-¿Puedo sentarme?- preguntó una voz a espaldas de Scorpius.
El chico no tuvo que girarse para ver de quién se trataba: lo sabía de sobra. Aun así, se giró, porque detrás de él no estaba otra que Grace, que tenía una expresión apaciguadora poco común en ella, y los hombros un poco encogidos en señal de sumisión.
Scorpius llevaba en la biblioteca lo que parecía una década. Rose se dedicaba a estudiar, a estudiar, a entrenar para el próximo partido (la chica se sentía tan culpable por haber perdido contra Hufflepuff...), y a estudiar. El chico empezaba a estar más que harto de tener que acompañarla a todas partes. Pero por otro lado, pensaba en su seguridad. No todos los días alguien estaba planeando matarte. No sabía si había sido una buena idea, pero él no había podido callárselo para sí, y le contó a Rose todo lo que había oído.
Cuando se lo dijo, su expresión casi ni mudó. No mostró sorpresa, o al menos no demasiada. Ni siquiera sus brillantes ojos azules se quemaron con el fuego de la furia, no. Lo aceptó con una tranquilidad que le heló la sangre a Scorpius, y aun en aquel momento todavía sentía el frío. Desde ese momento, Rose ocupaba todos sus pensamientos, que podían resumirse en un sentimiento de preocupación: sobre si a ella realmente no le importara que la asesinaran, o si sí le importaba, pero aceptaba la amenaza de muerte como se acepta cualquier otra noticia. Eso era lo que inquietaba a Scorpius, porque sabía que de las dos era la preocupación realista. No paraba de preguntarse si era posible acostumbrarse a la idea de que tu vida puede acabar en cualquier momento. ¿Y si la chica había caído en una depresión y no era capaz de remontar ni sabiéndose tan indefensa?
No. Eso era inconcebible. Pero tenía que despertar a Rose de su retahíla y pedirle que hablara con Ann, la única persona con la que realmente estaría totalmente a salvo. En definitiva, empezaba a preocuparle seriamente el estado de la chica a todas horas, y se preguntó si algo así era lo de tener novia de verdad.
-Claro- le dijo a Grace para que se sentara, distraído, mientras le daba vueltas a todo aquello.
Grace procedió a apartar la silla que estaba a su lado y sentarse, despacio, al contrario de como su amiga lo solía hacer.
-No hemos hablado mucho desde que estoy otra vez aquí- comenzó Grace.
Scorpius sabía que la chica estaba de nuevo protestando por la "usurpación" (así la denominaba ella) que la chica pelirroja había cometido juntándose con Scorpius y Josh. Grace era así de posesiva y él lo aceptaba perfectamente, e ignoraba sus gruñidos la mayor parte del tiempo. Josh en cambio era un poco más conciliador; siempre intentaba que Grace y Rose cruzaran palabra, pero a Rose no le importaba nada ni nadie últimamente, y la opinión de la Slytherin ya se la sabían hasta los alumnos de Hufflepuff. Con lo cual, Grace tenía al pobre Josh bastante absorbido y a Scorpius lo acaparaba cuando Rose desaparecía de la biblioteca (normalmente, solo para ir al baño, lugar al que él naturalmente no podía acompañarla y vigilar que se encontraba bien).
-Eso no es verdad. Va a hacer dos semanas desde que llegaste. Y hemos hablado un montón. Cuéntame otra vez cómo te puso los cuernos el imbécil de tu...
-Lo siento, Scor- se disculpó ella.
-¿Qué?- soltó, sorprendido- ¿Por qué?
-Sé que ser buscador...bueno, sé que era tu sueño. No quería ni he querido nunca quitártelo, lo sabes ¿no? Me gustaría que el otro aspirante no fueras tú.
-Lo sé- afirmó Scorpius, rápidamente. Pero no podía evitar que le doliera un poco que le quitaran el puesto tan deprisa: no había jugado ni un triste partido. Pero no podía decírselo tan claramente a Grace.
Aunque no hacía falta: ella ya lo sabía. Lo conocía demasiado bien.
