en voz alta… volvemos a ser enemigos, ¿verdad? –se preocupó Perséfone.
-Ay Percy… como quisiera que no. Pero, ¿¡tú qué crees!? ¡Quítame esta mancha o te voy a agarrar a garrotazos! –enfureció Heracles, Anaxibia gritó de miedo, pero Filoctetes logró taparle la boca, y Laertes inmediatamente corrió a montar guardia, asegurándose que ningún guardia entrara en la habitación en que se encontraban.
-A ver si entiendo. Poseíste varios cuerpos, y en varias vidas te has topado con este. La primera vez que se toparon, eras la madre del Rey Ergino que atacó Tebas la de las Siete Puertas, cuando Heracles apenas iniciaba su viaje. Después, mientras este estaba en una boda, te arruinó de alguna forma tu matrimonio con Piritoo –comentó Filoctetes, Anaxibia se quitó su mano de encima.
-¡Dos veces! ¡La primera durante la guerra de los Centauros contra los Lapitas! ¡La segunda mientras esperaba a mi amado Piritoo en el Hades! –lloró Anaxibia, Heracles hizo memoria.
-¡Cerberos! –recordó, Perséfone enfureció por su sonrisa, y pataleó para que la liberaran- Perdona Percy, pero estás olvidando tu situación, intentaste matarme, varias veces –le recordó Heracles.
-Con Adonis… en Chipre… -preguntó Filoctetes, y ambos asintieron-. ¿Antes o después de secuestrar a Hilas de Chipre? –preguntó, Heracles hizo una señal con su mano- Después… gracias… -apuntó Filoctetes, y después volvió a ver a Anaxibia con curiosidad-. Explícame lo de la Sangre de Neso antes de que a este se le olvide el uso de la razón y tengas que ir a buscar otro cuerpo al cual poseer –pidió Filoctetes.
-En mi vida anterior como Artotina, seduje a Neso y lo obligué a realizar un ritual para convertir su sangre en veneno… cuando se dio cuenta de lo que le hice a su sangre, me descuartizó –le comentó ella, Filoctetes se viró a ver a Odiseo, quien seguía tapándose los oídos-. Pero valió la pena. Cuando encontré el cuerpo de Anaxibia, descubrí que Heracles había muerto, tras escuchar a mi querido Néstor en una cantina, y ahogando sus penas, lamentándose el no poder matarte él mismo. Pensé que ambos podríamos vivir felices y superar nuestro respectivo dolor, ya que Heracles arruinó la vida de ambos, teníamos eso en común… fuimos unidos por la tragedia que compartíamos… -le explicó a Filoctetes, quien la miró con curiosidad sobre aquello-. ¿No lo sabes? Seguro el bufón este ni siquiera lo recuerda. ¡Asesinó a toda su familia frente a sus propios ojos! ¡Solo porque el padre de Néstor, el Rey Neleo, le negó la purificación tras el asesinato de Ífito! –le comentó ella molesta.
-Y ya conectamos las historias, ya me quedó claro de donde salió Ífito en todo esto –anotó rápidamente Filoctetes-. Y comprendo el coraje y el odio de Néstor perfectamente. ¿De verdad mataste a toda su familia por negarse a purificarte un asesinato? ¿Quién te purificó por lo de asesinar a toda la familia de Néstor? –le preguntó.
-Que quien me… -comenzó Heracles, haciendo memoria-. Al único que recuerdo haberme enfrentado fue al Caballero Dorado de Géminis, Periclímeno de Géminis. Cuando yo llegué a la corte de Pilos ya estaban todos muertos y ese estaba sentado en su trono –le explicó él.
-¡Mientes! –gritó Anaxibia furiosa- Néstor me lo contó todo tras nuestra primera noche de pasión. Vio como matabas a su hermano Periclímeno con sus propios ojos, y tras haberlo asesinado, tomaste a mi querido Néstor, y tú… hiciste lo impensable… -lloró Anaxibia, realmente conmocionada por lo que Néstor le había contado.
-¡Yo no recuerdo haber hecho nada ni remotamente parecido a…! –intentó defenderse Heracles, cuando recordó el asesinato de sus hijos- Por supuesto… el Decreto Imperial… -recordó Heracles, Anaxibia no comprendió a lo que se refería-. Esa maldita bruja. Todo siempre es culpa de Hera. Ahora todo tiene sentido… yo lo arreglo –aseguró Heracles, soltando a Anaxibia, quien comenzó a toser con fuerza, mientras Heracles tomaba su Maza de Mithrilo-. Liberar las almas de los Dioscuros dijo… recuerda los 12 trabajos dijo… ¿qué maldito trabajo me va a servir para salir de este predicamento? ¿Las Manzanas de las Hespérides? Momento… eso es… sí tengo una forma de evitar el conflicto con Néstor, y la respuesta está en mi Onceavo Trabajo –dedujo Heracles.
