No te portes como una tonta. Podrás engañar a tu familia, a tus amigos...pero conmigo no tienes que fingir. Lo sabes.

Lo sabes.

Sabes exactamente por qué no estás muerta. Por qué no te he matado aún, a pesar de las numerosas oportunidades que he tenido. Si estás viva es gracias a mí...

Él es el siguiente.

"No puedes matarme" decía Ann.

¿Ves, Ann, lo ves?

No veía nada, estaba todo negro.

"Porque soy como tú. Somos dos piezas de un mismo todo. Somos...iguales"

En definitiva...quiero destruirte.

Destruirte.

Pero si vienes conmigo...

Ven conmigo...

Ven conmigo...

Iguales. Iguales. Iguales.

Había un espejo, en medio de la oscuridad. Ella se acercó, buscando algo real, seguro.

Se miró. Y seguía siendo una mujer. Pero era él. Era Harley, era Sameor.

Eran iguales.

-Ann...¡Ann!

Ann abrió los ojos, asustada, muy asustada. La mirada azulada de Rose fue lo único que vio: fría, pero cálida, al mismo tiempo. Los finos dedos de su amiga la agarraban de los brazos desnudos, con fuerza.

-Estabas hablando en sueños otra vez- notificó Rose, y pudo leer el miedo en su mirada.

Pero Ann todavía estaba muy lejos de allí.

-¿Y si somos iguales?- preguntó Ann, completamente ida- ¿y si yo tampoco puedo matarle, Rose?

-¿Qué?- fue lo primero que contestó su amiga, desconcertada.

-¿Y si no...

-Shhh-la calló Rose- vas a despertar a Christinne y Charlotte, más bajo.

-No entiendo nada... ¿sabes lo desesperadamente mal que me siento?

-Sí lo sé. Me suelo sentir así la mayor parte del tiempo.

Ann no dijo nada más. Rose y su amiga permanecieron abrazadas el resto de la noche. Ann se volvió a dormir en seguida, agotada, pero a Rose el susto le duraba lo suficiente como para no volver a conciliar el sueño. Aunque la carga de preocupación por Ann no era tan grande si estaba a su lado, seguía siendo una constante tensión.

Todas las vacaciones llegan a su fin, y las navidades no fueron una excepción. De vuelta a Hogwarts, todo o nada había cambiado, y la vida seguía su curso. Aunque para Rose Weasley su vida seguía siendo un maldito desastre, hubiera recuperado a sus amigos o no. Siendo una Weasley que sale con un Malfoy, intentando trabar amistad con Josh y Grace, que era la que más se le resistía por pura cabezonería, volviendo a ocupar su rol en su pequeño grupo, procurando no dejar mucho tiempo sola a Ann, y...

-Tienes que leer esto.

Rose levantó la vista de sus apuntes de Historia de la magia, levemente irritada por la sorpresa (últimamente se distraía demasiado) y, sin poder evitarlo, especialmente alerta a Harley. Recuperarlo era una mezcla tan agridulce de sentimientos que la hacía sentirse tan bien y tan culpable al mismo tiempo...

Pero estaba estudiando y nadie debía interrumpirla.

Como siempre, él hacía casi todo lo contrario de lo que ella quería, y arrastró la silla y se sentó a su lado. Estaba sola antes de que él llegara. Cosa rara y que no volvería a repetirse hasta dentro de siglos.

Posó con brusquedad un pequeño trozo de pergamino encima de su libro.

-¿Qué es?- preguntó.

-La clave respecto a nosotros- le contaba, fingiendo un estupendo humor- le he pedido a Hugo que me escriba una lista de las cosas que hace que dos personas de diferente sexo sean mejores amigas.

Rose frunció el ceño, espantada.

-¿No tienes nada mejor que hacer, Harley?

-Sí, seguramente. Pero estoy muy contento de que volvamos a ser amigos- si a Rose le dolió la explicación, no lo hizo notar. Harley la miraba a los ojos pero los de ella estaban sobre el pergamino que él había traído- y quiero demostrarte que puedo ser tu mejor amigo.

Ella suspiró, y leyó el título de lo escrito.

