Despertó sin sufrir pesadillas, ni sueños. Despertó sin aparentemente, recordar nada en absoluto.

Poco a poco fue abriendo los ojos y dándose cuenta de que si no sabía dónde estaba, y aquel era el caso, ello podía significar algo horrible.

Ann terminó de despertar de golpe, asustada. Se incorporó un poco en una incómoda cama y cubierta por una manta no lo suficientemente gorda, que resbaló de ella al espabilarse.

Miró a los lados, asustada, o al menos, alerta.

En seguida, antes de terminar de identificar los objetos de la habitación (una muy pequeña habitación, con un destartalado armario y una butaca demasiado pequeña, por la que entraba poquísima luz de una ventana redonda) el ocupante de la butaca habló.

-Buenos días.

Ann parpadeó, reconociendo al alumno de Pomfrey, Yem...no sabía su apellido.

-¿Hola?- saludó ella.

-¿Qué tal van tus recuerdos de anoche?- interrogó él, irguiéndose, para mirarla mejor.

La chica frunció el ceño.

Todo entró en su mente, como destaponando una bañera, y su expresión de desconcierto mudó al de horror.

-¡Merlín!- lo miró, asustada- yo...a ti. Mierda- maldijo- eso no puede haber pasado.

-A ver, no te hagas una idea errónea de lo que pasó...

-¡No! ¡Lo recuerdo perfectamente!- se levantó de la cama, de un salto- las cosas que te dije... ¿Por qué las dije? ¡No deberías de saberlas!

-Ya te dije ayer que podías estar tranquila conmigo- se levantó también- nada ha cambiado.

-Todo ha cambiado. Ahora estoy consciente- informó ella- y si tienes aunque sea un poco de piedad comprenderías que... ¿¡Dónde está mi varita!?- preguntó, rebuscando en sus bolsillos- ¿todavía la tienes?

-¿Piedad? ¡Te he dejado dormir en mi cama! Y claro que no te iba a dar la varita hasta razonar que...

-Razona tú también- interrumpió Ann- las cosas que te dije ayer...solo saberlas- advirtió- podrían causarte la vida.

Tuvo que apartar su mirada de la de él, por su intensidad. Se sentía incómoda. Y frustrada, como acostumbraba siempre.

-Tú sabes que yo no soy del todo humano, yo sé que no eres- rio nervioso- ni medio normal. No olvides que yo también yo tengo que perder contigo.

Esta vez, sí que lo miró.

-Así que es eso...y temes que se lo diga a alguien. Pero de todas formas...¿a mí quien me iba a creer?

-No creo que nadie te creyera. Todos los demás no me ven...-señaló como pudo su rostro, y su nariz y sus orejas- así.

-¿Qué es, un hechizo de ocultación?- interrogó. La curiosidad le podía de repente más que cualquier otra cosa, y se sintió extraña.

Yem miró a los lados, nervioso.

De pronto, alguien llamó a la puerta.

-¡Yem!- la voz de la Pomfrey se escuchó fuera del cuartillo- ¿has dormido hoy aquí? ¡Te necesito esta mañana, ha pasado algo anoche y tengo a bastantes alumnos en la enfermería!

Se miraron, nerviosos.

-Si te ve aquí, estoy muerto- le susurró Yem, apurado- la cama ¡corre!- la instó, entre murmullos.

A trompicones, Ann se ocultó bajo el camastro, bajo el que cabía bastante apretada a pesar de ser menuda.

Yem abrió la puerta de golpe.

-¡Señora Pomfrey! ¡Lo lamento! Me quedé dormido anoche tras la fiesta de la señorita Skeeter.

-Por eso también precisamente vengo a buscarte. ¿Notaste algo raro ayer en la cena?

Yem frunció el ceño, fingiendo extrañeza.

-No. ¿Por qué iba a haberlo hecho? De todas formas me retiré pronto. No me sentía muy bien.

-Ya. Hay muchos alumnos que también afirman no haberse encontrado demasiado bien- lo miró de arriba abajo, todavía iba vestido con la ropa de la noche anterior, y estaba despeinado y ojeroso- ve a por el uniforme a la enfermería ¡Cuánto antes!- le ordenó, mientras se daba vuelta-

-¡Claro, claro! Voy ya con usted.