-¡Herc! ¿De qué diantres estás hablando? ¿¡Cómo uno de los 12 Trabajos va a ayudarte a reconciliarte con Néstor!? –le preguntó Filoctetes, intentando detenerlo, pero Heracles lo hizo a un lado, y después empujó a Laertes a un lado de igual manera- ¡Herc! –pidió Filoctetes, los soldados de Pilos se dieron cuenta de la violencia de Heracles, y se lanzaron sobre de él. Heracles, de un movimiento violento de su maza golpeando el suelo, rompió el mismo, lanzó a los soldados por todas partes, y derribó las puertas de la Sala del Trono de Pilos, llamando la atención de Néstor, quien se puso de pie de su trono, y comenzó a elevar su cosmos- Por todos los… ¡me lleva Hades! ¡Salgan! ¡Todos salgan de aquí o a todos nos va a llevar Hades también! –pidió Filoctetes.
-¡Tú! –apuntó Néstor, furioso, sus ojos temblando por el odio que sentía en ese momento- ¡Cuando Fryodor de Mandragora me lo dijo, no quería creerlo! ¡Las noticias de tu muerte me hicieron inmensamente feliz, así como me molestaron inmensamente también! ¡El que vivas, sin embargo, me da esta oportunidad única de por fin poder asesinarte con mis propias manos, maldito violador sin corazón! –le apuntó Néstor con desprecio.
-No voy a decir que no me lo merezco, Néstor de Géminis. Sé lo que hice, aún si no estaba consiente –preparó su Maza de Mithrilo Heracles, y apuntó la misma en dirección a Néstor-. Sé también que no me la vas a poner fácil. Así que voy a darte unos cuantos garrotazos, mientras intento explicártelo. Comencemos con esto: ¡yo no maté a tu familia! ¡Fue tu hermano Periclímeno de Géminis! ¡Cuando yo llegué, ya estaban todos muertos! –comenzó a correr Heracles con la Maza de Mithrilo lista.
-¡Mientes! ¡Yo amaba a mi hermano! ¡Explosión de Cumulo de Estrellas! –atacó Néstor, sin tener presente la integridad de su palacio, estando enteramente entregado a asesinar a quien lo ofendió en el pasado, transportando a Heracles al espacio, y bombardeándolo con cometas y planetoides, mismo que Heracles destruyó con su maza, mientras elevaba su cosmos, y la mancha negra se extendía por su cuerpo.
-¡Herc! ¡La Sangre de Neso! ¡Si usas tu cosmos va a terminar por consumirte por completo! –intentó hacerlo entrar en razón Filoctetes, pero Laertes lo detuvo, lanzándolo lejos de la Sala del Trono- ¿Qué haces? ¡Déjame pasar! –se quejó Filoctetes, materializando su arco y su flecha y preparando su cosmos.
-¡Lo lamento Filoctetes, pero no puedo dejarte sacrificar tu vida en vano! ¡La Cacería del Lobo Escarlata! –se lanzó Laertes con su cosmos rodeándolo y adoptando la forma de un lobo rojo de cosmos, mismo al que Filoctetes apuntó su flecha.
-¡Flecha Fantasma! –atacó Filoctetes, su flecha liberándose y transformándose en una lluvia de las mismas, que forzaron al lobo de cosmos rojo a evadir, saltar, y lanzar su mordida a Filoctetes. Néstor, notando las posibles interrupciones, rodeó la habitación del trono con su red dimensional para obtener la privacidad que deseaba.
-Rey Néstor… sé que es difícil de creer… pero fuimos engañados… ambos… -le explicaba Heracles, aprovechando que Néstor se encontraba levantado su red dimensional, creando una dimensión portátil alrededor de ambos-. Llegué a Pilos buscando a su padre el Rey Neleo, no lo niego, pero cuando yo llegué, tu hermano sostenía el cuello de tu padre y se lo partía. Lo combatí, y tu hermano transformista logró golpearme con su Decreto Imperial. No sé cómo, ni por qué tu hermano conocía esa técnica, pero cuando se cae en su poder, solo la muerte de alguien, o el satisfacer una necesidad primitiva te libera. Por eso pasó lo que pasó, era matarte o… -intentó explicarle Heracles.