-"Cosas que hacen de alguien tu mejor amigo". Puedo llegar a creerme que lo ha escrito Hugo- se burló Rose- Lo habrá escrito pensando en él y Clary- ironizó.

-No lo había mirado así- se percató él- en fin...léelo. Por favor- insistió, al ver la cara de ella.

Suspiró de nuevo, cruzó los brazos, y se inclinó para leer.

-Uno: Hacer cosas por la otra persona.

-Lo cumplimos- afirmó él.

Rose no discutió.

-Dos: No desvelar jamás un secreto del otro/a. Pd: Los secretos entre amigos se deben desvelar con total confianza- levantó una ceja. Después miró por primera vez a Harley a los ojos.

-Sabes que no soy mucho de transparencias- se disculpó Harley- pero confío en ti como en nadie, y jamás me has fallado. Soy yo el que tiene que mejorar en éste aspecto. Prometo hacerlo: te contaré todo lo que me pase a partir de ahora. Lo prometo.

Por alguna estúpida razón, Rose se lo creyó.

-Tres: hacer concursos de comida- no pudo evitar sonreír.

-¿Te acuerdas cuando hicimos el concurso de ranas de chocolate? Toda la sala común de Gryffindor mirándonos...qué noche más larga.

-Como para olvidarlo. Las vomité casi todas al día siguiente. Pero... te gané- le recordó.

-Es que cuando quieres eres una tozuda. ¡Y llegas a perder y me dejas colgado de la torre de astronomía el resto de tercer año!

-Bueno, que tú me dejarás ganar me ayudó un poco. Un poco bastante.

Harley se sorprendió.

-¿Cómo sabes que te dejé ganar?

-¡Fue tan evidente!...los demás ni lo sospecharon, pero yo siempre lo supe- Rose sonrió, distraída y nostálgica- me pareció...- recordó lo enternecida que se había sentido.

Volvió a cometer el error de mirarle, y fue como mirar su expresión en un espejo.

Estaba ahí. No se iba a ir jamás. Esa...conexión. Cada vez más fuerte. ¿Cómo era eso posible? Le había odiado. Odiado de verdad. Pero le miraba y el rencor desaparecía. Y no dejaba solo calma, precisamente. Era esa sensación de calor en las mejillas y esos escasos parpadeos.

¿Y por qué parecía que a él le pasaba también?

Se hundió en la miseria de sus sentimientos, de nuevo.

-Bonito- concluyó, por fin- gracias... por ser un buen amigo.

Él pareció volver a la realidad.

-Bueno. No fue nada. Sigue leyendo, que no vamos a acabar nunca.

Tomó aire. Aquella iba a hacerse eterno.

-Cuatro:...

Albus regresaba del campo de Quidditch arrastrando los pies. Quince de enero. Apenas diez días para el partido de Gryffindor contra Slytherin, y estaba más torpe que nunca. No había forma de atrapar la snitch con facilidad. Y cada vez que no lo conseguía rápidamente, pensaba en la gracia con la que en honor a su nombre, Grace la habría atrapado en solo cuestión de minutos. Y se torturaba, temiendo la derrota de su equipo.

¿Era él? ¿Era Grace? ¿Quién era? ¿Qué era?

Pensaba que habían retomado esa amistad que se había tambaleado un poco en octubre y noviembre, pero tras la vuelta de Navidades jugaban a un perverso juego de no-me-importas-pero-está-claro-que-sí, y a Albus comenzaba a molestarle.

Nada más subirse al tren el primer día tras vacaciones, vio la larga y espesa cabellera de Grace, tan brillante como la de un limón sin manchas, y en seguida se emocionó. Se quedó allí en el pasillo del tren, quieto, esperando a que ella notara su presencia.

Lo hizo un par de minutos después, distraída hasta entonces con el bullicio de alumnos. Al verlo, le brillaron los ojos y sonrió, cómplice. Se acercó rápidamente.

-¿Qué tal las vacaciones?- preguntó cuando llegó hasta él- No es que hayas sido precisamente explicativa en tus cartas...

Contra todo pronóstico, Grace no se lo tomó a mal. Si le ocultaba algo, no lo supo ver.