Cuando Ann se aseguró de no escuchar los pasos de ninguno de los dos, salió de su escondite, y suspiró, aliviada.

No mucho rato después, tras inspeccionar el cuarto de Yem del tamaño de un cuarto de escobas, maldijo para sí.

-¡Mi varita!- exclamó.

Él se la había llevado.

Albus llevaba más de media hora esperando cuando vio aparecer por la escalera a su prima Rose. No tenía muy buen aspecto, y Grace la sujetaba del brazo, con cara de esfuerzo.

Grace. Siempre Grace. Estaba en todas partes.

Corrió a su encuentro.

-¿Rose?- interrogó, preocupado.

-Estoy bien- lo tranquilizó ella, pero no parecía estar bien- solo cansada.

-¿Dónde habéis estado?- le preguntó él a Grace.

La aludida no le miró a los ojos.

-Pensé que ella necesitaba un tiempo de tranquilidad al pasarse el efecto.

Rose arrugó la cara.

-Voy a matar a Hugo. Juro que lo mato.

-No te preocupes por eso ahora. Tendrías que ir a la enfermería.

-No- protestó ella- de momento solo quiero dormir. Por favor. Estoy perfecta- mintió-solo muy cansada- repitió.

Albus y Grace se miraron, un instante. La tensión se palpaba entre ellos, todavía.

-Vamos. Al menos duerme un rato-la instó él, señalando a la sala común.

Rose gruñó. No añadió nada más. Se metió en la sala común, sin prisa, y como ausente.

Por algún estúpido motivo, Albus no la siguió, y se quedó allí parado, observando como su prima desparecía, y Grace seguía allí con él.

-Debería irme ya- dijo Grace- estoy agotada con...la mierda de la poción. Mierda de noche.

-Suerte que tú y yo no la tomamos- dijo Albus.

-Pues sí. Si no, no habríamos podido ayudar a nadie-apuntó.

-O no tanta suerte- siguió él- al menos de haberla tomado podrías decirme qué narices pasa entre nosotros y por qué ya no puedo mirarte a la cara.

Grace no dijo nada, en contra de cualquier pronóstico. La tensión se mascaba como neblina espesa.

-Y te habría preguntado: ¿realmente te gusta este punto al que nos has hecho llegar?

-Pensé que ya lo habíamos hablando...

-No habíamos hablado de dejar de hablarnos. O de que fuera...todo esto fuera incómodo.

Grace miró a los lados, incómoda.

-Explícame cómo no podría serlo, porque yo no sé cómo fingir que no he dicho todo lo que te dije.

-No sé en qué punto estamos, Grace.

-Pues en un punto en el que no podemos estar juntos.

-¿Quién lo dice?- peleó Albus.

-¡Yo! ¡Nosotros! Lo hemos hablado, tengo razón. Hay muchas cosas que odias de mi...

-Y que tú odias de mí.

-¡No!- Grace estaba empezando a perder los papeles- tú no lo ves como yo, para ti fue fácil, estabas inconsciente todo ese tiempo. Tuve que ver todo lo que nos separa, y no son cosas que me haya inventado, Albus, están ahí. Tu familia es todo lo contrario que la mía, tu casa en Hogwarts es lo contrario, nuestros hermanos...se odian, tu sentimiento de...hacer lo correcto, yo no lo tengo. No se me ocurre un lugar en tu mundo donde encaje yo. Y tampoco hago nada por querer encajar, porque no hay nada malo en ser como soy.

Él no dijo nada. Se quedó mirándola serio, por varios minutos.

Finalmente, habló.

-¿Sabes lo que pensé cuando te conocí, Grace, cuando te ofrecí la ayuda del ejército de Merlín?

-¿Qué?- contestó, de mala gana.

-Que jamás lograría entenderte. Y ahora no hago más que confirmarlo cada vez que andas cerca.

Ella tragó saliva. Albus continuó, seguro de sí mismo.

-¿Quieres estar conmigo o no? Porque no voy a jugar más a esto. Pensé que podría esperar, pero no ha pasado ni un mes y cuanto más me alejo de ti, más pareces alejarte tú. Y vuelves a ese lugar donde yo no te entiendo ni te conozco, y tú no quieres ser conocida.

Lo miró, incrédula.