-¿O raptarme? –se molestó Néstor- Dime, Heracles… si liberarse del Decreto Imperial se satisface con la muerte… ¿cómo es que no te liberaste del mismo tras matar a mi hermano? ¡La Otra Dimensión! –atacó Néstor, empujando a Heracles, intentando que las dimensiones se lo tragaran, Heracles requirió de volver a elevar su cosmos para evitar ser lanzado.
-Para eso no tengo respuesta –recordó Heracles su combate contra un Caballero de Géminis que podía transformarse en varias creaturas, entre ellas una abeja, que fue su intento de escapar de Heracles, y a la cual Heracles recuerda haber aplastado-. Solo se me ocurre que no lo aplasté realmente, y solo pensé haberlo hecho. En todo caso lo que me liberó de la influencia del Decreto Imperial fue el raptarte… -aceptó Heracles.
-Yo solo tenía 18 años cuando me ofendiste… -le recordó Néstor, hincando una rodilla, reuniendo su cosmos, y forzando a la manifestación de las almas de los Dioscuros, Pólux y Cástor, sus almas selladas junto a la Armadura de Géminis-. Pero hoy, Heracles, a mis 60 años… esto termina… utilizaré la Exclamación de Athena para acabar con tu patética existencia –aseguró Néstor, Pólux y Cástor gritaron de dolor, mientras se veían forzados en sus representaciones de cosmos revestidas de sus Armaduras de Oro Rojo, a forzar a la manifestación de la Exclamación de Athena.
-¡Néstor! ¡Escúchame! ¡Estoy tratando de hacer un trato contigo! –soltó su Maza de Mithrilo Heracles, y extendió los brazos en señal de rendición, lo que fue una sorpresa para Néstor, quien de todas formas continuó elevando su cosmos- Sé lo que hice, y aunque sé por qué lo hice, puedo ver un engaño mejor que nadie. Cuando realicé mi Onceavo Trabajo, era tan ingenuo, que Atlas, el Titán que sostiene al mundo en sus hombros, me engañó para que yo le sostuviera el peso de todo el mundo en mis hombros, a cambio de que él mismo me entregara las Manzanas de las Hespérides. Me gustaría contarte con mejor lujo de detalle, pero veo que no planeas escuchar más de lo estrictamente necesario. Mi punto es que, un Titán, obligado a cargar el peso del mundo en sus hombros, lo que te adelanto es una increíble carga, hizo un trato conmigo, para que yo lo reemplazara, y él me trajera unas manzanas de un jardín sagrado, el jardín de las Hespérides –intentó mediar Heracles.
-No veo cómo eso importe en absoluto, Heracles –prosiguió Néstor, la Exclamación de Athena estaba casi lista-. ¿Qué hay en tu supuesta historia, que pueda convencerme de no asesinarte en este instante? –preguntó Néstor.
-Confianza… -le comentó Heracles, Néstor hizo una mueca de descontento por lo que acababa de escuchar-. Sé que no hay absolutamente ninguna razón para que confíes en mí. Yo tampoco tenía razones para confiar en Atlas, pensé que las personas, o en su caso, los Titanes, eran inherentemente buenas hasta ese día. Fue un error, intentó engañarme, intentó dejarme cargando el peso del mundo. Por supuesto que lo engañé de regreso, y por eso estoy aquí. Y sé que todo esto suena como más razones para no confiar en mí, pero yo recuerdo haber confiado en alguien, que tenía una carga miserable que afrontar. Atlas me trajo las manzanas, seguramente estaba siendo sincero en algún momento, pero cuando sintió la libertad, no quiso volver a cargar el peso del mundo, me gusta pensar que por eso me engañó. Traspasemos el caso de Atlas a nosotros, yo no tengo nada que ganar engañándote. Estoy muriendo Néstor, por esta sangre envenenada, y la única forma de salvarme, es realizando 12 Pruebas Doradas. Puedes lanzar esa cosa, esa Exclamación de Athena, y adelantar el proceso, da igual, cada que uso mi cosmos parte de mí muere. O puedes darme una oportunidad. Dame una misión, la que sea, yo la cumpliré por ti como compensación por un crimen que, insisto, no cometí estando consiente del mismo. Sé que no tienes razones para creerme, y la última cosa que se me ocurre para detenerte en este momento es que, si lanzas esa cosa, puede que me mates, pero detrás de mí está tu esposa. ¿Vas a echarme la culpa también por su posible vaporización? –le preguntó, Néstor se mordió los labios, y disipó la Exclamación de Athena.