-Ni te imaginas la de cosas que he tenido que hacer. En serio. Una pesadilla.

Albus rio, sin saber muy bien qué decir.

¿Qué había cambiado entre ellos? Eran unas ganas silentes de decir cosas que nunca eran dichas, o de comportarse como si no fueran ellos, siendo ellos y queriendo ser otros.

-Al final te va a gustar más estar en Hogwarts- bromeó, después del tenso silencio.

Grace sonrió levemente, como nostálgica.

-Hay muchas cosas que me atan aquí, ¿No crees?

-¿Qué son "cosas"?- preguntó Albus, temeroso de conocer la respuesta.

Ella pareció entender lo que le estaba preguntando.

-Pues aquí está mi vida, aquí está quién soy...

Al apretó los labios procurando no parecer muy brusco. No era la respuesta que estaba esperando.

Iba a atacar de nuevo, pero alguien los interrumpió.

Xantos Scarbot.

-¡Wilson! ¡Por fin te encuentro!- el alumno de séptimo se detuvo bruscamente cuando la vio hablando con un Potter- ¿Qué haces con ése? Quiero reunir al equipo antes de llegar a Hogwarts. Por si no habías hecho suficiente ya, confraternizando con el enemigo...-Albus y Xantos se miraron, desafiantes, después de que el Slytherin comenzara esa guerra silenciosa.

Ese era uno de los problemas de pasar tanto tiempo con Grace. Que era una Slytherin.

Y otro dato más.

Era la buscadora de Slytherin.

-Cállate, Scarbot- respondió Grace, sacando el lado irritado que en ella nunca tardaba mucho en aparecer- con quien hable o deje de hablar, al menos fuera del campo, no es cosa tuya ni lo será.

Scarbot parecía cabreado por momentos y Albus apenas respiraba, con la mandíbula apretada y el ceño fruncido, sin alejarse de Grace.

-Todavía puedo darle tu puesto a Malfoy- amenazó.

-Claro, porque quitarme el puesto por hablar con un Potter para dárselo al chico que sale con una Weasley tiene mucho sentido, sobretodo si la excusa es que estoy "confraternizando con el enemigo"- ironizó.

-No. La razón sería que te crees mejor que yo. Y eso me molesta porque no es cierto.

Varios estudiantes ya los miraban, sobretodo porque el tono de Grace no daba lugar a mucha discreción.

Scarbot pareció gruñir, mantuvo una última mirada con Albus, pero finalmente se giró.

-En diez minutos en mi compartimento, Wilson. Apáñatelas para encontrarlo.

Ambos lo vieron alejarse, en silencio.

Cuando finalmente apartaron la vista de él y volvieron a mirarse, algo había cambiado.

-Había olvidado lo del partido...ya no queda mucho- recordó Albus.

Grace subió la barbilla.

-Supongo que no, no mucho.

Se miraron, incómodos.

A ella no tardó en ponerle de los nervios.

-Vamos a llevarlo bien ¿verdad? Dentro del juego, rivales, y después...

Se paró.

Albus carraspeó.

-¡Sí, claro, por supuesto! Lo llevaremos bien, claro. Sí.

Se sonrieron, de nuevo, diferentes.

El chico suspiró, mientras recordaba ese fatal episodio. ¿Por qué no ocurría un milagro y jugaba otro en el puesto de Grace? Si ganaba...bueno. Pero ¿y si Grace atrapaba la snitch antes? No podía fingir una deportividad que no sentía. Cuando Slytherin le gana a Gryffindor hay un odio corrosivo e incontrolable contra Slytherin. Es de ley. Era algo natural. Y por algún estúpido motivo empezaba a meter a Grace y a Scarbot en el mismo saco...

Pero al mismo tiempo, no era ciego respecto a sí mismo. No sabía muy bien qué era lo que sentía por Grace, pero algo era, y quería verla, y hablar con ella, y verla enfadada, y hacerla reír...y esas estúpidas cosas. Pero era él mismo el que evitaba hacer esas cosas.

Con Ann había sido más fácil. Gryffindor. Amiga suya. Esas cosas.