Pero por lo visto, había una cosa que Grace no estaba entendiendo del todo, y eso la traía totalmente confusa.
-¿Dónde está la usurpadora?- preguntó ella, mirando hacia los lados.
Scorpius rodó los ojos.
-Ha ido al baño.
-Oh...pensé que sus superpoderes para estudiar tanto no le incluían el poder levantarse a orinar- ironizó.
-No sé- contestó Scorpius desganado- ¿por qué lo dices?- preguntó, arrepintiéndose al instante de preguntar.
-No sé- añadió- tú siempre sabes dónde está. Te pasas el día pegado a su culo...
-Es porque somos novios- no supo qué otra cosa responder.
-Esa es otra cosa que no entiendo. Y no puedo evitarlo, Scor- insistió hablando con rapidez, al notar la exasperación en su amigo. Se acercó a él, confidentemente- ¡yo creí que la que te gustaba era Lily, Scor, Lily Potter! ¡No Rose Weasley! Además, ni siquiera se te ve emocionado...
-Lo mío con Potter nunca podrá ser- soltó Scorpius, entre enfadado y entristecido.
Tras su encuentro con Lily, al Slytherin le había durado un tiempo la euforia de conocerla por fin (bueno, ya habían mantenido un leve saludo el año anterior, pero insignificante comparado con el de aquel año) y hablar con ella. Pero, por algún motivo que no alcanzaba a comprender, poco a poco la ilusión se había ido resquebrajando. Ya casi era solo un manojo de añicos a punto de juntarse con todos los sueños rotos de Scorpius.
Para Lily Potter él no era nada, solo una posible amenaza, un estúpido, un necio, alguien que haría daño a su prima. Un Slytherin. Un Malfoy. Y nunca podría hacer nada para remediarlo. En realidad, ¿alguna vez sería algo diferente, por mucho que se esforzara? Era exasperante el solo pensarlo.
Poco a poco, se iba dando cuenta de que su enamoramiento casi eterno por Lily no era más que una expectativa (porque esperaba que alguna vez milagrosamente ella le mirara y se lanzara a sus brazos, aunque fuera algo estúpido) de ser alguien. Alguien mejor, importante, alguien luchador, que cumple sus metas. Alguien que no haría "honor" al apellido Malfoy, y al mismo tiempo le diera al apellido el honor que se merecía.
Maldito él y maldita su permanente ensoñación.
Su amiga suspiró a su lado, respetando su silencio.
-Jamás te he oído decir eso- murmuró.
-Pues por eso precisamente sabrás cómo me siento. Tenías que haber estado el día que se acercó a mí para advertirme que no hiciera daño a Rose. Era tan distante...tan jodidamente inaccesible...y me da rabia porque es por mi culpa. Toda mi vida me he intentado convencer de que soy diferente, pero no es así. Soy como todos los de mi familia. Los Slytherin lo piensan, los Gryffindor...-se lamentó aún más- Lily lo piensa...
Grace iba a abrir la boca para intervenir, pero Scorpius no le dejó. Estaba tan harto...
-Pero Rose no- soltó. Y en ese momento se dio cuenta: al mismo tiempo que lo decía en voz alta- ella no. Me trata como tú, como Josh...como si solo fuera Scorpius, y no Malfoy. Como si pudiera ser alguien por mí mismo, sin depender en absoluto de quien tendría que haber resultado ser. Al principio recelaba un poco, pero nunca fue como el resto, siempre me dio un poco más de confianza.
La mirada de su amiga mientras le decía eso era indescifrable.
-...y...-Scorpius se encontró perdido en sus propias divagaciones ¿Qué estaba haciendo? En algún momento tendría que confesarle que no estaba saliendo de verdad con Rose Weasley ¿o no era así? ¿Por qué parecía que le estaba diciendo todo lo contrario?
-Y por eso estás saliendo con ella- completó.
El chico estaba confuso. Tan confuso, que no añadió nada más.