-De forma que… aún en una situación como esta, intentas usar la razón… -se molestó Néstor, cerrando sus manos en puños-. Lo único que me queda en claro, Heracles, es que el Heracles que yo conozco, golpeaba primero y preguntaba después. Si en este caso has elegido el dialogo… aún si intentas convencerme con una absurda alusión a uno de tus 12 Trabajos que ni tú mismo te crees, entonces, supongo que no me queda más que escuchar –se cruzó de brazos Néstor.
-¿Qué? Oye, me estaba quedando bonita la historia, y creo en ella genuinamente –le comentó Heracles, mientras la habitación volvía a su forma original, y Laertes era lanzado dentro de la Sala del Trono, perforado por varias flechas de Filoctetes, Néstor miró a Laertes con curiosidad-. Ese… viene conmigo… -apuntó Heracles, Filoctetes entró entonces y apuntó su flecha a Laertes-. Ese también… -continuó Heracles, y entonces entró Odiseo corriendo nerviosamente tras su padre-. Ese… no es mío, pero viene conmigo… -terminó de decir Heracles.
-¿Laertes? –preguntó Néstor, Laertes saludó desde el suelo- Así que… le contaste a Heracles sobre las almas de los Dioscuros… me siento inmensamente traicionado. ¿Quién es el niño? –preguntó Néstor.
-Mi hijo, Odiseo… -presentó Laertes, Odiseo inmediatamente se puso de pie e hizo una reverencia-. Tiene 4. Lo traje para que conociera a mi mejor amigo… todavía lo somos, ¿verdad? –preguntó Laertes, Néstor alzó una ceja, y apuntó a Heracles-. Nos topamos en el camino –admitió él.
-Ya me contarás… primero… aclaremos una cosa. ¿Por qué viniste realmente, Heracles? Supongo que no viniste a decirme la tontería de tu Onceavo Trabajo –se cruzó nuevamente de brazos Néstor.
-Estoy hablando enserio con lo de los 12 Trabajos –se molestó Heracles-. Pero resumamos, 12 Pruebas Doradas, tengo 12 años para hacerlas, y si no las hago, me muero. Así de sencillo –le explicó Heracles-. La Primera Prueba consiste en liberar a las Almas de los Dioscuros, supongo que sabes cómo hacerlo –comentó él.
-Saber cómo hacerlo, no significa que vaya a hacerlo –respondió Néstor-. La pregunta es… ¿por qué debería hacerlo? Si no completas tus 12 Pruebas en 12 años, te mueres. Por donde yo lo veo, el rehusarme a ayudarte me libera de todos mis problemas.
-No es así –interrumpió Anaxibia, entrando en la Sala del Trono de Pilos, para sorpresa de Néstor-. Heracles solo debe matarte para liberar las almas de los Dioscuros amor. Y aunque la Sangre de Neso se extienda en su cuerpo, lo único que puede detenerlo realmente, es la Exclamación de Athena. Así que, si te rehúsas, solo la Exclamación de Athena lo detendrá –aseguró ella.
-Si libero a las Almas de los Dioscuros, no podré utilizar la Exclamación de Athena –exclamó Néstor, Anaxibia lo miró con duda en su mirada-. ¿Insinúas que podría usarla sin las almas de los Dioscuros? –preguntó él.
-Yo solo digo que, como compensación por la muerte de tu familia, Apolo se apiadó de ti y te confirió la extensión de tres vidas –le explicó ella, Néstor la miró con curiosidad y sin saber a donde quería llegar con eso-. A tus 60 años estás viviendo los finales de tu segunda vida, si consideramos que debiste morir a los 18 años junto al resto de tu familia. Dos vidas, y en ambas has desarrollado el cosmos dorado. Tienes aún una vida para reunir la energía suficiente para utilizar la Exclamación de Athena por ti mismo –le aseguró.
-¿Y de qué me serviría? Todo lo que he hecho, ha sido para usarla en su contra –le apuntó Néstor, Anaxibia suspiró incomodada por todo el desprecio de Néstor-. Pero hay algo que sí puedo aceptar. Tu historia sobre Atlas… elegiste confiar en él, por las manzanas de las Hespérides. Tan tonto eres que no pediste una garantía. Ilusamente creíste en Atlas. ¿por qué? –preguntó Néstor.