Pasaron los días, y los entrenamientos, y los momentos con sus amigos fueron escasos, y lo momentos con Grace contados con una mano. El invierno dejaba gruesas nevadas a su paso, y una nueva normalidad se iba instalando en Hogwarts: Ann de nuevo absorta en sus pensamientos conspiratorios, Harley intentando repartirse entre ella, Rose y Albus, empeñado en reparar todos sus errores, Rose cada vez más arrepentida de salir con Scorpius (ella no había dicho nada, pero hasta Albus se daba cuenta de que si Harley andaba cerca, para Rose no podría haber otro, y eso lo aliviaba por la parte de Malfoy y lo irritaba por la otra obvia razón).

Dos días antes del partido, Grace no bajó a desayunar. No fue a clase. Albus lo notó en seguida. Y después de comer, buscó a Josh para preguntarle por ella.

-Está enferma- le informó, mientras salían del gran Comedor- todavía no sé lo que tiene, pero supongo que no será muy grave. Una vez al año suele ponerse fatal de anginas. En fin... ¿Por qué tanto interés, Potter? La controlas más de lo que yo creía- se burló.

-Es por el partido- se excusó- faltan apenas dos días.

-Conociéndola no creo que esté muy bien para el partido, la verdad. Es de recuperaciones lentas.

Así sería. El día anterior al partido, Grace sí subió a desayunar. El sano color de sus mejillas brillaba por su ausencia y dos grandes ojeras sostenían sus ojos, brillantes por los picos de fiebre. Albus la vio nada más entrar, pero decidió esperar a que se levantara. No quería que todos los ojos de su mesa estuvieran sobre él.

-¡Grace!- la llamo, mientras salían del Gran Salón- ¿Qué pasa? ¿Cómo estás?

La chica iba con sus dos amigos, que se giraron para mirarlo, rodando los ojos y ya bastante poco divertidos con la situación del acosador oportunista.

-¡Oh, hola!- saludó. Parecía agotada.- Estoy mal. Anginas. Ya sabes. Un coñazo inaguantable.

-¿Y el partido?

Parecía desorientada.

-¿No lo sabes? Obviamente me sustituirá Scor. Yo no estoy para esas cosas. Me habría gustado jugar pero...no estoy en condiciones.

Albus no pudo evitar su desagrado desde el segundo uno. Jugar contra Grace era malo.

Jugar contra Scorpius Malfoy era una maldita pesadilla.

No pasó mucho tiempo hasta que todo el mundo se enteró, y hasta los menos interesados en Quidditch hablaban del partido. Malfoy contra Potter. Potter contra Malfoy.

¿Qué había hecho él para merecerlo?

Hasta le llegó la mañana anterior del partido una carta de James. Le decía lo buen hermano que al final había resultado ser, añadiendo un "machaca a Malfoy" implícito en toda la carta. Hugo se habría chivado. O Lily. No sabía dónde meterse

Albus suponía que Scorpius estaría de los nervios. Y realmente lo parecía. Estaba más pálido que de costumbre y se pasaba el rato libre entrenando, de una manera u otra.

"Cómo pierda contra Malfoy..." solía pensar, a menudo. Y se preguntaba si él tendría la misma presión, y eso parecía.

De pronto, se le empezó a ocurrir una cobarde idea. Una loca idea. Una tonta idea.

Grace se despertó la mañana anterior al partido encontrándose un poco mejor: su fiebre había bajado y remitido y aunque el malestar persistía, al menos no se sentía como unos despojos de escoba. Sin embargo, planeaba seguir quedándose en la cama, con desagradables naúseas periódicas y repasando sus apuntes prestados, descansando los ojos de vez en cuando.

Pero no hizo eso mucho tiempo. Erized entró en el cuarto a media mañana de aquel sábado gris echa un basilisco.

-Wilson, no sé qué te traes con Potter. Es insoportable.

El corazón se le salió del pecho unos segundos cuando su compañera lo nombró.

-¿Qué pasa con Albus?- preguntó, fingiendo desinterés.

-Está en la puerta de la sala común. Me ha pedido que te diga que si podrías salir a hablar con él, que es importante.