-¿Esto es un ultimátum?

Asintió, como a regañadientes.

-Albus, no me hagas esto...

Se mantuvo circunspecto.

El bullicio que comenzaba con la mañana empezó a invadir los pasillos, confundiendo sus mentes, apurando sus sentimientos. Confundiéndolos y mezclándolos como una habitación desordenada.

-Tú no acabas de entenderlo. No saldría bien.

-No lo sabes...

-Sí, sí lo sé.

Se giró, antes de que viera aquel molesto brillo, en sus ojos.

Y huyó sin dar respuesta, despavorida.

Albus la observó, mientras sentía que su corazón pesaba de repente tres kilos más, tirando de él hacia el suelo. A la vez, una curiosa y nueva rabia surgió de sus extrañas, queriendo gritar.

Podrías haberse fijado en una chica simple y vacía de problemas y complicaciones. Pero no. Tuvo que ser ella. La que le exigía que cambiara, y ella no era capaz de cambiar.

Respiró hondo. Por dentro, llorando su pérdida.

La había perdido seguramente para siempre, y cada vez la quería más.

Dos cosas que, si se piensan bien, son total y absolutamente incompatibles.

Ann llegó poco después a su cuarto. Nerviosa, y deseosa de averiguar qué demonios la había drogado de esa manera la noche anterior y si había sido la única. Abrió la puerta de su habitación y lo primero que hizo fue comprobar si Rose estaba allí, y efectivamente, sí estaba. Lo segundo, fue comprobar que ellas eran las únicas presentes en la habitación, y estaba en lo cierto a excepción de Paul, el gato de Harley, que descansaba a los pies de la cama de su amiga, tumbada del lado opuesto de la puerta, y todavía con la ropa del día anterior puesta. Ann no hizo más que mosquearse más todavía.

-Paul, ¿Dónde está Harley?

Esperó una respuesta del gato, pero este no dijo nada. Solo la miró con sus felinos ojos. Ann frunció el ceño, descontenta con su actitud.

-¿Qué demonios te pasa?- preguntó al animal.

Rose se removió, sorprendiéndola un tanto. Su amiga se giró y se incorporó de la cama.

Estaba horrible. Grandes ojeras cubrían su rostro y el ceño arrugado, como desvelada por el sol, pero no era eso, claramente, y el descontento se palpaba en el ambiente como cualquier otro objeto real.

Ann le sostuvo la mirada, sacando sus propias conclusiones acerca de por qué podía estar así.

El silencio duró como tres minutos. Finalmente, Ann se armó de valor.

-Suéltalo, por favor.

Rose reaccionó, saliendo definitivamente de la cama.

-La poción que tomamos se llama "Veritantrum" y es un experimento de mi padre para Sortilegios- comenzó- consiste básicamente en unveritaserumun poco diferente. Hugo se lo robó, porque le pareció divertido. Su intención era que Skeeter lo tomara, pero le salió un poco mal.

Ann comprendió.

-¿Y cuantos de nosotros fuimos afectados por ella?

-Todo aquel que bebió vino.

Ann rebuscó en su mente las personas que lo habían hecho la noche anterior. Su gran memoria le permitió recordarlo casi al instante.

-¿Qué ocurrió?- siguió interrogando, sabiendo que una tormenta se avecinaba de nuevo entre ellas.

-Ocurrió todo- soltó Rose- no sé dónde narices estabas tú, pero ocurrió todo- alzó una ceja- Scorpius aparentemente me usaba para olvidar que está..."enamorado" de mi prima Lily- a Ann no le sorprendió demasiado aquella información, ni no mucho más la que venía después- y me encontré con Harley.

Hizo una pausa con la que terminó de aclarar todo.

Ann cerró los ojos, agotada. Dejó que el silencio y las circunstancias invadieran el espacio entre ellas, de nuevo.

Rose apretaba la mandíbula, con fuerza.

-No hay nada- remarcó- nada en este mundo, Ann, que no hay nada que no haría por ti. Lo haría todo. Cualquier cosa. Incluso cuando realmente pensaba que todos estos años me habías ocultado que lo querías, incluso cuando me sentía tan traicionada por ti, estaba dispuesta a...cualquier cosa.

Ann supo que no debía decir nada.