-Porque no creí realmente que fuera malo… solo… cargaba mucho peso encima… literal y figurativamente… -bromeó Heracles, Néstor soltó aire con molestia-. No soy malo realmente Néstor. Dame una oportunidad. Confía en mí… -le pidió Heracles.
-Eres un violador, y no fui tu única víctima. Me cuesta creer que existe la redención en ti, Heracles… -insistió Néstor, Heracles soltó aire molesto, y volvió a tomar su maza-. De modo que, si no negocio, me das de garrotazos… -se quejó Néstor.
-Si quieres te doy tiempo para que vuelvas a preparar la Exclamación de Athena y seguimos desde donde nos quedamos –le espetó Heracles, Néstor volvió a meditar al respecto, y alzó su mano indicando que aquello no sería necesario.
-Lo que entiendo, es que usar la Exclamación de Athena en esta situación, vaporizaría a todos los presentes, no solo a ti… -admitió Néstor-. Y aunque insisto en que no tienes redención alguna. No voy a vaporizar media Pilos por mi venganza. Así que, haré un trato contigo. Solo hay una única cosa, que podría convencerme de perdonarte, y liberar las Almas de los Dioscuros… -comenzó Néstor, Heracles asintió y esperó-. Encuentra a mi hijo, Antíloco… y tráelo de regreso… -lloró Néstor, Anaxibia se sintió conmovida por la petición, Heracles lo notó-. Antíloco… es mi primogénito con Anaxibia… quien quedó embarazada mientras era mi concubina. Yo estaba casado con mi anterior esposa, Eurídice, y desconocía del embarazo de Anaxibia, quien dio a luz en secreto, y entregó a mi hijo a una sacerdotisa en un Bosque de Peón –le explicaba Néstor, apenado, Heracles asintió-. Cuando mi esposa Eurídice falleció, Anaxibia me contó la verdad. Buscamos al bebé en el Bosque de Peón, pero descubrimos que la sacerdotisa no era realmente una sacerdotisa, sino una bruja, quien se negó a regresarnos a nuestro hijo. Esta bruja… tiene poderes por mucho muy superiores a los míos… dice que es una sobreviviente del mundo anterior a este, lo que sea que eso signifique. El punto es que su magia es incomprensible, su cosmos no puede ser sentido, y tiene a mi hijo. Tráeme a mi hijo, y todo quedará perdonado –ordenó Néstor.
-Juro en el nombre de todos los Dioses Olímpicos que te traeré a tu hijo, Néstor –reverenció Heracles, Néstor lo miró fijamente-. Así que… me toca jugar a ser Atlas buscando las manzanas de las Hespérides. No vamos a tener traiciones, ¿verdad? –preguntó Heracles, Néstor lo pensó.
-Verdad… -elevó su cosmos Néstor, las almas de Pólux y Cástor se materializaron en sus manos, y estas de la nada se convirtieron en un par de huevos, uno negro, y uno blanco-. Considera las almas de Pólux y Cástor liberadas. Las he vuelto a sellar en la forma de estos huevos, lo que significa que ya no forman parte de la Armadura de Géminis, aunque voy a conservar sus caras, me encariñé con ellas –admitió Néstor, Heracles intentó tomar ambos huevos, pero antes de poder hacerlo, un cisne entró por el balcón de la Sala del Trono de Pilos, llevándose ambos huevos, y dejando a Néstor y a Heracles sorprendidos-. Oh vaya… eso no era parte de la negociación… -se sorprendió Néstor, Anaxibia se rio un poco, pero alcanzó a cubrirse los labios-. Oh bueno… yo cumplí mi parte, lo que le pasé a las almas de los Dioscuros después de ser liberadas, ese no es mi problema –agregó Néstor.
-¿¡Enserio!? –preguntó Heracles, y miró a Filoctetes con curiosidad- ¿Eso significa que cumplí o no con mi Primera Prueba? –lo sacudió Heracles, buscando respuestas de Filoctetes- ¡Habla! ¡Te acuestas con la Sibila de Delfos! ¿¡Cumplí o no cumplí!? –insistió él.
-¡No me zarandees! –se quejó Filoctetes- Si nos vamos a lo estricto de la definición, supongo que cumpliste. Pero para estar seguros. ¡Atrapa a ese cisne! –apuntó Filoctetes, y tanto él como Heracles salieron corriendo de la Sala del Trono de Pilos, dejando atrás a Néstor, a su esposa Anaxibia, y a unos confundidos Laertes y Odiseo.