A pesar de la sorpresa y la emoción y todo, a Grace le costó esfuerzo. Aunque los nervios que la espabilaban la ayudaban a poner un pie delante de otro, seguía con naúseas, entre la enfermedad y éstas...todo le daba vueltas. Pero, al final, se vistió, intentó peinarse un poco, sin éxito, y salió de la sala común.

Allí, Albus la esperaba, dando vueltas como un loco, de un lado para otro. En cuanto la vio salir por la entrada, acudió a su encuentro, nervioso.

A Grace le golpeó con fuerza el corazón sobre el pecho de nuevo, pero una vez más, lo ignoró.

-Hola, Grace.

-¡Albus! ¿Qué haces aquí? ¿Qué pasa?

Se le veía muy agobiado.

-Tengo que pedirte un favor muy grande.

Grace se extrañó.

-¿Qué pasa?

La tomó de las manos, ansioso. A ella le dio un pequeño vuelco el corazón, pero lo achacó a la enfermedad.

-Juega mañana el partido. Tú.

-¿Qué?- soltó, en un gritito- ¿Te has vuelto loco? Casi ni puedo hablar, vomito cada dos por tres...

-¡Si no jugaré contra Malfoy!- se lamentó.

-¿Y?

-No puedo. No podría...no vas a entenderlo.

-Me has hecho salir de la cama. Prueba-lo instó.

-Si perdiendo contra ti ya quedaría mal...imagina que pierdo contra Malfoy. Se trata de una cuestión de...familias.

-Se llama Scorpius- corrigió- y no, no se trata de familias. Se trata de nosotros.

-¿Nosotros?- se asustó él.

-Nosotros, los Slytherin-especificó- eres el mayor odiador de Slytherin de todo Hogwarts ¡Todo el mundo lo sabe! Scorpius no hace más que recordártelo nada más mirarle. Dime, ¿Qué te ha hecho Scorpius?

-No estoy diciendo que tus amigos y tú seáis así, pero está demostrado por la misma historia. Los Slytherin no son buenas personas. Y los Gryffindor- se corrigió- y los demás, lo sabemos.

Grace no pudo evitar sentirse aludida, y la rabia hirvió como siempre pronto en ella. ¿Aquél era el mismo de antes de vacaciones de verano?

-¿Así que soy algo así como tu experimento? ¿Pretendes llevarme por el buen camino, o algo así? ¿Por qué somos amigos entonces si yo soy tan mala?

-¡Grace!- protestó Albus, agotado.

-Cómete tu estúpido orgullo de una vez. Da lo mismo perder contra mí que contra Scorpius. Ahora, eso sí, espero que pierdas. Hasta luego. Me vuelvo a la cama, y no planeo salir.

Y así lo hizo. Dio media vuelta, pensando en arrepentirse en cualquier momento y en arreglar las cosas. De nuevo habían peleado. ¿Quién era más orgulloso de los dos? En ese sentido, Gryffindor y Slytherin tenían algo en común.

Josh esperaba dentro una vez más fingiendo leer el periódico en la enorme mesa. Grace pasó por su lado, aunque enferma, hecha un basilisco.

-Tenías razón- le gruñó, en forma de saludo- solo le importan las casa y su maldito orgullo. Va a jugar con él al quidditch su...

Pero entonces, con el paso de las horas, se dio cuenta de que él la había despertado y de que empezaba a encontrarse mejor. Y, de nuevo en la soledad de su cuarto, pensó sobre la rivalidad entre Albus y Scorpius, y todo lo que había detrás. Y pensaba en las ganas de Scor de jugar el partido, siempre menguadas por la certeza de jugar contra un Potter. ¿Y si...

Solo Albus la haría dudar en una determinación.

Suspiró, varias veces.

Scorpius la mataría...pero le buscó, y lo hablaron, y de algún extraño modo o por algún extraño motivo, su amigo pensaba y sentía lo mismo que Albus. ¿Por qué? ¿Tan malo podía ser?...

Al día siguiente, dejó de nevar, y el campo, cubierto de nieve del día anterior, lucía un color plateado a juego con el segundo color de Slytherin. Albus temblaba de los nervios, mientras se ajustaba los guantes de buscador. No-te-pongas-nervioso. Harley y Ann lo apoyaban desde la grada. Miró a su derecha. Rose miraba ausente a un punto fijo de la pared del túnel, concentrada. No tenía ninguna duda, jugaría como nunca. Rose estaba en su mejor momento desde mucho. Su familia confiaba en él. Gryffindor también.