-Scor, eres mi amigo desde hace ya bastantes años, te conozco muy bien- dijo Grace-y sé que como tú dices...el encaprichamiento por Lily Potter no era más que una representación de otra cosa que pasa por tu mente constantemente; pero eso no lo hacía menos real, y que Lily no te haga mucho caso...bueno, es normal. No te conoce. Y no sé si puedes culparla de tener prejuicios dados tus antecedentes, por mucho que te duela oírlo.
Negó.
-No puedo pensar con claridad, Grace. Ya no. Estoy cansado de pelearme con mi reputación. Estoy harto de ser el malo bueno. Yo solo quiero ser yo, y punto.
Silencio. Scorpius garabateó en un papel lo que era un boceto de una nueva historia que escribiría pronto. Le encantaba escribir. Lo haría a todas horas. Le ayudaba a evadirse del mundo como si se sumergiera en un mar de letras en el que era imposible ahogarse si realmente querías estar allí.
Su amiga le cogió de la mano, y la apretó fuerte contra la suya. Ambos dorsos tenían el mismo tinte pálido.
-Tal vez fuera la hora de dejar de soñar con Lily- soltó finalmente- está claro que Weasley no es la chica que mejor me cae pero bueno... supongo que es que a mí la mayor parte de la gente me parece estúpida.
Ambos sonrieron levemente.
Y Scorpius se fue poco a poco creyendo su propia mentira, desgraciadamente. Para él estaba claro que tenía que empezar a olvidarse de Lily y comenzar a ser un poco más realista. Pero ¿por qué su mente le traicionaba de esa manera? ¿Por qué pensando en Lily y trayendo a la vez ese sentimiento de autoodio y autorabia venía a su mente la imagen de Rose?
¿No se estaría empezando a creer la pantomima de que se gustaban, no? ¿Qué estaba pasándole?
¿No debería de estar preocupándose por la seguridad de Rose por encima de todos aquellos quebraderos de cabeza?
Y pensando en la chica, ella no apareció en el resto de la tarde, lo que fue aumentando los nervios del chico más y más. Se marchó de la biblioteca hecho un manojo de nervios mientras Grace lo observaba, preocupada. A la hora de la cena fue de los primeros en entrar al Gran Comedor, y esperar a que la chica pelirroja apareciera para echarle la mayor bronca que había echado en toda su vida. Pero pasaron los minutos y la chica no aparecía. Scorpius notaba no solo su propio nerviosismo, sino también una penetrante mirada acusadora desde la mesa de Gryffindor.
-¿Por qué suspiras tanto, Scor? Me estás poniendo nervioso- masculló Josh entre dientes, antes de llevarse a la boca un muslo de pollo- y casi ni has probado bocado...
A su lado, Grace se mantenía en tensión. Llevaba así varios días. Por lo visto, había tenido una fuerte discusión con Albus Potter y no estaba teniendo una feliz vuelta. No era tan avispado como Josh, pero no era tonto, sabía que algo había entre ellos. Algo muy extraño. Scorpius no quería alegrarse, pero Potter no era de su agrado. Siempre lo había mirado como creyéndose mejor que él. No lo soportaba.
-Estoy cansado- se excusó, más nervioso que agotado- creo que me voy a dar una vuelta por ahí- se levantó de su asiento como si hubiera tenido un muelle debajo todo ese tiempo- a ver si se me pasa un poco. Estoy un tanto harto de todo.
Josh le miró extrañado, con el ceño tremendamente fruncido, y se giró hacia su amiga para preguntarle sin palabras qué demonios pasaba. Scorpius sintió celos de nuevo cuando vio que se entendían a la perfección. Él pareció comprender en seguida, incluso aunque ella no fuera ni estuviera siendo particularmente expresiva. Casi gruñe.
Estaba de un humor de perros. Se fue a la entrada del gran comedor casi pareciendo el expresso de Hogwarts, o cualquier otro tren humeante. Y, cuando justo antes de salir, alguien lo agarró de la túnica, casi le dieron ganas de golpear a quien hubiera sido.
No era buena idea, porque nadie se metía con Harley, a no ser que quisiera salir más malparado todavía.
Nada más girarse y mirarlo, supo en seguida por el semblante serio del chico qué era lo que le quería decir.