-¿Tú nunca podrás decir lo mismo, no?- suspiró- no se trata de que él te prefiera a ti, sino de que tú lo prefieras a él.

-No es así, Rose.

-Ann, ¡entraste en su engaño! ¡Accediste a decirme que lo querías!

-Yo nunca dije que lo amara.

Rose se hundió en su desesperación.

-Y sí, Rose. Harley es la persona a la que más quiero en este mundo. No hay nada que yo no hiciera por él, y lo siento si a ti te parece que no soy capaz de dar lo mismo por ti. Pero no digas que no me importas, porque eres mi mejor amiga, y te quiero tanto que detrás de lo que siento por Harley, que obviamente tiene que tener algún componente irracional...no hay nadie a quien quiera más.

La pelirroja comenzó a llorar, y Ann le copió.

-No me odies por apoyarle en sus arranques estúpidos de pretender alejarte. No puedo perderte otra vez. No quiero- confesó.

Rose calló de nuevo. Solo por un rato.

-Hace días tuve una conversación con Lily que me abrió los ojos acerca de ti, de cómo eres, y de cómo eres con él.

Ella la escuchó, atentamente.

-Y sí, creo que por fin entendía cómo os comportáis el uno con el otro, aunque sea algo inexplicable. Aunque sientas ese amor por él que es tan...casi antinatural. También comprendo que eso será lo que te haga diferente a Sameor, Ann. Tu amor por Harley. Y cuando él estuvo en la enfermería, y dijeron que le habías hecho daño...no pude creerlo, pero ahora sé que en parte peleabais por mí- Ann la miró, recordando con dolor aquellos días en los que Harley estaba perdido, y Ann se había perdido justo en la dirección opuesta, y ambos echaban tanto de menos a Rose...tal vez no era una relación de dos personas, tal vez siempre habían necesitado a Rose para funcionar- no amaros como os amáis os destruiría, y he estado pensando...

Silencio.

-Lo voy a respetar. Todo lo que os queráis, lo que hagáis el uno por el otro...no volveré a pasarlo mal por culpa de lo que tenéis. Porque os necesito.

El rostro de Ann se relajó.

Rose tomó más aire.

-Harley dijo anoche que habías visto a tu hermano Andrew, conmigo...

Ella no pudo evitar sorprenderse por todo lo que Harley pudo haberle confesado tan solo horas antes.

-¿A qué se refiere exactamente? ¿Por qué no me lo has contado?

-No estoy segura de que mis "visiones" sean ciertas, Rose- se excusó- puede ser que Sameor las ponga en mi cabeza, si eso es posible. Puede ser que Andrew esté muerto- tragó saliva- Pero sí. Te he visto con él. Y parecía que le querías, ya sabes- se revolvió.

Rose frunció el ceño.

Ann se movió hacia su baúl, en el que rebuscó un poco y sacó el cuaderno de dibujo que Rose le había regalado en el dieciséis cumpleaños. La pelirroja vio, mientras ella lo habría, que estaba lleno de ilustraciones. Finalmente, se detuvo en una.

Rose se observó atónita, a carboncillo, mientras a su lado, un vivo reflejo de Ann la miraba a ella, y ella lo miraba a él, y había un sentimiento tan intenso en las miradas, que no pudo seguir mirándolo por más tiempo.

El corazón de la Weasley golpeó con fuerza su pecho.

-Soñé con él. Era él. No recuerdo muy bien el sueño, pero le he visto. Era igual.

-Pues tal vez sí que sea una visión, y vaya a ocurrir.

Rose parecía confusa. Más confusa todavía.

-Tenemos que hablar. Los cuatro- vio por la mirada de Ann que esta no parecía disconforme- estoy harta de ocultarnos cosas. Se acabó. Tienes encontrar a Andrew. Enfrentarte a Sameor...no podrás hacerlo sin ayuda. Pero para una óptima ayuda tenemos que confiar los unos en los otros. No deberíamos de necesitar pociones estúpidas para decirnos la verdad.

-Entonces...tú y yo...-comenzó Ann.

-Ya lo he dicho. No quiero enfadarme más contigo.

Ann casi sonrió.

-Estarás contento ¿verdad?