Suspiró, tembloroso. Rose le miraba ahora. Se sonrieron, cómplices

Emma Way, la capitana del equipo, dio una serie de instrucciones antes de salir al campo que él apenas escuchó y, cuando quiso darse cuenta, ya sus botas pisaban la derretida nieve y todo el equipo se colocaba para recibir al rival. Ocupó su puesto en el inicio del juego como buscador y se subió a su Saeta de Fuego modelo renovado, tembloroso.

Las figuras de Slytherin comenzaron a aparecer en el campo. Primero Scarbot, amenazante, altivo, engreído...luego Flavius Flint, seguido del resto del equipo y...

No apareció Scorpius Malfoy.

En su lugar, la ya veterana buscadora de Slytherin apareció en el campo, provocando gritos de júbilo desde las gradas del equipo de las serpientes y con aspecto de estar a punto de desmayarse, pero enrabietada como una niña. Recorrió antes que ningún otro compañero la distancia del inicio del partido. Se colocó justo enfrente de un atónito Albus, suspirando.

-Grace...-solo pudo decir, en voz baja.

Ella, que dirigía la vista al suelo, alzó la cabeza y lo miró, con una indescriptible mirada. Sus ojos verdes brillaban.

Ellos no se habían dado cuenta, pero todo el equipo o casi todo el equipo de Gryffindor estaba atónito.

Sobretodo Jimmy Peaks, uno de los golpeadores. Se giró hacia su hermano y golpeador también, incrédulo y enfadado.

-¡Creía que le habías dado la píldora de enfermedad!

A pesar del barullo de encima de sus cabezas, hasta Grace lo escuchó.

-¡Lo hice!- se quejó su hermano.

Grace frunció el ceño, mosqueada.

-¿Qué está pasando?

La profesora Hooch había tenido un contratiempo y todavía no pisaba el campo, y mientras, aquel diálogo desató la furia de Scarbot.

-¡Así que los rumores eran ciertos! ¡Way, se puede jugar sucio, pero no conmigo!

La capitana del equipo parecía desconcertada. Albus y Grace lo estaban también. Emma miró a sus capitaneados.

-¿Habéis usado la píldora de enfermedad contra Wilson?

El silencio de los chicos lo dijo todo. Grace se sintió morir.

La "píldora de enfermedad" fue el inventó más potente de sortilegios Weasley, hacía ya años. Un producto con mayor efecto que las pastillas vomitivas o el turrón sangranarices. Provocaba el recuerdo de una importante enfermedad cursada con anterioridad temporal. El ministerio de magia lo había prohibido hacía unos años por su mal uso contra el prójimo. Pero era obvio que todavía circulaba alguna que otra. Y eran...tremendamente caras, y todo el mundo lo sabía.

¿Quién habría pagado por ponerla enferma?

-¿Pero cómo?- se preguntó la capitana, desconcertada- ¡cuestan un riñón!

-No la hemos comprado nosotros- se excusó Peakes, asustado- alguien nos la dio. Nos obligó a usarla. ¡Si no, no confesaríamos!

-¿Quién?- rugió Scarbot. Echaba humo por la nariz. Albus boqueaba.

La profesora Hooch llegó hasta ellos en aquel momento, con el baúl de las pelotas de Quidditch. El partido iba a empezar.

-¡Necesitamos dos minutos!- ordenó Scarbot a la profesora. La multitud protestó, mientras el equipo, Grace prácticamente arrastrada por Flint, hicieron un círculo, alejados de los rivales.

Xantos miró a Grace como Michael solía mirarla. Por un momento, recordó a su hermanastro, y sintió ganas de vomitar de nuevo.

-Wilson, Malfoy está en las gradas. Si no vas a ganar- apretó los dientes con rabia- a esos hijos de puta, mejor dile que se ponga tu uniforme y que haga todo lo posible.