Miró hacia los lados, procurando que nadie los viera hablar juntos.
-¿No sé dónde está, vale?- dijo, refiriéndose claramente a Rose- no lo sé. Voy a buscarla ahora. Si quieres puedes acomp...
-Ya sé dónde está- le respondió él, serio- sé dónde está.
-¿Y bien?- preguntó Scorpius, cabreado con el mundo.
-En el campo de Quidditch- respondió. Pareciera que no le agradaba mucho la idea de que la chica estuviera allí.
-¿Y eso?- preguntó- es decir;- se corrigió- ¿con el equipo?
-Sin el equipo- contestó, como si fuera obvio- sino ¿por qué están aquí todos los demás?
-No sé ¿y por qué sabes que está allí?
-La cuestión es por qué no sabes tú que lo está- le reprendió, con los ojos entrecerrados y la mandíbula.
-Porque se me escapó, idiota. Es una persona, también le gusta tener su espacio de vez en cuando- la defendió- al contrario que tu asesina amiga- señaló con la cabeza a Emily Stump, que comía animada su cena, junto a su hermano que no paraba de contar algo gesticulando exageradamente- a la que no parece importarle en absoluto que te pases todo el día pegado a su culo. Skeeter ya le va contado a todo el mundo que es tu nueva novia. Suerte que no has tenido otras este curso, y ya no has tenido más protagonismo. Aunque tú, siendo amigo de Potter, estarás acostumbrado a eso.
-Cállate un rato, Malfoy- le soltó, de malas maneras- y vete a buscar a Rose, que es lo que tendrías que estar haciendo.
-Voy porque quiero, no porque lo ordene el señorito- respondió, entre dientes, justo antes de marcharse a paso rápido.
-¿Señorito, yo? ¡¿Y entonces tú qué eres, Malfoy?!
Esas palabras ya un poco lejanas de Harley no hicieron más que empeorar su humor. Salió casi corriendo hacia el patio de Quidditch, aunque procurando y consiguiendo que nadie lo viera.
El aire era frío y cortante. Invernal y duro. Como él. Las descripciones encajaban. A Scorpius no le gustaba el verano. En verano volvía a casa. Y, aunque a pesar de todo quería a su padre y especialmente a su madre, la soledad lo consumía y lo hacía alguien peor. Más artístico, pero más amargado y hosco. Recorrió a paso rápido el camino al campo, y en pocos minutos ya divisó una pequeña figura con bufanda roja, moviéndose con velocidad y recreando jugadas que posiblemente eran inventadas. Se detuvo un momento, desde la salida de vestuarios, asegurándose no ser visto, los movimientos de la chica. La había visto jugar: era ligera, grácil, sencilla, con precisión. Jugaba bien. No jugaba especialmente bien, pero no era mala.
La chica tiraba una y otra vez a alguno de los tres aros, recorriéndose antes casi todo el campo. Pero en aquellos momentos acababa de fallar el tiro, y con rabia mascable hasta en la posición del chico, bajó al césped a recoger la Quaffle y con rabia la estampó contra el suelo.
Scorpius ya había entrado en el campo y no pudo evitar seguir siendo invisible.
-¡Yo creía que con la Quaffle se hacían otras cosas!- gritó, asustando a Rose, que dio un saltito- ¡Meterla en el aro, por ejemplo!
Rose miró al suelo un tanto avergonzada, y acto seguido se montó en su escoba para reunirse con él.
-O no meterla...-siguió, cuando ella llegó a su lado- no importa cuando no metas una de cada mil...
-Yo solo...-se excusó Rose, bajando de la Nimbus- solo necesitaba un poco de aire.
La chica respiraba trabajosamente y su rostro estaba amoratado de frío, tenía los labios cortados y prácticamente temblaba.
-Estás helada- observó él- y ya te empiezo a conocer lo suficiente como para saber qué pasa por tu cabeza. Y no es salir a tomar el aire.
Rose rió, sin ganas.
-No tienes ni la menor idea, Scorpius Malfoy.