Hugo se giró rápidamente para mirar quien le hablaba, casi paranoico. Sabía que las pocas personas que sabían lo que había ocurrido la noche anterior no se iban a chivar, pero al escuchar la voz estridente de Edith Lawrence, la mejor amiga de Clary, se alteró.

A cada minuto esa chica le caía peor.

-No podías haber sido más estúpido ni proponiéndotelo, Weasley- le reprochó al llegar hasta él- te acabarán pillando, y más te vale no implicar a Clary en esto porque tendrás que vértelas conmigo.

A Hugo no le parecía muy oportuno discutir justo a la entrada del gran Comedor, pero lo irritaba tanto que no pudo evitarlo.

-¿Dónde está ella?- interrogó.

-Pues no quiere ni salir de su cuarto, está fatal. ¿Sabes lo que os puede pasar cuando te descubran? Usar veritaserum es ilegal, imagínate con un producto que además de obligarte a decir la verdad, te la hace decir a trompicones.

-No pensé que iba a llegar tan lejos- se medió excusó.

-Eso te pasa por tonto.

Hugo se ofendió.

-¿Qué demonios te ocurre conmigo? ¿Te he hecho algo?- preguntó, seriamente.

Edith rasgó sus ojos hasta que parecieron rendijas.

-Ni siquiera te acue...bah, no me extraña, siendo tan tonto. En el fondo te lo mereces.

-¿¡Pero quieres dejarme tranquilo!?- protestó Hugo- la gente está empezando a mirarnos, y sospecharán en seguida.

-Yo solo he venido a asegurarme de que no vas a involucrar a Clary en esto, si se descubre.

-No. No voy a involucrarla.

-Bien.

-Bien.

Hugo se pensó un rato una pregunta.

-¿Ella está muy enfadada conmigo?

Edith lo miró, un tanto harta.

-Bastante, sí.

Dicho esto, se marchó, y Hugo no hizo otra cosa que lamentarse con mayor intensidad que antes. Sus intentos de llamar la atención de su amiga cada vez eran más patéticos.

En verano era fácil. Vivían cerca, se hablaban mucho...pero luego llegaba la época de estar en Hogwarts, y apenas estaban juntos. Clary solía estar con él todo el día. Pero entonces había aparecido Edith Lawrence, y unos cuantos más que no hacían más que interponerse...y todo había cambiado. Al principio Hugo no lo había llevado nada bien, pero poco a poco, fue calmándose y comprendiendo que era porque su sentimiento iba más allá que un sentimiento de amistad.

Y había pasado mucho mucho tiempo pero...no había conseguido nada más que alejar más y más a su amiga de él.

Frustrado, entró en el gran Comedor para servirse una gran cena como consuelo.

En la sala común, de noche, cuando todos ya dormían, Albus y Harley descansaban sobre dos butacas, ambos perdidos en sus propios pensamientos, con las mandíbulas apretadas y las miradas cansadas, de tanto ver, y de tanto pensar.

Rose y Ann tardaron bastante rato en bajar. Lo hicieron despacio, como si no quisieran llegar nunca a su destino. Albus las miraba, pero el otro no quiso, o no se atrevió, mirando a un punto fijo del suelo que distaba de sus pies.

Se sentaron en la butaca de enfrente, sin saludar.

La sala común estaba vacía.

Ann tomó aire.

-Después de lo que ha ocurrido ayer- comenzó a decir- no me parece ni apropiado ni justo entre nosotros cuatro seguir con secretos, y mentiras, y verdades a medias. Rose lo ha propuesto, y yo estoy de acuerdo. Antes te he pedido que vinieras- dijo, mirando a Albus- y estás aquí- su mirada se trasladó a Harley- supongo que estás aquí también, porque estás de acuerdo también.

Harley no la miró ni una décima de segundo, y tardó en contestar.

-No hay nada más que yo vaya a decir. Todo sobre mí ha sido dicho. No me queda nada que confesar.

Rose lo miraba, taladrándolo como a un mueble.