Por un momento, Grace se lo pensó. Pero ciertamente no podía pensar con claridad. Albus había dicho que los Slytherin eran mala gente pero...hacer trampas poniendo en peligro SU salud? ¿Eso era de buenas personas? No. No lo era.

-Los Gryffindor han hecho trampa- protestó Flint- digámoselo a la directora. Serán descalificados.

-No tenemos pruebas- gruñó Scarbot- tendremos que jugar sí o sí- se creó un tenso silencio. Nadie sabía qué decir.- ¿Wilson?

Ella ya había tomado su determinación. Sus ojos brillaban con seguridad, fuertes, decididos, letales.

-Voy a jugar yo. Y voy a ganar.

Cuando de nuevo Grace ocupó su puesto, Albus apenas le sostuvo la mirada. Pero la de Grace hablaba por sí sola.

-Ni aunque tuviera viruela de dragón atraparías la snitch antes que yo- siseó. Él no respondió.

El partido empezó. La snitch salió volando a su antojo, y Grace salió detrás, como una bala. Albus hizo lo mismo, prácticamente a su altura.

Y de pronto, la snitch desapareció, y solo quedaron ambos, mientras el partido se desarrollaba con una ligera ventaja de Gryffindor y el cielo les gruñía sobre sus cabezas.

Grace procuró no prestarle atención, pero en cuanto la pelota no estuvo a la vista de ninguno de los dos, Albus empezó a excusarse.

-¡Yo no lo sabía, Grace! ¡Jamás lo habría permitido! ¡No contigo!- la última frase se le escapó, quería decirle otra cosa y fue eso lo que le salió.

Ella no podía saberlo.

-¿¡No conmigo!?- Se volvió hacia él, furiosa. Le ardía la garganta- ¿¡Entonces con otro sí!? ¡Claro, se me había olvidado lo malvados que somos los Slytherin!... ¡Al menos nosotros no hacemos trampas!

La snitch pasó volando ante sus narices.

Reanudaron el vuelo veloz, de nuevo casi a la par.

-¡Te odio!- exclamó Grace contra el viento, rota de furia, y de dolor, y posiblemente de amor-¡ Lo peor que ves en mí es mi casa de Hogwarts! ¡No podrías ser más odioso ni intentándolo!

Albus la embistió con fuerza, y ella tomo impulso y le respondió. Iban pegados, y la bola ya estaba a la misma distancia de ambos. Apenas unos metros.

-¡No veo nada malo en ti!- contradijo él, gritando también. Pasaron pegados a la grada de Ravenclaw- ¡Lo he intentado mil veces, pero me es imposible! ¡¿Me oyes?!

El aire frío les quemaba la piel, y comenzó la ventisca, furiosa, como la buscadora. Volvieron a perder a la snitch. No se veía nada, y solo se oí el ruido del temporal y la voz por megafonía de Henry Stump, que seguía anunciando una ventaja del equipo de los leones.

Apretó la mandíbula hasta el punto en el que te partes la muela. No podían ganar. No podían perder.

Se giró, desorientada. Las gafas protectoras no le ayudaban mucho en su visión y los labios se le congelaban. No había nada.

-¡Entonces dime lo que piensas de mí, sin excusas, sin generalizaciones, sin...-iba a decir "Anderson", pero se contuvo a tiempo- ¡Como si por un momento nada te lo impidiera! ¡Se valiente de una vez, ya que tanto presumes de ello!

La ventisca le respondió.

Quería huir, pero no había lugar al que ir.

-Albus- llamó a la nada. La multitud seguía aclamando. Nadie había atrapado la snitch todavía.

De pronto, algo o alguien la agarró del brazo. Se le salió el corazón del pecho, muy asustada.

Cuando se giró y vio que era Albus, que el pelo mojado le caía sobre la frente y el uniforme rojo sangre volaba con el viento, dejó de sentir miedo, pero los nervios fueron los mismos.

Tenía tanto frío y estaba tan enfadada con el mundo que no podría haberlo adivinado. Solo pasó, y fue rápido; no lo pensaron mucho. Se necesitaban. Bien. Sin enfadarse, sin rencores, tan solo un segundo. Punto.