Él sonrió, con suficiencia. Recogió del suelo la escoba de Rose y la arrastró a ella hacia las escaleras que daban a los vestuarios, para no pasar tanto frío.
-Te culpas por haber perdido el otro día el partido- adivinó, muy seguro- a pesar de que no hiciste nada mal: todos dicen que jugaste de maravilla. Pero tienes algo que te hace especial, Rose Weasley, y no es que te guste especialmente ganar: es que simplemente no soportas perder.
Si la chica iba a defenderse después de la acusación de Scorpius, que la había dejado de piedra, no lo hizo en el tiempo previsto.
-No soporto perder cuando lo doy todo. Solo eso- dijo, finalmente.
Él rio.
-Y aun así, sigues entrenando para dar más y más...sigues temblando.
La atrajo hacia él, en un arranque de algo indefinible que sorprendería a Scorpius el resto de su vida, y la abrazó para que dejara de temblar. Fue un movimiento un tanto torpe, y la chica parecía que iba a apartase de él y darle una bofetada, pero el poco calor que pudo transmitirle le hizo quedarse. Quedaron raramente unidos, Scorpius sujetando la escoba en una mano y ella con los brazos bajados e inmóviles.
Los crecientes nervios le hicieron decir algo que quizás no tendría que haber dicho.
-¿Por qué no tienes ganas de vivir, Rose?
La chica se separó de él como si quemara.
-¿Cómo?
-Es la verdad. Es lo que yo veo. Sí, te esfuerzas por ser mejor pero luego...estás amenazada de muerte y te escapas tú sola por la noche, en un ángulo en el que cualquiera puede alcanzarte...deberías estar luchando por tu vida, ideando una manera de expulsar a esa zorra de Hogwarts...
-¿No lo entiendes, Scorpius?- le espetó, con la misma brusquedad con la que le había hablado Harley no hacía mucho- es imposible que esa chica quiera matarme- las lágrimas acudieron a sus ojos en un abrir y cerrar- quiere matarme porque le importaba a Ann. Ahora ya...¿quién soy yo en su vida? Su compañera de cuarto...eso soy. Ya no soy importante. Y sé que es solo mi culpa, pero...
Se calló.
-Pero la echas mucho de menos.
Rose se sentó en las escaleras, agotada, y enterró la cabeza en los brazos. Todavía respiraba con frecuencia, cansada.
Scorpius se sentó con ella, paciente.
-Creo que me empiezas a conocer de verdad, Rose. Puedes hablar conmigo.
Y respetó el largo silencio que hubo.
-Es mi culpa. Me he quedado sin amigos por orgullosa. Y por querer a quien no tendría que haber querido nunca. Y...
Scorpius negó, pasmado.
-¿Después de todo este tiempo, Rose? ¿Después de todo lo mal que lo has pasado, sigues sintiendo lo mismo por ese idiota? Te has roto por él, porque prefiere a tu mejor amiga...
Rose cerró los ojos, con dolor.
-Calla y no lo digas más- le advirtió, con el tono más amenazador que la había oído utilizar- no lo digas, o no respondo.
Silencio. Él tuvo miedo de haberla molestado.
-Ya sé que es estúpido. Que soy joven, que ya habrá otros, y algún día me casaré y seré supuestamente feliz...pero no me imagino eso. No puedo. Sé que es de estúpidos. No hace falta que nadie más me lo diga.
Scorpius la miró. Tenía la nariz pecosa casi totalmente roja y el pelo ondulado y cobrizo se le salía de la coleta sin orden aparente, pero al chico jamás le había gustado más antes.
-¿De estúpidos?- murmuró. De estúpidos es estar enamorado de la misma chica desde los nueve y que sea alguien que ni te ve. O al menos, que ni te mira.
A ella pareció sorprenderle aquello.
-¿Desde los nueve años?- preguntó, abrumada.
-Sí. Toda la vida, prácticamente. Y no tuve ni tendré la mayor posibilidad con ella.
Se miraron, como si se miraran por primera vez.
-El mundo es un asco- soltó Rose.
Scorpius rio.