Ann tomó aire, y contó lo que Albus no sabía. Las visiones sobre su hermano, no obviando la información sobre Rose y Andrew, contó a Rose el episodio donde fue en busca de Atlas el Unicornio para que le revelara la profecía de Sameor y ella, relató las búsquedas de su verano...todo. Cuando le llegó el turno a Rose, respirando hondo, como siempre que iba a decir algo extremadamente comprometido, relató cómo al principio, la relación entre ella y Scorpius había sido una pura farsa para todo el mundo (fue lo único que consiguió hacer reaccionar un poco a Harley, y sus otros dos amigos se revolvieron al descubrirlo) y cómo Scorpius averiguaba los planes de Xantos Scarbot y se los transmitía. Relató cómo ninguno de los Slytherin sabía quién había hechizado a Albus para que cayera de su escoba, pero que sí habían sabido que Emily iba a ser quien, bajo la maldición, intentara matarla.

-Y tú lo sabías- dijo, mirando a Harley.

-Scorpius me lo confesó. Pero yo nunca supe por qué lo sabía. Pensé que simplemente había escuchado una conversación poco protegida de oídos ajenos.

-No, lo escuchó de primera mano- confirmó Rose- y...no hay mucho más que decir. Scorpius y yo estuvimos un tiempo realmente saliendo- miró a Albus mientras lo decía, porque era lo menos incómodo- y ya no estamos juntos. Pero él seguirá con Scarbot así que...a ojos de los demás, la relación entre nosotros debe de ser la misma- miró a Ann- y quizás no deberíamos demostrar tanto que volvemos a ser cercanas. Eso podría arruinarlo un tanto.

Ann parpadeó, un poco desconcertada.

Los tres miraron a Harley. Él estaba claramente molesto, y el silencio se instaló con los cuatro amigos durante un tiempo.

-¿Qué queréis que diga, exactamente? ¿Todo lo que no os he contado, las mentiras...ya sabéis que he sido siempre así, que tengo secretos, que cuento mentiras...pero nunca he sido...egoísta. Siempre he pensado en vosotros, no solo pensando en mí...

-Eso no es cierto- rebatió.

-Rose tiene razón, Harley- la apoyó Ann- hace muchos años, prometimos ser sinceros los unos con los otros. No lo hemos cumplido.

-Yo jamás había sido sincero con alguien antes de vosotros. Tal vez con el señor Harley...pero tenía miedo. Siempre lo he tenido.

-¿Quién es "el señor Harley"?- preguntó Rose.

Ann la miró.

-Deberíamos ponerte al día. Harley, por favor.

Él dudaba.

Al final, asumiendo que no podría apartar a Rose de su vida mucho tiempo más, acabó confesando casi todo a sus tres amigos. Cosas que solo Ann había sabido cuando le había confesado en verano, como que su estancia fuera de Hogwarts el año anterior no había sido en un internado muggle, sino en San Mungo, y que conocía a Emily Stump de ese periodo que había atravesado allí (tanto como para Albus como para Rose el impacto de aquella información fue importante). Relató a Rose la existencia de Eizan Harley en su vida, y Ann aprovechó para relatar lo que había descubierto la noche anterior sobre que su prometida había sido Eris Skeeter, y el plan que iba a desarrollar para recibir toda la información posible de parte de la mujer sobre Eizan.

-Y...no hay mucho más- concluyó Harley.

-No es poco- le echó en cara Albus.

Harley echó unas leves miradas a Rose y a Ann. Por algún tácito acuerdo, ninguno de los tres sintió el deseo de compartir con Albus la falsa relación de Ann y Harley. No era necesario que supiera la verdad. A Ann y a Harley les podía la vergüenza, y Rose, que seguía todavía asumiendo esa mentira, no veía la necesidad de causar a su primo toda la decepción que ella sentía por dentro.

Cuando Ann y Albus se levantaron para ir a dormir pero Rose se quedó en su asiento taladrando con la mirada a Harley, que, desenado estar en cualquier otro lugar del mundo, sin embargo ya no podía volver a subir a las habitaciones. Como todas las noches, debía quedarse despierto.

Las llamas de la chimenea adornaban el ambiente.

-Supuse que no querrías que se enteraran de lo que nos pasa...al tocarnos- comentó Rose, procurando sonar neutra.

-No sé qué pensar respecto a eso- confesó él.

-¿Vamos a hablar de tu mentira para alejarme de ti?- preguntó Rose.

Harley miró a los lados, nervioso.

-Mis motivos no han cambiado. Mis deseos de...no ser nada tuyo, no han cambiado.