Fue él el primero en dar el paso, y por primera vez parecía seguro de lo que hacía. A cincuenta metros del suelo. No era el momento más adecuado del mundo, pero él querría sentirla cerca incluso en la peor de las situaciones. En cuanto lo sintió acercarse, se pegó a él como si los hubiera estado atrayendo un imán todo ese tiempo.

Sus gafas protectoras chocaron, y el partido continuaba, y el mundo se acababa. Pero daba igual. Se besaban, y hacía calor. Aunque apenas pudiera sentir sus fríos labios sobre los de ella, era suficiente para hacerla sentir mil cosas a la vez.

En secreto se había imaginado cómo sería besar a Albus. Al principio le había pasado pensar que era algo raro y hasta asqueroso, después, y casi sin que se diera cuenta, la idea parecía muy atractiva, muy natural. Y no sabía cómo había pasado. Pero por fin ocurría y nada se podía comparar.

Se separaron sin poder mirarse a los ojos por el agua, y el aire torturó sus labios. El pelo se le había salido de la coleta y se le pegaba a la cara, húmedo.

-¡El partido está durando más de lo previsto y ni rastro de la snitch! ¡Por no hablar de los buscadores!- exclamó la voz de Henry Stump.

Grace sintió que la golpeaban con una bludger.

Merlín. El partido.

Albus descendió antes de que ella. Así que ella continuó de frente, buscando inútilmente la snitch. Sería pura suerte quien la atrapara primero.

O no.

Tras diez minutos, la pelota pasó volando y vio su resplandor dorado. Se lanzó a por ella. Cuando creía que ya la tenía (extendió la mano para atraparla), Albus volvió a aparecer, extendiendo también el brazo.

"Concéntrate"- se dijo- "No puedes dejar ganar a Gryffindor. No después de lo que te han hecho". "Tienes que ganar" "Tienes que ganar"

La tenía. La tenía. Por un segundo, olvidó a Albus, y era la buscadora de Slytherin, e iba a ganar.

Sus dedos se cerraron en la pelota, que agitó protestona sus alas.

La euforia le hinchó el pecho.

-¡La tengo! ¡La tengo!- Se giró, buscando a Al, victoriosa.

No había nadie.

La voz de Henry Stump volvió a sonar en sus oídos, y sobretodo, en su cabeza.

-¡Alguien se precipita al suelo, dios santo! ¡Se va a caer! ¡Albus Potter se ha caído de la escoba!

El corazón, que se había sobrecargado durante horas, se detuvo, de repente.

Bajó al campo todo lo rápido que pudo, pero cuando pisó el suelo, McGonnagall y Patterson cargaban con la figura de Albus, incosciente. Ann iba detrás de ellos, moviendo la boca deprisa, hablando con la directora. Grace no pudo oírla.

-¡Albus!- chilló, incapaz de entender todo lo demás que sucedía a su alrededor- ¡Albus!

Alguien tiró de su brazo, y esa vez solo sintió rabia.

-¿La tienes?- podía oír, en la lejanía- ¡La tiene! ¡Ha atrapado la snitch! ¡Slytherin gana!

Stump anunció por la megafonía que el partido había terminado a pesar de todo con las serpientes en la victoria. Grace ató cabos enseguida.

Estaba en el camino de propinarle un puñetazo a Scarbot, que con júbilo celebraba la victoria de Slytherin, pero alguien mucho más grande la paró sin problemas aparentes.

Era Harley, que en seguida la detuvo y la arrastró con él.

-¡Déjame!- siguió chillando, fuera de sí.

-Yo también tengo ganas matarlo ahora mismo- y sonó rabioso, y real- pero ni tienes pruebas de que haya sido él, ni te servirá de nada. Luego se lo haremos pagar, si es que ha sido él.

De algún modo, fue arrastrada hacia Scorpius, Josh y Rose.

-¿Qué ha pasado?- preguntó Grace, desorientada. Por primera vez desde que la conocía, Scorpius la veía realmente y abiertamente asustada por algo.

Dos grandes lágrimas caían sin consuelo por el rostro de Rose.

-Que él era el segundo- explicó, casi tartamudeando-. Y aunque al final no me hicieron nada, el orden parece que continúa.

Grace no entendió nada.