-Claramente, yo siempre lo he sabido. Pero es el único que tenemos y ya por eso lo queremos, aunque no queramos quererlo.
-Eres más listo de lo que pareces- observó ella.
-Tú eres exactamente igual de lista de lo que pareces- se burló- Claro que a mi versión malvada y mortífaga le pareces alguien muy tonta, pero...
-Me gustas más cuando eres tú mismo- dijo.
Eso alimentó los extraños sentimientos y ánimos de Scorpius.
-Quiero pedirte algo- confesó, en el tono acorde con el secretismo.
-¿Qué?- preguntó, en el mismo plan.
-Olvídalo.
Rose al principio parecía desorientada, pero no tardó en entender a qué y a quién se refería.
No sabía qué responder.
-Olvídalo- repitió- Yo voy a olvidarla a ella. Estoy harto de pasarlo mal. Y tú también. Lo sé
-Me gustaría. Pero me es imposible. Al menos de momento.
-Nada es imposible, Weasley. Y tú eres de las que piensan eso.
Se encogió un poco de hombros.
-Supongo que sí- murmuró.
Fue apenas un roce, hasta que Rose reaccionó y se apartó inconscientemente o conscientemente, porque en cierto modo, quizás lo había visto venir.
Rose miró sorprendida como nunca al chico, al que se le notaban los nervios del primer beso en la mirada gris, en el rápido parpadeo y en la respiración profunda y agitada.
-¿Qué haces?- solo le salió preguntar.
-Olvidar- respondió.
-¿Conmigo?- preguntó, incrédula.
El chico se puso aún más nervioso intentando buscar una buena respuesta. Aun así, no se le notó demasiado.
-No se me ocurre nadie mejor, la verdad. Eres guapa, lista, me soportas, me entiendes...
-Merlín. ¿Me lo estás pidiendo en serio, Scorpius?
-¿Te ha parecido una broma el beso que te acabo de dar?
Rose negó varias veces.
-No funcionaría. No somos...parecidos.
-Somos más parecidos de lo que crees. Yo no hace mucho me di cuenta, y estaría dispuesto a demostrártelo.
-Pero...yo no pienso en ti de esa manera.
-Claro que no. Pero yo te haría olvidarlo todo. Te lo prometo.
Para Rose sonó provocador, inevitablemente.
"No te hagas demasiado amiga suya, Rosie"
Las palabras que su padre le había dedicado su primer día en Hogwarts nunca habían sonado tan provocadoras. Scorpius estaba lo que se dice "prácticamente prohibido" y la sola idea de salir de verdad con él, por algún motivo que se le escapaba, resultaba tentador.
-Sería el mayor error de mi vida. Y no va a salir bien. Saldremos los dos malparados.
Scorpius sonrió de manera encantadora.
-¿Eso es un sí?
-Jamás me enamoraré de ti.
-Pero yo no busco eso ¿recuerdas? Busco algo, solo eso. Busco no sentirme solo, y yo sé que tú eres la adecuada. Me acabo de dar cuenta...pero lo he hecho, al fin.
Mientras decía eso, jugaba con el cabello despeinado de la chica, deslizando sus dedos finos entre el los mechones sueltos, pelirrojo, como los de Lily, pero más rojizos, más reales y más accesibles.
-No quiero aprender a llorar por nadie. Solo quiero estar contigo de verdad, que seas real, tratarte bien...te cuidaré como si hubieses sido ella.
-Y yo no quiero ser la substituta de nadie.
-Pero tú y yo sabemos que eso es lo único que nos queda. Un substituto. El clavo...
-Que saque el otro clavo- completó Rose.
-Exacto.
La segunda vez que Scorpius se acercó para besarla, Rose se dejó. Dejarse tampoco sería la palabra. Agarró al chico por la nuca y lo atrajo más hacia él, enseñándole despacio a besar a una chica, sin pensar en terceras personas, sin pensar en que aquello era un error y no tenía ni pies ni cabeza, sin pensar en que se estaban utilizando mutuamente, y consentidamente. Solo quería sentirse querida, y por qué no, deseada por un segundo.
Ya había sufrido bastante.