-Acabas de prometer ser sincero, por Merlín- protestó- ya no te creo. Yo sé lo que pasó ayer. Sé lo que pasó y quiero que sepas...que escuché lo que dijiste.

Fue como darle una bofetada en el rostro.

-Dijiste que me querías- relató, con emoción.

-Tú...confundes cómo me siento respecto a ti. No voy a negar que no eres importante en mi vida, que no me gustó estar contigo. Pero...si no esto dispuesto a apostarlo todo por estar contigo, será porque soy capaz de vivir sin ti a cambio de esa...comodidad.

Rose negó varias veces.

-Ya no te creo, Harley.

Él chasqueó la lengua.

-Estoy siendo sincero contigo.

-Toda tu vida has tenido miedo- le informó- por culpa de esa madre tuya...ni siquiera era tu madre. Seguramente fuera obligada a adoptarte. Quizás te habría abandonado de no...estar enfermo. Igualmente. Ahora que sabes eso...debes ser un poco lógico. Me salvaste la vida en San Mungo. Sin ti estaría muerta. Y sí, no me olvido de las supuestas visiones de Ann en las que yo...pero eso no es algo que me haga alejarme de ti, porque si lo piensas, eso solo significa que uno de los dos ha sido lo suficientemente cobarde como para renunciar a esto- dijo, refiriéndose a ambos- ¿y sabes qué? Que no pienso ser yo.

- ¿Has visto los dibujos de Ann, Rose? Vas a ser feliz con Andrew- el dolor se palpaba entre ambos- deja de complicarnos la vida. Tú serás feliz.

-Mi vida dejará de ser complicada cuando tú aceptes lo que yo acabo de aceptar. ¿No lo entiendes? Yo te quiero. Jamás fuiste un capricho para mí. Y ahora sé que yo para ti tampoco, porque lo dijiste.

Él no miró, incrédulo.

-Me quieres- dijo Rose, segura de si misma- no pienso renunciar a ti- se levantó de su asiento- ya no. Así que por mucho que se ocurran nuevas novias o alguna otra razón para hacer que yo no te quiera, ya no servirá de nada. No ha servido hasta ahora, así que dudo mucho que cualquier otra cosa vaya a hacerlo.

Se miraron unos segundos. Rose supo que de momento, no iba a obtener mucho más.

-Hasta mañana- se despidió.

Él no dijo nada.

El comienzo de semana de Grace fue horrendo. Se despertó aquel día a mitad ya de la tercera de marzo asqueada como casi todos los días, se vistió y arregló y bajó a desayunar, desganada.

Tras coger sus cosas para la clase de Transformaciones, se dirigió al aula con Rose y Scorpius, que a pesar de haber cortado su relación seguían atentos a demostrarle a Scarbot que no había grandes cambios desde principio de curso, para que no sospechara más de lo que quizás ya sospechaba. Debía de admitir, que Rose se estaba convirtiendo en un apoyo importante para ella. Quieras que no, Rose era una chica como ella, y había muchos aspectos en la vida de una chica en la que precisa la presencia de otra, al menos de vez en cuando.

Cuando llegaron, el aula todavía estaba cerrada. Rose sacó sus apuntes de la clase, anterior, y Grace vio una oportunidad perfecta para quejarse.

-¿Qué haces, Rose? ¿En serio estás con...

Pero una risa estridente le hizo interrumpirse, e incluso sorprendió a Scorpius, como siempre perdido en sus pensamientos hasta hacía un par de segundos.

-¿Pero qué...- comenzó él.

Pero cayó.

Christinne Bennet le reía un supuesto chiste a Albus Potter. Ambos estaban muy cerca. Demasiado cerca.

Tal vez no había habido ningún chiste.

Cuando Grace los vio besarse, el mundo entero se congeló, o la única que se congeló fue ella. Sin embargo, de piedra también parecían haberse quedado Rose y Scorpius.

Nadie se había percatado de que Josh acababa de llegar.

-¿Qué pasa?- saludó.

Pero solo tuvo que seguir la mirada de Grace.

Para cuando apoyó su gran mano en el pequeño hombro de su amiga, ésta se revolvió, molesta.

No había imaginado jamás que aquello fuera a dolerle tanto.

Albus se había cansado de esperarla, y aquello no hacía otra cosa que confirmarlo.

Se rompió por dentro.